Archivo de la etiqueta: plenitud

Lo sagrado en lo cotidiano

“La catedral de Dios es el universo entero”

La mirada secreta

 

Volvió el aventurero a casa. Y en su mochila llevaba regalos para todos los que quisiéramos acercarnos. Nos abrimos de par en par para poder abrazarle a él y a todo lo que él traía. Y poquito a poco, empezó a sacar los tesoros que en el camino había encontrado: una amistad que traspasa océanos; la simbiosis de la fuerza con la debilidad; la belleza inmaculada que brota de dentro y se posa en los parajes también vírgenes de la naturaleza; la generosidad mil veces retornada; la intuición como guía certero; el amor más puro arropando el terror más inimaginable; miles de pequeños animalitos alados trazando estelas interminables de luz sobre lo que un día fue un infierno; la alegría de vivir de los que saben que la vida es frágil… Mi corazón aún no ha digerido y anda buscando un lugar donde aposentar dulcemente las ofrendas del amado explorador.

Y entre todo lo que trajo, ahora, en soledad, en silencio, en medio de un concierto de trinos que da la bienvenida a un tímido sol después de una noche de tormentas, vuelve a mi un pequeño regalo que casi pasó desapercibido entre tantas profundidades: allá lejos, el hombre posa en cualquier sitio una bandejita con ofrendas para la vida, para los dioses. No importa donde posa su bandeja. No importa cuál es su ocupación, ni su condición, ni lo que le pasa o le deja de pasar. Dos, tres veces al día, se ocupa en ofrendar.

Ofrendar es honorar. Es agradecer. Es un acto de humildad. Es un reconocimiento a la Bondad oculta.

Ofrendar es no sentirme nunca en soledad. Es reconocerme en conexión con lo Desconocido. Es reconocer la Verdad que no se ve, pero que se siente.

Ofrendar es un acto de reconocimiento que traspasa lo racional. Ofrendar es pintar de belleza la cotidianidad. Es parar unos segundos para darme cuenta. Es saludar amable, reverencialmente Aquello que es Fuente de vida. Es mantener el hilo interior con lo más alto que habita en mi interior.

Ofrendar es dar cabida a algo más que este pequeño yo. Es expander este pequeño yo. Es pedir ayuda y protección por saberme pequeño.

Ofrendar es ofrecerse.

Ofrendar es mostrar alegría por el hecho de estar vivo. Es honrar la vida. Honrar la tierra. Honrar a los que murierion. Honrar a los que vendrán. Honrar a los que estamos. Ofrendar es honrar.

Y por ahí anda esa gente que en cualquier rincón, más de una vez al día, ofrece a Eso su pequeña bandeja llena de pequeños tesoros. Y en ese acto, mantiene despierta la sacralidad de la vida.

Así anda esa gente. Sonriendo. Confiada. Inocente. Bella. Alegre. Dulce. Amorosa.

Ellos no han perdido la unión con lo Desconocido. Ellos no han perdido la sacralidad de la vida. Ellos no han perdido el sentido de la vida.

Y así me lo muestra la mirada secreta:

La unión íntima con lo Desconocido, la sacralidad de la vida y el sentido de la vida son inseparables.

Gracias hijo mío, por traer de tan lejanas tierras semejante regalo.

Gracias mirada secreta por mostrarme la profundidad de su regalo.

Lo acojo y mi alma se viste con este tesoro:

Vivir la vida como una ofrenda a Eso. No hay vida más plena.

 

 

 

 

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Dentro, nada. Fuera, todo

“La naturaleza es la mejor maestra de la verdad.”

San Ambrosio

 



 

Esta mañana, la vida se despliega en toda su belleza. La armonía resplandece. Los árboles sin hojas, muestran su dignidad desnuda y recia. Los pajarillos hacen sus piruetas tan alocadas como precisas, derrochando una vitalidad sin fin. La tierra abrigada por un manto de hojas regaladas duerme en el frío, pacíficamente. La niña en la piedra sentada, los sentidos empapados. Dentro nada. Fuera todo.

Hoy el cielo roba el azul al mar y lo hace suyo. Lo más delicado baila sutilmente y en su danza se reconoce el mágico viento, siempre invisible, siempre peregrinando a no se sabe donde.

Nada se esconde separándose del resto. No hay resto. Los árboles, los pájaros, la niña, la tierra, el cielo, el viento y los espacios aparentemente vacios, se pertenecen los unos a los otros, se viven un sólo canto de afinación exquisita.

Es la vida interpretándose a si misma. Su canción silenciosa, la más bella melodía.

Esta mañana la mirada secreta esboza una sonrisa traviesa:

¡Que difícil es hallar la paz dentro de la mente y que fácil es hallarla fuera!

Ahora la naturaleza es cómplice de este anhelo de paz.

Ahora la contemplación encuentra en ella la translúcida verdad.

Ahora la niña es en la naturaleza y en ningún sitio más.

Ahora fuera de ella sólo hay sueños del pensar.

Amplia la sonrisa, la mirada secreta susurra su mantra de paz: todo está bien, todo está bien.

Dentro, nada. Fuera, todo.

El sueño se acaba ya.

¡Feliz Ahora!

 

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El silencio de las flores

silencioflores

” …cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”

Juan de la Cruz

Llegó la alegría de la mano de la naturaleza y después sólto su mano para instalarse en el alma despierta, que es su casa…

A veces, cuando el alma anda dormida, lo único que podemos hacer es abrir la puerta de su casa. Dentro reina un silencio, que aún sin ser el Gran Silencio, es silencio, el silencio del sueño. Si asomas la cabeza verás a la Alegría, a la Paz, a la Libertad, al Amor, a la Sabiduría, a la Belleza, a la Compasión, a la Armonía y a todo el resto de esencias de la Verdad, todas enroscadas en sí mismas, hechas un ovillito y durmiendo el sueño inocente del recién nacido…

Y así lo hice. Abrí la puerta de la casa del alma, donde el silencio del sueño vela amorosamente sobre los aromas de la Realidad. Los ví durmiendo y salí de puntillas, dejándo tras de mi la puerta abierta…

Y entonces, por delante de la puerta del alma, pasó una flor… y la Belleza dormida y recogida en el fondo de la estancia pareció estremecerse pero no… no se despertó…

… después pasó frente a la puerta abierta un paisaje espléndido y la Armonía que está roncando en aquel rincón, dió un pequeño respingo pero no… no se despertó -aunque pude entreveer como sonreía en sueños-…

… más tarde pasó un águila frente a la puerta abierta del alma… y la Libertad que andaba durmiendo a sus más grandes anchas -tal como le toca por su condición de esencia mayor- suspiró profundamente, se movió pero……no. Acabó recolocándose en una posición más cómoda pero tampoco despertó…

…y al rato pasó mi amante…. y el Amor durmiendo en el centro de la estancia se puso a palpitar muy fuerte, tanto que casi despertó, pero no…. Y es que ¡se está tan bien durmiendo!

Y así ha ido sucediendo. Aunque casi no se notara, el alma iba despertando al canto de todas las inspiraciones. Y al final, cuando todo empieza, una inspiración llamó en el momento más oportuno a la Alegría. Y la Alegría, siempre presta a despertarse en este alma mía, saltó de su lecho y rauda como la luz que le dá la vida, salió por la puerta y se fué a pasear con la naturaleza, de su mano. Y cuando ya estaba bien despierta, la soltó y volvió a la casa. Ni corta ni perezosa abrió las cortinas y ventanas para que se oyera bien fuerte el tañido de las campanas de la catedral de la Vida, despertándo a todas las Esencias, y el alma, de nuevo, resucitó de entre los dormidos…

En el centro del centro. En una sola de los millones de flores que tapizan la Tierra, en una sola, contemplándola, se vé la Verdad. Cuando la flor se abre ya no se vuelve a cerrar hasta su disolución. La flor se abre y su belleza es fuente de vida. En su bondad esencial alimenta los estómagos de unos y los corazones de otros.

La flor es ofrenda de Amor. Sutil hermosura inocente. Aliento de la Armonía de la vida.

Aparentemente frágil, vive en profunda confianza hacia la luz y sus raices. Su visión primorosa silencia los pensamientos. En su presencia mora el mundo de las Esencias.

El silencio de las flores habla a la mirada secreta,

y en su silencio pace el Amado, quien puso su mano hasta en la más diminuta flor, vistiéndola de plenitud, al ojo de aquel que respira despierto…

¡FELIZ AHORA!

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Tres en Uno

“Nunca limites tu mirada sobre la vida a la experiencia previa”

Ernest Holmes

 

 

Algo precioso de la mirada secreta es que cualquier vivencia que se repita, nunca va a ser igual si estamos abiertos a ver. Es muy grande. Mucho. Porque esto implica que cada segundo es nuevo, realmente nuevo. Implica que la vida sólo es monótona para el que está dormido. Implica que la vida es sorprendente a cada momento. Que cada instante es un estreno. Así de grande es la vida, y así de bello es el descubrimiento que me deparó la mirada secreta hace dos días…

Eramos 23 personas, todas unidas por un sólo propósito: seguir descubriendo la naturaleza del ser humano en su expresión más elevada, la espiritualidad. Todas unidas en la intención de un trato de gratuidad, -un trato con el otro que nada busca más que acoger lo que recibe y ofrecer lo que brote desde la espontaneidad-. Que bella palabra descubierta: GRATUIDAD. Descubierta gracias a la mirada marítima de unos ojos profundamente negros y vivos como ese universo que nos acoje y nos enconge el alma en la noche estrellada…

Y realizamos aquel ejercicio de dejarnos caer de espaldas confiando en que unos brazos no visibles nos recogerían antes de caer contra el suelo.

Cuando fué mi turno, me dispuse con toda la apertura posible a dejarme caer. Respiré profundamente y cerrando los ojos, me solté hacia un destino incierto… Fué un instante. Pero un instante largo. Fué un suspiro, pero un suspiro profundo. Fué un segundo, pero un segundo pleno.

Y en ese segundo pleno, largo y profundo, la mirada rasgó la conciencia y de la conciencia brotó con fuerza una sensación triple, un tres-en-uno indivisible:

apareció una clara y definida sensación de confianza, confianza en todos y en nadie en concreto, una confianza sin objeto, un estado de confianza;

apareció una sensación de absoluta entrega. Nada en mí quedó para mí. No hubo ningún asimiento. Nada era mio. Una entrega completa, sin condiciones. Una entrega que, dándolo todo, no daba a nadie nada y que nada retenía.

y apareció una sensación de libertad inmensa, como si la caída no hubiera sido de un metro sino una caída al vacío infinito, una caída eterna en la que hubiera tenido tiempo de gozar de un espacio inmesurable puesto a mi disposición…

…confianza, libertad y entrega, sinónimos inseparables más allá de las palabras.

Y eso me enseño la mirada secreta esta vez:

cuando la confianza es plena, la entrega también lo es, y en esa entrega plena, brota la libertad

¡Que extraña es a veces la mirada! Siempre había creído que la verdadera libertad no entrega nada. Que la confianza es poner en manos del otro tu libertad. Que la entrega de tu libertad es porque no confías suficientemente en ti. Eso es lo que nos parece.

Pero la realidad, como siempre y como deciamos al principio, se nos muestra nuevecita a cada segundo y nos sorprende con su sabiduria. Confianza, entrega y libertad. Tres en Uno. Indivisibles.

Gracias a la energía de los 23 unidos se pudo descubrir esta nueva mirada secreta. A ellos y a todos los que andamos por estos caminos, se la dedico.

¡Feliz feliz ahora!

 

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EL FACTOR CLAVE

“El secreto está en la mirada”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

 

Esta noche, mientras dormía, la Mirada Secreta iba haciendo de las suyas –la Mirada Secreta es tan gran compañera que incluso durmiendo está enseñándome…– Me mostró la cara de soberbia y enfado de un personaje público al lado de la cara beatífica, serena e inocente de otro personaje público.

Cuando he despertado esta mañana, el recuerdo me ha hecho sonreír. Y he empezado a investigar…

Alguien dijo una vez que el ser humano es él y sus circunstancias. Pero no es así como se ve cuando se abren los ojos. Las circunstancias no hacen al ser humano, por lo menos no al 100%. A estas alturas del progresivo acercamiento del hombre hacia la Verdad, ya muchos nos hemos dado cuenta de que lo que puede influir en nosotros no son tanto las circunstancias sino como nosotros las vivimos, como las procesamos.

Cada niño nace en una época y en una familia; con unas condiciones físicas, emocionales y mentales concretas; y con unas vivencias en la infancia temprana personales. Pero ninguna de estas condiciones es suficiente para predecir qué tipo de persona será.

Hitler y Gandhi. Dos seres humanos. Dos cuerpos prácticamente idénticos, con un hígado, dos ojos, un cerebro. Probablemente con dos historias personales muy diferentes. Ambos tuvieron hermanos que vivieron en condiciones muy similares (igual que nuestros hermanos) y sin embargo los hermanos no se comportaron igual que ellos… Dos seres humanos, con el mismo potencial en el momento de nacer…

Tiene que haber un factor que tenga un peso real en el desarrollo y expresión de cada ser humano. Un factor clave. Un factor más allá de todas las circunstancias y condiciones tan archiconocidas y estudiadas por los académicos y científicos. Un factor que posea las características necesarias para permitir que se cumplan las leyes básicas y universales de la naturaleza, leyes como las del equilibrio -que asegura la Unicidad a través de la armonía de todas las manifestaciones-, o la de la evolución -que permite a través de la transformación continuada el viaje que nos aproxima a la perfección- . Un factor que esté al abasto de todos los seres humanos -cumpliendo la ley del amor que asegura que todo lo creado cuente con las máximos potenciales para su completo desarrollo-. Un factor tan fundamental que pueda revertir cualquier condición y circunstancia para que el hombre pueda realizarse como tal.

Esta noche la Mirada Secreta me ha susurrado al oído lo que tantas veces me ha enseñado y que esta vez quiere ver escrito en el blog:

la persona es el resultado de su comprensión

Somos lo que comprendemos.

Nuestros sentimientos son consecuencia de cómo comprendemos,
nuestros pensamientos surgen coherentemente a cómo comprendemos,
nuestras acciones responden a nuestra comprensión…

Y la comprensión no tiene nada que ver con explicaciones teóricas, análisis ingeniosos, interpretaciones intelectuales. La comprensión no tiene nada que ver con los conocimientos adquiridos, ni con la cultura ni siquiera con el coeficiente de inteligencia.

La comprensión es la visión directa y profunda, la visión amplia y no parcial, la visión fresca, contundente, que evidencia aquello que siempre estuvo frente a nosotros pero nunca vimos por andar tan ocupados con nuestras teorías.

La comprensión es liberación, ligereza, sonrisa, calidez, confianza, paz.

Abandona todos tus esfuerzos y despierta. Abre los ojos y mira. Conviértete en un investigador de campo. Observa con plena atención, con la mente silenciosa. Observa y descubre.

Cada descubrimiento es una nueva comprensión.

Haz de la comprensión tu único objetivo.

Date cuenta. Date cuenta.

Y ¡sé feliz, ahora!

 

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Ser o tener, esa es la cuestión

La Verdad es indivisible

La Mirada Secreta

 

 

 

 

El otro día la glicina (ese hermosísimo arbusto que veis en la foto) floreció. El aroma de sus bellísimas flores inundó la entrada de casa y mi alma de nueva vida.

Me quedé contemplándola. Es un arbusto que pronto hará los 100 años. Su tronco es robusto y su savia vigorosa.

Y este año, por primera vez, recogí su semilla y la hice germinar. Y ahora tengo una nueva planta, igual a mi arbusto centenario. Tan igual que es el mismo arbusto, inmenso en el porche de casa a la vez que pequeñito en la maceta de la cocina. La semilla contiene el arbusto entero y el arbusto a su vez, contiene la semilla. Son inseparables. Son uno.

En la semilla se halla escondido el arbusto, su savia, su tronco, sus ramas, sus hojas, sus flores. En la semilla no se pueden separar ninguno de sus elementos de los demás. No se pueden separar las flores de la savia, ni las ramas de las hojas… En la semilla están todas las cualidades del arbusto. Y el arbusto pare la semilla…

¿Puede desear la glicina algo más de lo que ya es? El hermoso arbusto ya es, completo. La semilla es, completa. Con todas sus cualidades, inseparables de ella….

como el fuego, que es combustión, luz y calor. Y nada puede ser separado de sí mismo. Con todas sus cualidades, inseparables de él…

…¿cómo el ser humano? ¿cuales son sus cualidades, inseparables de él? Quizá todo aquello que anhelamos profundamente: el amor, la paz, la libertad, la belleza, la sabiduría…

Todos los seres humanos en el fondo anhelamos lo mismo. La mirada secreta me dice que es así porque en el fondo somos eso que anhelamos.

Pero

como no nos reconocemos en quienes somos, como no lo sabemos, lo andamos buscando fuera de nuestra verdadera esencia.

Lo queremos tener. Tener amor, tener paz, tener libertad, tener belleza, tener sabiduría. Y todo lo que se quiere tener se ha de conseguir. Por lo tanto nos ponemos a buscar, a pedir, a exigir. Y con suerte -o con desgracia, nunca se sabe-, parece que lo conseguimos, lo encontramos, ya es nuestro. Pero todo aquello que tenemos, se nos puede quitar, podemos dejar de tenerlo. Todo aquello que tenemos nos separa más aún -yo lo tengo y tú no… ¿me lo enseñas? ¿me lo das? ¿te lo robo? ¿me lo prestas?-. Todo aquello que creemos tener, una vez conseguido, suele perder sus “poderes”: así el amor que tengo, en poco tiempo deja de ser amor…; la libertad que tengo (“por fin me he separado” “por fin se han independizado los hijos”…) en poco tiempo deja de ser libertad…; la belleza que tengo (“espejito, espejito mágico”), en poco tiempo deja de ser belleza…; la sabiduría que tengo (hasta que aparece alguien más sabio que yo, o pierdo la memoria…), en poco tiempo deja de ser sabiduría.

Sin embargo, hay seres humanos que no tienen el amor de nadie pero sienten amor eterno; que viven en mitad del conflicto, pero se sienten profundamente serenos; que no tienen libertad, pero se sienten libres; que viven entre polución, suciedad y escombros, pero su mirada y su sonrisa son joyas de belleza pura; que no han estudiado nunca, pero sus breves palabras nos resuenan a verdad…

Y es así, porque ellos son quienes son, plenamente.

Ser no es lo mismo que tener. Lo que eres, no se te puede dar ni se te puede quitar. No se puede buscar, porque ya es.

Quitemos las capas que lo están escondiendo de nuestra vivencia de nosotros mismos. Desnudémonos de todo lo que queremos tener. Hagamos el camino hacia adentro,

descubrámoslo dentro en vez de buscarlo fuera

Y aquello que eres nadie te lo puede dar o quitar, el único camino es descubrirlo dentro de uno mismo. No se puede buscar porque ya es. No nos distraigamos más. Vivamos conectados profundamente al amor que anhelamos porque ya lo intuimos, desde la paz, sintiéndonos libres, con el corazón abierto a la belleza que brota de nuestra mirada y se posa en cada rincón.

Dejemos de pedir. Dejemos de buscar. Dejemos de querer tener.

Seamos plenamente aquello que anhelamos. Esa es nuestra semilla. Ese es nuestro potencial.

¡Gracias mirada secreta! ¡Qué regalo ver así!

¡FELIZ AHORA!

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Abre los ojos

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De cierto os digo: Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Mt 18, 3

Cuando yo era muy peque, mi vida era un sinfín de novedades: nuevas personas, nuevos sitios, nuevos animales, nuevas experiencias. Sin habermelo propuesto, vivía descubriendo. Mi actitud estaba abierta, mis ojos estaban abiertos, mi corazón también. El mundo era imprevisible. La vida era nueva a cada instante. Pasaba  en segundos de la risa al llanto, de estar enfurruñad@ a bailar de alegría.

Cuando me despertaban por las mañanas, cualquier cosa que vieran mis ojos todavía adormilados era una joya, una maravilla digna de ser estudiada minuciosamente. Un pie, una mano, el dibujo que la luz reflejada proyectaba en el techo, el dibujito de la sábana…

Y de repente, unas inmensas manos me cogían y me sacaban de la camita. Entonces…. volabaaaaa durante un instante y después de mil movimientos extraños, con ropita y oliendo a colonia…. a desayunar…. mmmmmmm. Y esas manos gigantes me embutían el abrigito, el gorro, la bufanda (“que me ahogoooooo”) y los guantes y………fffffliiiiiiiippppppp…. a ver a mis abuelitos.

¡Que buen olor! ¡Que sonrisa tan bonita! ¡Que dulce abrazo! El amor brotaba incontenible de mi corazón pequeñito y la alegría de vivir, -sin saber, sólo sintiendo- me hacía vibrar de felicidad. De nuevo, mi atención se posaba en cualquier cosa, plena, descubriendo infatigablemente.  Y de repente, fffffffffllllliiiiiiiiippppppppp…. la mano me volvía a coger, me volvia a poner el abrigito, el gorro, la bunfanda (“socoooorrrroooo” jejeje) y los guantes y a la calle….

Cuando yo era peque, no era yo quien llevaba las riendas de la vida.

La vida era imprevisible…

fffffffffflllllllliiiiiiiiiippppppp

Y tenía una confianza total en la mano que me llevaba de un lado a otro. Y cada segundo era nuevo. Y mis ojos estaban abiertos para captar la novedad.

Cuando yo era peque, mi verdadera tarea era descubrir,  porque nada sabía.

Cuando yo era peque, vivia lo que el momento traía -si me ponía triste, lloraba y si me alegraba, reía-. No había nada más. La memoria aún no me había hipnotizado…

Y ahora que soy mayor, la vida sigue siendo imprevisible.

Y sigo sin llevar las riendas de la vida (aunque me he creído tontamente ser el conductor) y ffffflllllliiiiiiiippppppp… la vida me lleva.

Y no tengo miedo porque confío plenamente en el “conductor”  (¡no me queda otra! :);

con los ojos abiertos pues TODO es nuevo a cada instante, y si no lo veo es porque he cerrado los ojos;

y sigo sin saber nada, descubriendo lo que cada momento me puede mostrar;

plenamente en el ahora pues es todo lo que hay, sin vivir el momento que fué o el que será.

Y si hay algo que pueda pedir, es seguir:

con los ojos abiertos, descubriendo y viviendo a cada instante, con plena confianza.

No quiero nada más.

No necesito nada más,

porque

el Reino de Dios ya está entre vosotros.

Lucas 17, 20-21

No hay nada más que pedir. La mirada secreta siempre está aquí para todos.

¡FELIZ AHORAAAAAA!

ffffliiiiiiiiiiipppppppppppppppp

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LA TIRANIA DE LA MENTE. LOS DESEOS

donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón

Lucas, 12:34


 

Mi querida amiga no quiere seguir engordando. No le gusta verse así. Sufre mucho. Tiene tanto sufrimiento que no puede sostenerlo todo y eso hace que, cuando no puede más, reparta su sufrimiento entre los que le rodean. Pero desea ese plato de macarrones. Y ese trozo de chocolate. Y esa pizza. Y también ese pastel de crema. Los desea y se los come… Y disfruta comiéndoselos, ¡mmmmmm que bueno! Pero al cabo de un rato, sufre de nuevo. Sigue engordando y sigue sufriendo…

¿De dónde vienen los deseos? Y cuando los satisfacemos, ¿qué es lo que realmente nos aportan?

Creemos que nos hace feliz conseguir aquello que deseamos, que la felicidad está en ese pastel de crema. Y nos lo comemos. Por un rato, realmente somos felices. Pero después, aparece un nuevo deseo, estar delgada y volvemos a sufrir. ¿Realmente es el hecho de satisfacer el deseo lo que nos da la felicidad? ¿Y si no fuera así? ¿Y si sintiéramos felicidad no por el hecho de comernos el pastel de crema, sino por el hecho que mientras lo comemos, no tenemos absolutamente ningún deseo?

Lo que nos hace felices cuando conseguimos un deseo, es que durante un tiempo, no deseamos nada más.

Y es sólo en el estado de no-deseo cuando realmente podemos experimentar la felicidad.

Creemos que las buenas cosas que tenemos en la vida son el resultado de haberlas deseado y haberlas conseguido. ¿Y las cosas malas? ¿También las hemos deseado nosotros y las hemos conseguido nosotros? -“he aprobado el examen” (yo soy quien lo ha conseguido) “me han suspendido” (yo no tengo nada que ver)- … Vale la pena mirarlo, ¿verdad?. O funciona para lo bueno y lo malo, o no funciona para ninguno. ¿Entonces?

El deseo es un invento de la mente. La mente funciona como un niño al que se le ha consentido todo y empieza a tratarte como un pequeño tirano. La mente quiere controlarte y para ello crea un objeto de deseo, te lo vende como un reclamo de felicidad, tu te lo crees y ¡venga!, la mente consigue el control y tu crees haber conseguido felicidad. Pero no es así…

Quizás algún lector esté pensando: “¡pero es que yo quiero tener deseos! ¡no se puede vivir sin deseos! ¡vaya vida aburrida sin deseos!” Todo eso es una creencia más de la mente.

Mira como te sientes cuando no deseas nada, por ejemplo justo después de haber conseguido un deseo…. ¿te imaginas vivir siempre así?

La mente tiene la necesidad de controlar porque te requiere como siervo suyo, porque eso le da protagonismo y poder sobre ti. Y una de sus principales armas para conseguirlo es inventarse un deseo: inventa la idea de que tal cosa (una situación, un objeto material,…) te dará la felicidad. Y lanza la idea al espacio de tu conciencia, para que te des cuenta. Tú lo recibes y lo conceptualizas como “un deseo tuyo” y te pones en marcha para conseguirlo… como un esclavo cumpliendo las ordenes del tirano…

Muchas veces los deseos que crea nuestra mente incluso son contrarios a lo que nosotros queremos realmente, como el caso de mi amiga. Y ¿a quién solemos hacer caso? ¿a nosotros o a nuestra mente?

Como dicen los sabios, la mente es el mejor de los siervos y el peor de los amos

Cuando la mente está ocupada, distraída, no genera deseos. Pero cuando está aburrida o se siente insatisfecha, entonces reclama tu atención, a menudo, generando deseos.

Tu no tienes deseos. Los deseos no son tuyos. Los deseos no buscan tu felicidad sino tu obediencia a la mente que los genera.

De la misma forma que un niño mimado que no para de llamar la atención y de pedir, no es malo, sino que el error está en nuestra manera de tratarlo, tener deseos no es malo. Es un movimiento natural de la mente humana. No es un error. El error es creer que el reclamo de control por parte de la mente, es un deseo nuestro.

El error está en cómo nos relacionamos con nuestra mente.

Sólo la mente desea y lo hace porque cree que le falta algo. Cuando descubro que yo soy todo lo que la mente deseaba, el deseo cae.

El deseo esconde un anhelo profundo que está empujando y debatiéndose por salir. Descubre que hay en el origen de cualquier deseo y descubre que ¡eso ya es en tu estado de no-deseo-nada! Bendita mirada

Fíjate que cuando estás plenamente en el ahora, no hay deseos…

Y como dice Consuelo Martín en su libro “Sabiduría en acción”:

sin deseos que muevan la barca de la existencia, liberada navega según los vientos inteligentes de la vida única… Un movimiento sin motivo dirige la conducta libre, alineándola con la voluntad e inteligencia sagradas”…

¡Feliz Ahora!

 

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Yo y el mundo

Todo es simple. Absolutamente simple.

David Carse

Después de las vacaciones de navidad volvió la mujer a verme. Su transformación era evidente para cualquiera que la conociera: le brillaban los ojos, le brillaba la piel de la cara, le brillaba la sonrisa, había desaparecido de su rostro cualquier rasgo de cansancio. Estaba resplandeciente y se sentía resplandeciente.

Me explicó que las navidades solían ser épocas de gran sufrimiento para ella. La família se reunía y era muy fácil que surgieran viejas disputas, odios y rencores…

Ella solía sufrir, tanto si aquel año “le tocaba” estar a ella directamente involucrada en la pelea familiar, como si le tocaba ser testigo de la riña entre otros miembros de la familia.

Pero estas navidades había ocurrido un milagro. Un milagro escondido a los ojos ajenos, secreto, que alumbra por dentro, que exalta el corazón.

Y es que, a pesar de que la costumbre familiar de aprovechar las navidades para sacar sus trapos viejos y mohosos se había mantenido, ni el dolor, ni el rencor, ni los celos entre los miembros de su familia, -y aún más importante-, ni siquiera los suyos propios- la habían alcanzado. A pesar de las disputas, se había descubierto llena de paz y amor hacía todos.

Mientras me lo estaba explicándo, de repente vimos con pasmosa claridad (así nos hacer ver la mirada secreta) que era ella la que estaba en paz consigo misma. Había aprendido a respetarse y a amarse tal como era. Y eso la había hecho invulnerable…

La mirada secreta nos enseñó que:

  • cuando de verdad te respetas, nada ni nadie puede faltarte el respeto…
  • cuando en verdad eres humilde, nada ni nadie puede humillarte…
  • cuando eres verdaderamente justo contigo mismo, no te afectan las valoraciones injustas…
  • cuando estás en paz contigo, nada ni nadie te puede alterar…
  • cuando eres honesto contigo, nadie te puede poner en entredicho…
  • cuando eres digno de ti mismo, nadie te puede hacer sentir indigno…

Y además, curiosamente -o no-, la mirada nos mostró algo todavía más asombroso. Y es que:

  • cuando te respetas a ti mismo, estás dando respeto a los demás…
  • cuando eres humilde, estás dando valor a los demás…
  • cuando eres justo, estás dando justicia a los demás…
  • cuando estás en paz contigo, das paz al mundo…
  • cuando eres honesto contigo, estás dando honestamente a los demás…
  • y cuando eres digno de ti mismo, estás preservando la dignidad de los demás…

la relación que tengo con el mundo es un fiel reflejo de la relación que tengo conmig@ mism@

¿Entiendes ahora por qué el único camino de plenitud y felicidad para tí y para el mundo, empieza y acaba en tí?

¡Feliz ahora!

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Esto no es lo que yo quiero

20121202-213152.jpg ¿Se te ha ocurrido alguna vez que lo que tu llamas tu felicidad es en realidad tu prisión?

Anthony de Mello

Anda la Mirada estos días revolucionando huracanadamente. Entra por los ojos un viento frío, limpio, que deja temblando el cuerpo y henchidos los pulmones. Poco quiere la Mirada que flote en la dulzura de los altos abismos que tanto saborea mi alma. Hoy no. Hoy quiere que mire hacia abajo, hacia la tierra, hacia el barro. Porque

incluso en el interior de lo más feo, se halla escondida la Verdad, la Belleza, el Amor

Vuelve a aparecer ante estos ojos la Felicidad, como el invitado más deseado y más caro de ver en nuestra casa, en nuestro corazón.

¡Hay tanto que ver! La Mirada no quiere que me distraiga. Empecinada, me urge a seguir investigando. Y en su apremio, descubro que lo que intuyo que es la Felicidad es otro nombre a lo que intuyo que es Vivir en plenitud, Ser plenamente, la Verdad, la Belleza, la Paz, la Libertad, la Justicia, el Amor, la Compasión, la Comprensión, y todos los anhelos que el ser humano haya podido sentir en el puro centro de su ser.

La Mirada Secreta quiere que siga mirando y lo hago -hace ya tiempo que me di cuenta de que la Mirada manda en mi y que yo no puedo hacer otra cosa-…

Vale… creemos que la felicidad es algo que tenemos que conseguir. Por lo tanto, la felicidad está en el futuro -o por lo menos, aunque seamos felices hoy, hemos de garantizar también la felicidad futura, ¿verdad?-

Al creer que la felicidad está en el futuro y va a ser el resultado de “algo” -algo que yo tengo que conseguir o que la vida me tiene que dar- no me queda más remedio que “vivir y hacer para conseguir”. Y mientras vivo y hago para conseguir ser feliz, se escurre la vida por entre mis dedos como si de agua se tratara. Porque si vivo y hago para ser feliz mañana, y lo que hago no me hace feliz, ¿dónde queda la felicidad de mi vida, mi vida que es sólo hoy?

No nos damos cuenta que estamos vendiendo nuestra vida a cambio de algo que no podemos conseguir. Porque

la felicidad no se puede conseguir

No es una cosa que se pueda adquirir, a base de esfuerzos, pactos, intercambios… O imponiéndose, exigiendo o mendigando.

Si paramos un momento y observamos en nosotros mismos o a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que no sabemos de nadie que haya conseguido la felicidad “con el sudor de su frente”. Soy consciente que esto que brota de la Mirada es algo que puede remover a algunas mentes. Si es así, me lleno de alegría, porque eso quiere decir que las viejas y enquistadas creencias están empezando a chirriar. Eso es muy bueno porque ¡son precisamente esas creencias las que nos impiden ser felices!

Creer que soy yo quien, con mi buen hacer, voy a conseguir ser feliz es como creer que veo gracias a mi buen hacer, o que oigo gracias a mi buen hacer. Sin embargo, la verdad está muy lejos de esto. ¿Acaso no son muchas las personas que hacen todo lo que toca hacer y no son felices? De hecho, ¿conoces muchas personas que se esfuercen y trabajen duramente para ser felices y lo acaben siendo? Aún mejor ¿conoces muchas personas felices?

La verdad es que, como dice un proverbio chino, cuando nada obstruye el ojo entonces hay visión. Mi ojo no ve gracias a mi buen hacer, sino porque no pongo nada frente a el.

Ser felices es nuestra condición natural. Y ¿cómo lo sé? Pues porque ¡es lo que queda cuando dejamos de hacer algo para serlo!

Para sentir, saborear, vivir la felicidad, lo único que podemos hacer es abrirnos a ella. Abrirnos. Siempre esta aquí. Es aquí y ahora.

No se trata de plantearnos como conseguirla sino de descubrir como abrirnos a ella.

Y para abrirnos, ¿cómo lo hacemos?

Pues vamos a investigar que es lo que nos aleja de la felicidad y quizá así descubramos como abrirnos…

Cuando no soy feliz con lo que estoy haciendo, ¿por qué me pasa esto? Observo mi persona y veo que a veces no soy feliz porque la situación no está yendo como yo quiero. -las cosas van demasiado lento o demasiado rápido; la gente no esta teniendo la actitud adecuada; no tengo suficiente tiempo o espacio o dinero o… –

Otras veces la situación no me está dando los resultados que buscaba -tanto esfuerzo para conseguir tan poco: la injusticia está servida; me he vuelto a equivocar o no valgo para nada o los demás no me valoran o…-

Otras, no me dejan -¿quien? Quien va a ser! ¡los demás!- hacer lo que yo quiero. Por culpa de fulano no soy feliz. Si me dejaran hacer lo que quiero seguro que entonces si que sería feliz!

Otras son los demás los que no están haciendo lo que quiero. Están portándose mal, son incompetentes, maleducados, ignorantes, egoístas, … Son la causa de mi infelicidad.

Y otras veces, la causa de mi infelicidad soy yo. Porque yo tendría que ser capaz de, tendría que saber que, tendría que poder,… Tendría que ser…

Pero lo que más me sorprende es que cuando las cosas son como yo quiero, enseguida quiero otra cosa que todavía no tengo…. Y vuelvo a ser infeliz.

Así que si no soy feliz es porque sea lo que sea no es como yo quiero. Podríamos resumir todas las posibles causas de mi infelicidad en una sola frase: ¡esto no es lo que yo quiero!

Y como no quiero esto sino que quiero otra cosa que no tengo, soy infeliz.

Es igual si tengo mucho. Porque, de entre todo lo que tengo y quiero, siempre hay algo que no lo quiero como está siendo. Por lo tanto, ya tengo garantizada mi infelicidad.

¡Y todavía me creo que la causa de mi infelicidad es lo que no tengo como yo quiero!

Cuando la causa de mi infelicidad es estar deseando otra cosa que LA QUE HAY. Es estar rechazando lo que YA ES.

Así qué me doy cuenta de que lo que me separa de la felicidad es estar rechazando el ahora, estar deseando algo que yo creo que si no tengo, me impedirá ser feliz.

La Mirada Secreta me zarandea y me pone delante, sin sutilezas esta vez, huracanadamente, que desear algo pensando que eso es fundamental para que yo pueda ser feliz, es el obstáculo que me impide ser feliz. Que

el ser humano, cuando no vive nada como un obstáculo a su felicidad, es feliz.

Si dejo de crearme y creerme obstáculos, quizá encuentre la paz. Y a saber qué frutos brotan de ella.

¡FELIZ AHORA!

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