Archivo de la etiqueta: Ramana Maharshi

Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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Ser alguien

ArunachalaDesde el momento en que pensé en tu nombre, me tomaste y me atrajiste a ti mismo. ¿Quién puede conocer la grandeza de tu gracia, Arunáchala?

Bhagavan Ramana Maharshi

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Viajé al centro de la Luz, allí donde la Verdad un día se hizo presente. En soledad. La mente silenciosa y el corazón en serena alegría, entregados, confiadamente. ¡Con cuánta felicidad preparé durante meses el viaje! Y allí, justo cuando el pie se posaba por primera vez en esta tierra sagrada, perdí la paz.

Fui a Ese lugar sin saber por qué iba. No habían expectativas. Era el lugar el que me llamaba. Y obedecí, como voy obedeciendo desde que la mirada secreta me lleva de su mano. Pero lo último que hubiera imaginado es que, en ese lugar de luz y verdad, yo perdería la paz que durante los últimos tiempos se había hecho compañera inseparable.

Al principio no entendía nada. De hecho, la energía poderosa del lugar no me dejaba pensar, reflexionar o sacar conclusión alguna. Me sentía muy mal. Una cruda soledad me colocaba en unos hábitos de vestir, comer, caminar, relacionarme, totalmente ajenos a toda mi experiencia anterior. Ataques egoicos virulentos me hablaban de mi fealdad, de mi egoísmo, de mi cobardía, de mi falsedad y también de la fealdad, egoísmo y hostilidad del entorno. Todo eran malas caras. Nadie me sonreía, bien al contrario, incluso me reñían con malos modos. La sensación de amenaza era vivida las 24 horas. Todo me daba miedo: las personas, los lugares, las comidas. No había belleza. Solo suciedad y miseria. No había amor. No había silencio. No había ni el más pequeño rincón en donde pudiera descansar de la opresión que sentía.

Y así fue durante muchos días. Los únicos momentos de paz eran aquellos en los que me sentaba a hacer silencio (lo que muchos llaman “meditar” pero yo prefiero llamarlo así, porque lo único que hago es dejar de hacer algo :)). Sin embargo, en ningún momento apareció el impulso de abandonar el lugar.

Así fue hasta que la llamada del amor me hizo ver. Eran las primeras palabras amorosas que oían mis oídos embotados desde que había llegado a Ese lugar. A través de miles de kilómetros, la voz amada me preguntó. Y el sufrimiento pudo salir al saberse acogido. Lágrimas de odio, de miedo, de rechazo, de desespero, de incomprensión salían  sin parar, como un géiser que hubiera estado latente durante milenios y por fin rompiera con fuerza el más duro suelo.

Y en esa explosión de dolor y llanto, la mirada secreta que había estado vigilante y silenciosa desde que llegué a Ese sitio, se abrió de a poco para que yo pudiera ver. Y vi.

Vi que había perdido allí toda referencia de quién yo creía ser. No me reconocía en el espejo. No me reconocía en lo que comía. No me reconocía en cómo me relacionaba con los demás. No me reconocía en las emociones que me alteraban. No me reconocía en los pensamientos negativos que me agobiaban. No me reconocía en mi forma de actuar. No me reconocía en los ojos de nadie. Me había perdido a mi.

Entonces, de a poquito, me di cuenta de que, aunque llevara un tiempo investigando y viendo, dentro seguía

viviendo y viviendome como un alguien concreto

y allí, esa singularidad que me garantizaba “ser alguien”, se perdió por completo. Ya no era nadie. Nadie. Ni para los demás ni para mi. ¡Qué descubrimiento!

Y ¿sabéis lo que pasó? Que poco a poco o en un instante (yo no lo sé), todo aquello que me definía como  un alguien concreto y bien diferenciado de los demás, dio paso a una sensación de libertad que solo antes había experimentado en estados de profundo silencio. Todo lo que me hacía alguien, al caer, me liberó y

pasé de ser alguien, a simplemente ser

Fue entonces que ocurrió el milagro. De la densidad más pesada, brotó una ligereza nunca antes sentida. Seguía sin sonreir porque yo era la sonrisa. Las personas antes hostiles, se convirtieron en amigos. Amigos en todos los rincones. La comida se convirtió en manjar. El dolor de espalda desapareció. Se curó el esguince del tobillo, así, en un instante. La belleza explosionó en cada rincón. Me regalaban flores. Aparecieron amistades. Cantos. El miedo dejó paso al amor. Todo era posible. Pero ya no había nadie, nadie concreto experimentando esto. Era la vida viviéndose a sí misma.

Desde entonces, querida mirada secreta, sé. Sé que de aquello de lo que dependes, de aquello eres esclavo. Se que las personas, en su ceguera, luchamos por ser alguien, sin darnos cuenta de que nuestro poder, nuestra plenitud se aleja de nosotros cuanto más alguien somos.  Porque,

lo que te hace ser alguien, te esclaviza.

Descubre tú, compañer@ de la mirada, qué es lo que te hace ser alguien concreto. Y atrévete a soltarlo. Porque,

Ser, sin ser alguien, es SER, es LIBERTAD.

¡Feliz Ahora!

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El tren de la Vida y la mochila psicológica

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“Cualquier peso que se pone en Dios, Él lo soporta. Puesto que el poder supremo de Dios hace que todas las cosas se muevan, ¿por qué, sin someternos a él, debemos inquietarnos nosotros constantemente con pensamientos sobre lo que debe ser hecho y cómo, y sobre lo que no debe ser hecho y cómo?”

Bhagavan Sri Ramana Maharshi

Lo que nos pesa tanto aquí, en mitad del pecho, y aquí, en la cabeza… las preocupaciones, los deseos, los recuerdos, las culpas, las envidias, los deberes, las exigencias, los intentos, los resultados, las quejas, los victimismos, los miedos, las manipulaciones, las mentiras, los rechazos, pesan tanto que a duras penas podemos abrirnos a la alegría, a la paz, a la armonía, a la belleza, al amor, a la libertad, a la dulzura, a la claridad.

¡Qué curioso! ¡La alegría, la paz, la armonía, la belleza, el amor, la libertad, la dulzura, la claridad no pesan nada! ¡Claro! Son reflejos de la Verdad. Y la Verdad es simple, transparente, liviana.

…uy uy uy, ¡aquí tenemos una chispa de la mirada secreta!

si lo que hay en mi mente y mi corazón pesa es que no viene de la Verdad

Todas esas “piedras” que tanto pesan son la mochila psicológica que llevamos encima. Ninguna de ellas está fuera de nosotros, sino que

todo lo que nos pesa es reactivo a nuestra programación mental.

A cada uno nos preocupan las cosas que nos han enseñado que son muy importantes o esenciales (no hay ninguna cosa que sea muy importante o esencial para todas las personas). Lo mismo ocurre con los deseos, las culpas, etc.

De acuerdo. Todos tenemos nuestra maleta particular que nos impide ver y vivir la belleza de la vida. y lo que solemos hacer con ella es intentar reparar su contenido. Así creemos que la maleta pesara menos. Pero la verdad es que no parece que este sea un camino muy eficaz para aligerarnos y poder vivir en paz. Entonces ¿qué podemos hacer?

Leyendo a un gran sabio, la mirada secreta reconoció la verdad (sólo la mirada secreta puede reconocer la verdad). El sabio dijo que esta maleta la llevábamos todos encima porque

no nos damos cuenta de que no somos nosotros los que llevamos la vida sino que es la vida la que nos lleva a nosotros.

Por eso cargamos la maleta encima de nuestra mente y nuestro corazón.

¡Imagínate! Ir en el tren cargando con la maleta, en vez de dejarla en el suelo.Y Así, no es de extrañar que no podamos disfrutar del viaje, ni de la compañía, ni del paisaje :)

La Inteligencia de la Vida nos lleva. Hemos de darnos cuenta que no somos nosotros los conductores, sino que vamos en el tren de la Vida. Y que no hace ninguna falta que llevemos encima todos nuestros pesos. Los podemos dejar tranquilamente a cargo del tren. Al fin y al cabo, es el tren de la Vida el que nos va a llevar a nosotros y a nuestros pesos. Así que ¿por qué no dejarlos en el suelo? Eso nos liberará y nos permitirá disfrutar del viaje, de las paradas que vaya haciendo, de los pasajeros que vayan compartiendo algunos tramos de nuestro viaje, del paisaje. Dejar nuestros pesos a cargo del tren de la Vida nos mantendrá las manos, la mirada, la mente y el corazón vacíos para que puedan ser llenados de aquello que la Inteligencia nos vaya mostrando. Libres de programaciones, de asuntos pendientes (ambos creados en un pasado que sólo existe como idea). Libres de deseos, expectativas, preocupaciones, miedos (todos creados también en un pasado que sólo existe como idea). Libres.

Libres para ver, para comprender, para vivir, para expresar lo que es Verdad.

El tren de la Vida te lleva a ti y lleva tu maleta.

Y tampoco hace falta que abras tu maleta y trates de ordenarla, de lavar sus trapos, de remendarlos. Por mucho empeño que le pongas no vas a acabar nunca de adecentar eso porque es como querer adecentar una maleta de basura que además de sólo ser desperdicios podridos, encima son virtuales. Misión imposible. Deja ya de intentar arreglar aquello que en si es desecho.

Y tampoco hace falta, de verdad, que la aguantes sobre ti.

Déjala al cuidado del tren, desocúpate totalmente de ella y ¡entrégate al gran viaje de la Vida! Solo funcionará si tu desocupación de la maleta es TOTAL.

Así sí.

¡FELIZ AHORA!

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SOLTAR Y SALTAR

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¡Suelta todo lo conocido y salta!
La mirada secreta

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¡Tantas cosas sabemos sin saber que las sabemos!. Como el bebé, la pequeña, que hoy es nuestra mirada secreta con su inocencia cristalina. Ella sabe cuando tragar y cuando respirar. Sabe todo sin saber que lo sabe. Como nosotros. El conocimiento está dentro nuestro y el camino es de reconocimiento y no de aprendizaje. Es el reconocimiento interno de algo que ya sabía. No puede ser aprendido. Por eso,

nadie nos puede dar la Verdad.

Toda la Verdad está en nosotros. Y cuando vemos, la vemos completa.

La Verdad no se puede ver a trocitos.

Es como la luz. Cuando pasa un rayo de luz, sea muy delgadito o muy ancho, en ese rayo está toda la luz, completa. Simplemente porque no es divisible. Como la Verdad. Cada vez que hemos vislumbrado algo de la Verdad, allí estaba toda la Verdad en su plenitud indivisible.

Así, todo lo que los enamorados de la Verdad hacemos en nuestro camino, ha de ser fuente de inspiración, pero nunca creamos que la Verdad nos la puede dar un maestro.

El camino solo puede ser interior.
Todo lo que aprendo no tiene nada que ver con la Verdad. Todo lo que aprendo está en la dimensión de lo que nace y muere. Todo lo que aprendo que antes no sabía, no pertenece a la eternidad. Por eso, en el despertar a la Verdad, no podemos ver la vida como una escuela -como tantas veces se cree-. La vida, desde la perspectiva del Despertar, es una oportunidad para reconocerMe, para des-cubrir la Verdad que siempre he sido.
La vida es una oportunidad, no una escuela.
Cuando vivimos la vida como una escuela, ya estamos suponiendo que nos falta algo, que somos incompletos, que hemos de desarrollarnos, evolucionar, mejorar. Y así es para las personas que están separadas unas de otras. Así es mientras yo crea ser una persona. Para las personas la vida puede ser una escuela, entre otras muchísimas posibilidades. Pero he de saber que, mientras viva en la escuela, o mejor dicho, mientras me viva persona, creyendo que he de aprender, mejorar, evolucionar, desarrollarme, no me daré cuenta que todo lo que puedo aprender, mejorar, evolucionar y desarrollarme está ligado a lo que un día nació y un día morirá, esta persona.
Sin embargo, hay algo en mí que intuyo eterno, no nacido, inmutable e indivisible. ESO no se puede aprender por mucho que me esfuerce (quien se esfuerza es la persona que quiere evolucionar).
Sri Ramana Maharshi se quedaba perplejo con aquellos que le pedían una y mil veces cómo llegar a la Verdad. Él no se cansaba de repetir algo así como “descubre quién eres; entra dentro de ti, en silencio y observa de dónde surge esta sensación de yo-soy”. Sin embargo, las personas seguían preguntando en vez de ponerse manos a la obra. Y es que
el pequeño yo no puede descubrir la Verdad.
El pequeño yo quiere caminar, pero no puede llegar a ningún sitio verdadero, porque vive en la dimensión del nacer y el morir, mientras que la Verdad, el verdadero Yo, Es, y nunca ha nacido ni morirá.
Para ir a la Verdad, hay que soltar y hay que saltar.

Hay que soltar todo lo conocido y hay que saltar a lo desconocido. Nada hemos de aprender. En el reconocimiento, el pequeño yo desaparece como el fantasma cuando se enciende la luz. En el reconocimiento, la Verdad es lo único, es completa, es Todo: lo conocido, lo desconocido y más allá de ambos.

Y si tu mente está diciendo: “¡Uff, qué difícil  es esto!“, dale la razón.
La mente sólo puede hacer la primera parte del camino. Es necesario que la mente llegue a su propio límite de entendimiento. Es necesario que contemplemos las preguntas y dudas que surgen en la mente, porque si no lo hacemos la mente no nos dejará ir más allá. Lleguemos a su límite con la investigación sincera, con la mirada secreta. Es hasta este límite hasta donde la mente nos puede acompañar. Después el silencio, el vehículo y lenguaje de la Verdad, deja atrás la mente. Allí, en el límite de nuestro entendimiento, nos está esperando el Vacío de todo lo conocido. Allí está la puerta a lo desconocido y más allá. Allí, en el salto, la Verdad nos abre sus brazos.
Gracias mirada secreta que brillas dulcemente en los ojos de los niños, en la naturaleza, en el cielo y las estrellas, en todo aquello que está libre de un pequeño yo.
¡Feliz Ahora!
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Lo que busco, es lo que Soy

Versión 2

Nan Yar? Arive Nan

Sri Ramana Maharshi

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Hace poquito quiso la Vida que esta persona se encontrara en una situación en la que perdió todas las referencias de aquello que creía ser. Anduvo perdida, buscando un espejo en el que reconocerse, pero no encontró ninguno. Y, frente a semejante situación, no le quedó más remedio que rendirse. No fue un rendimiento beatífico, sino un rendimiento por desesperación. Y con la rendición, como suele pasar, llegó la paz. Y con la paz, la Mirada Secreta se puso en marcha y esto es lo que me mostró, ¡bendita mirada!

Cuando me quito todos los ropajes, cuando me quito todos aquellos vestidos tras los cuales mi verdadero Ser está escondido, cuando me quito todas las capas que ocultan mi verdadero Ser, cuando todo eso va cayendo, lo que queda es invisible, incognoscible, pero es lo único REAL.

Yo no me doy cuenta de que ando escondidísimo, ando agazapado detrás de millones de cosas y aspectos que hasta ahora no había visto. Ando escondido detrás de la ropa que llevo. Ando escondido detrás de la comida que como, detrás de las ideas que tengo. Ando escondido detrás de la rutina que me da esa seguridad. Ando escondido detrás de todo aquello que coloco a continuación del pronombre posesivo “mi”: mi casa, mi manera de pensar, mi familia, mi trabajo, mi país, mi cuerpo… Todos esos añadidos, -no en si mismos (nada hay de malo en la casa, la familia, el trabajo, el cuerpo) sino en la identificación, en el verter quien soy yo en esos aspectos o cosas que acompañan la experiencia de vida-, ocultan mi verdadero Ser y me separan del resto del mundo. Tan impactante es el descubrimiento que me da la mirada secreta hoy, justo hoy que el mundo se vuelve a convulsionar por el terror creado por la ignorancia, que me muestra con total claridad que sin los “mi” y los “mío” la guerra no sería posible… Es impresionante lo simple que es la Verdad. Lo simple y lo poderosa…

Es impresionante ver que

el problema no son los pensamientos, sino el hecho de creer que son míos.

Y lo mismo con las emociones, el cuerpo, las relaciones, los credos, el país… Esa barbaridad de aspectos y cosas con los que yo me identifico, ocultan mi verdadera identidad.

Para que yo conozca mi verdadera identidad, para que yo sea quien soy, no tengo que eliminar aquello con lo que me identifico. No tengo que separarme de mi familia, dejar el trabajo, etc.

Lo que tiene que caer es la identificación con todo ello.

Es realmente una paradoja:

quien verdaderamente soy no se identifica con nada. Nada da identidad a quien soy.

La identidad de quien verdaderamente soy, es intrínseca al Ser. No es un cumulo de cualidades añadidas, ni tan solo una añadidura individual.

Cuando pierdes un poco esos aspectos que te identificas, inmediatamente surge el miedo y una sensación de estar perdido, de no reconocerse en nada. Todas esas identificaciones que han caído eran espejos en los que yo me podía reconocer. Y ahora no me encuentro a mi mismo, no me veo.

En la verdadera identidad, en quien soy verdaderamente, no me voy a poder reconocer nunca. Sólo voy a poder Ser-la.

Todo aquello en lo que creo reconocerme, es externo a quien soy yo. Es algo añadido. Y el Ser no tiene ninguna añadidura. Es pleno en Si mismo. Nada se le puede añadir. Es puro.

Todo lo que añadimos, oculta el Ser.

Todo eso no me sirve a mi para conocer el Ser que Soy. Porque no puedo conocer Quien Soy. No me puedo dividir y que un yo vea a otro yo. Así que ir viendo aquello que no soy, estos añadidos tras lo que el Ser está escondido, toda esta investigación, me sirve para dejar caer, para darme cuenta de la irrealidad de todo lo añadido, para darme cuenta de la irrealidad de todos los mis y mios. Para que vaya cayendo aquello que creí ser y no soy. Y en ese desnudarse quede la Transparencia de Conciencia Infinita que nada es y todo lo incluye. Y en ese desnudarse hay libertad. Hay paz.

Aixxxxxxx

¡Feliz Ahora!

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Cuento III. La oveja infeliz

  “No hay misterio más grande que éste: siendo nosotros la realidad, buscamos obtenerla ”

                                Sri Ramana Maharshi

Erase una vez una ovejita que no era feliz…No sabía por qué no era feliz. Tenía todos los pastos que necesitaba, un buen pastor que la iba a buscar si se perdía, unas compañeras que la querían mucho. Una vez que se cayó por un terraplén, estuvieron balando a su lado para que el pastor se diera cuenta y gracias a ellas, sobrevivió. Incluso era amiga del perro, cosa que no era muy frecuente. Pero es que ella siempre había sido una ovejita cumplidora, amable y respetuosa. Y eso, cualquier perro que se precie de ser un buen guía, lo agradece, ya que le facilita un montón su trabajo. El perro decía de ella que daba gusto lo buena oveja que era, incluso solía ponerle de ejemplo frente a las demás ovejas, especialmente frente a las más jóvenes que andan siempre retándole porque no les gusta que nadie les mande, y eso de que lo hacen “por su propio bien” ni lo entienden ni lo quieren.

Así que, siendo como era una oveja realmente maravillosa, el no-va-más de las ovejas, ella no era feliz ni entendía por qué no lo era.

Sentía como si no estuviera donde le corresponde. Sentía que le faltaba algo y no una nimiedad sino algo fundamental, esencial, imprescindible. Pero no sabía lo que era.

Su desazón iba y venía: pasaba temporadas muy distraída, especialmente la de la esquila. Tan ocupada andaba en esos momentos que parecía que todo estaba bien. Pero en cuanto se quedaba sin actividades interesantes que le ocuparan la atención, volvía a aparecer en su mente y en su corazón aquella pesadumbre que no le dejaba ser feliz.

Una vez le preguntó a la oveja más vieja del rebaño si ella también sentía ese vacío que tanto le hacía sufrir. Y cual fue su sorpresa que la vieja oveja afirmó que siempre había sentido eso. La ovejita se quedó pasmada… entonces ¡era una sensación endémica!. La vieja oveja le explicó que esa era una sensación normal en las ovejas y que no se le tenía que hacer mucho caso. Que, simplemente, viviera tranquila sabiendo que igual que tenía el pelo rizado y blanco, le tocaba sentir eso en el centro de su corazón.

La ovejita no sabía que hacer con la información tan sorprendente que le había dado la vieja oveja. ¿Cómo era posible que todas las ovejas sintieran eso tan feo y nadie hubiera hecho nada al respecto sino tirarle tierra encima y disimularlo? Lo que le confirmó la vieja oveja, en vez de hacerle sentir mejor por aquello de que “mal de muchos es consuelo de tontos”, acabó de hundirle en la miseria.

Le dijo a la vieja oveja que no podía creer que las ovejas se tuvieran que conformar con hacer el ver que eran felices por fuera mientras por dentro sufrían un no-sé-qué que les mantenía en un secreto sufrimiento. Se lo dijo enfadada, como si estuviera defraudada de la especie a la que pertenecía. Le preguntó si era verdad que nadie, nadie había hecho algo por salir de ese estado. La vieja oveja, con una sonrisa de derrota crónica, le confesó que sí, que alguna oveja había llegado a pasarlo tan mal que, para escapar de su malestar, habían puesto pies en polvorosa… Se habían escapado del rebaño. Y esa había sido su mayor desgracia, porque fuera estaba el lobo esperándoles. Y las pocas ovejas que, por débiles, no habían podido aguantar esa desazón del alma y habían decidido abandonar el rebaño no habían vuelto nunca más, pasto de lobos, pobrecitas…

Así que la ovejita se fue, no ya enfadada, sino hundida del todo. Lo que había aprendido de la vieja oveja la dejaba en una situación tan penosa que más penosa no podía ser: la infelicidad interior era normal; había que aceptarla y vivirla como si no existiera, disimulando -esa era la actitud de las buenas ovejas-; y si no podías aguantarla más, sólo te esperaba el lobo fuera para comerte. ¡Vaya plan más fantástico! Ahora la infelicidad era completa, por dentro y por fuera.

Así que sabiendo lo que ahora sabía, empezó a no poder disfrutar de nada, ni siquiera de la fiesta de la esquila. Todo era horrible. Dentro suyo lloraba, y fuera lloraba también. Las demás ovejas le intentaban animar, incluso alguna le aconsejó tomar antidepresivos (le confesó que ella misma los tomaba hacía ya unos meses y le estaban yendo muy bien, ya casi no sentía el agujero en el pecho…). Otras ovejas le decían que tenía que ser fuerte, que era de débiles no saber vivir con “eso” sin que se le notara, que las ovejas hechas y derechas, aunque tuvieran esa angustia en su centro, no lo mostraban nunca ni se les notaba nada, nada. 

¡Ay, pobre ovejita! Ella no era capaz ni de disimular, ni de tomar antidepresivos… 

La presión que sentía se iba haciendo más y más fuerte y la vida ovejuna era cada vez más intolerable. No veía ni un rayito de luz en la desesperanza en la que vivía. Y así fue pasando el tiempo -no mucho tiempo, un poquito solo- hasta que un día, el día más inesperado de todos, andaban pastando en un precioso prado verde, al calorcito de un solecito suave y sin pensarlo dos veces, tan intenso era el agobio que sentía, se puso a correr y a correr… Las compañeras extrañadas le miraban correr como una posesa y la vieja oveja, presintiendo la desgracia, a pleno pulmón le gritaba: ¡Vuelve desdichada que el lobo te comerá! Todo el rebaño alborotado no paraba de balarle que volviera. El perro también la perseguía, aunque a él lo del lobo le era igual, lo que quería es que volviera al rebaño pues ahí es donde debía estar. El pastor dormía bajo un roble, como solía hacer. Sólo después, cuando despertara, se daría cuenta que la había perdido y saldría en su busca. Pero, ¿sabéis qué? Esta vez no la encontraría, nunca más.

Porque la ovejita corrió y corrió. Mejor era ser comida por el lobo que seguir con esa vida ovejuna sin sentido. Corrió huyendo y corrió buscando la verdad. Corrió porque no quería sufrir más y corrió porque quería encontrar aquello que parecía faltarle a su corazón. Corrió porque no se conformaba. Y corrió llena de miedo, miedo al lobo, miedo a morir, miedo a perder su rebaño que tanto le había protegido. Corrió con miedo, con el miedo más grande que se pueda tener, pero corrió.

Y en su galopar pasó que sin ella darse cuenta, empezó una transformación, ¡qué digo una transformación!, ¡una transmutación en toda regla! Su pelo de oveja, su hocico de oveja, sus orejas de oveja. sus ojos de oveja, no sé….., su todo de oveja empezó a despegarse de una forma rara, de una forma que parece que sólo acontece en las películas, y conforme se iba despegando de ella, iba apareciendo otro ”yo”, otra figura muy diferente…. Desde fuera, que es desde donde la mirada secreta lo veía, se empezó a intuir que debajo de lo que parecía haber sido una oveja, en realidad había…. ¡UN LOBO!

¡Dios mío! La que había parecido ser una oveja toda su vida, era en realidad un lobo. Pero eso no lo pudo descubrir mientras aceptó su condición de oveja, aquella condición que le habían hecho creer que era desde que nació. 

En su correr desesperada, se desprendió de lo que nunca había sido, y FUE, fue lo que siempre había sido.

Claro que no volvió al rebaño. Y claro que no volvió a sentir un vacío dentro. 

 Su vacío había sido creer ser lo que no era.

Y así me hace saber la mirada secreta. Sólo los valientes tienen miedo y aún con su miedo a cuestas, se aventuran a descubrir quienes son en verdad.

Dulce mirada… puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

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El arca del ser humano

IMG_5941Verdaderamente, uno mismo es el Ojo, el Ojo sin Fin

Sri Ramana Maharshi

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Con poquísimos conocimientos -por no decir ninguno- de la historia bíblica, siempre me pregunté que debió sentir Noé cuando después del diluvio abrió por primera vez las puertas del arca…
En esta mañana dulce por armoniosa, suave por luminosa, tierna por recién nacida, sale de la mirada secreta prestarle atención a este mundo nuestro, a este arca en la que vivimos desde tiempos inmemorables.
Imagina, ya llevamos tantísimo tiempo en el arca que
nos hemos olvidado que estamos dentro de un algo y que hay un afuera que es el verdadero mundo.
Yo no sé como sería el arca en sus principios. Pero ahora todo está muy enredado. Sus calles están torcidas y se cruzan unas con otras. Todo lo que aquí  existe se mueve a mucha velocidad, a velocidad vertiginosa para, al final, ir a ningún sitio:
por mucho que camine dentro del arca, seguiré dentro del arca.
Es como si fueran circuitos de scalextric de formas inverosímiles por donde los cochecitos corren a toda velocidad con la única posibilidad de pasar por los mismos railes una y otra vez. Sin embargo su locura, su velocidad, nos atrapa e hipnotiza y no nos deja salir. Hay mucho, mucho ruido. Lo sé porque he pasado mucho tiempo buscando un rinconcito en el que poder descansar las orejas, pero no lo he encontrado.
En este mundo en el que tu y yo vivimos, en este “arca” todo lo que aparece se da por verdadero sin comprobación alguna. Pero no solo eso, sino que eso que aparece y se da por verdadero no suele ser muy amoroso que digamos. Más bien es doloroso. Este mundo no deja de recordarnos lo mal que han ido, van o pueden ir las cosas. Hay señales de peligro en cada esquina. Hay previsiones de terremotos, incendios, nuevos diluvios y sunamis a cada paso. Hay recordatorios que no paran de alertarnos de que nos faltan cosas, de que no estamos bien, de que no somos lo que tendríamos que ser, ni tu ni yo. Es este un mundo en el que prácticamente nada en ningún momento está bien del todo. A cada paso puedes leer carteles que nos recuerdan que “todo es mejorable”. Otros paneles de neón nos gritan “Esfuérzate en mejorar” “Todo depende de ti”. Algunos carteles más modernos, que tratan de poner algo de luz en este oscurísimo mundo en el que vivimos, dicen “piensa en positivo” “acepta lo que hay” “si eres bueno, conseguirás el cielo mañana” Y estos últimos carteles aún empeoran más las cosas, porque ¿cómo voy a pensar en positivo viendo lo que hay? ¿cómo puedo aceptar tanta locura y tanta porquería? Y el último cartel….ya ves, en este mundo se arrastra el pasado y se vive para el futuro. En este mundo no existe el presente y es por eso que
en este mundo en el que creemos vivir, no hay vida ni vive nadie.
Pero fuera de este mundo, fuera del arca, hay otro mundo, muchísimo más grande. Es un mundo diáfano, esponjoso, elástico, ligero. Un mundo que en su equilibrio perfecto, abraza todo aquello que surge y se desvanece en el tiempo, en un eterno Ahora. En el que ni falta ni sobra nada. La armonía y la paz sostienen todas las notas, desde las más sutiles a las más salvajes, en una creación sinfónica inacabable…
Aunque hayamos vivido dentro del arca, encerrados en un aire casi irrespirable, el arca siempre ha vivido en este mundo diáfano y verdadero. Es por eso que es Aquí donde vivimos, tanto si lo sabemos como si no. Porque este mundo fuera del arca es el real.
Sabe pues que el arca es la mente del pequeño e inventado “yo”. Si. La mente psicológica, de un parecido casi aterrador con lo que tu y yo llamamos el mundo (¿será que esta mente nuestra ha fabricado el mundo en que vivimos a su imagen y semejanza?). Y el mundo que hay “afuera”de la mente, la Realidad.
Cuando las puertas del arca se abren, lo que veo me deja en el más profundo silencio. Beso el suelo con reverencia. Oigo una voz más-que-amorosa que dice “el arca es un espejismo” Se derrama una sólo lágrima… Ahora comprendo. Todo está bien.
Mirada que brotas de la Realidad y en Tu Belleza me atrapas y me sacas del arca. Y al salir, soy Tu, Mirada y es entonces que sé qué eres, que sé que Soy. Ahí, fuera del arca que nunca existió…
¡Feliz Ahora!
a
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Revelando

IMG_5571“Conoce sin pensamientos”

Sri Ramana Maharshi

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Revelar es la palabra que acompaña a la mirada secreta.
En fotografía, revelar significa hacer visible la imagen latente impresa en la placa,la película o el papel fotográfico. En filosofía y en el lenguaje común, revelar significa descubrir lo secreto. Y descubrir realmente quiere decir
des-cubrir, quitar aquello que cubre lo que ya es.
La mirada secreta no busca nada. No hace esfuerzos para conseguir algo en el futuro, lo que quiere decir que no tiene objetivo alguno. Sólo mira. Sin saber.
Y todo eso me lo cuenta la mirada porque quiero comprender con la mente. Si no, ¿cómo voy a comprender? Es lo que me han enseñado. Me han dicho que la mente es el órgano más poderoso que poseo. Me han dicho que reflexione, que sopese, que mire los pros y contras. Me han dicho que la inteligencia vive en la mente. En los pensamientos. Y yo, como siempre, no he dudado de lo que me han enseñado, a pesar de ver los problemas eternos del mundo, a pesar de ver que la mente no parece conducirnos a nada mejor en nuestra cualidad como seres humanos…
Cuando se despierta el amor por la Verdad, aún sin conocerla, la mente es la que quiere comprender. Y se esfuerza mucho. Y se crea muchos objetivos. Cree que tiene que conseguir no sé qué logros que le demuestren a esta pobre persona que algo comprende. Y todo eso lo único que crea es angustia.
Cuando la mente quiere comprender, surge la angustia.
¿Cómo no va a ser así si la pobre mente no tiene la capacidad de ver más allá de sus creencias? Es como pedirle al ojo que componga una sinfonía, o al oído que pinte un paisaje… La mente no está capacitada para descubrir la Verdad.
Si recuperamos el ejemplo del revelado de fotografías, sería como pedir a los pensamientos que fueran capaces de desvelar lo que oculta la placa. Y así es como ha salido la entrada de hoy de la mirada secreta.
La mirada me ha revelado cúal es el líquido en el que se ha de sumergir la blancura del no-saber para que poquito a poco vaya surgiendo la imagen que apunta a la Verdad…
¡El líquido revelador de la Verdad que ya Es, es el Silencio!
Cuando la mente queda en silencio, la Verdad se revela.
La mente no puede des-cubrir la Verdad. Pero, al dejar el Todo Desconocido reposar en el Silencio Revelador,  la mente la puede ver con el “ojo” de la mirada secreta.
¡Es a eso a lo que llamo revelación! ¡Cuánta belleza, dulce mirada!
Gracias gracias gracias
¡Feliz Ahora!
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De la mente pura

“”La luz de la Verdad es reflejada en la mente pura”

Sri Ramana Maharshi

 

 

 

Ayer por la mañana estaba desayunando con mi hijo y me contó que había pasado toda la noche viendo setas, después de dedicarse a ello todo el día anterior. Vimos que nos pasaba muy a menudo cada vez que estabamos ocupados mucho tiempo con algo concreto.

Y así andabamos cuando de pronto mi hijo me dice:

la mente funciona con lo que le das de comer

Había entrado la mirada secreta.

Cuando contemplamos el agua de un charco, podemos ver lo que su superficie refleja y también podemos ver el fondo.

El reflejo puede ser más o menos preciso según los movimientos y los posibles objetos que se hallen flotando en la superficie del agua.

El fondo puede vislumbrarse más o menos, según lo límpia que esté el agua.

Es la pureza del agua y su quietud lo que permitirá que los reflejos se acerquen a la verdad de lo reflejado y que mostrará a nuestra mirada su fondo real.

El Sol se refleja en el charco. El sol es la verdad. El reflejo es mero reflejo, pero conforme el agua es más quieta y límpida, más puedo conocer el sol aunque sólo contemple su reflejo.

Pues así pasa con nuestra mente. El agua es como nuestros pensamientos. Si los pensamientos están aquietados, si no están llenos de ruido y son pensamientos inspirados y no tráfico polucionado, la mente reflejará la verdad. No la podrá ver directamente, pero la reflejará con claridad. Y lo mismo ocurrirá con el fondo, la profundidad de las cosas. No nos quedaremos en lo aparente, podremos acercarnos a la esencia de aquello que acontece.

Algunas personas más o menos conscientes, se preocupan por lo que comen, por cómo alimentan su cuerpo. Saben que su cuerpo es el resultado de su alimentación. Saben que para que el cuerpo funcione lo mejor posible, necesita un alimento adecuado. Pero, ¿cuántos de nosotros estamos pendientes de

con qué alimentamos nuestra mente?

Y así habló la mirada secreta:

Es la mente sutil tan nítida y frágil como las aguas de un lago.

La más ligera brisa ondea la superficie y altera lo reflejado.

Impidiendo ver claramente, ni el reflejo de plata,

ni el Fondo Dorado.

Por eso urge mantener la mente pura

de vientos, brisas y barros.

Y en esa Quietud límpida,

transparente la mente lo Anhelado

a ese ojo silencioso que contempla lo Sagrado.

Si fuera que un tornado removiera con fuerza el lago,

las aguas se apartarían. El Fondo, así, despejado.

¡Que llegue un viento huracanado!

O que la menor ínfima brisa enturbie su superficie

y puede el ojo hundirse en lo más profundo del lago.

 

Observemos la dieta con la que alimentemos nuestra mente. Porque nuestra mirada depende de ello.

¡Feliz feliz Ahora!

 

 

 

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El pequeño gran obstáculo

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“No hay inconveniente en implicarse en las acciones que nos sobrevienen de modo natural. La esclavitud consiste en creer que somos los hacedores de esas acciones y apegarnos a sus frutos o resultados.”

Sri Ramana Maharshi

A veces me gusta colorear.
Nunca se me había dado muy bien. Mi pulso no era muy bueno y mi coordinación mente-ojo-mano tampoco. Había tratado de mejorarlo a base de paciencia y buena voluntad. No me rendía. Quería colorear sin salirme de la raya, sin hacer manchones. Quería plasmar belleza y perfección. Veía la facilidad con que otros coloreaban y sentía frustración. De hecho, era tanto el esfuerzo que ponía en hacerlo bien, que no podía colorear mucho rato.
Bueno, pues el otro día estaba coloreando
en ese estado de paz que da el no pretender nada, el no querer demostrar nada, el no desear ningún resultado.
Tan en paz estaba, que ni este pequeño “yo” estaba. Así que no había ni un “mi”, ni un “me”, ni un querer ni un sentir. Por no haber, ni esfuerzo había…
Y en este estado, vi la mano sujetando fácilmente el lápiz de color, vi los movimientos precisos que la mano hacía, vi cómo se iba rellenando el dibujo con el color y cómo la silueta negra era un muro que el lápiz no franqueaba ni milimétricamente…
La mano, el brazo, el ojo, el lápiz, el papel, el dibujo, eran todos un conjunto armonioso de expresión de vida. Y
yo era quien veía. No había nadie haciendo nada.
Todo sucedía sin que hubiera ningún “yo” voluntarioso haciendo nada. ¡Qué milagro más extraño y sorprendente!
La mirada secreta se reía alegre como el río de las montañas en primavera -a la mirada secreta le encantan los milagros…
-Esto es lo que te quería enseñar- me dijo.
-Cuando se deja de dar realidad al pequeño “yo” (ese quien crees ser que no es más que un potaje de ideas y creencias), ocurre que se deja de poner obstáculos a la Inteligencia de la Vida y las cualidades de esta persona, las dotes de su cuerpo, de su mente y de su corazón brillan en su máximo esplendor.
-Fíjate bien- continuó la mirada– observa como funciona la naturaleza, como funciona el cosmos. Fíjate con qué equilibrio, belleza e inteligencia se despliegan. Y ahora observa al ser humano… ¿ves que diferente? Eso es porque el pequeño “yo” de cada persona está metiéndose en todo, en las tareas del cuerpo, de la mente y del corazón. Sus deseos, rechazos, querencias, sus agravios, juicios, su voluntad,… están queriendo mandar en todo.
-Mira cómo en cuanto dejaste que la persona fuera quien pintara, aquello que tanto querías, sucedió.
El único obstáculo para que se exprese la Inteligencia que somos, es el pequeño e inventado “yo”
    -¡Madre mía! Entonces, si esto ocurre coloreando un dibujo, ¿qué pasará con todo lo demás si este “yo” se retira?-
-Eso no te lo puedo decir. De nada serviría. ESO LO HAS DE VER– contestó la mirada secreta
¡Feliz Ahora!
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