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La perseverancia

 

La perseverancia es el único signo verdadero de progreso.

Sri Ramana Maharshi

La mirada secreta repite incesantemente que la Verdad no se encuentra en lo que hacemos, sino desde donde lo hacemos. Y sin embargo, lleva días susurrándome una clave nunca vista y aún y así reconocida al instante -como se reconoce todo lo verdadero-:
-persevera, persevera…
El otro día, mi amor se fue a caminar por solitarios parajes. Hacía tanta calor que paró en cualquier rincón, se sacó la gorra y la camiseta, guardó la camiseta en su pequeña mochila y siguió adelante. Al cabo de un buen rato, se dio cuenta de que había olvidado la gorra en el camino. Aunque ya estaba lejos, tenía un vago recuerdo del lugar. Así que volvió en su busca. Se cruzó con algunos caminantes pero nadie la había visto. Siguió caminando y cuando llegó allí donde creía que la había dejado, no estaba. Después de la perplejidad y sin saber que hacer, dejó de pensar y se abandonó a ir por donde los pies le quisieran llevar. En un recoveco por el que ya había pasado, paró, miró y la encontró (el cuerpo tiene una memoria excelente. A veces me parece que tiene mucha más memoria que la mente…).
Cuando volvió a casa me lo explicó y añadió:
-La encontré por perseverar. Porque, ¿sabes?,

cuando perseveras, das al universo la oportunidad de expresar su potencial.

La mirada secreta se expresaba a través de su mente. Sonreí, –la Verdad siempre va acompañada de alegría-. Y como la sonrisa del alma siempre invita a la mirada secreta a hablar, me hizo ver…
No perseveramos. No nos damos cuenta de cómo la cultura consumista se ha colado incluso en nuestros anhelos más profundos. Queremos resultados ya, igual que queremos el plato cocinado ya, o que el pantalón nos caiga a la perfección ya, o que el nuevo trabajo se ajuste a nuestras expectativas ya, o entendernos idealmente con la pareja ya. Ya. Ya. Ya. Un contratiempo, dos contratiempos… y lo tiro a la basura. Entonces voy a por otro plato, otro pantalón, otro amor….
Y lo mismo ocurre con nuestras inquietudes más profundas. Por eso hay tantas personas que andan de un taller a otro, de un curso a otro, de un maestro a otro, de un libro a otro o incluso de una religión a otra. Vamos buscando por la superficie, en la horizontalidad, cuando

lo que anhelamos vive en la verticalidad, en la profundidad.

No perseveramos en nada y los resultados que obtenemos no nos llenan. ¡Ah! Eterna insatisfacción.
Pero si aquello que en realidad queremos -el sabor excelso de un plato, la ropa encajando como un guante, las condiciones mejores para desarrollar nuestro potencial en el trabajo, la comprensión/respeto/cuidado/amor con la pareja, la luz de la Verdad en una religión- vive en lo profundo, entonces es absolutamente necesario perseverar en nuestros intentos, en nuestro trabajo. Perseverar en un solo punto nos permite profundizar. Y no solo porque en lo profundo de lo que queremos esté la Verdad, sino porque

es el propio perseverar el que nos va forjando, ahondando, abriéndonos a lo anhelado.

Porque detrás de la perseverancia está el amor.

Solo perseveramos cuando amamos.

Aprendamos a no usar-y-tirar la vida.
Descubramos qué es lo que realmente queremos, qué es lo que amamos por encima de todo y pongámonos con cuerpo y alma a la tarea. Tiremonos de cabeza por ese punto y ahondémonos sin descanso. Demos al universo la oportunidad de expresar su/nuestro potencial. Es el amor verdadero -que siempre persevera- el que va a abrir camino a través de nuestro duro y limitado concepto de quienes somos, de lo que es el mundo, de lo que creemos verdadero, para des-cubrir la Verdad en nosotros, para des-cubrir la Verdad de nosotros.

¡Feliz Ahora!

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La Verdad y el Amor

La Verdad no se halla en conocimiento alguno, sino en la inspiración silenciosa.

La mirada secreta

 

Hoy el verde esmeralda del mar acaricia incesantemente la piel del planeta untándola de blanca espuma, nutriéndola, enriqueciéndola con conchas, piedras, algas y troncos que trae de remotos lugares. Tanto ama el mar a la tierra que de vida la baña desde que nació el tiempo.
Hoy el verde crea blanco. No importa lo que la ciencia diga. En sus respuestas vanidosas muere la inspiración. Y

sin la inspiración, la Verdad no puede ser descubierta

-dice la mirada secreta, que de tan secreta me confiesa un secreto que afila la espada del discernimiento para que pueda ver con claridad aquello que es Verdad, más allá de lo que digan los demás o -lo que es más importante- de lo crea uno mismo…
Dice la mirada que

la Verdad no nos la puede dar nadie.

Ha de brotar desde dentro de cada uno. Esa es una característica sin condiciones. Y eso es así porque la Verdad es pura vivencia y no puede ser objeto de regalo, préstamo o venta. Por eso desconfiemos de aquellos que nos tientan ofreciéndonos la Verdad.
-¡Mira! VÉ una expresión de amor verdadero -me insta la mirada mientras mantengo el ver silencioso en el horizonte desconocido- El amor del mar a la tierra. El amor incondicional, incausado, inalterable, infinito. Es su Amor el que da vida al planeta. La verdad del mar, por amor, fertiliza la tierra…

El amor verdadero. La Verdad amorosa.

La Verdad siempre se descubre en un destello de inspiración. Es la contemplación, el silencio, como el verde de las olas del mar que en un instante desconocido se convierten por un momento en blanca belleza, justo cuando la ola besa la tierra -es la blancura el vislumbre. Y luego se diluye en el verde de nuevo, siendo lo que siempre fue, sin dejar rastro visible…
El vislumbre de Verdad lo sabe uno y

aunque no recuerde haber visto, sabe que ha visto.

Por un instante, bañando de blanca inspiración la tierra, el mar del silencio sigue azul, verde. Llega a la orilla de su Amor, la tierra, y vuelve a brotar el Beso blanco… Y la mirada vuelve a abrirme el ojo para que vea:

No hay Verdad descubierta que no vaya acompañada de amor.

Así que ahora es el momento de mirar quien crees ser, qué crees que es el mundo, la humanidad, la vida y la muerte. Y si lo que crees no va inseparablemente bañado de amor, no es verdad.
¡Feliz Ahora!

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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

A

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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Cultivar lo que anhelo

“Pon amor y sacarás amor” 

Juan de la Cruz

  

Están tan bonitos los campos. El viento mece las mieses que ya sobrepasan el palmo. Los verdes se dejan acariciar por el incipiente dorado. La plata escondida brilla en bravo oleaje, a ritmo de rachas impredecibles. Cuando el hombre aprendió a cultivar, todo en su vida, toda su vida e incluso él mismo cambiaron, se transformaron. 
Pero, ¡ay, el hombre!, siempre hipnotizado por lo que sus sentidos captan y su mente piensa. Y piensa tan pequeño, tan pequeño aún sintiéndose el amo.  Y así, con el silencio empapándolo todo, la mirada secreta empieza su canto…
En algunas estaciones, el hombre ha querido también cultivar virtudes. Según su geografía religiosa, quizás ha querido cultivar la rectitud, o el desapego, o el sometimiento. Sus cultivos han sido hermanos del hacer porque 

por el hacer, el hombre, sólo coronar su existencia, ha sido juzgado. 

Pero en demasiadas ocasiones, las virtudes traen consigo mucha enfermedad -la vanagloria, la superioridad, el endiosamiento, el creerse iluminado- y la cosecha en vez de expandir el alma, la ha contaminado. 
Quizás no deberíamos cultivar lo que puede ser visto y mal usado. Quizás el cultivo que hiciera cambiar al hombre en lo profundo, fuera secreto. Quizás en vez de ser cosechadores tendríamos que ser cultivadores puros. Cultivar el sentir, en secreto. El sentir que florece espontáneamente, que no puede ser manipulado. El sentir que no puede ser recogido ni pesado. El sentir de la belleza, la armonía, la paz, la lucidez, el amor. 

En tierras de silencio se da bien este cultivo. Su simiente, la vivencia ni que sea de un segundo. Esa minúscula semilla puesta en la mirada desde que despunta el día, hasta que despunta el día, la va cultivando. 

Cultivar el sentir dejando al hacer que haga. Sin importar lo que ocurra más allá de su secreto campo. 

Cultivarlo para que crezca y crezca. El cultivo del sentir no puede ser contaminado porque a nadie le hace ser más nada, aún llenando en secreto el corazón con sus dulces frutos. Un cultivo que cuando se prueba ya no quiere ser abandonado, ni cambiado ni siquiera mejorado. 
En el sentir, la cosecha no se recoge y se guarda en las egocéntricas alacenas como con los cultivos del hacer. En el sentir, la cosecha florece de dentro afuera a través de la mirada casi sin que uno se de cuenta y sus frutos se reparte a todo lo que es mirado. La cosecha del sentir no deja nunca vacías las arcas y en ese reparto el silencio planta nuevas simientes en los ojos encontrados. 
Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor”, no se refería a una cosecha exterior que tantas veces nos deja en estado de sequía: “yo ya pongo amor pero mira, solo saco desprecio, o lo que es peor, desinterés” dice el hombre-cosecha. Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor” decía verdad porque 

poniendo amor, belleza, dulzura, tu mismo te llenas de ella. 

Sé un cultivador de aquello que en lo hondo anhelas. Cultiva lo que anhelas como si ya lo hubieras encontrado. Que tu mirada ponga aquello que quieres ver allí donde se pose, sea en otros, en el mundo o en ti mismo. Cultiva el amor en tu corazón y tu corazón quedará lleno de amor… Pon amor en tu mirada y en todo verás amor. 
¡Feliz Ahora!

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Camina hacia atrás

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas”

Mateo 6:33

Desayuno frente a la ventana que da a la naturaleza. Veloces pasan los pajaritos, los abejorros, las lagartijas… Se mecen dulcemente las ramas del pino, señalando la presencia de una ligera brisa, fresquita por lo nuevo de la mañana. Las nubes, blancas y grises, pasean por los caminos invisibles del azul celeste. El silencio es tan intenso que la persona queda bañada en su serena nada.
Y la mirada secreta empieza a hablar -a la mirada le apasiona hablar cuando el Silencio cubre la tierra con su manto-.
En la naturaleza, cada elemento cumple bellamente la función para la que fue creado. De ahí la paz, la armonía, la belleza, la libertad, la unidad que nos inspira la naturaleza. Desde una hormiguita afanosa hasta el pino que se ve desde mi ventana; desde las anchas losas de granito hasta la solemne águila que surca los cielos de su reino, todo vive en perfecta armonía. Cada ser, pequeño o grande, haciendo ni más ni menos lo que le toca hacer, para su propio bien y el bien del Todo, es un bien inseparable en la expresión de la Vida Una. 
Pero, ¿y el hombre? Ese hombre que se cree en la cabeza de la evolución y está siendo el elemento que, al vivir en su fuero interno conflictos, desarmonía, fealdad, y atrapamiento, inunda la Vida de eso. Perdido en su endiosado pensamiento, desconectado asombrosamente de la naturaleza y del universo… en su caminar pensado todavía no ha (re)encontrado aquello para lo que fue creado.
Y mientras insista en encontrarlo buscando en su mente, más enredado y dolorido vivirá. Como cuando caes en medio de las zarzas y conforme más te remueves y luchas por salir, más te las clavas y más atrapado estás. Para salir de las zarzas, si es que alguna vez te ha pasado, has de quedarte quieto quieto y observar, para poder soltar cada pincho haciendo el recorrido inverso. Así se libera uno de las zarzas…
La función para la que fue creado el hombre quedará expuesta a la luz de la mente cuando perdamos la separación, cuando hagamos el camino inverso, cuando volvamos a sentirnos conectados con la naturaleza y el universo -al que estamos conectados eternamente sin que nos percatemos de ello-. Mientras, en el mundo del hombre seguirán reinado el desasosiego, la desarmonía y el dolor.
Los caminos de descubrimiento y de realización de nuestra verdadera función son infinitos, tantos como seres humanos hay. Pero a los pies de la cima (del Cielo), antes o después, nos hemos de encontrar con el Silencio -con el silencio de pensamiento, emoción e identidad-, hacernos nosotros mismos silencio en el que se desvanezca nuestra idea de ser y todo lo demás que creemos saber. Así se empezará a escalar hacia la cima, la cima de la realización, el Cielo en donde nos esperan la hormiga, el pino, las piedras y el águila.

A la cima se llega caminando hacia atrás, saliendo del enredo por donde entraste.

El Silencio no está delante. De ahí que tengamos que hundirnos en nosotros mismos para llegar. El cielo no está arriba ni adelante. 

El cielo es el estado de donde partimos, extraviándonos.

Hemos de dar marcha atrás hasta volver al cielo que está Aquí y Ahora. Y saber que 

aquel que torna del Cielo no es el que se fue.

 El camino recorrido, el extravío y la vuelta, fueron necesarios. Esta fue la preparación del hombre para que un dia pueda realizar la función para la que fue creado (a más evolución, más se tarda en caminar. Eso le sucede a cualquier animal :).

Caminando marcha atrás para salir del enredo llegaremos a los pies de la cima. Allí esperaremos a que el Silencio nos venga a buscar y allí descubriremos lo que siempre estuvo pero que no veíamos.

En el encuentro con el Silencio, queda el ser humano liberado de todo lo que creyó, la paz empapa el cuerpo, la mente y el corazón.

 Y es el propio Silencio el que a sus espaldas nos carga y corona la cima de la realización. Lo que descarga allí no es lo que un día cargó. De la cima baja el ser humano verdadero, la mirada limpia y clara como limpios y claros su mente y corazón, cumpliendo la función para la que fue creado, para su bien y el bien del Todo, inseparables como siempre han sido. Entonces la Tierra será el Cielo como lo es ya para la hormiga, la piedra, el pino y el águila. Pero ¡sabiéndolo!

¡Feliz Ahora!

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Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

a

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¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

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De los diferentes “yo”

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El yo-naturaleza y el yo-mental son manipulables.

Los estados alterados de conciencia no son tales. Son estados alterados de percepción.

La conciencia no se puede manipular.

La mente es el interprete de la existencia.

La existencia es el juego que la Luz de la conciencia hace cuando pasa por la mente.

La conciencia es la existencia y el testigo de la existencia.

a

Nada es verdadero por el hecho de ser percibido. Se percibe tanto lo verdadero como lo falso.

Confundimos percepción con realidad.

Lo Real es aquello que atestigua la percepción y lo percibido.

Este es el viaje:

De ser lo que existe (el yo-naturaleza)

… a ser lo que creo ser (el yo-mente)

… … a ser lo que se da cuenta (el yo-conciencia)

… … … a Ser (Conciencia sin yo)

Así habla el bordón de Dios a la mirada secreta.

¡Feliz Ahora!

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Cómo investigar

 

Ver la Verdad es Ser la Verdad.

Consuelo Martín

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Para investigar de verdad la Verdad de todo y todos, necesitamos desprendernos de lo que creemos saber. Investigar sobre la Realidad se parece más a una investigación de campo en el que la observación neutral hace su trabajo, sin hipótesis ni resultados. Sólo ver.

Sólo escuchar lo que el Ver nos enseña.

Ver y escuchar requieren de lo mismo dentro nuestro. Requieren del silencio de lo conocido, una atención vacía de contenidos. En el ver y en el escuchar no hay nadie viendo y escuchando, porque cuando escuchamos o miramos de verdad, no hay nadie pensando. No hay pensamientos que estén diciendo “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Solo hay ese ver y ese escuchar. Ahí es donde se realiza el atisbo de la Verdad, “verdad” sinónimo de “realidad”.

El ver y el escuchar puros, sin juicios sobre lo que se está percibiendo, es una actitud de plena atención totalmente despierta en una mente totalmente pasiva. Se parece mucho a mirar un paisaje en donde la mirada se abre sin ningún esfuerzo, sin que quede fijada a nada en concreto.

Es un  ver que se siente, pero no emocionalmente. Es un escuchar que comprende, pero no mentalmente.

No hay verdad en lo concreto, porque lo concreto siempre es una parte  que se separa del todo. Por eso, la verdad nunca está en la respuesta. La verdad está en la colocación de la mirada.

Es la pregunta la que nos conduce a la Verdad, no la respuesta.

Y en cambio el buscador busca respuestas, respuestas concretas, porque busca desde la mente concreta. Y cualquier respuesta es la muerte de la Verdad porque

la Verdad es infinita y ni deja nada fuera ni puede encerrarse en respuesta alguna.

Y son las respuestas las que montan escuela, las que crean doctrinas, las que separan y enfrentan.

La verdad no vive en ningún sitio concreto. No se la puede buscar en ningún sitio. La verdad no hace desaparecer lo concreto sino que hace ver lo concreto en su justa medida, como algo relativo, como algo aparente. En la verdad no hay un yo separado. Es atraBesando lo concreto cuando encuentras lo infinito de lo que no se puede hablar.

La verdad es intangible y sin embargo es de una contundencia que está más allá de cualquier posibilidad de duda. Por eso ver la Verdad no conduce nunca a la necesidad de defenderla. Porque sólo defendemos aquello sobre lo que dudamos.

El buscador va acumulando y coleccionando respuestas y va modificando lo concreto aparentemente adaptado a la verdad, hasta que un día se da cuenta de que la Verdad no está en lo visto sino en la mirada que ve.

¡Bendita mirada!

¡Feliz Ahora!

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La mirada secreta sabe de cómo las personas nos perdemos con las palabras. Pero aún y así, muestra con diafana claridad la diferencia de lo que podríamos llamar emociones y sentimientos.

Ninguna emoción es espontánea. Todas las emociones son reactivas (a la programación vital o mental). Y en muchas ocasiones tienen la función de dar a conocer a otros el estado interno del animal o persona.

Los sentimientos brotan del alma. Son espontáneos. No responden a ningún estímulo (reactividad) ni buscan ningúna respuesta en el otro (estrategia). Los sentimientos no pueden ser manipulados. No podemos sentirlos a voluntad. Nos inundan y no sabemos por qué ni cuando. La belleza, el sentimiento de libertad, de unidad, el amor, la paz… Así se expresa el alma :).

Creemos anhelar emociones positivas cuando son tan efímeras como el estímulo que las creó, cuando en realidad añoramos los sentimientos del alma. Y los añoramos porque los conocemos aunque no  nos acordamos. ¿Cómo si no, podríamos anhelarlos?

¡Feliz Ahora!

Más sobre las emociones

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