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¿Dónde está la realidad?

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 El científico sigue hoy las huellas que el sabio dejó ayer.

La mirada secreta

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Ayer mi hijo, que sabe que no nos enteramos de mucho de lo que pasa en el mundo, nos enseñó la foto de un vestido que ha captado la atención del mundo internauta y nos preguntó de qué color lo veíamos. Uno lo vio blanco y dorado y el otro lo vio azul y negro. Y ante la perplejidad de las mentes, la mirada secreta sonrió tan ampliamente que en su sonrisa nos atrapó a los tres.

Mi hijo nos explicó que una tercera parte del mundo lo ve de un color, y el resto lo ve del otro color. Y esto es debido a la interpretación que hace el cerebro de cada uno de nosotros, no solo con respecto al vestido en sí, sino en relación con el fondo, la luz que refleja, etc. Así que el resultado de lo que yo veo no es lo que es, sino la combinación relacional de una serie de percepciones visuales junto con los conceptos que ya tengo grabados en mi mente.

Y la mirada secreta afirma lo que siempre ha sabido:

lo que yo llamo “realidad” es una creación mental subjetiva.

En estos tiempos de materialismo acérrimo, el cetro de la verdad se ha retirado del sabio para dárselo a la ciencia, a la comprobación científica. Según los adeptos de la ciencia, nada es verdadero hasta que se ha comprobado objetivamente. Y yo, que nada quiero creer desde que la mirada secreta me lleva de la mano, y que sólo quiero vivir de lo que la mirada ve, me pregunto si existe la objetividad. Porque yo no la encuentro en ningún lugar.

Lo que los sentidos perciben está mediatizado por los instrumentos que tengo. Los instrumentos son idiosincrásicos. Aunque tu y yo hayamos decidido que esto es una mesa, yo no sé lo que tú percibes, no sé si es lo mismo que lo que yo percibo. Aunque hayamos decidido que este sonido es un do mayor, yo no sé si lo que tu oyes es lo mismo que lo que yo oigo. Y así. Además, los instrumentos en sí también están en constante cambio y si no, pregúntaselo a mis ojos que ya no ven como veían.

Por otro lado, aquello que percibo está cambiando a cada segundo. La luz, los átomos que componen lo que percibo, el movimiento en el tiempo -el envejecimiento, …- , todos los factores que componen el objeto de mi percepción, están cambiando.

Además cuando percibo un objeto, nunca lo percibo aisladamente, sino que

mi mente procesa el objeto y su contexto, inseparablemente.

Sin que yo me dé cuenta, la inteligencia de la vida hace que yo perciba siempre a nivel relacional. Y eso también influye en la percepción de este yo particular, de esta sociedad particular, etc. Esto quiere decir que yo no sería este “yo” que creo ser si me separara del contexto. Por no ser, no sería ni un ser humano. Tanto que creo ser algo separado….

La mirada me jalea para que siga mirando. Uy, me quejo un poco, porque yo de neurología, de física, de ciencias no sé nada… Es igual, dice la mirada, tú sigue mirando. El ver es el ámbito de la sabiduría, dice la mirada traviesa…

Bueno. Pues entonces, tal como parece, la realidad, la realidad como tal,

lo real no está en lo que la mente percibe,

no está en lo que los sentidos perciben. Además, si estuviera en lo que los sentidos perciben, si yo percibo la realidad, ¿dónde quedaría yo? ¿quedaría fuera de la realidad? No puede ser. Ese “yo” tiene que formar parte de la realidad de alguna manera…

Esto a lo que yo llamo “realidad” es una realidad subjetiva. Parece que cuando nos ponemos de acuerdo en llamarla X, entonces se convierte en una realidad objetiva, pero si lo miramos bien, es solo un acuerdo. Entonces,

¡estamos llamando “realidad” a un acuerdo!

Por eso los sabios dicen que lo que nosotros llamamos realidad es una ilusión. No porque la realidad no sea real, sino porque estamos superponiendo a la realidad verdadera nuestros acuerdos humanos.

¡Ahora lo comprendo!

Ver lo relativo como relativo: ver que a lo que hasta ahora había llamado “realidad” es algo relativo a mis sentidos, a mi mente y a los acuerdos que he asumido.

No dar a lo relativo el valor de lo Absoluto: Vivir esta realidad relativa como tal, sin pretender que esa Es la Realidad Real :)

Quizá este sea un buen camino para descubrir la verdad.

¡Feliz Ahora!

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La pieza y el rompecabezas

… “no sé” es la única afirmación verdadera que puede hacer la mente

Sri Nisargadatta Maharaj

Deforestan para unir los campos en un único campo inmenso en el que podrán entrar las máquinas. Están cortando decenas de árboles. El rincón de la Ternura está siendo desnudado… Y ella me mira con esos ojillos llenos de luz y de alegría. No hay nada que decir. Me explica que no puede juzgarlo porque esa acción no está separada de la totalidad de los movimientos de la vida. Esos bosques que ahora serán campos no pueden separarse del resto del planeta, del resto del universo. Su mirada me dice que todo está en continuo cambio, que todo es impermanente, y que nadie puede saber porque acontecen los movimientos que conforman la vida…

Todo esto me dice su mirada. Y, desde su mirada, ve la mirada secreta

Siempre que juzgo es porque he separado.

La mente, -y por lo tanto “yo”- he creado artificialmente una pieza bien delimitada de Aquello que es indivisible… Pero, ¿por qué lo hago? Porque este “yo” se vive separado: de piel para adentro soy yo y de piel para afuera no… Y así construyo todo mi mundo…

…Nos separa todo lo que enriquece el lenguaje: los adjetivos, los adverbios, los pronombres… El lenguaje, fiel reflejo del pensamiento, no puede más que separar. De hecho, los pocos sabios que en el mundo han sido han tenido que recurrir a metáforas, parábolas, poesía, música, etc, para expresar el Uno, porque el lenguaje plano no puede más que apuntar al Uno, pero no puede describirlo. Y eso ocurre porque la mente no puede comprehender la Totalidad.

La Totalidad sólo puede ser evidenciada antes de que entren los pensamientos, en el silencio de la mente.

Cuando estudiamos, cuando los científicos estudian, siempre estudian algo bien acotado, aunque sea tan grande como el universo (ahora parece ser que el universo no está sólo sino que hay más de uno…). Estudiamos profundamente un objeto creyendo que así lo conoceremos bien. Pero en realidad es como estudiar la pieza de un rompecabezas ignorando el rompecabezas. O como estudiar un brochazo de un cuadro sin conocer el cuadro completo…

No sabemos cómo ha llegado a convertirse “eso” en una pieza y en muchos casos, ni siquiera sabemos que es un recorte. Creemos que es completa en si misma, que tiene todo el sentido tal cual, separada del resto. La mente ha recortado eso del resto, lo ha limitado a si mismo arbitrariamente.

Al crear los límites rígidos de algo, creamos una pieza, separándola de la Totalidad.

Pero la pieza es artificial, es un artificio mental porque la pieza sólo existe en relación a algo más. No existe por si sola. Por ejemplo, este “yo”.

Todo lo que nombramos ha sido antes conceptualizado de una forma concreta en nuestra mente. Empezando por el pronombre en primera persona. “Yo” no existiría tal como lo entiendo, si no existiera el “tú” y a la inversa.

Si miramos bien, quizá descubramos que todas las particularidades creadas por la mente existen en un “campo”, en un “espacio”. Ese “campo” es la totalidad, el rompecabezas completo, el cuadro y no es separable. Este “campo” lo único que Es en sí mismo, sin necesitar de otro elemento para ser.

Pero ese “campo”, ese rompecabezas, es más que la mente. La mente también está en ese “campo”. Por eso, la mente no lo puede conocer.

La mente estudia lo que puede, otros objetos que también están en ese espacio. Y a nivel práctico, es útil. De hecho, es muy útil. Pero sólo a ese nivel de relaciones. Sin embargo, el estudio del recorte es validado como una verdad absoluta.

Cuando la mente absolutiza los conocimientos que extrae de la pieza, deja de ser inteligente.

Eso es lo que se ve tan claro en medicina. Cada vez hay especialidades más acotadas. El experto en pulmón conoce muy bien el pulmón pero no ve a la persona -al cuerpo, a la mente/emociones-. Y la persona es el “campo” del pulmón y afecta al pulmón en todo. Parece que contra más especialista es uno más sabe, pero ¿es así?

La mirada secreta no puede juzgar, solo mira:

Quizá si no viviéramos dando realidad a la mente pensante, no habrían piezas.

Quizá si viviéramos dando realidad al rompecabezas, encajarían todas las piezas que la mente crea.

Quizá…

¡Feliz Ahora!

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La rama y el Árbol

 

Había una vez una ramita muy ocupada en ser una buena rama. Para ello, se atareaba afanosamente en que sus hojas tuvieran una espesura lustrosa, de una calidad excelente. A menudo las otras ramas alababan la espesura de su follaje, y ella se sentía muy ufana y orgullosa de sí misma -¡bien sabía cuántísimo esfuerzo le había costado dar tan buena sombra!-. También se ocupaba lo mejor que podía de sus flores. Quería que sus flores fueran radiantes, incluso -aunque eso no lo confesaba porque no estaría bien visto- hacía malabarismos para que sus flores no sólo fueran radiantes, sino que fueran las más radiantes. Tampoco es que quisiera ningún mal para las otras ramas. Habían ramas que, pobres, a duras penas tenían alguna flor raquítica. Pero había otras, especialmente una que vivía a su derecha, que eran unas engreídas y se mostraban bien erguidas, restregándo a todas las demás la belleza y la riqueza de sus flores. Ella, que quería tener flores radiantes -y ¿quién no?-, cuando lo conseguía tampoco se pavoneava de ello, aunque era evidente que en belleza casi ninguna otra rama la superaba y ¡sin hacer alarde!. ¿Se podía ser más maravillosa? Bueno, bueno. También es cierto que no todos sus frutos llegaban a buen puerto: algunos, por mucho que ella se esforzara, caían de su abrazo antes de tiempo y otros se pudrían antes de madurar. Le daba mucha rabia que las otras ramas la culparan de ello: ella se esforzaba y se esforzaba y ¿acaso no habían muchos de sus frutos que relucían en toda su madurez?. Pensaba: “las demás ramas siempre fijándose en los defectos de una… uff… como si ellas no tuvieran”.

Otras veces, la ramita se asustaba -y mucho-, cuando veía como una bocanada de viento rompía en dos la ramita de al lado, o cuando veía como el pájaro carpintero -asesino sin piedad-, se deshacía de otra compañera y ésta se precipitaba al vacío. Entonces, lloraba mucho y se enfadaba: “¿por qué tienen que pasar estas cosas tan horribles?” -se preguntaba. “Pobres ramas. ¿Qué mal han hecho ellas para tener este fín tan atroz?”

Y es que la ramita observaba y veía muchas cosas, tanto de ella, como de sus compañeras, como de la vida en general. Pero

nunca, nunca se había planteado su propia mirada. Siempre había mirado lo que tenía enfrente y lo que tenía a los lados. Pero nunca había mirado lo que tenía detrás ni lo que había dentro suyo…

Porque si hubiera mirado lo que tenía detras, hubiera descubierto el Árbol.

Y si hubiera mirado dentro, hubiera descubierto la Savia…

Hasta la ramita más pequeña es el Árbol. Cuando la rama deja de vivirse como algo separado, se conoce como lo que verdaderamente es. Sigue siendo ramita, pero le abandona la idea de separatividad. Ve todas las ramas y sabe que todas son Árbol.

Se conoce Árbol. Se vive Árbol. Se entrega a esa verdad y se olvida de ella: aún siendo ramita, ya no es una ramita, sino Árbol en forma de ramita.

Y deja que sea el Árbol el que se encargue de todo -(siempre fué el Árbol el que se encargó de todo, pero ella no lo sabía y se esforzaba por crecer, por florecer, por dar buenos frutos)-.

Ya no se piensa ramita. Y como el Árbol se encarga de todo, de hecho ya no piensa. Ni siquiera ve diferencias entre ella y las otras ramas. ¿Cómo va a haber diferencias entre ella y las otras ramas si ella Es el Árbol? ¿Cómo va a haber diferencias entre ella y las otras ramas si las otras ramas Son el Árbol? El Árbol se expresa en millares de diferencias. Eso sí. Todas, expresiones del Árbol.

De su ramita, han caído las preposiciones relacionales.

Ahora la ramita sólo atestigua con sorpresa infinita cómo crecen las hojas (que ya no son “sus” hojas), cómo brotan las flores (que ya no son “sus” flores), como resplandecen los frutos (que ya no son “sus” frutos).

De su ramita han caído los adjetivos posesivos.

Eso es lo único que hace. Atestiguar el milagro de la Vida en ella. Tal cual es. Sin atributos.

Y la Vida que es ella y pasa a través de ella, la Savia, es fuente de vida a su vez… eternos fractales de lo eterno.

Cuando la ramita mira detrás, vé que ella y todas las ramas son un sólo Árbol.

Unidad de lo manifestado.

Cuando la ramita mira adentro, profundamente adentro, vé que es savia. La misma savia del árbol y de las ramas y de las raices y de las hojas y de las flores y de los frutos. Una sola savia.

Uno, en lo inmanifestado.

Eso es lo que ve la mirada secreta. Siempre vuelta hacía adentro para ver la corriente, y hacia atrás para ver la Fuente.

Y así es como lo vive la ramita desde el silencio del yo inventado.

¡Feliz Ahora!

fotos cedidas por ikibcn. gracias!

 

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Ni creer para ver, ni ver para creer

La creencia no es el principio, sino el fin de todo conocimiento

Johann Wolfgang Goethe

Hoy me he enfadado con mi hijo. Le dejé el coche para ir a la ciudad. Le pedí que llevara monedas para pagar el aparcamiento y evitar la multa. Pero cuando ha vuelto de la ciudad, volvía con la multa puesta. El creía que llevaba monedas y en el momento de la verdad, no tenía dinero.

Me he enfadado porque creo que es un irresponsable. Me he enfadado porque creo que yo le ayudo en todo y por una cosa que le pido, podría por lo menos cumplirla. Me he enfadado porque si él tuviera que pagar la multa, seguro que se habría esforzado más en evitarla. Me he enfadado porque no respeta las reglas…

Por otro lado, mi hijo creía que llevaba monedas encima…

¿Qué es lo que verdaderamente ha pasado? ¿Qué es lo que es cierto? Lo que es verdadero es que ninguna de estas creencias es cierta. Mi hijo no es un irresponsable, ni tampoco deja de cumplir lo que se le pide, ni hubiera sido diferente en el caso de que él tuviera que pagar la multa, ni es un joven que no respete las reglas. Ni llevaba monedas encima.

¡Ninguna de las creencias que hemos tenido es cierta! Lo único verdadero es que a la hora de pagar el ticket de estacionamiento, no tenía dinero. Es lo único verdadero porque es lo que ha sucedido. Es lo único verdadero, porque es experiencial y no pensado.

Sin embargo, me he enfadado con él y él se ha sentido muy mal. Por algo que nos puede pasar a cualquiera en cualquier momento. Y nos hemos sentido así porque nos hemos dejado llevar por nuestras creencias: creo que….

No nos damos cuenta pero la mayor parte de nuestros pensamientos, emociones y comportamientos están generados por creencias,

por presupuestos mentales que los vivimos como ciertos sin haberlos comprobado nunca. Incluso en muchos casos, esas creencias (“creo que” o “creo en”) ni siquiera sabemos que las tenemos.

Nos hemos acostumbrado a funcionar por lo que pensamos y no por lo que experienciamos.

Incluso nos vivimos a nosotros mismos por la idea que tenemos de nosotros y no por lo que hacemos. Nos puede más lo que creemos que buscar la evidencia directa.

Hace unos años me pareció haber tenido una revelación cuando descubrí que para ver algo directamente, para vivir algo con la evidencia de la visión directa, primero tenía que creer que aquello era posible. Había descubierto que no hacía falta que viera para creer, sino que podía creer y entonces, acabaría viendo.

Ahora me doy cuenta (que es a lo que yo llamo “ver” :)) que ambas son falsas.

Puedo vivir sin creer en nada y eso es una gran liberación. Es una enorme liberación que me empuja a vivir espontáneamente, sin caminos trazados.

Vivir sin creer en nada me permite mirar con mirada nueva, descubrir por primera vez.

Vivir sin creer en nada transforma mi mirar astuto en una mirada inocente y limpia.

Pero ¿por qué iba a querer vivir sin creer en nada? Porque

no hay ni una sola creencia que sea cierta.

Y eso es así porque las creencias son ideas, teorías, productos mentales no comprobados. Y sin embargo, aunque no haya ninguna evidencia real de la verdad de una creencia, aunque sea una mera interpretación o especulación, son las creencias las que nos dirigen. Incluso podemos matar por ellas.

Algunos hablan de creencias limitantes, o de creencias irracionales. La mirada secreta no ve excepción alguna:

todas las creencias son limitantes, todas.

Y son limitantes por dos razones: una, la creencia que compramos excluye cualquier otra posibilidad, por lo tanto me limita; dos, la creencia que compro impide que vea directamente. Funciona como un filtro que se interpone entre la mirada y la realidad. Por eso todas las creencias son limitantes.

Puede ser que algunos lectores se sientan mal al leer esto. Nos identificamos con las creencias: yo soy de tal país (y por lo tanto me excluyo como ciudadano del mundo -o sí, del mundo si que soy ciudadano, pero del pueblo vecino, no..-); yo soy “creyente” (¡Dios mío! ¡qué paradoja!); yo creo en ti (ósea, en la idea que tengo de ti, que antes o después caerá…); yo creo que todo esto no es cierto (¿y de qué te sirve? ¿te ayuda a ver la realidad?)

No creamos en nada. Dejemos que sea la mirada secreta, la mirada limpia de cualquier prejuicio que mire. Y sorprendámonos del milagro de la Realidad. Este es el único camino a la Verdad.

Y alguien me podría preguntar ¿no es acaso esto una creencia más? Para quien no lo ha visto directamente, sí. ¡Así que no te lo creas! Mira directamente, hasta que veas. Entonces vivirás de evidencias, que aunque no puedas explicar, serán transparentes. Entonces no habrán dudas. Ni querrás convencer a nadie. Cada nuevo descubrimiento será un regalo que te sorprenderá. Tu mente se sorprenderá. Cada nuevo descubrimiento ensanchará tu mirar.

La creencia excluye todo aquello que está fuera de ella. La verdad todo lo incluye. Nada hay fuera de ella.

Ni ver para creer. Ni creer para ver. No necesitamos creer.

La Verdad está frente a nuestra mirada. Abramos los ojos.

¡Feliz Ahora!

Dedicado a mi hijo pequeño, viendo juntos desde el más grande amor…

 

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Yo, mi, mío

El comienzo de la Sabiduría es el silencio.

Pitágoras

 

 

 

 

 



No sólo era la belleza sobrecogedora de las montañas, arropándonos con su serena y poderosa presencia. El Silencio nos había adoptado como hijos suyos durante un tiempo, tan inocente y amorosa era la entrega de todos los que estabamos allá. Nacidos nuevos del Silencio preñado de paz amorosa, los verdaderos hijos, atisbos de su dulce sabiduría.

Así andábamos. El Silencio pariendo miradas refulgentes, sonrisas inocentes. Las arrugas del sufrimiento borrándose al paso de su tacto casi imperceptible.

Sus ojitos parecían dos linternas, tan grande es su amor por la verdad, cuando a penas levantando la voz nos dijo: “es que no puedo acallar mis pensamientos ni los puedo dejar de escuchar” Y mientras ella hablaba, las campanas no paraban de tañer llamando a su regazo… Pero ella no las oía. No oía las campanas que sonaban claras y fuertes, y en cambio no podía dejar de escuchar sus pensamientos. ¿Por qué? ¿Por qué?

La observación era muda. No sabía la respuesta. Sólo el Silencio podía hablar. Sólo el Silencio sabía. Los preciosos ojos pidiendo comprender, el tañido de las campanas llamando, la mente muerta, esperando…

Y esta vez la mirada secreta lo gritó triunfal. Lo gritó desde el Silencio. Con urgencia. Como un rayo devastador de claridad encegadora, dejándo al descubierto, desnuda, la verdad simple, la verdad inocente, la verdad poderosa, la verdad que nada excluye…

Y esta vez la mirada secreta lo gritó a todos los que allí estábamos. Ella, como la humanidad entera, no oía las campanas y en cambio no podía de dejar de oír sus pensamientos por una razón muy simple y ahora evidente:

Esos eran los sonidos: las campanas por un lado y sus pensamientos por el otro. Las primeras sin poder ni fuerza. Los segundos, pegajosos y poderosos. ¿Lo veís ahora vosotros también? ¡La clave está en los pronombres!

Y ahora miro bien y me pregunto si los pensamientos que resuenan en la mente son mis pensamientos. No los he escogido. No los he decidido. No los he creado. Veo que son pensamientos que percibo. Pero también percibo este árbol. Y ¿es acaso “mi” árbol? Porque si es ese mi árbol, entonces el universo entero es mio, y también tú… Entonces recuerdo otra alma bellísima hablándo de su brazo. Miro ahora éste brazo que se supone que es mío y no comprendo, no puedo ver que sea “mío”. Míro ahora éste cuerpo, éstas células conglomeradas y no veo el “mío” por ningún lado. Y miro y miro y miro… y veo esta persona llena de pensamientos, emociones, formas y veo con pasmosa claridad que no me pertenece, en absoluto

Descubro que no hay un “yo”. No hay un “mi”. No hay un “mío”.

No hay nada que proteger. Y abro todas las puertas que tan celosamente guardaba bajo llave.

No hay nada que controlar o manipular para el bien… ¿de quién? Y fluyo ligero como una pluma en las corrientes de la vida.

Y al ver que no hay un “yo” se desvanecen todos los obstáculos. ¡Es tan simple que parece una broma!

No hay un “yo” que pertenezca a ese “yo”. No hay un “mi”, ni hay un “mio”. Entonces dejo de pedir, de exigir, de mendigar… ¿para quién?

Y si no hay un yo/mi/mío, ¿cómo va a existir un tú/a tí/tuyo?

La libertad es inexpresable. Las ataduras del yo/mi/mío han dejado paso a la alegría de vivir. La felicidad es inabarcable.

Y por fín se esfuma cualquier resistencia y con ella llega el descanso, la añorada paz. Y el amor entra a raudales desde el mundo de la verdad.

Sé que te lo han dicho. Sé que te lo has creído. Pero mira. Mira por primera vez. Mira directamente, sin pensar y dime si en los pronombres hay alguna realidad.

Dedicado a los hijos del Silencio, atisbos de la Verdad.

¡Feliz Ahora!

 

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De la realidad pensada a la realidad sentida

“Dime lo que ves y te diré quien eres”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

Miro un granito de arena. Lo veo de una manera concreta. Acerco mi cara tanto que mis pestañas tocan su superficie. Entonces lo veo de otra manera. Dejo el granito en la arena y entonces casi no lo puedo distinguir del resto de la playa…. También podría coger un microscopio o un helicóptero y el granito de arena cambiaría de nuevo. Y me pregunto, ¿cuál es el granito de arena verdadero? ¿el que brillaba en la palma de mi mano? ¿el marrón borroso y sin forma que veía mi ojo a una distancia mínima? ¿el que no tiene limites y es la playa entera? ¿el que es un compuesto de otros minúsculos granitos?

La realidad cambia con la distancia, según donde se coloque el perceptor y lo percibido en la dimensión espacial.

Y también cambia en la temporalidad. Lo que hoy es un granito de arena, ayer fue parte inseparable de una gran roca, y mañana serán moléculas danzando en el viento…

Precisamente ese cambio continuo es lo que llamo vida.

La vida es constante cambio.

Nada vivo es inerte. Pero si todo cambia continuamente y según el lugar desde donde se perciba, ¿cómo puede ser considerado real? ¿en qué momento? ¿a qué distancia?

Hay una realidad. Lo siento. Lo sé. Y, sin embargo, ¿dónde está la realidad?

¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? Ese “yo” que creo ser, cambia continuamente: mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones, mis relaciones, mi historia personal… ¿cómo ese “yo” cambiante puede ser considerado real? ¿en qué momento? ¿a qué distancia?

Hay un “yo”. Lo siento. Lo sé. Y, sin embargo, ¿dónde está ese “yo”?

Algunas mentes sentirán mucha pereza. Dirán: “No te preocupes. Tú vive la vida y trata de ser feliz. Lo demás no importa”

Pero ¿cómo puedo vivir la vida si no sé qué es la vida ni sé quien la vive?

El amor por la verdad, que aúna corazón y mente, es demasiado intenso.

Y es ese amor por la verdad que ha atraído con su fuerza, la mirada secreta a este ojo.

El amor por la verdad intuida es tan grande que, aún en la hamaquita, expuesta la piel al sol de unas vacaciones bien ganadas, sigue palpitando en el centro del corazón, allá donde duerme la sabiduría el sueño de las mil noches, a la espera del beso ardiente de un anhelo enamorado que lo despierte en un instante del espejismo de una realidad soñada.

Hay un pasito fácil de hacer en este camino sin trazos que nos lleva a la verdad. Un pasito que nos abre a empezar a descubrir. Un primer pasito de durmiente enamorado.

Dejemos de vivir y de vivirnos desde nuestra idea de lo que es la realidad, de lo que somos. Salgamos de la mente robótica, que regala pseudoverdades nunca comprobadas. Y vivamos desde lo que experimentamos, directamente. Borremos la memoria, el pasado que hace que lo vivido sea una copia de lo anterior y vivamos dándonos cuenta de que no hay nada, absolutamente nada que sea igual que un segundo antes, tanto a nuestro alrededor como en nuestro “yo” imaginado.

Vivamos experiencialmente, con la mirada fresca del niño, y veamos entonces que descubrimos…

¡Feliz Ahora!

 

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La verdad del Amor


del Amor surge la unión. De la unión, el Amor. Solo Uno. Solo Amor. La Mirada Secreta

Lleva ya un tiempo la Mirada Secreta mostrando por amor a la Verdad. Y en estos días ha sucedido algo sorpresivo que ha dejado a quien escribe en muda contemplación. La Mirada Secreta, en su infinita generosidad, anda mostrando a este ojo perplejo, la verdad del Amor. La verdad del Amor, origen de la existencia, sostén de todo lo que existe, hilo invisible que conecta y crea la red de todo lo que hay, materia primera y última…

…Se respiraba serenidad. La superficie del mar planchadita, sin arrugas, reflejaba la paz que flotaba sobre todo y sobre todos. El agua todavía helada, guardando como un tesoro los rigores de un invierno frío y lluvioso, mostraba su faceta más auténtica: nítida transparencia del origen, aún no violada por los dormidos…

Se respiraba serenidad. La respiración acompasada, dulcemente profunda, serenaba también el ruido mental. El sol arropaba la piel ávida de vida. ¡Qué grande era la Bondad de la Creación!

En éstas, el pecho se inundó de amor a aquello desconocido que hacía posible la vida a cada instante. Conmovido, en silencio reverente frente a la dulce Vida, vio el corazón lo que intuía pero nunca había visto.

Ahí estábamos: el mar con todo su universo de vida, el sol, el aire y esta persona.

Ví como la mente podía enunciar cada uno por separado. Pero ¿era real esa separación? ¿realmente yo existía sin el mar, sin el sol, sin el aire?

Y vi que no. No era posible.

Yo no podría existir si no existiera el mar, reserva del agua que me daba la vida, origen de vida…

Yo no podría existir sin el sol, dador de luz y de calor, origen de vida…

Yo no podría existir sin el aire, alimento incondicional, origen de vida…

Y si la existencia de esta persona a la que llamamos “yo” no puede realmente existir sin el sol, el mar y el aire, ¿cómo nos podemos sentir separados? No tiene ningún sentido.

Fue en ese momento que vi nítidamente, a través de las turbulencias de una mente contaminada durante miles de años por millones de creencias nunca comprobadas, que yo soy el sol, el aire, el agua y también esta persona…

En alborozo sereno, el agradecimiento y la alegría se expandían sin límites. ¡Era tan perfecta la interrelación, fuente de toda vida!

Y sin quererlo, seguía viendo, a un ritmo vertiginoso, la necesidad esencial de todo con todo para su existencia:

vacío….. universos, galaxias….galaxias, planetas… el sol, la tierra… la naturaleza, las personas… los cuerpos, los órganos…. las células, los quarks… vacío

Una red de formas en un espacio vacío, con sus nudos hechos del mismo hilo que los conecta a unos y a otros, en perfecta interrelación, siendo lo mismo y siendo cada uno simultáneamente.

Y ver, con brillante claridad, que ese es el hilo que todo lo une, haciendo posible la existencia de cada nudo,

la unión, la energía del amor que deshace cualquier separación.

La unión. Todos los nudos (planetas, cuerpos, células) existiendo como tales, hechos del mismo Amor y conectados entre ellos por el Amor.

El Amor inseparable del espacio vacío que lo acoge. Amor y vacío, inseparables, fuente de toda creación y alimento eterno…

El amor por la Verdad. La verdad del Amor. Sin separación.

Silencio reverente.

¡Feliz Ahora!

 

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La Mirada sobre la vida y la muerte

Despierta y mira. Acabas de nacer a un mundo nuevo

La Mirada Secreta

 

 

Esta mañana he salido a caminar por una playa que amanece solitaria y dulce a los primeros rayos de sol.

Las olas iban acariciando mis pies en su último viaje. Y en estas, me he pillado pensando que me daban un beso antes de morir -es muy fácil sentirse poeta a esas horas y al lado del mar…- Me he encontrado observando que la muerte de una ola iba inevitablemente seguida por la aparición de otra que también moriría –la Mirada Secreta siempre está preparada para tomar el mando cuando la mente queda silenciosa, a merced de sus riendas invisibles-.

He seguido “mirando”, sin pensar. Y entonces he visto que lo que yo llamaba “morir” era, en realidad, sólo un movimiento, un cambio de forma. Y que, de hecho, nada de lo que es la ola muere en sí . Sólo muere la forma que tenía. Y aún más: lo que permanece de la ola ya deshecha, sirve para formar la siguiente ola.

Investigando la muerte de la ola, tal como hace la Mirada -que solo mira con atención intensa y pasiva-, he recordado la ley física de conservación de la energía que dice: “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Movimiento. Movimiento eterno. ¡Eso es! ¡Eso es la Vida!

La vida es movimiento.

Nada que esté vivo está quieto. Y los seres humanos llamamos muerte a lo que, aparentemente, está quieto… Sin embargo, ¿de dónde sale el movimiento sino de la Quietud?

La Mirada me enseña que lo que realmente muere es la forma que ha adoptado la vida, pero no la Vida. Y que la muerte no es lo contrapuesto a la vida, sino que es parte de la vida, esencial para su conservación.

Muere la forma y surge otra, en un devenir eterno.

Muere una ola y surge otra. El mar permanece. El mar es la esencia de la ola. La esencia es eterna. Y es lo que permite nuevas formas.

Entonces me he dado cuenta de nuevo, que no había una sóla ola que fuera idéntica a la anterior. Millones de millones de olas y todas diferentes…

Y el sonido. He abierto los oídos tratando de escuchar con mucha atención el ruido de las olas. Y tampoco habían dos olas que al deshacerse en la orilla sonaran igual.

Entonces me he sentado en la arena. He cogido un puñadito en mi mano. Y he mirado atentamente cada grano. Y ¿sabes qué? No había un granito igual a otro. Todos eran diferentes.

He levantado la mirada al cielo. Había nubes. Todas eran diferentes.

He recordado otras veces en que había mirado plenamente las hojas de un árbol, los pétalos de una flor. Siempre, cada forma es diferente a otra. No hay dos formas iguales. La fuerza de la creación escapa a la capacidad de mi mente mecánica, pero no escapa a la Mirada Secreta.

Así que, con los rayitos de un San Juan que ya asoma, la Mirada me ha llenado de alegría nueva, de gratitud nueva, de asombro nuevo, cuando ha puesto ante mis ojos atónitos la verdad de la vida y de la muerte…

La vida es movimiento y es nueva a cada instante. Jamás repite

La muerte es la transformación de la forma.

Sin palabras. Buena señal :)

Feliz Ahora Siempre Nuevo!!!

 

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Ver

  “¿A quién vas a creer, a mí o a tus ojos?”   Groucho Marx

Hoy la Mirada está divertida :)

… Están dos grandes expertos en meteorología sentados en una habitación de espaldas a la luz, de espaldas a las ventanas. Las persianas están bajadas y no saben el tiempo que hace hoy. No tienen ningún contacto con la realidad

Están discutiendo seriamente qué tiempo puede hacer en el día de hoy, utilizando todos sus conocimientos. Uno dice:

-En la fecha de hoy, según indican las estadísticas de los últimos cien años, lo más probable es que haga un día de gran sol, calor y cielo despejado, bla, bla, bla,…-

Mientras, el otro compañero lo escucha muy respetuosamente. Cuando le toca el turno de hablar, replica -con argumentos fehacientes- a cada uno de los puntos que ha expuesto el otro:

-Querido amigo- le dice, -las probabilidades nunca son cien por cien seguras. Podría darse el caso que en el día de hoy hayan algunas nubes en el cielo. De hecho -continúa-, las estadísticas siempre se han de romper en algún momento y en los últimos diez años, tal día como hoy ha hecho mucho sol. Por lo tanto, lo más probable, querido amigo, es que en este undécimo año se rompan las estadísticas y hoy esté algo nublado.

Su compañero le escucha muy respetuosamente esperando su turno de palabra. Son hombres civilizados, son grandes, grandes expertos internacionalmente reconocidos y saben guardar las formas, no discutir interrumpiéndose continuamente el uno al otro –eso está muy bien-. De hecho parece que se escuchan precisamente porque no se interrumpen. Pero en realidad la escucha es el tiempo que tienen para ir montando los nuevos argumentos mientras el otro habla, con el único objetivo de dejar al otro sin argumentos y conseguir que el otro acabe por ceder. Su forma de conversar es “si bueno, estoy de acuerdo pero…”, “esto de aquí sí, esto de aquí no, pero…”. Y conforme los argumentos estén más estructurados y más apoyados por los últimos descubrimientos científicos sobre el tema, pues mejor…

Y a todas estas, -mientras ellos llevan ya aproximadamente una hora discutiendo sobre el tiempo que hace hoy- pasa un hombre por el pasillo delante de ellos. Es uno que no es experto en ningún tema.

Les saluda con un movimiento de cabeza: levanta la barbilla abruptamente y la deja caer suavemente(*). Les ve discutiendo muy seriamente. No dice nada. Sigue su camino. Llega hasta la puerta de la casa. Abre la puerta. Levanta la vista hacia el cielo. Vé que el día está muy nublado y que de hecho, parece que está a punto de llover. Cierra la puerta. Da la vuelta. Pasa por delante de los señores que siguen discutiendo el tiempo que debe estar haciendo. Se acerca al armario del salón en donde están los paraguas guardados. Coge un paraguas. Vuelve a pasar por delante de la habitación en donde los expertos siguen discutiendo sobre el tiempo que hace hoy. Y se va a dar una vuelta con su paraguas del brazo.

Esta es la diferencia que hay entre

vivir desde la mente o vivir desde la realidad.

Esta es la diferencia que hay entre

vivir de espaldas a la luz o mirando a la luz…

¡Feliz Ahora!

(*)Típico saludo ancestral del ser humano. Es un “hola” mudo que se suele encontrar en algunos ámbitos en los que habitan los hombres de pocas palabras, muchos de ellos grandes sabios de incógnito (nota del experto:)

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