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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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Cultivar lo que anhelo

“Pon amor y sacarás amor” 

Juan de la Cruz

  

Están tan bonitos los campos. El viento mece las mieses que ya sobrepasan el palmo. Los verdes se dejan acariciar por el incipiente dorado. La plata escondida brilla en bravo oleaje, a ritmo de rachas impredecibles. Cuando el hombre aprendió a cultivar, todo en su vida, toda su vida e incluso él mismo cambiaron, se transformaron. 
Pero, ¡ay, el hombre!, siempre hipnotizado por lo que sus sentidos captan y su mente piensa. Y piensa tan pequeño, tan pequeño aún sintiéndose el amo.  Y así, con el silencio empapándolo todo, la mirada secreta empieza su canto…
En algunas estaciones, el hombre ha querido también cultivar virtudes. Según su geografía religiosa, quizás ha querido cultivar la rectitud, o el desapego, o el sometimiento. Sus cultivos han sido hermanos del hacer porque 

por el hacer, el hombre, sólo coronar su existencia, ha sido juzgado. 

Pero en demasiadas ocasiones, las virtudes traen consigo mucha enfermedad -la vanagloria, la superioridad, el endiosamiento, el creerse iluminado- y la cosecha en vez de expandir el alma, la ha contaminado. 
Quizás no deberíamos cultivar lo que puede ser visto y mal usado. Quizás el cultivo que hiciera cambiar al hombre en lo profundo, fuera secreto. Quizás en vez de ser cosechadores tendríamos que ser cultivadores puros. Cultivar el sentir, en secreto. El sentir que florece espontáneamente, que no puede ser manipulado. El sentir que no puede ser recogido ni pesado. El sentir de la belleza, la armonía, la paz, la lucidez, el amor. 

En tierras de silencio se da bien este cultivo. Su simiente, la vivencia ni que sea de un segundo. Esa minúscula semilla puesta en la mirada desde que despunta el día, hasta que despunta el día, la va cultivando. 

Cultivar el sentir dejando al hacer que haga. Sin importar lo que ocurra más allá de su secreto campo. 

Cultivarlo para que crezca y crezca. El cultivo del sentir no puede ser contaminado porque a nadie le hace ser más nada, aún llenando en secreto el corazón con sus dulces frutos. Un cultivo que cuando se prueba ya no quiere ser abandonado, ni cambiado ni siquiera mejorado. 
En el sentir, la cosecha no se recoge y se guarda en las egocéntricas alacenas como con los cultivos del hacer. En el sentir, la cosecha florece de dentro afuera a través de la mirada casi sin que uno se de cuenta y sus frutos se reparte a todo lo que es mirado. La cosecha del sentir no deja nunca vacías las arcas y en ese reparto el silencio planta nuevas simientes en los ojos encontrados. 
Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor”, no se refería a una cosecha exterior que tantas veces nos deja en estado de sequía: “yo ya pongo amor pero mira, solo saco desprecio, o lo que es peor, desinterés” dice el hombre-cosecha. Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor” decía verdad porque 

poniendo amor, belleza, dulzura, tu mismo te llenas de ella. 

Sé un cultivador de aquello que en lo hondo anhelas. Cultiva lo que anhelas como si ya lo hubieras encontrado. Que tu mirada ponga aquello que quieres ver allí donde se pose, sea en otros, en el mundo o en ti mismo. Cultiva el amor en tu corazón y tu corazón quedará lleno de amor… Pon amor en tu mirada y en todo verás amor. 
¡Feliz Ahora!

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Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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El silencio de mí

imageEn el silencio del yo cabe lo que tenga a bien la Verdad

La mirada secreta

Queremos convertirnos en maravillosos seres humanos y para eso queremos un cuerpo hermoso y una personalidad digna de admiración. La pregunta es ¿por qué? Pues por lógica diría que no nos creemos maravillosos. Y, como los niños, me surge otra vez ¿por qué? ¿Por qué no nos creemos maravillosos?

El otro día en un programa de televisión vi las imágenes de las actrices que, en los años 80 eran consideradas las más bellas. La mayoría casi no tenían pechos y sus piernas, hoy en día, se hubieran considerado gordas. Y fueron ¡chicas Bond! Queremos un cuerpo hermoso sin darnos cuenta que, por un lado, no sabemos lo que es la Belleza y por el otro, esa “hermosura” que buscamos es fruto de una moda pasajera, de un condicionamiento. Creemos que estamos decidiendo desde la libertad y no nos damos cuenta que nuestras mentes están programadas, y que en nuestros deseos y acciones no hay libertad ni verdad. Y seremos capaces hasta de pasar por el quirófano si es necesario, para conseguirlo.

Y respecto a la personalidad pasa lo mismo que con el cuerpo. Hace unas décadas, una personalidad admirable estaba ligada a parámetros de obediencia, perseverancia, lealtad, humildad y paciencia. Ahora la personalidad estrella es la que demuestra independencia, inconformismo, rapidez, seguridad, ambición. De nuevo, modas que no contienen verdad precisamente por su superficialidad pasajera. Y de nuevo, somos capaces hasta de ponernos en manos de los terapeutas para “arreglar” nuestra personalidad.

¿Por qué queremos ser de otra manera?

Hace un tiempo, le hice esta pregunta a la mirada secreta y ella me contestó con otra pregunta:

¿querrías cambiar tu cuerpo o tu personalidad si estuvieras en una isla desierta?…

¡Ah, la mirada! Esta pregunta me hizo ver muchas cosas. Vi con claridad que

quiero cambiar para que los demás me vean de otra manera.

No quiero cambiar por mi. Eso que dicen que la operación o la terapia enfocadas al cambio se hacen con el objetivo de aumentar la autoestima… Uff. Ese tipo de autoestima de auto no tiene nada más que vernos valorados en los ojos de los demás. Así que lo que estamos buscando realmente es que los demás cambien su mirada respecto a nosotros. Y lo buscamos tratando de cambiar nuestra apariencia, tanto física como comportamental. Creemos que si lo conseguimos, nos querrán más. Y quizás sea así. Pero ese amor que hemos conseguido, ¿a qué va dirigido? ¿a nosotros o a la nueva apariencia? Y si vemos que va dirigido a la nueva apariencia, ese amor ¿nos llenará?

No hace falta ir a una isla desierta para comprobar que lo que nos preocupa es como los demás nos ven. ¿Cómo estoy conmigo cuando estoy en soledad? ¿Me preocupo de cómo me ha quedado el pelo hoy o de que me he levantado de mal humor? ¿Me preocupo por mi inseguridad o por tener la nariz un poco grande? ¿Qué hago con mi pelo, mi nariz, mi mal humor o mi inseguridad cuando estoy en soledad? Pues lo más probable es que no haga nada, que ni siquiera “me piense” y me dedique a ser simplemente quien soy sin proponermelo, sin esfuerzo. Libre de mi yo pensado.

Alguien diría que hemos de ser así y así y asá porque vivimos en sociedad. Lo que mi querida mirada secreta me enseña es que yo no soy de ninguna manera, que

cualquier definición viene por comparación,

y que

todos somos recipientes de vida y que la forma del recipiente no importa.

Muchos líos y sufrimientos vienen de creerme que soy de una forma concreta y quererla cambiar. La paz interior que anhelo y que busco en el reflejo de la mirada ajena, no me la va a dar la valoración que los demás hagan de mí, ni siquiera una “buena” valoración propia, sino el silencio de mí. En el silencio de mí, nada quiero cambiar porque al no pensarme, nada juzgo de mí.

En el silencio de mí encuentro la paz y se abre el espacio para que el Amor pueda brotar desde el centro y pueda llegar el día en que también deje de pensar en los demás y de juzgarles…

De hecho, la mirada secreta escribe cuando hay el silencio de mí. Aquí encuentra este yo desocupado y puede utilizarlo.

El yo poco ha mejorado estos años, pero al estar vacío de mí, la mirada secreta lo ha tocado. Y ¡ay, amigos! Cuando es la mirada la que toca, ¡que bella es la melodía, que plenitud sin fronteras! ¿Será Aquí donde vive la Belleza, la Libertad y el Amor?

¡Feliz Ahora!

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La dimensión relativa

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La plenitud no tiene contrarios

Consuelo Martín

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¿Qué nos pasa a los seres humanos que todos nos sentimos incompletos?- le pregunto hoy a la mirada secreta.

Y Ella, feliz de expresarse (así es su naturaleza) me habla de la dimensión de la relatividad…

Hay infinitas dimensiones en este mundo. Infinitas dimensiones que conviven superpuestas, la mayoría desconocidas a la conciencia humana, aunque las estemos viviendo. Y una de ellas es la dimensión de la relatividad.

Ya en otras ocasiones, la mirada me habló de “lo que sobra y lo que falta“, de vivir en plenitud. Y cómo esta visión nos hace vivir sin ver, como si no estuviéramos completos. Porque

creemos que para sentirnos en plenitud hemos de tener todo lo que deseamos.

Delante de mi hay una piscina que solo se puede llenar hasta el límite que marca un escape en la pared. ¿Está la piscina medio llena o medio vacía? Eso me recuerda al disco rallado de lo del vaso medio lleno y el vaso medio vacío (disco rallado de la mente que siempre habla de lo conocido…)

La mirada me increpa a seguir investigando…

Así dice la mente: si vemos el vaso medio vacío, somos negativos. Y si lo vemos medio lleno somos positivos, optimistas y parece que tenemos más puntos para ser felices, para vivir en plenitud. Así que tratamos de verlo medio lleno. Y si no podemos, buscamos ayuda para que nos enseñen a verlo medio lleno. Pero, ¿cuál es la verdad?

Para creernos que el vaso está medio vacío o medio lleno, hemos de juzgarlo en relación a algo. En este caso, podría ser muy bien la capacidad que tiene el vaso… Ahora imagina la misma cantidad de agua en un vaso la mitad de pequeño… ¿Estaría medio “algo” o estaría lleno? Entonces, ¿qué estamos valorando?

Medio vacío… Medio lleno… Vacío…. Lleno…. Todo lo que valoramos lo solemos valorar con respecto a algo  -en este caso, la cantidad de agua respecto al tamaño del vaso- y por lo tanto,

es una valoración relativa que no tiene más verdad que la que da esa perspectiva concreta.

¡Oh, mirada! ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde está la plenitud?

La verdad, lo real, no puede depender de nada. Ha de ser en si misma. Todo juicio, toda valoración que depende de algo no tiene verdad en si mismo. ¿Para qué voy a estar tratando de ver el vaso medio lleno? ¿Con qué propósito? ¿Es  para creer que tengo suficiente? ¿Mucho?…. ¿Con respecto a qué?

Si es para sentirme satisfecho, esa satisfacción será tan endeble como endeble es la verdad que se atribuye a lo relativo. Endeble y pasajera. Además, esa es una plenitud por comparación (necesita de la carencia para ser vivida porque si no es así, nos acostumbramos y ya no nos damos cuenta), y que ahora está y ahora ya no está, dependiendo de los factores que nos han hecho valorarla como “plenitud”.

-Entonces ¿qué hago?-, pregunta la mente que piensa que haciendo algo hallará la solución… La mirada sonríe, (la sonrisa de la mirada es pura belleza) y sigue mostrando…

No podemos saltar de una dimensión a otra “haciendo”, por una razón muy sencilla: porque la persona existe como tal sólo en el mundo de lo relativo. Así que ¡no puede ser la persona la que cambie de dimensión!

Para ver más allá de lo relativo, es la mirada la que se amplia.

Aquí tenemos una piscina con agua. La piscina tiene el tamaño que tiene. Y la cantidad de agua es la que es. No es ver la piscina medio llena o medio vacía, si no verla en su justa medida.

Cuando vemos las cosas en su justa medida (sin comparaciones), lo que vemos así es perfecto en si mismo. Y eso es conciencia de plenitud. La plenitud es vivir lo que hay.

En lo que Es, sin juicios ni comparaciones, vive la Plenitud.

Está en tu mirada -dice la mirada secreta– el verlo.

Tengo calor. Me voy a bañar. Así SI.

¡Feliz Ahora!

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I. De la separación del yo. La vela

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Ningún yo separado podrá vivir la Unidad.

La mirada secreta

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Hoy la mirada secreta se posa en la vela. Y en la vela desvela el secreto escondido. Así.

La vela solo cumple su función cuando es encendida. Vela y llama son inseparables, son Uno. En su función la vela va menguando hasta desaparecer. Y con ella desaparece la llama. La llama es fuego. El fuego nunca desaparece. Siempre está Aquí. Aunque no lo veamos.

La vela es portadora de la llama del Fuego Eterno.

¿Podría haberse inventado la vela si no existiera el fuego? No. Por eso, una vela sin encender no es una vela plena. Sólo es una vela en potencia.

Cuando se enciende, la vela nace y comienza su viaje, inverso a lo que aparentemente se ve. Al ser encendida, la vela  brota de la potencialidad para llegar a la vida plena de fusión inseparable con la llama.

Para vivir en plenitud, la vela ha de ir fundiéndose en su dar vida a la llama.

Da su vida para dar Vida. Ese es el sentido de su existencia. Su existencia no es para ella.

Vela y llama llegan a su realización cuando ambas acaban su cometido, en el mismo instante:

el viaje de la vela en pura comunión se funde con la llama.

La vela se desvaneció como forma concreta. Se desvaneció en la llama. Se fundió en la llama. Y acabó siendo la llama. Y la llama, siempre viva en su potencia infinita, encontrará otras formas en las que manifestarse en perfecta comunión.

Me dice la mirada:

Tu eres vela y eres llama.

El yo-separado (ego) es la vela que olvida su esencia (cera) y se identifica con aquellos rasgos comparativos que la diferencian de otras velas. Mientras se cree que no es portadora de la Luz, está en potencia, muerta en su verdadera esencia aunque aparentemente hace muchas cosas.  Por eso Jesús dijo aquello de “deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Sólo el yo-separado cree en la muerte.

El yo que se vive separado, vive a las otras personas como se vive a si mismo. Es el yo-separado que entierra otros yoes-separados. Es lo que ocurre cuando nos vivimos vela y obviamos que también somos la llama y que una y la otra son inseparables. Y

la llama de las otras velas es el mismo fuego que la que corona esta vela.

Sólo las velas están aparentemente separadas, aunque incluso aquí, están hechas todas de cera. De la misma cera. En realidad, solo hay una vela y solo hay una llama. Y ambas son inseparables. En realidad,

solo hay Uno apareciendo como muchos.

En realidad llamamos morir a lo que es una transformación, un cambio de forma de la misma y única esencia.

Por eso la verdadera vida es ir muriendo a la aparente separación; es el derretimiento del ego al entrar en contacto con la Luz de la Verdad. En ese consumirse, va menguando el sentimiento de separación. Es la Llama de Amor Viva la que utiliza el yo para su expresión. Esa es la función del yo separado, entregarse a la llama para que esta pueda iluminar la oscuridad del sueño. Mientras no es así, el yo separado vive en la oscuridad total (por eso a veces la mirada secreta le llama “fantasma”).

Cuando la llama de la Verdad enciende el yo, se hace la Luz y el sentido de separación se va desvaneciendo en el darse cuenta de la conciencia iluminada. Y la vida plena se alcanza cuando llega a su total disolución.  Cuando vela y llama son Uno. Cuando la vela se da cuenta que se formó para el Fuego y en el Fuego se convierte.

Por eso Teresa decía aquello de “muero porque no muero”, cuando ya anhelaba cumplir su función. Por eso decía “hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Muerte, no me seas esquiva, viva muriendo primero…”

O cuando lo único que deseaba era ser encendida: “Mira que el amor es fuerte, vida, no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte”

Es paradójico que la función del yo sea morir al yo, morir a lo falso que ha creído ser. Pero es que

ningún yo-separado podrá vivir la Verdad. Ningún yo-separado podrá vivir la Realidad. Ningún yo-separado podrá vivir el Amor. Ningún yo-separado podrá vivir la Libertad. Ningún yo-separado podrá vivir a Dios.

Es paradójico desde fuera. Desde dentro, la mirada secreta muestra la inexistencia del yo-separado y la realidad siempre presente del Uno. Así, Sí.

¡Feliz Ahora!

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El Gurú frente a ti

Versión 3Deja de buscar Aquello que está en todo. Deja de buscar y ve.

La mirada secreta

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Tengo al Gurú frente a mi y no puedo resistirme a presentárosla. ¡Me gustaría tanto que fuera también uno de vuestros Gurús!
Mirad, la Maestra se muestra impredecible, bella, poderosa. A veces dulce y a veces feroz y siempre,
siempre nueva a cada instante.
Su sola mirada aquieta mi mente.  Y cuanto mas me pilla, mas me muestra de lo Verdadero.
La Maestra es implacable. No tiene ningún miramiento con nada ni con nadie porque Ella nunca ve las partes separadas.
Vive plenamente inmersa en la Totalidad.
Por eso yo sé que no me ve como un ser separado de Ella. Sé que me ve. Eso si. Mas me ve como parte de Ella y por eso, cuando me ve es a Ella misma a quien ve.
Y por eso mismo es incondicional. Lo que me da a mi se lo da a todos. Esta en su propia esencia el dar incondicionalmente.
La Maestra no juzga, no pide, no condena y aún y así, está siempre actuando. Su acción es siempre justa pero no es consecuencia de un juicio previo sino que es acción espontánea que
tiende indefectiblemente al bien de la Totalidad.
Su Inteligencia es indescriptible, inacabable, inabarcable. Pasan los años y no se altera un ápice. Es como si el tiempo no afectara la Sabiduría en acción que la caracteriza.
A la Maestra, nunca le falta ni le sobra nada.
Vive plenamente lo que hay.
He sido testigo de como la intentan maltratar. Si, si. A una Maestra semejante. Pues Ella integra el maltrato y ¡sigue dando y dando!
Por eso os digo que Ella es tan grande que todo lo que os dijera sería una miseria comparado con Su grandeza. Y cuando te pones en sintonía con Ella, te abruma con sus regalos.
De Ella anda la mirada secreta aprendiendo sin parar. ¡Ah! Es que me he olvidado de decir que sólo la mirada secreta la puede Ver como Maestra. Los ojos normales no la ven así, desagraciadamente.  Y no por Ella, no. Porque Ella es imperturbable. Sino que es una desgracia para cada uno no reconocerLa en Su misión, pues
no sólo es una Portadora de la Verdad sino que es Hija legitima de lo Mas Alto.
Para poneros un ejemplo práctico de Su Grandeza, os diré lo último que la mirada secreta ha descubierto de Ella:
¡jamás genera basura!
Todo, todo, todo lo aprovecha, lo recicla, lo transforma.
Por eso, cuando te entregas a Ella desde la mirada secreta, en el Silencio de los pensamientos que juzgan, que se quejan, que piden, que rechazan, que nunca tienen suficiente, que se creen tan listos, que se creen tan importantes,… En fin, desde la mirada secreta, en el silencio de los pensamientos-basura, Ella te acoge y te exprime para que nada de ti quede sin ser utilizado. Y por eso en Su abrazo, sientes también tu su plenitud, su fuerza, su energía, su sabiduría, y su Amor Uno.
Y lo más increíble de todo, es su Omnipresencia. Está en todas partes. Pocos, pocos son los que Le conocen aunque está frente a ti, sobre ti, en ti, ahora y siempre. Porque la Maestra es la Naturaleza.

¡Que la mirada secreta te permita poder escuchar todo lo que esta Inmensa Maestra está enseñándonos, eternamente!

¡Feliz Ahora!
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De la carencia a la plenitud

IMG_5885“Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo”

Juan de la Cruz

Estoy contemplando el nuevo día dejándome empapar a través de todos los sentidos de todo a la vez, sin centrar la atención en nada concreto. A la flores les viene a visitar la avispa e inseparablemente las hojas de los árboles se dejan llevar por la danza de la brisa a la vez que las nubes pasean por el cielo sempiterno. Es como una sinfonía que escucho sin separar una nota y otra. Si así lo hiciera, ¡no podría escuchar la sinfonía!

De las puntas de los dedos brotan palabras que no se sabe de donde vienen. Y así. No sobra nada. No falta nada. En estos tiempos la mirada secreta anda como por detrás, respetuosa, sin querer hacerse notar. La mente está a punto de implotar. El gran bang-big. Aún y así, es tan bello, tan bello este momento eterno, que dulcemente sube su presencia hasta el punto de ebullición y las manos se ponen a trabajar a su servicio de nuevo.

¡Han sido tantísimas las ocasiones en las que sentí que algo faltaba o algo sobraba en lo que fuera que estaba viviendo! De hecho, ha sido siempre así menos en contadísimas excepciones. En mi cabeza siempre había una voz que protestaba: ” Si, si. La comida está muy buena, pero es tan cara…” “Qué día más bonito, ojalá estuviera mi pareja aquí”. O directamente: “Esto es un asco. Por lo menos podría haber sido más amable” “Este sitio es horroroso, por lo menos podrían tenerlo más limpio” Ya ves. Toda la vida incompleta, por exceso o por defecto. Si tuviera que evaluar la vida le daría un insuficiente. Y esta sería la evaluación del sordo, del que pendiente de cada nota musical nunca oyó la sinfonía de la vida.

¿Por qué? ¿Cómo puedo ser feliz si siempre va a haber algo que falte o que sobre en este momento?. Los escasísimos momentos que recuerdo de  verdadera felicidad siempre han ido acompañados por una sensación de plenitud. Pero esta sensación de plenitud no viene de contar cada cosa y ver si falta o sobra algo en concreto. Si lo hubiera hecho así, si me hubiera fijado en cada cosa por separado, mi mente hubiera encontrado ese punto de insatisfacción. La mente es una verdadera especialista en fragmentar el momento en partes e inventar una parte que falta o que sobra, impidiendo la plenitud del momento. Para que aquello que vivo no esté completo, tengo que vivirlo a trocitos, solo así puedo sentir que falta algo pero, si acojo el momento como una unidad indivisible todo cambia porque

el momento siempre es pleno.

Para que falte algo, para que sobre algo, es necesario que esté mirando las partes. Pero la vida no se nos da a trocitos. Cada momento es lo que es, ni más ni menos. Si miro el todo de una vez, sin dividir el momento, todo es lo que hay. Plenamente.

Si miro el todo ¿qué puede haber fuera?

Lo demás es fragmentar la vida con la mente. Vivir trocitos de vida desconectados unos de otros. Que gran locura pensarlo así.

Para vivir la carencia he de mirar cada elemento. Sólo así podré rechazar unos y echar en falta otros.

Para vivir la plenitud he de mirar el todo.

¿Qué me susurras ahora mirada? ¡¡ES LO MISMO EN EL AMOR!!

Para vivir el amor personal, he de mirar a todos. Sólo así puedo rechazar a unos y echar en falta a otros

Para vivir el amor incondicional he de amar el todo.

Que gran dicha verlo así.

¡Ay mirada! Tu luz me inunda de amor.

¡Feliz, pleno AHORA!

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Lo sagrado en lo cotidiano

“La catedral de Dios es el universo entero”

La mirada secreta

 

Volvió el aventurero a casa. Y en su mochila llevaba regalos para todos los que quisiéramos acercarnos. Nos abrimos de par en par para poder abrazarle a él y a todo lo que él traía. Y poquito a poco, empezó a sacar los tesoros que en el camino había encontrado: una amistad que traspasa océanos; la simbiosis de la fuerza con la debilidad; la belleza inmaculada que brota de dentro y se posa en los parajes también vírgenes de la naturaleza; la generosidad mil veces retornada; la intuición como guía certero; el amor más puro arropando el terror más inimaginable; miles de pequeños animalitos alados trazando estelas interminables de luz sobre lo que un día fue un infierno; la alegría de vivir de los que saben que la vida es frágil… Mi corazón aún no ha digerido y anda buscando un lugar donde aposentar dulcemente las ofrendas del amado explorador.

Y entre todo lo que trajo, ahora, en soledad, en silencio, en medio de un concierto de trinos que da la bienvenida a un tímido sol después de una noche de tormentas, vuelve a mi un pequeño regalo que casi pasó desapercibido entre tantas profundidades: allá lejos, el hombre posa en cualquier sitio una bandejita con ofrendas para la vida, para los dioses. No importa donde posa su bandeja. No importa cuál es su ocupación, ni su condición, ni lo que le pasa o le deja de pasar. Dos, tres veces al día, se ocupa en ofrendar.

Ofrendar es honorar. Es agradecer. Es un acto de humildad. Es un reconocimiento a la Bondad oculta.

Ofrendar es no sentirme nunca en soledad. Es reconocerme en conexión con lo Desconocido. Es reconocer la Verdad que no se ve, pero que se siente.

Ofrendar es un acto de reconocimiento que traspasa lo racional. Ofrendar es pintar de belleza la cotidianidad. Es parar unos segundos para darme cuenta. Es saludar amable, reverencialmente Aquello que es Fuente de vida. Es mantener el hilo interior con lo más alto que habita en mi interior.

Ofrendar es dar cabida a algo más que este pequeño yo. Es expander este pequeño yo. Es pedir ayuda y protección por saberme pequeño.

Ofrendar es ofrecerse.

Ofrendar es mostrar alegría por el hecho de estar vivo. Es honrar la vida. Honrar la tierra. Honrar a los que murierion. Honrar a los que vendrán. Honrar a los que estamos. Ofrendar es honrar.

Y por ahí anda esa gente que en cualquier rincón, más de una vez al día, ofrece a Eso su pequeña bandeja llena de pequeños tesoros. Y en ese acto, mantiene despierta la sacralidad de la vida.

Así anda esa gente. Sonriendo. Confiada. Inocente. Bella. Alegre. Dulce. Amorosa.

Ellos no han perdido la unión con lo Desconocido. Ellos no han perdido la sacralidad de la vida. Ellos no han perdido el sentido de la vida.

Y así me lo muestra la mirada secreta:

La unión íntima con lo Desconocido, la sacralidad de la vida y el sentido de la vida son inseparables.

Gracias hijo mío, por traer de tan lejanas tierras semejante regalo.

Gracias mirada secreta por mostrarme la profundidad de su regalo.

Lo acojo y mi alma se viste con este tesoro:

Vivir la vida como una ofrenda a Eso. No hay vida más plena.

 

 

 

 

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