Archivo de la etiqueta: muerte

I. De la separación del yo. La vela

vela

Ningún yo separado podrá vivir la Unidad.

La mirada secreta

a

a

a

Hoy la mirada secreta se posa en la vela. Y en la vela desvela el secreto escondido. Así.

La vela solo cumple su función cuando es encendida. Vela y llama son inseparables, son Uno. En su función la vela va menguando hasta desaparecer. Y con ella desaparece la llama. La llama es fuego. El fuego nunca desaparece. Siempre está Aquí. Aunque no lo veamos.

La vela es portadora de la llama del Fuego Eterno.

¿Podría haberse inventado la vela si no existiera el fuego? No. Por eso, una vela sin encender no es una vela plena. Sólo es una vela en potencia.

Cuando se enciende, la vela nace y comienza su viaje, inverso a lo que aparentemente se ve. Al ser encendida, la vela  brota de la potencialidad para llegar a la vida plena de fusión inseparable con la llama.

Para vivir en plenitud, la vela ha de ir fundiéndose en su dar vida a la llama.

Da su vida para dar Vida. Ese es el sentido de su existencia. Su existencia no es para ella.

Vela y llama llegan a su realización cuando ambas acaban su cometido, en el mismo instante:

el viaje de la vela en pura comunión se funde con la llama.

La vela se desvaneció como forma concreta. Se desvaneció en la llama. Se fundió en la llama. Y acabó siendo la llama. Y la llama, siempre viva en su potencia infinita, encontrará otras formas en las que manifestarse en perfecta comunión.

Me dice la mirada:

Tu eres vela y eres llama.

El yo-separado (ego) es la vela que olvida su esencia (cera) y se identifica con aquellos rasgos comparativos que la diferencian de otras velas. Mientras se cree que no es portadora de la Luz, está en potencia, muerta en su verdadera esencia aunque aparentemente hace muchas cosas.  Por eso Jesús dijo aquello de “deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Sólo el yo-separado cree en la muerte.

El yo que se vive separado, vive a las otras personas como se vive a si mismo. Es el yo-separado que entierra otros yoes-separados. Es lo que ocurre cuando nos vivimos vela y obviamos que también somos la llama y que una y la otra son inseparables. Y

la llama de las otras velas es el mismo fuego que la que corona esta vela.

Sólo las velas están aparentemente separadas, aunque incluso aquí, están hechas todas de cera. De la misma cera. En realidad, solo hay una vela y solo hay una llama. Y ambas son inseparables. En realidad,

solo hay Uno apareciendo como muchos.

En realidad llamamos morir a lo que es una transformación, un cambio de forma de la misma y única esencia.

Por eso la verdadera vida es ir muriendo a la aparente separación; es el derretimiento del ego al entrar en contacto con la Luz de la Verdad. En ese consumirse, va menguando el sentimiento de separación. Es la Llama de Amor Viva la que utiliza el yo para su expresión. Esa es la función del yo separado, entregarse a la llama para que esta pueda iluminar la oscuridad del sueño. Mientras no es así, el yo separado vive en la oscuridad total (por eso a veces la mirada secreta le llama “fantasma”).

Cuando la llama de la Verdad enciende el yo, se hace la Luz y el sentido de separación se va desvaneciendo en el darse cuenta de la conciencia iluminada. Y la vida plena se alcanza cuando llega a su total disolución.  Cuando vela y llama son Uno. Cuando la vela se da cuenta que se formó para el Fuego y en el Fuego se convierte.

Por eso Teresa decía aquello de “muero porque no muero”, cuando ya anhelaba cumplir su función. Por eso decía “hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Muerte, no me seas esquiva, viva muriendo primero…”

O cuando lo único que deseaba era ser encendida: “Mira que el amor es fuerte, vida, no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte”

Es paradójico que la función del yo sea morir al yo, morir a lo falso que ha creído ser. Pero es que

ningún yo-separado podrá vivir la Verdad. Ningún yo-separado podrá vivir la Realidad. Ningún yo-separado podrá vivir el Amor. Ningún yo-separado podrá vivir la Libertad. Ningún yo-separado podrá vivir a Dios.

Es paradójico desde fuera. Desde dentro, la mirada secreta muestra la inexistencia del yo-separado y la realidad siempre presente del Uno. Así, Sí.

¡Feliz Ahora!

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , ,

El río y el agua

“Be water, my friend”

Bruce Lee

 

 

 

Decimos que el río nace en la fuente, pero ¿es así? ¿brota el río de una fuente o es el agua la que brota? Más el agua que brota de la fuente ya existía antes, entonces ¿qué es lo que nace?.

El agua que brota de la fuente viene de aguas subterráneas que quizás llegaron de la lluvia… la lluvia de las nubes… las nubes del agua de la tierra y así…

Decimos que el río nace en la fuente pero, en realidad, es una manera de hablar -rara vez miramos cúal es la verdad-. Lo que nace es una “corriente de agua” concreta y a esa le ponemos un nombre. Hay un sinfín de ríos en nuestro planeta, cada uno con sus nombres, compitiendo por ser el más largo, el más bello, el más caudaloso… pero eso al agua no le importa nada, nada, nada. Los ríos no son lo que parecen. Ni viajan, ni desembocan, ni tienen vida propia. Son las simples huellas que ha dejado el agua en su navegar. Son el cuerpo del agua. El agua es quien habita el río, quien hace al río lo que es, un río. Sin ella no habría río, pero sin río, ¡sigue habiendo agua!

El agua parece fluir con facilidad, sea entre rocas o juncos. Y es que en ese fluir hay una rendición total: a nada se enfrenta el agua. Y aún y así, entregada y rendida, en ningún momento deja de ser quien es. Siempre es agua.

Sólo se mueve en la dirección de su propia corriente, siempre por el camino más fácil, porque sólo tiene un objetivo: desembocar para seguir su ciclo.

-¿Para qué luchar contra nada? ¿para qué querer cambiar las características del río?- ríe el agua del río a la mirada secreta que hoy juega con ella.

Aunque hayan cascadas o remansos, el agua es inmutable, -siempre es agua, nunca cambia de forma porque no tiene forma. Lo único que hace es adaptarse al cuerpo que la contiene-. Parece que se ve afectada por los aparentes golpes: espuma, remolinos…, pero el agua sigue siendo agua.

Contra más pura el agua, menos atributos tiene: no sabor, no color, no olor. Y sin embargo, ¡qué rica está!

Y cuando llega el agua a su desembocadura (¡que no es el río el que llega a la desembocadura!), el agua… sigue siendo agua… y sigue su periplo, inteligente y eterno…

Y he aquí al ser humano, creyendo ser río cuando Es agua. Pero como se cree río, vive como tal. Nace un buen día de la fuente-madre y un buen día muere en la desembocadura; lucha con y contra todo sin saber cuál es su función, siempre compitiendo con otros ríos, siempre por el camino más difícil. Todo le afecta, y cree que en esa afectación está su aprendizaje. Y cree que los atributos son los que le hacen ser alguien… El ser humano… pura agua de vida… en negrita ¿Lo ves?

Ríe la mirada secreta al Silencio que hoy juega con ella…

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , ,

El gran creador, el gran alimento, la gran muerte

“Tú eres el que ve todo y siempre es libre. Tu única atadura es que te ves a ti mismo como si fueras otro distinto del que ve”

El sabio Astâvakra

De la Vida Una brotan infinitas formas -hojas, nubes, plumas, células, brisas, manos, piedras, ojos, minerales, luces, fríos, hambres, cuentos, tristezas, peces, estrellas, anhelos, flores,…-, cada una de ellas única y original, irrepetible. Todo lo que conocemos, dentro y fuera de este cuerpo son formas, expresiones de la Vida Una, que tal como se forman (nacen), se desarrollan (crecen) y se diluyen en nuevas formas (mueren)…

Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo.

Más ¿qué pasa si algo que parece tan obvio lo miramos con mirada nueva? Dejemos que la mirada secreta nos acompañe un ratito…

El otro día me di cuenta de que todo lo que es expresión de la vida, todas las formas de vida, necesitan ser creadas y luego alimentadas para su sustento. Creación y alimento.

Me di cuenta de que la creación de las formas surge siempre de la disolución de otras formas anteriores. La muerte de la vieja forma es el alimento creador de la forma nueva: las hojas brotan de las yemas que mueren al convertirse en hojas. La tierra se fertiliza con las hojas que caen al final de su ciclo. De la tierra brotan las semillas que fueron depositadas por pájaros que volaban en un cielo que, de no existir, no podría sostenerlos… Es infinito lo que podríamos descubrir en esta interminable red de relaciones a la que llamamos vida.

Así que creación/alimento/muerte son inseparables, se confunden entre ellas según desde donde mires la cadena. Puedes ver primero la muerte, después el alimento y después la creación. O puedes ver el alimento, después la creación y después la muerte. O puedes ver la creación, después la muerte y después el alimento. Y así podríamos seguir, permutando los tres y siempre sería cierto…

Ese fue el primer paso del gran descubrimiento. Pero la mirada secreta no se conformó con lo visto hasta entonces. Se giró traviesa hacia mi mente y le preguntó: ¿y qué relación tienes tú-que-te-das-cuenta con la red de la vida (creación/alimento/muerte)? Yo no comprendí la pregunta.

Al principio pensé que yo también era una forma y que por lo tanto formaba parte de la red de la vida. Pero la mirada secreta se puso a reír, ligera como los cascabeles de los renos de Papá Noel.

“Claro. Te piensas forma -me susurró- pero ¿acaso no hay en ti algo que se da cuenta de esta forma a la que llamas “yo”? ¿Acaso no hay un”yo” dándose cuenta de este otro”yo” que tiene nombre y apellidos?”

Entonces vi claro.

La forma “yo” pertenece a la red de la vida. Pero hay otra fuerza, otra fuerza que está siendo testigo de todo, incluido este “yo” al que observa y conoce: AQUELLO QUE SE DA CUENTA.

Aquello que se da cuenta, que no puedo nombrar como un “quien” porque no tiene forma alguna. Aquello que se da cuenta que la persona tiene hambre, que se da cuenta que hay nubes en el cielo, que se da cuenta que está pensando, que se da cuenta que enjuicia todo y a todos, que se da cuenta que pone nombres a las formas…

Aquello que se da cuenta…

Entonces la mirada secreta, con una gran sonrisa, preguntó de nuevo a aquello que se da cuenta qué relación tiene con la red de la vida muerte/creación/alimento…

Y para mi sorpresa, vi con pasmosa claridad que ¡¡¡no tenía ninguna relación con la red de la vida!!!

Aquello que se da cuenta está más allá de la red de la vida

Aquello que se da cuenta observa la red de la vida…

Y¿creéis que la mirada secreta tuvo suficiente con esto? Los que ya la conocéis sabéis que no. Aún no habíamos llegado donde ella quería. Así que, en un estado de alegría saltarina, preguntó de nuevo:

¿Y qué pasa cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida?

¡Dios mío! ¡Es tan impresionante! ¿Lo podéis ver?

Cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida, ¡la vida deja de existir!

¿Acaso no nos sucede cada vez que aquello que se da cuenta observa sólo los pensamientos? ¿No desaparece entonces la vida?

La mirada secreta me mostró que Aquello que se da cuenta es el gran creador, el gran alimento y la gran muerte de la vida. Inafectado, es la luz de la conciencia que crea las formas y que al retirarse, hace desaparecer las formas.

Y en un acto de infinita amorosidad, la mirada secreta me hizo el más gran regalo recibido jamás. Me descubrió que Aquello que se da cuenta, Eso soy yo. Y Eso es inseparable de la Vida una…

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , , , , , ,
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: