Archivo de la etiqueta: transpersonal

Investigando sobre la mente y la consciencia

wpid-Photo-28082012-0755.jpgPues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. 

 Mc. 4,2

El otro día estábamos investigando sobre lo que es ver y lo que es pensar. Y, aunque intuitivamente sabíamos la enorme diferencia que supone vivir desde el ver y vivir desde el pensar, no acabábamos de ser capaces de explicarlo -sólo la mirada secreta es capaz- Y en un momento dado, una de nosotros, llenita de amor por la Verdad, compartió la siguiente vivencia:

…una noche estaba cenando con una persona muy querida y estaba siendo muy feliz. Pero, en un momento dado, se me cruzó el pensamiento de que la felicidad, por muy grande que sea, a duras penas sobrevive un instante. Y entonces, mi felicidad se esfumó…

Al principio creímos que ella había dejado de ser feliz porque se había dado cuenta de que la felicidad dura un instante y, claro, frente a este panorama, cualquiera no se deprime, ¿verdad?

Bueno. Ese es el estado más habitual del ser humano. Pensamos sobre lo que acontece sin ser conscientes de ello.

Estamos continuamente pensando, pensando sobre lo que aconteció o sobre lo que puede ocurrir, pensando sobre lo que nos pasa, sobre cómo somos o sobre los misterios de la vida. Vivimos pensando. Pero no solo vivimos pensando, sino que vivimos desde nuestros pensamientos.

Y pensar quiere decir interpretar, juzgar, decidir, planificar, e incluso inventar según nuestros conocimientos, condicionamientos psicológicos y creencias. No nos damos cuenta, pero el pensamiento siempre manipula aquello sobre lo que está pensando. Le pone etiquetas, lo cataloga y la persona lo vive según esa manipulación.

Hay diversas escuelas psicológicas, pseudopsicológicas y demás líneas de terapia que se han dado cuenta de ello. Y para tratar de que seamos felices, proponen que las personas entrenemos a nuestra mente a pensar “en positivo”, a tener “pensamientos positivos”. Dejando de lado el juicio que ya supone en si mismo catalogar unos pensamientos de positivos y otros de negativos, es cierto que si hemos de vivir bajo la dictadura de los pensamientos, es preferible que el tirano sea amable…

Pero es que podemos vivir libres. Libres de tiranías. Libres de escuelas que nos digan cómo hemos de vivir. Y sobre todo, podemos vivir libres de nuestros propios pensamientos… y ser felices. De hecho, esta es nuestra verdadera naturaleza. Si no, mira a los niños, mira al niño que fuiste, y lo verás…

Y ¿cómo? se pregunta la mente

Pues, en vez de vivir desde los pensamientos, podría vivir desde lo que veo directamente, sin interpretarlo, ni juzgarlo. De forma neutral. Ser consciente de lo que acontece, sin pensamiento alguno.

Es tu atención consciente, libre de pensamientos, la que puede llegar a ver. La atención consciente es el ojo que ve más allá de lo pensado. En ella siempre hay inmutabilidad. Lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo, el dolor y el placer, la enfermedad y la salud, la vida y la muerte, lo amado y lo rechazado, giran y giran a su alrededor. Se parece al ojo del huracán, siempre inafectado, quieto, silencioso, en paz.

De hecho, cada vez que vivimos plenamente, estamos en este estado de ser conscientes sin pensar. Cada vez que el tiempo parece haber desaparecido, cada vez que nos dejamos llevar por la belleza de una música, de un paisaje, simplemente contemplándolo, somos conscientes y no pensamos. Cada vez que ponemos toda nuestra atención en cualquier tarea, somos conscientes y no estamos pensando.

Eso es lo que le sucedió a la bella persona del corazón enamorado de la Verdad, mientras estuvo plenamente atenta en la cena. Consciente de lo que vivía, de su felicidad, sin pensarla. Y cuando le entró el pensamiento “la felicidad sólo dura un instante”, se fue tras el pensamiento.

Eso lo estábamos viendo todos en la reunión cuando nos lo estaba explicando. Pro entonces entró la mirada secreta y nos hizo ver más todavía, ya que no fue este pensamiento el que le robó su felicidad sino el hecho de habérselo creído, de haber creído que es cierto que “la felicidad sólo dura un instante”.

Ella primero vivió con atención plena …. vivía plenamente la cena y se daba cuenta de su felicidad…. Luego pensó “la felicidad sólo dura un instante”…. y finalmente se creyó ese pensamiento… y dejó de ser feliz. Es un excelente ejemplo de lo que es vivir desde el pensamiento

Para darse cuenta, para vivir desde la atención plena, para ver, hay que salir de la mente, de lo pensado. No hay otro camino.

Cuando la mente dice “esto es muy dificil; yo no puedo conseguir percibir de otra manera, no puedo conseguir verlo. Aunque entiendo lo que dices,no lo consigo ver. Es muy difícil, muy difícil“; o decimos “yo no puedo estar dándome cuenta de todo, eso requeriría un esfuerzo enorme que yo no puedo hacer“; o “toda la vida lo he visto de esta manera y ahora cambiarlo es como muy complicado” es porque creemos que es la mente la que ha de darse cuenta, de que “darse cuenta” es un nueva forma de pensamiento.

Pues bien, lo que nos pasa es que tratamos de ver la inmensidad del horizonte mirando desde dentro de una caja cerrada. Es así de difícil. Vamos, que no es que sea difícil, es que es más bien imposible. La mente no puede darse cuenta, no puede ser testigo nunca. Para ver la inmensidad del horizonte hay que salir de esta caja cerrada.

El ego -la mente psicológica-, precisamente, es esa caja cerrada. En el ego no puede entrar nada ni salir nada. El ego está compuesto de toda una serie de combinaciones de unos datos concretos y no genera jamás nada nuevo. Por eso, cuando tratamos de ver desde el ego, no podemos ver más allá. El ego no tiene la mirada. Solamente es una fábrica de permutaciones, en donde la materia prima es la que es: datos de condicionamientos. Cuando nos parece que hacemos algo totalmente innovador, en realidad lo único que hemos hecho ha sido permutar, combinar. De la misma manera que hemos de salir de la mente, hemos de salir del ego. El ojo no está en el ego. No está en la mente.

La Mirada Secreta me susurra al oído:

Mantente atento, mantente despierto, con la mente en silencio. Haz oídos sordos a la cháchara mental, igual que haces oídos sordos a las conversaciones de otros que no te interesan. Y mira, mira con la mirada del niño, mira con una mirada nueva, libre de juicios, que no busca la utilidad sino la visión clara. Acostúmbrate a vivir desde lo que ves, con esa mirada, y no desde lo que piensas.

Sólo puedo buscar ver con más y más luz. Todo lo demás es consecuencia natural de ver: la acción libre, el desapego, vivir sin deseos, el Amor, la Belleza…

Utiliza la mente como instrumento, pero no la obedezcas

La Mirada secreta surge del silencio de la mente, de la atención consciente y silenciosa. La Mirada secreta es la mirada pura, inocente…

Mirar, estar atento, vigilante. Solo eso.

Sin pensar, juzgar, interpretar, calcular, conceptualizar…

¡Feliz Ahora!

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , ,

Castillos en el aire

Había una vez un bello castillo, de recias murallas y altos torreones, que se alzaba orgulloso entre tantos otros.
Los aldeanos que vivían dentro del castillo, asi como los vecinos de otras fortificaciones, consideraban éste como el mejor castillo de todos, el más bello y el más fuerte.
Era un castillo inexpugnable. Todos los aldeanos se sentían seguros dentro de sus murallas. Su robustez protegía al pueblo de los posibles ataques externos. Dentro vivían felices, creyéndose invulnerables.
Todos creían que si se mantenían unidos y tenían la aldea como su más alto bien y la cuidaban por encima de todo, nunca les pasaría nada. Estarían a salvo de cualquier inclemencia y contratiempo. Se habían creído aquello que tantos creen sin revisarlo nunca (como solemos hacer con todas las creencias), que es que la unión hace la fuerza…
Pero un día estalló una bomba. La bomba no impactó desde el exterior contra los grandes muros, sino que estalló dentro del recinto del castillo. Y precisamente, por lo duras que eran sus paredes y muros, por lo inexpugnables que eran, la bomba produjo muchísimos destrozos, convirtiendo cada una de las piedras que habían sido parte de la maravillosa fortificación en nuevas municiones que iban impactando en las construcciones adyacentes. La devastación fue tremenda. Todo quedó destruido. Y todo eso ocurrió porque la bomba cayó dentro, impactando en la base de uno de los pilares del castillo.
Al derrumbarse los pilares, al verlos absolutamente rotos, los aldeanos empezaron a creer que los pilares siempre habían sido débiles, que su fortaleza era solo aparente, que nunca habían sostenido ningún castillo. Así que no solo vivieron el derrumbamiento de todo su maravilloso castillo sino que también estaban viviendo el castillo que antes había sido, como algo falso -porque si hubiera sido de verdad tan bonito, tan fuerte, tan invulnerable, no hubiera podido ser destruido-.
Cuando el castillo se destruyó y sólo quedaban ruinas por todas partes, frente a la mirada atónita de los vecinos que siempre los habían tenido como ejemplo de amor y concordia, andaban los aldeanos de la que había sido una de las más bellas fortificaciones de aquellos parajes, echándose las culpas mutuamente, acusándose y odiándose entre ellos, porque todos creían que les habían engañado, que el castillo nunca había sido hermoso, bello, fuerte, inexpugnable, …
Y así seguirían, con recriminaciones y rencores, para siempre.”

 

¡Cuántas veces nos ocurre en la vida como a estos aldeanos con su castillo! Empezamos una relación con un nuevo amigo, un nuevo trabajo, una familia, una pareja y hacemos exactamente lo que hicieron estos pobres aldeanos, creer que nuestro castillo es el mejor de todos, el más bello y más fuerte; creer que nuestro castillo es inexpugnable y que nosotros somos invulnerables; creer que si nos mantenemos unidos y cuidamos nuestro castillo por encima de todo, nunca nos pasará nada.

Y entonces pasa algo, “estalla una bomba”, que rompe esa relación y a partir de ese momento, cambiamos radicalmente nuestras creencias:

  • Nuestro castillo nunca había sido bonito. De creer que era el más bello, pasamos a creer que nunca lo fué, que era mentira. Porque

la caída de la creencia es proporcional a la intensidad con que la creíamos

La fortaleza del castillo (de la relación) nunca fué real, porque sino no hubiera estallado en millones de pedazos.

contra más rígida la creencia, más destrozos crea cuando cae

El castillo a prueba de balas, no sirvió para protegernos. Contra más invulnerables nos ha hecho creer que somos unas murallas externas, más inseguros nos volvemos cuando las murallas caen porque

cuantas más defensas te pones, más vulnerable te vuelves

Pasamos de creernos unidos a echarnos la culpa mutuamente, porque

la cantidad de de esfuerzo en mantener una creencia es proporcional a la acusación que generará cuando caiga

Vivimos desde nuestras creencias. Nuestras creencias son los pilares que sustentan nuestros respectivos castillos. Y no nos damos cuenta de que, en cualquier momento, la vida puede hacer saltar por los aires cualquiera de nuestras creencias. La consecuencia es que crearemos nuevas creencias, la mayoría de veces lo contrario de lo que habíamos dado por cierto hasta ahora, sobre las que fortificar de nuevo nuestra vida. Y no hay ninguna creencia, ninguna, que sea verdadera. O sino, ¿como podríamos cambiar de creencia como se cambia de abrigo?

Pero no nos paramos a ver cuánto de verdad, de verdad hay en ellas. Construimos un castillo de papel sobre unos pilares falsos. Y ahí dentro nos sentimos seguros y llenos de razones, los mejores.

Castillos en el aire…

Pero fíjate bien,

ninguna creencia es real

Y si “crees” lo contrario, observa si habría alguna circunstancia que te podría hacer cambiar tu creencia. Porque si la respuesta es “sí”, ya sabes que tu creencia no es cierta, no merece ser pilar de tu vida, ¿verdad?

Vivimos montando castillos porque no nos hemos dado cuenta de que no los necesitamos.

Y, la Mirada susurra a mi oído estremeciéndome de nuevo, el por qué:

No necesitamos nada que sea lo más bello que lo que ya somos, -aunque no lo sabemos-.

No necesitamos ser fuertes ni defendernos porque somos invulnerables -aunque no lo sabemos-.

No necesitamos unirnos a nada ni a nadie porque no hay nada fuera de la Unidad, -aunque no lo sabemos-.

Por eso, cualquier castillo de creencias en el que vivamos, tanto si cae en el futuro o no cae nunca, no es un castillo. No es necesario. No es real.

Desnúdate de todas las creencias y observa aquello que queda.

De allí surge la Mirada Secreta.

Allí está tu verdadera morada.

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , , , , ,

La noche sin luna

     La verdad está en el descubrir y no en lo descubierto.
Sri Nisargadatta
Andaba una tibia noche de invierno con el corazón tranquilo y la mirada serena, paseando bajo un cielo que de tan negro sólo podía intuirse por la refulgente belleza de los millones de estrellas que en él reposaban.
A mis pies, el silencio de unos pasos sobre la oscuridad hecha de arena.
Ni el más leve sonido. Tan grande era el silencio que por primera vez me parecía oir el tintineo de las estrellas.

Desde aquella noche, a veces puedo oir la melodía susurrada que hace la luz en su interminable viaje por los universos y que, de tan rápido que viaja, pareciera no moverse y de tan silenciosa que anda, pareciera no tener voz…

Subíamos lentamente por la duna más alta a la más alta cima que, en aquel momento, el lugar nos daba. Mi pareja abría la marcha, su sentido de la orientación nos hacía de guía. Yo le seguía  con la pequeña linterna blanca, los pequeños miedos y un deseo de alabanza a la belleza que allá nos esperaba.

Silencio. Paz. La noche nos envolvía con su manto de oscuridad, devolviéndonos el anonimato, olvidados de nosotros mismos.

Todo era grande allí. Todo menos nosotros. Nosotros éramos tan pequeños que no nos atrevíamos ni a molestar un poco. Por eso, nuestro silencio. Y los pasos tenues sobre la arena.
Llegamos a la cima. Su perfil era tan afilado que nuestros pies resbalaban continuamente, ahora por la vertiente derecha, ahora por la izquierda. No era fácil caminar a oscuras sin perder el paso. Los pequeños miedos andaban pensando que si la vertiente fuera muy empinada, podíamos caer rodando hasta abajo. Pero los pequeños miedos no importaban.
El corazón henchido de silencio -intuyendo un no-sé-qué de grandeza, de sacralidad-, no quería cambiar nada y eso daba profunda paz.
 ¿os he dicho alguna vez que el silencio llena?
En un punto concreto de la carena, allá donde mi guía sintió como el mejor punto, nos tumbamos. Recuerdo que tuve que construir con los pies un buen murito de arena que sirviera de palanca sobre la que afianzarlos para no deslizarme hacia abajo sin remedio. La cabeza reposando sobre  la arena de la cima más alta que, en aquel momento, el lugar nos daba. Y los ojos abiertos, abiertos como platos a la noche más esplendorosa que nunca antes contemplaran.
Eran tantas las estrellas, se veían tan cercanas. Unas brillaban mucho. Otras apenas brillaban. Pero todas eran estrellas. Todas y cada una, bellas. Y me pregunté por qué algunas parecían no brillar…
Fue en ese momento que la mirada secreta me llevó de nuevo a ver lo nuevo una vez más:
Todas las estrellas eran bellas. La belleza de una estrella no robaba ni un quilate de belleza a las otras, pero sí que añadía belleza al firmamento total.
Y eso de que pareciera que una estrella no brillaba, quizá era porque estaba muy lejos de donde yo me hallaba, o quizá era yo la que estaba lejos de donde ella brillaba.
Igual que las personas. Igual…

Silencio.
Contemplación.
Y llegó un momento en que ya no vi más las estrellas sino un inmenso negro detrás de ellas.
Vacío negro sosteniendo a cada una de ellas.
Cielo negro profundo.
Era negro. Era vacío. No lo podía ver. No podía ver de qué estaba hecho ese cielo. No podía ver sus límites, ni su forma. No lo podía entender. No lo podía conocer..
Y entonces me golpeó la mirada en el centro de mi pecho, al darme cuenta que ¡era ESO lo que me conmovía!
Lo que realmente me conmovía era aquello que no veía, aquello que intuía sin ver.

El profundo negro vacío infinito era lo que me estremecía, era lo que sobrepasaba mis sentidos, mi razón, y me dejaba en un estado inmensamente profundo de quietud, de silencio, de paz, de belleza, de libertad, de amor

Algunos buscamos el verdadero amor. Otros la verdadera libertad. La verdadera paz. La belleza verdadera. La sabiduría verdadera. El verdadero Dios. La verdadera Realidad. No importa…
Los que amamos la Verdad, removemos inquietos cualquier rincón conocido en su búsqueda. Levantamos todas las piedras para ver si la Verdad se haya escondida debajo.
Saltamos de práctica en práctica, de maestro en maestro, de teoría en teoría  Tal es nuestro afán de hallar la Verdad. Leemos los libros que nos aseguran que entre sus palabras aguarda la Verdad ser encontrada.
Tratamos de ser diferentes, más buenos, más sabios, más justos, para así hacernos merecedores de la Verdad.
Y cuando no conseguimos cambiar o prácticar, nos sentimos culpables.
Y todo eso nos pasa porque
creemos que somos nosotros quienes tenemos que encontrar la Verdad
Creemos que la Verdad es una “cosa” que está en algún “sitio”.
Creemos que hay personas que ya han encontrado esta “cosa” y que la llevan en el bolsillo de su pantalón.
Creemos que como ya la tienen, quizás nos la pueden dar a nosotros que todavía no la hemos encontrado o, por lo menos, enseñárnosla como se enseña una nueva posesión.
guárdate de aquel que dice haber encontrado la Verdad, y que te promete que según lo que hagas, te la va a dar a ti también
Eso es, creemos que la Verdad es un objeto que puede llegar a poseerse. Y como no sabemos qué aspecto tiene, buscamos a ciegas.
Y es que nuestra mente, dueña y señora de nuestra vida, busca la Verdad como buscaría cualquier otro objeto perdido. Y nosotros no nos damos cuenta de que la Verdad ni es un objeto ni está perdida.
… mientras, la Mirada Secreta sonríe dulcemente, como suele sonreír la madre que juega con el niño a “frío frío, caliente caliente”.
La Mirada sabe que allí donde el ser humano busca la Verdad, allí no está.
Sabe que la Verdad no está en ningún “sitio”.
Sabe que nadie nos la puede dar, porque ninguna persona la “posee”.
La Verdad no se puede ver.
La Verdad no tiene contrario. No se puede acotar -esto es verdad y esto no es verdad-.
La Verdad no se puede atesorar.
La Verdad no se puede dar.
La Verdad no se puede retener, no se puede guardar.
La Verdad no se puede coleccionar.
La Verdad no se puede poseer.
La Verdad no tiene dueño.
La Verdad no tiene límites.
La Verdad no ocupa espacio alguno.
No se puede ir a la Verdad.
La Verdad no tiene casa.
La Verdad no tiene cara.
La Verdad no puede ser conocida.

Más cuando nos damos cuenta de Ella, todo nuestro ser se estremece.
En quietud sagrada. En silencio reverente.
Como en la noche sin luna del desierto.
Como la luz en su infinito y eterno viaje.
¡Feliz Ahora!
Etiquetado , , , , ,

LA FUENTE DE LA FELICIDAD I

La verdadera felicidad no puede ser encontrada en las cosas que cambian y se desvanecen.
El placer y el dolor alternan inexorablemente.
La felicidad viene del sí mismo y sólo puede encontrarse en el sí mismo.
Encuentre su sí mismo real y todo lo demás vendrá con él.

Sri Nisargadatta

Andaba yo preguntándome donde encontrar la felicidad.
Buscaba tenazmente. No me quería rendir.
Pero cuando parecía que la encontraba, era tan fugaz que casi me dejaba peor que antes. Casi era mejor no sentir felicidad que dejar de sentirla.
Creía que cuando encontrara una pareja a quien amar y que me amara (sobre todo esto segundo), sería feliz. Y, -que fuerte- la encontré. Es una persona maravillosa y doy gracias a la vida por ello. Y aun y así, cuántas veces le exigía que cambiara en esto o en aquello, le recriminaba… Mi pareja, por mucho que lo intentara, no podía hacerme feliz. En vista de ello, tuve que decidir que la pareja no te puede hacer feliz más que algún que otro ratito…
También pensé que si encontraba un buen trabajo, un trabajo que me gustara, hecho a mi medida, sería feliz. Y, -que fuerte- lo encontré. Y doy cada día las gracias por ello. Pero…. mi jefe era un narcisista paranoico que no me dejaba en paz. Mi colega era un insufrible engreído y un nefasto profesional. Que mal. Con lo que me gustaba el trabajo y por culpa de ellos no podía ser feliz. Bueno, pensé, igual la felicidad tampoco está en el trabajo…
También pensé que si tenía dinero para vivir sin preocupaciones, entonces seguro que sería feliz. Y, -que fuerte- el dinero llegó. Heredé. Y doy cada día las gracias por ello. Que piensas? Felicidad absoluta eh? Pues no. Que sí hacienda, que si más impuestos que nunca, que si tener que aprender sobre cuentas (cosa que entré tu y yo, me horroriza). Uff. Un verdadero quebradero de cabeza. No me quedó mas remedio que aceptar el dicho de que el dinero no hace la felicidad, aunque ayuda.

Ya ves. Lo tenía todo para ser feliz, un gran amor, un trabajo que me apasiona y pocas preocupaciones económicas. Y crees que era súper feliz? Pues a ratos. Como tu y tu y tu y tu, sean tus condiciones las que sean.

Entonces, la mirada secreta -que en aquel tiempo veía muy de refilón- me susurró al oído que

la fuente de la felicidad no está en las condiciones externas a mi

Pero entonces, ¿donde se hallaba?

Y tuve un sueño. I had a dream…

En mi sueño había un acantilado muy alto y vertical. A los pies del acantilado había una playa de arena blanca cerrada por ambos extremos. El mar, de un azul precioso, lamía dulcemente la arena. Y sobre la arena, en la orilla del mar, levantando miles de gotas de agua al sol como si de brillantes se tratara, andaba galopando un enorme y brillante caballo negro. Su piel azabache era terciopelo, su pecho fuerte y ancho era pleno poderío, sus movimientos tenían la elegancia del más grande bailarín, su velocidad era pura libertad… y yo, extasiada, veía y veía la escena, ahora desde arriba, ahora cerquita del hocico del caballo, oyéndole resoplar, los cascos contra el mar… Y en estas estaba, cuando de repente se oye una voz que retumba en el acantilado. Una voz que, para que te hagas una idea, sería la voz que imaginábamos de niños que podría tener Dios. Una voz grave, varonil, tremenda.

Y la voz me preguntó:

¿en dónde reside la belleza del corcel?

y yo, al instante, con voz clara y segura contesté:

en mis ojos

y entonces, desperté…

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , ,

Aquí no pasa nada, todo está bien

 “Cuando veas el sueño como sueño, habrás hecho cuanto se precisa hacer”

                                                                                                                       Sri Nisargadatta

Hace un tiempo se transmitía por televisión un anuncio que fomentaba la solidaridad, en el que se veía un niño pequeño contemplando imágenes desgarradoras de sufrimiento frente al televisor. El bebé, conmovido por la escena, se levantaba y ofrecía su chupete a la imagen del televisor que mostraba una niña llorando. Fue un spot publicitario que a muchos de nosotros nos conmovió.

Eso mismo me sucedió un día que fui a ver una película. En una escena concreta en la que se veía un niño llorando, a mi se me rompió el corazón y me puse a llorar también. Y así andaba yo, llorando desconsoladamente frente al sufrimiento del niño de la película, llenita de pena… Y de repente me di cuenta de que, a pesar de la pena tan grande que sentía, ¡seguía comiendo palomitas! ¿Te lo imaginas? Yo llorando con toda la pena y comiendo palomitas como si tal cosa…

Me quede en estado de total perplejidad. No sé si has ido al cine y has comido palomitas mientras veías la película de turno, pero si no es el caso, déjame que te explique que comer palomitas requiere una actitud concreta, una actitud distante, relajada, de “aquí no pasa nada, todo está bien”, una actitud –podríamos decir- de vacaciones, de recreo. No es posible comer palomitas cuando uno se siente mal, está muy preocupado o muy triste. Por lo menos yo no podría.

Pero ahí estaba yo, llorando a lágrima viva y ¡comiendo palomitas!…

En ese estado de perplejidad andaba yo preguntándome como era posible que estuviera comiendo palomitas cuando tenía simultáneamente el corazón lleno de pena. Yo sabía que no podría comer palomitas si estuviera de veras frente a un niño destrozado en llanto. Y también sabía que mi pena en el cine, así como mis lágrimas, eran auténticas. Entonces, ¿por qué sintiendo una pena real, era capaz de mantener una actitud de “aquí no pasa nada, todo está bien”?

Y el estado de perplejidad me trasladó al mundo del silencio mental, que tanto gusta a la Mirada Secreta. Allí la Mirada volvió a rasgar la oscuridad con su rayo esclarecedor…

En el caso del anuncio del bebé, la mente del pequeñín captó la imagen que proyectaba la pantalla y reaccionó emocional  (sintió compasión y necesidad de consolar) y conductualmente (se levantó y fue a ofrecer el chupete a la pantalla del televisor) como si la imagen fuera real. Creía que la niña que lloraba podría coger su chupete y consolarse. No sabía que esas imágenes proyectadas no son reales sino radiaciones captadas por una cámara que luego son convertidas en señales eléctricas para ser descodificadas en imágenes televisivas.

En mi caso, yo sabía que lo que estaba viendo en el cine no era real. Mi mente sabía que aquella escena no era real. Esa era la clave. Mis emociones respondieron automáticamente a la tristeza del niño que se veía en la pantalla, pero aunque mis ojos lloraran lágrimas de verdad, mi mente sabía que lo que estaba viendo no era verdad y eso me permitió seguir comiendo palomitas.

Me di cuenta de que las emociones surgen reactivamente al contenido que se halla en nuestra mente. Si pensamos cosas tristes, nos ponemos tristes. Si nos explican un chiste y nuestra mente lo entiende, nos reímos. Si vemos una película de terror, sentimos miedo. Si pensamos que vamos a fracasar, nos ponemos ansiosos. Y así.

Cada emoción que sentimos es una reacción automática a lo que estamos pensando

Las emociones no son más que eso.

Ahora, cuando estoy emocionalmente alterad@, me pregunto “¿Qué tiene de real o de verdadera la escena que estoy representando en mi mente?

Gracias a la mirada secreta me di cuenta de que

“aquí no pasa nada, todo está bien” cuando soy capaz de discernir entre lo que es verdad y lo que no es verdad, entre lo que es real y lo que no lo es, sea la que sea la emoción que esté aflorando en ese momento.

¿Comprendes la importancia de este descubrimiento?

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , ,

El mar mental

Tira tus preocupaciones al viento, gira hacia adentro y encuentra la paz.

 Ramana Maharshi

Una preciosa mañana de verano paseaba por la orilla del mar mientras las plácidas olas venían a desvanecerse a mis pies en un rítmico vaivén. Soplaba una brisa sutil y el sonido apenas audible de las olas se mezclaba armoniosamente con los gritos lejanos de las gaviotas.

El día parecía despertar perezosamente. Y perezosamente andaba yo, como si todo el escenario fuera introduciéndose por los poros de mi piel hasta empapar de silencio mi cabeza y de serena dicha mi corazón.

 Fue entonces cuando la Mirada me empezó a hablar –a la Mirada le encanta presentarse cuando reina el silencio en mi mente y la paz en mi corazón-.

 Aquel día me enseño que nuestra mente es como el mar. Y me hizo ver…

 Lo primero que me enseñó fue a darme cuenta que los pensamientos  aparecen, crecen, disminuyen y desaparecen, igual que las olas en el mar. E igual que el mar poco puede hacer para que las olas se formen o se deshagan, me di cuenta que mi voluntad poco tenia que ver con la aparición de los pensamientos. Los pensamientos se presentan inesperadamente en el mar de mi conciencia y yo poco puedo hacer para evitar que aparezcan o que desaparezcan. Para mi fue un descubrimiento muy importante porque hasta entonces me habían enseñado que yo era la única responsable de lo que pensaba y eso a veces, me hacía sentirme culpable. Especialmente cuando no tenía los llamados pensamientos positivos, tan de moda en nuestros días.

mis pensamientos vienen y van sin que medie mi voluntad

 Y seguí mirando, acompañada por la inspiración secreta que ya empezamos a conocer…

Vi que los pensamientos a veces se forman muy rápidamente, se crecen en cuestión de segundos, amenazando con llevarse por delante cualquier intento de detenerlos. Y en pocos segundos, la reacción emocional se hace presente con intensidad también creciente. No es posible que aparezca un pensamiento potente y el corazón de las emociones se mantenga tranquilo. También vi como los pensamientos potentes del pasado me traían emociones de añoranza, de tristeza, de melancólica felicidad, de culpa… Pensamientos potentes del futuro me traían emociones de ansiedad, miedo, esperanza, preocupación, ilusión… Igual que las enormes olas que te sorprenden jugando en la orilla del mar y que en segundos producen reacciones: se llevan la colchoneta o empapan la toalla o pegan un revolcón al bañista despistado. Olas crecidas, consecuencias grandes:

 pensamientos crecidos, emociones intensas

Otras veces aparecen en el mar mental largos pensamientos insidiosos que parecen no acabar nunca. Y esos pensamientos producen emociones insidiosas. Igual que las largas olas mantienen el velerito subiendo interminablemente por la ola para después tener que bajar interminablemente también o incluso pueden acabar llevándose toda la arena de la playa, dejándola bien empobrecida…

pensamientos insidiosos, emociones insidiosas

Y otras veces, como aquella mañana en que las nubes del cielo podían contarse mirando su reflejo en el mar, a duras penas hay algún pensamiento, tan sutil y de puntillas anda la mente que apenas perturba la superficie. En esos momentos la mente refleja la mirada secreta en toda su belleza, de tan quietecita que está y el corazón se reconforta en su paz.

poquitos pensamientos, paz emocional

 Así fue como descubrí que las emociones que tengo son la reacción que tiene mi persona a los pensamientos que se gestan en mi mente.

Había visto claramente que yo no era la responsable de los pensamientos que se hallaban en mi mente y que estos producían sus consecuentes reacciones emocionales. Pero ¿de qué dependía que los pensamientos fueran crecidos, insidiosos, cortos, largos, sutiles o que casi no hubiera pensamientos? Entonces la Mirada Secreta me mantuvo un ratito más observando el mar…

…Observé que las olas que se crean en el mar dependen de elementos externos, principalmente del viento. De la misma manera vi como los vientos de la vida revuelven la superficie de la mente, ondulándola cuando soplan suaves y embraveciéndola cuando soplan fuertes. Y me dí cuenta de que solemos vivir a merced de los vientos y sólo sentimos calma y paz cuando los vientos nos lo permiten.

Pero igual que en el mar,

el movimiento de la mente es sólo superficial y a cierta profundidad, las aguas de la mente permanecen quietas

Cuando vemos el oleaje desde fuera, por muy grande que sea, podemos ver el milagro de la naturaleza en acción sin sufrir. Pero si nos hallamos en la superficie del mar, podemos pasar muy mal rato e incluso ahogarnos. Y la mayoría del tiempo vivimos en la superficie de la mente, a merced de los elementos externos.

Sin embargo, cuando descubrimos que el mar es inmenso, no sólo en su horizontalidad sino en lo profundo, podemos aprender a sumergirnos. Sólo que nos sumerjamos un poco, entramos en contacto con un mundo nuevo, en donde realmente reina la paz. En el fondo siempre reina la paz.

Sumergirnos no es luchar contra las olas para que el mar permanezca quietito. No es luchar contra la fuerza del viento o querer que pare el viento. Sumergirnos es salir de la superficie, independientemente de si hay olas o no o si hay o no viento. Salir de la superficie y adentrarnos en la mente, allí donde reina el silencio. Esa paz no la podemos crear a nuestra voluntad porque no se puede crear lo que ya es, pero podemos ir allí donde vive.

En el fondo de nuestro mar mental no hay pensamientos ni de pasado ni de futuro, no hay emociones reactivas. Sin embargo, allí es donde viven nuestros sentimientos más bonitos, más auténticos, sentimientos de amor, de belleza, de armonía, de paz y de libertad. Inalterables. Siempre. Tanto si nos adentramos alguna vez en sus profundidades como si vivimos en la superficie y morimos en la superficie, allí están, aguardándonos.

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , ,

Ser plenamente II

Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.

Confucio, s. VI AC

Wil leyó la entrada “Ser plenamente” de la semana anterior  y se preguntaba en qué consistía eso de ser plenamente humano.

Como siempre sucede cuando la pregunta surge espontánea y auténtica, yo también entré en quietud y así sigo.

En el silencio de estos días, ha ido dilucidándose algo con respecto a la plenitud del hombre.

Contra más he querido poner palabras a lo que sé por intuición, -a lo que todo ser humano sabe intuitivamente-, más compleja se hacía una posible respuesta. Y por eso mismo, por su complejidad, sabía que estaba alejándome de lo verdadero, que siempre es sencillo y limpio como un rayo de luz en la oscuridad.

¿Qué ha empezado a hacerse claro a la mirada?

  • He visto que lo que hace al ser humano un ser pleno, ha de traspasar  inevitablemente lo que es ilusión. Y que sólo podemos ser plenamente humanos vivencialmente, en el ahora.

No podemos ser plenamente humanos en el pensamiento, sino en la vivencia, en la existencia. Por ello, la plenitud no puede ser experimentada en la mente. Y todo lo psicológico tiene su origen en los pensamientos. Por lo tanto, no es muy probable que hallemos la plenitud del ser humano en lo psicológico.

También es ilusión todo lo que ya es pasado y lo que imaginamos como futuro. Así en el tiempo fuera del Ahora, tampoco puede haber plenitud.

  • He visto que no podemos “estar” en plenitud, ni “tener” plenitud. Sólo podemos ser plenamente.

El “estar” y el “tener” se nos escapan casi antes de habernos dado cuenta de la felicidad que nos daban, porque son ligerísimos reflejos de nuestra plenitud de ser. Por ello, difícilmente hallaremos la plenitud en las situaciones externas o en las posesiones de cualquier tipo.

  • He visto que todo lo que el ser humano desea tiene su origen en el amor, la alegría, la paz, la libertad, la belleza, la comprensión…

Si ahora rememoras un momento de plenitud, verás cómo indefectiblemente está relacionado con alguno de estos grandes valores.

Quizá los buscamos en una mejor casa, o en tener más amigos, o más dinero, o un cuerpo más bonito y joven. Pero si miramos más hondo y nos preguntamos por qué queremos eso, y nos lo volvemos a preguntar, en la raíz hallaremos el anhelo por algunos de estos grandes valores.

  • Y me he dado cuenta de que el profundo y universal anhelo del ser humano por el amor, la belleza, la paz, la comprensión, la alegría… es lo que verdaderamente somos.

¡ en el anhelo más profundo de cada uno es donde se haya nuestra plenitud!

Vivamos plenamente el anhelo más intenso de nuestro corazón. Es así como seremos plenamente seres humanos.

Así es como la mirada secreta va mostrando su infinita bondad con el ser humano, mostrándole el camino, igual que haría un rayo de luz en la oscuridad. Gracias.

Y, nunca mejor dicho,

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , ,

Ser plenamente

“Entrenado o no, un perro siempre será él mismo”
                                   Carol Lea Benjamin (entrenadora de perros)
Tengo tres perros.
Un día que estaba observándoles, la mirada secreta volvió a regalar una comprensión nueva. Os lo explico.

Sam es el rey. Además de ser el mas grande de los tres, también es el mas viejo. Es bueno, sabio y paciente, siempre y cuando se respete su soberanía. Tranquilo y leal así como fiero si alguien le hace daño. Camina despacio si no es necesario correr. Reclama poco y agradece todo lo que se le da. Es especialmente cuidadoso con los niños y los cachorros.

Roxy es joven, muy rápida, desconfiada hasta que decide confiar -entonces entrega su confianza hasta el final. Es muy inteligente y empática. Sabe muy bien quien es el rey y le rinde pleitesía, mostrando un conocimiento protocolario que muchos querrían para ellos. Si la reñimos, está unos días triste, con la cola quietecita, toda ella muy sentida. Manda con pata firme y con cariño a su hermana, riñéndole si es necesario. Es una buena persona dentro de un cuerpo de perrita.

Piru es la hermana gemela de Roxy pero hace el papel de la pequeña de esta familia. Es divertida, alocada y simpática. No conoce norma alguna.No hace mucho caso ni obedece a menos que se sea muy firme con ella. Disfruta de todo, no se preocupa de nada. Esta siempre contenta y casi todo le resbala.

 Ya veis. Los tres son totalmente diferentes.

Así estaba yo aquel día, observándoles y pensando lo diferentes que eran.
Y, de repente,  me dí cuenta de que
¡a ellos no les importaba nada ni como eran ellos ni como eran los otros dos!

Ninguno de ellos se preocupa de cómo son o de cómo son los otros. Sam no trata de ser como la Piru, o Roxy como Sam, o Piru como Roxy. No hay ninguna preocupación al respecto. Ninguna.
¡No muestran ninguna necesidad o deseo de cambio!
¿Por qué? ¿Tú lo sabes?

Y después pensé en los niños pequeñitos, los que no llegan a los 4 años (por poner una edad). Ellos tampoco quieren ser diferentes de lo que son. Nunca he oído a un niño pequeño decir que quiere ser como su amiguito o que le gustaría no ser como es. No parece que les importe.
¿Por qué?

No sé si a ti te pasa, pero la mayoría de las personas que yo conozco -incluyéndome a mi mism@- tenemos como causa principal de sufrimiento cómo creemos ser, cómo creemos que nos ven los demás o bien cómo creemos que son los demás.
Y ya ves, tanto mis perritos como los niños pequeños están exentos de este macro/generalizado/ilusorio/gratuito sufrimiento.

Lo único que quieren mis perritos es ser perros, correr en libertad, ladrar y comer cuando tienen ganas.
Ser plenamente perros.
Y cuando pueden ser plenamente perros, sólo entonces tienen la posibilidad de ser felices.

Y lo único que quieren los niños pequeños es ser plenamente niños. Les es igual ser de una manera o de otra y les es igual como son los demás – si tienes un grano terrible en la punta de la nariz van a querer tocarlo, van a besarte como siempre!
Y sólo siendo plenamente niños tienen la posibilidad de ser felices.

Seamos plenamente seres humanos, sin importarnos la forma que ha adoptado cada uno de nosotros. Quizá entonces tengamos una oportunidad para sentirnos felices de verdad!

¡Feliz Ahora!
Etiquetado , , , , ,

Vivimos en un mundo aparente

“El error está en la mirada”

                              Consuelo Martín

Vivimos en un mundo aparente, hecho de las percepciones que nuestra mente puede interpretar gracias a sus instrumentos  -los sentidos físicos, la inteligencia, la memoria, los condicionamientos, etc.- Un mundo de percepciones mentales en el que está incluido nuestro propio personaje al que llamamos “yo” y las imágenes mentales de otros personajes a los que llamamos “los demás”.

Si hiciéramos un dibujo de lo que creemos que es el “mundo real”, podría ser algo así:
20120824-175534.jpg

La mente de cada ser humano percibe según sus instrumentos:

… lo que para unos es intolerable, para otros es normal

… lo que para unos es una obra de arte, para otros es un churro

Y así.

La mente crea el mundo.

Y también me crea a mi y a los demás.

Todo lo psicológico (conductas, emociones y pensamientos), es una percepción mental condicionada por mis instrumentos. Todo lo psicológico es una apariencia.

Con esto no quiero decir que lo psicológico sea falso.

Lo falso es creernos que lo que percibimos es la realidad, la verdad.

De la misma manera que un espejismo es un fenómeno real mientras que su contenido no lo es, así la percepción que tengo de mi, de ti y del mundo es un fenómeno real, pero el contenido de esa percepción sólo es aparentemente real.

Cuando sufrimos, creemos que hemos de cambiar el objeto de nuestra percepción. Por ejemplo, si nuestra pareja “nos hace sufrir”, queremos que cambie. O si lo que nos hace sufrir es un aspecto de nosotros mismos, nuestra inseguridad, falta de autoestima, etc., buscamos ayuda para cambiar eso…

Queremos que en vez de fuego, el espejismo nos muestre un oasis paradisíaco. Y no nos damos cuenta que lo que nos hace sufrir es un espejismo.

Pero hay otro camino. Un camino que nos va liberando de lo psicológico, no porque lo arreglemos, sino porque nos vamos dando cuenta de que  no es real.

Pero sólo lo podemos soltar cuando lo vemos.

Cuando ves, no hay dudas. Sólo evidencia.

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , ,

La escucha también vé

“Escucha, hijo, y serás sabio”

                                            Prov. 23,19

El otro dia vino a la consulta una dulce persona de ojos azules y anhelos cuidadores. Andabamos investigando lo que era la verdadera escucha. Y descubrimos lo siguiente:

A veces escuchamos pero no prestamos atención.
Este oir sin atender es muy frecuente cuando lo que se nos está diciendo no nos interesa lo más mínimo. Pero no es la única situación en la que no escuchamos de verdad.

Hay otra que es mucho mas preocupante, porque es -además de muy frecuente-, uno de los motivos por los que nos cuesta tanto comprender a los demás, así como sentirnos comprendidos. Es una de las razones por las que la comunicación es, tan a menudo, algo difícil. Es el origen de muchos malentendidos. Y también lo que dificulta el arte de ayudar a los demás

  no escuchamos de verdad porque tenemos la atención puesta en nosotros mismos

Este fué nuestro primer descubrimiento aquel día.

Estamos más pendientes de lo que vamos a decir nosotros, de nuestra interpretación de lo que se nos está diciendo, de nuestra opinión, de la creación de nuevos argumentos que soporten nuestra hipótesis, de nuestros juicios sobre lo que el otro dice, en fín, más pendientes de nosotros mismos que de nada ni nadie; y esas son las consecuencias…

Sin embargo, todos hemos vivido momentos en que sí que nos interesa lo que el otro dice, sí que queremos comprenderle de verdad. Es entonces cuando ponemos toda nuestra atención en la persona que nos está hablando y en sus palabras. Y de forma inesperada, nos dimos cuenta que cuando esto sucede, cuando nos entregamos plenamente a la escucha…

¡¡¡desaparecemos!!!

Ya no hay quien escucha, ni opiniones, ni interpretaciones, ni juicios, ni preocupaciones. Solo queda la escucha, sin el escuchador. Esta es la única puerta que nos pueda conducir a la comprensión, a la empatia, a la comunicación verdadera.

La atención es el foco que ilumina la escena. Imagínate, si esto pasa con la escucha, ¿qué puede suceder cuando la atención se dirige a otro sitio, por ejemplo, hacia uno mismo? Seguiremos investigando…

La Mirada Secreta apareció inesperadamente y nos enseñó a escuchar de verdad.

Como una estrella fugaz, pasó cuando teníamos la atención bien despierta.

Como una estrella fugaz, dejó una estela a su paso que todavía ahora estamos dilucidando.

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , ,
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: