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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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¡FELIZ…

img_0113“La vida es nueva a cada instante.”

Consuelo Martín

¡Feliz año! ¡Feliz año!- exclamaban todos, alborozados. Se abrazaban unos a otros deseándose felicidad para el nuevo año en el que acababan de entrar. Era bello ver como cada quien iba abrazando a cada uno con el mejor de los deseos. No sé si alguno estaría por dentro pasando un mal momento pero ni así nublaba su sonrisa aquella entrada en el nuevo año.
La mirada secreta gravitaba silenciosa sobre nuestras cabezas -así lo hace siempre- y veía -es lo que mejor se le da-. Veía como cada uno dejaba atrás, ni que fuera por un rato, las diferencias, los malos momentos, las preocupaciones… veía como todos se sacaban la mente ese ratito y sólo habían buenas intenciones, repartición de alegría y mucha, mucha esperanza.
La mirada veía en ese momento un grupo de personas que estrenaban vida. Sí. Estrenaban vida. Y eso es decir mucho, muchísimo. Durante unos minutos, todos los que estaban allí estrenaban vida con la misma alegría con la que estrenamos todo lo nuevo. Eso es. Estrenaban año nuevo -de hecho me parece que se llama así: año nuevo-…
¡Ah! ¡Qué maravilla estrenar lo nuevo! Abrir el paquetito para ver que esconde. La emoción de descubrir lo nuevo, en el que lo desconocido no da miedo sino que hace cosquillas en la barriga.
Alegría, abrazos amorosos volando, atravesando, enredándose con otros abrazos… esperanza… En ese momento todos abiertos a lo que vendrá, sin expectativas.
La mirada secreta veía a todos ¡felicitándose! Expresaban su deseo de que el otro fuera feliz en el nuevo año que se acababa de estrenar.
Andaba como todos allí, ¡Feliz año! ¡Feliz año! Y ¡pum!…. la mirada me susurró así, sin más: ¿Feliz año?…
Bueno, mi dulce mirada, ahora voy a bailar- le dije. Si acaso, en sueños me dices que ver en tu pregunta extraña…

Al cabo de un rato, ya en la cama…..-“Año nuevo… vida nueva” dicen por ahí. ¿Qué querría la mirada hace un rato en pleno estallido de alegría y esperanza, con su pregunta extraña?…- zzzzzzzzzzzzzz
Hoy el mundo pasea en silencio. El mar está bellísimo. Quizás también estrena… ¿qué? ¿Felicidad?
Uffff. Ya está. Con la brisa del mar, la sal de la lágrima se hace uno.
Cumplimos año el 1 de enero porque así nos lo hemos inventado. Y la mente como siempre, nada se plantea. Pero esa felicidad del estreno, ese abrazar a todos repartiendo esperanza, alegría, eso no es inventado. Sale del corazón. Y es el corazón que me va a mil ahora. Veo.
Con la mirada atraBesándome, a todos y cada uno os abrazo. Pero ya no puedo desearos un feliz año. ¿Cómo podría? Os deseo lo que siempre me hizo la mirada desearos: ¡Feliz Ahora! ¡Feliz Vida a cada instante! Porque eso sí es verdad.
No tengamos miedo.

Estrenemos la Vida a cada instante porque a cada instante es nueva.

Festejemos la entrada eternamente nueva de vida. Expresemos nuestro deseo de felicidad a todos los seres en este justo Instante Nuevo que es lo que realmente la Vida es. Vivamos abrazándonos, abriendo el Ahora con la emoción de descubrir lo que nunca antes habíamos visto. Maravillemonos de la explosión de vida que es vivir celebrando. Salgamos de la mente racional como hicimos ayer por un momento y repartamos buenas intenciones, alegría , abrazos y mucha, mucha esperanza. ¡Estrenemos Vida!
¡Feliz Ahora!

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Lo más importante

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“Una vez salió un sembrador a sembrar.Y sucedió que, al sembrar, … Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.»
Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»”

Marcos, 4: 3-4, 8-9

El otro día la más dulce de las almas explicaba cómo le absorbía el trabajo. Estaba muy cansada de tanto trabajar y no sabía cómo parar. Incluso no quería parar, porque cuando paraba le entraba la ansiedad. Casi con lágrimas en los ojos me explicaba que tanto trabajar no le dejaba disfrutar de la vida: ir a pasear por la naturaleza, tener espacios íntimos con su pareja… Me dijo que lo más importante para ella era la paz interior y que se sentía muy lejos de poderla conseguir.
Al rato vino otra bella alma de mirada inocente. Me contó lo mal que estaba con su esposa, todo el día peleándose. Me explicó lo mal que le trataba y las cosas feas que le decía. Claro, él estaba hecho polvo porque la quería y le dolía cómo ella actuaba…. Me dijo que lo más importante para él era el amor y que se sentía muy desgraciado por no poder vivirlo por culpa de ella.
Después se acerco una tercera alma, pura paz. Desprendía una serenidad amorosa que envolvía a uno en un manto de “todo está bien” maravilloso. Ella no venía a arreglar nada sino a compartir un rato. En vista de cómo había ido la mañana, le pregunté que era para ella lo más importante. Me dijo: vivir despierta. Después seguimos charlando y en un momento dado, la mirada secreta hizo su entrada (esta vez nada sutil, sino con un “aquí estoy” de zapateao flamenco). La mirada entró y vi sin pensar (que es la única manera de ver) el secreto de la amorosa serenidad que traía consigo este alma. Ella, a diferencia de las dos anteriores, estaba dedicando su vida por entero a lo que era lo más importante para ella. Así de simple.
La primera alma dulce que vino, aún siendo la paz interior lo más importante para ella, dedicaba su vida a huir de esa paz…
La segunda alma inocente, aún siendo el amor lo más importante para él, dedicaba su vida a reivindicarlo en vez de a serlo.
Es como si el ser humano quisiera cosechar fresas plantando cardos.
¡Así de locos estamos!
Descubramos lo más importante para cada uno de nosotros. Realmente lo más importante. Hagámoslo remontando nuestra respuesta con por qués, hasta que no hayan más preguntas. Por ejemplo, si nuestra respuesta es nuestros hijos, preguntémonos por qué son lo más importante…. Y quizás veamos que es por el amor que les tenemos. Entonces nos preguntamos si el amor es lo más importante para nosotros. Si contestamos que sí, preguntémonos por qué. Si ya no sabemos nuestra respuesta válida es el amor. O puede ser que respondamos porque es la expresión de la Unidad.En este caso lo más importante será la Unidad. Y así con cualquier respuesta que nos demos. Y una vez lo hallamos descubierto, dediquemos nuestra vida a ello. Cultivémoslo con toda nuestra capacidad. Y vivamos para ello.
Si así lo hacemos, ya no existirá la falta de sentido, ni la incoherencia ni la locura. Viviremos plenamente en esa felicidad que tiene el abuelito cuidando primorosamente su huerto, día a día, palada a palada.

Convirtamos nuestra vida en nuestra mayor y más profunda entrega a aquello que nos tiene robado el corazón.

Y ahora la mirada secreta ríe a carcajadas porque en mi alma se ha chivado de mi propio tesoro, que es Ella.
A veces la Vida nos sorprende destapando lo que siempre había estado delante y nunca habíamos visto antes.

¡Feliz Ahora!

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La Verdad es Vida

img_8903“No quieras enviarme de hoy más ya mensajero, que no saben decirme lo que quiero”

Juan de la Cruz

-¿Que comes? -Estoy comiendo un mango. -¿Un mango? Nunca los he probado. ¿A qué sabe? -Bueno. Es una mezcla de melocotón y melón.  -Uy ¡que raro! ¡Explícamelo mejor! -A ver… Es como si fuera un melón naranja que sabe un poco a melocotón… ¿lo entiendes? -No sé. Creo que si. Es muy complicado.  -Bueno. Pues en vez de describírtelo, ¿por qué no lo pruebas? -Mmmm. ¡Qué rico! -Ahora ¿a qué dirías que sabe? -Sabe a mango. Tal cual. ¡Ahora comprendo lo que tratabas de explicar! -Si. Así es.

Los conceptos son abstractos y muy difíciles, mientras que la vivencia es simple y sin esfuerzo.

La comprensión siempre viene de la mano de la vivencia.

Entender no es comprender. Entender es un producto mental hecho de pensamientos. Entender es una representación mental, que sólo afecta a los pensamientos. Podemos “saber” mentalmente lo que es volar en avión, pero hasta que no volamos, realmente no lo sabemos.

Entender no tiene poder de transformación.

Comprender es com-prender. Prenderse en eso. Comprender es hacerse Uno con lo vivido.

Comprender es un darse cuenta, un ver con claridad, una toma de conciencia directa, sin elaboración mental, que no deja duda alguna por ser experiencial. Es la mirada secreta la que comprende.

Podemos entender muchas cosas y ser grandes eruditos, pero la sabiduría poco tiene que ver con ello. La sabiduría va de la mano del comprender. El sabio sabe que no sabe nada. Y en ese vacío mental, libre de creencias, ve sin entender.

La Verdad de quién soy, de qué es el mundo, de qué es Dios, no se puede entender. Sobrepasa los pensamientos. Sólo se puede comprender porque es vivencial. Es un encuentro vivencial con los aromas de la Verdad. Es hacerse Uno con Ella.

La comprensión afecta a la persona por entero. Y la transforma.

Así que dejemos de pensar. Dejemos de forzarnos a entender Algo que está fuera de la mente. Algo que solo se puede vivir.

La Verdad es vivencial. La Verdad es Vida

Silenciemos la mente llena de conceptos y creencias.

Mientras creamos que sabemos, no sabremos nunca. Mientras creamos que sabemos, o creamos que el saber es un proceso mental, creeremos que no nos hace falta “probar” la Verdad. Creeremos que ya la conocemos o buscaremos entenderla. Nos esforzaremos, forzaremos la mente pero seguiremos sin comprender. Y en esta creencia seguiremos ciegos.

Hasta que no “probemos” la Verdad no la conoceremos, por mucho que nos lo expliquen. Atrevámonos a abrirnos, más allá de lo que creemos. Sólo saboreando su amoroso aroma la iremos conociendo.

La Verdad es Vida y solo se puede vivir.

En el silencio de la mente, en el dulce aroma…

¡Feliz Ahora!

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La bolsa o la Vida

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“porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.”

Mateo, 6:21

Si tu y yo vemos en un escaparate unos zapatos, puede ser que a tí te gusten mucho y a mi me parezcan horribles. Y no pasará nada, seguiremos siendo amigos porque ya nos enseñaron que contra gustos no hay nada escrito. Pero si en vez de estar en el escaparate, los zapatos están puestos en tus pies y al verlos exclamo “¡qué zapatos tan horribles!”, lo más probable es que te enfades conmigo, o te duela mi comentario. ¿Cómo es posible? ¿Qué ha cambiado?…. Lo único que ha cambiado es que antes solo eran unos zapatos, pero ahora ya no son unos zapatos, sino que son tus zapatos. Han entrado en la bolsa de tu identidad, llena de mis y mios: mi pais, mi familia, mis vivencias, mis ideas, mis costumbres, mis gustos, mis recuerdos, mis zapatos, mis creencias. Esa es la bolsa en donde cada uno de nosotros, por no saber quiénes somos de verdad, vamos llenando de todo lo que decidimos apropiarnos. Y esa bolsa se convierte en el yo que creo ser. Y esa bolsa pesa muchísimo, ¡hay tanto que defender! ¡hay tanto que demostrar! Al fin y al cabo, se trata de mi. Cuando te metes con mis zapatos, te metes conmigo y eso no lo puedo tolerar. Aunque los zapatos me vayan estrechos, aunque tengan agujeros, son mis zapatos y eso los convierte en yo.

A todo lo que le pongo el mi delante se convierte en una esclavitud más que defender, incluso con mi propia vida

Pero son precisamente todos estos artículos posesivos lo que no me deja ser. Porque todos estos artículos no son más que sustitutos de la verdadera identidad. Y ¿cómo lo sabe la mirada secreta? Porque

yo no puedo ser aquello que tengo.

Yo soy quien lo tiene, pero no lo tenido. Y un día cualquiera puedo liberarme de esos zapatos y entonces ¿qué sentido tuvo ese enfado? ¿Qué pasaría si dejara de llamar mio a todo, a todo todo lo que llena la bolsa de mi identidad?

¿Para qué necisito una bolsa si cuando nací ya era sin bolsa alguna?

El otro día vino una preciosisima alma a verme y me contó qué feliz era cuando viajaba solo, porque ¡podía ser quien quisiera!  Si supieramos cuanto nos atan todos los mios… Si supieramos que esos artículos que llevo en la bolsa de quien creo ser ¡son el origen de todo conflicto! Y, sobre todo y por encima de todo, si supiera que esa bolsa me está impidiendo vivir plenamente, amar plenamente, ser plenamente libre,  ser realmente quien soy…

En tiempos remotos, los bandoleros asaltaban a los caminantes en el más inesperado momento y poniendose frente a ellos les gritaban: ¡¿la bolsa o la vida?! Les hacían decidir en un instante si preferían luchar por lo suyo o garantizar la propia vida, aún llorando por lo robado.

Desde tiempos inmemoriables, los sabios son asaltados por la Inteligencia de la Vida en el más inesperado momento y poniéndose frente a ellos les reclama en un instante la bolsa para así ganar la Vida. La mayoría de ellos, en tan ansiado momento, bailan alborozados, entregando la bolsa como quien se quita un disfraz viejo y gastado porque en el robo de la bolsa la liberación de lo falso queda garantizada y así descubren la Vida, la verdadera Vida, la plenitud total.

Y ahora la mirada secreta te asalta en el momento más inesperado y te coloca delante de la decisión más crucial y más revolucionaria que podrías tomar: ¿La bolsa o la Vida? Date cuenta de que en ello, realmente, te va la Vida.

¡Feliz Ahora!

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La escuela de la vida

IMG_5482 No es lo que yo hago con la vida. Es lo que la vida hace conmigo.

La mirada secreta

a

aEstoy disfrutando de una tarde de sábado apacible. No hago nada. No pienso nada. Reina un dulce  silencio acompañado de la sinfonía de los troncos quemando en la chimenea. Y…¡zas! De repente, aparece en escena una de las menos cuestionadas creencias de nuestra época: “He nacido para aprender”. ¡Ah, la mirada! ¡Siempre dispuesta a enseñar cuando la mente se para!

¿Cuántos de nosotros creemos que la vida es como una escuela? Yo creía que había nacido para crecer, para aprender. Y esa creencia ha provocado que haya pasado todos estos años con el ansia insconsciente de que “algo” tenía que conseguir. Y al no saber ni lo que tengo que aprender, ni que querrá decir “crecer”, ni cuando se supone que lo habré aprendido, el ánimo se ha mantenido en suspenso ansioso, con un extraño y subterráneo miedo a fracasar, a no estar haciendo suficiente o haciéndolo bien.

Pero la mirada secreta, que nada cree y todo observa, ha querido meterse también en esta creencia casi intocable y bastante común de que nacemos para aprender. Y rauda y silenciosa penetra en mi oído y me susurra:

la evolución no la realiza el pequeño yo.

Claro que crecemos. Claro que aprendemos. Pero todo se da espontáneamente. No es gracias a mi esfuerzo, a mi buen hacer, a mi voluntad, a mi sacrificio, a mi mi mi mi mi………. De hecho, creer que la vida es una escuela, a la que hemos venido a aprender o a crecer nos coloca sin darnos cuenta, de espaldas a la vida. Nos separa de la vida. ¿Qué?- digo yo- ¿me separa de la vida?

-Mira la naturaleza -sigue susurrándome la mirada. Todos los seres hacen su camino, evolucionan porque la vida es precisamente ese movimiento. Ni el árbol, ni el pez han de plantearse cómo crecer. Por el hecho de estar vivos ya crecen, ya aprenden, ya evolucionan. Y estar vivos significa estar plenamente en el ahora -que es donde la vida vive-, con todos sus sentidos abiertos a lo que acontece en cada momento. Sin querer nada. Viviendo plenamente lo que hay. Así es como viven, aprenden, crecen, evolucionan. Porque

vida es sinónimo de evolución.

No hay en toda la naturaleza un objetivo de evolución individual separada del resto del universo. No hay ningún individuo que nazca para su propio beneficio. Si se da que el mono-cien* descubre algo nuevo, eso no es para mayor gloria del mono-cien sino para toda su especie, todo el planeta, todo el universo.

¿Por qué tendría que ser diferente en el ser humano? Quizá yo no he nacido para conseguir nada individualmente. Quizá no he nacido para mi propio beneficio. Quizá no tengo que hacer nada más que aquello que la vida me pone delante. Y vivirlo plenamente, con las capacidades que la evolución de mi especie, planeta y universo me han dado. Quizá de esta manera, dejándo que la naturaleza de mi humanidad haga espontáneamente, cumplo con el propósito para el que fuí creado. Quizá mi evolución pertenece a la vida, y no es “mi” evolución, sino la evolución de la especie humana, del planeta, del universo.

¡Qué alegría siento! ¡Que liberación!. Dejar que la vida haga en mi. Saberme parte de la evolución de mi especie y del universo entero. Dejar de ser este pequeño, raquítico y egocentrado “yo”, para ser la raza humana en su totalidad, la vida en su totalidad. ¿Cómo? Viviendo sin objetivo egoico alguno. Viviendo plenamente. Y vivir plenamente es, para cada uno de nosotros, diferente. Esa es la riqueza de la vida. Así es cómo se da la imparable evolución.

Así que la vida es una escuela. Pero yo no soy el alumno. El alumno, el profesor, los estudios y exámenes son la propia vida. Cada uno de los elementos es inseparable de los otros.

La vida es una escuela para sí misma.

Yo no me puedo separar de la vida.

Yo soy la vida.

¡Feliz Ahora!

*Es el caso de un mono que en un momento dado aprende a lavar una patata después de que todos rechazaran este alimento por estar sucio de tierra. Al poco tiempo los demás monos habían aprendido a lavar la patata para así podérsela comer. Que el mono aprendiera a lavar la patata no fué para su propia evolución sino para la evolución de él y todos, sin separación, en su totalidad.

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¿Qué alimenta a qué?

“Tiene más sabiduría una flor que cualquier mente racional por muy inteligente que parezca”

La mirada secreta

 

 

 

Estoy en el silencio de la naturaleza y en el silencio del corazón. Paz fuera y paz dentro.

Frente a mí, una pequeña mesita -probablemente rescatada del abandono-, apoyada en un ventanal por el que se cuela el fresco de la mañana; el cristal algo roto, reparado con cinta adhesiva; la pintura del viejo marco de madera, desconchada. Me inunda la visión de los perfiles montañosos que abrigan la garganta por la que no se sabe qué pasa, si un río con agua o un recuerdo de lo que un río fuera. Descansa sobre la mesita un trozo de hule como mantel -porque aunque vieja y gastada, bien merece ser cuidada-. Y sobre esta, me espera el más que apetitoso desayuno, después de unas buenas horas de ayuno: tostadas hechas en el hornillo aliñadas con aceite y sal, un hermoso tomate y un buen tazón de leche.

Es extraño para la mente vieja, pero la realidad es que todo es bello, todo, en esta fresca mañana: la mesita, el cristal, el marco de madera, el hule, las montañas,, el fresquito, el hambre y también lo que no veo, lo que no siento, lo que no conozco, lo que no comprendo, …

En el silencio, miro. O mejor, mira eso que ve en mí. El desayuno que va a alimentar mi cuerpo está hecho de las mismas sustancias que este cuerpo -proteínas, aminoácidos, a saber…- El cuerpo es resultado de lo que le damos de comer. Cuando el cuerpo no come, va desapareciendo hasta morir… ¿en serio? ¿hasta morir?…

¡Ay, mirada! ¡En todo ves cuando libre te dejo! ¡En todo ves cuando muda me dejas!

Con qué claridad se hace la comprensión en mi mente callada.

El alimento que ingiero no está separado del cuerpo que alimento.

Ahora el tomate entra en el cuerpo, se transforma, se utiliza hasta su última célula. Tanto aquello que queda en el cuerpo, como aquello que excreta, continúan su periplo en contínuo cambio, para el máximo bien de la naturaleza.

Nada es deshechado, nunca. Nada hay inútil.

¿Y el cuerpo?

El cuerpo un día será alimento para otros animales, para la tierra, para el aire, para el futuro tomate. Así es. Como antes de nacer, todo lo que el cuerpo es continúa transformándose, en un periplo eterno de contínuo cambio.

…shshshshshshshs…por eso este cuerpo, -este “yo” identificado al cuerpo-, por eso este yo soy es también el tomate, el gusano, el árbol, todos los cuerpos que se apiñan en el metro en hora punta…. Por eso, como dicen poetas y científicos (extraña combinación) yo soy polvo de estrellas…. -susurra el Silencio al ojo despierto-.

Nada se pierde. Todo se aprovecha. Para el máximo bien de la vida eterna.

Por eso antes de comer, cuando el ojo está bien abierto, la conciencia de la verdadera comunión entre el alimento y el cuerpo se hace presente. Entonces, cualquier comida es un acto de gracias.

Eso es lo que esta mañana me ha dicho un tomate.

Cuando la mirada secreta ve, hasta un tomate habla.

¡Feliz Ahora!

 

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El gran creador, el gran alimento, la gran muerte

“Tú eres el que ve todo y siempre es libre. Tu única atadura es que te ves a ti mismo como si fueras otro distinto del que ve”

El sabio Astâvakra

De la Vida Una brotan infinitas formas -hojas, nubes, plumas, células, brisas, manos, piedras, ojos, minerales, luces, fríos, hambres, cuentos, tristezas, peces, estrellas, anhelos, flores,…-, cada una de ellas única y original, irrepetible. Todo lo que conocemos, dentro y fuera de este cuerpo son formas, expresiones de la Vida Una, que tal como se forman (nacen), se desarrollan (crecen) y se diluyen en nuevas formas (mueren)…

Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo.

Más ¿qué pasa si algo que parece tan obvio lo miramos con mirada nueva? Dejemos que la mirada secreta nos acompañe un ratito…

El otro día me di cuenta de que todo lo que es expresión de la vida, todas las formas de vida, necesitan ser creadas y luego alimentadas para su sustento. Creación y alimento.

Me di cuenta de que la creación de las formas surge siempre de la disolución de otras formas anteriores. La muerte de la vieja forma es el alimento creador de la forma nueva: las hojas brotan de las yemas que mueren al convertirse en hojas. La tierra se fertiliza con las hojas que caen al final de su ciclo. De la tierra brotan las semillas que fueron depositadas por pájaros que volaban en un cielo que, de no existir, no podría sostenerlos… Es infinito lo que podríamos descubrir en esta interminable red de relaciones a la que llamamos vida.

Así que creación/alimento/muerte son inseparables, se confunden entre ellas según desde donde mires la cadena. Puedes ver primero la muerte, después el alimento y después la creación. O puedes ver el alimento, después la creación y después la muerte. O puedes ver la creación, después la muerte y después el alimento. Y así podríamos seguir, permutando los tres y siempre sería cierto…

Ese fue el primer paso del gran descubrimiento. Pero la mirada secreta no se conformó con lo visto hasta entonces. Se giró traviesa hacia mi mente y le preguntó: ¿y qué relación tienes tú-que-te-das-cuenta con la red de la vida (creación/alimento/muerte)? Yo no comprendí la pregunta.

Al principio pensé que yo también era una forma y que por lo tanto formaba parte de la red de la vida. Pero la mirada secreta se puso a reír, ligera como los cascabeles de los renos de Papá Noel.

“Claro. Te piensas forma -me susurró- pero ¿acaso no hay en ti algo que se da cuenta de esta forma a la que llamas “yo”? ¿Acaso no hay un”yo” dándose cuenta de este otro”yo” que tiene nombre y apellidos?”

Entonces vi claro.

La forma “yo” pertenece a la red de la vida. Pero hay otra fuerza, otra fuerza que está siendo testigo de todo, incluido este “yo” al que observa y conoce: AQUELLO QUE SE DA CUENTA.

Aquello que se da cuenta, que no puedo nombrar como un “quien” porque no tiene forma alguna. Aquello que se da cuenta que la persona tiene hambre, que se da cuenta que hay nubes en el cielo, que se da cuenta que está pensando, que se da cuenta que enjuicia todo y a todos, que se da cuenta que pone nombres a las formas…

Aquello que se da cuenta…

Entonces la mirada secreta, con una gran sonrisa, preguntó de nuevo a aquello que se da cuenta qué relación tiene con la red de la vida muerte/creación/alimento…

Y para mi sorpresa, vi con pasmosa claridad que ¡¡¡no tenía ninguna relación con la red de la vida!!!

Aquello que se da cuenta está más allá de la red de la vida

Aquello que se da cuenta observa la red de la vida…

Y¿creéis que la mirada secreta tuvo suficiente con esto? Los que ya la conocéis sabéis que no. Aún no habíamos llegado donde ella quería. Así que, en un estado de alegría saltarina, preguntó de nuevo:

¿Y qué pasa cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida?

¡Dios mío! ¡Es tan impresionante! ¿Lo podéis ver?

Cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida, ¡la vida deja de existir!

¿Acaso no nos sucede cada vez que aquello que se da cuenta observa sólo los pensamientos? ¿No desaparece entonces la vida?

La mirada secreta me mostró que Aquello que se da cuenta es el gran creador, el gran alimento y la gran muerte de la vida. Inafectado, es la luz de la conciencia que crea las formas y que al retirarse, hace desaparecer las formas.

Y en un acto de infinita amorosidad, la mirada secreta me hizo el más gran regalo recibido jamás. Me descubrió que Aquello que se da cuenta, Eso soy yo. Y Eso es inseparable de la Vida una…

¡Feliz Ahora!

 

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