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Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

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¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

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De los diferentes “yo”

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El yo-naturaleza y el yo-mental son manipulables.

Los estados alterados de conciencia no son tales. Son estados alterados de percepción.

La conciencia no se puede manipular.

La mente es el interprete de la existencia.

La existencia es el juego que la Luz de la conciencia hace cuando pasa por la mente.

La conciencia es la existencia y el testigo de la existencia.

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Nada es verdadero por el hecho de ser percibido. Se percibe tanto lo verdadero como lo falso.

Confundimos percepción con realidad.

Lo Real es aquello que atestigua la percepción y lo percibido.

Este es el viaje:

De ser lo que existe (el yo-naturaleza)

… a ser lo que creo ser (el yo-mente)

… … a ser lo que se da cuenta (el yo-conciencia)

… … … a Ser (Conciencia sin yo)

Así habla el bordón de Dios a la mirada secreta.

¡Feliz Ahora!

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Cómo investigar

 

Ver la Verdad es Ser la Verdad.

Consuelo Martín

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Para investigar de verdad la Verdad de todo y todos, necesitamos desprendernos de lo que creemos saber. Investigar sobre la Realidad se parece más a una investigación de campo en el que la observación neutral hace su trabajo, sin hipótesis ni resultados. Sólo ver.

Sólo escuchar lo que el Ver nos enseña.

Ver y escuchar requieren de lo mismo dentro nuestro. Requieren del silencio de lo conocido, una atención vacía de contenidos. En el ver y en el escuchar no hay nadie viendo y escuchando, porque cuando escuchamos o miramos de verdad, no hay nadie pensando. No hay pensamientos que estén diciendo “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Solo hay ese ver y ese escuchar. Ahí es donde se realiza el atisbo de la Verdad, “verdad” sinónimo de “realidad”.

El ver y el escuchar puros, sin juicios sobre lo que se está percibiendo, es una actitud de plena atención totalmente despierta en una mente totalmente pasiva. Se parece mucho a mirar un paisaje en donde la mirada se abre sin ningún esfuerzo, sin que quede fijada a nada en concreto.

Es un  ver que se siente, pero no emocionalmente. Es un escuchar que comprende, pero no mentalmente.

No hay verdad en lo concreto, porque lo concreto siempre es una parte  que se separa del todo. Por eso, la verdad nunca está en la respuesta. La verdad está en la colocación de la mirada.

Es la pregunta la que nos conduce a la Verdad, no la respuesta.

Y en cambio el buscador busca respuestas, respuestas concretas, porque busca desde la mente concreta. Y cualquier respuesta es la muerte de la Verdad porque

la Verdad es infinita y ni deja nada fuera ni puede encerrarse en respuesta alguna.

Y son las respuestas las que montan escuela, las que crean doctrinas, las que separan y enfrentan.

La verdad no vive en ningún sitio concreto. No se la puede buscar en ningún sitio. La verdad no hace desaparecer lo concreto sino que hace ver lo concreto en su justa medida, como algo relativo, como algo aparente. En la verdad no hay un yo separado. Es atraBesando lo concreto cuando encuentras lo infinito de lo que no se puede hablar.

La verdad es intangible y sin embargo es de una contundencia que está más allá de cualquier posibilidad de duda. Por eso ver la Verdad no conduce nunca a la necesidad de defenderla. Porque sólo defendemos aquello sobre lo que dudamos.

El buscador va acumulando y coleccionando respuestas y va modificando lo concreto aparentemente adaptado a la verdad, hasta que un día se da cuenta de que la Verdad no está en lo visto sino en la mirada que ve.

¡Bendita mirada!

¡Feliz Ahora!

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La mirada secreta sabe de cómo las personas nos perdemos con las palabras. Pero aún y así, muestra con diafana claridad la diferencia de lo que podríamos llamar emociones y sentimientos.

Ninguna emoción es espontánea. Todas las emociones son reactivas (a la programación vital o mental). Y en muchas ocasiones tienen la función de dar a conocer a otros el estado interno del animal o persona.

Los sentimientos brotan del alma. Son espontáneos. No responden a ningún estímulo (reactividad) ni buscan ningúna respuesta en el otro (estrategia). Los sentimientos no pueden ser manipulados. No podemos sentirlos a voluntad. Nos inundan y no sabemos por qué ni cuando. La belleza, el sentimiento de libertad, de unidad, el amor, la paz… Así se expresa el alma :).

Creemos anhelar emociones positivas cuando son tan efímeras como el estímulo que las creó, cuando en realidad añoramos los sentimientos del alma. Y los añoramos porque los conocemos aunque no  nos acordamos. ¿Cómo si no, podríamos anhelarlos?

¡Feliz Ahora!

Más sobre las emociones

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Sobre las emociones

Las emociones se crean en el corazón de la mente. Los sentimientos, en el corazón del alma.

La mirada secreta

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Hablan las modas que las emociones hay que saberlas gestionar… ¡Gestionar! Como si fueran los dineros del banco. Y, ¿sabes por qué hablamos así? Porque la mente se cree que es el emperador y que todo puede manipular. Pobre mente que no se da cuenta que igual que esclaviza a la persona, ella misma está esclavizada por sus programas, condicionamientos y plantillas de corrección, que no paran de manipularla a cada instante. Pobre mente, invadida de creencias. Ni sus opiniones son suyas…

Queremos que la mente gestione las emociones, cuando pensamientos y emociones son inseparables. Queremos que la mente gestiones las emociones, pero solo las negativas. Porque queremos tener emociones positivas. Positivo. Negativo. Eso mismo ¿acaso no son dos caras de la misma moneda?

Entonces, la mirada secreta me pregunta:
-¿En serio crees que las emociones son tuyas? Si las emociones fueran tuyas, seguro que solo sentirias cosas bonitas y alegres… Pero no. Las emociones campan a sus anchas y tu estas ahí sintiendolas con total sumisión. Date cuenta de que eres tu que estás siendo de las emociones y no al revés.

Las emociones no son tuyas. Tu eres de las emociones. Son tus dueñas.

-Entonces ¿qué puedo hacer para no sufrirlas?- le pregunto.

Pues desde esta creencia, lo único que te queda es rebelarte a semejante jefe, a ese yo emocional que no te deja vivir en paz. Y así lo haces. Peleas contra todas las emociones que no quieres tener. Y ¿qúe hacen ellas? Hacerse más fuertes, como es de esperar, exactamente como ocurriría si te rebelaras contra tu jefe. Tu jefe se alzaría con todo su poder en contra de ti. Así que esta lucha en contra no parece un buen camino…
La mirada secreta. Siempre nueva, ve con la inocencia del no saber, sin ideas preconcebidas. La mirada que ve desde el origen, sin dar nada por hecho. Va allí donde se crea el problema y mira. ¿Dónde empieza? Y ve que el origen del sufrimiento que nos producen las emociones está en creernos que tienen poder, en creernos que son nuestras y que además son verdaderas, reales… Y es en todas estas creencias en donde se fragua el sufrimiento emocional. Pero si podemos descubrir otra forma de ver, todo cambia.

Creo que las emociones son mías, son reacciones a algo real y son poderosas.

En el caso del jefe que me hace la vida imposible y frente al que me estoy rebelando con la consecuencia de que él está usando todo su poder en contra de mi rebeldía, ¿qué pasaría si yo descubriera que esa persona no es mi jefe? ¿Seguiría con la revolución?
Los pensamientos psicológicos son los que interpretan, los pensamientos que enjuician al mundo, a las personas, a nosotros mismos. Y las emociones a las que nos referimos son el resultado de estos pensamientos y, a su vez, las generadoras de esos pensamientos. Tanto unos como otros son mecánicos, automáticos, programados. Y lo se porque la mirada secreta los ha mirado y comprendido (y este es el principio de la liberación). Al observarlos, siempre suelen ser los mismos movimientos psicológicos en las mismas situaciones. No son pensamientos ni emociones nuevos sino repetitivos y cansinos. Y la mirada también me muestra cómo van a su aire, ¡independientemente de mi! También sé que son temporales, que acaban por desaparecer tal como aparecieron.

La emoción es automática y sólo se convierte en problema cuando entra el pensamiento.

-Fíjate -dice la mirada- como en la naturaleza los animales también expresan emociones pero nunca se convierten en estados emocionales porque sus mentes no empiezan a crear un relato en torno a la emoción. Entre los animales, la emoción se vive y se resuelve sin dejar residuos. En los animales, las emociones “son”. Y no son ni negativas ni positivas. En cambio en los humanos, lo que acaba dañando son todos los residuos emocionales que son provocados por el pensamiento. La emoción se convierte en negativa cuando el pensamiento la alimenta y alimenta hasta hacerla engordar tanto que eclipsa cualquier vivencia del instante.

-No se puede evitar la emoción pimera, pero ¿si que se podrá hacer algo para que no se convierta en una fuente de sufrimiento? – le pregunto viendo con total claridad como funcionan.

Si la solución para dejar de sufrirlas no está en tratar de acabar con ellas, ¿que podemos hacer? La sabiduría ancestral habla de dejar que las emociones sigan su curso sin que nosotros tratemos de desviarlas o eliminarlas, sino acogiéndolas y dándoles el espacio que necesiten. Siento que hay verdad en eso pero hasta ahora no sabía cómo hacerlo.
Y en estas la mirada secreta me enseña una escena: la de la madre que va a consolar a su pequeño cuando este despierta llorando y asustado por un mal sueño. La madre abraza al niño, le tranquiliza sin prisa, dejando que se vaya calmando poco a poco, desde la paz de saber que la causa de sufrimiento del niño no es real..
Pues ya está. Me imagino como esa madre, y la emoción como ese niño. Y ya sé que hacer…

Pero no se acaba aquí…  De lo más profundo, la mirada me descubre siendo el espacio sin fronteras en donde todo aparece (incluidas las emociones). Y ahora, cuando aparece una emoción, la sé dejar ser mientras yo me vivo ese espacio infinito en el que todo cabe…

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Dos niveles de actuación para una misma vivencia. Y ninguno de ellos hace lo que la mente querría, luchar en contra de la emoción o alimentarla con sus interpretaciones.

¡Feliz Ahora!

 

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Solo Ser

La verdad es tan sencilla que la mente no la puede conocer.

La mirada secreta

 

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Zumbaban las abejas pletóricas de vida. Zumbaban en el silencio que todo lo oye. Con los ojos cerrados pierdo fácil las aparentes fronteras que me separan del mundo, las fronteras que son causa de conflicto, soledad y sufrimiento. Y era con los ojos cerrados que escuchaba, la copa rosa del ciruelo como cielo sobre mi cabeza por un momento. Por un momento sin fronteras, su zumbido era el sonido de la energía de la vida que recorría por entero mi cuerpo. Mi cuerpo sin fronteras. El mismo zumbido. Ya no había fuera ni había dentro. Dentro. Dentro. Dentro, el Infinito sonoroso me mostraba que no sabemos Ser. Somos los únicos seres de este planeta que no sabemos ser.

La mirada secreta, en comunión por indivisibilidad, habla de solo ser.  Y la persona no sabe qué es lo que significa solo ser. Es tan extraña nuestra incomprensión.

-A mí dame fórmulas- dice la persona. Y ¿qué fórmulas se pueden dar para conocer el sabor de una manzana? Para inundarte del aroma del pan recién horneado. Para maravillarte por la altísima ingeniería con la que está construida una minúscula flor. Para enternecerte con la inocente risa de la niña. Para sentir la fuerza poderosa del mar. Para alegrarte por las muestras de cariño a tu hermana. Para sorprenderte con la velocidad que alcanza tu perro. Para… para Vivir. ¿Qué fórmulas se pueden dar? Si contra más fórmulas tenemos para vivir, mas nos alejamos de la Vida…

Solo ser.

Cuando se planta la semilla de un árbol, el árbol no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer. Con lo que recibe del sol, de los nutrientes de la tierra y del agua, el árbol va creciendo.

El árbol ya ha crecido un poquito pero entonces la mente humana decide que este árbol crezca recto. Para ello le ata a una estaca para que coja la forma que él quiere. El árbol deja de ser libre de crecer como sea. No sabemos si sufre o no, pero así será más bello o más eficaz para el hombre.

Los seres humanos también nacemos y también necesitamos tres elementos para sobrevivir que son los nutrientes del planeta, los nutrientes del cielo y los nutrientes del amor. La combinación de estos tres elementos nos hace crecer de una manera u otra. Pero de repente la mente humana entra y quiere que tengamos una forma concreta (la mente de los demás y la nuestra propia) para que seamos más eficaces o más bellos según la moda del momento.

Así que desde muy pequeños, empezamos a ser atados a rígidas estacas para llegar a ser  como deberiamos ser y entonces empezamos a sufrir porque el crecimiento natural se ve forzado a límites de locura para encajar en esa idea.

Ah! Pero la mirada secreta en su extrañísima revolución no se conforma y ahí donde no ve verdad, se pone a investigar y me dice:

¿Qué pasaria si tu te vivieras tal cual eres, entendiendo que tal cual eres es como la vida ha querido que seas – con sus estacas también- y dejases de querer ser de otra manera por mucho que digan que no puedes ser así o por muchas criticas que recibas o por mucha burla que se te haga? Y si te vivieras, no para cambiar, sino para ser lo que ya eres en plenitud, sin miedo, ¿qué pasaría? ¿habría entonces algún esfuerzo? Porque para ser en plenitud no podrías estar esforzándote en ser alguien, ya que ese esfuerzo no te dejaría vivirte en plenitud lo que ya eres. Solo tendrías que abrirte y vivirte tal cual, sin pensarte, como hacen todos los seres de la tierra a excepción de los humanos.

-¡Oh mirada! Si pudiera dejar de pensarme, de enjuiciarme, de esforzarme, sería feliz.

-Si. Serías feliz. Y además, al dejarte en paz, dejarías que los demás también fueran lo que son. Así que tu paz sería fuente de paz para los demás.

¿Cómo puede ser tan fácil cuando hay tanto sufrimiento psicológico? La mente -me dice la mirada secreta- crea el sufrimiento psicológico y lo complica todo. No es la mente la que ha de Ser, ¡eres tu!

La caida de los pensamientos autoreferenciados es la liberación que permite la expansión del Ser que soy, la expansión del Ser que eres.

Así que deja de pensarte. Solo se.

¡Feliz Ahora!

 

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La vida pe(n)sada

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La mente, ¡qué densa hace parecer la vida!

La vida pensada no conoce la Vida.

La mirada secreta

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Los dos de lado, sentados en el espigón, con los pies colgando, frente a un mar azul y calmo, absorbiendo los últimos rayos de un sol que ya se iba de visita a otros hemisferios.

Los dos, bien abrigados, bien comidos, todavía el sabor del café merodeando en su paladar.

Los dos allí, viendo los colores del atardecer, dejando que los pies se balancearan a su antojo.

Y sin embargo, tan lejos uno de otro.

Ninguno de ellos hablaba. Yo, que andaba paseando por ahí, los veía sentados, tranquilos. Dos pinceladas más en la belleza de ese cuadro. Nada parecía indicar que uno de ellos sufría mientras el otro nada sabía.

El que nada sabía, sentía. Sentía el suave calorcito de los últimos rayos de sol. Saboreaba el rastro que el buen café había dejado en su boca. Se miraba sus zapatillas colgando. Y sobre todo, se dejaba empapar de la belleza del atardecer sonrosado.

Mientras, el otro, lejos-lejos, cavaba con sus pensamientos el plomizo aire encerrado de recuerdos interpretados y de oscuros presagios.

Y es que a éste último, la voz de la cabeza le pintaba siniestros trazos y él, dormido a la belleza de la tarde y a la compañía amorosa del amigo, miraba con ojos asustados tanta complicación pensada. Tan enredadas las neuronas, tan pesados los alientos que se respiran en la mente cerrada. Allí no había oxigeno ni horizontes, sólo un húmedo calabozo, mohoso, oscuro, solitario, de paredes pringadas de desesperanza y desencanto.

En un momento, rompiendo una lanza por la compañía, el pobre que lejos-lejos estaba le dijo al amigo: -¡Qué densa es la vida! ¡Me gustaría morirme y ya está!

¡Qué densa la mente de los que viven muertos a la vida! dice la mirada secreta derramando compasión, reconociendo esa locura como un estado habitual en el ser humano.

La vida no es densa. Densa es la mente psicológica, la que no conoce la Vida.

La mente proyecta todo tipo de historias, de películas melodramáticas. E igual que en el cine, va arrastrando a las emociones detrás de lo proyectado. Yo no he nacido para encerrarme en su calabozo imaginario. Yo he nacido para vivir. Para ver, oír, sentir y sí, a veces -muy pocas- para pensar cuando es necesario.

Recuerdo cómo aquella mujer bella me decía con sus ojos anegados de lágrimas:

-Sé que estoy sufriendo por la película que está proyectando mi mente. Me doy cuenta de que estoy atrapada en el cine, pero ¡no puedo salir!

-¡Anda! -le dije- Que extraño que quieras seguir dentro sabiendo que no es real y con lo que te hace sufrir…

-Ya- contestó- pero es que ¡quiero saber cómo acaba!

Así de loca es la condición mental. Cuando no podemos salir de ahí, es que estamos creyendo que lo que la mente nos dice es real. Y es aquí donde tenemos que parar y mirar. Esta es la pregunta clave:

¿cuánto hay de real en los pensamientos que estoy teniendo?

No vivamos muertos en vida, encerrados en el cine de la mente.

No podemos poner la atención en dos sitios a la vez. Hemos de decidir dónde queremos estar: si en el cine mental o en la Vida. Hemos de descubrir cómo la película de nuestra cabeza nos atrapa una y otra vez, acompañada también por las emociones correspondientes. Y si.

Las emociones reactivas también son película.

Abrámonos a la Vida. Tenemos un cuerpo que será nuestro más ferviente aliado. Abrámonos a todos los sentidos. Abrámonos a sentir, a descubrir, a respirar. Salgamos del cine para poder disfrutar de estar vivos. Dejemos los relatos mentales en paz. Dejar en paz…. que bella frase.

Y recuerda -me dice la mirada susurrándome-, cada vez que te parezca que pesa la vida, es que has entrado en el cine de la mente y te has quedado hipnotizado por la película de pensamientos que allí se proyecta, siempre, en sesión contínua. Que el peso está en la mente. Si no fuera así, ¿cómo podrían volar los mosquitos?

Sólo podemos ser felices en la Vida. Así pues, ¡salgamos del cine mental por muy interesante que parezca la película!

¡Feliz Ahora!

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AtraBesando. El amor incondicional

Versión 2

 

Cuando veo que soy todo, eso es Amor.

Sri Nisargadatta Maharaj

 

 

 

En estas horas, anda la mirada secreta rondando, susurrando, desvelando, atraBesando. Si, atraBesando-me. Porque la mirada secreta ama incondicionalmente y hasta ahora no me había dado cuenta.

Me atraviesa. Es como si no me viera. ¡Qué paradoja decir que la mirada no me ve! En verdad, me ve mejor de lo que yo o nadie me ha visto. Me ve atraBesando mi cuerpo, mi personalidad, mis creencias, mis gustos y disgustos, mis capacidades o incapacidades. Ella no ve nada de esto. Yo no sé lo que ve. Pero sé que la mirada secreta no me piensa, no piensa en mi ni en como soy o dejo de ser, ni en como me relaciono o dejo de relacionarme. Ella me atraviesa. Atraviesa lo que en mi es objetivable o juzgable -que es lo mismo-. Me ve como nadie me ve. Y por eso me ama incondicionalmente.

¿Que cómo lo se? Porque siempre está Aquí. Siempre que me abro a ella, me regala su presencia y así, durante esta comunión, puedo ver yo también más allá de lo objetivable o de lo juzgable -que sí, me dice, ¡que es lo mismo!-.

Hoy he visto como sin darnos cuenta, rechazamos la manera de ser del otro. Lo he visto y eso ha producido un silencio por el que se ha colado mi querida mirada secreta. Allí ha empezado a hacer su trabajo -cuando hacemos nuestro verdadero trabajo, no hay esfuerzo alguno…- Y me ha ido mostrando un amor nuevo.

Me ha enseñado dos cosas por ahora. Dos cosas que en verdad son inseparables.

Tantas veces oímos hablar del amor incondicional. Me parece que está un poco de moda. Amar sin condiciones. ¿Sin condiciones con respecto a qué? Parece como si pensáramos que podemos llegar a amar sin condiciones siendo quienes somos. Hoy he visto que no.  Hoy he descubierto que

el amor que siento hacia el otro depende del estado en el que estoy yo y no del otro.

Siempre había pensado que el amor que le tenía a alguien dependía de como era el otro, y sobre todo, de como me trataba. Pero hoy la mirada secreta me ha mostrado que no es así. Que el amor que doy es el amor que tengo. Y no puedo dar más amor que el que tengo. Cuando me siento radiante, lleno de amor, entonces parece que como el otro actúe ya no me molesta. Así que

lo incondicional tiene que empezar por mi.

Para amar incondicionalmente tendría que estar lleno de amor, siempre, siempre, siempre.

Entonces de lo que se trataría es de amarme mucho, de tener muy buena autoestima… Si. La autoestima también está en moda desde hace algún tiempo pero quizás tendríamos que investigar de que va eso de la auto-estima. La mirada ya sonríe. Y es que ¿cómo es posible esto de amarse a uno mismo? ¿Acaso me puedo dividir en dos: uno que ama a otro? Y la mirada, implacable siempre, me dice que

la autoestima es la relación que hay entre la idea que tengo de mi y el ideal que tengo de mi

¡Listos! Hay mucha autoestima cuando la idea que tengo de mi ha subido puntos hacia el ideal. Eso es todo. ¿Cómo va a tener este invento psicológico algo que ver con el amor incondicional?

No es posible ningún amor incondicional mientras la fuente del amor que quiero ser se viva con millones de condiciones. De hecho estoy todo el día juzgándome. Entonces ¿cómo va a brotar de mi un amor incondicional?

De mi no puede brotar amor incondicional como tampoco puedo amar incondicionalmente mientras crea que el amor es algo que se ha de merecer según los criterios a los que doy verdad. Ni me puedo amar ni te puedo amar incondicionalmente.

Entonces ¿no podemos acceder al amor incondicional? Si, dice la mirada. Sólo hay un camino. Y es descubrir quien eres, de qué estás hecho, que es eso de la vida. Antes, no te lo plantees- me dice. Porque si lo haces, agravaras tus juicios.

Vale. Pero mientras no lo descubra ¿qué puedo hacer?.- le pregunto.

Dejate ser. Y deja ser a los demás.

Sin querer nada porque el amor incondicional no quiere nada

Por eso, el verbo de hoy es atraBesar. Atrevete a Ser, atraBesando cada juicio, dirigido a ti mismo o a los demás, no importa.

AtraBesando sin condiciones.

¡Feliz Ahora!

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El orden natural

img_2549El orden sí  que altera el producto.

La mirada secreta

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De la fuente del bosque brotaba un hermoso río. Los aldeanos aprendieron hace ya mucho tiempo que para que todos se beneficiaran de sus aguas, había que seguir un orden: llevaban a las bestias a bañarse río abajo. Más arriba, se bañaban ellos. Aún más arriba, dejaban los aldeanos que las bestias calmaran su sed y más arriba aún, cerquita de la fuente, lo hacían ellos. Así el agua que brotaba de lo profundo de la tierra, era una bendición para todos y para todo.

Los hombres que llegaban a la aldea, faltos como estaban de conocimiento, bebían en cualquier tramo del río, quizás más abajo de allá donde las bestias se bañaban. Y lo que es elixir de vida, se convertía en ellos en puro veneno.

Echo de menos el orden, el orden natural de todo- le digo sin palabras a la mirada secreta. Dime, dulce mirada, ¿cómo puedo vivir en este orden que convierte toda acción en un bien para mi y para el todo?

¡Qué bella pregunta! Nunca antes me habías hablado de ello. ¡Qué feliz me siento! -contesta la mirada que lo que más le gusta es descubrir y descubrir para el ojo embelesado. -Mira estos aldeanos. Míralos con mi mirada…-me dice.

Veo que ellos conocían muchas, muchas cosas: la dirección del agua del río, la pureza de sus aguas y cómo ésta se ve afectada por el uso que se les da; que ha de ser más pura el agua que bebo que el agua en la que me baño, igual que en todo lo que está vivo…

Si- me dice la mirada. Se necesita saber, tener unos conocimientos. Pero si contamos sólo con los conocimientos no va a ser suficiente. Mira:

Era así como el chico, harto de caminar, dejaba que las bestias se bañaran cerquita de la fuente donde él saciaba su sed. Y un día, mientras el rebaño se bañaba, su hermano fue a beber río abajo, allí cerca donde el andaba trabajando su campo. Aquella noche, el hermano caía gravemente enfermo mientras el chico lloraba…

¿Ves?- me insta la mirada secreta. Ambos hermanos, aún sabiendo, pensaron sólo en ellos mismos. No porque fueran egoístas ya que aparentemente no hacían daño a nadie, sino por ignorancia. Ellos se vivían a si mismos separados de la totalidad de la vida. Y este es el orden humano:  se tienen muchos conocimientos pero se viven desde la separación del yo con el resto de la vida. Y es que,

aunque el conocimiento es indispensable, no es ni mucho menos suficiente.

Y eso es lo que todavía ha de descubrir el ser humano. para que el conocimiento tenga un efecto beneficioso se necesita comprender que

toda acción tiene un impacto en el Todo.

Necesitamos descubrir que no estamos separados, que formamos un todo indivisible. Que todo lo que existe forma parte de mí.  Si llego a descubrirlo, entonces aparece un segundo elemento: el Amor. Y no pienses que es el amor que crees conocer. Es el Amor que trasciende mis “mis”, que todo lo incluye, que no ve nada separado del resto, que contempla la Vida como el único ser y que cuida cada átomo, cada vida como elemento siempre-integrado en la totalidad.

El Amor es la fuerza que actúa cuando descubro que todo forma parte de mí.

Y de esta manera se crea el ORDEN NATURAL Y DIVINO. El Orden que trasciende lo humano -trágicamente sustentado por la idea de separación.

El orden natural, hijo de la sabiduría y del amor.

En verdad, Ser y Saber, Amor y Sabiduría, Corazón y Mente, unidos para el mayor bien del Todo, de todos, de mi, de lo visible y lo invisible, de lo conocido y lo desconocido.

Más allá de cualquier conocimiento teórico, todo lo que comprendemos de la Verdad caerá en terreno baldío mientras la tierra en la que se posa esta sabiduría no se descubra tierra de todos, porque sólo el Amor la fertilizará.

¡Qué germine la Verdad en la tierra del Amor y el Orden natural -y por tanto divino- sea su fruto!

Gracias, querida mirada. En verdad, el descubrir es infinito.

¡Feliz Ahora!

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Ser la mirada

img_9367Sin la luz de la conciencia, ni la nada existiria.

La mirada secreta

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Esta noche soñaba que me lanzaba desde un precipicio y aunque sentía cierta impresión, no había miedo. No recuerdo mucho más, una sensación vaga de flotar en la inmensidad por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión. Al despertar, el amor por la Verdad de la mirada secreta me empuja a investigar quien he sido en este sueño. Y durante el día, me pongo a ello. Sin esfuerzo. Sin expectativas. Sin buscar nada. Sólo mirar…

En el sueño, no conocía nada. No conocía el precipicio ni el paisaje. No recuerdo formas concretas que pudieran garantizarme estar soñando sobre el planeta tierra. Tampoco recuerdo escuchar ningún ruido. Ni recuerdo sensaciones en la piel. Si recuerdo flotar, por lo que puedo suponer que en el sueño no tenía el cuerpo que tengo en la vigilia. Tampoco recuerdo pensar nada. Un espacio y un tiempo direntes. El sueño era solo una vivencia que yo vivía en primera persona pero no parecía que fuera el mismo yo que soy mientras esto escribo. Sin embargo, me dice la mirada, algún punto en común tiene que haber con la vigilia. Si. En las dos situaciones, soy yo quien las vive. Pero en el sueño no tengo el mismo cuerpo: mientras floto en la inmensidad de un paisaje infinito, el otro cuerpo supuestamente está plácidamente en la camita descansando…

Sigue la investigación… Ahora me doy cuenta de que he escrito “flotaba por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión” ¡Eso es! Ahora lo veo. Entre el sueño y la vigilia lo único que había en común era ¡la visión! Yo, viendo. O mejor aún: un VER, sin yo. Como si “yo” fuera el “ver”…

Vale. Y ¿qué pasa cuando no sueño? ¿qué pasa en el sueño profundo?. Está claro que yo desaparezco junto con el mundo entero. El mundo desaparece conmigo. Ni espacio, ni tiempo. Nada. Pero me encanta dormir. Soy muy feliz durmiendo. Y si me despierto de noche y veo en el reloj que todavía me quedan dos o tres horas más antes de despertarme, me lleno de felicidad. Eso quiere decir que aunque ni yo ni el mundo estemos presentes en el sueño profundo, si que hay un darse cuenta de la felicidad de este estado. Un darse cuenta. Un “ver”. ¡Oh mirada! El hilo de Ariadna…

Los sabios hablan de que corrientemente el ser humano conoce tres estados de conciencia: la vigilia, el sueño con sueños y el sueño profundo. Lo había leído mil veces. Pero ahora lo veo. Ahora veo que el “yo” que permanece en los tres estados es uno. Igual que me doy cuenta del frío que hace aquí, me doy cuenta de estar flotando en el sueño, me doy cuenta de la felicidad del dormir profundo. Pero la expresión “me doy cuenta” es una trampa. Una trampa que no nos deja ver. Porque parece que haya un “yo” y un “darse cuenta”. Y no. ¡No es así! ¡Qué alegría! El alma baila alborozada..

No hay un “yo” que se da cuenta.

En la vigilia hay un “yo”. En el sueño se crea otro “yo”, con otro cuerpo, con otras capacidades, incluso con otras edades, en otros mundos, con otras comprensiones… Y en el sueño profundo, no hay “yo” alguno. Y es fácil de entender por qué es así. Porque en la vigilia y en los sueños, la mente está activa, creando. Y

es la mente psicológica la que crea el “yo”.

Pero en el sueño profundo, la mente psicológica no está. Por lo que no existe el “yo”.

No hay un “yo” que se da cuenta de las cosas. Es mucho, mucho más sencillo. Sólo hay un darse cuenta, un puro VER, una luz que ilumina… La conciencia. Si. Es lo que está siempre presente: la conciencia.

Cuando cae lo que creo ser, me doy cuenta de que lo que soy es ese darse cuenta, esa luz que tanto ilumina un enfado, como una puesta de sol, como un sueño extraño, como un silencio, como una nada.

Ver.

Y ¿qué pasaría si en vez de vivir la vigilia desde quien creo ser, vivo desde el darme cuenta?

Ser la mirada.

Ahora lo veo. Esa es la puerta que conduce a la Verdad, a la Realidad que está más allá de los tres estado y que sin embargo a los tres crea. Ser la mirada que soy.

¡Feliz feliz Ahora!

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