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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

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¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

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Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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II. Del deseo de iluminación. La llama

corazon piedra redondo

Vivir desde la Verdad no requiere una gran seguridad, sino una gran determinación.

La mirada secreta

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Sigue la mirada secreta sin soltar la vela y la llama. ¿Os acordáis de la entrada “I. De la Separación del yo. La vela” de hace unos días? Pues así, entre ayer y hoy, irrumpiendo de nuevo inesperadamente, me empieza a enseñar nuevos aspectos usando la misma metáfora (menos mal que me enseña con metáforas, uff).

Todo empezó con la visita de una bellísima vela que andaba alicaída de tanto que había intentado prender su mecha. Años de sufrimiento, de incomprensión, de esfuerzo… para nada. Explicaba que al principio, la esperanza de que un día se encendería, le mantenía en momentos de alegría, de arrebato, de dulzura. Pero sólo eran momentos. Después de tanto sufrir, ahora sólo se sentía seca. La mecha, seca y ella algo más tranquila por pura resignación.

La mirada secreta le escuchaba desde ese silencio de pensamientos que permite ver y sentía ese amor que es pura comunión. Después la vela-que-se-creía-seca-y-apagada se retiró. Y la vela que esto teclea, se fue con su mirada secreta a los dominios de la Dulce Nada. A la vuelta, ya con los ojos pegaditos de sueño y con el Ojo bien limpito de ilusiones, me suelta la mirada:

Hay velas encendidas que no saben que están encendidas.

Y eso es porque la vela no puede ver la llama que la corona. Sólo la llama se da cuenta de que anda prendida, porque ve el reflejo de su brillo en lo que le rodea y sabe que esa luz no es de la vela…. ya ves…. “por sus frutos los conoceréis”. ¡Que alegría! ¡El Ojo siempre había visto a la vela-que-se-creía-seca-y-apagada bien encendida! Vale. Ahora lo comprendía. Lo único que ocurría era que ella no lo sabía…

Pues nada. A dormir con el corazón rebosando amor por la vela-que-se-cree-seca y que deslumbra con su luz, aunque ella no se entera.

Pasó el tiempo, varias horas (o eso parece) hasta que volvimos a retirarnos la mirada secreta y la vela que esto transcribe al reino de la Dulce Nada. Y ¡zas! Esta vez la vela se quedó temblando… la mirada secreta bailando…. la llama chispeando… Me dice:

¡No hay ninguna vela que no esté encendida!

¡Dios mío! (nunca mejor dicho) ¡¡Claro!! Ninguna vela está apagada. Esa es la verdad. ¿Cómo va a haber una vela apagada? si

las velas existen para prestar servicio a la llama

El problema es que no lo saben y como no lo saben, hacen “vida de vela apagada” (una vida aparentemente oscura). No son felices ni pueden serlo…

Y sigue mi amada  mirada secreta:

Hay velas que no saben que son velas. Esas velas viven una vida de vela apagada pero no se dan cuenta. Así que su sufrimiento no es tan severo.

Pero hay otras velas que creen no estar encendidas aunque quieren estarlo. Estas velas se martirizan o hacen muchas cosas para encenderse y su sufrimiento es muy intenso. Estas velas, sigue la mirada, podrían darse cuenta de que están encendidas desde el primer instante de vida (de hecho es la llama la que da vida a la vela) simplemente siguiendo el rastro de su anhelo por encenderse.

No se puede anhelar lo que no se conoce.

Estas son velas que solo necesitan la determinación de vivirse encendidas porque ya conocen la llama (por eso la anhelan).

La vela no puede encender la llama, pero eso no importa. Porque

la llama es quien encendió la vela, dándole a luz.

La mirada secreta, en su infinita generosidad, me susurra por donde ir a la Luz de la llama que anda prendida desde tiempos inmemoriales…

La vela solo puede ver velas. La llama sólo ve llamas. La Luz solo ve Luz. Así que, vela-que-te-crees-seca, si alguna vez ves la llama en otra vela, es tu llama la que está viendo. Y si alguna vez ves Luz en otra llama, es tu Luz la que está viendo. La mirada sonríe y dice: ¿Todavía tienes dudas de la Luz que desprendes?

Decide ahora.

Decide desde donde quieres vivir

si desde la vela, desde la llama o desde la Luz que eres. Y

SÉLO plenamente

soltando lo demás completamente, por no ser verdad. Retirando la Luz de lo ilusorio (que es lo mismo que decir: dejando de prestarle atención). Para esto fuiste creada y Aquí eres Felicidad.

La mirada secreta te da las gracias.

aaaLa llama se vive en gracia.

aaaaaaLa vela resta en silencio.

¡Feliz Ahora!

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EL FACTOR CLAVE

“El secreto está en la mirada”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

 

Esta noche, mientras dormía, la Mirada Secreta iba haciendo de las suyas –la Mirada Secreta es tan gran compañera que incluso durmiendo está enseñándome…– Me mostró la cara de soberbia y enfado de un personaje público al lado de la cara beatífica, serena e inocente de otro personaje público.

Cuando he despertado esta mañana, el recuerdo me ha hecho sonreír. Y he empezado a investigar…

Alguien dijo una vez que el ser humano es él y sus circunstancias. Pero no es así como se ve cuando se abren los ojos. Las circunstancias no hacen al ser humano, por lo menos no al 100%. A estas alturas del progresivo acercamiento del hombre hacia la Verdad, ya muchos nos hemos dado cuenta de que lo que puede influir en nosotros no son tanto las circunstancias sino como nosotros las vivimos, como las procesamos.

Cada niño nace en una época y en una familia; con unas condiciones físicas, emocionales y mentales concretas; y con unas vivencias en la infancia temprana personales. Pero ninguna de estas condiciones es suficiente para predecir qué tipo de persona será.

Hitler y Gandhi. Dos seres humanos. Dos cuerpos prácticamente idénticos, con un hígado, dos ojos, un cerebro. Probablemente con dos historias personales muy diferentes. Ambos tuvieron hermanos que vivieron en condiciones muy similares (igual que nuestros hermanos) y sin embargo los hermanos no se comportaron igual que ellos… Dos seres humanos, con el mismo potencial en el momento de nacer…

Tiene que haber un factor que tenga un peso real en el desarrollo y expresión de cada ser humano. Un factor clave. Un factor más allá de todas las circunstancias y condiciones tan archiconocidas y estudiadas por los académicos y científicos. Un factor que posea las características necesarias para permitir que se cumplan las leyes básicas y universales de la naturaleza, leyes como las del equilibrio -que asegura la Unicidad a través de la armonía de todas las manifestaciones-, o la de la evolución -que permite a través de la transformación continuada el viaje que nos aproxima a la perfección- . Un factor que esté al abasto de todos los seres humanos -cumpliendo la ley del amor que asegura que todo lo creado cuente con las máximos potenciales para su completo desarrollo-. Un factor tan fundamental que pueda revertir cualquier condición y circunstancia para que el hombre pueda realizarse como tal.

Esta noche la Mirada Secreta me ha susurrado al oído lo que tantas veces me ha enseñado y que esta vez quiere ver escrito en el blog:

la persona es el resultado de su comprensión

Somos lo que comprendemos.

Nuestros sentimientos son consecuencia de cómo comprendemos,
nuestros pensamientos surgen coherentemente a cómo comprendemos,
nuestras acciones responden a nuestra comprensión…

Y la comprensión no tiene nada que ver con explicaciones teóricas, análisis ingeniosos, interpretaciones intelectuales. La comprensión no tiene nada que ver con los conocimientos adquiridos, ni con la cultura ni siquiera con el coeficiente de inteligencia.

La comprensión es la visión directa y profunda, la visión amplia y no parcial, la visión fresca, contundente, que evidencia aquello que siempre estuvo frente a nosotros pero nunca vimos por andar tan ocupados con nuestras teorías.

La comprensión es liberación, ligereza, sonrisa, calidez, confianza, paz.

Abandona todos tus esfuerzos y despierta. Abre los ojos y mira. Conviértete en un investigador de campo. Observa con plena atención, con la mente silenciosa. Observa y descubre.

Cada descubrimiento es una nueva comprensión.

Haz de la comprensión tu único objetivo.

Date cuenta. Date cuenta.

Y ¡sé feliz, ahora!

 

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Ser o tener, esa es la cuestión

La Verdad es indivisible

La Mirada Secreta

 

 

 

 

El otro día la glicina (ese hermosísimo arbusto que veis en la foto) floreció. El aroma de sus bellísimas flores inundó la entrada de casa y mi alma de nueva vida.

Me quedé contemplándola. Es un arbusto que pronto hará los 100 años. Su tronco es robusto y su savia vigorosa.

Y este año, por primera vez, recogí su semilla y la hice germinar. Y ahora tengo una nueva planta, igual a mi arbusto centenario. Tan igual que es el mismo arbusto, inmenso en el porche de casa a la vez que pequeñito en la maceta de la cocina. La semilla contiene el arbusto entero y el arbusto a su vez, contiene la semilla. Son inseparables. Son uno.

En la semilla se halla escondido el arbusto, su savia, su tronco, sus ramas, sus hojas, sus flores. En la semilla no se pueden separar ninguno de sus elementos de los demás. No se pueden separar las flores de la savia, ni las ramas de las hojas… En la semilla están todas las cualidades del arbusto. Y el arbusto pare la semilla…

¿Puede desear la glicina algo más de lo que ya es? El hermoso arbusto ya es, completo. La semilla es, completa. Con todas sus cualidades, inseparables de ella….

como el fuego, que es combustión, luz y calor. Y nada puede ser separado de sí mismo. Con todas sus cualidades, inseparables de él…

…¿cómo el ser humano? ¿cuales son sus cualidades, inseparables de él? Quizá todo aquello que anhelamos profundamente: el amor, la paz, la libertad, la belleza, la sabiduría…

Todos los seres humanos en el fondo anhelamos lo mismo. La mirada secreta me dice que es así porque en el fondo somos eso que anhelamos.

Pero

como no nos reconocemos en quienes somos, como no lo sabemos, lo andamos buscando fuera de nuestra verdadera esencia.

Lo queremos tener. Tener amor, tener paz, tener libertad, tener belleza, tener sabiduría. Y todo lo que se quiere tener se ha de conseguir. Por lo tanto nos ponemos a buscar, a pedir, a exigir. Y con suerte -o con desgracia, nunca se sabe-, parece que lo conseguimos, lo encontramos, ya es nuestro. Pero todo aquello que tenemos, se nos puede quitar, podemos dejar de tenerlo. Todo aquello que tenemos nos separa más aún -yo lo tengo y tú no… ¿me lo enseñas? ¿me lo das? ¿te lo robo? ¿me lo prestas?-. Todo aquello que creemos tener, una vez conseguido, suele perder sus “poderes”: así el amor que tengo, en poco tiempo deja de ser amor…; la libertad que tengo (“por fin me he separado” “por fin se han independizado los hijos”…) en poco tiempo deja de ser libertad…; la belleza que tengo (“espejito, espejito mágico”), en poco tiempo deja de ser belleza…; la sabiduría que tengo (hasta que aparece alguien más sabio que yo, o pierdo la memoria…), en poco tiempo deja de ser sabiduría.

Sin embargo, hay seres humanos que no tienen el amor de nadie pero sienten amor eterno; que viven en mitad del conflicto, pero se sienten profundamente serenos; que no tienen libertad, pero se sienten libres; que viven entre polución, suciedad y escombros, pero su mirada y su sonrisa son joyas de belleza pura; que no han estudiado nunca, pero sus breves palabras nos resuenan a verdad…

Y es así, porque ellos son quienes son, plenamente.

Ser no es lo mismo que tener. Lo que eres, no se te puede dar ni se te puede quitar. No se puede buscar, porque ya es.

Quitemos las capas que lo están escondiendo de nuestra vivencia de nosotros mismos. Desnudémonos de todo lo que queremos tener. Hagamos el camino hacia adentro,

descubrámoslo dentro en vez de buscarlo fuera

Y aquello que eres nadie te lo puede dar o quitar, el único camino es descubrirlo dentro de uno mismo. No se puede buscar porque ya es. No nos distraigamos más. Vivamos conectados profundamente al amor que anhelamos porque ya lo intuimos, desde la paz, sintiéndonos libres, con el corazón abierto a la belleza que brota de nuestra mirada y se posa en cada rincón.

Dejemos de pedir. Dejemos de buscar. Dejemos de querer tener.

Seamos plenamente aquello que anhelamos. Esa es nuestra semilla. Ese es nuestro potencial.

¡Gracias mirada secreta! ¡Qué regalo ver así!

¡FELIZ AHORA!

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LA FUENTE DE LA FELICIDAD II

“Buscar la felicidad no es vivir felizmente”

Thomas Merton

“Escritos Esenciales.”

Pregunta a tu pareja o a tus amigos qué es lo que más desean en la vida. Algunos te contestarán: “ser feliz”. Otros contestaran que quieren poder. Otros, dinero. Otros, muchos, amor. Otros, menos, comprender el sentido de la vida.

Si te contestan cualquier cosa que no sea ser feliz, pregúntales por qué desean lo que han contestado y verás que acabaran diciendo que lo desean porque creen que eso les hará felices.

No importa lo que busquemos, porque bajo el aparente deseo, está el anhelo de felicidad, de plenitud. Creemos que consiguiendo poder, seremos felices. O dinero. O amor. O alguna nueva creencia que por un tiempo calme el clamoroso grito de vacío que resuena en el centro de nuestro pecho. Es igual, porque en la historia de la humanidad,

Lo que todos y cada uno de los seres de esta tierra deseamos es ser felices

Es nuestro deseo universal, compartido por todos. Quizás es lo que más nos une e iguala. Quizás es la característica más humana de todas. Hasta podríamos decir que

El anhelo de felicidad, es el principal motor de nuestras vidas

Se nos educa e incluso se nos presiona para que sepamos qué es lo que queremos: hemos de tener un objetivo en la vida que nos conduzca a esa felicidad que está esperándonos en el futuro. Y si somos de esos seres humanos que no saben bien bien lo que quieren, vamos a empezar a ansiarnos (como dice una hermosísima alma en la consulta), porque creemos que tenemos que tener clara nuestra meta y después, conseguirla. Nos dicen que éste es el camino hacia la felicidad. Y nosotros nos lo creemos, sin investigarlo. Y entregamos nuestra vida a esa creencia.

Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Es cierto que tenemos que saber cómo conseguir nuestra felicidad? ¿Es cierto que si conseguimos lo que nos propusimos, entonces seremos felices?

Me paro un momento y miro. Miro con la mirada nueva, una mirada limpia de cualquier creencia que me permita atisbar algo de verdad.

Y veo que, sin saber cómo conseguir la felicidad, algunos seres humanos han vivido en ella, como si de una gracia se tratase.

También veo que otros muchos -la mayoría- han luchado toda la vida para conseguirla y nunca la han vivido.

Puedo ver que cuando conseguimos algo de lo que deseábamos, temporalmente parece que somos felices.

Y ahora, ahora que la mirada secreta está susurrándome al oído, veo por primera vez que quizá la fugaz felicidad que sentimos cuando se cumple nuestro deseo, no es por tener el objeto de nuestro deseo, sino porque durante un ratito de vida ¡no deseamos nada más!

Rememoremos juntos, en este momento, cuándo nos sentimos felices. Vamos a investigar juntos y a ver si hay alguna característica que nos dé pistas nuevas…

A ver….

Veo, por ejemplo, que la felicidad es una ¨sensación¨, está en el reino de lo experiencial, de lo vivencial. No pertenece al mar mental. Quizá alguien puede decir que cuando piensa en tal o cual cosa, se siente feliz. Aún y así, la felicidad que parece venir de esos pensamientos es también vivencial. Siempre es vivencial ¿Lo ves tu también?

Y como es vivencial, solo se puede vivir en el ahora. No podemos vivir ni en el pasado ni en el futuro. Por lo tanto, solo podemos ser felices ahora  ¿si?

Y cuando estoy plenamente en el ahora, plenamente, no pienso (el pensamiento siempre está en el pasado y en el futuro, obsérvalo y lo verás) Así que en el estado de felicidad no hay pensamiento

Y cuando no hay pensamiento, no hay referencias a este “yo” que creo ser. Porque este “yo” es un “yo” pensado. Por lo tanto, en estado de felicidad no hay “yo”.

También veo que a veces he querido repetir algo que he hecho y que en su momento me aportó felicidad, y sin embargo, cuando lo repito, ya no siento lo mismo. Por eso puedo decir que:

La felicidad no depende de lo que nosotros hacemos

Si estas feliz, la felicidad se convierte en una cosa que hay que conseguir y que se puede perder; ahora lo estarás y después, no. Si fuera una cosa que hemos de conseguir, entonces seria correcto buscarla.

Pero ya hemos visto que la felicidad no es una cosa, por lo tanto no se puede buscar.

Observa lo descubierto hasta ahora:

Tú eres felicidad. De hecho, no puedes ser de otra manera. Porque la felicidad es el aroma de la esencia de quienes realmente somos, pertenece a nuestra naturaleza.

La felicidad es nuestra naturaleza.  Y surge limpia y diáfana cuando se disuelven en la nada los diferentes velos que la cubren: los deseos, los juicios, el pasado y el futuro… Cuando no hay perturbación alguna, reina la felicidad. Siempre está aquí, por eso no la podemos buscar. Sólo la podemos encontrar.

Aquí y ahora. Sé quien en verdad eres. No necesitas nada más.

Nunca mejor dicho (quizás ahora veas la pista :)

¡Feliz Ahora!

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Ser plenamente II

Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.

Confucio, s. VI AC

Wil leyó la entrada “Ser plenamente” de la semana anterior  y se preguntaba en qué consistía eso de ser plenamente humano.

Como siempre sucede cuando la pregunta surge espontánea y auténtica, yo también entré en quietud y así sigo.

En el silencio de estos días, ha ido dilucidándose algo con respecto a la plenitud del hombre.

Contra más he querido poner palabras a lo que sé por intuición, -a lo que todo ser humano sabe intuitivamente-, más compleja se hacía una posible respuesta. Y por eso mismo, por su complejidad, sabía que estaba alejándome de lo verdadero, que siempre es sencillo y limpio como un rayo de luz en la oscuridad.

¿Qué ha empezado a hacerse claro a la mirada?

  • He visto que lo que hace al ser humano un ser pleno, ha de traspasar  inevitablemente lo que es ilusión. Y que sólo podemos ser plenamente humanos vivencialmente, en el ahora.

No podemos ser plenamente humanos en el pensamiento, sino en la vivencia, en la existencia. Por ello, la plenitud no puede ser experimentada en la mente. Y todo lo psicológico tiene su origen en los pensamientos. Por lo tanto, no es muy probable que hallemos la plenitud del ser humano en lo psicológico.

También es ilusión todo lo que ya es pasado y lo que imaginamos como futuro. Así en el tiempo fuera del Ahora, tampoco puede haber plenitud.

  • He visto que no podemos “estar” en plenitud, ni “tener” plenitud. Sólo podemos ser plenamente.

El “estar” y el “tener” se nos escapan casi antes de habernos dado cuenta de la felicidad que nos daban, porque son ligerísimos reflejos de nuestra plenitud de ser. Por ello, difícilmente hallaremos la plenitud en las situaciones externas o en las posesiones de cualquier tipo.

  • He visto que todo lo que el ser humano desea tiene su origen en el amor, la alegría, la paz, la libertad, la belleza, la comprensión…

Si ahora rememoras un momento de plenitud, verás cómo indefectiblemente está relacionado con alguno de estos grandes valores.

Quizá los buscamos en una mejor casa, o en tener más amigos, o más dinero, o un cuerpo más bonito y joven. Pero si miramos más hondo y nos preguntamos por qué queremos eso, y nos lo volvemos a preguntar, en la raíz hallaremos el anhelo por algunos de estos grandes valores.

  • Y me he dado cuenta de que el profundo y universal anhelo del ser humano por el amor, la belleza, la paz, la comprensión, la alegría… es lo que verdaderamente somos.

¡ en el anhelo más profundo de cada uno es donde se haya nuestra plenitud!

Vivamos plenamente el anhelo más intenso de nuestro corazón. Es así como seremos plenamente seres humanos.

Así es como la mirada secreta va mostrando su infinita bondad con el ser humano, mostrándole el camino, igual que haría un rayo de luz en la oscuridad. Gracias.

Y, nunca mejor dicho,

¡Feliz Ahora!

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Ser plenamente

“Entrenado o no, un perro siempre será él mismo”
                                   Carol Lea Benjamin (entrenadora de perros)
Tengo tres perros.
Un día que estaba observándoles, la mirada secreta volvió a regalar una comprensión nueva. Os lo explico.

Sam es el rey. Además de ser el mas grande de los tres, también es el mas viejo. Es bueno, sabio y paciente, siempre y cuando se respete su soberanía. Tranquilo y leal así como fiero si alguien le hace daño. Camina despacio si no es necesario correr. Reclama poco y agradece todo lo que se le da. Es especialmente cuidadoso con los niños y los cachorros.

Roxy es joven, muy rápida, desconfiada hasta que decide confiar -entonces entrega su confianza hasta el final. Es muy inteligente y empática. Sabe muy bien quien es el rey y le rinde pleitesía, mostrando un conocimiento protocolario que muchos querrían para ellos. Si la reñimos, está unos días triste, con la cola quietecita, toda ella muy sentida. Manda con pata firme y con cariño a su hermana, riñéndole si es necesario. Es una buena persona dentro de un cuerpo de perrita.

Piru es la hermana gemela de Roxy pero hace el papel de la pequeña de esta familia. Es divertida, alocada y simpática. No conoce norma alguna.No hace mucho caso ni obedece a menos que se sea muy firme con ella. Disfruta de todo, no se preocupa de nada. Esta siempre contenta y casi todo le resbala.

 Ya veis. Los tres son totalmente diferentes.

Así estaba yo aquel día, observándoles y pensando lo diferentes que eran.
Y, de repente,  me dí cuenta de que
¡a ellos no les importaba nada ni como eran ellos ni como eran los otros dos!

Ninguno de ellos se preocupa de cómo son o de cómo son los otros. Sam no trata de ser como la Piru, o Roxy como Sam, o Piru como Roxy. No hay ninguna preocupación al respecto. Ninguna.
¡No muestran ninguna necesidad o deseo de cambio!
¿Por qué? ¿Tú lo sabes?

Y después pensé en los niños pequeñitos, los que no llegan a los 4 años (por poner una edad). Ellos tampoco quieren ser diferentes de lo que son. Nunca he oído a un niño pequeño decir que quiere ser como su amiguito o que le gustaría no ser como es. No parece que les importe.
¿Por qué?

No sé si a ti te pasa, pero la mayoría de las personas que yo conozco -incluyéndome a mi mism@- tenemos como causa principal de sufrimiento cómo creemos ser, cómo creemos que nos ven los demás o bien cómo creemos que son los demás.
Y ya ves, tanto mis perritos como los niños pequeños están exentos de este macro/generalizado/ilusorio/gratuito sufrimiento.

Lo único que quieren mis perritos es ser perros, correr en libertad, ladrar y comer cuando tienen ganas.
Ser plenamente perros.
Y cuando pueden ser plenamente perros, sólo entonces tienen la posibilidad de ser felices.

Y lo único que quieren los niños pequeños es ser plenamente niños. Les es igual ser de una manera o de otra y les es igual como son los demás – si tienes un grano terrible en la punta de la nariz van a querer tocarlo, van a besarte como siempre!
Y sólo siendo plenamente niños tienen la posibilidad de ser felices.

Seamos plenamente seres humanos, sin importarnos la forma que ha adoptado cada uno de nosotros. Quizá entonces tengamos una oportunidad para sentirnos felices de verdad!

¡Feliz Ahora!
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