Archivo de la etiqueta: yo soy

El canto de la Verdad

img_9373En el Silencio, más allá de los pensamientos y la emoción, la vida y la luz son Uno.

La mirada secreta

Gotas de sal lamen el corazón herido, el corazón rechazado, el corazón humano. Me mira con sus ojos inundados. También aquí el océano de vida tiene clara una salida. ¿O serán las lágrimas el final del dolor, la desembocadura, allí donde el sufrimiento tiene la oportunidad de transmutarse en Amor? Sus ojos lloran por el dolor de su corazón, su corazón humano. Mientras, por el rabillo de su mirada una lucecita brilla, un dulce resplandor que despierta mi mirada, la mirada secreta, la única mirada.

La lucecita resplandeciente resbala por el rabillo hasta la comisura de su boca y por las cosquillas que le hace, una sonrisa, tímida y callada, se vislumbra entre todas esas gotas saladas. Y la mirada secreta ve. Sigue el rastro brillante corriente arriba: de la sonrisa al rabillo del ojo y del rabillo se hunde en su resplandor -que no por tenue es menos luz, que la luz es luz tanto si es muy intensa como si no-. Y al hundirse en su brillo, aterriza la mirada en un nuevo corazón. Es este otro corazón que no tiene cualidad humana. Es un corazón sin forma, sin fronteras, sin color. Ni cálido ni frío. De luz blanca inundado, la luz blanca contenida, inseparables. No se sabe si este corazón es luz o la luz es corazón. De su profundidad insondable brota un canto de sirenas con una única tonadilla que arrulla, acuna, silencia, pacifíca. Una única canción. Como una es la Verdad.

La mirada secreta que escucha y al escuchar, ve, oye su canto y comprende. Comprende a la lucecita que del rabillo del ojo en llanto, saltó como si de una lágrima más se tratara, a la comisura de sus labios y bendijo su expresión doliente con la sonrisa de su canto.

Y es que el corazón humano llora todo lo que vive como carencia de amor: los reproches, el rechazo, la soledad, el desencanto, la culpa, la agresión, la desolación, el egoísmo, los deseos, la posesión, la esclavitud, la manipulación, el odio, el sufrimiento humano… Y en ese mismo sitio, el corazón humano, trata de vivir todos sus contrarios: las alabanzas, la aceptación, la compañía, la seducción, el orgullo, la amabilidad, la alegría, la generosidad, la esperanza, la fluidez, la libertad, la integridad, el amor, la felicidad humana… creyendo que así vivirá el amor. Pero ¡ay!, ese amor es temporal cuando ahí se vive, tan temporal como lo es el ser humano. Pero a veces bendice la Verdad con atisbos del Corazón intemporal, sin contrarios, en donde no se tienen alabanzas ni se ejerce la aceptación, ni hay necesidad alguna, ni la alegría o la generosidad tienen gradientes; ni la libertad, la esperanza o la integridad están expuestas a ningún peligro. Aquí, en este Corazón, nada se tiene y por eso no falta nada. Es casa. Nuestra casa. Aquí Soy. Soy Amor.

Dice la mirada secreta que cuando se ha vislumbrado este Corazón -el centro del Ser que soy- el vislumbre abre un caminito hasta el corazón humano y los vapores que viajan por él son la canción que anda oyendo el niño de corazón inundado, que con su sonrisa apenas dibujada dice que él nació para amar, para ser amor. Y eso Es lo que oye el niño, la canción de un sólo canto:

todo acaba bien. El Amor es lo que Soy.

¡Feliz Ahora!… siempre

Anuncios
Etiquetado , ,

Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

a

En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

Etiquetado , , , , , , , , ,

La primera liberación

yo-y-su-imagen

“Uno mismo es la carga; la verdad de ello radica en el verlo.”

J. Krishnamurti

” Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY”

Éxodo, 3:14

a

a

No nos damos cuenta pero entre yo y el mundo está la idea que tengo de mi. Vivo todo a través de la idea que tengo de mi. Esta es una afirmación que vale la pena investigar, ¿verdad? Porque si fuera cierta, toda mi vida estaría condicionada, esclavizada a quien creo ser.

Vale. Investiguemos un poco, mirada secreta

De la misma manera que todo lo que el ojo ve no pertenece al ojo, yo no puedo conocerme. Todo lo que conozco de mi no soy yo y sin embargo, ese conjunto de ideas sobre mi es a lo que llamo falsamente “yo”. Podríamos decir que todos los “mi” son pensamientos, ideas que tratan de llenar la vívida e incuestionable sensación que tengo cuando digo “yo”. De la misma manera que  el ojo no puede verse a si mismo,  “yo”  no puede conocerse a si mismo tal como conoce cualquier otro objeto. No puede. Y como no puede,

al no saber quien es, se piensa alguien …

¿Lo ves?- me dice la mirada con su guiño ya familiar. Y sí. Veo. Veo que me paso la vida pensándome. Hasta ¡tengo una relación conmigo! ¿Cómo es eso posible? ¿Quién se relaciona con quién? Cuando digo “no me gusto” o “estoy en paz conmigo”, ¿quién dice de quién? ¿Quién soy? ¿Soy yo alguno de esos dos personajes que están relacionándose?

Ese conglomerado de ideas a menudo cambiantes, es lo que defiendo,  es en lo que invierto toda la vida: quiero mejorar, y es la idea de mi lo que quiero mejorar; quiero que me quieran y es a la idea de mi a la que quiero que quieran. Así con toooooodo. Y aún mas difícil, quiero mantener a toda costa el buen rollo conmigo mismo. Y en realidad lo que está pasando es que

creo ser quien pienso que soy

fruto de comparaciones, juicios, imágenes. Eso es. Construyo una imagen de mi mismo con lo que me han dicho y por comparación, para finalmente creer ser esa imagen. Igual que creo ser la imagen que veo en el espejo. Y como siempre, nunca lo hemos puesto en duda. Pero,

¿Soy una imagen? ¿O soy quien se da cuenta de esa imagen?

La imagen siempre es cambiante, tanto la pensada como la percibida en el espejo. Sin embargo tu eres tu. Esto es muy muy muy importante descubrirlo: mira como tu imagen cambia continuamente (hoy soy genial y mañana no valgo nada, hoy soy joven y mañana viejo, hoy soy inteligente y mañana no me entero de las cosas, hoy tengo una opinión y mañana otra, …). Pero todo eso te pasa a ti, a ese “yo” que ¡siempre es el mismo! Mientras no descubramos que aunque sabemos que somos, en verdad no sabemos quienes somos, viviremos una vida irreal.

Ahora -dice la mirada secreta imagina por un momento que dejas de pensarte. Imagina que no tienes ninguna idea de ti, ninguna. Entonces ¿qué pasaría?…

Cierro los ojos y me pongo a la tarea…

Lo primero que me viene es que si dejo de pensarme, si me vivo nada, todo se simplifica tanto que la alegría estalla. No tengo nada que demostrar, nada que defender, nada que conseguir. Soy simplicidad. Soy alegría.

Sigo mirando con tu ojo inocente, querida mirada…

Si dejo de creer que soy algo concreto, ¡puedo serlo todo! Puedo ser tu y tu y tu, a la vez que nada soy. No hay nadie que sea mejor o peor que yo. Nadie que sea más o menos digno de amor. No hay ningún atributo comparativo porque ¡no hay con quien comparar! Todo es acogido. En todos me veo…. ¡Uy! me parece que eso es el amor. Y solo siendo sin ser alguien, todo soy. Si dejo de ser algo concreto, soy amor.

Si no tengo una forma definida, entonces no tengo ninguna forma, ninguna frontera que me delimite. Si no tengo forma, soy infinitud, soy libertad. ¡Todo baila en mi!

Si abandono absolutamente todas y cada una de las ideas de mi, soy silencio que acoge todos los sonidos. Soy silencio pleno -la música callada, le llama nuestro querido Juan de la Cruz-, silencio en el que se escribe la melodía de la vida.

Si dejo de pensarme, si dejo de vivir-me, si elimino el “me” de esa palabra, solo queda “vivir”. soy el vivir que fluye.

…caen todas las resistencias, todos los muros. Cae el castillo entero. Nada hay que defender ni atacar. Si dejo de vivir pensándome, ¡cae por entero el mundo de lo psicológico y a la vez que cae, queda curado! Eso es. Todo los problemas parten de ese yo pensado… ¡Todos! Si dejo de vivir pensándome, soy paz

Ahora veo, mirada, que la liberación no es liberarme de aquellos que me hieren, de las circunstancias que no me dejan ser feliz, de los hechos pasados que me traumatizaron, de los desamores. ¡Y aún menos convertirme en un yo superior! La liberación, la primera liberación -¡oh, mirada secreta!- es la liberación del yo pensado. A partir de aquí se abre una luminosa vida nueva, nueva, nueva. ¿Me atreveré a investigar la ilusoriedad de mi viejo yo? ¿Me daré la oportunidad de abandonarlo? ¿Podré vivir sin pensar en mi?

Yo no soy el árbol, ni su reflejo en el agua. Yo soy la luz que los ilumina. Yo soy la mirada que ve, la mirada secreta que no puede ser vista por nadie y en la que en su Ver simple, amoroso, infinito, libre y lleno de paz, baila la vida.

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , ,

Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

a

a

a

Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , , , , ,

LOS TRES LEONES


“Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres”

Juan de la Cruz





“Yo” y “ego” son palabras que aluden a lo mismo, a esta identidad que se vive separada de todo y de todos. Como a mi la palabra “ego” me sonaba también a “vanidad” o “soberbia”, sin darme cuenta trataba de evitarla. Así que para mencionar a esa entidad separada, en vez de llamarla “ego” la llamaba “pequeño yo”. Esta es la historia de una confusión.

Los sabios le decian que para descubrir la Verdad era imprescindible que el pequeño yo muriera, porque esa creencia de ser alguien separado de los demás y del mundo no era su identidad real. Y como amor a la Verdad no le faltaba, se arremangó y trató por todos los medios de matarse. Pero no había forma. Intentó primero tragarse todos los arrebatos egoicos, pero eso no hacía más que empeorar la situación. El pequeño yo se aprovechaba de los fracasos: “Que mal que lo estoy haciendo” “soy un desastre”. Frases así poblaban la mente del pequeño yo y con eso aún se fortalecía más la identidad separada.

Al ver que tragarse sus arrebatos aún le daba más identidad, trató de no hacerles caso. Uy! Esta estrategia era todavía más virulenta. Imaginad, ahora el pequeño yo no se sentía mal consigo mismo, sino que pensaba: “Sí. Sí. ¡Lo estoy consiguiendo!” Así que el resultado era casi peor que con la anterior estrategia. Ahora no sólo se sentía separado del mundo sino que se sentía ¡mejor que el resto!.

Hiciera lo que hiciera, el pequeño yo en vez de morir, crecía. Crecía incluso más que antes de haber deseado morir. Pero, enamorado de la Verdad como estaba, no cejaba en sus intentos.

Y la Verdad, que responde siempre que se la llama, le regaló un compañero. Era este un gran león de porte digna. El pequeño yo se enamoró al instante de él. Y aunque le causaba respeto, mucho respeto, no sentía ningún miedo. El león era como un sabio ecuánime. Incluso su lustrosa melena era blanca, como serían las barbas del más sabio entre los sabios. El pequeño yo olvidó sus ansias de morir y se dejó cautivar por las maravillas que el sabio león le mostraba. A su lado, el pequeño yo comprendió muchos de los enigmas que en otros tiempos le habían angustiado. Este maravilloso animal fué quien le presentó a la mirada secreta (ahora es la mirada la que sonríe al recuerdo) y junto con ella formaron equipo para ir colmando el enorme ansia de Verdad que ardía en el centro del pequeño yo.

Un día, cuando estaban paseando por los aires del misterio, se oyeron unos silbos amorosos al compás de una bella tonada. La melena blanca del compañero no pudo menos que sumarse a la danza que el pequeño yo, envuelto en la locura del amor, expresaba. ¡Cuánta dicha y alegría nunca antes conocida!. La luz clara y precisa que emanaba del sabio león se vió entonces completada por la más dulce sonrisa…. ¡en las fauces de un segundo león! ¡Era éste quien silbaba!. El pequeño yo se moría de la risa. Ver a otro inmenso león jugando como un gatito con su magno compañero, le abría el corazón como nunca antes lo había sentido. El pequeño yo se sentía colmado de gracia. Y con ambos como compañeros, guías, amigos del alma siguió su camino en pos de la Verdad. Ahí estaban: el Amor por la Verdad en la forma del más bello y dulce de los leones; y la Verdad del Amor en la mirada cristalina de tan centrada del sabio amigo. Nada más podía querer el pequeño yo enamorado.

Y así siguió caminando, feliz de su suerte, tan agradecido, dandose cuenta de que esos compañeros no eran sus amigos porque él los mereciera, sino por el inmenso amor que a la Verdad tenía.

Aún y así, la inquietud le seguía incomodando. Pensaba: ” si soy yo quien comprende cuando el sabio león me enseña, entonces no debe ser una verdadera comprensión”, o ” si soy yo quien ama cuando el alegre amigo me enseña lo bella que es la vida, entonces no deber ser verdadero amor”. Este “yo” que experimentaba no dejaba al pequeño yo disfrutar plenamente de los regalos de sus amigos. Le habían dicho que este “yo” no era real, no era la Verdad y que debía morir… Muchas veces rompía a llorar y rezaba: “¡que muera ya este yo! ¡por favor! ¡yo sólo quiero la Verdad!”

Y así llegó el momento en que la paz alegre, la serena mirada iban a temblar hasta el paroxismo del miedo, en cuestión de un instante. Porque un día inesperado, frente a los tres se plantó sin previo aviso, el león más grande imaginado. Este, de melena casi negra, era con mucho el más alto y el más ancho de los tres. El pequeño yo eran tan tan pequeño a su lado que, si no fuera por el interes del león, de un pisotón lo habría matado. Pero no era éste su plan. Su plan era mucho más complicado. Venía a matarle, sí. Pero no como el pequeño yo había imaginado.

Sus antiguos compañeros, como si frente al rey se hubieran topado, reclinaron gracilmente sus melenas y se apartaron a un lado. El pequeño yo supo, supo que iba a ser matado. Recordó cúanto lo había pedido: “¡muera el yo para que la Verdad viva!” pero no sabía que el terror le estaba acechando. Su miedo era tan grande que a sus amigos perdió de vista y ni por ellos pudo ser consolado.

El gran León, con sus garras le estrujó la mente y le estrujo el corazón. Era un león especializado en hacer trizas los pequeños yoes el mundo y su peor arma era el rugido que volcaba en la aterrorizada oreja del pequeño yo, cada vez que este mencionaba al “yo” ni que fuera con su pensamiento. Como ejemplo, para que veais su fiereza, si el pequeño yo se quejaba ni que fuera un poquito, el león rugia: ¡¿QUIIIIIEEEEEENNNN SE QUEJA!?. El pequeño yo, todo despeinado, se quedaba helado y, como si el rugido le hubiera cortado la cabeza, se sentía engullido en un infinito agujero negro..

Si el pequeño yo pensaba “parece que hoy estoy mejor”, el enorme león le gritaba: ¡¿QUIIIIIIEEEEEEEENNNNNN está mejor!? Y de nuevo desaparecía el pequeño yo en el negro vació.

Así una y mil veces. El pequeño yo le imploraba que le matara ya de una vez. Que no quería seguir siendo un yo. Pero por dentro la pena era inmensa. Recordaba la felicidad de los tiempos en los que la mirada secreta y la alegría de vivir le acompañaban. Ahora sólo había desolación. Realmente quería morir. Pero no lo conseguía. Sólo iba siendo tragado cualquier pensamiento autoreferenciado. Era como si el león se hubiera propuesto que el pequeño yo dejara de pensar en si mismo.

Aún y así no os creais ni por un instante que el pequeño yo habría preferido abandonar la búsqueda de la Verdad. No. Estaba dispuesto a todo, aunque este todo implicara la vida en el infierno en el que estaba desde que el león le apresara. Si eso era la Verdad, lo acataría. Aunque había algo dentro de él que le decía: confía, confía…

Y un día ocurrió lo inesperado.

El gran león, en vez de matar al yo del pequeño yo,….. ¡¡¡¡¡mató lo pequeño y dejó vivo el yo!!!!!!! Y lo que un día fué un pequeño yo, se empezó a expandir y a expandir y a expandir en un yo taaaaaaaaaannnnnnn inmenso que a todos y a todo fué abrazando. Incluyó el mundo, el universo. Incluyó todo lo conocido. Incluyó también lo desconocido. Y más allá.

Él era el gran león, cuyo nombre es SAT y era los otros dos leones, el sabio y luminoso CHIT y el amoroso y dulce ANANDA. Al morir lo pequeño del yo, murió el yo separado.

¡Qué equivocado había estado queriendo matar lo único que siempre había sido verdad: ¡la sensación de yo! Lo que había de morir por falso, era la pequeñez en la que su LUMINOSO E INFINITO CUERPO había sido apresado.

Y así vió que nada estaba separado pues Él lo era Todo. Y en ese Todo también cabía la nada. Él era Ella. La Verdad reencontrada.

Quizá este relato fué un sueño, aunque la Verdad jamás se ha extraviado. O ¿es ahora que soñamos?

¡¡FELIZ VERDAD!!

 

Etiquetado , , , , , , , , ,

La memoria

IMG_0591Todo lo que Es Verdad carece de memoria, porque la Verdad Es sin tiempo.

La mirada secreta

La madre está perdiendo progresivamente la memoria. Parece que vaya perdiéndose a si misma: no sabe que es lo que le gusta y lo que no; no sabe si conoce o no conoce un lugar, una persona, etc. Los que están a su alrededor también lo viven así, creen que están perdiéndola, que está “yéndose en vida”. Cada vez la reconocen menos, casi diría que al mismo ritmo que ella les va olvidando. Sienten una despersonalización, una pérdida del yo conocido. Y esta situación remueve el corazón, el cuerpo y la mente de todos los que la quieren. 

Mientras, la mirada secreta se pone a investigar, de brote en brote, espontáneamente y así, de instante en instante, va colocando sus flores de verdad en el centro de quien esto escribe, como una ofrenda de comprensión, de paz, de confianza sin fisuras… para todos.

Me doy cuenta de que si siento que la madre está perdiendo su identidad, es que había hecho su identidad de memoria. He confundido sus gustos con ella. He confundido su forma de comportarse con ella. He confundido su capacidad intelectual con ella. He confundido sus conocimientos con ella. He confundido sus habilidades con ella. He confundido sus recuerdos con ella. Sin embargo –¡Ay, Mirada, que gran regalo es tu presencia!-, la madre ya era quien es antes de tener unos gustos concretos; antes de comportarse de una forma habitual, antes de conocer unos conceptos, antes de aprender unas habilidades. En verdad cuando la memoria se desintegra, ¿se desintegra la identidad? ¿no será que creí que yo era aquello que la memoria hace posible?

En nuestra civilización, hemos aprendido a vivir desde la mente, desde los conocimientos más básicos -“this is a table”-, hasta los más complejos y científicos. La pérdida de memoria pone en jaque lo aprendido pero ¿pone en peligro lo que somos?

La mirada secreta me hace saber que nunca olvida nada, y no olvida nada simplemente porque no tiene memoria. En Su mundo, -me chiva-, todo acontece de instante en instante. Bueno. Ni siquiera eso. En Su mundo, todo acontece en un solo instante.

Todo es nuevo en este único instante…

En estos días anda el ser humano tratando de vivir en el ahora. Pero,

vivir en el Ahora, no es vivir en el presente.

El presente es una referencia temporal, un corte en el tiempo que se da entre un pasado y un futuro. Cuando vivo en el presente vivo en el tiempo y eso me invita a comparar una situación con otra y me invita a juzgar, por ello

en el presente, sufro.

Más vivir en el Ahora es vivir en la verdad de que todo está aconteciendo en este instante sin tiempo. En el Ahora no caben las comparaciones ni los juicios. Solo hay lo que hay. Por eso

en el Ahora no hay sufrimiento.

En el Ahora iluminado por la mirada secreta, además de estar libre de juicios, se vive en paz porque se ve que lo que hay es lo que tiene que haber, porque es lo único que existe, aunque yo no lo entienda…

Al perder la memoria sólo perdemos aquello que, para existir, necesitaría ser recordado. Pero todo aquello que de hecho existe en el momento actual, eso no necesita de la memoria.

Aquello que existe en este instante sin tiempo solo necesita de una cosa para Ser: el darse cuenta, la conciencia.

¿Será la madre Eso?

Con el Amor que es la naturaleza de este único Instante,

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , , ,

(I) Yo soy esto…

IMG_5723“No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir”
Éxodo, 33:20

 

 

 

Ando investigando y tal cual investigo, voy escribiendo…

Primero, me dicen que yo soy esto (hombre) y esto (blanco) y esto (listo) y esto (bajito) y no soy aquello (perro) ni aquello (esquimal) ni aquello otro (cariñoso). Después, viviendome como ese conjunto de etiquetas empiezo a relacionarme conmigo mismo y el mundo. A relacionarme, a batallar, a querer cambiar, a disfrutar, a querer conseguir, a hundirme, a sudar, a vivir. Y nunca me pregunto si ese que he creído ser es realmente quien soy.

Quizá llega un momento en que me lo pregunto y empiezo a ver que esas etiquetas no son yo, sino que yo soy quien tiene esas etiquetas. Descubro que incluso podría tener otras y seguir siendo yo. A partir de ahí, empiezo a buscar quien creo ser. A veces me entrego a alguien (maestro) o a algo (escuela) que me dicen que saben quien soy yo, me pongo en sus manos y les dejo hacer. Pero antes o después, me entrego a mi interior y me dedico a buscar dentro.

El viaje que emprendemos en busca de nuestra verdadera identidad, es el viaje espiritual puro. Es un viaje que parte del no saber, y en el no saber ha de permanecer. Cuando se descubre algo, ese algo ha de servir de puerta a un siguiente tramo desconocido. Porque la Verdad nunca es algo. La Verdad es un todo que nada deja fuera de Sí. Por eso, vamos caminando en un largo peregrinaje y al final nos espera la muerte.

Tanto si lo sabemos como si no, nos espera la muerte.

¿Y para eso hay que hacer un camino? dirían muchas personas. Parece absurdo, porque la muerte nos espera a todos, caminemos en la senda de la búsqueda de nuestra verdadera identidad como no.

Y sin embargo, es tan diferente.

Sólo puede morir aquello que nació un día.

Si yo creo ser este cuerpo y esta personalidad, si creo ser estas etiquetas, no hace falta que haga camino alguno, ya sé que moriré.

Pero si yo descubro que no soy este cuerpo, ni esta personalidad, ni ninguna, NINGUNA de estas etiquetas, antes de “morir” me urge descubrir quién soy. Porque está clarísimo para mi que yo SOY.

Mientras escribo todo esto, la mirada secreta, que anda sentadita sobre mi hombro derecho, me pregunta espontáneamente y

¿cómo sabes que tú eres?

Glups! No lo sé!! Y entro en silencio.

Y en silencio sigo. Mucho se está viendo. Pero la mirada no me deja seguir escribiendo ahora. Quiere que todos vosotros que estais leyendo también os empapeis de la pregunta. Pero recordad, es en la pregunta donde se esconde la verdad. La respuesta sólo es una puertecita más para seguir mirando.

Seguirá…

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , ,

El pequeño gran obstáculo

IMG_3617

“No hay inconveniente en implicarse en las acciones que nos sobrevienen de modo natural. La esclavitud consiste en creer que somos los hacedores de esas acciones y apegarnos a sus frutos o resultados.”

Sri Ramana Maharshi

A veces me gusta colorear.
Nunca se me había dado muy bien. Mi pulso no era muy bueno y mi coordinación mente-ojo-mano tampoco. Había tratado de mejorarlo a base de paciencia y buena voluntad. No me rendía. Quería colorear sin salirme de la raya, sin hacer manchones. Quería plasmar belleza y perfección. Veía la facilidad con que otros coloreaban y sentía frustración. De hecho, era tanto el esfuerzo que ponía en hacerlo bien, que no podía colorear mucho rato.
Bueno, pues el otro día estaba coloreando
en ese estado de paz que da el no pretender nada, el no querer demostrar nada, el no desear ningún resultado.
Tan en paz estaba, que ni este pequeño “yo” estaba. Así que no había ni un “mi”, ni un “me”, ni un querer ni un sentir. Por no haber, ni esfuerzo había…
Y en este estado, vi la mano sujetando fácilmente el lápiz de color, vi los movimientos precisos que la mano hacía, vi cómo se iba rellenando el dibujo con el color y cómo la silueta negra era un muro que el lápiz no franqueaba ni milimétricamente…
La mano, el brazo, el ojo, el lápiz, el papel, el dibujo, eran todos un conjunto armonioso de expresión de vida. Y
yo era quien veía. No había nadie haciendo nada.
Todo sucedía sin que hubiera ningún “yo” voluntarioso haciendo nada. ¡Qué milagro más extraño y sorprendente!
La mirada secreta se reía alegre como el río de las montañas en primavera -a la mirada secreta le encantan los milagros…
-Esto es lo que te quería enseñar- me dijo.
-Cuando se deja de dar realidad al pequeño “yo” (ese quien crees ser que no es más que un potaje de ideas y creencias), ocurre que se deja de poner obstáculos a la Inteligencia de la Vida y las cualidades de esta persona, las dotes de su cuerpo, de su mente y de su corazón brillan en su máximo esplendor.
-Fíjate bien- continuó la mirada– observa como funciona la naturaleza, como funciona el cosmos. Fíjate con qué equilibrio, belleza e inteligencia se despliegan. Y ahora observa al ser humano… ¿ves que diferente? Eso es porque el pequeño “yo” de cada persona está metiéndose en todo, en las tareas del cuerpo, de la mente y del corazón. Sus deseos, rechazos, querencias, sus agravios, juicios, su voluntad,… están queriendo mandar en todo.
-Mira cómo en cuanto dejaste que la persona fuera quien pintara, aquello que tanto querías, sucedió.
El único obstáculo para que se exprese la Inteligencia que somos, es el pequeño e inventado “yo”
    -¡Madre mía! Entonces, si esto ocurre coloreando un dibujo, ¿qué pasará con todo lo demás si este “yo” se retira?-
-Eso no te lo puedo decir. De nada serviría. ESO LO HAS DE VER– contestó la mirada secreta
¡Feliz Ahora!
s
Etiquetado , , , , , , ,

La guerra de los fantasmas

“Para saber lo que Ud. es, antes debe investigar y saber lo que no es.”

Sri Nisargadatta Maharaj

 

Yo creo que soy de una manera concreta: soy así y así y así y no soy asá ni asá ni asá.

Cuando digo que me conozco muy bien, en realidad lo que conozco son mis patrones de pensamiento/emoción/comportamiento repetitivos, o dicho de otra manera, mis reacciones y mis formas de manipular el entorno. Lo que conozco bien está todo circunscrito al mundo mental, al mundo psicológico. De hecho cuando actúo de una manera que no encaja con como creo ser, enseguida aviso: “yo no soy así”.

Sin embargo, yo no me puedo conocer muy bien en la espontaneidad, en la creatividad, en la intuición, en la inspiración… Porque eso cuando se dá, -que se dá, a pesar de la idea que tengo de mi-, siempre es nuevo y sorpresivo, igual que la vida es nueva a cada segundo aunque mi mente no me permita darme cuenta de ello. Y eso nuevo, desconocido, sorpresivo no lo introduzco en quien creo ser. Es como si no tuviera nada que ver conmigo. Y eso ocurre porque no encaja con quien creo ser, con lo archiconocido en mi, viejos patrones condicionados que funcionan automática y mecánicamente, y que nunca me sorprenden. Así que lo que conozco muy bien es un robot psicológico, el yo condicionado con el cual yo me he identificado.

Cuando los demás dicen que me conocen muy bien, ellos también conocen ese robot psicológico. De hecho, ¡nada más puede ser conocido!

Pero, ¿quién soy yo realmente? Eso yo no lo puedo conocer porque no puedo dividirme en dos: el yo que conoce al yo que se supone que soy…

Quien soy yo realmente, no lo puedo conocer, sólo puedo serlo.

Es por eso que ¡¡todo lo que creo ser, no soy!!

Quien soy yo, sólo puedo serlo plenamente cuando me libero de lo que no soy, de ese yo condicionado que fué formandose desde los primeros años, superponiéndose al yo que había nacido, modelado por las circunstancias externas, igual que un trozo de arcilla es modelado. Yo-arcilla me he confundido con yo-forma de arcilla. He creído que soy esa forma, cuando nunca he dejado de ser arcilla. Y ahora me vivo como la forma, conozco más o menos bien la forma y sin embargo soy arcilla y la forma que adopto sigue cambiando… La idea de mi es la idea de la forma. Ese es el primer fantasma.

Por otro lado, no sólo tengo una idea de quién soy yo, sino que tengo también una imagen de cómo debería ser. Ese es el segundo fantasma. Y no me he dado cuenta de que esa imagen también viene de lo condicionado, de lo que me han enseñado que es lo mejor, algo que va cambiando con las épocas.

La idea de cómo debería ser, es una moda social.

Por ejemplo, ahora está muy de moda ser emprendedor, independiente, tener opiniones propias muy marcadas, ser seguro de sí mismo. En la época de mis abuelos, lo que era maravilloso era ser cumplidor, estable, obediente y responsable. Ese ideal que tengo de mí mismo, que también viene del exterior como creencias que yo asumo sin revisar, está todo el día jugando dentro de mí con respecto a quien yo creo ser, a la idea que tengo de mí. Así que

hay una contínua lucha entre quien creo ser y cómo creo que debería ser.

Ninguno de los dos conceptos lo he construído yo. Ambos me han sido impuestos desde fuera y jamás se me ha ocurrido ponerlos en duda.

Y esa lucha se extiende a mi relación con el mundo entero:

la relación que yo tengo con el mundo, con las personas, es un reflejo directo de la relación que tengo conmigo mismo.

Con los demás es lo mismo: tengo una idea de como son y una idea de cómo deberían ser: los amigos, los hermanos, los padres, los hijos, los políticos, los países, las leyes, … Y esos son los miles de fantasmas hijos de los dos anteriores.

En esa lucha eterna, que está circunscrita en el mundo de las ideas y que no tiene nada que ver con la realidad, yo vivo.

Es la guerra de los fantasmas: del fantasma de lo que yo creo que es y el fantasma de lo que yo creo que debería ser. Fantasmas que no tienen ninguna realidad, ninguna consistencia. Sólo son ideas. Ideas que al darles verdad, me impiden ver la realidad tal como es. Ideas que ponen un filtro espeso delante de mi mirada y deforman completamente la visión, tanto que cuando un día ves sin filtro no puedes comprender como habías estado tan ciego.

A los fantasmas no se les puede manipular, no se les puede cambiar, no se les puede matar. No se puede luchar contra los fantasmas porque no tienen consistencia. Porque no son reales. He aquí su poder.

Y para acabar con los fantasmas, sólo tenemos un camino: ¡encender la luz!

Cuando se enciende la luz, los fantasmas desaparecen.

Y ¿qué quiere decir “encender la luz”?.

Encender la luz es darnos cuenta.

Ese es el camino: darnos cuenta. Darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser, de que no tenemos que ser de otra manera porque ya somos de ninguna manera concreta. Que eso es sólo una idea que hemos comprado. Que todo lo que Es, ya Es. Que todo lo que existe es lo que es. Que las personas no son como son sino que son lo que son.

Que

yo no soy como soy, sino que soy lo que soy.

Y que en ese viaje de darme cuenta, los fantasmas desaparecen y con ellos, la guerra.

En ese viaje de darme cuenta de aquello que no es real, acaba la guerra y con el fín de la guerra, resurge la Paz.

¡FELIZ AHORA!

Especialmente a las mariposas :)

 

Etiquetado , , , , , , , ,

La Mirada y el Dolor

Es el reflejo lo que nos conducirá a la Verdad, no lo reflejado

La mirada secreta

 

 

*foto cedida

Iba a escribir una especie de relato metafórico sobre las últimas semanas y lo que la mirada secreta ha querido regalar a quien esto escribe. Y de repente, la propia mirada no ha querido que me ande con florituras.

El dolor del cuerpo irrumpe en la vida de los seres vivos muy a menudo y de muy diversas maneras. El dolor ocurre en la superficie de la conciencia, como todo aquello que aparece para luego desaparecer. Y detrás del dolor (en lo profundo), igual que detrás de cualquier vivencia, sigue estando el silencio reverente, la quietud sagrada, la serena alegría, allí de donde viene la mirada secreta, iluminando con sus nítidos rayos lo antes nunca visto, empapando de la luz de lo verdadero.

Y la experiencia de dolor ha permitido que la mirada me susurrara al oído cosas que antes quizás había intuido pero que nunca había visto con tanta claridad…

A veces, cuando tenemos dolor o estamos enfermos, es fácil que nuestro “yo” fabricado de pensamientos se tambalee e incluso llegue a destruirse (que es lo mejor que nos podría pasar), igual que un edificio afectado por un terremoto. El terremoto físico acaba fácilmente con muchos de los atributos que creía “tener” y que formaban parte de “mi yo”. Dejamos de ser independientes, no podemos valernos por nosotros mismos, necesitamos que los demás nos ayuden hasta en la higiene íntima. Lloramos como niños, gritamos de desesperación, perdemos los modales, nos enfadamos, imploramos. Tenemos que pedir cosas tan peculiares como que nos dejen la tapa del inodoro levantada porque nosotros no vamos a poder hacerlo, -eso en el caso de que podamos llegar al lavabo-. Y empezamos a pensar que ya no somos quienes éramos: tu que eras tan valiente, ahora no lo eres tanto. Tu que eras fuerte, ahora eres débil. Tu que eras tan paciente, ahora eres impaciente. Tu que eras tan generoso y tan considerado con los demás, ahora eres egoísta. Eso crees de ti.

Y sin embargo, sigues siendo tu. Es a ti que te está sucediendo esto. Ahora tienes dolor. Y antes no. Hay un “yo” que vive las diferentes experiencias y que siempre es el mismo. Es como el muñequito que ahora se le pone un bigote, y ahora se le saca, y ahora se le pone un sombrero, y ahora no. El muñequito siempre es el mismo. Tu no eres el dolor. Ni eres egoísta o considerado o generoso o impaciente. Esos y muchos otros atributos son nuestros bigotes y sombreros.

Ahí está el fondo inalterado. Viviendo esa experiencia. Y a ese fondo le sigue llegando la mirada secreta.

La mirada secreta no es de la persona.

Cuando el instrumento está mal, -sea el cuerpo, la mente o ambos-, la mirada sigue viendo con la misma claridad de siempre. Los rayos siguen iluminando porque el Sol sigue aquí. Pero el instrumento que está mal puede desafinar en la interpretación de lo que la mirada enseña. Eso es lo que nos pasa a todos si colocamos nuestra identidad en lo que no somos. Si creo ser mi cuerpo dolorido no podré ver con claridad. No podré dejar que la belleza del rayo de luz se refleje,ni su claridad, ni su serena alegría. ¿Recordáis la entrada al blog “La belleza en la mirada” del 7 de abril? Pues eso es lo que descubrí durante este terremotillo vivido:

nada de lo que sucede a la persona tiene importancia. Lo único importante es lo que se refleja a través de la persona, de la Luz de la Verdad

El dolor también me enseñó sobre el amor. El amor que se da y se recibe, que no espera nada a cambio, que es espontáneo y dulcemente poderoso, ese amor que abruma a la persona. Ese amor hacía llorar a quien esto escribe y vio que

el amor desinteresado abre el corazón y un corazón abierto rezuma amor desinteresado

Y vi con plena claridad que todo ese amor era un reflejo del Amor que Es. Si la persona viviera el Amor que Es, el origen de todo este amor, en el estado de conciencia en el que estamos, ese Amor nos fulminaría, porque no lo podríamos contener. Igual que unos ojos acostumbrados al reflejo del Sol no pueden mirar directamente el Sol porque se cegarían.

Es por eso que a la Verdad sólo la conoce la Verdad.

Puede ser que esta persona sea débil, egoísta, impaciente, o maravillosa, dulce, amorosa y entregada. No importa. Pues, a momentos, refleja la luz del Sol.

Juan de la Cruz dice en su bellísimo Cántico Espiritual:

“no quieras despreciarme,

que, si color moreno en mi hallaste,

ya bien puedes mirarme

después que me miraste,

que gracia y hermosura en mi dejaste”

Eso es lo que la mirada secreta me ha mostrado: la experiencia de dolor me ha enseñado que no hay ni un sólo atributo que tenga que ver con quien soy. El dolor, a través del amor, ha abierto el corazón. La mirada ve, independientemente del instrumento, y sus reflejos son infinitos. Se puede atravesar la identificación con el cuerpo y vivir en el centro que soy, allí donde habitan eternamente la paz y la serena alegría del Amor Infinito.

¡Cuan grande la esperanza y cuan grande el agradecimiento al reflejo y a la Luz!

¡Feliz Ahora!

*foto cedida por ikibcn http://www.barcelonamola.me

Etiquetado , , , , , , , , , ,
A %d blogueros les gusta esto: