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Cómo investigar

 

Ver la Verdad es Ser la Verdad.

Consuelo Martín

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Para investigar de verdad la Verdad de todo y todos, necesitamos desprendernos de lo que creemos saber. Investigar sobre la Realidad se parece más a una investigación de campo en el que la observación neutral hace su trabajo, sin hipótesis ni resultados. Sólo ver.

Sólo escuchar lo que el Ver nos enseña.

Ver y escuchar requieren de lo mismo dentro nuestro. Requieren del silencio de lo conocido, una atención vacía de contenidos. En el ver y en el escuchar no hay nadie viendo y escuchando, porque cuando escuchamos o miramos de verdad, no hay nadie pensando. No hay pensamientos que estén diciendo “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Solo hay ese ver y ese escuchar. Ahí es donde se realiza el atisbo de la Verdad, “verdad” sinónimo de “realidad”.

El ver y el escuchar puros, sin juicios sobre lo que se está percibiendo, es una actitud de plena atención totalmente despierta en una mente totalmente pasiva. Se parece mucho a mirar un paisaje en donde la mirada se abre sin ningún esfuerzo, sin que quede fijada a nada en concreto.

Es un  ver que se siente, pero no emocionalmente. Es un escuchar que comprende, pero no mentalmente.

No hay verdad en lo concreto, porque lo concreto siempre es una parte  que se separa del todo. Por eso, la verdad nunca está en la respuesta. La verdad está en la colocación de la mirada.

Es la pregunta la que nos conduce a la Verdad, no la respuesta.

Y en cambio el buscador busca respuestas, respuestas concretas, porque busca desde la mente concreta. Y cualquier respuesta es la muerte de la Verdad porque

la Verdad es infinita y ni deja nada fuera ni puede encerrarse en respuesta alguna.

Y son las respuestas las que montan escuela, las que crean doctrinas, las que separan y enfrentan.

La verdad no vive en ningún sitio concreto. No se la puede buscar en ningún sitio. La verdad no hace desaparecer lo concreto sino que hace ver lo concreto en su justa medida, como algo relativo, como algo aparente. En la verdad no hay un yo separado. Es atraBesando lo concreto cuando encuentras lo infinito de lo que no se puede hablar.

La verdad es intangible y sin embargo es de una contundencia que está más allá de cualquier posibilidad de duda. Por eso ver la Verdad no conduce nunca a la necesidad de defenderla. Porque sólo defendemos aquello sobre lo que dudamos.

El buscador va acumulando y coleccionando respuestas y va modificando lo concreto aparentemente adaptado a la verdad, hasta que un día se da cuenta de que la Verdad no está en lo visto sino en la mirada que ve.

¡Bendita mirada!

¡Feliz Ahora!

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¿Dónde está tu tesoro?

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La verdad no está aquí o allí. La verdad es un estado de conciencia.

Consuelo Martín

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Cuatro grandes piedras en forma de corazón fueron halladas.

… Una aquí, la otra allá, siempre en medio del camino.

El indio rastreador las vio con su mirada entregada y absorta en su tesoro. Era tan grande su anhelo por encontrarlo que no solo vio meras piedras, sino señales que le indicaban que iba por buen camino. El indio rastreador sabía que tenía que

estar muy despierto para ver más allá de las apariencias,

para ver las señales.

Alguno podría decir que fueron las piedras las que le llevaron a encontrar su tesoro. Y sí. Pero eso no fue todo. De hecho las piedras fueron lo de menos -¡muchos habían pasado antes por ahí y no habían visto nada!-. Lo de más fue su anhelo y la total entrega de su mirada: nada de lo que veía le distraía de su camino aimg_9035 menos que en ello intuyera la verdad de su andar.

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El indio nunca pensó por donde ir, o si estaba en buenas condiciones para seguir, o si tenía las cualidades necesarias o si era suficientemente inteligente o si tenía que tener un plan mejor… De hecho,

nunca pensó en nada.

Su corazón centrado en su tesoro y su mirada entregada eran su luz, su fuerza y su confianza.

Fue así que el indio, en un instante inesperado, descubrió su tesoro. Y lo más sorprendente es que el tesoro no estaba en ninguna parte, como al principio de su andadura creyó. El tesoro estaba en todas partes y en ninguna.

El tesoro surgía allí donde se posaba su vista. El tesoro estaba en la mirada.

A día de hoy, el indio rastreador sigue caminando sin pensar en nada. Llenito de ananda. El ansia transformada en amor infinito, en infinita mirada.img_9067

¡Gracias mirada secreta! ¡Feliz Ahora!

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La Verdad como una estrella fugaz

thumb_IMG_8122_1024Si no ves la Verdad, es que has de cambiar de mirada.

La mirada secreta

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La Verdad no se tiene ni se retiene. No se puede enfrascar, ni conservar, ni empaquetar, ni coleccionar, ni hacerla tuya, ni regalar, ni prestar, ni comprar, ni vender. Ni imponer, ni argumentar. Tampoco se puede manipular, ni cortar, ni embellecer, ni aligerar.

La Verdad es como una estrella fugaz que no puedes prever ni sabes por donde saldrá. Es tan rápida y sorprendente que no la puedes fotografiar, ni siquiera con la memoria.

La Verdad es siempre una nueva estrella fugaz

Más cuando la ves, aunque no lo puedas demostrar, es una evidencia que nadie te puede arrebatar. Y su estela es alegría, belleza, amor, libertad, agradecimiento, felicidad.

Pero para ver la estrella fugaz, has de abrir la mirada y dirigirla a lo desconocido, a lo que no sabes, a lo que no comprendes. Y así, quietecita la mirada, alerta y entregada, disponte a esperar. Y la estrella se mostrará. Pues está en su naturaleza mostrarse al pasar.

En nada le importará quien es que la mirará. A todos los despiertos deleitará. Sean guapos o feos, listos o tontos, lo merezcan o no, eso a Ella le es igual.

Y cuando la hayas visto, alegre lo cantarás:

⁃ ¡Vi la estrella! ¡Vi la estrella! – dirás. Muchos levantarán los hombros, otros no te creerán, pero alguno te contestará:

⁃Yo también quiero ver la estrella ¿Me la puedes enseñar?

Y tu, en la alegría que otorga la Verdad, feliz le dirás:

⁃No, no puedo enseñartela. Pero

ve y aquiétate en lo más profundo de la oscuridad.

No te duermas. Mira el cielo oscuro sin pestañear y, antes o después, ¡la verás!

Desde esa primera vez, en la noche oscura del no saber, la mirada no se cierra nunca, ni para parpadear. Ahora sabe que

la fugacidad no es de la estrella, sino del ojo que la ve

Fugaz era la mirada. La Verdad siempre está.

¡Sea el ojo bien abierto, entregado a contemplar!

⁃Y ¿cuándo? – preguntarás.

⁃¡Ahora!

-¡Ahora!

-¡Ahora!

Entonces se cumplirá tu deseo de Felicidad.

¡Feliz AHORA!

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La Revolución de la mirada

IMG_7735Supera el valor de cualquier pensamiento particular, por sublime que sea.

La nube del no saber. Anónimo del s.XIV

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Inesperadamente (¿como siempre? -me parece que sí), la mirada secreta atrapa mis dedos y mi mente y revuelve mi corazón, en un acto de extrema rebeldía. Hoy la mirada me jalea, me zarandea y no puedo más que sentir dentro una revolución. La revolución de la Luz. La revolución del Ver. Me encanta esta sensación. Es la aventura más emocionante que jamás he vivido…

Una vez, la mirada secreta me explicó que

para comprender algo hay dos caminos aparentes: el conocimiento mental y el conocimiento vivencial.

Por ejemplo, si yo quisiera conocer a fondo el mundo de las hormigas, podría ir a la biblioteca y estudiar todos los tratados escritos sobre el tema; hablar con expertos mundiales; asistir a conferencias, etc. Seguramente en un tiempo, podría hacer grandes discursos sobre las  hormigas. Tendría muy aprendido lo que otros han descubierto sobre estos insectos. Estaría creyendo lo que otros descubrieron. Estaría viviendo de lo que otros vieron. Y podría hacer todo esto sin haber visto nada. ¡Incluso sin haber visto una hormiga en mi vida! Creería ser un experto en el tema y los demás lo creerían también. Si me hicieran preguntas, buscaría dentro del arsenal de conocimientos adquiridos y seguramente encontraría la respuesta. Incluso, con todo lo aprendido, podría desarrollar nuevas teorías sobre sus costumbres o su origen. A esto, la mirada le llama el conocimiento mental.

El conocimiento mental es un conocimiento adquirido fuera de uno mismo. Es un conocimiento que no descubre nada, sino que aprende lo que ya fue descubierto por otros. La mirada le llama “conocimiento viejo”. Este conocimiento no transforma a la persona. No tiene un impacto en las estructuras profundas del ser humano (un estudiante puede aprender que la intención del investigador influye en que la luz se presente como partícula o como honda y eso no tener ningún impacto en cómo él vive su realidad, su persona, etc.). Este camino, el del conocimiento mental, es APRENDER.

Pero también podría estudiar las hormigas partiendo de que no sé nada sobre ellas. Coger mi bloc y mi lápiz e irme al campo. A observar. A observar sin pensar. Y dejar que sean las hormigas que me enseñen todo. Al cabo del tiempo, también sería un experto en hormigas. Es muy muy probable que mis observaciones trajeran aspectos nuevos a lo ya conocido. Es muy probable que entonces, cuando fuera a la biblioteca, pudiera discriminar lo leído, ampliarlo, rechazarlo, aceptarlo, compartirlo. Y todo con un conocimiento indudable. Podría ser. A esto la mirada le llama el conocimiento vivencial.

El conocimiento vivencial es un conocimiento que parte del no saber y proviene de la observación directa. Es un conocimiento que descubre todo por primera vez. La mirada le llama “conocimiento nuevo”. Este conocimiento transforma radicalmente a la persona, porque es un conocimiento que brota desde dentro, que abre nuevas comprensiones dentro de uno mismo. Tiene un impacto intenso en las estructuras profundas del ser humano. Este camino, el del conocimiento vivencial, es VER.

No es que uno sea mejor que el otro. Sino que todo lo psicológico ha sido aprendido. Ha sido adquirido de fuera a adentro. Y esto quiere decir que

quien creo ser es un conocimiento mental.

Y para descubrir la Verdad, la Verdad de quien soy, es necesario que suelte el conocimiento mental y pase a un conocimiento vivencial. Porque la Verdad no puede ser adquirida desde fuera. Sería una verdad vieja, sin capacidad para transformar. Por eso, me dice la mirada secreta,

No te creas lo que te dice nadie. Nadie. Ni siquiera un gran maestro, una gran maestra, un libro de sabiduría.

No te creas lo que te dice nadie, ni nada. Pero no porque lo que digan no sea verdad, sino porque no te va a servir.

El camino del creer es un conocimiento mental. No descubre nada. Sólo te va a llenar de más conceptos, más conocimientos, más teorías que van a ser aprovechadas por quien crees ser, por tu ego, para montar un nuevo personaje, un personaje sabio o espiritual. O que van a servir sólo para confundirte más, para que te esfuerces más, para agotarte más en tu camino sincero a la Verdad.

¿Cuánta gente cree en Dios o en la Energía Cósmica o … y sin embargo está atrapada por todo lo que acontece, por todo lo que piensa y por todo lo que siente? ¿Dónde está aquí la liberación?

¿Cuánta gente cree en Dios y está destrozando la vida, su vida y la de los demás?

El Camino (metafóricamente hablando) no es el conocimiento mental que va coleccionando creencias. De hecho,

ninguna creencia vale nada.

Vamos de libro en libro, de maestro en maestro, de cursillo en cursillo. Acumulando frases bonitas, creencias innovadoras que no han sido descubiertas en nosotros mismos. Pero no abrimos el ojo del Ver. Tomamos apuntes. Debatimos lo leído. Seguimos queriendo tener razón. Condenamos a aquellos que no siguen los caminos reglados, que no tienen el tampón de “aprobado”. Y tantas otras actitudes, todas ellas provenientes de lo que creemos…

Suelta todas las creencias. Todas. TODAS. Lo que tu crees que es verdad, quien crees ser, quien crees que son los demás, de qué va la vida o de qué deja de ir.

Suelta toda creencia. Quédate en el vacío, en la nube del no saber. Y desde ahí, mira. Mira sin pensar. El trabajo es un trabajo de campo, no es un trabajo de biblioteca. En la biblioteca podremos hallar inspiración. En lo que los maestros dicen podremos hallar ánimo para seguir investigando e inspiración. Y benditos sean los libros de sabiduría y los maestros. Pero, ¡no obedezcas! ¡no des a nada ni a nadie el falso poder de que ellos pueden darte la Verdad! Si. Si. Esta es una llamada al abandono de todo lo conocido. Porque la Verdad está más allá de todo lo conocido. Porque

la Verdad no se puede aprender, sólo puede ser reconocida en uno mismo.

El trabajo es un trabajo de campo. Es un trabajo que hace la mirada limpia de creencias. De adentro a más adentro.

¡Feliz Ahora!

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I. La sabiduría y la acción

IMG_7731“Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas”

Lucas, 12:31

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Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia.  

Durante muchos años de mi vida, esta frase del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr, fue el máximo compendio de sabiduría para mí. No le faltaba ni le sobraba nada. Siempre que me sentía impotente, sufría o veía a otros sufriendo, recordaba estas sabias palabras y trataba buenamente de colocarme así.

Pero ahora ya no es así. Ya no.

En esta oración falta algo, algo que ahora para mi lo es todo (escribo esto y no puedo evitar emocionarme…. siempre he sentido que la primera hora de la mañana es la hora del corazón…). La mirada secreta me hace ver la frase de a poquito y me susurra que la voluntad de cambiar algo viene del juicio de que aquello no es bueno. Pero, ¿sé yo lo que es bueno o malo? ¿Por qué tengo que basar lo que hago en lo que pienso si lo que pienso está todo condicionado?

La mirada me ha mostrado en muchas ocasiones que la acción sabia no viene del pensamiento, sino que es acción espontánea que acontece más allá de querer manipular lo que nos ocurre. Una acción que no tiene meta conocida..

-Tratar de cambiar aquello que creo que no esta bien, motivo de conflictos o sufrimientos, o aceptarlo si no puedo cambiarlo, no es el único camino. Ni es el más sabio -dice la mirada secreta.

Lo sé. Lo sé.

En vez de valorar lo externo desde mi parrilla de creencias, podría darme cuenta de que

lo que veo no depende de lo que ocurre sino de la perspectiva desde la que lo estoy viendo

-Aquí, en la mirada, está todo lo que la situación es. No existe lo que hemos estado llamando “objetividad”-, me dice. -Cómo vivimos aquello que ocurre depende de la mirada y no de la situación.- ¡Que poderosa es la mirada!

-Lo que ha de cambiar, cambia- sigue la mirada– tanto si las personas quieren como si no. De hecho todo está cambiando a cada momento. Cuando descubras que nada de lo que sucede depende de tí, soltarás tus esfuerzos y te abrirás a la acción espontánea. Un día te hablaré de ello- me dice, traviesa. Ella siempre me mantiene en un ver infinito. ¡Bendita sea!

Ahora, la oración ha cambiado. Ya no le pido a Dios (o a la Verdad, a la Inteligencia o como queramos llamar a Eso) que me de coraje para cambiar lo que puedo cambiar, ni que me de serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, ni que me de sabiduría para ver la diferencia. Ahora, lo único que le pido es que me deje ver con Su mirada. Y sé, plenamente sé, que de ahí surgirá la acción sabia y llena de amor.

Esa es la oración que me da la mirada secreta:

Dios, déjame ver con Tus ojos. Y todo lo viviré con coraje, lo veré con serenidad y lo comprenderé con sabiduría .

En homenaje profundo a la mirada secreta, que hoy me ha despertado haciéndome ver A.SÍ

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La esclavitud de las creencias

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Lo que crees no te deja ver

La mirada secreta

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En los últimos 40 años, cada mañana al despertar, en cuanto abría los ojos, la vida le golpeaba. Una voz en su cabeza le decía: “¡Es tan pesada la vida! ¡Tan difícil de soportar!” Y a esto ella contestaba: “¡No voy a poder” “Es demasiado difícil vivir”.

Con el tiempo y mucho esfuerzo, fue aprendiendo estrategias de supervivencia que le ayudaban a pasar por la vida sin tanta pesadumbre. Ahora era  otra voz que le animaba: “¡Va, levántate! ¡Haz un esfuerzo para vivir!” Y se levantaba.

Se sacudía los pensamientos de encima, como los perros se sacuden el agua. Y vivía. Un día y otro día y otro. La vida seguía siendo pesada, pero ella trataba de no pensar y, si pensaba, se esforzaba para vivir en paz.

Así hubiera continuado hasta el final, la muerte que ella añoraba y en la que ponía la esperanza de un día ser liberada de las cadenas de una vida tan pesada. Pero ¡ay, la vida! ¡Que equivocada estaba!

Lo que pasó es que una mañana al despertar, en cuanto abrió los ojos, la vida se rió en su cara. Salió la vieja voz: “¡Es tan pesada la vida! ¡Tan difícil de soportar!” Y en vez de que la nueva voz le animara, surgió con toda su luz, de la nada, LA MIRADA.

-Mira, mira – le animó. -¡Mira con toda la mirada! Y dime, ¿acaso ves una vida pesada?

-Veo la luz del sol- contestó ella -Veo la blancura de las sábanas, la carita de mi amado, las paredes encaladas. Veo el sonido de los coches, de la brisa y de los pájaros. Veo el cuerpo relajadito, el calor de la cama, la foto del maestro, el libro y las gafas.- Eso veía al ver con la Mirada.

-¿Dónde está niña, la pesadez de la que hablas? ¿Dónde la densidad?-

-Ohhhhh, dulce mirada. ¡La pesadez no es más que una idea marchitada que regaba cada día con la credulidad pensada!

-Y dime, niña ¿dónde está la necesidad de esforzarte cada dia para levantarte alegre de la cama?

-El esfuerzo requería la creencia que tragaba. La vida no requiere esfuerzo alguno. La respiración respira sola. Y ve sola la mirada.

¡Lo único que requiere esfuerzo es vivir equivocada!

Oh, mirada secreta, que me enseñas el silencio de la nada y me haces ver lo que Es y lo que no es y en eso resplandece la verdad, el corazón y la vida desnuda y transparente, sin ni un solo adorno mental.

¡Cuanta belleza! ¡Qué libertad! ¡Qué fácil es todo en tu compañía callada!

¡Feliz Ahora!

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El sentido de orientación

Versión 2

“En el cielo no hay distinciones entre este y oeste, son las personas quienes crean esas distinciones en su mente y luego piensan que son verdad”.

Frase budista

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En el paseo por el bosque, no sabía donde estaba el norte y donde el sur. No hubiera sabido volver a casa si no hubiera sido por el sentido de orientación de mi pareja. Para mí es desconcertante no poder orientarme y ver que otros pueden, aún y teniendo un cuerpo sano con todos los sentidos intactos… ¿o no?

La mirada secreta, siempre presta a utilizar cualquier deseo de investigación para llevarme a lo profundo -o a lo alto, que no es lo mismo pero es igual (querido Silvio)-, me hace investigar mientras la sonrisa se va haciendo más y más amplia, tan amplia que al final ya no hay cara, solo hay sonrisa.

Y cómo quiere salir de estos ojos pues es esa su condición, -como la de la luz que en cada resquicio que encuentra, por ahí se desparrama- os comparto lo que me ha hecho ver.

Estudio sobre el sentido de la orientación: Los lingüistas dicen que la palabra “orientación” proviene del punto cardinal por donde sale el sol, oriente. Así, durante milenios, el hombre utilizó el sol para guiarse en su camino, para encontrar el camino, para no perderse. Y este es el punto importante: para no perderse. Probablemente, una especie que tuviera todo lo que necesita a su alcance, no necesitaria desarrollar el sentido de la orientación. Pero, antropológicamente, este no es el caso del ser humano que fué cazador, nómada, descubridor. El sentido de la orientación es el resultado de una necesidad básica en el hombre. Y, a diferencia de los otros sentidos, no tiene un sentido fisiológico concreto en el cuerpo que responda por él. Pero no por ello es irreal.

Conocemos bien el sentido de la orientación a pesar de ser una sensación subjetiva, una vivencia.

Y, gracias a Dios -como siempre-, si yo carezco de sentido de la orientación puedo apoyarme en otra persona que sí lo tenga. No podré comprobar ninguna de las indicaciones que me da. Sólo podré confiar. Y confiaré porque esta persona ha sabido volver a casa sin perderse.

No sé si ya estais viendo por donde la mirada secreta, traviesa y divertida, nos está llevando.

Ella es un rayito de la Luz del Sol que va mostrando las sombras de lo que una vez creí real. Miro las sombras con atención, giro la cabeza, veo la mirada sonriéndome, vuelvo a mirar las sombras y las vuelvo a mirar, una y otra vez, hasta que descubro que son sombras. No lo puedo demostrar. Es una sensación subjetiva, una vivencia. Pero es una vivencia contundente. Y de nuevo giro la cabeza y miro a la mirada secreta,

me quedo mirando la mirada, sólo confiando, sin más.

Y aunque no veo el Sol, sé que este rayito de Su Luz me está ayudando a desarrollar el sentido de orientación que me llevará de vuelta a casa.

Estamos todos muy perdidos. ¿Dónde está nuestro sentido de la orientación para poder volver a casa? ¡Descubrámoslo!

La mirada secreta es una brújula magnetizada por el amor a la Verdad.

Los grandes sabios son mis parejas en este andar por el bosque de la vida. Ellos me guian.

Mientras, todo está bien.

Incluso si me pierdo, eso será pura sombra. Y la sombra, aunque existe, no es real.

Solo la Luz es Real.

¡Feliz Ahora!

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Cuento II. El juego del escondite

“Dichosos vosotros, porque tenéis ojos que ven…”

Mt 13,16

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Era un paraje lleno de vida: árboles, insectos, hojas, montículos, verdes, ocres, olores, flores, colores, sonidos de animales escondidos. Allí estaba Dios con un niño, pasando el rato, divirtiéndose, viviendo. En éstas Dios le propuso al niño jugar al escondite, cosa que el niño aceptó de inmediato. Así que ni cortos ni perezosos, se dispusieron a ello. Pactaron que Dios se escondería y el niño, después de contar hasta 20 (no sabía contar más) le buscaría.

El niño se puso a contar de cara a un gigantesco árbol, con la carita entre las manos y los ojos cerrados: “1,…2,…3,…” Mientras Dios, que es mucho Dios, no se escondió detrás de una roca, ni debajo de la hojarasca, ni más allá de aquella hendidura -como todavía hoy muchos niños creen-, sino que en un dulce y azul estallido de Alegría, se fundió con Todo lo que allí había, impregnando hasta la más diminuta cosa de Su Esencia…

……y ¡20!”- finalizó el niño. “¡Voy a por Tí!”, dijo. Emocionado, se dispuso a buscar a Dios. Empezó buscándolo en los rincones más cercanos. Iba diciéndoLe lo cerquita que estaba de encontrarLe, mientras canturreaba, gritaba de improviso, se hacía el que ya-no-busca-más, silbaba, en fin, utilizaba mil tretas para ver si conseguía encontrárLe , o mejor todavía, coger a Dios de improviso. Pero, nada. Siguió buscándole más lejos, detrás de todas las cosas, debajo de todas las cosas, en todos los agujeros, allí donde algo puede ser escondido. Pasaba el tiempo, se agotaban las fuerzas y el niño no le encontraba.

Muchos otros niños había jugado con Dios al escondite antes que él, pero se habían cansado al no encontrarLe y habían dejado el juego. Con el tiempo, la mayoría de niños incluso se habían olvidado de que estaban jugando y habían dejado al pobre Dios escondido y no hallado. Pero este era un niño tozudo. A estas alturas del juego, empezaba a estar muy cansado y amenazaba a Dios con dejar de buscarLe. Al cabo de mucho rato empezó a decirLe que se rendía y que saliera de Su escondite. Pero ni con estas Dios dio señales de vida.

Ya se estaba haciendo de noche. El niño estaba agotado, enfadado y triste. Había pegado patadas a las piedras, había suplicado, había llorado. No Le había encontrado a pesar de que se había esforzado muchísimo en buscar. Podría haber vuelto a su vida como si nada hubiera pasado, pero no quería, o quizá no podía irse sin por lo menos entender qué tipo de juego era este que ni rindiéndose parecía acabar. Así que se dejó caer derrotado sobre la tierra húmeda. Con las mejillas sucias, el corazón vacío y la mente calladita, agotada ya de tanto pensar, se puso a remover la tierra con un palito.

En estas, vio una hormiga que acarreaba ufanamente un buen trozo de hoja sobre su cabeza. El niño se quedó extasiado frente a semejante proeza: -¡Oh! ¿Cómo puede un bichito tan chiquitín transportar una hoja que multiplica en diez su tamaño? ¿De dónde saca tanta fuerza? Es… es… ¡un milagro!- Y….¡zas! En este mismo instante la hormiga, la hojita que acarreaba y todo su alrededor se iluminó mágicamente de una luz dulce, dulce y azul, de una belleza inenarrable…. El niño, con los ojos abiertos como platos y el corazón a punto de salírsele del pecho de tan rápido que latía, se abrió la mirada y vio. Vio una abeja que mientras libaba el néctar de una flor preciosa iba acumulando en los pelillos de su cuerpo los gránulos de polen que después esparciría interminablemente por todas las flores, polinizándolas. -¿A quién se le puede haber ocurrido una idea tan fantástica? ¡Oh! ¡Esto ha de ser idea de un Genio!- Y…¡zas! La abeja, la flor y todo su alrededor se iluminó de nuevo con esa luz dulce, dulce y azul de belleza inenarrable… Y así es como el niño encontró a Dios. Fin.

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Durante mucho tiempo, después de haber tenido este sueño, pensé que el niño había podido ver porque se había quedado quieto, sin pretender encontrar nada, rendido y por ello se había creado en él el espacio vacío de “quereres y creeres” necesario para poder llegar a ver.

Había dejado de buscar a Dios en algún sitio, para encontrarlo en todo.

Había dejado de buscar y había aprendido a mirar.

Entonces no sabía que esto no era todo lo que el sueño quería mostrar a la Mirada. El fundamento esencial por el que el niño llegó a Ver fue descubierto por la Mirada mucho tiempo después, de forma inesperada y sorpresiva. Todavía hoy sigue derramando su fruto a ésta mirada mía. Y es que

el niño llegó a Ver porque Dios, además de desparramarse por todo, también se diluyó en él.

¿Comprendes Ahora?

¡Feliz!

P.D. Por cierto, cuando el niño creció se convirtió en un indio rastreador :)

ILUSTRACIONESWilfred  –  creativewilfred@gmail.com

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El milagro de la neutralidad y las tormentas del yo.

Allí donde vive la neutralidad, el amor no tiene contrario.

La mirada secreta

 

 

La neutralidad y el amor verdadero son inseparables.

La neutralidad, la santa indiferencia -como la llama una brillante alma de fuego-, es vivir las cosas como son, sin etiquetarlas.

Es Ver, sin juzgar.

Es Comprender por empatía, por compasión. Instantaneamente. Inspiradamente.

Porque todos los seres humanos deseamos la felicidad y el amor. Y si pudiéramos elegir,

si pudiéramos ir más allá de nuestros condicionamientos, jamás crearíamos sufrimiento, ni lo sentiríamos.

Desde la razón suena utópico (la razón, bandera preñada de juicios relativos -todos condicionados- que esgrime como absolutos…) Y es normal que así sea, dado que la neutralidad no vive en la casa de la razón.

La razón es a la neutralidad, lo que la noche y el día al sol.

Desde el yo psicológico, cargadito de carencias y miedos, frágil por irreal, identidad fantasma vivida como única realidad, la neutralidad incluso se puede vivir como un complejo de superioridad, o de distancia y poca implicación. Y es normal que así sea, porque la neutralidad no vive en la casa de ese pequeño “yo” que tan fieramente defendemos, incluso por encima de los que más queremos.

Desde el espacio infinito de la neutralidad, nada se vive autorreferenciado.

Nunca nadie te hace nada. Igual que cae el aguacero sobre mi, caen los chaparrones de mis congéneres sobre mi y eso nada tiene que ver conmigo. Y de la misma manera, siguiendo las mismas leyes, a veces es este pequeño yo el que llueve sobre otros.

Creemos que cuando nos llueven encima, tenemos el derecho de responder con lluvia, con granizo, con rayos, a veces con silencios que amenazan huracanes… Pero no es cierto. No tenemos ningún derecho. Solo ocurre que hacemos caso de nuestro pequeño yo, tan frágil, que siempre está pidiendo amor incondicional, aunque él jamás lo podrá dar, -porque el amor incondicional no vive aquí tampoco. Vive donde vive la neutralidad-. Desde este lugar inventado, exigimos que nos traten siempre bien y cuando somos nosotros que tratamos mal, hacemos una excursión a la casa de la razón y nos presta unos cuantos truenos que nos atrincheran en nuestro, aparentemente, ego herido.

Donde vive la neutralidad, en ese espacio infinito, las tormentas de los egos se ven, y no hay tu ni yo, son egos y los egos funcionan así. La neutralidad vive encima de las nubes, allí donde siempre luce el sol y el aire es transparente.

Descubramos donde vive la neutralidad, tanto si hay tormentas como si no.

Dejemos de vender y defender un “yo” que no es más que un compendio de creencias condicionadas.

Dejemos de llenarnos de razones que sólo fomentan el sufrimiento.

¡Y que ningún clima emocional nos aparte del camino!

Feliz Ahora

*foto cedida por ikibcn.com 

 

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La prisión del alma

¿Por qué permaneces en la cárcel cuando la puerta está abierta de par en par?

Rumi

Muchas veces, el alma no sabe que vive en una cárcel. Su habitáculo es, para ella, el universo entero y, con sus mas y sus menos, le gusta. A veces, cuando un revés de la vida gira su cabeza, ve las puertas abiertas pero no siente la necesidad de salir.

Otras veces, el alma tampoco sabe que vive en un cárcel. Pero esta vez, la cárcel no le gusta. Se siente atrapada. Su corazón estrujado se pregunta perplejo si esto es todo lo que hay. Algunas veces también ve las puertas abiertas, más al no saber que vive en una prisión, no se le ocurre salir. Ve la salida sin verla…

En ambas circunstancias,

el alma no sabe que el sufrimiento que está sintiendo sólo habita en medio de estas paredes…

¡Pobre alma que no sabe que no sabe!

Otras veces, el alma siente su aprisionamiento. Se debate -a veces furiosamente y otras estremeciéndose sutilmente- entre un sinfín de cadenas imaginadas que le mantienen aprisionada y no le dejan salir de su encierro a pesar de tener las puertas abiertas frente a ella, casi eternamente. Cadenas de no-puedos, cadenas de miedos -a perder lo que tengo, a perderme, a lo desconocido, a la muerte,… (¿a mayor miedo, mayor intuición?)-, cadenas inventadas, cadenas intuidas, cadenas, cadenas.

Y el alma que no sabe y se pregunta. Se pregunta y busca respuestas. Y algunas respuestas parecen calmar su sed de libertad, pero el alivio dura sólo unos segundos. Y se sigue preguntando, envuelta de cadenas, frente a la puerta abierta.

Trabaja duramente para entender su aprisionamiento. Para hallar una salida. Para liberarse.

A veces, ve las puertas abiertas. Están frente a ella. Pero no cree que sea tan sencillo. “¡Ésta no puede ser la salida! ¡No puede haber estado frente a mi todo este tiempo! ¡La salida es mucho más complicada!” piensa el alma.

No puede aceptar que tanto sufrimiento, tan pesadas cadenas le permitan llegar al umbral siquiera

y sigue su periplo en busca de una salida acorde a su sufrimiento…

¡Pobre alma que sabe que no sabe!

Y otras veces, -pocas de hecho-, al alma descubre la cárcel, las puertas abiertas, las cadenas imaginadas, el sufrimiento que vive allí y sin debatirse, se duerme al sueño. Sabe que no es ella quien ha de cruzar las puertas.

Y también sabe de la embriaguez de cárceles, puertas, cadenas y sufrimientos.

Y como aquel que duerme la borrachera esperando despejarse, se deja

…dándose cuenta de que los sueños, sueños son (como dijo aquel que la inspiración atravesó).

Y quizá llegue a darse cuenta que ella misma es producto ebrio de sueño. Quizá…

Y ahí está el alma que sabe que no sabe y que ¡nunca sabrá que sabe!

La mirada secreta hoy deja esta cárcel patas arriba.

Y en su infinita compasión, susurra un silbo de aires amorosos (como diría Juan):

-Shshshshshshs, todo está bien…

-El gran entretenimiento son los pensamientos y la gran cárcel es creernos que son nuestros. Si no vemos, no vemos por eso-

… me dice entre sueños.

Y surge una sonrisa de paz.

El sueño sigue, apaciblemente.

Vacío de mí.

Dentro, fuera, es lo mismo. Lo que vivo fuera es donde estoy dentro.

¡Feliz Ahora!

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