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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

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En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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El silencio de mí

imageEn el silencio del yo cabe lo que tenga a bien la Verdad

La mirada secreta

Queremos convertirnos en maravillosos seres humanos y para eso queremos un cuerpo hermoso y una personalidad digna de admiración. La pregunta es ¿por qué? Pues por lógica diría que no nos creemos maravillosos. Y, como los niños, me surge otra vez ¿por qué? ¿Por qué no nos creemos maravillosos?

El otro día en un programa de televisión vi las imágenes de las actrices que, en los años 80 eran consideradas las más bellas. La mayoría casi no tenían pechos y sus piernas, hoy en día, se hubieran considerado gordas. Y fueron ¡chicas Bond! Queremos un cuerpo hermoso sin darnos cuenta que, por un lado, no sabemos lo que es la Belleza y por el otro, esa “hermosura” que buscamos es fruto de una moda pasajera, de un condicionamiento. Creemos que estamos decidiendo desde la libertad y no nos damos cuenta que nuestras mentes están programadas, y que en nuestros deseos y acciones no hay libertad ni verdad. Y seremos capaces hasta de pasar por el quirófano si es necesario, para conseguirlo.

Y respecto a la personalidad pasa lo mismo que con el cuerpo. Hace unas décadas, una personalidad admirable estaba ligada a parámetros de obediencia, perseverancia, lealtad, humildad y paciencia. Ahora la personalidad estrella es la que demuestra independencia, inconformismo, rapidez, seguridad, ambición. De nuevo, modas que no contienen verdad precisamente por su superficialidad pasajera. Y de nuevo, somos capaces hasta de ponernos en manos de los terapeutas para “arreglar” nuestra personalidad.

¿Por qué queremos ser de otra manera?

Hace un tiempo, le hice esta pregunta a la mirada secreta y ella me contestó con otra pregunta:

¿querrías cambiar tu cuerpo o tu personalidad si estuvieras en una isla desierta?…

¡Ah, la mirada! Esta pregunta me hizo ver muchas cosas. Vi con claridad que

quiero cambiar para que los demás me vean de otra manera.

No quiero cambiar por mi. Eso que dicen que la operación o la terapia enfocadas al cambio se hacen con el objetivo de aumentar la autoestima… Uff. Ese tipo de autoestima de auto no tiene nada más que vernos valorados en los ojos de los demás. Así que lo que estamos buscando realmente es que los demás cambien su mirada respecto a nosotros. Y lo buscamos tratando de cambiar nuestra apariencia, tanto física como comportamental. Creemos que si lo conseguimos, nos querrán más. Y quizás sea así. Pero ese amor que hemos conseguido, ¿a qué va dirigido? ¿a nosotros o a la nueva apariencia? Y si vemos que va dirigido a la nueva apariencia, ese amor ¿nos llenará?

No hace falta ir a una isla desierta para comprobar que lo que nos preocupa es como los demás nos ven. ¿Cómo estoy conmigo cuando estoy en soledad? ¿Me preocupo de cómo me ha quedado el pelo hoy o de que me he levantado de mal humor? ¿Me preocupo por mi inseguridad o por tener la nariz un poco grande? ¿Qué hago con mi pelo, mi nariz, mi mal humor o mi inseguridad cuando estoy en soledad? Pues lo más probable es que no haga nada, que ni siquiera “me piense” y me dedique a ser simplemente quien soy sin proponermelo, sin esfuerzo. Libre de mi yo pensado.

Alguien diría que hemos de ser así y así y asá porque vivimos en sociedad. Lo que mi querida mirada secreta me enseña es que yo no soy de ninguna manera, que

cualquier definición viene por comparación,

y que

todos somos recipientes de vida y que la forma del recipiente no importa.

Muchos líos y sufrimientos vienen de creerme que soy de una forma concreta y quererla cambiar. La paz interior que anhelo y que busco en el reflejo de la mirada ajena, no me la va a dar la valoración que los demás hagan de mí, ni siquiera una “buena” valoración propia, sino el silencio de mí. En el silencio de mí, nada quiero cambiar porque al no pensarme, nada juzgo de mí.

En el silencio de mí encuentro la paz y se abre el espacio para que el Amor pueda brotar desde el centro y pueda llegar el día en que también deje de pensar en los demás y de juzgarles…

De hecho, la mirada secreta escribe cuando hay el silencio de mí. Aquí encuentra este yo desocupado y puede utilizarlo.

El yo poco ha mejorado estos años, pero al estar vacío de mí, la mirada secreta lo ha tocado. Y ¡ay, amigos! Cuando es la mirada la que toca, ¡que bella es la melodía, que plenitud sin fronteras! ¿Será Aquí donde vive la Belleza, la Libertad y el Amor?

¡Feliz Ahora!

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El tren de la Vida y la mochila psicológica

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“Cualquier peso que se pone en Dios, Él lo soporta. Puesto que el poder supremo de Dios hace que todas las cosas se muevan, ¿por qué, sin someternos a él, debemos inquietarnos nosotros constantemente con pensamientos sobre lo que debe ser hecho y cómo, y sobre lo que no debe ser hecho y cómo?”

Bhagavan Sri Ramana Maharshi

Lo que nos pesa tanto aquí, en mitad del pecho, y aquí, en la cabeza… las preocupaciones, los deseos, los recuerdos, las culpas, las envidias, los deberes, las exigencias, los intentos, los resultados, las quejas, los victimismos, los miedos, las manipulaciones, las mentiras, los rechazos, pesan tanto que a duras penas podemos abrirnos a la alegría, a la paz, a la armonía, a la belleza, al amor, a la libertad, a la dulzura, a la claridad.

¡Qué curioso! ¡La alegría, la paz, la armonía, la belleza, el amor, la libertad, la dulzura, la claridad no pesan nada! ¡Claro! Son reflejos de la Verdad. Y la Verdad es simple, transparente, liviana.

…uy uy uy, ¡aquí tenemos una chispa de la mirada secreta!

si lo que hay en mi mente y mi corazón pesa es que no viene de la Verdad

Todas esas “piedras” que tanto pesan son la mochila psicológica que llevamos encima. Ninguna de ellas está fuera de nosotros, sino que

todo lo que nos pesa es reactivo a nuestra programación mental.

A cada uno nos preocupan las cosas que nos han enseñado que son muy importantes o esenciales (no hay ninguna cosa que sea muy importante o esencial para todas las personas). Lo mismo ocurre con los deseos, las culpas, etc.

De acuerdo. Todos tenemos nuestra maleta particular que nos impide ver y vivir la belleza de la vida. y lo que solemos hacer con ella es intentar reparar su contenido. Así creemos que la maleta pesara menos. Pero la verdad es que no parece que este sea un camino muy eficaz para aligerarnos y poder vivir en paz. Entonces ¿qué podemos hacer?

Leyendo a un gran sabio, la mirada secreta reconoció la verdad (sólo la mirada secreta puede reconocer la verdad). El sabio dijo que esta maleta la llevábamos todos encima porque

no nos damos cuenta de que no somos nosotros los que llevamos la vida sino que es la vida la que nos lleva a nosotros.

Por eso cargamos la maleta encima de nuestra mente y nuestro corazón.

¡Imagínate! Ir en el tren cargando con la maleta, en vez de dejarla en el suelo.Y Así, no es de extrañar que no podamos disfrutar del viaje, ni de la compañía, ni del paisaje :)

La Inteligencia de la Vida nos lleva. Hemos de darnos cuenta que no somos nosotros los conductores, sino que vamos en el tren de la Vida. Y que no hace ninguna falta que llevemos encima todos nuestros pesos. Los podemos dejar tranquilamente a cargo del tren. Al fin y al cabo, es el tren de la Vida el que nos va a llevar a nosotros y a nuestros pesos. Así que ¿por qué no dejarlos en el suelo? Eso nos liberará y nos permitirá disfrutar del viaje, de las paradas que vaya haciendo, de los pasajeros que vayan compartiendo algunos tramos de nuestro viaje, del paisaje. Dejar nuestros pesos a cargo del tren de la Vida nos mantendrá las manos, la mirada, la mente y el corazón vacíos para que puedan ser llenados de aquello que la Inteligencia nos vaya mostrando. Libres de programaciones, de asuntos pendientes (ambos creados en un pasado que sólo existe como idea). Libres de deseos, expectativas, preocupaciones, miedos (todos creados también en un pasado que sólo existe como idea). Libres.

Libres para ver, para comprender, para vivir, para expresar lo que es Verdad.

El tren de la Vida te lleva a ti y lleva tu maleta.

Y tampoco hace falta que abras tu maleta y trates de ordenarla, de lavar sus trapos, de remendarlos. Por mucho empeño que le pongas no vas a acabar nunca de adecentar eso porque es como querer adecentar una maleta de basura que además de sólo ser desperdicios podridos, encima son virtuales. Misión imposible. Deja ya de intentar arreglar aquello que en si es desecho.

Y tampoco hace falta, de verdad, que la aguantes sobre ti.

Déjala al cuidado del tren, desocúpate totalmente de ella y ¡entrégate al gran viaje de la Vida! Solo funcionará si tu desocupación de la maleta es TOTAL.

Así sí.

¡FELIZ AHORA!

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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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La pureza y la Verdad

IMG_6824“De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Mateo, 18:3

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Como dice mi querida Consuelo, no se trata de ser niños, sino de ser como niños. Así es. La Verdad no se puede vislumbrar más que con una mente y un corazón que sean como los de un niño. Pero, ¿cómo son la mente y el corazón del niño?.

El diccionario define la pureza en términos negativos (negativo fotográfico) de ausencia. Ausencia de mezclas, de intereses, condiciones, excepciones, restricciones, construcciones…

la pureza es ausencia

¡Ay, la Mirada! En todo derrama su buena nueva. En todo ve lo que nunca fue visto. Y todo lo que ilumina lo convierte en bendición…

Aquí empieza a mostrar Su luz sobre la pureza.

La mente pura no es una mente llena de erudición, que muestra un correcto pensar, inteligente, brillante, que sabe de todo, que se expresa con elegancia y fluidez. No es una mente llena de preceptos éticos, de valores morales, de directrices justas. Esa no es una mente pura porque, lo que es erudición un día puede ser ignorancia al siguiente. Lo que es elegancia y fluidez para unos puede ser amaneramiento y pesadez para otros. Lo que es ético o moral en un tiempo puede pasar a ser inaceptable. Lo que es justo aquí puede ser injusto allá. La mente que hemos creído que era pura, es una mente volátil, manipulada y manipulable. Y la pureza es intocable -sino, ya no sería pureza-. Entonces, ¿qué es una mente pura?

Una mente pura es una mente vacía. Es una mente valiente, que ha soltado todo lo que creía saber y ahora, realmente, vivencialmente, ha descubierto -como decía el sabio- que lo único que sabe es que no sabe nada.  Sólo una mente vacía, limpia de todo pensamiento, una mente que ha dejado caer todo lo aprendido, una mente como la de un niño puede llegar a ver la Verdad. Y eso es así porque la Verdad es incognoscible, no se puede llegar a conocer. Por eso,

todo lo conocido no es  del reino de la Verdad.

¿Y el corazón? El corazón puro no es el corazón que está lleno de buenos sentimientos, como  se suele entender. No es un corazón que ayuda a los demás, que da a los que no tienen. No es un corazón que se sacrifica por los demás, que ama a todos, que rechaza las emociones negativas, que tiene buenos propósitos. Ese no es un corazón puro porque mis buenos sentimientos pueden no serlo para ti. A veces, querer ayudar a los demás puede ser intrusismo, dar a los que no tienen puede ser contraproducente, sacrificarse puede colocar al otro en un estado de deuda, amar a todos puede ser una trampa, rechazar las emociones negativas  y tener buenos propósitos implican juicios de valor. Este corazón que hemos creído que era puro, es un corazón volátil, manipulado y manipulable. Y la pureza es intocable -sino, ya no sería pureza-.

Un corazón puro es un corazón vacío. Es un corazón valiente, que ha soltado todo lo que sentía y ahora, realmente, vivencialmente, ha descubierto que lo único que siente es una apertura vacía, limpia de emociones. Un corazón que al verse liberado de los pensamientos, deja caer todas las reacciones emotivas que ha ido aprendiendo con los años. El corazón puro es un corazón como el de un niño, libre de todas las emociones condicionadas y es ese el que puede llegar a sentir la Verdad. Porque la Verdad es Amor sin que haya un “pequeño yo” que siente amor.  Y

sólo un corazón vacío puede ser llenado por la Verdad que es Amor.

El niño suele ser egocentrado aunque su mente y su corazón todavía no han sido condicionados del todo. Por eso no hemos de ser niños, egocentrados, sino ser como ellos, que todavía están libres de programaciones mentales y emocionales.

Es imprescindible que la persona quede desocupada de pensamientos, emociones y conductas condicionadas. Es fundamental que la persona quede vacía para que la Verdad pueda expandirse.

Así enseña la mirada secreta.

Así anima a desocupar esta persona, a vaciarla, y en esa pureza, la Verdad pueda reflejarse sin distorsión alguna.

Si la Verdad es lo más importante, lo único, vayamos pues. ¡Seamos valientes y vivamos desde la nube del no saber! En un instante, la paz del vacío-de-mi será nuestra identidad conocida. El resto no es cosa nuestra…

¡Feliz Ahora!

 

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La memoria

IMG_0591Todo lo que Es Verdad carece de memoria, porque la Verdad Es sin tiempo.

La mirada secreta

La madre está perdiendo progresivamente la memoria. Parece que vaya perdiéndose a si misma: no sabe que es lo que le gusta y lo que no; no sabe si conoce o no conoce un lugar, una persona, etc. Los que están a su alrededor también lo viven así, creen que están perdiéndola, que está “yéndose en vida”. Cada vez la reconocen menos, casi diría que al mismo ritmo que ella les va olvidando. Sienten una despersonalización, una pérdida del yo conocido. Y esta situación remueve el corazón, el cuerpo y la mente de todos los que la quieren. 

Mientras, la mirada secreta se pone a investigar, de brote en brote, espontáneamente y así, de instante en instante, va colocando sus flores de verdad en el centro de quien esto escribe, como una ofrenda de comprensión, de paz, de confianza sin fisuras… para todos.

Me doy cuenta de que si siento que la madre está perdiendo su identidad, es que había hecho su identidad de memoria. He confundido sus gustos con ella. He confundido su forma de comportarse con ella. He confundido su capacidad intelectual con ella. He confundido sus conocimientos con ella. He confundido sus habilidades con ella. He confundido sus recuerdos con ella. Sin embargo –¡Ay, Mirada, que gran regalo es tu presencia!-, la madre ya era quien es antes de tener unos gustos concretos; antes de comportarse de una forma habitual, antes de conocer unos conceptos, antes de aprender unas habilidades. En verdad cuando la memoria se desintegra, ¿se desintegra la identidad? ¿no será que creí que yo era aquello que la memoria hace posible?

En nuestra civilización, hemos aprendido a vivir desde la mente, desde los conocimientos más básicos -“this is a table”-, hasta los más complejos y científicos. La pérdida de memoria pone en jaque lo aprendido pero ¿pone en peligro lo que somos?

La mirada secreta me hace saber que nunca olvida nada, y no olvida nada simplemente porque no tiene memoria. En Su mundo, -me chiva-, todo acontece de instante en instante. Bueno. Ni siquiera eso. En Su mundo, todo acontece en un solo instante.

Todo es nuevo en este único instante…

En estos días anda el ser humano tratando de vivir en el ahora. Pero,

vivir en el Ahora, no es vivir en el presente.

El presente es una referencia temporal, un corte en el tiempo que se da entre un pasado y un futuro. Cuando vivo en el presente vivo en el tiempo y eso me invita a comparar una situación con otra y me invita a juzgar, por ello

en el presente, sufro.

Más vivir en el Ahora es vivir en la verdad de que todo está aconteciendo en este instante sin tiempo. En el Ahora no caben las comparaciones ni los juicios. Solo hay lo que hay. Por eso

en el Ahora no hay sufrimiento.

En el Ahora iluminado por la mirada secreta, además de estar libre de juicios, se vive en paz porque se ve que lo que hay es lo que tiene que haber, porque es lo único que existe, aunque yo no lo entienda…

Al perder la memoria sólo perdemos aquello que, para existir, necesitaría ser recordado. Pero todo aquello que de hecho existe en el momento actual, eso no necesita de la memoria.

Aquello que existe en este instante sin tiempo solo necesita de una cosa para Ser: el darse cuenta, la conciencia.

¿Será la madre Eso?

Con el Amor que es la naturaleza de este único Instante,

¡Feliz Ahora!

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Busco y no encuentro

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La Verdad no se puede enseñar ni se puede aprender. Sólo se puede reconocer. Y frente a Ella,  no hay dudas.

La Mirada Secreta

Nos vivimos en la carencia. Y nos vivimos así porque tenemos una mente que así lo piensa y es ese pensamiento el que nos hace sentir celos, envidia, odio, miedo y en el mejor de los casos, nos convierte en buscadores. Esa carencia imaginada nos impide ser felices, respirar paz, amar. Pero ¿realmente nos falta algo? ¿alguna vez nos hemos puesto a investigar si esa sensación de carencia está justificada de verdad, de verdad?

La mirada secreta no me deja que me distraiga, ni cuando conduzco la moto. Siempre está a la zaga de la más mínima apertura en mi mente para visitarme como la luz que se cuela por el agujerito más pequeño, sin importarle nada más. ¡Linda mirada que regalas tu luz incondicionalmente!

Me dice toda puesta: –¡nunca encontraras aquello que buscas!

Y como la conozco bien, sé que me está sacudiendo para que la atienda con todo mi ser. Así que me dispongo a escucharla de verdad (escuchar de verdad es un arte muy poco extendido que requiere de un corazón inocente y una mente silenciosa). De la mano de su amor, me abro y escucho…

-El tema no es buscar ni encontrar nada porque

todo aquello que anhelas ya está aquí

– me dice. -La paz siempre está. El amor siempre está. La belleza siempre está. La armonía siempre está. ¡Mejor aún!- exclama- No es que esté, es que ¡la vida es eso! Pero al pensar que careces de eso, lo buscas desesperadamente.

-Si la vida es eso- continúa- tu que formas parte de ella también lo eres. Eres paz, amor, belleza, armonía. Lo que ocurre es que estas viviendo en otro sitio en donde nada de todo esto existe: en la mente. En ese sitio, nunca lo encontraras porque no vive en este lugar lleno de juicios y de películas inventadas. Además, ninguno de vosotros puede acceder a algo que ya es. Sería como el pez que buscara desesperadamente el agua…

-Pero entonces ¿no puedo hacer nada para encontrar la paz que tanto anhelo?- le reclamo. Y la mirada secreta, que siempre guarda un conejito en su chistera, sonríe y me dice:

-Mientras lo sigas buscando nunca la encontraras. Para encontrar el aire has de quedarte quieto y respirarlo. Así, quédate en quietud y respira esa paz que anhelas ( y que anhelas porque ya la conoces, aunque no lo sepas). Es entonces cuando la reconocerás.

-¡Dios mio! Acabo de ver que

No se trata de encontrar sino reconocer.

-¡Qué fuerte!… Pero no es tan fácil- le sigo reclamando. -Necesito que me ayudes más.

-Mira como funciona el ser humano. Primero has visto con total claridad, de forma espontánea y en un instante que el descubrimiento de la verdad es siempre un reconocimiento y nunca un hallazgo. Y después ha entrado rauda la mente para poner sus “peros” y hacerse de nuevo con las riendas. “No es tan fácil” dice la mente- me suelta la mirada con su característico guiño travieso-. Pues aunque tu mente no lo crea, es tan sencillo para ti como difícil para la mente… bueno, de hecho, para la mente es imposible.

-Vivir lo que anhelas significa hacerlo presente, es invitarlo a tu presencia. Como la mente no te dejará en paz porque insistirá diciendo que no lo tienes y por lo tanto no lo puedes invitar, ¡engáñala!. Engaña a la mente y dile que vas a hacer como si aquello que anhelas estuviera presente. Así la mente callará. Pruébalo. Para que lo veas más claro, imagina por ejemplo que alguien te dijera: “haz como si fueras simpático” y tú va y lo haces. ¿Qué crees? ¿serías simpático o no?… Haz “como si” para que la mente no discuta y vive eso que anhelas, llama lo que intuyes de ello a tu presencia y vive desde ahí, porque

Vivir lo que anhelas te coloca allí donde lo que anhelas vive.

¡Ay dulce mirada! ¡Así, si!

¡Feliz Ahora!

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El pequeño gran obstáculo

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“No hay inconveniente en implicarse en las acciones que nos sobrevienen de modo natural. La esclavitud consiste en creer que somos los hacedores de esas acciones y apegarnos a sus frutos o resultados.”

Sri Ramana Maharshi

A veces me gusta colorear.
Nunca se me había dado muy bien. Mi pulso no era muy bueno y mi coordinación mente-ojo-mano tampoco. Había tratado de mejorarlo a base de paciencia y buena voluntad. No me rendía. Quería colorear sin salirme de la raya, sin hacer manchones. Quería plasmar belleza y perfección. Veía la facilidad con que otros coloreaban y sentía frustración. De hecho, era tanto el esfuerzo que ponía en hacerlo bien, que no podía colorear mucho rato.
Bueno, pues el otro día estaba coloreando
en ese estado de paz que da el no pretender nada, el no querer demostrar nada, el no desear ningún resultado.
Tan en paz estaba, que ni este pequeño “yo” estaba. Así que no había ni un “mi”, ni un “me”, ni un querer ni un sentir. Por no haber, ni esfuerzo había…
Y en este estado, vi la mano sujetando fácilmente el lápiz de color, vi los movimientos precisos que la mano hacía, vi cómo se iba rellenando el dibujo con el color y cómo la silueta negra era un muro que el lápiz no franqueaba ni milimétricamente…
La mano, el brazo, el ojo, el lápiz, el papel, el dibujo, eran todos un conjunto armonioso de expresión de vida. Y
yo era quien veía. No había nadie haciendo nada.
Todo sucedía sin que hubiera ningún “yo” voluntarioso haciendo nada. ¡Qué milagro más extraño y sorprendente!
La mirada secreta se reía alegre como el río de las montañas en primavera -a la mirada secreta le encantan los milagros…
-Esto es lo que te quería enseñar- me dijo.
-Cuando se deja de dar realidad al pequeño “yo” (ese quien crees ser que no es más que un potaje de ideas y creencias), ocurre que se deja de poner obstáculos a la Inteligencia de la Vida y las cualidades de esta persona, las dotes de su cuerpo, de su mente y de su corazón brillan en su máximo esplendor.
-Fíjate bien- continuó la mirada– observa como funciona la naturaleza, como funciona el cosmos. Fíjate con qué equilibrio, belleza e inteligencia se despliegan. Y ahora observa al ser humano… ¿ves que diferente? Eso es porque el pequeño “yo” de cada persona está metiéndose en todo, en las tareas del cuerpo, de la mente y del corazón. Sus deseos, rechazos, querencias, sus agravios, juicios, su voluntad,… están queriendo mandar en todo.
-Mira cómo en cuanto dejaste que la persona fuera quien pintara, aquello que tanto querías, sucedió.
El único obstáculo para que se exprese la Inteligencia que somos, es el pequeño e inventado “yo”
    -¡Madre mía! Entonces, si esto ocurre coloreando un dibujo, ¿qué pasará con todo lo demás si este “yo” se retira?-
-Eso no te lo puedo decir. De nada serviría. ESO LO HAS DE VER– contestó la mirada secreta
¡Feliz Ahora!
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La guerra de los fantasmas

“Para saber lo que Ud. es, antes debe investigar y saber lo que no es.”

Sri Nisargadatta Maharaj

 

Yo creo que soy de una manera concreta: soy así y así y así y no soy asá ni asá ni asá.

Cuando digo que me conozco muy bien, en realidad lo que conozco son mis patrones de pensamiento/emoción/comportamiento repetitivos, o dicho de otra manera, mis reacciones y mis formas de manipular el entorno. Lo que conozco bien está todo circunscrito al mundo mental, al mundo psicológico. De hecho cuando actúo de una manera que no encaja con como creo ser, enseguida aviso: “yo no soy así”.

Sin embargo, yo no me puedo conocer muy bien en la espontaneidad, en la creatividad, en la intuición, en la inspiración… Porque eso cuando se dá, -que se dá, a pesar de la idea que tengo de mi-, siempre es nuevo y sorpresivo, igual que la vida es nueva a cada segundo aunque mi mente no me permita darme cuenta de ello. Y eso nuevo, desconocido, sorpresivo no lo introduzco en quien creo ser. Es como si no tuviera nada que ver conmigo. Y eso ocurre porque no encaja con quien creo ser, con lo archiconocido en mi, viejos patrones condicionados que funcionan automática y mecánicamente, y que nunca me sorprenden. Así que lo que conozco muy bien es un robot psicológico, el yo condicionado con el cual yo me he identificado.

Cuando los demás dicen que me conocen muy bien, ellos también conocen ese robot psicológico. De hecho, ¡nada más puede ser conocido!

Pero, ¿quién soy yo realmente? Eso yo no lo puedo conocer porque no puedo dividirme en dos: el yo que conoce al yo que se supone que soy…

Quien soy yo realmente, no lo puedo conocer, sólo puedo serlo.

Es por eso que ¡¡todo lo que creo ser, no soy!!

Quien soy yo, sólo puedo serlo plenamente cuando me libero de lo que no soy, de ese yo condicionado que fué formandose desde los primeros años, superponiéndose al yo que había nacido, modelado por las circunstancias externas, igual que un trozo de arcilla es modelado. Yo-arcilla me he confundido con yo-forma de arcilla. He creído que soy esa forma, cuando nunca he dejado de ser arcilla. Y ahora me vivo como la forma, conozco más o menos bien la forma y sin embargo soy arcilla y la forma que adopto sigue cambiando… La idea de mi es la idea de la forma. Ese es el primer fantasma.

Por otro lado, no sólo tengo una idea de quién soy yo, sino que tengo también una imagen de cómo debería ser. Ese es el segundo fantasma. Y no me he dado cuenta de que esa imagen también viene de lo condicionado, de lo que me han enseñado que es lo mejor, algo que va cambiando con las épocas.

La idea de cómo debería ser, es una moda social.

Por ejemplo, ahora está muy de moda ser emprendedor, independiente, tener opiniones propias muy marcadas, ser seguro de sí mismo. En la época de mis abuelos, lo que era maravilloso era ser cumplidor, estable, obediente y responsable. Ese ideal que tengo de mí mismo, que también viene del exterior como creencias que yo asumo sin revisar, está todo el día jugando dentro de mí con respecto a quien yo creo ser, a la idea que tengo de mí. Así que

hay una contínua lucha entre quien creo ser y cómo creo que debería ser.

Ninguno de los dos conceptos lo he construído yo. Ambos me han sido impuestos desde fuera y jamás se me ha ocurrido ponerlos en duda.

Y esa lucha se extiende a mi relación con el mundo entero:

la relación que yo tengo con el mundo, con las personas, es un reflejo directo de la relación que tengo conmigo mismo.

Con los demás es lo mismo: tengo una idea de como son y una idea de cómo deberían ser: los amigos, los hermanos, los padres, los hijos, los políticos, los países, las leyes, … Y esos son los miles de fantasmas hijos de los dos anteriores.

En esa lucha eterna, que está circunscrita en el mundo de las ideas y que no tiene nada que ver con la realidad, yo vivo.

Es la guerra de los fantasmas: del fantasma de lo que yo creo que es y el fantasma de lo que yo creo que debería ser. Fantasmas que no tienen ninguna realidad, ninguna consistencia. Sólo son ideas. Ideas que al darles verdad, me impiden ver la realidad tal como es. Ideas que ponen un filtro espeso delante de mi mirada y deforman completamente la visión, tanto que cuando un día ves sin filtro no puedes comprender como habías estado tan ciego.

A los fantasmas no se les puede manipular, no se les puede cambiar, no se les puede matar. No se puede luchar contra los fantasmas porque no tienen consistencia. Porque no son reales. He aquí su poder.

Y para acabar con los fantasmas, sólo tenemos un camino: ¡encender la luz!

Cuando se enciende la luz, los fantasmas desaparecen.

Y ¿qué quiere decir “encender la luz”?.

Encender la luz es darnos cuenta.

Ese es el camino: darnos cuenta. Darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser, de que no tenemos que ser de otra manera porque ya somos de ninguna manera concreta. Que eso es sólo una idea que hemos comprado. Que todo lo que Es, ya Es. Que todo lo que existe es lo que es. Que las personas no son como son sino que son lo que son.

Que

yo no soy como soy, sino que soy lo que soy.

Y que en ese viaje de darme cuenta, los fantasmas desaparecen y con ellos, la guerra.

En ese viaje de darme cuenta de aquello que no es real, acaba la guerra y con el fín de la guerra, resurge la Paz.

¡FELIZ AHORA!

Especialmente a las mariposas :)

 

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EL PUNTO DE REFERENCIA

“Los necios niegan lo que ven, no lo que piensan; los sabios niegan lo que piensan, no lo que ven”

Huang-Po (s. IX)

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Desde el rincón más minúsculo del planeta, veo, siento, pienso, percibo, recuerdo, deseo, temo… Como todos… ¡ay no sé! ¡ya no puedo ver como veía!

-Bueno. Bueno.- consuela dulcemente la mirada secreta. -Mientras el “yo soñado” sigue viviendo su sueño, tu y yo sigamos investigando…

-Mira lo que ha pasado. Al perderse el “yo” soñado, nada es como parecía. Se ha perdido el punto de referencia, ¿lo ves?…- y así me sigue hablando la mirada secreta:

¿Qué pasaría si no hubiera ningún punto de referencia? Mejor dicho, ¿qué pasaría si no inventaras un punto de referencia?

Si no inventaras un punto de referencia no podria existir el tiempo. El tiempo existe con respecto a un punto de referencia temporal. Son las 13:11 con respecto a las 13:10 y a las 13:12. Es hoy con respecto a ayer y a mañana. Soy adulto con respecto a la juventud y a la vejez. ¿Podrían ser las 13:11 si no existiera ninguna hora más? ¿Podría ser hoy si no existieran el pasado y el futuro? ¿Podría ser adulto si no existieran otras edades?. Hoy soy un adulto a las 13:11. Todo referenciado a un punto, un punto en el tiempo que se puede colocar a lo largo del continuum temporal. Así que si sigo escribiendo mañana, mañana diría hoy y hoy sería ayer..

Si no fijo un punto de referencia, ¿que queda del tiempo? Ahora eterno

Si no inventaras un punto de referencia no podrían existir las distancias ni los volúmenes. Las cosas están lejos o cerca respecto a un punto. Son estrechas o anchas, altas o bajas, con respecto a un punto. Son planas, bidimensionales, tridimensionales, con respecto a un punto. Si no hay un punto de referencia, ¿qué quedaría de las dimensiones espaciales? El espacio sería una totalidad no medible, sin límites. Espacio infinito

Si no inventaras un punto de referencia no podría existir el movimiento. Cualquier aparente movimiento es un conjunto de gestos quietos en si mismos que surgen secuencialmente en un ¡tiempo! y se desplazan en un ¡espacio! Sin un punto de referencia espacio-temporal, no existiría el movimiento. Quietud

Si no inventaras un punto de referencia, no podrías clasificar ni etiquetar ni enjuiciar ni hacer comparaciones. Fíjate en esta bella mariposa volando, sostenida en el aire infinito, bailando, ajena a su fragilidad… Si la mariposa pensara en su fragilidad, no volaría. No podría ser mariposa. Pero, gracias a la Altísima Ingeniería, no piensa -¡o no piensa en ella misma como frágil, sino como mariposa!

También nos pasa a los seres humanos. Cuando nos pensamos así o asá, no podemos “ser” y tampoco podemos vivir, porque mientras pienso estoy fuera del ahora.

Vivir y pensar son incompatibles

Aquí estoy, atestiguando lo que la mirada secreta va dilucidando… Y entonces me susurra traviesa (le encanta ser traviesa a esta mirada escondida): -¿en algún momento has puesto en duda la fragilidad de la mariposa?- ¡Uy! ¡Se ha colado como una verdad más!. La mirada vuelve a mostrar que sólo se es “algo” con respecto a “otro algo” (se es frágil si existe robusto; se es listo si existe tonto; se es egoísta si existe altruista…) Si desaparece cualquiera de los dos “algos”, ¡el otro desaparece también!

La mirada secreta nada sabe de conceptos físicos, ni la mente que esto escribe a su dictado, más la relatividad de lo aparentemente obvio salta a la VISTA.

Y lo relativo nunca puede ser real por sí mismo. ¡Necesita de un punto de referencia para existir! La vida conocida surge toda de un punto de referencia. El universo conocido, también.

Sin un punto de referencia no existiría la realidad tal como la conocemos

¿Y que pasa con respecto a este “yo”? Pues este “yo” ha sido inventado con respecto a la miríada de etiquetas y clasificaciones que la sociedad de hoy ofrece gratuitamente (aunque es un engaño, porque pagamos un precio muy caro: ¡dejar de ser!) Todo lo que creo que me define como un individuo, es por comparación: “yo soy así en comparación con”. Este yo inventado ha sido el punto de referencia para “su” tiempo, para “su” espacio, para todas las etiquetas, juicios, para los miedos referidos siempre a un futuro que se crea desde donde el yo esta situado temporalmente, para los deseos también construidos hacia un futuro, para las culpabilidades construidas sobre un pasado que solo existe en nuestra mente. No podría haber tristeza tampoco, porque la tristeza también proviene del pasado.¿Qué emoción quedaría si no existiera un punto de referencia? Paz

Si no hubiera un punto de referencia todo sería muy distinto. Tan distinto que no es siquiera imaginable.

Y sin embargo, la mirada secreta viene de un lugar que no tiene punto de referencia.

El punto de referencia crea las vivencias, y quizá también crea el mundo tal como lo conoce esta persona. Y también crea el “yo”.

Algunos quizá están pensando que entonces el punto de referencia quizás sea Dios, tal es la necesidad del “yo” soñado de encontrar un punto, el que sea, porque si no, ¿dónde queda “yo”?

…cuando el “yo” se diluye en los aromas de lo verdadero, no hay ningún punto de referencia…

Si yo no me comparo con nada ni con nadie, si no me vivo como punto de referencia temporal y espacial, ¿qué queda de mi?

Pues eso que queda, eso soy yo.

¡FELIZ AHORA!

 

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