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De la realidad pensada a la realidad sentida

“Dime lo que ves y te diré quien eres”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

Miro un granito de arena. Lo veo de una manera concreta. Acerco mi cara tanto que mis pestañas tocan su superficie. Entonces lo veo de otra manera. Dejo el granito en la arena y entonces casi no lo puedo distinguir del resto de la playa…. También podría coger un microscopio o un helicóptero y el granito de arena cambiaría de nuevo. Y me pregunto, ¿cuál es el granito de arena verdadero? ¿el que brillaba en la palma de mi mano? ¿el marrón borroso y sin forma que veía mi ojo a una distancia mínima? ¿el que no tiene limites y es la playa entera? ¿el que es un compuesto de otros minúsculos granitos?

La realidad cambia con la distancia, según donde se coloque el perceptor y lo percibido en la dimensión espacial.

Y también cambia en la temporalidad. Lo que hoy es un granito de arena, ayer fue parte inseparable de una gran roca, y mañana serán moléculas danzando en el viento…

Precisamente ese cambio continuo es lo que llamo vida.

La vida es constante cambio.

Nada vivo es inerte. Pero si todo cambia continuamente y según el lugar desde donde se perciba, ¿cómo puede ser considerado real? ¿en qué momento? ¿a qué distancia?

Hay una realidad. Lo siento. Lo sé. Y, sin embargo, ¿dónde está la realidad?

¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? Ese “yo” que creo ser, cambia continuamente: mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones, mis relaciones, mi historia personal… ¿cómo ese “yo” cambiante puede ser considerado real? ¿en qué momento? ¿a qué distancia?

Hay un “yo”. Lo siento. Lo sé. Y, sin embargo, ¿dónde está ese “yo”?

Algunas mentes sentirán mucha pereza. Dirán: “No te preocupes. Tú vive la vida y trata de ser feliz. Lo demás no importa”

Pero ¿cómo puedo vivir la vida si no sé qué es la vida ni sé quien la vive?

El amor por la verdad, que aúna corazón y mente, es demasiado intenso.

Y es ese amor por la verdad que ha atraído con su fuerza, la mirada secreta a este ojo.

El amor por la verdad intuida es tan grande que, aún en la hamaquita, expuesta la piel al sol de unas vacaciones bien ganadas, sigue palpitando en el centro del corazón, allá donde duerme la sabiduría el sueño de las mil noches, a la espera del beso ardiente de un anhelo enamorado que lo despierte en un instante del espejismo de una realidad soñada.

Hay un pasito fácil de hacer en este camino sin trazos que nos lleva a la verdad. Un pasito que nos abre a empezar a descubrir. Un primer pasito de durmiente enamorado.

Dejemos de vivir y de vivirnos desde nuestra idea de lo que es la realidad, de lo que somos. Salgamos de la mente robótica, que regala pseudoverdades nunca comprobadas. Y vivamos desde lo que experimentamos, directamente. Borremos la memoria, el pasado que hace que lo vivido sea una copia de lo anterior y vivamos dándonos cuenta de que no hay nada, absolutamente nada que sea igual que un segundo antes, tanto a nuestro alrededor como en nuestro “yo” imaginado.

Vivamos experiencialmente, con la mirada fresca del niño, y veamos entonces que descubrimos…

¡Feliz Ahora!

 

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La verdad del Amor


del Amor surge la unión. De la unión, el Amor. Solo Uno. Solo Amor. La Mirada Secreta

Lleva ya un tiempo la Mirada Secreta mostrando por amor a la Verdad. Y en estos días ha sucedido algo sorpresivo que ha dejado a quien escribe en muda contemplación. La Mirada Secreta, en su infinita generosidad, anda mostrando a este ojo perplejo, la verdad del Amor. La verdad del Amor, origen de la existencia, sostén de todo lo que existe, hilo invisible que conecta y crea la red de todo lo que hay, materia primera y última…

…Se respiraba serenidad. La superficie del mar planchadita, sin arrugas, reflejaba la paz que flotaba sobre todo y sobre todos. El agua todavía helada, guardando como un tesoro los rigores de un invierno frío y lluvioso, mostraba su faceta más auténtica: nítida transparencia del origen, aún no violada por los dormidos…

Se respiraba serenidad. La respiración acompasada, dulcemente profunda, serenaba también el ruido mental. El sol arropaba la piel ávida de vida. ¡Qué grande era la Bondad de la Creación!

En éstas, el pecho se inundó de amor a aquello desconocido que hacía posible la vida a cada instante. Conmovido, en silencio reverente frente a la dulce Vida, vio el corazón lo que intuía pero nunca había visto.

Ahí estábamos: el mar con todo su universo de vida, el sol, el aire y esta persona.

Ví como la mente podía enunciar cada uno por separado. Pero ¿era real esa separación? ¿realmente yo existía sin el mar, sin el sol, sin el aire?

Y vi que no. No era posible.

Yo no podría existir si no existiera el mar, reserva del agua que me daba la vida, origen de vida…

Yo no podría existir sin el sol, dador de luz y de calor, origen de vida…

Yo no podría existir sin el aire, alimento incondicional, origen de vida…

Y si la existencia de esta persona a la que llamamos “yo” no puede realmente existir sin el sol, el mar y el aire, ¿cómo nos podemos sentir separados? No tiene ningún sentido.

Fue en ese momento que vi nítidamente, a través de las turbulencias de una mente contaminada durante miles de años por millones de creencias nunca comprobadas, que yo soy el sol, el aire, el agua y también esta persona…

En alborozo sereno, el agradecimiento y la alegría se expandían sin límites. ¡Era tan perfecta la interrelación, fuente de toda vida!

Y sin quererlo, seguía viendo, a un ritmo vertiginoso, la necesidad esencial de todo con todo para su existencia:

vacío….. universos, galaxias….galaxias, planetas… el sol, la tierra… la naturaleza, las personas… los cuerpos, los órganos…. las células, los quarks… vacío

Una red de formas en un espacio vacío, con sus nudos hechos del mismo hilo que los conecta a unos y a otros, en perfecta interrelación, siendo lo mismo y siendo cada uno simultáneamente.

Y ver, con brillante claridad, que ese es el hilo que todo lo une, haciendo posible la existencia de cada nudo,

la unión, la energía del amor que deshace cualquier separación.

La unión. Todos los nudos (planetas, cuerpos, células) existiendo como tales, hechos del mismo Amor y conectados entre ellos por el Amor.

El Amor inseparable del espacio vacío que lo acoge. Amor y vacío, inseparables, fuente de toda creación y alimento eterno…

El amor por la Verdad. La verdad del Amor. Sin separación.

Silencio reverente.

¡Feliz Ahora!

 

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Somos Uno

 

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…”

Juan 1:1,14

 

SOMOS UNO, no hay nada más.

 

Hemos de descubrir que no estamos separados de nada ni de nadie.

Urge que lo descubramos.

Las fronteras entre mis pensamientos y los tuyos son sólo imaginarias lineas inventadas. A veces parecen brotar de una mente, a veces de otra mente. Eso es todo. Son los pensamientos del ser humano. Con todos sus colores.

Las emociones son las del ser humano. Tu tristeza y mi tristeza es la misma tristeza. Tu alegría y mi alegría son la misma alegría. A veces sentida por un corazón, a veces por otro. Y el corazón siente igual, no importa si creo que es el mío…

Los límites mentales que separan este cuerpo de otro. Pero el rasguño que rompe la piel, hace herida. La misma herida para todos. Porque sólo hay un cuerpo. Y sólo un rasguño. Y sólo una herida…

Por eso, cuando conozco a fondo el ser humano que habito, cuando conozco su cuerpo y cómo se relaciona consigo mismo y con su entorno, cuando conozco cómo se forman los pensamientos, y las emociones,

cuando realmente me conozco, conozco al ser humano.

Y es entonces cuando me doy plena cuenta de que no hay nadie separado de mi. De que yo soy la humanidad entera. Y es entonces cuando realmente puedo aprender a amar…

Y si sigo investigando, porque la mirada secreta así lo quiere, veré que yo soy el ser humano no por mi mismo, sino en relación a otras especies y objetos de la vida. Si no hubieran más especies que la humana, ¿sería acaso un ser humano? quizás seria “el ser vivo” que vive en la vida…

Y si retiro los otros objetos: montañas, cielos y mares… entonces ¿qué sería? Quizá entonces sería “la vida”

Y ¿por qué digo “entonces sería”? ¿Acaso no lo soy ya?

La mirada secreta coge mi oreja con fuerza y me grita entre risas alborozadas:

¡TU ERES LA HUMANIDAD, TODOS LOS SERES Y LA VIDA!

Y mis ojos temblorosos (el aroma de Verdad siempre me estremece) ven con pasmosa claridad. Y surge un inmenso poder del centro de mi pecho. Y una inmensa responsabilidad. La responsabilidad inmensa que se tiene por quien más amamos y más frágil sentimos.

Y cuando me doy realmente cuenta de que yo soy todos los seres humanos, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy todos los seres, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy la vida, brota el amor…

Hemos de descubrir la Verdad. Urge descubrirla.

la sonrisa, quien sonríe y el que recibe la sonrisa, …todo uno en el acto de sonreir

el trino del pájaro, el pájaro que canta y quien lo escucha, … todo uno en el cantar

el beso, quien besa y quien es besado, … todo uno en el besar

el amor, quien ama y quien es amado…. todo uno en el amar

la vida, quien la vive y lo que es vivido… todo uno en el vivir

Yo soy el besar

Soy el amar

Soy el vivir…

¿Comprendes ahora?

 

FELIÇ ARA!!

 

 

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La montaña

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“La verdadera vida discurre entre lo alto y lo profundo…”

La mirada secreta

Inmensa la mole se yergue frente a la luz.

Tan alta es y tantas son las nubes que se aferran a ella, que nunca nadie ha llegado a divisar su cima.

Los pocos que se han aventurado a escalarla, han perecido. Por eso, los habitantes de aquellos parajes miran circunspectos al loco que se prepara para subir. Saben que no le volveran a ver.

En verdad, todos los habitantes sueñan con conquistar la cima. Intuyen que más allá de las nubes encontraran aquella paz que no tienen…

La montaña está habitada principalmente en su base. Es donde hay más habitantes. Allí hay mucho, muchísimo movimiento. Y mucho ruido también. Y suciedad. Los habitantes suelen ser muy poco cuidadosos con ella. Cortan sus árboles, extraen sus piedras, queman sus bosques y llenan de basura algunos de sus rincones, por poner algunos ejemplos.

Sin embargo, la montaña permanece silente, imperturbable. Quizá sienta lejanamente el ruido que hacen estos okupas, pero ellos no pueden cambiar un ápice su grandeza intocable. En su infinita vida, a duras penas el ruido de la base ocupa espacio alguno.

Esos habitantes ni siquiera se dan cuenta de la sacralidad que les sostiene. No se dan cuenta de que sin la montaña ellos no podrían vivir, es la única tierra que existe, y si la montaña no existiera ellos tampoco existirían. De hecho piensan muy poco en ella, casi nada. Bueno, a veces piensan en su cima, pero como es tan inalcanzable, enseguida se distraen con otra cosa.
Están tan desconectados de aquello que les dá la vida, que suelen pasar el tiempo ocupados en sus propios asuntos, rumiando como las vacas. Viven en un gigantesco y bellísimo macizo, pero a duras penas conocen un mínimo, como el que viviera en un castillo y jamás hubiera salido del dormitorio, y después creyera que había vivido una vida plena

No todos los habitantes se conforman con vivir realmente hacinados a los pies de la espesura. Bastantes decíden un buen día subir por sus hermosas laderas en busca de un nuevo territorio que les aleje del ruido y la contaminación. Y mientras más alto habitan, menos ruido, más paz, menos movimientos innecesarios, menos suciedad. Los habitantes de las faldas de la majestuosa montaña, necesitan menos, viven con más armonia porque se dan más cuenta de quien es que les dá la vida. Honran más la querida montaña.

Y si viven más alto todavía, más armónicos se vuelven. Pero hay muy poquitos que vivan a estas alturas.

Se requiere un gran deseo de vivir en paz para abandonar el ajetreo de la base.

Después está la frontera que no deja ver la cima. Es un límite de enormes nubes cerradas, grises, inhóspitas. Allí siempre soplan vientos gélidos y huracanados. No parece haber vida de ningún tipo. No hay sol ni estrellas. No hay dia ni noche. No hay donde cobijarse. El frío es tan extremo que no parece ni frío. Sólo el aullido del viento helado en la nada. Allí mueren los poquísimo que llegan…

Y es que esta montaña imponente requiere que para llegar a su cima, primero se muera…

Y es la propia muerte la que te catapulta a la cima, sin esfuerzo.

Por encima de la nada surge grandioso, inexpresable el Todo, la visión infinita que nada vé, la paz inmensurable que no se siente, la silente belleza de la Quietud primera.

*****

Y dime, ¿dónde habitas tú? ¿dónde sueñas habitar?

Así pasas la vida, creyendo que habitas en los pies de la montaña y que eso es lo que te gusta.

O que vives en los pies pero quisieras vivir en la ladera, aunque las circunstancias no te dejan.

O que un día vivirás en la ladera, cuando todo cambie.

O crees que vives en la ladera y eres mucho mejor que los que viven en la base.

O que vives en la ladera, y los que viven en la base han dejado de importarte y has aceptado que a la cima no se debe llegar porque es demasiado peligroso.

O eres uno de los pocos locos que se atreve a aventurarse a emprender el viaje a la cima, porque tú si que lo vas a conseguir, porque tú eres especial.

O quizá eres el más loco de todos y estás en la devastadora tierra de nadie, justo congelándote de frio y perdiéndote a tí mismo, sin saber ya quién eres…

No importa lo que creas.
Porque sólo hay una verdad.
Y es que tú no eres un habitante de la montaña.
Tú eres la montaña. Pero no lo sabes.

…..

Acertijo para descubridores:
y si yo soy la montaña, entonces
¿quienes son los habitantes de la montaña?

(:La Mirada Secreta premiará a los acertantes publicando un bello pensamiento propio de cada participante, enlazándolos por inspiración en la próxima entrada al blog. ¡Animate! :))

¡FELIZ AHORA!

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Nada de lo que tengo, soy

Te advierto, quien quieras que fueres¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros ¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses.”
Oráculo de Delfos

Hoy la Mirada no deja que me entretenga y me muestra acuciante la primera de las pequeñas grandes verdades que han de conducirme a darme cuenta de qué va todo esto de vivir.

Acuciante. Como si urgiera. Urge.

Y la primera verdad es que no sé quien soy.

Y probablemente, tú tampoco sabes quien eres.

Quizás en este mismo momento, te estés diciendo que claro que sabes quien eres. Que no saber quien es uno, es de locos. Que todos sabemos quienes somos.

Quizás has pensado: soy (sexo) de (edad) y (características físicas) y (rol familiar) y (gustos/disgustos) y (historia biográfica) y (rol profesional) y…  –Bueno, ahora no se me ocurren mas categorías universales para definirnos

Así que lo primero que podríamos consensuar es que

parece que cada uno de nosotros es un conjunto de categorías, la combinación de unas características…

Eso en sí ya es un poco raro, porque por dentro yo tengo la sensación de ser una sola “cosa”, un único “yo” y no una coctelera de etiquetas ¿Tú también tienes esta sensación? Uhmmmmm

Bueno. Vayamos a lo más fácil. Te propongo que investiguemos algunas de estas categorías que nos ayudan a definirnos, a ver cuánto de verdad hay en ellas…

Por ejemplo, investiguemos a lo que este “yo” nuestro está más apegado: nuestro cuerpo.

Creemos ser nuestro cuerpo.

Soy mujer/hombre. Y eso lo definen unos órganos específicos que tengo. Pero sólo ponerme a mirar, ya puedo ver que me pueden extirpar todos estos órganos y seguir siendo “yo” o tener unos órganos específicos de hombre y sentirme mujer (o a la inversa). Lo que es un hombre o una mujer, ¿viene realmente definido por unas partes de un cuerpo? Si es así y me extirpan alguno de estos órganos, ¿soy menos “yo”? ¿Viene definido por una serie de condicionamientos socioculturales? Entonces ¿es la casilla sociocultural que me corresponde, lo que “yo” soy?…

Sobre la edad, es fácil ver que yo soy “yo” desde que nazco. Hay una vivencia de mi “yo” que está siempre, sea como sea mi cuerpo: era “yo” a los 15 años y a los 50. Podría decir que “yo” soy quien va cumpliendo los años, años que afectan a mi cuerpo. De hecho, suelo decir: “yo tengo xx años”…

Hace un tiempo alguien me dijo que si llegamos a cumplir 80 años de edad, las células de nuestro cuerpo han muerto y vuelto a nacer ¡50 veces! y como dijo un corazón puro al que le expliqué esto en consulta: “si, vale, ¡pero no a la vez!” Las células que componen nuestro cuerpo están en constante nacimiento, crecimiento y muerte. ¿Podemos ser las células de nuestro cuerpo?

Una vez me paré a investigar donde ponía la frontera entre yo y el mundo y me di cuenta de que la pongo en mi piel: de mi piel para afuera, está el mundo y de mi piel para adentro, estoy yo. Recuerdo que me sorprendió mucho. Entonces se me ocurrió cerrar los ojos manteniendo las manos libres de ninguna sensación de tacto. Pruébalo, ya verás como al cabo de pocos segundos ya no tienes conciencia de donde está el límite entre tus manos y el aire de la habitación, sólo queda una sensación vaga y difusa. Lo mismo observé al ir mucho rato de la mano de mi pareja: acababa sin saber donde empezaba su mano y donde la mía. Tanto la falta de un estímulo táctil como un sobreestimulo táctil, me hacen perder la noción bien delimitada de mi cuerpo. Entonces, este límite tan bien puesto entre yo y el mundo, ¿en qué queda? ¿en una cuestión de estimulación externa? Este límite que aparentemente me define, ¿es externo a mi?

Cuando engordo ¿soy más “yo”? Y cuando adelgazo ¿pierdo unos kilos de “yo”? ¿Y si me quedo calv@? ¿soy menos “yo”? Incluso si me extirpan una parte del cerebro, o tengo un derrame cerebral masivo (como le pasó a la Dra. Taylor, autora del libro “Un ataque de lucidez”) sigo siendo “yo”.

Podría decir que “yo” tengo un cuerpo. Se ajustaría mucho más que decir que “yo” soy este cuerpo.

Y ¿qué pasa con los roles? Tanto el rol familiar como el rol profesional cambia en algún momento. Durante el transcurso de nuestra vida, vamos siendo padres, tíos  abuelos, hermanos, huérfanos, nietos  viudos, divorciados, casados, juntados, separados, y siempre y en todo momento somos “yo”. Es a mi a quien me suceden estos cambios. Digo sin pensar que soy casad@ o abuel@, pero yo no soy eso. Veo con toda claridad que ese rol familiar es una situación que aparece y desaparece en el tiempo de mi vida y antes, durante y después yo sigo siendo yo. Yo tengo estos roles durante un tiempo…

Lo mismo, aun con más evidencia, se aplica al rol profesional, a los gustos y a los displaceres, todos ellos cambiantes. Y sin embargo, sigo siendo “yo” quien vive esos roles, quien tiene esos gustos.

Finalmente, ¿qué hay de la historia biográfica? Bueno, voy viviendo y mi autobiografía se va ampliando. Voy teniendo experiencias. Y en esta propia sentencia se halla el secreto: mi historia biográfica es un cumulo de experiencias que me han pasado a mi. Yo he sido y soy quien ha vivido esas experiencias. Alguien podría argumentar que esas experiencias me han “ido haciendo”. Probablemente han ido moldeando la forma en que nos relacionamos con las diferentes vivencias. Pero ¿quién ha vivido todas esas experiencias? ¿no es a mi a quien le ha pasado todo eso? Y si no me hubieran pasado estas experiencias, ¿acaso no sería “yo” también? O ¿es que cada año que pasa, con sus vivencias correspondientes, me hacen más “yo”? Antes de aquella vivencia era “yo” y después, también. Yo tengo vivencias…

Así es. Confundimos la forma con la esencia. Cambia nuestro cuerpo, cambia nuestra posición en la sociedad, en la familia, en la vida. Cambian nuestros gustos, nuestras relaciones, nuestro estatus económico. Cambia nuestra forma de pensar, nuestros juicios, nuestros sentimientos y emociones. Y cambia nuestra historia personal día a día. Y aún y así, “yo” no soy nada de todo esto:

yo permanezco siendo…

Sin embargo nos identificamos con algunas o todas estas categorías, todas ellas aún más temporales y cambiantes que nuestra propia existencia. Y cuando acontece que una de ellas cambia, -mi cuerpo envejece, dejo de ser niet@, me jubilo o tantos y tantos otros cambios-, tengo la sensación de que pierdo mi identidad. Y aún y así vivo toda la vida sin pararme a ver quien es esta persona que está viviendo.

Pero, ¿por qué me identifico con todas estas etiquetas?

En ese momento fue cuando la Mirada Secreta me mostró cómo

al no saber quienes somos, buscamos algo con lo que identificarnos.

Me mostró cómo vivimos dormidos toda la vida sin saber lo más básico y lo más importante. Mientras seguimos dormidos, nuestra vida se va construyendo sobre esos cimientos de la ignorancia fundamental: no saber quien soy. Por ello, la vida se tambalea continuamente, porque lo que tengo y creo ser nunca me va a sobrevivir, tan cambiante es la forma.

La Mirada Secreta me instó a investigar más allá de todas esas etiquetas,  a mirar con los ojos muy abiertos, traspasando las formas cambiantes, en busca de lo que es ese “yo“.

Por amor a la Verdad

¿Hay algo más bello?

¡Feliz Ahora!

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