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La tiranía de la mente II. El camino de vuelta

 

El mejor camino a la Felicidad es el que a cada persona le sea más fácil.

Ramana Maharshi

 

El otro día un amigo me explicaba sus vacaciones de navidad: “hacía mucho tiempo que deseábamos irnos a esquiar. Mi madre estaba bastante chafadita pero tampoco pedía nada. Tenía lo que necesitaba. Y eran tantas las ganas que teníamos de irnos. Llevábamos planeándolo tiempo con mucha ilusión. Y nos fuimos. Pero ¿sabes?, yo no lo pasé bien. No pude compartir la alegría de mi pareja, ni me sentía feliz. Yo pensaba que tenía remordimientos por haber dejado a mi madre. Pero era absurdo, porque sabía que mi madre estaría bien cuidada. No comprendía por qué no lo pasé bien esquiando. Pero ahora lo veo con total claridad: lo que en verdad quería era pasar la navidad con ella. Eso es lo que realmente me hubiera hecho feliz.”

Muchas veces aquello que deseamos, nosotros ya sabemos que no nos va a dar realmente la felicidad.

Como dice Adyashanti, todo la actividad de nuestra mente psicológica -que es lo mismo que lo que llamamos “ego”, o llamamos “yo”- se reduce a dos: intentar conseguir lo que quiero y luchar en contra de lo que no quiero.

La gran mayoría de los seres humanos estamos esclavizados por la mente psicológica y es por eso que si nos preguntaran en el momento de morir cómo ha sido nuestra vida, diríamos: “Bueno. He luchado por lo que quería y he luchado en contra de lo que no quería” Y ya está. No hemos hecho mucho más.

El meollo del asunto está en el querer: “yo quiero esto y no quiero esto otro”. Pero

¿te has planteado alguna vez quien eres? ¿qué es ese “yo”?

Si te lo planteas seriamente, verás que en realidad no sabes quién es ese “yo”. Y si no sé quien soy, ¿cómo voy a saber que es lo que me conviene?

En realidad, si en este mundo nuestro, hay algo que une a todos los seres humanos es el anhelo de felicidad, de paz, de alegría de vivir y de amor. Y eso es lo que andamos buscando en lo profundo, aunque por mil caminos, a veces equivocados.

Cuando me di cuenta de este anhelo universal, empecé a preguntarme porqué todos teníamos el mismo deseo de felicidad. Y la mirada secreta me mostró que eso ocurre porque la felicidad, la paz, la alegría, el amor son características de nuestra verdadera identidad -sólo hay que ver a los niños pequeños, antes de que les caiga el peso de la mente psicológica encima de su maravillosa y auténtica espontaneidad…

Nosotros podemos pedir a la vida, al universo, a Dios, que nos traiga alegría de vivir. Podemos pedir felicidad, amor, lucidez y energía, porque eso es lo que somos en esencia,

-de hecho, aunque no lo sepamos, estamos anhelando volver a nuestra verdadera identidad. Tenemos una sensación profunda de añoranza, de vacío de nosotros mismos, de nuestra autenticidad-

pero no podemos pedir cómo conseguirlo, porque nosotros no sabemos realmente ni quienes somos ni sabemos cuál es el camino hacia esa felicidad. Si acaso, pidamos luz para que se vislumbre ese camino. Pidamos que sea la mirada secreta quien nos muestre el camino en vez de creernos lo que nuestra pobre y mecánica mente psicológica nos dicta.

Y cómo decía el gran sabio, el camino adecuado es el que nos es más fácil. Justo lo contrario de lo que nos han enseñado. Porque lo que nos es más fácil interiormente es lo que nos hace sentir paz, alegría, felicidad… Si tiene que haber alguna manera de ir acertando el camino, tendrá que ver con hacer aquellas cosas que nos llenan de paz, que nos dan serena y profunda alegría, que nos hacen sentir llenos de amor, que nos hacen comprender. Y todo lo demás no es parte de nuestro camino.

¡Ese es el secreto de la afinación!

El verdadero camino es el que me va acercando a quien soy en verdad.

¡Feliz Ahora!

 

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El mar mental

Tira tus preocupaciones al viento, gira hacia adentro y encuentra la paz.

 Ramana Maharshi

Una preciosa mañana de verano paseaba por la orilla del mar mientras las plácidas olas venían a desvanecerse a mis pies en un rítmico vaivén. Soplaba una brisa sutil y el sonido apenas audible de las olas se mezclaba armoniosamente con los gritos lejanos de las gaviotas.

El día parecía despertar perezosamente. Y perezosamente andaba yo, como si todo el escenario fuera introduciéndose por los poros de mi piel hasta empapar de silencio mi cabeza y de serena dicha mi corazón.

 Fue entonces cuando la Mirada me empezó a hablar –a la Mirada le encanta presentarse cuando reina el silencio en mi mente y la paz en mi corazón-.

 Aquel día me enseño que nuestra mente es como el mar. Y me hizo ver…

 Lo primero que me enseñó fue a darme cuenta que los pensamientos  aparecen, crecen, disminuyen y desaparecen, igual que las olas en el mar. E igual que el mar poco puede hacer para que las olas se formen o se deshagan, me di cuenta que mi voluntad poco tenia que ver con la aparición de los pensamientos. Los pensamientos se presentan inesperadamente en el mar de mi conciencia y yo poco puedo hacer para evitar que aparezcan o que desaparezcan. Para mi fue un descubrimiento muy importante porque hasta entonces me habían enseñado que yo era la única responsable de lo que pensaba y eso a veces, me hacía sentirme culpable. Especialmente cuando no tenía los llamados pensamientos positivos, tan de moda en nuestros días.

mis pensamientos vienen y van sin que medie mi voluntad

 Y seguí mirando, acompañada por la inspiración secreta que ya empezamos a conocer…

Vi que los pensamientos a veces se forman muy rápidamente, se crecen en cuestión de segundos, amenazando con llevarse por delante cualquier intento de detenerlos. Y en pocos segundos, la reacción emocional se hace presente con intensidad también creciente. No es posible que aparezca un pensamiento potente y el corazón de las emociones se mantenga tranquilo. También vi como los pensamientos potentes del pasado me traían emociones de añoranza, de tristeza, de melancólica felicidad, de culpa… Pensamientos potentes del futuro me traían emociones de ansiedad, miedo, esperanza, preocupación, ilusión… Igual que las enormes olas que te sorprenden jugando en la orilla del mar y que en segundos producen reacciones: se llevan la colchoneta o empapan la toalla o pegan un revolcón al bañista despistado. Olas crecidas, consecuencias grandes:

 pensamientos crecidos, emociones intensas

Otras veces aparecen en el mar mental largos pensamientos insidiosos que parecen no acabar nunca. Y esos pensamientos producen emociones insidiosas. Igual que las largas olas mantienen el velerito subiendo interminablemente por la ola para después tener que bajar interminablemente también o incluso pueden acabar llevándose toda la arena de la playa, dejándola bien empobrecida…

pensamientos insidiosos, emociones insidiosas

Y otras veces, como aquella mañana en que las nubes del cielo podían contarse mirando su reflejo en el mar, a duras penas hay algún pensamiento, tan sutil y de puntillas anda la mente que apenas perturba la superficie. En esos momentos la mente refleja la mirada secreta en toda su belleza, de tan quietecita que está y el corazón se reconforta en su paz.

poquitos pensamientos, paz emocional

 Así fue como descubrí que las emociones que tengo son la reacción que tiene mi persona a los pensamientos que se gestan en mi mente.

Había visto claramente que yo no era la responsable de los pensamientos que se hallaban en mi mente y que estos producían sus consecuentes reacciones emocionales. Pero ¿de qué dependía que los pensamientos fueran crecidos, insidiosos, cortos, largos, sutiles o que casi no hubiera pensamientos? Entonces la Mirada Secreta me mantuvo un ratito más observando el mar…

…Observé que las olas que se crean en el mar dependen de elementos externos, principalmente del viento. De la misma manera vi como los vientos de la vida revuelven la superficie de la mente, ondulándola cuando soplan suaves y embraveciéndola cuando soplan fuertes. Y me dí cuenta de que solemos vivir a merced de los vientos y sólo sentimos calma y paz cuando los vientos nos lo permiten.

Pero igual que en el mar,

el movimiento de la mente es sólo superficial y a cierta profundidad, las aguas de la mente permanecen quietas

Cuando vemos el oleaje desde fuera, por muy grande que sea, podemos ver el milagro de la naturaleza en acción sin sufrir. Pero si nos hallamos en la superficie del mar, podemos pasar muy mal rato e incluso ahogarnos. Y la mayoría del tiempo vivimos en la superficie de la mente, a merced de los elementos externos.

Sin embargo, cuando descubrimos que el mar es inmenso, no sólo en su horizontalidad sino en lo profundo, podemos aprender a sumergirnos. Sólo que nos sumerjamos un poco, entramos en contacto con un mundo nuevo, en donde realmente reina la paz. En el fondo siempre reina la paz.

Sumergirnos no es luchar contra las olas para que el mar permanezca quietito. No es luchar contra la fuerza del viento o querer que pare el viento. Sumergirnos es salir de la superficie, independientemente de si hay olas o no o si hay o no viento. Salir de la superficie y adentrarnos en la mente, allí donde reina el silencio. Esa paz no la podemos crear a nuestra voluntad porque no se puede crear lo que ya es, pero podemos ir allí donde vive.

En el fondo de nuestro mar mental no hay pensamientos ni de pasado ni de futuro, no hay emociones reactivas. Sin embargo, allí es donde viven nuestros sentimientos más bonitos, más auténticos, sentimientos de amor, de belleza, de armonía, de paz y de libertad. Inalterables. Siempre. Tanto si nos adentramos alguna vez en sus profundidades como si vivimos en la superficie y morimos en la superficie, allí están, aguardándonos.

¡Feliz Ahora!

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