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La Verdad como una estrella fugaz

thumb_IMG_8122_1024Si no ves la Verdad, es que has de cambiar de mirada.

La mirada secreta

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La Verdad no se tiene ni se retiene. No se puede enfrascar, ni conservar, ni empaquetar, ni coleccionar, ni hacerla tuya, ni regalar, ni prestar, ni comprar, ni vender. Ni imponer, ni argumentar. Tampoco se puede manipular, ni cortar, ni embellecer, ni aligerar.

La Verdad es como una estrella fugaz que no puedes prever ni sabes por donde saldrá. Es tan rápida y sorprendente que no la puedes fotografiar, ni siquiera con la memoria.

La Verdad es siempre una nueva estrella fugaz

Más cuando la ves, aunque no lo puedas demostrar, es una evidencia que nadie te puede arrebatar. Y su estela es alegría, belleza, amor, libertad, agradecimiento, felicidad.

Pero para ver la estrella fugaz, has de abrir la mirada y dirigirla a lo desconocido, a lo que no sabes, a lo que no comprendes. Y así, quietecita la mirada, alerta y entregada, disponte a esperar. Y la estrella se mostrará. Pues está en su naturaleza mostrarse al pasar.

En nada le importará quien es que la mirará. A todos los despiertos deleitará. Sean guapos o feos, listos o tontos, lo merezcan o no, eso a Ella le es igual.

Y cuando la hayas visto, alegre lo cantarás:

⁃ ¡Vi la estrella! ¡Vi la estrella! – dirás. Muchos levantarán los hombros, otros no te creerán, pero alguno te contestará:

⁃Yo también quiero ver la estrella ¿Me la puedes enseñar?

Y tu, en la alegría que otorga la Verdad, feliz le dirás:

⁃No, no puedo enseñartela. Pero

ve y aquiétate en lo más profundo de la oscuridad.

No te duermas. Mira el cielo oscuro sin pestañear y, antes o después, ¡la verás!

Desde esa primera vez, en la noche oscura del no saber, la mirada no se cierra nunca, ni para parpadear. Ahora sabe que

la fugacidad no es de la estrella, sino del ojo que la ve

Fugaz era la mirada. La Verdad siempre está.

¡Sea el ojo bien abierto, entregado a contemplar!

⁃Y ¿cuándo? – preguntarás.

⁃¡Ahora!

-¡Ahora!

-¡Ahora!

Entonces se cumplirá tu deseo de Felicidad.

¡Feliz AHORA!

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La Revolución de la mirada

IMG_7735Supera el valor de cualquier pensamiento particular, por sublime que sea.

La nube del no saber. Anónimo del s.XIV

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Inesperadamente (¿como siempre? -me parece que sí), la mirada secreta atrapa mis dedos y mi mente y revuelve mi corazón, en un acto de extrema rebeldía. Hoy la mirada me jalea, me zarandea y no puedo más que sentir dentro una revolución. La revolución de la Luz. La revolución del Ver. Me encanta esta sensación. Es la aventura más emocionante que jamás he vivido…

Una vez, la mirada secreta me explicó que

para comprender algo hay dos caminos aparentes: el conocimiento mental y el conocimiento vivencial.

Por ejemplo, si yo quisiera conocer a fondo el mundo de las hormigas, podría ir a la biblioteca y estudiar todos los tratados escritos sobre el tema; hablar con expertos mundiales; asistir a conferencias, etc. Seguramente en un tiempo, podría hacer grandes discursos sobre las  hormigas. Tendría muy aprendido lo que otros han descubierto sobre estos insectos. Estaría creyendo lo que otros descubrieron. Estaría viviendo de lo que otros vieron. Y podría hacer todo esto sin haber visto nada. ¡Incluso sin haber visto una hormiga en mi vida! Creería ser un experto en el tema y los demás lo creerían también. Si me hicieran preguntas, buscaría dentro del arsenal de conocimientos adquiridos y seguramente encontraría la respuesta. Incluso, con todo lo aprendido, podría desarrollar nuevas teorías sobre sus costumbres o su origen. A esto, la mirada le llama el conocimiento mental.

El conocimiento mental es un conocimiento adquirido fuera de uno mismo. Es un conocimiento que no descubre nada, sino que aprende lo que ya fue descubierto por otros. La mirada le llama “conocimiento viejo”. Este conocimiento no transforma a la persona. No tiene un impacto en las estructuras profundas del ser humano (un estudiante puede aprender que la intención del investigador influye en que la luz se presente como partícula o como honda y eso no tener ningún impacto en cómo él vive su realidad, su persona, etc.). Este camino, el del conocimiento mental, es APRENDER.

Pero también podría estudiar las hormigas partiendo de que no sé nada sobre ellas. Coger mi bloc y mi lápiz e irme al campo. A observar. A observar sin pensar. Y dejar que sean las hormigas que me enseñen todo. Al cabo del tiempo, también sería un experto en hormigas. Es muy muy probable que mis observaciones trajeran aspectos nuevos a lo ya conocido. Es muy probable que entonces, cuando fuera a la biblioteca, pudiera discriminar lo leído, ampliarlo, rechazarlo, aceptarlo, compartirlo. Y todo con un conocimiento indudable. Podría ser. A esto la mirada le llama el conocimiento vivencial.

El conocimiento vivencial es un conocimiento que parte del no saber y proviene de la observación directa. Es un conocimiento que descubre todo por primera vez. La mirada le llama “conocimiento nuevo”. Este conocimiento transforma radicalmente a la persona, porque es un conocimiento que brota desde dentro, que abre nuevas comprensiones dentro de uno mismo. Tiene un impacto intenso en las estructuras profundas del ser humano. Este camino, el del conocimiento vivencial, es VER.

No es que uno sea mejor que el otro. Sino que todo lo psicológico ha sido aprendido. Ha sido adquirido de fuera a adentro. Y esto quiere decir que

quien creo ser es un conocimiento mental.

Y para descubrir la Verdad, la Verdad de quien soy, es necesario que suelte el conocimiento mental y pase a un conocimiento vivencial. Porque la Verdad no puede ser adquirida desde fuera. Sería una verdad vieja, sin capacidad para transformar. Por eso, me dice la mirada secreta,

No te creas lo que te dice nadie. Nadie. Ni siquiera un gran maestro, una gran maestra, un libro de sabiduría.

No te creas lo que te dice nadie, ni nada. Pero no porque lo que digan no sea verdad, sino porque no te va a servir.

El camino del creer es un conocimiento mental. No descubre nada. Sólo te va a llenar de más conceptos, más conocimientos, más teorías que van a ser aprovechadas por quien crees ser, por tu ego, para montar un nuevo personaje, un personaje sabio o espiritual. O que van a servir sólo para confundirte más, para que te esfuerces más, para agotarte más en tu camino sincero a la Verdad.

¿Cuánta gente cree en Dios o en la Energía Cósmica o … y sin embargo está atrapada por todo lo que acontece, por todo lo que piensa y por todo lo que siente? ¿Dónde está aquí la liberación?

¿Cuánta gente cree en Dios y está destrozando la vida, su vida y la de los demás?

El Camino (metafóricamente hablando) no es el conocimiento mental que va coleccionando creencias. De hecho,

ninguna creencia vale nada.

Vamos de libro en libro, de maestro en maestro, de cursillo en cursillo. Acumulando frases bonitas, creencias innovadoras que no han sido descubiertas en nosotros mismos. Pero no abrimos el ojo del Ver. Tomamos apuntes. Debatimos lo leído. Seguimos queriendo tener razón. Condenamos a aquellos que no siguen los caminos reglados, que no tienen el tampón de “aprobado”. Y tantas otras actitudes, todas ellas provenientes de lo que creemos…

Suelta todas las creencias. Todas. TODAS. Lo que tu crees que es verdad, quien crees ser, quien crees que son los demás, de qué va la vida o de qué deja de ir.

Suelta toda creencia. Quédate en el vacío, en la nube del no saber. Y desde ahí, mira. Mira sin pensar. El trabajo es un trabajo de campo, no es un trabajo de biblioteca. En la biblioteca podremos hallar inspiración. En lo que los maestros dicen podremos hallar ánimo para seguir investigando e inspiración. Y benditos sean los libros de sabiduría y los maestros. Pero, ¡no obedezcas! ¡no des a nada ni a nadie el falso poder de que ellos pueden darte la Verdad! Si. Si. Esta es una llamada al abandono de todo lo conocido. Porque la Verdad está más allá de todo lo conocido. Porque

la Verdad no se puede aprender, sólo puede ser reconocida en uno mismo.

El trabajo es un trabajo de campo. Es un trabajo que hace la mirada limpia de creencias. De adentro a más adentro.

¡Feliz Ahora!

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I. La sabiduría y la acción

IMG_7731“Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas”

Lucas, 12:31

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Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia.  

Durante muchos años de mi vida, esta frase del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr, fue el máximo compendio de sabiduría para mí. No le faltaba ni le sobraba nada. Siempre que me sentía impotente, sufría o veía a otros sufriendo, recordaba estas sabias palabras y trataba buenamente de colocarme así.

Pero ahora ya no es así. Ya no.

En esta oración falta algo, algo que ahora para mi lo es todo (escribo esto y no puedo evitar emocionarme…. siempre he sentido que la primera hora de la mañana es la hora del corazón…). La mirada secreta me hace ver la frase de a poquito y me susurra que la voluntad de cambiar algo viene del juicio de que aquello no es bueno. Pero, ¿sé yo lo que es bueno o malo? ¿Por qué tengo que basar lo que hago en lo que pienso si lo que pienso está todo condicionado?

La mirada me ha mostrado en muchas ocasiones que la acción sabia no viene del pensamiento, sino que es acción espontánea que acontece más allá de querer manipular lo que nos ocurre. Una acción que no tiene meta conocida..

-Tratar de cambiar aquello que creo que no esta bien, motivo de conflictos o sufrimientos, o aceptarlo si no puedo cambiarlo, no es el único camino. Ni es el más sabio -dice la mirada secreta.

Lo sé. Lo sé.

En vez de valorar lo externo desde mi parrilla de creencias, podría darme cuenta de que

lo que veo no depende de lo que ocurre sino de la perspectiva desde la que lo estoy viendo

-Aquí, en la mirada, está todo lo que la situación es. No existe lo que hemos estado llamando “objetividad”-, me dice. -Cómo vivimos aquello que ocurre depende de la mirada y no de la situación.- ¡Que poderosa es la mirada!

-Lo que ha de cambiar, cambia- sigue la mirada– tanto si las personas quieren como si no. De hecho todo está cambiando a cada momento. Cuando descubras que nada de lo que sucede depende de tí, soltarás tus esfuerzos y te abrirás a la acción espontánea. Un día te hablaré de ello- me dice, traviesa. Ella siempre me mantiene en un ver infinito. ¡Bendita sea!

Ahora, la oración ha cambiado. Ya no le pido a Dios (o a la Verdad, a la Inteligencia o como queramos llamar a Eso) que me de coraje para cambiar lo que puedo cambiar, ni que me de serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, ni que me de sabiduría para ver la diferencia. Ahora, lo único que le pido es que me deje ver con Su mirada. Y sé, plenamente sé, que de ahí surgirá la acción sabia y llena de amor.

Esa es la oración que me da la mirada secreta:

Dios, déjame ver con Tus ojos. Y todo lo viviré con coraje, lo veré con serenidad y lo comprenderé con sabiduría .

En homenaje profundo a la mirada secreta, que hoy me ha despertado haciéndome ver A.SÍ

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Del merecimiento a la gratitud

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“Todo acabará bien”

Juliana de Norwich

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El otro día una excelente cocinera explicaba que no soporta que la halaguen por sus platos. Cuando le pregunté por qué, me dijo que su habilidad en la cocina era innata y que no había supuesto ningún esfuerzo de su parte. Por eso, cuando le halagaban un plato, se sentía muy mal porque ella no había hecho nada especial para que la comida resultara exquisita y por lo tanto, no se lo merecía.

Claro…. frente a esta respuesta, hubo la intuición de que algo se escondía detrás… y entró el silencio.

El silencio mental siempre entra cuando la mirada secreta se pone a trabajar. Necesita la mesa de trabajo bien despejada de respuestas, creencias, etc. :) y, ni corta ni perezosa, me amorra al teclado para seguir su dictado. Comparto aquí lo que ha ido viendo:

¿Cuántas veces nos hemos preguntado que hemos hecho para merecer eso que nos ocurre? Creemos que las cosas tienen que ocurrirnos según cómo nos comportamos. Así nos lo han enseñado. Pero sólo hace falta mirar un poco alrededor y en uno mismo, para ver que esta ley no se cumple: los buenos sufren, los malos se liberan, los estudiosos no encuentran trabajo, los que se cuidan enferman, los que trabajan bien no ascienden, los feos y buenos de corazón no encuentran pareja, etc, etc, etc. Así que ¿quién se merece qué? ¿Funcionará la vida con más leyes además de la archimental causa-efecto?

Merecer… Merecer es ser digno de. Y ser digno  es vivir en el respeto y honestidad hacia uno mismo y hacia los demás…. ¡Qué raro! Por vivir en el respeto y la honestidad, no parece que me vaya a librar de nada… Parece que el merecimiento y la dignidad no tienen mucho que ver.

Sigamos mirando…

El merecimiento se atribuye a las leyes de la causalidad: merecer premio o castigo, halago u ofensa. Así que creemos que lo que nos pasa es debido a lo que hemos hecho. Y si no le encontramos causa, la exigimos o nos la inventamos para sentir que algo entendemos: “el chico murió por su imprudencia” pero ¿cuántísimas veces hemos sido imprudentes y no hemos muerto? “Ha ganado mucho dinero porque se ha deslomado trabajando” Bueno, no hace falta que diga mucho, ¿cuántas personas trabajan muchísimo y no sólo no se hacen ricos sino que a duras penas llegan a fin de mes? Y ya sin hablar de las diferencias entre paises y continentes. Tiene que haber algún factor más que se nos escapa…

Por vivir creyendo que la vida nos trae según lo que merecemos, las consecuencias son funestas. Es esta la raíz de la aparición de la culpa, el resentimiento, los celos, las envidias, los engreimientos, los sentimientos de injusticia, etc. Y también nos coloca en el papel de jueces: juzgamos lo que nos trae la vida, si es bueno o malo y juzgamos a quién le trae eso, si lo merece o no.

Estamos abducidos por nuestra manera de concebir la vida y nunca la ponemos en entredicho. ¿Realmente es la ley del merecimiento la que funciona con los humanos? Porque con respecto a los animales, vegetales y reino natural en general no nos lo plateamos así. Frente a una flor que no llegará a dar fruto por la helada no pensamos que la flor no se lo merece. Como mucho pensaremos que el campesino no se lo merece. Aunque hay una excepción: los animales que conviven con las personas. Estos ya entran en el merecer y no merecer, porque

quien vive desde el merecimiento es el ser humano y no la vida.

El hombre, al vivir hipnotizado por la mente causal y al creerse juez, al dar total validez a sus juicios, si que va dando y quitando según lo que él cree. Pero la Vida…

No encaja. No encaja esta teoría de que la vida se mueve por un tema de merecimiento. Lo que la vida nos trae no tiene nada que ver con el merecimiento.

Lo que me trae la vida no tiene nada que ver con lo que merezco.

¿Y los seres humanos? Creemos repartir desde el merecimiento, pero ¿es así? ¿tenemos la Verdad en nuestras manos como para ser justos en nuestro reparto? ¿o estamos repartiendo según lo que creemos, independientemente de lo que el otro hace o deja de hacer? La mirada secreta sonríe y me pone el ejemplo del halago y la ofensa: porque vivimos el halago desde el merecimiento, sentimos vanidad. Porque vivimos la ofensa desde el merecimiento, sentimos ofensa. Siempre es porque lo vivimos desde el merecimiento. Cuando me dicen algo bonito me siento bien y también me puedo sentir vanidosamente bien si pienso que es gracias a mí, que es algo que yo merezco. Y lo mismo cuando “nos ofenden”. Pero si nos damos cuenta de verdad

nosotros no somos merecedores de nada,

ni de lo que consideramos bueno ni de lo que consideramos malo. La vida no se reparte desde el merecimiento. Creer eso es seguramente un coletazo de nuestra mente causal, de la educación católica que ha estado diciendo que los que hacen las cosas bien van al cielo y los que hacen las cosas mal van al infierno y de tantas otras influencias. Pero la realidad es que las leyes de inteligencia de la vida nada tienen que ver con el merecimiento.

La mirada secreta no se quiere callar. De hecho, no puede porque no tiene voluntad propia. Y me dice que

lo que nos trae la vida tiene que ver con el despertar a la Verdad

(aunque no sepamos que es la Verdad). Todo lo que nosotros vivimos, continua mostrando la mirada, es aquello que nos va empujando hacia despertar a nuestra verdadera identidad. Y todo lo que conseguimos o dejamos de conseguir es lo que la vida nos permite para nuestro mayor bien (un bien que nosotros desconocemos) Y todos los atributos que podemos considerar que tenemos buenos y los atributos que podemos considerar que no tenemos buenos, como por ejemplo, unos ojos bonitos o ser patosos, nos han sido dados. Tampoco somos nosotros los que lo hemos conseguido, nos ha sido dado.

Así que, a partir de Ahora, cuando reciba un halago lo que haré será agradecer a la inteligencia de la vida que la persona que me ha halagado tenga una mirada bella. Y cuando reciba una ofensa sentiré compasión por esa persona que se supone que me está ofendiendo porque su mirada todavía está turbia.

Y todo lo que me traiga la Vida, lo agradeceré. Todo. Aunque no lo entienda.

¡GRACIAS MIRADA SECRETA!

¡Feliz Ahora!

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El tren de la Vida y la mochila psicológica

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“Cualquier peso que se pone en Dios, Él lo soporta. Puesto que el poder supremo de Dios hace que todas las cosas se muevan, ¿por qué, sin someternos a él, debemos inquietarnos nosotros constantemente con pensamientos sobre lo que debe ser hecho y cómo, y sobre lo que no debe ser hecho y cómo?”

Bhagavan Sri Ramana Maharshi

Lo que nos pesa tanto aquí, en mitad del pecho, y aquí, en la cabeza… las preocupaciones, los deseos, los recuerdos, las culpas, las envidias, los deberes, las exigencias, los intentos, los resultados, las quejas, los victimismos, los miedos, las manipulaciones, las mentiras, los rechazos, pesan tanto que a duras penas podemos abrirnos a la alegría, a la paz, a la armonía, a la belleza, al amor, a la libertad, a la dulzura, a la claridad.

¡Qué curioso! ¡La alegría, la paz, la armonía, la belleza, el amor, la libertad, la dulzura, la claridad no pesan nada! ¡Claro! Son reflejos de la Verdad. Y la Verdad es simple, transparente, liviana.

…uy uy uy, ¡aquí tenemos una chispa de la mirada secreta!

si lo que hay en mi mente y mi corazón pesa es que no viene de la Verdad

Todas esas “piedras” que tanto pesan son la mochila psicológica que llevamos encima. Ninguna de ellas está fuera de nosotros, sino que

todo lo que nos pesa es reactivo a nuestra programación mental.

A cada uno nos preocupan las cosas que nos han enseñado que son muy importantes o esenciales (no hay ninguna cosa que sea muy importante o esencial para todas las personas). Lo mismo ocurre con los deseos, las culpas, etc.

De acuerdo. Todos tenemos nuestra maleta particular que nos impide ver y vivir la belleza de la vida. y lo que solemos hacer con ella es intentar reparar su contenido. Así creemos que la maleta pesara menos. Pero la verdad es que no parece que este sea un camino muy eficaz para aligerarnos y poder vivir en paz. Entonces ¿qué podemos hacer?

Leyendo a un gran sabio, la mirada secreta reconoció la verdad (sólo la mirada secreta puede reconocer la verdad). El sabio dijo que esta maleta la llevábamos todos encima porque

no nos damos cuenta de que no somos nosotros los que llevamos la vida sino que es la vida la que nos lleva a nosotros.

Por eso cargamos la maleta encima de nuestra mente y nuestro corazón.

¡Imagínate! Ir en el tren cargando con la maleta, en vez de dejarla en el suelo.Y Así, no es de extrañar que no podamos disfrutar del viaje, ni de la compañía, ni del paisaje :)

La Inteligencia de la Vida nos lleva. Hemos de darnos cuenta que no somos nosotros los conductores, sino que vamos en el tren de la Vida. Y que no hace ninguna falta que llevemos encima todos nuestros pesos. Los podemos dejar tranquilamente a cargo del tren. Al fin y al cabo, es el tren de la Vida el que nos va a llevar a nosotros y a nuestros pesos. Así que ¿por qué no dejarlos en el suelo? Eso nos liberará y nos permitirá disfrutar del viaje, de las paradas que vaya haciendo, de los pasajeros que vayan compartiendo algunos tramos de nuestro viaje, del paisaje. Dejar nuestros pesos a cargo del tren de la Vida nos mantendrá las manos, la mirada, la mente y el corazón vacíos para que puedan ser llenados de aquello que la Inteligencia nos vaya mostrando. Libres de programaciones, de asuntos pendientes (ambos creados en un pasado que sólo existe como idea). Libres de deseos, expectativas, preocupaciones, miedos (todos creados también en un pasado que sólo existe como idea). Libres.

Libres para ver, para comprender, para vivir, para expresar lo que es Verdad.

El tren de la Vida te lleva a ti y lleva tu maleta.

Y tampoco hace falta que abras tu maleta y trates de ordenarla, de lavar sus trapos, de remendarlos. Por mucho empeño que le pongas no vas a acabar nunca de adecentar eso porque es como querer adecentar una maleta de basura que además de sólo ser desperdicios podridos, encima son virtuales. Misión imposible. Deja ya de intentar arreglar aquello que en si es desecho.

Y tampoco hace falta, de verdad, que la aguantes sobre ti.

Déjala al cuidado del tren, desocúpate totalmente de ella y ¡entrégate al gran viaje de la Vida! Solo funcionará si tu desocupación de la maleta es TOTAL.

Así sí.

¡FELIZ AHORA!

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Un mundo mejor

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«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Lc 10, 41-42

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Es la mirada secreta tan nítida que mientras el ojo ve, los ojos lloran.

Lloran sin saber por qué lloran. No es tristeza, ni es incomprensión o impotencia. Tampoco es alegría o exaltación. Lloran los ojos porque no pueden hacer otra cosa frente a la  Dulce Nada, inmensidad lumínica y silenciosa que la mirada secreta muestra.

Mientras, la mente sigue queriendo hacer. Y hacer. Y hacer. Dice que el mundo va mal. Dice que hay que salvarlo. Y es que la mente a veces ve el reflejo del Amor, de la Libertad. Ve reflejos de Sabiduría, de Belleza. Y quiere eso. ¿Cómo no lo va a querer?. La mente también tiene buena voluntad. También quiere hacer el bien. También quiere ayudar. Pero…. ¿puede?

La mente ve reflejos de la Verdad… Pero los reflejos no sirven para actuar.

Imagina que tienes mucha hambre y vas mirando el suelo en busca de algo para comer -sigue la mirada secreta en su imparable afán por abrir la rendijita para que la Verdad pueda iluminar-. Imagina que mirando ves en un charco el reflejo de una hermosa manzana que cuelga de la rama del frutal. ¿Podrás alimentarte de ese reflejo?

La mente quiere actuar desde lo que entiende por amor, por libertad, por sabiduría. Pero son reflejos. Y de ellos hace su verdad. Confunde su verdad con la Verdad aunque hayan otras mentes que no lo vean así. Y entonces entra en lucha. Y divide. Unos son buenos y los otros son malos. Los buenos son los que comparten su verdad y los malos los que tienen otra verdad. Eso ya tendría que alertar al corazón. Tendría que avisarle de que no vamos bien porque, ya lo decían nuestros abuelos que Verdad sólo hay Una. En la Verdad no hay buenos ni malos, no hay razones, ni -por no haber- hay valores.

La buena voluntad de la mente no cambiará el mundo. El mundo también es un reflejo. Un reflejo de cómo funciona la mente. Una mente que divide crea un mundo dividido. Una mente complicada crea un mundo complicado. La Verdad no crea bandos. La Verdad comprende al que no comprende.

Para vivir desde el Amor, para actuar con Sabiduría, para ser Libres, hemos de ir primero a la Fuente. Hemos de bañarnos en Sus Aguas. Levantar la mirada para Ver de dónde viene el reflejo, para encontrar la Fuente de la que partió. Allí están esperando los aromas de la Verdad, la Sabiduría y el Amor. Recoge esos frutos. Ven de vuelta a la tierra que pisas y deja que sean esos frutos los que actúen a través de ti. Quizás entonces puedas servir de ayuda, puedan las acciones ser sabias.

No vamos a ser prácticos hasta que sepamos actuar sabiamente

No se trata de actuar o contemplar. No se trata de retirarse al Silencio (-que no sirve para nada, dice la mente práctica, muy convencida) o ser un activista por un mundo mejor. Esa es la mirada de la mente que todo lo divide.

Se trata de empaparse de la Verdad, en el silencio más allá de la mente, investigando, entregándose con valentía al no-saber. Y esa Verdad será entonces la que actúe a través nuestro…

Andate a la Fuente, -anima la mirada secreta-, bebe de Su agua de sabiduría y amor. Llena el cántaro y camina de vuelta. Entonces, ofrece ese Agua para que otros beban…

¡Feliz Ahora!

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Ver.Dad

VerDad“Contemplación es amor y sabiduría unidos, ver y sentir unidos”

Consuelo Martín

Últimamente la mirada secreta está buceando y como su sustento vital es la inspiración y no el oxígeno, bucea y bucea sin parar, más y más profundo. Y dónde pareciera que no había más que oscuridad, ve. Ve y después expresa lo visto. Así ocurre porque, sorprendentemente,

la Verdad no se puede acumular

Es como la luz. La luz entra por el ventanal, o por la rendija, pero entra toda. No puede entrar a trozos (¿recordáis la entrada de la mirada “Soltar y saltar“?) Y esa luz que ha entrado no la podemos guardar en un cajón, atesorarla para nuestro propio y único bien, acumularla para tener más y más luz. Esa luz que ha entrado, se expande y se expresa en todo el espacio abierto a ella. No se va a poder aprisionar. Si cierro la ventana y las contraventanas para que no se escape, desaparece completamente. Se hace oscuro ¿verdad?

Pues lo mismo ocurre con la Verdad. La mirada secreta ve, no ve a trocitos.

La verdad no está nunca, nunca en lo visto. La Verdad está en la mirada.

Y por eso no se puede atesorar. Sino que lo que va a pasar es que se va a expresar, se va a entregar, se va a dar, tanto si se quiere como si no, más allá de la voluntad (otra entrada de la mirada de hace pocos días… ¿veis como anda buceando? :)).

Que no crea la persona que la Verdad es suya, o que es ella quien ha visto la Verdad. Que no la encierre en su personal “banco de verdades” porque así se va a perder, se va a hacer la oscuridad. La Verdad es luz y como tal no conoce la oscuridad.

La mirada secreta me enseña, me ayudar a comprender que cuando uno cree haber encontrado la Verdad, lo que está haciendo es convertirLa en una cosa, una cosa que se tiene o no se tiene. Y al convertirla en una cosa-propiedad, ha vuelto a caer en lo falso. Por eso nadie puede dar la Verdad a otra persona, porque no es ninguna cosa. Es un ver, un ver que se expresa porque así es su naturaleza:

VER …< DAD

Ver y dad, podría haber dicho el sabio (quizá lo dijo, yo no sé). Ver y dad intrínsecos a la VerDad.

Ver………… comprensión………SABIDURIA

Dad……….. expresión……….. AMOR

En el Ver, la conciencia nos conduce a la Verdad

En el Dar, la conciencia expresa la Verdad.

Por eso, siempre, como dice el sabio, en el camino de la Verdad, han de ir mente y corazón unidos.

Cuando es la mente la que se apropia de la Verdad y se olvida del Amor,  la Verdad se pierde en el fanatismo y la doctrina…

Cuando es el corazón el que se apropia de la Verdad y se olvida de la Comprensión, la Verdad se pierde en el sentimentalismo y la obediencia ciega…

Que sea por Amor a la Verdad que abres tu Ojo.

Que sea la Verdad del Amor la que lo ilumine.

¡Cuánta belleza, mirada secreta! El corazón abierto y la mente silenciada en tu profundo bucear.

¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

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II. Del deseo de iluminación. La llama

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Vivir desde la Verdad no requiere una gran seguridad, sino una gran determinación.

La mirada secreta

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Sigue la mirada secreta sin soltar la vela y la llama. ¿Os acordáis de la entrada “I. De la Separación del yo. La vela” de hace unos días? Pues así, entre ayer y hoy, irrumpiendo de nuevo inesperadamente, me empieza a enseñar nuevos aspectos usando la misma metáfora (menos mal que me enseña con metáforas, uff).

Todo empezó con la visita de una bellísima vela que andaba alicaída de tanto que había intentado prender su mecha. Años de sufrimiento, de incomprensión, de esfuerzo… para nada. Explicaba que al principio, la esperanza de que un día se encendería, le mantenía en momentos de alegría, de arrebato, de dulzura. Pero sólo eran momentos. Después de tanto sufrir, ahora sólo se sentía seca. La mecha, seca y ella algo más tranquila por pura resignación.

La mirada secreta le escuchaba desde ese silencio de pensamientos que permite ver y sentía ese amor que es pura comunión. Después la vela-que-se-creía-seca-y-apagada se retiró. Y la vela que esto teclea, se fue con su mirada secreta a los dominios de la Dulce Nada. A la vuelta, ya con los ojos pegaditos de sueño y con el Ojo bien limpito de ilusiones, me suelta la mirada:

Hay velas encendidas que no saben que están encendidas.

Y eso es porque la vela no puede ver la llama que la corona. Sólo la llama se da cuenta de que anda prendida, porque ve el reflejo de su brillo en lo que le rodea y sabe que esa luz no es de la vela…. ya ves…. “por sus frutos los conoceréis”. ¡Que alegría! ¡El Ojo siempre había visto a la vela-que-se-creía-seca-y-apagada bien encendida! Vale. Ahora lo comprendía. Lo único que ocurría era que ella no lo sabía…

Pues nada. A dormir con el corazón rebosando amor por la vela-que-se-cree-seca y que deslumbra con su luz, aunque ella no se entera.

Pasó el tiempo, varias horas (o eso parece) hasta que volvimos a retirarnos la mirada secreta y la vela que esto transcribe al reino de la Dulce Nada. Y ¡zas! Esta vez la vela se quedó temblando… la mirada secreta bailando…. la llama chispeando… Me dice:

¡No hay ninguna vela que no esté encendida!

¡Dios mío! (nunca mejor dicho) ¡¡Claro!! Ninguna vela está apagada. Esa es la verdad. ¿Cómo va a haber una vela apagada? si

las velas existen para prestar servicio a la llama

El problema es que no lo saben y como no lo saben, hacen “vida de vela apagada” (una vida aparentemente oscura). No son felices ni pueden serlo…

Y sigue mi amada  mirada secreta:

Hay velas que no saben que son velas. Esas velas viven una vida de vela apagada pero no se dan cuenta. Así que su sufrimiento no es tan severo.

Pero hay otras velas que creen no estar encendidas aunque quieren estarlo. Estas velas se martirizan o hacen muchas cosas para encenderse y su sufrimiento es muy intenso. Estas velas, sigue la mirada, podrían darse cuenta de que están encendidas desde el primer instante de vida (de hecho es la llama la que da vida a la vela) simplemente siguiendo el rastro de su anhelo por encenderse.

No se puede anhelar lo que no se conoce.

Estas son velas que solo necesitan la determinación de vivirse encendidas porque ya conocen la llama (por eso la anhelan).

La vela no puede encender la llama, pero eso no importa. Porque

la llama es quien encendió la vela, dándole a luz.

La mirada secreta, en su infinita generosidad, me susurra por donde ir a la Luz de la llama que anda prendida desde tiempos inmemoriales…

La vela solo puede ver velas. La llama sólo ve llamas. La Luz solo ve Luz. Así que, vela-que-te-crees-seca, si alguna vez ves la llama en otra vela, es tu llama la que está viendo. Y si alguna vez ves Luz en otra llama, es tu Luz la que está viendo. La mirada sonríe y dice: ¿Todavía tienes dudas de la Luz que desprendes?

Decide ahora.

Decide desde donde quieres vivir

si desde la vela, desde la llama o desde la Luz que eres. Y

SÉLO plenamente

soltando lo demás completamente, por no ser verdad. Retirando la Luz de lo ilusorio (que es lo mismo que decir: dejando de prestarle atención). Para esto fuiste creada y Aquí eres Felicidad.

La mirada secreta te da las gracias.

aaaLa llama se vive en gracia.

aaaaaaLa vela resta en silencio.

¡Feliz Ahora!

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De la transparencia a la Luz

Versión 2

Calma las aguas de tu mente,

y el universo y las estrellas se reflejarán en tu alma.

Rumi

El otro día andábamos paseando. Y la mirada secreta que siempre está al acecho para des-cubrir la Verdad que se haya oculta en TODO, aprovechó lo que la vida le traía para mostrar su luz…

¡Qué día tan triste! comentábamos al ver el cielo encapotado y la grisura de la luz aquel día de invierno. Abrigados hasta las orejas, tratábamos de encontrar la piedra en forma de corazón que nos había caído en el estanque. Pero el estanque estaba tan turbio que no podíamos ver nada.

¡Qué clara hubiera sido la visión si la luz del sol hubiera incidido en unas aguas transparentes!

De la misma manera, mi amigo iba tropezando con todo lo que se encontraba porque el cristal de sus gafas estaba sucio.

¡Qué bien vería mi amigo si en vez de llevar las lentes sucias, las llevara bien limpias!

La luz del Sol atravesaba la capa de nubes que cubría el cielo y, precisamente por tener ese obstáculo delante, no se expresaba con toda su maravillosa luminosidad.

¡Qué diferente hubiera sido la vivencia de su luz si no hubiera habido nubes en el cielo!

En todos los casos, la luz del sol estaba allí. Pero el medio por el que pasaba la luz estaba obstruido, lo que hacía que la expresión de la luz fuera diferente, aún siendo la misma.

Pues lo mismo ocurre con la Verdad -dice la mirada secreta, encantada de poder expresarse -que es lo que más le gusta!-):

Aunque la Verdad siempre es la que Es, a veces su medio de expresión puede estar obstruido o un poco sucio, por lo que el resultado puede ser un reflejo distorsionado. Y estas obstrucciones son todo aquello que inventa la mente, como todas y cada una de las creencias,  las interpretaciones, todos los inventos de la mente que damos por ciertos…

La creación mental no deja ver con claridad la Luz de la Verdad.

La naturaleza muestra la Verdad en cada piedra, en cada hierba, en cada montaña, porque están libres de la contaminación mental. Lo mismo ocurre con los niños muy pequeños, con los animales, libres también de creencias. A través de ellos la Verdad se expresa nítidamente.

En nosotros, lo falso oculta la luz de la Verdad. La idea que tenemos de quienes somos,

la creencia de que yo soy una entidad concreta y separada del resto es la principal obstrucción.

Por eso el viaje del ser humano a la Luz de la Verdad es el viaje de la transparencia. La luz de la Verdad desciende y el “yo” se va haciendo cada vez más transparente a Su contacto, más vacío de creaciones mentales. Conforme la transparencia es mayor, conforme el “yo” se va vaciando de todo pensamiento autoreferenciado, va quedando a disposición de la Verdad y lo que ocurre es que el amor, la armonía, la belleza, la sabiduría, la libertad, la ecuanimidad,

todos los atributos de la Verdad son reflejados con más nitidez a mayor transparencia.

Y el odio, los celos, la envidia, la posesividad, los juicios, etc,

todos los atributos creación de la mente van desvaneciéndose a la luz de la Verdad.

El instrumento “ser humano” sólo se contamina con la mente. Y lo que ensucia la mente no sólo son las creencias y demás, sino también aquello con lo que la alimentamos: deseos, películas, situaciones y también la alimentación del cuerpo. Este tipo de alimentos dificultan una mente equilibrada y silenciosa de “yo-mi-mio”. Y

solo una mente silenciosa transparenta la luz de la Verdad.

El silencio es el jabón, el disolvente de la suciedad de la mente.

Así me cuenta la mirada secreta. Así se expresa. Con contundencia y dulzura. Gracias. Gracias. Gracias.

¡Que descienda pues la Luz de la Verdad y sea este “yo” a su contacto cada vez más transparente, hasta que la Luz y la transparencia de este yo se unan en la indivisibilidad de la Verdad!

¡Feliz Ahora!

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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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