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Un mundo mejor

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«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Lc 10, 41-42

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Es la mirada secreta tan nítida que mientras el ojo ve, los ojos lloran.

Lloran sin saber por qué lloran. No es tristeza, ni es incomprensión o impotencia. Tampoco es alegría o exaltación. Lloran los ojos porque no pueden hacer otra cosa frente a la  Dulce Nada, inmensidad lumínica y silenciosa que la mirada secreta muestra.

Mientras, la mente sigue queriendo hacer. Y hacer. Y hacer. Dice que el mundo va mal. Dice que hay que salvarlo. Y es que la mente a veces ve el reflejo del Amor, de la Libertad. Ve reflejos de Sabiduría, de Belleza. Y quiere eso. ¿Cómo no lo va a querer?. La mente también tiene buena voluntad. También quiere hacer el bien. También quiere ayudar. Pero…. ¿puede?

La mente ve reflejos de la Verdad… Pero los reflejos no sirven para actuar.

Imagina que tienes mucha hambre y vas mirando el suelo en busca de algo para comer -sigue la mirada secreta en su imparable afán por abrir la rendijita para que la Verdad pueda iluminar-. Imagina que mirando ves en un charco el reflejo de una hermosa manzana que cuelga de la rama del frutal. ¿Podrás alimentarte de ese reflejo?

La mente quiere actuar desde lo que entiende por amor, por libertad, por sabiduría. Pero son reflejos. Y de ellos hace su verdad. Confunde su verdad con la Verdad aunque hayan otras mentes que no lo vean así. Y entonces entra en lucha. Y divide. Unos son buenos y los otros son malos. Los buenos son los que comparten su verdad y los malos los que tienen otra verdad. Eso ya tendría que alertar al corazón. Tendría que avisarle de que no vamos bien porque, ya lo decían nuestros abuelos que Verdad sólo hay Una. En la Verdad no hay buenos ni malos, no hay razones, ni -por no haber- hay valores.

La buena voluntad de la mente no cambiará el mundo. El mundo también es un reflejo. Un reflejo de cómo funciona la mente. Una mente que divide crea un mundo dividido. Una mente complicada crea un mundo complicado. La Verdad no crea bandos. La Verdad comprende al que no comprende.

Para vivir desde el Amor, para actuar con Sabiduría, para ser Libres, hemos de ir primero a la Fuente. Hemos de bañarnos en Sus Aguas. Levantar la mirada para Ver de dónde viene el reflejo, para encontrar la Fuente de la que partió. Allí están esperando los aromas de la Verdad, la Sabiduría y el Amor. Recoge esos frutos. Ven de vuelta a la tierra que pisas y deja que sean esos frutos los que actúen a través de ti. Quizás entonces puedas servir de ayuda, puedan las acciones ser sabias.

No vamos a ser prácticos hasta que sepamos actuar sabiamente

No se trata de actuar o contemplar. No se trata de retirarse al Silencio (-que no sirve para nada, dice la mente práctica, muy convencida) o ser un activista por un mundo mejor. Esa es la mirada de la mente que todo lo divide.

Se trata de empaparse de la Verdad, en el silencio más allá de la mente, investigando, entregándose con valentía al no-saber. Y esa Verdad será entonces la que actúe a través nuestro…

Andate a la Fuente, -anima la mirada secreta-, bebe de Su agua de sabiduría y amor. Llena el cántaro y camina de vuelta. Entonces, ofrece ese Agua para que otros beban…

¡Feliz Ahora!

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De la transparencia a la Luz

Versión 2

Calma las aguas de tu mente,

y el universo y las estrellas se reflejarán en tu alma.

Rumi

El otro día andábamos paseando. Y la mirada secreta que siempre está al acecho para des-cubrir la Verdad que se haya oculta en TODO, aprovechó lo que la vida le traía para mostrar su luz…

¡Qué día tan triste! comentábamos al ver el cielo encapotado y la grisura de la luz aquel día de invierno. Abrigados hasta las orejas, tratábamos de encontrar la piedra en forma de corazón que nos había caído en el estanque. Pero el estanque estaba tan turbio que no podíamos ver nada.

¡Qué clara hubiera sido la visión si la luz del sol hubiera incidido en unas aguas transparentes!

De la misma manera, mi amigo iba tropezando con todo lo que se encontraba porque el cristal de sus gafas estaba sucio.

¡Qué bien vería mi amigo si en vez de llevar las lentes sucias, las llevara bien limpias!

La luz del Sol atravesaba la capa de nubes que cubría el cielo y, precisamente por tener ese obstáculo delante, no se expresaba con toda su maravillosa luminosidad.

¡Qué diferente hubiera sido la vivencia de su luz si no hubiera habido nubes en el cielo!

En todos los casos, la luz del sol estaba allí. Pero el medio por el que pasaba la luz estaba obstruido, lo que hacía que la expresión de la luz fuera diferente, aún siendo la misma.

Pues lo mismo ocurre con la Verdad -dice la mirada secreta, encantada de poder expresarse -que es lo que más le gusta!-):

Aunque la Verdad siempre es la que Es, a veces su medio de expresión puede estar obstruido o un poco sucio, por lo que el resultado puede ser un reflejo distorsionado. Y estas obstrucciones son todo aquello que inventa la mente, como todas y cada una de las creencias,  las interpretaciones, todos los inventos de la mente que damos por ciertos…

La creación mental no deja ver con claridad la Luz de la Verdad.

La naturaleza muestra la Verdad en cada piedra, en cada hierba, en cada montaña, porque están libres de la contaminación mental. Lo mismo ocurre con los niños muy pequeños, con los animales, libres también de creencias. A través de ellos la Verdad se expresa nítidamente.

En nosotros, lo falso oculta la luz de la Verdad. La idea que tenemos de quienes somos,

la creencia de que yo soy una entidad concreta y separada del resto es la principal obstrucción.

Por eso el viaje del ser humano a la Luz de la Verdad es el viaje de la transparencia. La luz de la Verdad desciende y el “yo” se va haciendo cada vez más transparente a Su contacto, más vacío de creaciones mentales. Conforme la transparencia es mayor, conforme el “yo” se va vaciando de todo pensamiento autoreferenciado, va quedando a disposición de la Verdad y lo que ocurre es que el amor, la armonía, la belleza, la sabiduría, la libertad, la ecuanimidad,

todos los atributos de la Verdad son reflejados con más nitidez a mayor transparencia.

Y el odio, los celos, la envidia, la posesividad, los juicios, etc,

todos los atributos creación de la mente van desvaneciéndose a la luz de la Verdad.

El instrumento “ser humano” sólo se contamina con la mente. Y lo que ensucia la mente no sólo son las creencias y demás, sino también aquello con lo que la alimentamos: deseos, películas, situaciones y también la alimentación del cuerpo. Este tipo de alimentos dificultan una mente equilibrada y silenciosa de “yo-mi-mio”. Y

solo una mente silenciosa transparenta la luz de la Verdad.

El silencio es el jabón, el disolvente de la suciedad de la mente.

Así me cuenta la mirada secreta. Así se expresa. Con contundencia y dulzura. Gracias. Gracias. Gracias.

¡Que descienda pues la Luz de la Verdad y sea este “yo” a su contacto cada vez más transparente, hasta que la Luz y la transparencia de este yo se unan en la indivisibilidad de la Verdad!

¡Feliz Ahora!

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(I) Yo soy esto…

IMG_5723“No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir”
Éxodo, 33:20

 

 

 

Ando investigando y tal cual investigo, voy escribiendo…

Primero, me dicen que yo soy esto (hombre) y esto (blanco) y esto (listo) y esto (bajito) y no soy aquello (perro) ni aquello (esquimal) ni aquello otro (cariñoso). Después, viviendome como ese conjunto de etiquetas empiezo a relacionarme conmigo mismo y el mundo. A relacionarme, a batallar, a querer cambiar, a disfrutar, a querer conseguir, a hundirme, a sudar, a vivir. Y nunca me pregunto si ese que he creído ser es realmente quien soy.

Quizá llega un momento en que me lo pregunto y empiezo a ver que esas etiquetas no son yo, sino que yo soy quien tiene esas etiquetas. Descubro que incluso podría tener otras y seguir siendo yo. A partir de ahí, empiezo a buscar quien creo ser. A veces me entrego a alguien (maestro) o a algo (escuela) que me dicen que saben quien soy yo, me pongo en sus manos y les dejo hacer. Pero antes o después, me entrego a mi interior y me dedico a buscar dentro.

El viaje que emprendemos en busca de nuestra verdadera identidad, es el viaje espiritual puro. Es un viaje que parte del no saber, y en el no saber ha de permanecer. Cuando se descubre algo, ese algo ha de servir de puerta a un siguiente tramo desconocido. Porque la Verdad nunca es algo. La Verdad es un todo que nada deja fuera de Sí. Por eso, vamos caminando en un largo peregrinaje y al final nos espera la muerte.

Tanto si lo sabemos como si no, nos espera la muerte.

¿Y para eso hay que hacer un camino? dirían muchas personas. Parece absurdo, porque la muerte nos espera a todos, caminemos en la senda de la búsqueda de nuestra verdadera identidad como no.

Y sin embargo, es tan diferente.

Sólo puede morir aquello que nació un día.

Si yo creo ser este cuerpo y esta personalidad, si creo ser estas etiquetas, no hace falta que haga camino alguno, ya sé que moriré.

Pero si yo descubro que no soy este cuerpo, ni esta personalidad, ni ninguna, NINGUNA de estas etiquetas, antes de “morir” me urge descubrir quién soy. Porque está clarísimo para mi que yo SOY.

Mientras escribo todo esto, la mirada secreta, que anda sentadita sobre mi hombro derecho, me pregunta espontáneamente y

¿cómo sabes que tú eres?

Glups! No lo sé!! Y entro en silencio.

Y en silencio sigo. Mucho se está viendo. Pero la mirada no me deja seguir escribiendo ahora. Quiere que todos vosotros que estais leyendo también os empapeis de la pregunta. Pero recordad, es en la pregunta donde se esconde la verdad. La respuesta sólo es una puertecita más para seguir mirando.

Seguirá…

¡Feliz Ahora!

 

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Mira quién baila

IMG_5647“Según la profundidad en el silencio de una persona, así será su vida”
Consuelo Martín
Fuimos a abrazar lo que la Enamorada del Silencio tuviera a bien enseñarnos con sus palabras y sus silencios.  Aún sin conocernos, todos los que habíamos ido allí compartíamos anhelos y esperanzas, búsquedas y alientos. El rato pasaba y dentro mío la paz de lo auténtico acallaba la mente y empapaba el corazón.
En un momento dado, no recuerdo a raíz de qué, la Enamorada dijo a todos los presentes:”tu no puedes hacer nada para conseguir este estado de Silencio”. Y lo dijo tan tranquila y tan contundentemente que el ambiente de toda la sala cambió.
Algunos de los que le escuchaban se sintieron aliviados porque hasta entonces su “hacer” había estado lleno de esfuerzos y obligaciones. Otros se reafirmaron en su “pereza resignada”. Otros rechazaron mentalmente semejante afirmación porque no estaban de acuerdo. Y unos pocos, al oír que nada podían hacer para llegar a Eso que tanto anhelaban, entraron en desesperación y en tristeza profunda,  tanto como si les hubieran arrebatado la posibilidad de reunirse de nuevo con su amado.
La mirada secreta se llenó de compasión, por unos y por otros. Y en su claridad infinita, vio que las palabras de la Enamorada del Silencio no estaban siendo entendidas. Y esta persona, en su entrega radical a la mirada y como es ya habitual, aceptó lo visto aún sin entenderlo. Y así fueron pasando los días.
A duras penas intuyendo lo que la mirada había visto, la persona se mantenía al acecho, vacía de ideas y todo oídos. Y así fue como cualquier día en cualquier momento, cabalgando sobre un rayito de inspiración, la mirada secreta le mostró aquello que había visto aquel día, con la simplicidad que siempre acompaña a la verdad.
La mirada trajo a su mente la imagen de un niño subido a los pies de un adulto mientras la música suena. El adulto baila y el niño, sus piececitos encima de los pies del adulto, baila también.
Y la mirada preguntó: “dime, ¿está bailando el niño?”…
Y así, gracias a su compasión infinita, surgió la comprensión:
Que no haya nada que hacer no quiere decir que no hagas nada.
Y en un guiño, la dulce mirada añadió:

Sigue bailando. Sólo te has de dar cuenta de que, aunque bailas, no eres tú el que baila.
¡Ay, Mirada! Dulce compañía.
Para todos los que bailan, enamorados del Silencio,
¡Feliz Ahora!
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¿Dónde está el problema?

El hombre se piensa separado. Éste es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción.

Cl. Lévi-Strauss, Le Monde, 21 de Enero de 1979

Vienen las enormes mariposas a posarse en la higuera. Y en cuanto se quedan quietas, casi no las veo. Se mimetizan a la perfección con la vieja higuera. Descansan en ella. Se protegen en ella.

La higuera está toda despeinada. El tronco anchísimo está hueco. La savia de la tierra alimenta a la higuera por su piel porque no hay nada dentro. Le quedan cuatro ramas retorcidas y cada año que pasa muere una más. Algunos años, como éste, sus higos son inmensamente sabrosos. Otros no da fruto.

Las mariposas no parecen ver que la higuera se muere. Tampoco les importa nada. De hecho, no lo piensan.

Si lo pensaran, entonces tendrían un problema, un serio problema, y también un sentimiento de pérdida y a la vez de añoranza. Porque ya sus tatarabuelas se posaban en la higuera. Y dentro de poco, la higuera no estará.

Si pensaran, las mariposas se posarían en las ramas, con una lagrimita en los ojos: “mis retoños quizá ya no puedan mimetizarse con ella, protegerse en ella, porque quizá ya no estará”, podrían pensar. O incluso se podrían enfadar: “¿por qué una higuera que siempre ha estado aquí desde tiempos inmemorables (el tiempo discurre diferente en las mariposas que en los hombres) ha de morir? ¡Es injusto!” -podrían exclamar si pensaran.

Pero las mariposas no piensan. Y como no piensan, no tienen problemas.

Si. Si. Lo que hemos oído.

Los problemas no existen más que en el pensamiento.

Dicen que un problema suele ser un asunto del que se espera una solución (fuente: wikipedia; RAE). Si miramos la definición vemos dos puntos raros. El primero es “se espera”. Así que para que algo sea un problema tengo que pensarlo de cara al futuro. Por lo tanto

ningún asunto es un problema AHORA.

El segundo punto raro de la definición de problema es “solución”. Osea que ¡¿si no se espera solución, no puede haber problema!? Dice el diccionario que “solución” es la acción y efecto de disolver; la acción y efecto de resolver. Ambas posibilidades se dan en el futuro, y se dan tanto si queremos como si no.

Los problemas creados por la mente, no se resuelven mientras la mente los sigue pensando. En cuanto los deja de pensar, los problemas se resuelven “solos”.

Los problemas son inventos de la mente. En la realidad no existen.

La mente convierte un asunto en un problema cuando no le gusta aquello, cuando desea otra cosa, cuando con eso no consigue lo que quiere.

Es la mente la que crea los problemas. No es el vecino cuando aparca con un cochazo e impide que el tuyo quepa en la plaza de al lado… No es el amigo que se desdice de lo comprometido. No es no tener huevos en la nevera cuando se quiere hacer una tortilla…

La mirada secreta vuelve a ser contundente y me muestra desnuda la verdad:

El único problema que tenemos es que pensamos.

-Pero hay problemas graves, verdaderos, en nuestra humanidad, en nuestro planeta-, le contesto algo airad@.

Y ella, dulce, paciente, asiente.

-Es cierto, son muchos los problemas graves que sufre vuestra humanidad, vuestro planeta-, me dice. -Pero todos esos “problemas” tienen una única raiz: el pensamiento-.

Y me susurra al corazón:

-Si en verdad en verdad dejarais de pensar, los problemas no existirían. Es vuestro pensamiento dual, separado, que piensa en términos de intereses propios, que se cree separado de la vida misma, del planeta, de los seres vivos, de los otros hombres. Y no sólo separado sino más importante que la vida misma, que el planeta, que los seres vivos, que los otros hombres…es vuestro pensamiento ciego de sabiduría el que crea los problemas.

Y ¿cuál es el camino?

El camino es descubrir la verdad en el silencio del pensamiento. ¿Por qué? Porque el pensamiento sólo crea problemas. Está programado así.

Y yo, el pensamiento silenciado, me lleno de esta verdad.

¡Felices mariposas que viven en el Ahora!

¡Feliz Ahora!

entrada inspirada por la sabiduría que destila el libro “El sol sale sobre Asís” de Éloi Leclerc. Ed. Sal Terrae. Grácias.

 

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El tren de la Experiencia

“Todas las formas son percibidas por el ojo. El ojo es percibido por la mente; y la mente a su vez, es un objeto percibido. En definitiva, “el testigo” es el que realmente percibe, y no es percibido por nadie.”

Drig-Drisya-Viveka de Šankara

Una vez leí algo sobre la conciencia-testigo. El libro hablaba de que, además de los pensamientos y percepciones, hay en nosotros un darse cuenta de esos pensamientos y percepciones, un testigo que observa sin juzgar, siempre presente. El libro también decía que ese “testigo” era inmóvil e inmutable… Y tal cual lo leí, tal cual lo olvidé… Por lo menos, aparentemente.

Al cabo de mucho mucho tiempo, me encontré yendo en tren. Estaba en esa alegría serena que me suele acompañar cada vez que suelto las riendas de mi vida y es otro quien me lleva (un tren, una persona, la Inteligencia…). Mi mirada flotaba sin punto fijo a través de la ventana, viendo pasar todo sin ver nada. Los tenues rayos de sol atravesaban el espacio, bien definidos e intangibles y en ellos las partículas que pueblan lo aparentemente vacío, bailaban reflejando mil colores como si de una danza de diamantes minúsculos se tratara. Ni un sólo pensamiento enturbiaba la expresión de la vida.

Y en estas, refulgente como uno de esos rayos de sol, atravesó mi mente la comprensión de la dulce mirada secreta. Sin buscarlo. Sin esperarlo:

Aunque estaba viajando, ¡yo estaba inmóvil! Aunque me desplazaba a gran velocidad, ¡yo me bañaba en la más profunda quietud! Y el anhelo de comprensión, libre de supuestas obviedades y respuestas nunca comprobadas, se dio cuenta. Vio con el ojo de la mirada secreta que así sucedía con esa conciencia-testigo inmóvil e inmutable de la que había leído hacía tanto tiempo y que no había comprendido.

Y así quiere la mirada compartir con todos esa comprensión que dio fruto mucho tiempo después de ser sembrada, como suele pasar…

…Imaginad la situación. Váis en un tren que se desplaza a toda velocidad, miráis por la ventana el mundo exterior que pasa sin dejar huella. Y vosotros ¡no os mováis! Estáis en silencio y en quietud y todo acontece fuera de vosotros…

Ahora imaginad que el tren es la persona que creéis ser: vuestro cuerpo y mente.

Imaginad que el paisaje es el mundo exterior al cuerpo/mente.

E imaginad que el pasajero que va en ese tren, es la conciencia, es aquello que se da cuenta de todo lo que ocurre pero no se ve afectado por ello.

La conciencia inmóvil y siempre-la-misma, tiene el cuerpo/mente para vivir el viaje de la vida. Los sentidos del cuerpo/mente son las ventanas sin marco que permiten a la conciencia acceder al mundo exterior.

El pasajero, no es ni el tren ni el paisaje. El pasajero no va a ningún sitio. Es el tren que se mueve a través del paisaje. Es el paisaje que se mueve frente a los ojos del pasajero.

La conciencia-testigo (el pasajero) no es ni el cuerpo/mente (el tren) ni el mundo exterior (el paisaje)

La conciencia-testigo no es ni el perceptor (la mente) ni las percepciones. De hecho

el perceptor y las percepciones son ambos objetos de la conciencia.

Aunque aparentemente el pasajero se desplaza en el tren de un lugar a otro del mundo exterior, realmente el pasajero no se mueve de su asiento

Así la conciencia que soy es inmóvil. Todo se desplaza en constante cambio de vida, mientras

la conciencia resta inmóvil.

De la misma manera que cambia continuamente el paisaje que se observa desde las ventanas, e incluso pueden cambiar las condiciones físicas, medioambientales del propio tren, el pasajero se mantiene inmutable, siendo testigo de esos cambios externos al tren e internos al tren sin que por ello le afecten.

Lo mismo sucede con la conciencia que soy. Cambian los sucesos fuera del cuerpo/mente, y cambian aspectos y condiciones del propio cuerpo-mente, y yo atestiguo esos cambios más la conciencia que soy es inmutable e imperturbable a esos cambios.

La conciencia ve sin verse afectada.

Recuerdo que estaba viajando a través de los Monegros. Y la Inteligencia de la Vida no quiso que saltara del tren en marcha para que este cuerpo no se hiciera daño. Pero os aseguro que ni el tren ni el paisaje podían sostener la explosión de conciencia que en ese instante se dió.

¡Feliz Ahora!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL PUNTO DE REFERENCIA

“Los necios niegan lo que ven, no lo que piensan; los sabios niegan lo que piensan, no lo que ven”

Huang-Po (s. IX)

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Desde el rincón más minúsculo del planeta, veo, siento, pienso, percibo, recuerdo, deseo, temo… Como todos… ¡ay no sé! ¡ya no puedo ver como veía!

-Bueno. Bueno.- consuela dulcemente la mirada secreta. -Mientras el “yo soñado” sigue viviendo su sueño, tu y yo sigamos investigando…

-Mira lo que ha pasado. Al perderse el “yo” soñado, nada es como parecía. Se ha perdido el punto de referencia, ¿lo ves?…- y así me sigue hablando la mirada secreta:

¿Qué pasaría si no hubiera ningún punto de referencia? Mejor dicho, ¿qué pasaría si no inventaras un punto de referencia?

Si no inventaras un punto de referencia no podria existir el tiempo. El tiempo existe con respecto a un punto de referencia temporal. Son las 13:11 con respecto a las 13:10 y a las 13:12. Es hoy con respecto a ayer y a mañana. Soy adulto con respecto a la juventud y a la vejez. ¿Podrían ser las 13:11 si no existiera ninguna hora más? ¿Podría ser hoy si no existieran el pasado y el futuro? ¿Podría ser adulto si no existieran otras edades?. Hoy soy un adulto a las 13:11. Todo referenciado a un punto, un punto en el tiempo que se puede colocar a lo largo del continuum temporal. Así que si sigo escribiendo mañana, mañana diría hoy y hoy sería ayer..

Si no fijo un punto de referencia, ¿que queda del tiempo? Ahora eterno

Si no inventaras un punto de referencia no podrían existir las distancias ni los volúmenes. Las cosas están lejos o cerca respecto a un punto. Son estrechas o anchas, altas o bajas, con respecto a un punto. Son planas, bidimensionales, tridimensionales, con respecto a un punto. Si no hay un punto de referencia, ¿qué quedaría de las dimensiones espaciales? El espacio sería una totalidad no medible, sin límites. Espacio infinito

Si no inventaras un punto de referencia no podría existir el movimiento. Cualquier aparente movimiento es un conjunto de gestos quietos en si mismos que surgen secuencialmente en un ¡tiempo! y se desplazan en un ¡espacio! Sin un punto de referencia espacio-temporal, no existiría el movimiento. Quietud

Si no inventaras un punto de referencia, no podrías clasificar ni etiquetar ni enjuiciar ni hacer comparaciones. Fíjate en esta bella mariposa volando, sostenida en el aire infinito, bailando, ajena a su fragilidad… Si la mariposa pensara en su fragilidad, no volaría. No podría ser mariposa. Pero, gracias a la Altísima Ingeniería, no piensa -¡o no piensa en ella misma como frágil, sino como mariposa!

También nos pasa a los seres humanos. Cuando nos pensamos así o asá, no podemos “ser” y tampoco podemos vivir, porque mientras pienso estoy fuera del ahora.

Vivir y pensar son incompatibles

Aquí estoy, atestiguando lo que la mirada secreta va dilucidando… Y entonces me susurra traviesa (le encanta ser traviesa a esta mirada escondida): -¿en algún momento has puesto en duda la fragilidad de la mariposa?- ¡Uy! ¡Se ha colado como una verdad más!. La mirada vuelve a mostrar que sólo se es “algo” con respecto a “otro algo” (se es frágil si existe robusto; se es listo si existe tonto; se es egoísta si existe altruista…) Si desaparece cualquiera de los dos “algos”, ¡el otro desaparece también!

La mirada secreta nada sabe de conceptos físicos, ni la mente que esto escribe a su dictado, más la relatividad de lo aparentemente obvio salta a la VISTA.

Y lo relativo nunca puede ser real por sí mismo. ¡Necesita de un punto de referencia para existir! La vida conocida surge toda de un punto de referencia. El universo conocido, también.

Sin un punto de referencia no existiría la realidad tal como la conocemos

¿Y que pasa con respecto a este “yo”? Pues este “yo” ha sido inventado con respecto a la miríada de etiquetas y clasificaciones que la sociedad de hoy ofrece gratuitamente (aunque es un engaño, porque pagamos un precio muy caro: ¡dejar de ser!) Todo lo que creo que me define como un individuo, es por comparación: “yo soy así en comparación con”. Este yo inventado ha sido el punto de referencia para “su” tiempo, para “su” espacio, para todas las etiquetas, juicios, para los miedos referidos siempre a un futuro que se crea desde donde el yo esta situado temporalmente, para los deseos también construidos hacia un futuro, para las culpabilidades construidas sobre un pasado que solo existe en nuestra mente. No podría haber tristeza tampoco, porque la tristeza también proviene del pasado.¿Qué emoción quedaría si no existiera un punto de referencia? Paz

Si no hubiera un punto de referencia todo sería muy distinto. Tan distinto que no es siquiera imaginable.

Y sin embargo, la mirada secreta viene de un lugar que no tiene punto de referencia.

El punto de referencia crea las vivencias, y quizá también crea el mundo tal como lo conoce esta persona. Y también crea el “yo”.

Algunos quizá están pensando que entonces el punto de referencia quizás sea Dios, tal es la necesidad del “yo” soñado de encontrar un punto, el que sea, porque si no, ¿dónde queda “yo”?

…cuando el “yo” se diluye en los aromas de lo verdadero, no hay ningún punto de referencia…

Si yo no me comparo con nada ni con nadie, si no me vivo como punto de referencia temporal y espacial, ¿qué queda de mi?

Pues eso que queda, eso soy yo.

¡FELIZ AHORA!

 

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Investigación y silencio del 4 al 6 de Abril

La escucha verdadera oye en el silencio de la mente…

……….La mirada verdadera ve en el silencio de la mente…

………………..La comprensión surge en el silencio de la mente…

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Fin de semana de silencio e investigación

cerca de Banyoles (Girona, España)

Poster arcadia miradasecreta

Ven a sumergirte en el silencio, en quietud y en movimiento, a solas y en grupo 

Ven a investigar desde el silencio de la mente, a través de preguntas y respuestas

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¡Que la mirada secreta que está en todos nos acompañe!

¡FELIZ AHORA!

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Dentro, nada. Fuera, todo

“La naturaleza es la mejor maestra de la verdad.”

San Ambrosio

 



 

Esta mañana, la vida se despliega en toda su belleza. La armonía resplandece. Los árboles sin hojas, muestran su dignidad desnuda y recia. Los pajarillos hacen sus piruetas tan alocadas como precisas, derrochando una vitalidad sin fin. La tierra abrigada por un manto de hojas regaladas duerme en el frío, pacíficamente. La niña en la piedra sentada, los sentidos empapados. Dentro nada. Fuera todo.

Hoy el cielo roba el azul al mar y lo hace suyo. Lo más delicado baila sutilmente y en su danza se reconoce el mágico viento, siempre invisible, siempre peregrinando a no se sabe donde.

Nada se esconde separándose del resto. No hay resto. Los árboles, los pájaros, la niña, la tierra, el cielo, el viento y los espacios aparentemente vacios, se pertenecen los unos a los otros, se viven un sólo canto de afinación exquisita.

Es la vida interpretándose a si misma. Su canción silenciosa, la más bella melodía.

Esta mañana la mirada secreta esboza una sonrisa traviesa:

¡Que difícil es hallar la paz dentro de la mente y que fácil es hallarla fuera!

Ahora la naturaleza es cómplice de este anhelo de paz.

Ahora la contemplación encuentra en ella la translúcida verdad.

Ahora la niña es en la naturaleza y en ningún sitio más.

Ahora fuera de ella sólo hay sueños del pensar.

Amplia la sonrisa, la mirada secreta susurra su mantra de paz: todo está bien, todo está bien.

Dentro, nada. Fuera, todo.

El sueño se acaba ya.

¡Feliz Ahora!

 

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La dimensión vertical

 

“Mediante el conocimiento acojo a Dios dentro de mí; mediante el amor me adentro en Dios”

Maestro Eckhart

 

 

En muchas ocasiones la vida nos trae vivencias que no queremos, que rechazamos y que seria una “locura” que fuera de otro modo: una enfermedad grave, una agresión, la pérdida de un ser querido, la pérdida de autonomía física, económica, …

Y eso nos hace sufrir.

Viendo lo que es el sufrimiento, nos damos cuenta de que sufrir es un estado emocional que aparece cuando rechazamos aquello que nos está ocurriendo. Es como no querer que pase aquello que ya está pasando, oponernos a la realidad de lo sucedido. “No debería haber pasado” “no lo merezco” son frases que señalan un gran sufrimiento y resistencia.

La mente pensante, siempre lineal, no comprende que sin causa se produzca semejante acontecer. Y entonces busca una causa, una causa que le facilite comprender el POR QUÉ ha tenido que suceder eso. Y a veces, convenciéndonos de haber encontrado una causa, podemos sentir algún alivio. Pero tantas otras veces, seguimos sufriendo, incluso más, porque no aceptamos ni el “efecto” ni la “causa” aparente.

Si el sufrimiento es la resistencia a lo que es -y que no queremos- y se supone que el final del sufrimiento es la aceptación, ¿como podemos aceptar lo que nos pasa si no lo queremos? Parece que nos hallamos ante una paradoja de difícil solución…

Cuando sentimos que, verdaderamente, el fín de nuestro sufrimiento es la aceptación, solemos decir “es inaceptable, pero por no sufrir más, lo acepto”… Hacemos como si aceptáramos, pero lo máximo que conseguimos es resignarnos.

La resignación es un camino tramposo, que para en seco nuestra capacidad para ser felices.

La resignación no es un estado de paz y dulzura, sino que va acompañada de un regusto amargo, victimista y triste, de una sensacion de impotencia y de pasividad. La resignación se da en un dejar de oponerse a lo que hay, tipo “no me queda mas remedio que tirar la toalla” Y eso ¿no es acaso seguir sufriendo?

La aceptación, tan fácil de aconsejar y tan poco hallada por no comprendida, no se puede dar mientras uno crea que las cosas suceden bajo la ley causa-efecto, y que lo justo es lo que se ciñe a mis creencias de lo que es bueno o malo.

Bajo este prisma lleno de condicionamientos mentales, la aceptación de aquello que no queremos para nosotros o para quienes amamos es casi imposible.

Entonces surge la eterna pregunta: ¿qué hacemos?

Bueno. No esperéis de la mirada secreta un recetario de liberación del sufrimiento. Tampoco serviría para nada ;)

Ahora, mirando directamente, se revela claramente que para aceptar, hemos de comprender de otro modo

Einsten dijo que ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia en el que se creó. El llamado así contínuo espacio-temporal es donde se dan todos los sucesos de la vida y del universo, según la teoría de la relatividad de Einstein. Además, Einsten descubrió lo que más nos importa a nosotros, y es que el espacio y el tiempo son relativos al estado de movimiento del observador. Así que para comprender nuestro mundo y nuestra vida, podemos ver los acontecimientos observándolos desde una perspectiva de espacio horizontal, desde una perspectiva de tiempo o desde una perspectiva de espacio desconocida para la mayoría de nosotros que aquí llamaremos la dimensión vertical.

En la perspectiva espacial horizontal, buscamos que disminuya el sufrimiento cambiando de lugar físico, por ejemplo haciendo un viaje o simplemente cambiando de habitación. El resultado de esta perspectiva lo conocemos todos: quizás disminuye el sufrimiento durante un rato, pero casi no cambia nuestra comprensión de lo sucedido.

En la dimensión temporal, logramos algo más de comprensión conforme pasa el tiempo. Pero tampoco comprendemos totalmente y el sufrimiento no acaba de liberarse del todo. Aunque es una dimensión más poderosa que la del espacio horizontal, también tiene el inconveniente que hemos de dejar pasar el tiempo -a veces muchos años-, antes de atisbar alguna luz.

Pero luego tenemos la dimensión vertical. La dimensión vertical ha salido varias veces en los escritos de la mirada secreta y es aquella visión que se alcanza en el instante presente, o bien porque nos elevamos sobre el problema y el “yo con el problema” y al elevarnos nuestra conciencia se amplia y se amplia dándonos una nueva perspectiva y una nueva comprensión; o bien porque entramos en lo profundo de nosotros, allí donde reina el silencio contemplativo en ausencia de “yo” y es en este silencio donde una nueva visión surge, llena de amor y de paz.

No preguntéis cómo llegar a esta dimensión vertical. Hagamos silencio dentro de nosotros, salgamos del ruido de la mente adentrándonos por amor en la Verdad, e investiguemos mirando directamente las cosas -sin ninguna idea preconcebida-, dejándo que sea la Verdad que se adentre en nosotros. Porque

realmente sólo lo que vemos por nosotros mismos es transformador.

Ninguna teoría, ni la verdad de otros por muy sabios que sean, nos dará la comprensión ni nos liberará del sufrimiento ni nos conducirá a la dulce y verdadera aceptación.

Desde la verticalidad, el único lugar desde el cual se puede vivir feliz,

¡feliz ahora!

 

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