Archivo de la etiqueta: percepción psicológica

El tren de la Experiencia

“Todas las formas son percibidas por el ojo. El ojo es percibido por la mente; y la mente a su vez, es un objeto percibido. En definitiva, “el testigo” es el que realmente percibe, y no es percibido por nadie.”

Drig-Drisya-Viveka de Šankara

Una vez leí algo sobre la conciencia-testigo. El libro hablaba de que, además de los pensamientos y percepciones, hay en nosotros un darse cuenta de esos pensamientos y percepciones, un testigo que observa sin juzgar, siempre presente. El libro también decía que ese “testigo” era inmóvil e inmutable… Y tal cual lo leí, tal cual lo olvidé… Por lo menos, aparentemente.

Al cabo de mucho mucho tiempo, me encontré yendo en tren. Estaba en esa alegría serena que me suele acompañar cada vez que suelto las riendas de mi vida y es otro quien me lleva (un tren, una persona, la Inteligencia…). Mi mirada flotaba sin punto fijo a través de la ventana, viendo pasar todo sin ver nada. Los tenues rayos de sol atravesaban el espacio, bien definidos e intangibles y en ellos las partículas que pueblan lo aparentemente vacío, bailaban reflejando mil colores como si de una danza de diamantes minúsculos se tratara. Ni un sólo pensamiento enturbiaba la expresión de la vida.

Y en estas, refulgente como uno de esos rayos de sol, atravesó mi mente la comprensión de la dulce mirada secreta. Sin buscarlo. Sin esperarlo:

Aunque estaba viajando, ¡yo estaba inmóvil! Aunque me desplazaba a gran velocidad, ¡yo me bañaba en la más profunda quietud! Y el anhelo de comprensión, libre de supuestas obviedades y respuestas nunca comprobadas, se dio cuenta. Vio con el ojo de la mirada secreta que así sucedía con esa conciencia-testigo inmóvil e inmutable de la que había leído hacía tanto tiempo y que no había comprendido.

Y así quiere la mirada compartir con todos esa comprensión que dio fruto mucho tiempo después de ser sembrada, como suele pasar…

…Imaginad la situación. Váis en un tren que se desplaza a toda velocidad, miráis por la ventana el mundo exterior que pasa sin dejar huella. Y vosotros ¡no os mováis! Estáis en silencio y en quietud y todo acontece fuera de vosotros…

Ahora imaginad que el tren es la persona que creéis ser: vuestro cuerpo y mente.

Imaginad que el paisaje es el mundo exterior al cuerpo/mente.

E imaginad que el pasajero que va en ese tren, es la conciencia, es aquello que se da cuenta de todo lo que ocurre pero no se ve afectado por ello.

La conciencia inmóvil y siempre-la-misma, tiene el cuerpo/mente para vivir el viaje de la vida. Los sentidos del cuerpo/mente son las ventanas sin marco que permiten a la conciencia acceder al mundo exterior.

El pasajero, no es ni el tren ni el paisaje. El pasajero no va a ningún sitio. Es el tren que se mueve a través del paisaje. Es el paisaje que se mueve frente a los ojos del pasajero.

La conciencia-testigo (el pasajero) no es ni el cuerpo/mente (el tren) ni el mundo exterior (el paisaje)

La conciencia-testigo no es ni el perceptor (la mente) ni las percepciones. De hecho

el perceptor y las percepciones son ambos objetos de la conciencia.

Aunque aparentemente el pasajero se desplaza en el tren de un lugar a otro del mundo exterior, realmente el pasajero no se mueve de su asiento

Así la conciencia que soy es inmóvil. Todo se desplaza en constante cambio de vida, mientras

la conciencia resta inmóvil.

De la misma manera que cambia continuamente el paisaje que se observa desde las ventanas, e incluso pueden cambiar las condiciones físicas, medioambientales del propio tren, el pasajero se mantiene inmutable, siendo testigo de esos cambios externos al tren e internos al tren sin que por ello le afecten.

Lo mismo sucede con la conciencia que soy. Cambian los sucesos fuera del cuerpo/mente, y cambian aspectos y condiciones del propio cuerpo-mente, y yo atestiguo esos cambios más la conciencia que soy es inmutable e imperturbable a esos cambios.

La conciencia ve sin verse afectada.

Recuerdo que estaba viajando a través de los Monegros. Y la Inteligencia de la Vida no quiso que saltara del tren en marcha para que este cuerpo no se hiciera daño. Pero os aseguro que ni el tren ni el paisaje podían sostener la explosión de conciencia que en ese instante se dió.

¡Feliz Ahora!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿Espejo o lámpara?

Hay dos maneras de difundir la luz. Ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja.”

Lin Yutang

escritor y filólogo chino

Entre tu y el mundo hay un espejo.

La mirada secreta sigue descubriendo las mismas leyes que se aplican a la física en lo psicológico…

Dicen los físicos: “Normalmente la reflexión y la refracción se producen de forma simultánea. Cuando incide una onda sobre la superficie de separación entre dos medios, los puntos de esa superficie actúan como focos secundarios, que transmite la vibración en todas las direcciones y forman frentes de onda reflejados y refractados. La energía y la intensidad de la onda incidente se reparte entre ambos procesos (reflexión y refracción) en una determinada proporción.”

Si reformulamos el párrafo anterior desde un punto de vista psicológico diríamos: Normalmente la reflexión de uno consigo mismo y la refracción hacia la otra persona o el mundo, se producen de forma simultánea. Cuando incide una mirada sobre la superficie de creencias que separan a uno del resto del mundo, las creencias de esa superficie actúan como focos secundarios, que transmite la vibración en todas las direcciones y forman frentes de ideas reflejados y refractados. La energía y la intensidad de la idea incidente se reparte entre ambos procesos (reflexión y refracción) en una determinada proporción.


Hasta ahora no lo habías visto.

Cuando amabas, creías que eras tú quien amaba a una persona concreta digna de tu amor.

Cuando rechazabas, creías que eras tú quien rechazaba una persona concreta digna de tu rechazo.

Cuanto querías creías que era digno de tu deseo. Cuanto despreciabas, creías que era digno de tu desprecio.

No sabías que entre tu y el mundo hay un espejo. Y que dicho espejo forma imágenes reflejadas y refractadas tanto de tí como del mundo.

La relación que tienes contigo y con el mundo depende directamente de este espejo de creencias.

Un muro de creencias, de ideas que desvía la realidad y la transforma en una imagen más o menos distorsionada. Una superficie de separación hecha de ideas condicionadas sobre quien eres tu y quien es el otro.

Por eso, cuando amas o cuando rechazas a alguien, no eres tu quien ama ni quien rechaza. Es la idea que tienes de ti, construida por comportamientos condicionados, que ama o rechaza según los mismos parámetros que utilizas para enjuiciarte a ti mismo. Y quien es depositario de este “amor” o “rechazo” también es una idea que tienes de esa persona, y no la persona en sí.

Uff! La mirada secreta de nuevo me hace ver que:

Si fuéramos lo que somos, libres de ideas, nada habría fuera del amor y nada sería rechazable.

Entre tu y el mundo hay un espejo.

El mundo no está frente a tí. Está detrás tuyo. Es el espejo lo que está frente a tí y es el espejo el que te separa de la realidad del mundo. Un espejo que te separa de la realidad de ti mismo.

¿Quién no ha experimentado el profundo gozo de relacionarse con alguien que aún no se ha creado una idea fija de él? ¿Quien no ha sentido la pura libertad de crearse de nuevo en un instante?

Soltemos el espejo. Démonos cuenta de que lo que nos muestra está distorsionado. Mirémonos directamente, sin creencias, con la mirada nueva, la mirada secreta que todo lo ve por vez primera. Aprendamos a relacionarnos con nosotros mismos sin encasillarnos en forma alguna. Y atravesemos quienes creemos ser, liberando a los demás ¡simultáneamente!

¡Feliz Ahora!

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La teoría de la Resonancia

La belleza de las cosas existe en el espíritu del que las contempla

David Hume

 

 

 

 

 

La Física es la ciencia que se dedica a observar la naturaleza y a describir las leyes que la gobiernan. Y aunque no tenga ni pruebas científicas ni conocimientos mínimamente suficientes, tengo la fuerte sospecha que las leyes de la Física no sólo son aplicables a la naturaleza sino también al “yo psicológico”…

 

La teoría de la resonancia dice que dos cuerpos idénticamente “afinados” vibrarán aún tocando uno sólo de los dos. Un ejemplo real característico es utilizando dos diapasones.

Al tocar el primer diapasón A, el segundo B vibra de forma continua hasta terminar el eco del sonido. Si los diapasones tuvieran afinaciones distintas (notas o frecuencias diferentes), no se daría la resonancia.

Pues una vez tuve un sueño muy raro que tiene que ver con la teoría de la resonancia (creo que la mirada secreta también se cuela en los sueños).

Se me presentó la vida como un inmensa mesa de banquete sobre la que vibraban todos los ingredientes existentes que componen la experiencia de vida a disposición de los comensales: alegría, tristeza, justicia, injusticia, belleza, fealdad, esperanza, desesperanza, honestidad, mentira, amor, odio, guerra, paz, sabiduría, ignorancia, egoísmo, altruismo, generosidad, avaricia, esclavitud, libertad,… Un sinfín de ingredientes de vida, de todos los colores y formas, vibrando a diferentes frecuencias. Más no se oía sonido alguno. De hecho reinaba un silencio expectante.

Al cabo de un instante, vi como se aproximaba una persona a la mesa. Andaba cabizbaja, arrastrando los pies. De alguna manera, vi con transparente claridad que ella también vibraba. Se fue acercando. Y conforme se acercaba, algunos de los ingredientes de la mesa se elevaron y empezaron a vibrar más fuerte, mientras el resto de ingredientes se hacía casi invisible. La vibración de la persona era idéntica a la de los ingredientes de vida que habían surgido con más fuerza. Y empezó a sonar una música. Era una música triste, pesada, oscura… Entonces me pude fijar más en los ingredientes que estaban participando en el melancólico concierto. Eran la tristeza, la añoranza, la desilusión…

Al poco rato se presentó otra persona vibrante, caminando a saltitos, ligera como una pluma. Y otros ingredientes emergieron por encima de los demás, -la alegría, el optimismo, la sencillez…- y en comunión con ella, crearon una nueva melodía que sonaba “allegro ma non troppo”.

Y así se fueron acercando diversas personas. De acuerdo a sus pensamientos, emociones y comportamientos, se ponían ingredientes concretos a vibrar con más fuerza y a unirse en perfecta armonía a la frecuencia vibratoria de cada una de ellas.

Cuando desperté por la mañana, tenía el sueño muy vivo en mi mente. Y empecé a investigar que querría decir, si es que quería decir algo…

Pensé que cada persona que se acercaba a la mesa tendría sus motivos para andar con su vibración a cuestas. Y me puse a imaginar qué ingredientes de la mesa del banquete de la vida se pondrían a vibrar si fuera yo quien me acercara…

Entonces me di cuenta que, hasta la fecha, tenía muchas razones para creer que la vida era pura alegría, pero también tenía razones para creer que la vida era muy triste…

…tenía verdaderas razones para creer que era muy injusta, pero también para creer en la justicia,

…tenía razones de peso para creer que la vida estaba llena de cosas feas, pero también para extasiarme de la belleza que veía en todo y en todos,

…tenía razones para sentir tanta esperanza como para desesperarme.

Podía encontrar razones para dar realidad a cualquiera de los ingredientes…

Entonces, ¿cuáles serían los ingredientes que emergerían y crearían la melodía única e irrepetible conmigo?

De nuevo la mirada secreta me dio la clave. Súbitamente vi que la vibración de cada uno de nosotros no dependía de “sus razones” frente a lo vivido, sino de su afinación con los ingredientes de la vida, independientemente de lo vivido.

Vi que ¡la clave estaba en la afinación!

afinándome con aquellos ingredientes de vida que llenan mi persona de paz y de felicidad, la música que se crea es armonía y belleza

La vida no es de una manera o de otra. Hasta en el momento más duro hay paz, hay amor, si afinamos nuestro corazón con ello.

¡Que la música de la vida nos convierta en bellos acordes!

¡Feliz Ahora!

 

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Vivimos en un mundo aparente

“El error está en la mirada”

                              Consuelo Martín

Vivimos en un mundo aparente, hecho de las percepciones que nuestra mente puede interpretar gracias a sus instrumentos  -los sentidos físicos, la inteligencia, la memoria, los condicionamientos, etc.- Un mundo de percepciones mentales en el que está incluido nuestro propio personaje al que llamamos “yo” y las imágenes mentales de otros personajes a los que llamamos “los demás”.

Si hiciéramos un dibujo de lo que creemos que es el “mundo real”, podría ser algo así:
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La mente de cada ser humano percibe según sus instrumentos:

… lo que para unos es intolerable, para otros es normal

… lo que para unos es una obra de arte, para otros es un churro

Y así.

La mente crea el mundo.

Y también me crea a mi y a los demás.

Todo lo psicológico (conductas, emociones y pensamientos), es una percepción mental condicionada por mis instrumentos. Todo lo psicológico es una apariencia.

Con esto no quiero decir que lo psicológico sea falso.

Lo falso es creernos que lo que percibimos es la realidad, la verdad.

De la misma manera que un espejismo es un fenómeno real mientras que su contenido no lo es, así la percepción que tengo de mi, de ti y del mundo es un fenómeno real, pero el contenido de esa percepción sólo es aparentemente real.

Cuando sufrimos, creemos que hemos de cambiar el objeto de nuestra percepción. Por ejemplo, si nuestra pareja “nos hace sufrir”, queremos que cambie. O si lo que nos hace sufrir es un aspecto de nosotros mismos, nuestra inseguridad, falta de autoestima, etc., buscamos ayuda para cambiar eso…

Queremos que en vez de fuego, el espejismo nos muestre un oasis paradisíaco. Y no nos damos cuenta que lo que nos hace sufrir es un espejismo.

Pero hay otro camino. Un camino que nos va liberando de lo psicológico, no porque lo arreglemos, sino porque nos vamos dando cuenta de que  no es real.

Pero sólo lo podemos soltar cuando lo vemos.

Cuando ves, no hay dudas. Sólo evidencia.

¡Feliz Ahora!

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La escucha también vé

“Escucha, hijo, y serás sabio”

                                            Prov. 23,19

El otro dia vino a la consulta una dulce persona de ojos azules y anhelos cuidadores. Andabamos investigando lo que era la verdadera escucha. Y descubrimos lo siguiente:

A veces escuchamos pero no prestamos atención.
Este oir sin atender es muy frecuente cuando lo que se nos está diciendo no nos interesa lo más mínimo. Pero no es la única situación en la que no escuchamos de verdad.

Hay otra que es mucho mas preocupante, porque es -además de muy frecuente-, uno de los motivos por los que nos cuesta tanto comprender a los demás, así como sentirnos comprendidos. Es una de las razones por las que la comunicación es, tan a menudo, algo difícil. Es el origen de muchos malentendidos. Y también lo que dificulta el arte de ayudar a los demás

  no escuchamos de verdad porque tenemos la atención puesta en nosotros mismos

Este fué nuestro primer descubrimiento aquel día.

Estamos más pendientes de lo que vamos a decir nosotros, de nuestra interpretación de lo que se nos está diciendo, de nuestra opinión, de la creación de nuevos argumentos que soporten nuestra hipótesis, de nuestros juicios sobre lo que el otro dice, en fín, más pendientes de nosotros mismos que de nada ni nadie; y esas son las consecuencias…

Sin embargo, todos hemos vivido momentos en que sí que nos interesa lo que el otro dice, sí que queremos comprenderle de verdad. Es entonces cuando ponemos toda nuestra atención en la persona que nos está hablando y en sus palabras. Y de forma inesperada, nos dimos cuenta que cuando esto sucede, cuando nos entregamos plenamente a la escucha…

¡¡¡desaparecemos!!!

Ya no hay quien escucha, ni opiniones, ni interpretaciones, ni juicios, ni preocupaciones. Solo queda la escucha, sin el escuchador. Esta es la única puerta que nos pueda conducir a la comprensión, a la empatia, a la comunicación verdadera.

La atención es el foco que ilumina la escena. Imagínate, si esto pasa con la escucha, ¿qué puede suceder cuando la atención se dirige a otro sitio, por ejemplo, hacia uno mismo? Seguiremos investigando…

La Mirada Secreta apareció inesperadamente y nos enseñó a escuchar de verdad.

Como una estrella fugaz, pasó cuando teníamos la atención bien despierta.

Como una estrella fugaz, dejó una estela a su paso que todavía ahora estamos dilucidando.

¡Feliz Ahora!

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¡Bienvenidos!

En mi consulta, tratamos de aprender a soltar lo psicológico.

En todas las terapias, en todos los esfuerzos psicológicos, solemos tratar de cambiar aquello que percibimos y que nos hace sufrir. Puede ser que creamos ser demasiado inseguros, o que no sabemos establecer relaciones afectivas sanas, o tantas y tantas otras percepciones de nosotros mismos o de las personas y mundo que nos rodea. Y queremos que eso cambie.

Buscamos ayuda para cambiar, para ser personas más competentes, más queridas, mejores, más felices. Sin embargo, este es un camino que nunca termina. Siempre salen nuevos conflictos, -o viejos conflictos con capa nueva- que nos hacen sentir como cangrejos, caminando hacia atrás.

Pero hay otro camino:

En vez de cambiar lo que percibimos,

cambiamos la perspectiva.

Es un proceso maravilloso, de expansión y sabiduría.

Y en este proceso, a veces, entra una ráfaga de inspiración de no se sabe donde. Y de repente, sin más, vemos con pasmosa claridad algún aspecto nuevo.

A esta ráfaga de inspiración, le llamo “La Mirada Secreta”. Es un nombre muy bonito que fué susurrado en mi oído por la propia Mirada.

Así que la Mirada Secreta no es una persona sino una perspectiva. Es secreta porque, aunque lo que muestra jamás está escondido, las personas no lo vemos casi nunca.

La Mirada me enseño que la Verdad siempre está presente. Pero hemos de aprender a mirar, a mirar más allá de lo percibido, más allá de lo aparente. Todo lo psicológico es aparente, porque es la sustancia de quienes creemos ser y no de quienes somos.

En este blog, iremos compartiendo con todo el que quiera, los descubrimientos que nos regala la Mirada Secreta en su infinita luminosidad. Y con los atisbos de la verdad, vendrá la paz, la alegría, la sabiduría y el amor.

¡FELIZ AHORA!

lamiradasecreta

Si quieres contactar con nosotros, escribenos a:

lamiradasecreta@lamiradasecreta.com

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