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Solo Ser

La verdad es tan sencilla que la mente no la puede conocer.

La mirada secreta

 

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Zumbaban las abejas pletóricas de vida. Zumbaban en el silencio que todo lo oye. Con los ojos cerrados pierdo fácil las aparentes fronteras que me separan del mundo, las fronteras que son causa de conflicto, soledad y sufrimiento. Y era con los ojos cerrados que escuchaba, la copa rosa del ciruelo como cielo sobre mi cabeza por un momento. Por un momento sin fronteras, su zumbido era el sonido de la energía de la vida que recorría por entero mi cuerpo. Mi cuerpo sin fronteras. El mismo zumbido. Ya no había fuera ni había dentro. Dentro. Dentro. Dentro, el Infinito sonoroso me mostraba que no sabemos Ser. Somos los únicos seres de este planeta que no sabemos ser.

La mirada secreta, en comunión por indivisibilidad, habla de solo ser.  Y la persona no sabe qué es lo que significa solo ser. Es tan extraña nuestra incomprensión.

-A mí dame fórmulas- dice la persona. Y ¿qué fórmulas se pueden dar para conocer el sabor de una manzana? Para inundarte del aroma del pan recién horneado. Para maravillarte por la altísima ingeniería con la que está construida una minúscula flor. Para enternecerte con la inocente risa de la niña. Para sentir la fuerza poderosa del mar. Para alegrarte por las muestras de cariño a tu hermana. Para sorprenderte con la velocidad que alcanza tu perro. Para… para Vivir. ¿Qué fórmulas se pueden dar? Si contra más fórmulas tenemos para vivir, mas nos alejamos de la Vida…

Solo ser.

Cuando se planta la semilla de un árbol, el árbol no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer. Con lo que recibe del sol, de los nutrientes de la tierra y del agua, el árbol va creciendo.

El árbol ya ha crecido un poquito pero entonces la mente humana decide que este árbol crezca recto. Para ello le ata a una estaca para que coja la forma que él quiere. El árbol deja de ser libre de crecer como sea. No sabemos si sufre o no, pero así será más bello o más eficaz para el hombre.

Los seres humanos también nacemos y también necesitamos tres elementos para sobrevivir que son los nutrientes del planeta, los nutrientes del cielo y los nutrientes del amor. La combinación de estos tres elementos nos hace crecer de una manera u otra. Pero de repente la mente humana entra y quiere que tengamos una forma concreta (la mente de los demás y la nuestra propia) para que seamos más eficaces o más bellos según la moda del momento.

Así que desde muy pequeños, empezamos a ser atados a rígidas estacas para llegar a ser  como deberiamos ser y entonces empezamos a sufrir porque el crecimiento natural se ve forzado a límites de locura para encajar en esa idea.

Ah! Pero la mirada secreta en su extrañísima revolución no se conforma y ahí donde no ve verdad, se pone a investigar y me dice:

¿Qué pasaria si tu te vivieras tal cual eres, entendiendo que tal cual eres es como la vida ha querido que seas – con sus estacas también- y dejases de querer ser de otra manera por mucho que digan que no puedes ser así o por muchas criticas que recibas o por mucha burla que se te haga? Y si te vivieras, no para cambiar, sino para ser lo que ya eres en plenitud, sin miedo, ¿qué pasaría? ¿habría entonces algún esfuerzo? Porque para ser en plenitud no podrías estar esforzándote en ser alguien, ya que ese esfuerzo no te dejaría vivirte en plenitud lo que ya eres. Solo tendrías que abrirte y vivirte tal cual, sin pensarte, como hacen todos los seres de la tierra a excepción de los humanos.

-¡Oh mirada! Si pudiera dejar de pensarme, de enjuiciarme, de esforzarme, sería feliz.

-Si. Serías feliz. Y además, al dejarte en paz, dejarías que los demás también fueran lo que son. Así que tu paz sería fuente de paz para los demás.

¿Cómo puede ser tan fácil cuando hay tanto sufrimiento psicológico? La mente -me dice la mirada secreta- crea el sufrimiento psicológico y lo complica todo. No es la mente la que ha de Ser, ¡eres tu!

La caida de los pensamientos autoreferenciados es la liberación que permite la expansión del Ser que soy, la expansión del Ser que eres.

Así que deja de pensarte. Solo se.

¡Feliz Ahora!

 

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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

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En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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EL PUNTO DE REFERENCIA

“Los necios niegan lo que ven, no lo que piensan; los sabios niegan lo que piensan, no lo que ven”

Huang-Po (s. IX)

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Desde el rincón más minúsculo del planeta, veo, siento, pienso, percibo, recuerdo, deseo, temo… Como todos… ¡ay no sé! ¡ya no puedo ver como veía!

-Bueno. Bueno.- consuela dulcemente la mirada secreta. -Mientras el “yo soñado” sigue viviendo su sueño, tu y yo sigamos investigando…

-Mira lo que ha pasado. Al perderse el “yo” soñado, nada es como parecía. Se ha perdido el punto de referencia, ¿lo ves?…- y así me sigue hablando la mirada secreta:

¿Qué pasaría si no hubiera ningún punto de referencia? Mejor dicho, ¿qué pasaría si no inventaras un punto de referencia?

Si no inventaras un punto de referencia no podria existir el tiempo. El tiempo existe con respecto a un punto de referencia temporal. Son las 13:11 con respecto a las 13:10 y a las 13:12. Es hoy con respecto a ayer y a mañana. Soy adulto con respecto a la juventud y a la vejez. ¿Podrían ser las 13:11 si no existiera ninguna hora más? ¿Podría ser hoy si no existieran el pasado y el futuro? ¿Podría ser adulto si no existieran otras edades?. Hoy soy un adulto a las 13:11. Todo referenciado a un punto, un punto en el tiempo que se puede colocar a lo largo del continuum temporal. Así que si sigo escribiendo mañana, mañana diría hoy y hoy sería ayer..

Si no fijo un punto de referencia, ¿que queda del tiempo? Ahora eterno

Si no inventaras un punto de referencia no podrían existir las distancias ni los volúmenes. Las cosas están lejos o cerca respecto a un punto. Son estrechas o anchas, altas o bajas, con respecto a un punto. Son planas, bidimensionales, tridimensionales, con respecto a un punto. Si no hay un punto de referencia, ¿qué quedaría de las dimensiones espaciales? El espacio sería una totalidad no medible, sin límites. Espacio infinito

Si no inventaras un punto de referencia no podría existir el movimiento. Cualquier aparente movimiento es un conjunto de gestos quietos en si mismos que surgen secuencialmente en un ¡tiempo! y se desplazan en un ¡espacio! Sin un punto de referencia espacio-temporal, no existiría el movimiento. Quietud

Si no inventaras un punto de referencia, no podrías clasificar ni etiquetar ni enjuiciar ni hacer comparaciones. Fíjate en esta bella mariposa volando, sostenida en el aire infinito, bailando, ajena a su fragilidad… Si la mariposa pensara en su fragilidad, no volaría. No podría ser mariposa. Pero, gracias a la Altísima Ingeniería, no piensa -¡o no piensa en ella misma como frágil, sino como mariposa!

También nos pasa a los seres humanos. Cuando nos pensamos así o asá, no podemos “ser” y tampoco podemos vivir, porque mientras pienso estoy fuera del ahora.

Vivir y pensar son incompatibles

Aquí estoy, atestiguando lo que la mirada secreta va dilucidando… Y entonces me susurra traviesa (le encanta ser traviesa a esta mirada escondida): -¿en algún momento has puesto en duda la fragilidad de la mariposa?- ¡Uy! ¡Se ha colado como una verdad más!. La mirada vuelve a mostrar que sólo se es “algo” con respecto a “otro algo” (se es frágil si existe robusto; se es listo si existe tonto; se es egoísta si existe altruista…) Si desaparece cualquiera de los dos “algos”, ¡el otro desaparece también!

La mirada secreta nada sabe de conceptos físicos, ni la mente que esto escribe a su dictado, más la relatividad de lo aparentemente obvio salta a la VISTA.

Y lo relativo nunca puede ser real por sí mismo. ¡Necesita de un punto de referencia para existir! La vida conocida surge toda de un punto de referencia. El universo conocido, también.

Sin un punto de referencia no existiría la realidad tal como la conocemos

¿Y que pasa con respecto a este “yo”? Pues este “yo” ha sido inventado con respecto a la miríada de etiquetas y clasificaciones que la sociedad de hoy ofrece gratuitamente (aunque es un engaño, porque pagamos un precio muy caro: ¡dejar de ser!) Todo lo que creo que me define como un individuo, es por comparación: “yo soy así en comparación con”. Este yo inventado ha sido el punto de referencia para “su” tiempo, para “su” espacio, para todas las etiquetas, juicios, para los miedos referidos siempre a un futuro que se crea desde donde el yo esta situado temporalmente, para los deseos también construidos hacia un futuro, para las culpabilidades construidas sobre un pasado que solo existe en nuestra mente. No podría haber tristeza tampoco, porque la tristeza también proviene del pasado.¿Qué emoción quedaría si no existiera un punto de referencia? Paz

Si no hubiera un punto de referencia todo sería muy distinto. Tan distinto que no es siquiera imaginable.

Y sin embargo, la mirada secreta viene de un lugar que no tiene punto de referencia.

El punto de referencia crea las vivencias, y quizá también crea el mundo tal como lo conoce esta persona. Y también crea el “yo”.

Algunos quizá están pensando que entonces el punto de referencia quizás sea Dios, tal es la necesidad del “yo” soñado de encontrar un punto, el que sea, porque si no, ¿dónde queda “yo”?

…cuando el “yo” se diluye en los aromas de lo verdadero, no hay ningún punto de referencia…

Si yo no me comparo con nada ni con nadie, si no me vivo como punto de referencia temporal y espacial, ¿qué queda de mi?

Pues eso que queda, eso soy yo.

¡FELIZ AHORA!

 

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Somos Uno

 

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…”

Juan 1:1,14

 

SOMOS UNO, no hay nada más.

 

Hemos de descubrir que no estamos separados de nada ni de nadie.

Urge que lo descubramos.

Las fronteras entre mis pensamientos y los tuyos son sólo imaginarias lineas inventadas. A veces parecen brotar de una mente, a veces de otra mente. Eso es todo. Son los pensamientos del ser humano. Con todos sus colores.

Las emociones son las del ser humano. Tu tristeza y mi tristeza es la misma tristeza. Tu alegría y mi alegría son la misma alegría. A veces sentida por un corazón, a veces por otro. Y el corazón siente igual, no importa si creo que es el mío…

Los límites mentales que separan este cuerpo de otro. Pero el rasguño que rompe la piel, hace herida. La misma herida para todos. Porque sólo hay un cuerpo. Y sólo un rasguño. Y sólo una herida…

Por eso, cuando conozco a fondo el ser humano que habito, cuando conozco su cuerpo y cómo se relaciona consigo mismo y con su entorno, cuando conozco cómo se forman los pensamientos, y las emociones,

cuando realmente me conozco, conozco al ser humano.

Y es entonces cuando me doy plena cuenta de que no hay nadie separado de mi. De que yo soy la humanidad entera. Y es entonces cuando realmente puedo aprender a amar…

Y si sigo investigando, porque la mirada secreta así lo quiere, veré que yo soy el ser humano no por mi mismo, sino en relación a otras especies y objetos de la vida. Si no hubieran más especies que la humana, ¿sería acaso un ser humano? quizás seria “el ser vivo” que vive en la vida…

Y si retiro los otros objetos: montañas, cielos y mares… entonces ¿qué sería? Quizá entonces sería “la vida”

Y ¿por qué digo “entonces sería”? ¿Acaso no lo soy ya?

La mirada secreta coge mi oreja con fuerza y me grita entre risas alborozadas:

¡TU ERES LA HUMANIDAD, TODOS LOS SERES Y LA VIDA!

Y mis ojos temblorosos (el aroma de Verdad siempre me estremece) ven con pasmosa claridad. Y surge un inmenso poder del centro de mi pecho. Y una inmensa responsabilidad. La responsabilidad inmensa que se tiene por quien más amamos y más frágil sentimos.

Y cuando me doy realmente cuenta de que yo soy todos los seres humanos, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy todos los seres, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy la vida, brota el amor…

Hemos de descubrir la Verdad. Urge descubrirla.

la sonrisa, quien sonríe y el que recibe la sonrisa, …todo uno en el acto de sonreir

el trino del pájaro, el pájaro que canta y quien lo escucha, … todo uno en el cantar

el beso, quien besa y quien es besado, … todo uno en el besar

el amor, quien ama y quien es amado…. todo uno en el amar

la vida, quien la vive y lo que es vivido… todo uno en el vivir

Yo soy el besar

Soy el amar

Soy el vivir…

¿Comprendes ahora?

 

FELIÇ ARA!!

 

 

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Ser o tener, esa es la cuestión

La Verdad es indivisible

La Mirada Secreta

 

 

 

 

El otro día la glicina (ese hermosísimo arbusto que veis en la foto) floreció. El aroma de sus bellísimas flores inundó la entrada de casa y mi alma de nueva vida.

Me quedé contemplándola. Es un arbusto que pronto hará los 100 años. Su tronco es robusto y su savia vigorosa.

Y este año, por primera vez, recogí su semilla y la hice germinar. Y ahora tengo una nueva planta, igual a mi arbusto centenario. Tan igual que es el mismo arbusto, inmenso en el porche de casa a la vez que pequeñito en la maceta de la cocina. La semilla contiene el arbusto entero y el arbusto a su vez, contiene la semilla. Son inseparables. Son uno.

En la semilla se halla escondido el arbusto, su savia, su tronco, sus ramas, sus hojas, sus flores. En la semilla no se pueden separar ninguno de sus elementos de los demás. No se pueden separar las flores de la savia, ni las ramas de las hojas… En la semilla están todas las cualidades del arbusto. Y el arbusto pare la semilla…

¿Puede desear la glicina algo más de lo que ya es? El hermoso arbusto ya es, completo. La semilla es, completa. Con todas sus cualidades, inseparables de ella….

como el fuego, que es combustión, luz y calor. Y nada puede ser separado de sí mismo. Con todas sus cualidades, inseparables de él…

…¿cómo el ser humano? ¿cuales son sus cualidades, inseparables de él? Quizá todo aquello que anhelamos profundamente: el amor, la paz, la libertad, la belleza, la sabiduría…

Todos los seres humanos en el fondo anhelamos lo mismo. La mirada secreta me dice que es así porque en el fondo somos eso que anhelamos.

Pero

como no nos reconocemos en quienes somos, como no lo sabemos, lo andamos buscando fuera de nuestra verdadera esencia.

Lo queremos tener. Tener amor, tener paz, tener libertad, tener belleza, tener sabiduría. Y todo lo que se quiere tener se ha de conseguir. Por lo tanto nos ponemos a buscar, a pedir, a exigir. Y con suerte -o con desgracia, nunca se sabe-, parece que lo conseguimos, lo encontramos, ya es nuestro. Pero todo aquello que tenemos, se nos puede quitar, podemos dejar de tenerlo. Todo aquello que tenemos nos separa más aún -yo lo tengo y tú no… ¿me lo enseñas? ¿me lo das? ¿te lo robo? ¿me lo prestas?-. Todo aquello que creemos tener, una vez conseguido, suele perder sus “poderes”: así el amor que tengo, en poco tiempo deja de ser amor…; la libertad que tengo (“por fin me he separado” “por fin se han independizado los hijos”…) en poco tiempo deja de ser libertad…; la belleza que tengo (“espejito, espejito mágico”), en poco tiempo deja de ser belleza…; la sabiduría que tengo (hasta que aparece alguien más sabio que yo, o pierdo la memoria…), en poco tiempo deja de ser sabiduría.

Sin embargo, hay seres humanos que no tienen el amor de nadie pero sienten amor eterno; que viven en mitad del conflicto, pero se sienten profundamente serenos; que no tienen libertad, pero se sienten libres; que viven entre polución, suciedad y escombros, pero su mirada y su sonrisa son joyas de belleza pura; que no han estudiado nunca, pero sus breves palabras nos resuenan a verdad…

Y es así, porque ellos son quienes son, plenamente.

Ser no es lo mismo que tener. Lo que eres, no se te puede dar ni se te puede quitar. No se puede buscar, porque ya es.

Quitemos las capas que lo están escondiendo de nuestra vivencia de nosotros mismos. Desnudémonos de todo lo que queremos tener. Hagamos el camino hacia adentro,

descubrámoslo dentro en vez de buscarlo fuera

Y aquello que eres nadie te lo puede dar o quitar, el único camino es descubrirlo dentro de uno mismo. No se puede buscar porque ya es. No nos distraigamos más. Vivamos conectados profundamente al amor que anhelamos porque ya lo intuimos, desde la paz, sintiéndonos libres, con el corazón abierto a la belleza que brota de nuestra mirada y se posa en cada rincón.

Dejemos de pedir. Dejemos de buscar. Dejemos de querer tener.

Seamos plenamente aquello que anhelamos. Esa es nuestra semilla. Ese es nuestro potencial.

¡Gracias mirada secreta! ¡Qué regalo ver así!

¡FELIZ AHORA!

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¿Espejo o lámpara?

Hay dos maneras de difundir la luz. Ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja.”

Lin Yutang

escritor y filólogo chino

Entre tu y el mundo hay un espejo.

La mirada secreta sigue descubriendo las mismas leyes que se aplican a la física en lo psicológico…

Dicen los físicos: “Normalmente la reflexión y la refracción se producen de forma simultánea. Cuando incide una onda sobre la superficie de separación entre dos medios, los puntos de esa superficie actúan como focos secundarios, que transmite la vibración en todas las direcciones y forman frentes de onda reflejados y refractados. La energía y la intensidad de la onda incidente se reparte entre ambos procesos (reflexión y refracción) en una determinada proporción.”

Si reformulamos el párrafo anterior desde un punto de vista psicológico diríamos: Normalmente la reflexión de uno consigo mismo y la refracción hacia la otra persona o el mundo, se producen de forma simultánea. Cuando incide una mirada sobre la superficie de creencias que separan a uno del resto del mundo, las creencias de esa superficie actúan como focos secundarios, que transmite la vibración en todas las direcciones y forman frentes de ideas reflejados y refractados. La energía y la intensidad de la idea incidente se reparte entre ambos procesos (reflexión y refracción) en una determinada proporción.


Hasta ahora no lo habías visto.

Cuando amabas, creías que eras tú quien amaba a una persona concreta digna de tu amor.

Cuando rechazabas, creías que eras tú quien rechazaba una persona concreta digna de tu rechazo.

Cuanto querías creías que era digno de tu deseo. Cuanto despreciabas, creías que era digno de tu desprecio.

No sabías que entre tu y el mundo hay un espejo. Y que dicho espejo forma imágenes reflejadas y refractadas tanto de tí como del mundo.

La relación que tienes contigo y con el mundo depende directamente de este espejo de creencias.

Un muro de creencias, de ideas que desvía la realidad y la transforma en una imagen más o menos distorsionada. Una superficie de separación hecha de ideas condicionadas sobre quien eres tu y quien es el otro.

Por eso, cuando amas o cuando rechazas a alguien, no eres tu quien ama ni quien rechaza. Es la idea que tienes de ti, construida por comportamientos condicionados, que ama o rechaza según los mismos parámetros que utilizas para enjuiciarte a ti mismo. Y quien es depositario de este “amor” o “rechazo” también es una idea que tienes de esa persona, y no la persona en sí.

Uff! La mirada secreta de nuevo me hace ver que:

Si fuéramos lo que somos, libres de ideas, nada habría fuera del amor y nada sería rechazable.

Entre tu y el mundo hay un espejo.

El mundo no está frente a tí. Está detrás tuyo. Es el espejo lo que está frente a tí y es el espejo el que te separa de la realidad del mundo. Un espejo que te separa de la realidad de ti mismo.

¿Quién no ha experimentado el profundo gozo de relacionarse con alguien que aún no se ha creado una idea fija de él? ¿Quien no ha sentido la pura libertad de crearse de nuevo en un instante?

Soltemos el espejo. Démonos cuenta de que lo que nos muestra está distorsionado. Mirémonos directamente, sin creencias, con la mirada nueva, la mirada secreta que todo lo ve por vez primera. Aprendamos a relacionarnos con nosotros mismos sin encasillarnos en forma alguna. Y atravesemos quienes creemos ser, liberando a los demás ¡simultáneamente!

¡Feliz Ahora!

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Castillos en el aire

Había una vez un bello castillo, de recias murallas y altos torreones, que se alzaba orgulloso entre tantos otros.
Los aldeanos que vivían dentro del castillo, asi como los vecinos de otras fortificaciones, consideraban éste como el mejor castillo de todos, el más bello y el más fuerte.
Era un castillo inexpugnable. Todos los aldeanos se sentían seguros dentro de sus murallas. Su robustez protegía al pueblo de los posibles ataques externos. Dentro vivían felices, creyéndose invulnerables.
Todos creían que si se mantenían unidos y tenían la aldea como su más alto bien y la cuidaban por encima de todo, nunca les pasaría nada. Estarían a salvo de cualquier inclemencia y contratiempo. Se habían creído aquello que tantos creen sin revisarlo nunca (como solemos hacer con todas las creencias), que es que la unión hace la fuerza…
Pero un día estalló una bomba. La bomba no impactó desde el exterior contra los grandes muros, sino que estalló dentro del recinto del castillo. Y precisamente, por lo duras que eran sus paredes y muros, por lo inexpugnables que eran, la bomba produjo muchísimos destrozos, convirtiendo cada una de las piedras que habían sido parte de la maravillosa fortificación en nuevas municiones que iban impactando en las construcciones adyacentes. La devastación fue tremenda. Todo quedó destruido. Y todo eso ocurrió porque la bomba cayó dentro, impactando en la base de uno de los pilares del castillo.
Al derrumbarse los pilares, al verlos absolutamente rotos, los aldeanos empezaron a creer que los pilares siempre habían sido débiles, que su fortaleza era solo aparente, que nunca habían sostenido ningún castillo. Así que no solo vivieron el derrumbamiento de todo su maravilloso castillo sino que también estaban viviendo el castillo que antes había sido, como algo falso -porque si hubiera sido de verdad tan bonito, tan fuerte, tan invulnerable, no hubiera podido ser destruido-.
Cuando el castillo se destruyó y sólo quedaban ruinas por todas partes, frente a la mirada atónita de los vecinos que siempre los habían tenido como ejemplo de amor y concordia, andaban los aldeanos de la que había sido una de las más bellas fortificaciones de aquellos parajes, echándose las culpas mutuamente, acusándose y odiándose entre ellos, porque todos creían que les habían engañado, que el castillo nunca había sido hermoso, bello, fuerte, inexpugnable, …
Y así seguirían, con recriminaciones y rencores, para siempre.”

 

¡Cuántas veces nos ocurre en la vida como a estos aldeanos con su castillo! Empezamos una relación con un nuevo amigo, un nuevo trabajo, una familia, una pareja y hacemos exactamente lo que hicieron estos pobres aldeanos, creer que nuestro castillo es el mejor de todos, el más bello y más fuerte; creer que nuestro castillo es inexpugnable y que nosotros somos invulnerables; creer que si nos mantenemos unidos y cuidamos nuestro castillo por encima de todo, nunca nos pasará nada.

Y entonces pasa algo, “estalla una bomba”, que rompe esa relación y a partir de ese momento, cambiamos radicalmente nuestras creencias:

  • Nuestro castillo nunca había sido bonito. De creer que era el más bello, pasamos a creer que nunca lo fué, que era mentira. Porque

la caída de la creencia es proporcional a la intensidad con que la creíamos

La fortaleza del castillo (de la relación) nunca fué real, porque sino no hubiera estallado en millones de pedazos.

contra más rígida la creencia, más destrozos crea cuando cae

El castillo a prueba de balas, no sirvió para protegernos. Contra más invulnerables nos ha hecho creer que somos unas murallas externas, más inseguros nos volvemos cuando las murallas caen porque

cuantas más defensas te pones, más vulnerable te vuelves

Pasamos de creernos unidos a echarnos la culpa mutuamente, porque

la cantidad de de esfuerzo en mantener una creencia es proporcional a la acusación que generará cuando caiga

Vivimos desde nuestras creencias. Nuestras creencias son los pilares que sustentan nuestros respectivos castillos. Y no nos damos cuenta de que, en cualquier momento, la vida puede hacer saltar por los aires cualquiera de nuestras creencias. La consecuencia es que crearemos nuevas creencias, la mayoría de veces lo contrario de lo que habíamos dado por cierto hasta ahora, sobre las que fortificar de nuevo nuestra vida. Y no hay ninguna creencia, ninguna, que sea verdadera. O sino, ¿como podríamos cambiar de creencia como se cambia de abrigo?

Pero no nos paramos a ver cuánto de verdad, de verdad hay en ellas. Construimos un castillo de papel sobre unos pilares falsos. Y ahí dentro nos sentimos seguros y llenos de razones, los mejores.

Castillos en el aire…

Pero fíjate bien,

ninguna creencia es real

Y si “crees” lo contrario, observa si habría alguna circunstancia que te podría hacer cambiar tu creencia. Porque si la respuesta es “sí”, ya sabes que tu creencia no es cierta, no merece ser pilar de tu vida, ¿verdad?

Vivimos montando castillos porque no nos hemos dado cuenta de que no los necesitamos.

Y, la Mirada susurra a mi oído estremeciéndome de nuevo, el por qué:

No necesitamos nada que sea lo más bello que lo que ya somos, -aunque no lo sabemos-.

No necesitamos ser fuertes ni defendernos porque somos invulnerables -aunque no lo sabemos-.

No necesitamos unirnos a nada ni a nadie porque no hay nada fuera de la Unidad, -aunque no lo sabemos-.

Por eso, cualquier castillo de creencias en el que vivamos, tanto si cae en el futuro o no cae nunca, no es un castillo. No es necesario. No es real.

Desnúdate de todas las creencias y observa aquello que queda.

De allí surge la Mirada Secreta.

Allí está tu verdadera morada.

¡Feliz Ahora!

 

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Esto no es lo que yo quiero

20121202-213152.jpg ¿Se te ha ocurrido alguna vez que lo que tu llamas tu felicidad es en realidad tu prisión?

Anthony de Mello

Anda la Mirada estos días revolucionando huracanadamente. Entra por los ojos un viento frío, limpio, que deja temblando el cuerpo y henchidos los pulmones. Poco quiere la Mirada que flote en la dulzura de los altos abismos que tanto saborea mi alma. Hoy no. Hoy quiere que mire hacia abajo, hacia la tierra, hacia el barro. Porque

incluso en el interior de lo más feo, se halla escondida la Verdad, la Belleza, el Amor

Vuelve a aparecer ante estos ojos la Felicidad, como el invitado más deseado y más caro de ver en nuestra casa, en nuestro corazón.

¡Hay tanto que ver! La Mirada no quiere que me distraiga. Empecinada, me urge a seguir investigando. Y en su apremio, descubro que lo que intuyo que es la Felicidad es otro nombre a lo que intuyo que es Vivir en plenitud, Ser plenamente, la Verdad, la Belleza, la Paz, la Libertad, la Justicia, el Amor, la Compasión, la Comprensión, y todos los anhelos que el ser humano haya podido sentir en el puro centro de su ser.

La Mirada Secreta quiere que siga mirando y lo hago -hace ya tiempo que me di cuenta de que la Mirada manda en mi y que yo no puedo hacer otra cosa-…

Vale… creemos que la felicidad es algo que tenemos que conseguir. Por lo tanto, la felicidad está en el futuro -o por lo menos, aunque seamos felices hoy, hemos de garantizar también la felicidad futura, ¿verdad?-

Al creer que la felicidad está en el futuro y va a ser el resultado de “algo” -algo que yo tengo que conseguir o que la vida me tiene que dar- no me queda más remedio que “vivir y hacer para conseguir”. Y mientras vivo y hago para conseguir ser feliz, se escurre la vida por entre mis dedos como si de agua se tratara. Porque si vivo y hago para ser feliz mañana, y lo que hago no me hace feliz, ¿dónde queda la felicidad de mi vida, mi vida que es sólo hoy?

No nos damos cuenta que estamos vendiendo nuestra vida a cambio de algo que no podemos conseguir. Porque

la felicidad no se puede conseguir

No es una cosa que se pueda adquirir, a base de esfuerzos, pactos, intercambios… O imponiéndose, exigiendo o mendigando.

Si paramos un momento y observamos en nosotros mismos o a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que no sabemos de nadie que haya conseguido la felicidad “con el sudor de su frente”. Soy consciente que esto que brota de la Mirada es algo que puede remover a algunas mentes. Si es así, me lleno de alegría, porque eso quiere decir que las viejas y enquistadas creencias están empezando a chirriar. Eso es muy bueno porque ¡son precisamente esas creencias las que nos impiden ser felices!

Creer que soy yo quien, con mi buen hacer, voy a conseguir ser feliz es como creer que veo gracias a mi buen hacer, o que oigo gracias a mi buen hacer. Sin embargo, la verdad está muy lejos de esto. ¿Acaso no son muchas las personas que hacen todo lo que toca hacer y no son felices? De hecho, ¿conoces muchas personas que se esfuercen y trabajen duramente para ser felices y lo acaben siendo? Aún mejor ¿conoces muchas personas felices?

La verdad es que, como dice un proverbio chino, cuando nada obstruye el ojo entonces hay visión. Mi ojo no ve gracias a mi buen hacer, sino porque no pongo nada frente a el.

Ser felices es nuestra condición natural. Y ¿cómo lo sé? Pues porque ¡es lo que queda cuando dejamos de hacer algo para serlo!

Para sentir, saborear, vivir la felicidad, lo único que podemos hacer es abrirnos a ella. Abrirnos. Siempre esta aquí. Es aquí y ahora.

No se trata de plantearnos como conseguirla sino de descubrir como abrirnos a ella.

Y para abrirnos, ¿cómo lo hacemos?

Pues vamos a investigar que es lo que nos aleja de la felicidad y quizá así descubramos como abrirnos…

Cuando no soy feliz con lo que estoy haciendo, ¿por qué me pasa esto? Observo mi persona y veo que a veces no soy feliz porque la situación no está yendo como yo quiero. -las cosas van demasiado lento o demasiado rápido; la gente no esta teniendo la actitud adecuada; no tengo suficiente tiempo o espacio o dinero o… –

Otras veces la situación no me está dando los resultados que buscaba -tanto esfuerzo para conseguir tan poco: la injusticia está servida; me he vuelto a equivocar o no valgo para nada o los demás no me valoran o…-

Otras, no me dejan -¿quien? Quien va a ser! ¡los demás!- hacer lo que yo quiero. Por culpa de fulano no soy feliz. Si me dejaran hacer lo que quiero seguro que entonces si que sería feliz!

Otras son los demás los que no están haciendo lo que quiero. Están portándose mal, son incompetentes, maleducados, ignorantes, egoístas, … Son la causa de mi infelicidad.

Y otras veces, la causa de mi infelicidad soy yo. Porque yo tendría que ser capaz de, tendría que saber que, tendría que poder,… Tendría que ser…

Pero lo que más me sorprende es que cuando las cosas son como yo quiero, enseguida quiero otra cosa que todavía no tengo…. Y vuelvo a ser infeliz.

Así que si no soy feliz es porque sea lo que sea no es como yo quiero. Podríamos resumir todas las posibles causas de mi infelicidad en una sola frase: ¡esto no es lo que yo quiero!

Y como no quiero esto sino que quiero otra cosa que no tengo, soy infeliz.

Es igual si tengo mucho. Porque, de entre todo lo que tengo y quiero, siempre hay algo que no lo quiero como está siendo. Por lo tanto, ya tengo garantizada mi infelicidad.

¡Y todavía me creo que la causa de mi infelicidad es lo que no tengo como yo quiero!

Cuando la causa de mi infelicidad es estar deseando otra cosa que LA QUE HAY. Es estar rechazando lo que YA ES.

Así qué me doy cuenta de que lo que me separa de la felicidad es estar rechazando el ahora, estar deseando algo que yo creo que si no tengo, me impedirá ser feliz.

La Mirada Secreta me zarandea y me pone delante, sin sutilezas esta vez, huracanadamente, que desear algo pensando que eso es fundamental para que yo pueda ser feliz, es el obstáculo que me impide ser feliz. Que

el ser humano, cuando no vive nada como un obstáculo a su felicidad, es feliz.

Si dejo de crearme y creerme obstáculos, quizá encuentre la paz. Y a saber qué frutos brotan de ella.

¡FELIZ AHORA!

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