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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

a

En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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¿Dónde está el problema?

El hombre se piensa separado. Éste es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción.

Cl. Lévi-Strauss, Le Monde, 21 de Enero de 1979

Vienen las enormes mariposas a posarse en la higuera. Y en cuanto se quedan quietas, casi no las veo. Se mimetizan a la perfección con la vieja higuera. Descansan en ella. Se protegen en ella.

La higuera está toda despeinada. El tronco anchísimo está hueco. La savia de la tierra alimenta a la higuera por su piel porque no hay nada dentro. Le quedan cuatro ramas retorcidas y cada año que pasa muere una más. Algunos años, como éste, sus higos son inmensamente sabrosos. Otros no da fruto.

Las mariposas no parecen ver que la higuera se muere. Tampoco les importa nada. De hecho, no lo piensan.

Si lo pensaran, entonces tendrían un problema, un serio problema, y también un sentimiento de pérdida y a la vez de añoranza. Porque ya sus tatarabuelas se posaban en la higuera. Y dentro de poco, la higuera no estará.

Si pensaran, las mariposas se posarían en las ramas, con una lagrimita en los ojos: “mis retoños quizá ya no puedan mimetizarse con ella, protegerse en ella, porque quizá ya no estará”, podrían pensar. O incluso se podrían enfadar: “¿por qué una higuera que siempre ha estado aquí desde tiempos inmemorables (el tiempo discurre diferente en las mariposas que en los hombres) ha de morir? ¡Es injusto!” -podrían exclamar si pensaran.

Pero las mariposas no piensan. Y como no piensan, no tienen problemas.

Si. Si. Lo que hemos oído.

Los problemas no existen más que en el pensamiento.

Dicen que un problema suele ser un asunto del que se espera una solución (fuente: wikipedia; RAE). Si miramos la definición vemos dos puntos raros. El primero es “se espera”. Así que para que algo sea un problema tengo que pensarlo de cara al futuro. Por lo tanto

ningún asunto es un problema AHORA.

El segundo punto raro de la definición de problema es “solución”. Osea que ¡¿si no se espera solución, no puede haber problema!? Dice el diccionario que “solución” es la acción y efecto de disolver; la acción y efecto de resolver. Ambas posibilidades se dan en el futuro, y se dan tanto si queremos como si no.

Los problemas creados por la mente, no se resuelven mientras la mente los sigue pensando. En cuanto los deja de pensar, los problemas se resuelven “solos”.

Los problemas son inventos de la mente. En la realidad no existen.

La mente convierte un asunto en un problema cuando no le gusta aquello, cuando desea otra cosa, cuando con eso no consigue lo que quiere.

Es la mente la que crea los problemas. No es el vecino cuando aparca con un cochazo e impide que el tuyo quepa en la plaza de al lado… No es el amigo que se desdice de lo comprometido. No es no tener huevos en la nevera cuando se quiere hacer una tortilla…

La mirada secreta vuelve a ser contundente y me muestra desnuda la verdad:

El único problema que tenemos es que pensamos.

-Pero hay problemas graves, verdaderos, en nuestra humanidad, en nuestro planeta-, le contesto algo airad@.

Y ella, dulce, paciente, asiente.

-Es cierto, son muchos los problemas graves que sufre vuestra humanidad, vuestro planeta-, me dice. -Pero todos esos “problemas” tienen una única raiz: el pensamiento-.

Y me susurra al corazón:

-Si en verdad en verdad dejarais de pensar, los problemas no existirían. Es vuestro pensamiento dual, separado, que piensa en términos de intereses propios, que se cree separado de la vida misma, del planeta, de los seres vivos, de los otros hombres. Y no sólo separado sino más importante que la vida misma, que el planeta, que los seres vivos, que los otros hombres…es vuestro pensamiento ciego de sabiduría el que crea los problemas.

Y ¿cuál es el camino?

El camino es descubrir la verdad en el silencio del pensamiento. ¿Por qué? Porque el pensamiento sólo crea problemas. Está programado así.

Y yo, el pensamiento silenciado, me lleno de esta verdad.

¡Felices mariposas que viven en el Ahora!

¡Feliz Ahora!

entrada inspirada por la sabiduría que destila el libro “El sol sale sobre Asís” de Éloi Leclerc. Ed. Sal Terrae. Grácias.

 

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¿Qué alimenta a qué?

“Tiene más sabiduría una flor que cualquier mente racional por muy inteligente que parezca”

La mirada secreta

 

 

 

Estoy en el silencio de la naturaleza y en el silencio del corazón. Paz fuera y paz dentro.

Frente a mí, una pequeña mesita -probablemente rescatada del abandono-, apoyada en un ventanal por el que se cuela el fresco de la mañana; el cristal algo roto, reparado con cinta adhesiva; la pintura del viejo marco de madera, desconchada. Me inunda la visión de los perfiles montañosos que abrigan la garganta por la que no se sabe qué pasa, si un río con agua o un recuerdo de lo que un río fuera. Descansa sobre la mesita un trozo de hule como mantel -porque aunque vieja y gastada, bien merece ser cuidada-. Y sobre esta, me espera el más que apetitoso desayuno, después de unas buenas horas de ayuno: tostadas hechas en el hornillo aliñadas con aceite y sal, un hermoso tomate y un buen tazón de leche.

Es extraño para la mente vieja, pero la realidad es que todo es bello, todo, en esta fresca mañana: la mesita, el cristal, el marco de madera, el hule, las montañas,, el fresquito, el hambre y también lo que no veo, lo que no siento, lo que no conozco, lo que no comprendo, …

En el silencio, miro. O mejor, mira eso que ve en mí. El desayuno que va a alimentar mi cuerpo está hecho de las mismas sustancias que este cuerpo -proteínas, aminoácidos, a saber…- El cuerpo es resultado de lo que le damos de comer. Cuando el cuerpo no come, va desapareciendo hasta morir… ¿en serio? ¿hasta morir?…

¡Ay, mirada! ¡En todo ves cuando libre te dejo! ¡En todo ves cuando muda me dejas!

Con qué claridad se hace la comprensión en mi mente callada.

El alimento que ingiero no está separado del cuerpo que alimento.

Ahora el tomate entra en el cuerpo, se transforma, se utiliza hasta su última célula. Tanto aquello que queda en el cuerpo, como aquello que excreta, continúan su periplo en contínuo cambio, para el máximo bien de la naturaleza.

Nada es deshechado, nunca. Nada hay inútil.

¿Y el cuerpo?

El cuerpo un día será alimento para otros animales, para la tierra, para el aire, para el futuro tomate. Así es. Como antes de nacer, todo lo que el cuerpo es continúa transformándose, en un periplo eterno de contínuo cambio.

…shshshshshshshs…por eso este cuerpo, -este “yo” identificado al cuerpo-, por eso este yo soy es también el tomate, el gusano, el árbol, todos los cuerpos que se apiñan en el metro en hora punta…. Por eso, como dicen poetas y científicos (extraña combinación) yo soy polvo de estrellas…. -susurra el Silencio al ojo despierto-.

Nada se pierde. Todo se aprovecha. Para el máximo bien de la vida eterna.

Por eso antes de comer, cuando el ojo está bien abierto, la conciencia de la verdadera comunión entre el alimento y el cuerpo se hace presente. Entonces, cualquier comida es un acto de gracias.

Eso es lo que esta mañana me ha dicho un tomate.

Cuando la mirada secreta ve, hasta un tomate habla.

¡Feliz Ahora!

 

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La pieza y el rompecabezas

… “no sé” es la única afirmación verdadera que puede hacer la mente

Sri Nisargadatta Maharaj

Deforestan para unir los campos en un único campo inmenso en el que podrán entrar las máquinas. Están cortando decenas de árboles. El rincón de la Ternura está siendo desnudado… Y ella me mira con esos ojillos llenos de luz y de alegría. No hay nada que decir. Me explica que no puede juzgarlo porque esa acción no está separada de la totalidad de los movimientos de la vida. Esos bosques que ahora serán campos no pueden separarse del resto del planeta, del resto del universo. Su mirada me dice que todo está en continuo cambio, que todo es impermanente, y que nadie puede saber porque acontecen los movimientos que conforman la vida…

Todo esto me dice su mirada. Y, desde su mirada, ve la mirada secreta

Siempre que juzgo es porque he separado.

La mente, -y por lo tanto “yo”- he creado artificialmente una pieza bien delimitada de Aquello que es indivisible… Pero, ¿por qué lo hago? Porque este “yo” se vive separado: de piel para adentro soy yo y de piel para afuera no… Y así construyo todo mi mundo…

…Nos separa todo lo que enriquece el lenguaje: los adjetivos, los adverbios, los pronombres… El lenguaje, fiel reflejo del pensamiento, no puede más que separar. De hecho, los pocos sabios que en el mundo han sido han tenido que recurrir a metáforas, parábolas, poesía, música, etc, para expresar el Uno, porque el lenguaje plano no puede más que apuntar al Uno, pero no puede describirlo. Y eso ocurre porque la mente no puede comprehender la Totalidad.

La Totalidad sólo puede ser evidenciada antes de que entren los pensamientos, en el silencio de la mente.

Cuando estudiamos, cuando los científicos estudian, siempre estudian algo bien acotado, aunque sea tan grande como el universo (ahora parece ser que el universo no está sólo sino que hay más de uno…). Estudiamos profundamente un objeto creyendo que así lo conoceremos bien. Pero en realidad es como estudiar la pieza de un rompecabezas ignorando el rompecabezas. O como estudiar un brochazo de un cuadro sin conocer el cuadro completo…

No sabemos cómo ha llegado a convertirse “eso” en una pieza y en muchos casos, ni siquiera sabemos que es un recorte. Creemos que es completa en si misma, que tiene todo el sentido tal cual, separada del resto. La mente ha recortado eso del resto, lo ha limitado a si mismo arbitrariamente.

Al crear los límites rígidos de algo, creamos una pieza, separándola de la Totalidad.

Pero la pieza es artificial, es un artificio mental porque la pieza sólo existe en relación a algo más. No existe por si sola. Por ejemplo, este “yo”.

Todo lo que nombramos ha sido antes conceptualizado de una forma concreta en nuestra mente. Empezando por el pronombre en primera persona. “Yo” no existiría tal como lo entiendo, si no existiera el “tú” y a la inversa.

Si miramos bien, quizá descubramos que todas las particularidades creadas por la mente existen en un “campo”, en un “espacio”. Ese “campo” es la totalidad, el rompecabezas completo, el cuadro y no es separable. Este “campo” lo único que Es en sí mismo, sin necesitar de otro elemento para ser.

Pero ese “campo”, ese rompecabezas, es más que la mente. La mente también está en ese “campo”. Por eso, la mente no lo puede conocer.

La mente estudia lo que puede, otros objetos que también están en ese espacio. Y a nivel práctico, es útil. De hecho, es muy útil. Pero sólo a ese nivel de relaciones. Sin embargo, el estudio del recorte es validado como una verdad absoluta.

Cuando la mente absolutiza los conocimientos que extrae de la pieza, deja de ser inteligente.

Eso es lo que se ve tan claro en medicina. Cada vez hay especialidades más acotadas. El experto en pulmón conoce muy bien el pulmón pero no ve a la persona -al cuerpo, a la mente/emociones-. Y la persona es el “campo” del pulmón y afecta al pulmón en todo. Parece que contra más especialista es uno más sabe, pero ¿es así?

La mirada secreta no puede juzgar, solo mira:

Quizá si no viviéramos dando realidad a la mente pensante, no habrían piezas.

Quizá si viviéramos dando realidad al rompecabezas, encajarían todas las piezas que la mente crea.

Quizá…

¡Feliz Ahora!

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La red de la vida

Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.

Mahatma Gandhi

Unos piensan: ¿es verdad que yo soy yo y tú eres tú? ¿es verdad que yo y el árbol somos entes separados? ¿es verdad que yo no tengo nada que ver con toda aquella gente?

Otros piensan: la idea de que todos somos uno es muy bonita, pero no es lo que mi cerebro me dice. Y además, ¿como voy a ser “yo” uno con este tipo de ahí?

Y otros no piensan.

Pero de verdad os digo que

no hay responsabilidad mayor en el tiempo de vida que tenemos, que descubrir que no estamos separados.

Descubrirlo de verdad, que quiere decir ni comprarlo como una idea bonita, ni creerlo porque lo dice alguien muy muy sabio, sino comprobarlo vivencialmente, verlo con total claridad. Es muy, muy importante que lo descubramos. Porque todos los estropicios que hacemos, no solo a la naturaleza, sino entre nosotros, tienen de raiz esta creencia nunca puesta en duda de que “yo” estoy separado de todo y de todos, que “yo” soy un ente individual e independiente.

Vamos a ver un aspecto de esta unidad, la unidad en la manifestación, en la vida. Es un aspecto visible para todos, aunque sólo tengamos una rendijita muy pequeña abierta para ver. Porque ese aspecto es fácil de ver y es contundente.

Por ejemplo, ¿puedo separarme del aire? ¿puedo existir sin el aire?. Yo soy en relación al aire. El aire hace que yo sea. Por tanto, el aire y yo somos uno. Sin el aire no soy. Y ésta es una relación neutra. No es ni buena ni mala. Es y punto. Y no sólo eso, sino que es una relación gratuita, en el sentido de que yo no le tengo que dar nada de vuelta al aire, no le tengo que corresponder y el aire a mi tampoco. Pero el hecho es que yo soy uno con el aire.

Y lo mismo me ocurre con todo en la naturaleza. Soy uno con todo. Porque

no hay nada en la naturaleza que no tenga que ver con mi existencia.

La vida es una. Todo existe porque existe la relación. Mejor dicho, todo existe “en relación a”.

Si faltara algo de todo eso, todo cambiaría. Y sin embargo yo, en mi estrechez mental, me separo de todo eso. Me separo falsamente, porque es imposible que yo existiera sin la naturaleza…

A nivel de relaciones con los demás…. precisamente el hecho de que sean “los demás” hace que yo sea “yo”. Si no hubieran otros, no habría “yo”. Porque el “yo” se forma desde todo lo que no es “yo”. Así que para ser “yo” te necesito a ti. Sin ti, yo no seria “yo”. Por lo tanto, ¿cómo me puedo separar de ti? Es absurdo.

La vida es relación. Sin relación no hay vida. Y ya, en este sentido -el más externo-, somos uno.

Imagina que la vida, lo manifestado fuera como una red. Y cada objeto de la vida, incluidos cada uno de nosotros, fuéramos nudos de esa red. Yo no podría ser un nudo sin la red y la red no sería sin los nudos. Y en este sentido, también se comprende que cualquier cosa que afecta a cualquier nudo de la red, afecta a la red entera. Y la red, toda la red, ¡es un sólo hilo! aunque de eso no vamos a hablar aquí, por lo menos por ahora, según me chiva la mirada secreta.

Es por eso que si la inconsciencia contamina el aire, todos los seres de la naturaleza se ven afectados. O si una persona se llena de alegría, toda la red entera, toda la vida entera, va a verse afectada por esta alegría. Aunque nosotros no nos demos cuenta.

Nuestra responsabilidad primera es descubrir que no estamos separados. Que la aparente separación es una descodificación cerebral que se dá porque a nivel práctico a veces es necesario que nos vivamos separados. Pero es una descodificación, no es una realidad.

Lo que percibimos es una descodificación de la realidad, pero no es la realidad misma

La unidad en la manifestación, en la vida, se dá por la interrelación de todos con todo. Es la relación lo que permite la existencia. Y por eso mismo, la vida (y por lo tanto “yo”) es una realidad relativa.

Mientras no descubramos que somos interdependientes hasta el extremo de que sin la relación no existiríamos; mientras no lo descubramos, vamos a estar contaminando y contaminándonos, a todos los niveles.

Lo único que necesitamos para ver, es abrir los ojos. Observemos lo aquí descrito, observémoslo en nuestro “yo” y en “nuestra” vida y comprobemos si hay algo de cierto. Y si es así, empezemos a vivir sintiéndo esta interrelación que es la vida manifiesta. Así de enorme es la responsabilidad de cada uno de nosotros. Cada paso afecta a todo y a todos.

No existo separado de nada en la manifestación, en la vida. Soy un nudo de una red y no puedo existir como tal, como nudo de una red si no hubiera red, si no hubiera el hilo que conforma la red. Y es por eso mismo, que soy un nudo, pero ¡también soy la red y también el hilo! Y por ser, soy hasta el espacio que hay entre todos los nudos, porque sin ese espacio, ¡tampoco habría red!

¡FELIZ AHORA!

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La verdad del Amor


del Amor surge la unión. De la unión, el Amor. Solo Uno. Solo Amor. La Mirada Secreta

Lleva ya un tiempo la Mirada Secreta mostrando por amor a la Verdad. Y en estos días ha sucedido algo sorpresivo que ha dejado a quien escribe en muda contemplación. La Mirada Secreta, en su infinita generosidad, anda mostrando a este ojo perplejo, la verdad del Amor. La verdad del Amor, origen de la existencia, sostén de todo lo que existe, hilo invisible que conecta y crea la red de todo lo que hay, materia primera y última…

…Se respiraba serenidad. La superficie del mar planchadita, sin arrugas, reflejaba la paz que flotaba sobre todo y sobre todos. El agua todavía helada, guardando como un tesoro los rigores de un invierno frío y lluvioso, mostraba su faceta más auténtica: nítida transparencia del origen, aún no violada por los dormidos…

Se respiraba serenidad. La respiración acompasada, dulcemente profunda, serenaba también el ruido mental. El sol arropaba la piel ávida de vida. ¡Qué grande era la Bondad de la Creación!

En éstas, el pecho se inundó de amor a aquello desconocido que hacía posible la vida a cada instante. Conmovido, en silencio reverente frente a la dulce Vida, vio el corazón lo que intuía pero nunca había visto.

Ahí estábamos: el mar con todo su universo de vida, el sol, el aire y esta persona.

Ví como la mente podía enunciar cada uno por separado. Pero ¿era real esa separación? ¿realmente yo existía sin el mar, sin el sol, sin el aire?

Y vi que no. No era posible.

Yo no podría existir si no existiera el mar, reserva del agua que me daba la vida, origen de vida…

Yo no podría existir sin el sol, dador de luz y de calor, origen de vida…

Yo no podría existir sin el aire, alimento incondicional, origen de vida…

Y si la existencia de esta persona a la que llamamos “yo” no puede realmente existir sin el sol, el mar y el aire, ¿cómo nos podemos sentir separados? No tiene ningún sentido.

Fue en ese momento que vi nítidamente, a través de las turbulencias de una mente contaminada durante miles de años por millones de creencias nunca comprobadas, que yo soy el sol, el aire, el agua y también esta persona…

En alborozo sereno, el agradecimiento y la alegría se expandían sin límites. ¡Era tan perfecta la interrelación, fuente de toda vida!

Y sin quererlo, seguía viendo, a un ritmo vertiginoso, la necesidad esencial de todo con todo para su existencia:

vacío….. universos, galaxias….galaxias, planetas… el sol, la tierra… la naturaleza, las personas… los cuerpos, los órganos…. las células, los quarks… vacío

Una red de formas en un espacio vacío, con sus nudos hechos del mismo hilo que los conecta a unos y a otros, en perfecta interrelación, siendo lo mismo y siendo cada uno simultáneamente.

Y ver, con brillante claridad, que ese es el hilo que todo lo une, haciendo posible la existencia de cada nudo,

la unión, la energía del amor que deshace cualquier separación.

La unión. Todos los nudos (planetas, cuerpos, células) existiendo como tales, hechos del mismo Amor y conectados entre ellos por el Amor.

El Amor inseparable del espacio vacío que lo acoge. Amor y vacío, inseparables, fuente de toda creación y alimento eterno…

El amor por la Verdad. La verdad del Amor. Sin separación.

Silencio reverente.

¡Feliz Ahora!

 

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Somos Uno

 

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…”

Juan 1:1,14

 

SOMOS UNO, no hay nada más.

 

Hemos de descubrir que no estamos separados de nada ni de nadie.

Urge que lo descubramos.

Las fronteras entre mis pensamientos y los tuyos son sólo imaginarias lineas inventadas. A veces parecen brotar de una mente, a veces de otra mente. Eso es todo. Son los pensamientos del ser humano. Con todos sus colores.

Las emociones son las del ser humano. Tu tristeza y mi tristeza es la misma tristeza. Tu alegría y mi alegría son la misma alegría. A veces sentida por un corazón, a veces por otro. Y el corazón siente igual, no importa si creo que es el mío…

Los límites mentales que separan este cuerpo de otro. Pero el rasguño que rompe la piel, hace herida. La misma herida para todos. Porque sólo hay un cuerpo. Y sólo un rasguño. Y sólo una herida…

Por eso, cuando conozco a fondo el ser humano que habito, cuando conozco su cuerpo y cómo se relaciona consigo mismo y con su entorno, cuando conozco cómo se forman los pensamientos, y las emociones,

cuando realmente me conozco, conozco al ser humano.

Y es entonces cuando me doy plena cuenta de que no hay nadie separado de mi. De que yo soy la humanidad entera. Y es entonces cuando realmente puedo aprender a amar…

Y si sigo investigando, porque la mirada secreta así lo quiere, veré que yo soy el ser humano no por mi mismo, sino en relación a otras especies y objetos de la vida. Si no hubieran más especies que la humana, ¿sería acaso un ser humano? quizás seria “el ser vivo” que vive en la vida…

Y si retiro los otros objetos: montañas, cielos y mares… entonces ¿qué sería? Quizá entonces sería “la vida”

Y ¿por qué digo “entonces sería”? ¿Acaso no lo soy ya?

La mirada secreta coge mi oreja con fuerza y me grita entre risas alborozadas:

¡TU ERES LA HUMANIDAD, TODOS LOS SERES Y LA VIDA!

Y mis ojos temblorosos (el aroma de Verdad siempre me estremece) ven con pasmosa claridad. Y surge un inmenso poder del centro de mi pecho. Y una inmensa responsabilidad. La responsabilidad inmensa que se tiene por quien más amamos y más frágil sentimos.

Y cuando me doy realmente cuenta de que yo soy todos los seres humanos, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy todos los seres, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy la vida, brota el amor…

Hemos de descubrir la Verdad. Urge descubrirla.

la sonrisa, quien sonríe y el que recibe la sonrisa, …todo uno en el acto de sonreir

el trino del pájaro, el pájaro que canta y quien lo escucha, … todo uno en el cantar

el beso, quien besa y quien es besado, … todo uno en el besar

el amor, quien ama y quien es amado…. todo uno en el amar

la vida, quien la vive y lo que es vivido… todo uno en el vivir

Yo soy el besar

Soy el amar

Soy el vivir…

¿Comprendes ahora?

 

FELIÇ ARA!!

 

 

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