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Ser la mirada

img_9367Sin la luz de la conciencia, ni la nada existiria.

La mirada secreta

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Esta noche soñaba que me lanzaba desde un precipicio y aunque sentía cierta impresión, no había miedo. No recuerdo mucho más, una sensación vaga de flotar en la inmensidad por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión. Al despertar, el amor por la Verdad de la mirada secreta me empuja a investigar quien he sido en este sueño. Y durante el día, me pongo a ello. Sin esfuerzo. Sin expectativas. Sin buscar nada. Sólo mirar…

En el sueño, no conocía nada. No conocía el precipicio ni el paisaje. No recuerdo formas concretas que pudieran garantizarme estar soñando sobre el planeta tierra. Tampoco recuerdo escuchar ningún ruido. Ni recuerdo sensaciones en la piel. Si recuerdo flotar, por lo que puedo suponer que en el sueño no tenía el cuerpo que tengo en la vigilia. Tampoco recuerdo pensar nada. Un espacio y un tiempo direntes. El sueño era solo una vivencia que yo vivía en primera persona pero no parecía que fuera el mismo yo que soy mientras esto escribo. Sin embargo, me dice la mirada, algún punto en común tiene que haber con la vigilia. Si. En las dos situaciones, soy yo quien las vive. Pero en el sueño no tengo el mismo cuerpo: mientras floto en la inmensidad de un paisaje infinito, el otro cuerpo supuestamente está plácidamente en la camita descansando…

Sigue la investigación… Ahora me doy cuenta de que he escrito “flotaba por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión” ¡Eso es! Ahora lo veo. Entre el sueño y la vigilia lo único que había en común era ¡la visión! Yo, viendo. O mejor aún: un VER, sin yo. Como si “yo” fuera el “ver”…

Vale. Y ¿qué pasa cuando no sueño? ¿qué pasa en el sueño profundo?. Está claro que yo desaparezco junto con el mundo entero. El mundo desaparece conmigo. Ni espacio, ni tiempo. Nada. Pero me encanta dormir. Soy muy feliz durmiendo. Y si me despierto de noche y veo en el reloj que todavía me quedan dos o tres horas más antes de despertarme, me lleno de felicidad. Eso quiere decir que aunque ni yo ni el mundo estemos presentes en el sueño profundo, si que hay un darse cuenta de la felicidad de este estado. Un darse cuenta. Un “ver”. ¡Oh mirada! El hilo de Ariadna…

Los sabios hablan de que corrientemente el ser humano conoce tres estados de conciencia: la vigilia, el sueño con sueños y el sueño profundo. Lo había leído mil veces. Pero ahora lo veo. Ahora veo que el “yo” que permanece en los tres estados es uno. Igual que me doy cuenta del frío que hace aquí, me doy cuenta de estar flotando en el sueño, me doy cuenta de la felicidad del dormir profundo. Pero la expresión “me doy cuenta” es una trampa. Una trampa que no nos deja ver. Porque parece que haya un “yo” y un “darse cuenta”. Y no. ¡No es así! ¡Qué alegría! El alma baila alborozada..

No hay un “yo” que se da cuenta.

En la vigilia hay un “yo”. En el sueño se crea otro “yo”, con otro cuerpo, con otras capacidades, incluso con otras edades, en otros mundos, con otras comprensiones… Y en el sueño profundo, no hay “yo” alguno. Y es fácil de entender por qué es así. Porque en la vigilia y en los sueños, la mente está activa, creando. Y

es la mente psicológica la que crea el “yo”.

Pero en el sueño profundo, la mente psicológica no está. Por lo que no existe el “yo”.

No hay un “yo” que se da cuenta de las cosas. Es mucho, mucho más sencillo. Sólo hay un darse cuenta, un puro VER, una luz que ilumina… La conciencia. Si. Es lo que está siempre presente: la conciencia.

Cuando cae lo que creo ser, me doy cuenta de que lo que soy es ese darse cuenta, esa luz que tanto ilumina un enfado, como una puesta de sol, como un sueño extraño, como un silencio, como una nada.

Ver.

Y ¿qué pasaría si en vez de vivir la vigilia desde quien creo ser, vivo desde el darme cuenta?

Ser la mirada.

Ahora lo veo. Esa es la puerta que conduce a la Verdad, a la Realidad que está más allá de los tres estado y que sin embargo a los tres crea. Ser la mirada que soy.

¡Feliz feliz Ahora!

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La primera liberación

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“Uno mismo es la carga; la verdad de ello radica en el verlo.”

J. Krishnamurti

” Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY”

Éxodo, 3:14

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No nos damos cuenta pero entre yo y el mundo está la idea que tengo de mi. Vivo todo a través de la idea que tengo de mi. Esta es una afirmación que vale la pena investigar, ¿verdad? Porque si fuera cierta, toda mi vida estaría condicionada, esclavizada a quien creo ser.

Vale. Investiguemos un poco, mirada secreta

De la misma manera que todo lo que el ojo ve no pertenece al ojo, yo no puedo conocerme. Todo lo que conozco de mi no soy yo y sin embargo, ese conjunto de ideas sobre mi es a lo que llamo falsamente “yo”. Podríamos decir que todos los “mi” son pensamientos, ideas que tratan de llenar la vívida e incuestionable sensación que tengo cuando digo “yo”. De la misma manera que  el ojo no puede verse a si mismo,  “yo”  no puede conocerse a si mismo tal como conoce cualquier otro objeto. No puede. Y como no puede,

al no saber quien es, se piensa alguien …

¿Lo ves?- me dice la mirada con su guiño ya familiar. Y sí. Veo. Veo que me paso la vida pensándome. Hasta ¡tengo una relación conmigo! ¿Cómo es eso posible? ¿Quién se relaciona con quién? Cuando digo “no me gusto” o “estoy en paz conmigo”, ¿quién dice de quién? ¿Quién soy? ¿Soy yo alguno de esos dos personajes que están relacionándose?

Ese conglomerado de ideas a menudo cambiantes, es lo que defiendo,  es en lo que invierto toda la vida: quiero mejorar, y es la idea de mi lo que quiero mejorar; quiero que me quieran y es a la idea de mi a la que quiero que quieran. Así con toooooodo. Y aún mas difícil, quiero mantener a toda costa el buen rollo conmigo mismo. Y en realidad lo que está pasando es que

creo ser quien pienso que soy

fruto de comparaciones, juicios, imágenes. Eso es. Construyo una imagen de mi mismo con lo que me han dicho y por comparación, para finalmente creer ser esa imagen. Igual que creo ser la imagen que veo en el espejo. Y como siempre, nunca lo hemos puesto en duda. Pero,

¿Soy una imagen? ¿O soy quien se da cuenta de esa imagen?

La imagen siempre es cambiante, tanto la pensada como la percibida en el espejo. Sin embargo tu eres tu. Esto es muy muy muy importante descubrirlo: mira como tu imagen cambia continuamente (hoy soy genial y mañana no valgo nada, hoy soy joven y mañana viejo, hoy soy inteligente y mañana no me entero de las cosas, hoy tengo una opinión y mañana otra, …). Pero todo eso te pasa a ti, a ese “yo” que ¡siempre es el mismo! Mientras no descubramos que aunque sabemos que somos, en verdad no sabemos quienes somos, viviremos una vida irreal.

Ahora -dice la mirada secreta imagina por un momento que dejas de pensarte. Imagina que no tienes ninguna idea de ti, ninguna. Entonces ¿qué pasaría?…

Cierro los ojos y me pongo a la tarea…

Lo primero que me viene es que si dejo de pensarme, si me vivo nada, todo se simplifica tanto que la alegría estalla. No tengo nada que demostrar, nada que defender, nada que conseguir. Soy simplicidad. Soy alegría.

Sigo mirando con tu ojo inocente, querida mirada…

Si dejo de creer que soy algo concreto, ¡puedo serlo todo! Puedo ser tu y tu y tu, a la vez que nada soy. No hay nadie que sea mejor o peor que yo. Nadie que sea más o menos digno de amor. No hay ningún atributo comparativo porque ¡no hay con quien comparar! Todo es acogido. En todos me veo…. ¡Uy! me parece que eso es el amor. Y solo siendo sin ser alguien, todo soy. Si dejo de ser algo concreto, soy amor.

Si no tengo una forma definida, entonces no tengo ninguna forma, ninguna frontera que me delimite. Si no tengo forma, soy infinitud, soy libertad. ¡Todo baila en mi!

Si abandono absolutamente todas y cada una de las ideas de mi, soy silencio que acoge todos los sonidos. Soy silencio pleno -la música callada, le llama nuestro querido Juan de la Cruz-, silencio en el que se escribe la melodía de la vida.

Si dejo de pensarme, si dejo de vivir-me, si elimino el “me” de esa palabra, solo queda “vivir”. soy el vivir que fluye.

…caen todas las resistencias, todos los muros. Cae el castillo entero. Nada hay que defender ni atacar. Si dejo de vivir pensándome, ¡cae por entero el mundo de lo psicológico y a la vez que cae, queda curado! Eso es. Todo los problemas parten de ese yo pensado… ¡Todos! Si dejo de vivir pensándome, soy paz

Ahora veo, mirada, que la liberación no es liberarme de aquellos que me hieren, de las circunstancias que no me dejan ser feliz, de los hechos pasados que me traumatizaron, de los desamores. ¡Y aún menos convertirme en un yo superior! La liberación, la primera liberación -¡oh, mirada secreta!- es la liberación del yo pensado. A partir de aquí se abre una luminosa vida nueva, nueva, nueva. ¿Me atreveré a investigar la ilusoriedad de mi viejo yo? ¿Me daré la oportunidad de abandonarlo? ¿Podré vivir sin pensar en mi?

Yo no soy el árbol, ni su reflejo en el agua. Yo soy la luz que los ilumina. Yo soy la mirada que ve, la mirada secreta que no puede ser vista por nadie y en la que en su Ver simple, amoroso, infinito, libre y lleno de paz, baila la vida.

¡Feliz Ahora!

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La bolsa o la Vida

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“porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.”

Mateo, 6:21

Si tu y yo vemos en un escaparate unos zapatos, puede ser que a tí te gusten mucho y a mi me parezcan horribles. Y no pasará nada, seguiremos siendo amigos porque ya nos enseñaron que contra gustos no hay nada escrito. Pero si en vez de estar en el escaparate, los zapatos están puestos en tus pies y al verlos exclamo “¡qué zapatos tan horribles!”, lo más probable es que te enfades conmigo, o te duela mi comentario. ¿Cómo es posible? ¿Qué ha cambiado?…. Lo único que ha cambiado es que antes solo eran unos zapatos, pero ahora ya no son unos zapatos, sino que son tus zapatos. Han entrado en la bolsa de tu identidad, llena de mis y mios: mi pais, mi familia, mis vivencias, mis ideas, mis costumbres, mis gustos, mis recuerdos, mis zapatos, mis creencias. Esa es la bolsa en donde cada uno de nosotros, por no saber quiénes somos de verdad, vamos llenando de todo lo que decidimos apropiarnos. Y esa bolsa se convierte en el yo que creo ser. Y esa bolsa pesa muchísimo, ¡hay tanto que defender! ¡hay tanto que demostrar! Al fin y al cabo, se trata de mi. Cuando te metes con mis zapatos, te metes conmigo y eso no lo puedo tolerar. Aunque los zapatos me vayan estrechos, aunque tengan agujeros, son mis zapatos y eso los convierte en yo.

A todo lo que le pongo el mi delante se convierte en una esclavitud más que defender, incluso con mi propia vida

Pero son precisamente todos estos artículos posesivos lo que no me deja ser. Porque todos estos artículos no son más que sustitutos de la verdadera identidad. Y ¿cómo lo sabe la mirada secreta? Porque

yo no puedo ser aquello que tengo.

Yo soy quien lo tiene, pero no lo tenido. Y un día cualquiera puedo liberarme de esos zapatos y entonces ¿qué sentido tuvo ese enfado? ¿Qué pasaría si dejara de llamar mio a todo, a todo todo lo que llena la bolsa de mi identidad?

¿Para qué necisito una bolsa si cuando nací ya era sin bolsa alguna?

El otro día vino una preciosisima alma a verme y me contó qué feliz era cuando viajaba solo, porque ¡podía ser quien quisiera!  Si supieramos cuanto nos atan todos los mios… Si supieramos que esos artículos que llevo en la bolsa de quien creo ser ¡son el origen de todo conflicto! Y, sobre todo y por encima de todo, si supiera que esa bolsa me está impidiendo vivir plenamente, amar plenamente, ser plenamente libre,  ser realmente quien soy…

En tiempos remotos, los bandoleros asaltaban a los caminantes en el más inesperado momento y poniendose frente a ellos les gritaban: ¡¿la bolsa o la vida?! Les hacían decidir en un instante si preferían luchar por lo suyo o garantizar la propia vida, aún llorando por lo robado.

Desde tiempos inmemoriables, los sabios son asaltados por la Inteligencia de la Vida en el más inesperado momento y poniéndose frente a ellos les reclama en un instante la bolsa para así ganar la Vida. La mayoría de ellos, en tan ansiado momento, bailan alborozados, entregando la bolsa como quien se quita un disfraz viejo y gastado porque en el robo de la bolsa la liberación de lo falso queda garantizada y así descubren la Vida, la verdadera Vida, la plenitud total.

Y ahora la mirada secreta te asalta en el momento más inesperado y te coloca delante de la decisión más crucial y más revolucionaria que podrías tomar: ¿La bolsa o la Vida? Date cuenta de que en ello, realmente, te va la Vida.

¡Feliz Ahora!

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El silencio de mí

imageEn el silencio del yo cabe lo que tenga a bien la Verdad

La mirada secreta

Queremos convertirnos en maravillosos seres humanos y para eso queremos un cuerpo hermoso y una personalidad digna de admiración. La pregunta es ¿por qué? Pues por lógica diría que no nos creemos maravillosos. Y, como los niños, me surge otra vez ¿por qué? ¿Por qué no nos creemos maravillosos?

El otro día en un programa de televisión vi las imágenes de las actrices que, en los años 80 eran consideradas las más bellas. La mayoría casi no tenían pechos y sus piernas, hoy en día, se hubieran considerado gordas. Y fueron ¡chicas Bond! Queremos un cuerpo hermoso sin darnos cuenta que, por un lado, no sabemos lo que es la Belleza y por el otro, esa “hermosura” que buscamos es fruto de una moda pasajera, de un condicionamiento. Creemos que estamos decidiendo desde la libertad y no nos damos cuenta que nuestras mentes están programadas, y que en nuestros deseos y acciones no hay libertad ni verdad. Y seremos capaces hasta de pasar por el quirófano si es necesario, para conseguirlo.

Y respecto a la personalidad pasa lo mismo que con el cuerpo. Hace unas décadas, una personalidad admirable estaba ligada a parámetros de obediencia, perseverancia, lealtad, humildad y paciencia. Ahora la personalidad estrella es la que demuestra independencia, inconformismo, rapidez, seguridad, ambición. De nuevo, modas que no contienen verdad precisamente por su superficialidad pasajera. Y de nuevo, somos capaces hasta de ponernos en manos de los terapeutas para “arreglar” nuestra personalidad.

¿Por qué queremos ser de otra manera?

Hace un tiempo, le hice esta pregunta a la mirada secreta y ella me contestó con otra pregunta:

¿querrías cambiar tu cuerpo o tu personalidad si estuvieras en una isla desierta?…

¡Ah, la mirada! Esta pregunta me hizo ver muchas cosas. Vi con claridad que

quiero cambiar para que los demás me vean de otra manera.

No quiero cambiar por mi. Eso que dicen que la operación o la terapia enfocadas al cambio se hacen con el objetivo de aumentar la autoestima… Uff. Ese tipo de autoestima de auto no tiene nada más que vernos valorados en los ojos de los demás. Así que lo que estamos buscando realmente es que los demás cambien su mirada respecto a nosotros. Y lo buscamos tratando de cambiar nuestra apariencia, tanto física como comportamental. Creemos que si lo conseguimos, nos querrán más. Y quizás sea así. Pero ese amor que hemos conseguido, ¿a qué va dirigido? ¿a nosotros o a la nueva apariencia? Y si vemos que va dirigido a la nueva apariencia, ese amor ¿nos llenará?

No hace falta ir a una isla desierta para comprobar que lo que nos preocupa es como los demás nos ven. ¿Cómo estoy conmigo cuando estoy en soledad? ¿Me preocupo de cómo me ha quedado el pelo hoy o de que me he levantado de mal humor? ¿Me preocupo por mi inseguridad o por tener la nariz un poco grande? ¿Qué hago con mi pelo, mi nariz, mi mal humor o mi inseguridad cuando estoy en soledad? Pues lo más probable es que no haga nada, que ni siquiera “me piense” y me dedique a ser simplemente quien soy sin proponermelo, sin esfuerzo. Libre de mi yo pensado.

Alguien diría que hemos de ser así y así y asá porque vivimos en sociedad. Lo que mi querida mirada secreta me enseña es que yo no soy de ninguna manera, que

cualquier definición viene por comparación,

y que

todos somos recipientes de vida y que la forma del recipiente no importa.

Muchos líos y sufrimientos vienen de creerme que soy de una forma concreta y quererla cambiar. La paz interior que anhelo y que busco en el reflejo de la mirada ajena, no me la va a dar la valoración que los demás hagan de mí, ni siquiera una “buena” valoración propia, sino el silencio de mí. En el silencio de mí, nada quiero cambiar porque al no pensarme, nada juzgo de mí.

En el silencio de mí encuentro la paz y se abre el espacio para que el Amor pueda brotar desde el centro y pueda llegar el día en que también deje de pensar en los demás y de juzgarles…

De hecho, la mirada secreta escribe cuando hay el silencio de mí. Aquí encuentra este yo desocupado y puede utilizarlo.

El yo poco ha mejorado estos años, pero al estar vacío de mí, la mirada secreta lo ha tocado. Y ¡ay, amigos! Cuando es la mirada la que toca, ¡que bella es la melodía, que plenitud sin fronteras! ¿Será Aquí donde vive la Belleza, la Libertad y el Amor?

¡Feliz Ahora!

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Ser alguien

ArunachalaDesde el momento en que pensé en tu nombre, me tomaste y me atrajiste a ti mismo. ¿Quién puede conocer la grandeza de tu gracia, Arunáchala?

Bhagavan Ramana Maharshi

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Viajé al centro de la Luz, allí donde la Verdad un día se hizo presente. En soledad. La mente silenciosa y el corazón en serena alegría, entregados, confiadamente. ¡Con cuánta felicidad preparé durante meses el viaje! Y allí, justo cuando el pie se posaba por primera vez en esta tierra sagrada, perdí la paz.

Fui a Ese lugar sin saber por qué iba. No habían expectativas. Era el lugar el que me llamaba. Y obedecí, como voy obedeciendo desde que la mirada secreta me lleva de su mano. Pero lo último que hubiera imaginado es que, en ese lugar de luz y verdad, yo perdería la paz que durante los últimos tiempos se había hecho compañera inseparable.

Al principio no entendía nada. De hecho, la energía poderosa del lugar no me dejaba pensar, reflexionar o sacar conclusión alguna. Me sentía muy mal. Una cruda soledad me colocaba en unos hábitos de vestir, comer, caminar, relacionarme, totalmente ajenos a toda mi experiencia anterior. Ataques egoicos virulentos me hablaban de mi fealdad, de mi egoísmo, de mi cobardía, de mi falsedad y también de la fealdad, egoísmo y hostilidad del entorno. Todo eran malas caras. Nadie me sonreía, bien al contrario, incluso me reñían con malos modos. La sensación de amenaza era vivida las 24 horas. Todo me daba miedo: las personas, los lugares, las comidas. No había belleza. Solo suciedad y miseria. No había amor. No había silencio. No había ni el más pequeño rincón en donde pudiera descansar de la opresión que sentía.

Y así fue durante muchos días. Los únicos momentos de paz eran aquellos en los que me sentaba a hacer silencio (lo que muchos llaman “meditar” pero yo prefiero llamarlo así, porque lo único que hago es dejar de hacer algo :)). Sin embargo, en ningún momento apareció el impulso de abandonar el lugar.

Así fue hasta que la llamada del amor me hizo ver. Eran las primeras palabras amorosas que oían mis oídos embotados desde que había llegado a Ese lugar. A través de miles de kilómetros, la voz amada me preguntó. Y el sufrimiento pudo salir al saberse acogido. Lágrimas de odio, de miedo, de rechazo, de desespero, de incomprensión salían  sin parar, como un géiser que hubiera estado latente durante milenios y por fin rompiera con fuerza el más duro suelo.

Y en esa explosión de dolor y llanto, la mirada secreta que había estado vigilante y silenciosa desde que llegué a Ese sitio, se abrió de a poco para que yo pudiera ver. Y vi.

Vi que había perdido allí toda referencia de quién yo creía ser. No me reconocía en el espejo. No me reconocía en lo que comía. No me reconocía en cómo me relacionaba con los demás. No me reconocía en las emociones que me alteraban. No me reconocía en los pensamientos negativos que me agobiaban. No me reconocía en mi forma de actuar. No me reconocía en los ojos de nadie. Me había perdido a mi.

Entonces, de a poquito, me di cuenta de que, aunque llevara un tiempo investigando y viendo, dentro seguía

viviendo y viviendome como un alguien concreto

y allí, esa singularidad que me garantizaba “ser alguien”, se perdió por completo. Ya no era nadie. Nadie. Ni para los demás ni para mi. ¡Qué descubrimiento!

Y ¿sabéis lo que pasó? Que poco a poco o en un instante (yo no lo sé), todo aquello que me definía como  un alguien concreto y bien diferenciado de los demás, dio paso a una sensación de libertad que solo antes había experimentado en estados de profundo silencio. Todo lo que me hacía alguien, al caer, me liberó y

pasé de ser alguien, a simplemente ser

Fue entonces que ocurrió el milagro. De la densidad más pesada, brotó una ligereza nunca antes sentida. Seguía sin sonreir porque yo era la sonrisa. Las personas antes hostiles, se convirtieron en amigos. Amigos en todos los rincones. La comida se convirtió en manjar. El dolor de espalda desapareció. Se curó el esguince del tobillo, así, en un instante. La belleza explosionó en cada rincón. Me regalaban flores. Aparecieron amistades. Cantos. El miedo dejó paso al amor. Todo era posible. Pero ya no había nadie, nadie concreto experimentando esto. Era la vida viviéndose a sí misma.

Desde entonces, querida mirada secreta, sé. Sé que de aquello de lo que dependes, de aquello eres esclavo. Se que las personas, en su ceguera, luchamos por ser alguien, sin darnos cuenta de que nuestro poder, nuestra plenitud se aleja de nosotros cuanto más alguien somos.  Porque,

lo que te hace ser alguien, te esclaviza.

Descubre tú, compañer@ de la mirada, qué es lo que te hace ser alguien concreto. Y atrévete a soltarlo. Porque,

Ser, sin ser alguien, es SER, es LIBERTAD.

¡Feliz Ahora!

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De la transparencia a la Luz

Versión 2

Calma las aguas de tu mente,

y el universo y las estrellas se reflejarán en tu alma.

Rumi

El otro día andábamos paseando. Y la mirada secreta que siempre está al acecho para des-cubrir la Verdad que se haya oculta en TODO, aprovechó lo que la vida le traía para mostrar su luz…

¡Qué día tan triste! comentábamos al ver el cielo encapotado y la grisura de la luz aquel día de invierno. Abrigados hasta las orejas, tratábamos de encontrar la piedra en forma de corazón que nos había caído en el estanque. Pero el estanque estaba tan turbio que no podíamos ver nada.

¡Qué clara hubiera sido la visión si la luz del sol hubiera incidido en unas aguas transparentes!

De la misma manera, mi amigo iba tropezando con todo lo que se encontraba porque el cristal de sus gafas estaba sucio.

¡Qué bien vería mi amigo si en vez de llevar las lentes sucias, las llevara bien limpias!

La luz del Sol atravesaba la capa de nubes que cubría el cielo y, precisamente por tener ese obstáculo delante, no se expresaba con toda su maravillosa luminosidad.

¡Qué diferente hubiera sido la vivencia de su luz si no hubiera habido nubes en el cielo!

En todos los casos, la luz del sol estaba allí. Pero el medio por el que pasaba la luz estaba obstruido, lo que hacía que la expresión de la luz fuera diferente, aún siendo la misma.

Pues lo mismo ocurre con la Verdad -dice la mirada secreta, encantada de poder expresarse -que es lo que más le gusta!-):

Aunque la Verdad siempre es la que Es, a veces su medio de expresión puede estar obstruido o un poco sucio, por lo que el resultado puede ser un reflejo distorsionado. Y estas obstrucciones son todo aquello que inventa la mente, como todas y cada una de las creencias,  las interpretaciones, todos los inventos de la mente que damos por ciertos…

La creación mental no deja ver con claridad la Luz de la Verdad.

La naturaleza muestra la Verdad en cada piedra, en cada hierba, en cada montaña, porque están libres de la contaminación mental. Lo mismo ocurre con los niños muy pequeños, con los animales, libres también de creencias. A través de ellos la Verdad se expresa nítidamente.

En nosotros, lo falso oculta la luz de la Verdad. La idea que tenemos de quienes somos,

la creencia de que yo soy una entidad concreta y separada del resto es la principal obstrucción.

Por eso el viaje del ser humano a la Luz de la Verdad es el viaje de la transparencia. La luz de la Verdad desciende y el “yo” se va haciendo cada vez más transparente a Su contacto, más vacío de creaciones mentales. Conforme la transparencia es mayor, conforme el “yo” se va vaciando de todo pensamiento autoreferenciado, va quedando a disposición de la Verdad y lo que ocurre es que el amor, la armonía, la belleza, la sabiduría, la libertad, la ecuanimidad,

todos los atributos de la Verdad son reflejados con más nitidez a mayor transparencia.

Y el odio, los celos, la envidia, la posesividad, los juicios, etc,

todos los atributos creación de la mente van desvaneciéndose a la luz de la Verdad.

El instrumento “ser humano” sólo se contamina con la mente. Y lo que ensucia la mente no sólo son las creencias y demás, sino también aquello con lo que la alimentamos: deseos, películas, situaciones y también la alimentación del cuerpo. Este tipo de alimentos dificultan una mente equilibrada y silenciosa de “yo-mi-mio”. Y

solo una mente silenciosa transparenta la luz de la Verdad.

El silencio es el jabón, el disolvente de la suciedad de la mente.

Así me cuenta la mirada secreta. Así se expresa. Con contundencia y dulzura. Gracias. Gracias. Gracias.

¡Que descienda pues la Luz de la Verdad y sea este “yo” a su contacto cada vez más transparente, hasta que la Luz y la transparencia de este yo se unan en la indivisibilidad de la Verdad!

¡Feliz Ahora!

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SOLTAR Y SALTAR

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¡Suelta todo lo conocido y salta!
La mirada secreta

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¡Tantas cosas sabemos sin saber que las sabemos!. Como el bebé, la pequeña, que hoy es nuestra mirada secreta con su inocencia cristalina. Ella sabe cuando tragar y cuando respirar. Sabe todo sin saber que lo sabe. Como nosotros. El conocimiento está dentro nuestro y el camino es de reconocimiento y no de aprendizaje. Es el reconocimiento interno de algo que ya sabía. No puede ser aprendido. Por eso,

nadie nos puede dar la Verdad.

Toda la Verdad está en nosotros. Y cuando vemos, la vemos completa.

La Verdad no se puede ver a trocitos.

Es como la luz. Cuando pasa un rayo de luz, sea muy delgadito o muy ancho, en ese rayo está toda la luz, completa. Simplemente porque no es divisible. Como la Verdad. Cada vez que hemos vislumbrado algo de la Verdad, allí estaba toda la Verdad en su plenitud indivisible.

Así, todo lo que los enamorados de la Verdad hacemos en nuestro camino, ha de ser fuente de inspiración, pero nunca creamos que la Verdad nos la puede dar un maestro.

El camino solo puede ser interior.
Todo lo que aprendo no tiene nada que ver con la Verdad. Todo lo que aprendo está en la dimensión de lo que nace y muere. Todo lo que aprendo que antes no sabía, no pertenece a la eternidad. Por eso, en el despertar a la Verdad, no podemos ver la vida como una escuela -como tantas veces se cree-. La vida, desde la perspectiva del Despertar, es una oportunidad para reconocerMe, para des-cubrir la Verdad que siempre he sido.
La vida es una oportunidad, no una escuela.
Cuando vivimos la vida como una escuela, ya estamos suponiendo que nos falta algo, que somos incompletos, que hemos de desarrollarnos, evolucionar, mejorar. Y así es para las personas que están separadas unas de otras. Así es mientras yo crea ser una persona. Para las personas la vida puede ser una escuela, entre otras muchísimas posibilidades. Pero he de saber que, mientras viva en la escuela, o mejor dicho, mientras me viva persona, creyendo que he de aprender, mejorar, evolucionar, desarrollarme, no me daré cuenta que todo lo que puedo aprender, mejorar, evolucionar y desarrollarme está ligado a lo que un día nació y un día morirá, esta persona.
Sin embargo, hay algo en mí que intuyo eterno, no nacido, inmutable e indivisible. ESO no se puede aprender por mucho que me esfuerce (quien se esfuerza es la persona que quiere evolucionar).
Sri Ramana Maharshi se quedaba perplejo con aquellos que le pedían una y mil veces cómo llegar a la Verdad. Él no se cansaba de repetir algo así como “descubre quién eres; entra dentro de ti, en silencio y observa de dónde surge esta sensación de yo-soy”. Sin embargo, las personas seguían preguntando en vez de ponerse manos a la obra. Y es que
el pequeño yo no puede descubrir la Verdad.
El pequeño yo quiere caminar, pero no puede llegar a ningún sitio verdadero, porque vive en la dimensión del nacer y el morir, mientras que la Verdad, el verdadero Yo, Es, y nunca ha nacido ni morirá.
Para ir a la Verdad, hay que soltar y hay que saltar.

Hay que soltar todo lo conocido y hay que saltar a lo desconocido. Nada hemos de aprender. En el reconocimiento, el pequeño yo desaparece como el fantasma cuando se enciende la luz. En el reconocimiento, la Verdad es lo único, es completa, es Todo: lo conocido, lo desconocido y más allá de ambos.

Y si tu mente está diciendo: “¡Uff, qué difícil  es esto!“, dale la razón.
La mente sólo puede hacer la primera parte del camino. Es necesario que la mente llegue a su propio límite de entendimiento. Es necesario que contemplemos las preguntas y dudas que surgen en la mente, porque si no lo hacemos la mente no nos dejará ir más allá. Lleguemos a su límite con la investigación sincera, con la mirada secreta. Es hasta este límite hasta donde la mente nos puede acompañar. Después el silencio, el vehículo y lenguaje de la Verdad, deja atrás la mente. Allí, en el límite de nuestro entendimiento, nos está esperando el Vacío de todo lo conocido. Allí está la puerta a lo desconocido y más allá. Allí, en el salto, la Verdad nos abre sus brazos.
Gracias mirada secreta que brillas dulcemente en los ojos de los niños, en la naturaleza, en el cielo y las estrellas, en todo aquello que está libre de un pequeño yo.
¡Feliz Ahora!
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¿Dónde está la realidad?

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 El científico sigue hoy las huellas que el sabio dejó ayer.

La mirada secreta

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Ayer mi hijo, que sabe que no nos enteramos de mucho de lo que pasa en el mundo, nos enseñó la foto de un vestido que ha captado la atención del mundo internauta y nos preguntó de qué color lo veíamos. Uno lo vio blanco y dorado y el otro lo vio azul y negro. Y ante la perplejidad de las mentes, la mirada secreta sonrió tan ampliamente que en su sonrisa nos atrapó a los tres.

Mi hijo nos explicó que una tercera parte del mundo lo ve de un color, y el resto lo ve del otro color. Y esto es debido a la interpretación que hace el cerebro de cada uno de nosotros, no solo con respecto al vestido en sí, sino en relación con el fondo, la luz que refleja, etc. Así que el resultado de lo que yo veo no es lo que es, sino la combinación relacional de una serie de percepciones visuales junto con los conceptos que ya tengo grabados en mi mente.

Y la mirada secreta afirma lo que siempre ha sabido:

lo que yo llamo “realidad” es una creación mental subjetiva.

En estos tiempos de materialismo acérrimo, el cetro de la verdad se ha retirado del sabio para dárselo a la ciencia, a la comprobación científica. Según los adeptos de la ciencia, nada es verdadero hasta que se ha comprobado objetivamente. Y yo, que nada quiero creer desde que la mirada secreta me lleva de la mano, y que sólo quiero vivir de lo que la mirada ve, me pregunto si existe la objetividad. Porque yo no la encuentro en ningún lugar.

Lo que los sentidos perciben está mediatizado por los instrumentos que tengo. Los instrumentos son idiosincrásicos. Aunque tu y yo hayamos decidido que esto es una mesa, yo no sé lo que tú percibes, no sé si es lo mismo que lo que yo percibo. Aunque hayamos decidido que este sonido es un do mayor, yo no sé si lo que tu oyes es lo mismo que lo que yo oigo. Y así. Además, los instrumentos en sí también están en constante cambio y si no, pregúntaselo a mis ojos que ya no ven como veían.

Por otro lado, aquello que percibo está cambiando a cada segundo. La luz, los átomos que componen lo que percibo, el movimiento en el tiempo -el envejecimiento, …- , todos los factores que componen el objeto de mi percepción, están cambiando.

Además cuando percibo un objeto, nunca lo percibo aisladamente, sino que

mi mente procesa el objeto y su contexto, inseparablemente.

Sin que yo me dé cuenta, la inteligencia de la vida hace que yo perciba siempre a nivel relacional. Y eso también influye en la percepción de este yo particular, de esta sociedad particular, etc. Esto quiere decir que yo no sería este “yo” que creo ser si me separara del contexto. Por no ser, no sería ni un ser humano. Tanto que creo ser algo separado….

La mirada me jalea para que siga mirando. Uy, me quejo un poco, porque yo de neurología, de física, de ciencias no sé nada… Es igual, dice la mirada, tú sigue mirando. El ver es el ámbito de la sabiduría, dice la mirada traviesa…

Bueno. Pues entonces, tal como parece, la realidad, la realidad como tal,

lo real no está en lo que la mente percibe,

no está en lo que los sentidos perciben. Además, si estuviera en lo que los sentidos perciben, si yo percibo la realidad, ¿dónde quedaría yo? ¿quedaría fuera de la realidad? No puede ser. Ese “yo” tiene que formar parte de la realidad de alguna manera…

Esto a lo que yo llamo “realidad” es una realidad subjetiva. Parece que cuando nos ponemos de acuerdo en llamarla X, entonces se convierte en una realidad objetiva, pero si lo miramos bien, es solo un acuerdo. Entonces,

¡estamos llamando “realidad” a un acuerdo!

Por eso los sabios dicen que lo que nosotros llamamos realidad es una ilusión. No porque la realidad no sea real, sino porque estamos superponiendo a la realidad verdadera nuestros acuerdos humanos.

¡Ahora lo comprendo!

Ver lo relativo como relativo: ver que a lo que hasta ahora había llamado “realidad” es algo relativo a mis sentidos, a mi mente y a los acuerdos que he asumido.

No dar a lo relativo el valor de lo Absoluto: Vivir esta realidad relativa como tal, sin pretender que esa Es la Realidad Real :)

Quizá este sea un buen camino para descubrir la verdad.

¡Feliz Ahora!

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Los discos rallados

Sólo reconociéndote esclavo, podrás liberarte.

La mirada secreta

Había una vez un hombre que vino a la consulta atribulado y avergonzado por una voz mental constante que no paraba de repetírle lo poca cosa que era, lo deficiente que era su trabajo creativo… Cuando llegó a la consulta, él se creía que lo que esta voz mental le decía, era verdad. De hecho, no se había dado cuenta de que la voz mental y él eran dos entidades separadas. Se había vivido en simbiosis perfecta con esa voz mental… Así que empezamos a investigar y a descubrir. A los pocos meses, el hombre veía con claridad que la voz iba por un lado y él por otro. Descubrió que él no podía hacer que la voz de su mente dijera cosas que le agradaran más de sí mismo, pero sí que podía no dar crédito a esa voz. Y cuando descubrió eso, se liberó de la influencia que la voz mental ejercía en él. Y así se fue de la consulta. Siguió su camino y nada supe de él hasta pasados un par de años… Un día me llamó y nos volvimos a ver. Venía sonriendo, aplomado. Su abrazo era un abrazo de iguales. Se sentó y me contó: “Estoy muy contento. El trabajo me va muy bien.¿Sabes? hace unas semanas ¡recibí un premio por mi trabajo!” Que alegría. Le felicité con mucho amor. Me sentía muy feliz por él. Pero no había venido a decirme que había recibido un premio, sino algo mucho más importante… “La cuestión -prosiguió sin dejar de sonreír- es que para entregarnos los premios, prepararon una cena de gala. Cómo te puedes imaginar, me preparé un discursito de agradecimiento para el momento en que dijeran mi nombre y saliera a recoger el premio. Bueno, pues llegó el momento y yo todo ufano subo a la tarima a recogerlo y en el instante en que voy a soltar el discurso, ¡apareció la voz mental diciéndome que aún con mil premios seguía sin valer nada! Me puse a reír delante de todos. ¿Cómo era posible que incluso en esas circunstancias la voz no cambiara de disco? Y sin pensármelo dos veces, expliqué a todos exactamente lo que me había pasado, esa voz que desde muy joven me había atormentado, la liberación que viví cuando me di cuenta de que la voz no era yo, y su tozudez para hacerme creer lo que estaba claro que ¡sólo pensaba ella de mí! Si vieras como se rieron todos. Vi con toda claridad que ¡no soy el único ser humano que tiene este tipo de voces en su cabeza!”

No sé si te has dado cuenta de que la relación que tienes “contigo” está basada en esa voz mental que te dice cómo eres y cómo tendrías que ser, que te juzga sin parar -para bien o para mal-, que te premia, que te castiga, que te dice lo que tienes que hacer y lo que no tienes que hacer, que te suele etiquetar con cuatro o cinco etiquetas que se van repitiendo sin cesar, “eres tonto”, “eres el mejor”, “mira que eres parado”, “perezoso”, “inútil”, “eres encantadora”, etc.

La relación que se supone que tienes “contigo” es la relación entre esta voz mental y tú.

Y es esa voz mental la que te permite sentirte bien contigo o no. Así de fuerte…

Pero miremos como funciona esta voz mental. ¿Tiene algún propósito? La verdad es que no. Funciona exactamente igual que las maquinas tragadiscos de los años 70, las jukebox, en las que introducías una monedita, apretabas -entonces no se decía “clickar” sino “apretar” :)- una letra y un número y se ponía el disco que querías, siempre el mismo disco, ¿las recuerdas? Pues la voz mental es exactamente así. Cuando eras pequeño, los discos se grabaron según tus experiencias y demás. Y desde entonces, siempre que las circunstancias son, por ejemplo, H-3, sale el disco “Tú no vales nada”. Si las circunstancias son G-9, sale el disco “Otra vez la has fastidiado”. Si son D-6, sale el hit “No hay nadie tan bueno como tú”. Y así.

Cada uno de nosotros tiene su discografía particular. De eso no cabe duda. La Mirada Secreta nos señala que:

La voz mental no eres tú.

Si fueras tú, escogerías siempre discos maravillosos porque está claro que por querer, quieres ser feliz…;

Tú eres antes que la voz mental.

Cuando naciste, no tenías ninguno de esos discos, pero tu ya eras tú. Por lo tanto, esta voz se sobrepone artificialmente a tu identidad;

La voz mental no tiene nada que ver contigo sino con las circunstancias que rodearon tu infancia.

Si hubieras vivido otras circunstancias de pequeño, tendrías otra discografía;

Si observas, te darás cuenta que la voz mental es repetitiva y nunca nueva.

Los discos son siempre los mismos, son realmente discos rallados;

Quien realmente manda eres tú y no la voz mental.

Puedes escoger no escuchar los discos que saltan automáticamente.

Y finalmente,

tu no puedes tener una relación contigo mismo porque no te puedes dividir en dos

por lo tanto todo lo que te dice la máquina no tiene nada que ver contigo.

Date cuenta de que esa voz que te juzga, te acosa, te manda, te esclaviza (es indiferente que sea un buen amo o un tirano) es sólo una máquina automática y atrévete a ser libre.

Eso es lo que te desea la Mirada Secreta, aunque aún no hayan llegado las fiestas.

¡FELIZ AHORA!

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SOBRE EL AMOR

la foto“Quien nos quiere bien, no sabe por qué nos quiere.

Y quien nos quiere por algo, no nos quiere”

La  mirada secreta

 

Veo que hay personas de buena voluntad que dicen que con desear vivir desde el amor, el mundo se arreglaría.

Pero ¿por qué aún deseando ser felices, hay muchísimas personas que no tienen este anhelo de vivir desde el amor?

Las personas a veces aman a quienes consideran suyos y a los que no consideran suyos, no los aman. Entonces, el amor se confunde con la posesión.

Otras veces aman hasta que el otro no hace lo que ellos quieren, hasta que el otro no colma sus necesidades. Entonces el amor se confunde con la fuente de la satisfacción.

Otras veces aman mientras son amados. Cuando dejan de ser amados, dejan de amar. Entonces el amor se confunde con la renta afectiva.

Finalmente, hay muchas personas que simplemente no desean vivir desde el amor aún queriendo ser felices, como todos. Prefieren el poder, el dinero, el prestigio, porque creen que así serán más amados.

En todos los casos, aunque por fuera no lo parezca, lo que nos mueve a todos es el amor.

Estando al lado de muchas personas al final de su vida, aprendí algo muy importante: es muy probable que a la hora de morir, nos vayamos de este mundo valorando únicamente el amor que hemos dado y dejado de dar y el amor que hemos recibido y dejado de recibir.

Pero aún y así, no sé si hay una sola persona en este mundo que por el hecho de desear vivir desde el amor haya amado a todos. Ni sé si hay una sola persona en este mundo que haya conseguido que le amen por lo que aparenta…

Algo falla aquí. ¿Realmente hemos de alzar la bandera de “vivir desde el amor” y tratar de convencer a todos que vivan desde el amor? ¿No se ha hecho ya? Los resultados no son muy favorables, ¿verdad?

La mirada secreta me enseña. Siempre neutra. Sin juzgar. Me enseña que

desde donde estamos colocados, simplemente no podemos vivir desde el amor.

Es una colocación que parte de una base equivocada: la separación entre yo y los demás. Al creer que estoy separado, ¿cómo voy a amar?

Si ni siquiera sé quien soy, ni de dónde surgen los pensamientos, ni el deseo que tengo; si me vivo en la carencia perpetua, ¿cómo voy a vivir desde el amor? ¿cómo tengo yo una voluntad propia cuando no soy libre porque no sé quién soy, no sé dónde vive la libertad ni sé dónde vive el amor?

Dar amor es dar algo que se supone que yo tengo. ¿Es eso el amor? ¿El amor es una posesión que yo tengo y que puedo repartir?

Y si fuera así, ¿dónde está la fuente de ese amor que se supone que tengo? ¿Hay un depósito que se va vaciando? ¿Cómo se vuelve a llenar?

Nadie ama al “yo-pensado” –lo que llaman “ego”- del otro. Eso es imposible, a pesar de que siempre estamos intentando mejorarlo porque creemos que así nos amaran más. Amamos sin conocer mentalmente, sin saber las razones porque no hay razones para amar. Cuando conocemos mentalmente aquello que amamos, cuando empezamos a definir al otro con nuestras ideas, eso se puede convertir en un obstáculo a nuestro amor.

El circuito del amor no pasa por la mente pensante. No vive en la mente pensante.

De hecho, si miramos bien veremos que sólo amamos cuando no estamos como ese yo pensado.

Sólo amamos cuando no está ese yo pensado ni está ese tu pensado.

Sólo podemos amar siendo Amor. Y ocurre a pesar nuestro, sin nuestra voluntad, sin nuestras buenas intenciones. Simplemente ocurre cuando no estamos viviendo desde ese yo que creemos ser.

Para vivir desde el amor, hemos de ser Amor. Y eso es incompatible con ser cualquier otra cosa.

¡Feliz Ahora!

* dedicado a SO, N, A y SU por la inspiración, la transparencia, la valentía y la alegría de descubrir…

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