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El río y el agua

“Be water, my friend”

Bruce Lee

 

 

 

Decimos que el río nace en la fuente, pero ¿es así? ¿brota el río de una fuente o es el agua la que brota? Más el agua que brota de la fuente ya existía antes, entonces ¿qué es lo que nace?.

El agua que brota de la fuente viene de aguas subterráneas que quizás llegaron de la lluvia… la lluvia de las nubes… las nubes del agua de la tierra y así…

Decimos que el río nace en la fuente pero, en realidad, es una manera de hablar -rara vez miramos cúal es la verdad-. Lo que nace es una “corriente de agua” concreta y a esa le ponemos un nombre. Hay un sinfín de ríos en nuestro planeta, cada uno con sus nombres, compitiendo por ser el más largo, el más bello, el más caudaloso… pero eso al agua no le importa nada, nada, nada. Los ríos no son lo que parecen. Ni viajan, ni desembocan, ni tienen vida propia. Son las simples huellas que ha dejado el agua en su navegar. Son el cuerpo del agua. El agua es quien habita el río, quien hace al río lo que es, un río. Sin ella no habría río, pero sin río, ¡sigue habiendo agua!

El agua parece fluir con facilidad, sea entre rocas o juncos. Y es que en ese fluir hay una rendición total: a nada se enfrenta el agua. Y aún y así, entregada y rendida, en ningún momento deja de ser quien es. Siempre es agua.

Sólo se mueve en la dirección de su propia corriente, siempre por el camino más fácil, porque sólo tiene un objetivo: desembocar para seguir su ciclo.

-¿Para qué luchar contra nada? ¿para qué querer cambiar las características del río?- ríe el agua del río a la mirada secreta que hoy juega con ella.

Aunque hayan cascadas o remansos, el agua es inmutable, -siempre es agua, nunca cambia de forma porque no tiene forma. Lo único que hace es adaptarse al cuerpo que la contiene-. Parece que se ve afectada por los aparentes golpes: espuma, remolinos…, pero el agua sigue siendo agua.

Contra más pura el agua, menos atributos tiene: no sabor, no color, no olor. Y sin embargo, ¡qué rica está!

Y cuando llega el agua a su desembocadura (¡que no es el río el que llega a la desembocadura!), el agua… sigue siendo agua… y sigue su periplo, inteligente y eterno…

Y he aquí al ser humano, creyendo ser río cuando Es agua. Pero como se cree río, vive como tal. Nace un buen día de la fuente-madre y un buen día muere en la desembocadura; lucha con y contra todo sin saber cuál es su función, siempre compitiendo con otros ríos, siempre por el camino más difícil. Todo le afecta, y cree que en esa afectación está su aprendizaje. Y cree que los atributos son los que le hacen ser alguien… El ser humano… pura agua de vida… en negrita ¿Lo ves?

Ríe la mirada secreta al Silencio que hoy juega con ella…

¡Feliz Ahora!

 

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El quehacer espiritual

Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada… Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes…

Juan de la Cruz

Hoy la mirada secreta golpea de improviso con toda su fuerza y con todo su candor. Esa mezcla que sólo la mirada tiene.

Leo unas reflexiones, acojo unas preguntas y parece que todo tiene que ver con el quehacer espiritual.

Nos dicen que no hay que tener apegos, que hemos de aceptar todo lo que la vida nos trae, hemos de meditar, no hemos de enjuiciar, y sobre todo hemos de matar al ego. Eso es lo que manda la espiritualidad de estos tiempos.

En otros tiempos nos mandaron diez cosas para llegar al Reino de los Cielos:

Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Dios en vano.
Santificarás las fiestas.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometerás actos impuros.
No robarás.
No darás falso testimonio ni mentirás.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes ajenos.

No sé cúantas cosas más hemos de hacer si queremos llegar a la Verdad, a la paz interna tantas veces implorada, a ser espirituales de verdad, realizados, iluminados.

Y los que tanto anhelamos esa Verdad empezamos a batallar. Podríamos decir que añadimos a la lucha cotidiana, la “lucha espiritual”. Muchas veces como dos grandes batallas que no se cruzan entre sí y que incluso pueden ser contrapuestas: mi vida cotidiana y mi vida espiritual. En muchas ocasiones ¡mi vida cotidiana se convierte en un obstáculo para mi vida espiritual! Es muy raro, muy raro…

¿Cómo puede ser que la Verdad se equivoque tanto que me coloque en un sitio contraproducente para volver a Ella? ¿No será que mi mente está enjuiciando las situaciones de nuevo según lo que cree que me conviene y lo que no?

Por otro lado, en ese quehacer intenso trato por todos los medios de ir modelando mi persona a ese “ideal espiritual” que sin darme cuenta, he comprado. Ahora ya no me siento mal sólo por mis problemas físicos y mis problemas psicológicos. Ahora añado a la lista mis problemas espirituales. Tengo que conseguir ser de una manera concreta, actuar de una manera concreta, incluso puede que tenga que comer de una manera concreta, vestirme de una manera concreta y tener unos gustos concretos. Todo en base a un ideal. Pero ese ideal está fuera de mí. Es muy raro, muy raro…

¿Cómo puede ser que la Verdad se equivoque tanto que me haga una persona contraproducente para volver a Ella? ¿No será que mi mente está enjuiciándome de nuevo según quien cree que debo llegar a ser?

¿Os resuena? Todos en algún momento, o siempre, hemos estado atrapados por un camino externo que nos dice qué hemos de conseguir y cómo hemos de llegar a ser y lo que tenemos que hacer si queremos conseguir Eso.

Y la mirada se queda con Su Ojo abierto de par en par. Que si tuviera manos se las llevaría a la cabeza. Y a la vez sonríe dichosa: “más vale batallar ciegamente que dormirse en la batalla” me dice.

El corazón late deprisa. La alegría inunda el espacio. Viene rauda la mirada secreta. Viene feroz y divertida. Viene con un secreto que hemos oído millones de veces, pero no escuchamos:

A la Verdad no le importa ni lo que hacemos ni quienes somos. La Verdad es Imperturbable.

La Verdad no se desvela a aquellos que cumplen unas condiciones. La Verdad es Incondicional.

La Verdad no aparece a unos y a otros no. La Verdad es OmniPresente.

Un ejemplo gracioso es aquel que anda buscando sus gafas y no se da cuenta de que las lleva puestas. Mientras anda buscando, no encuentra. Si está quietecito, puede ser que se dé cuenta. ¿Habrá necesitado hacer un montón de cosas? ¿Habrá tenido que esforzarse en ser diferente? Las gafas siempre estuvieron ahí. Pero él no lo sabía. Y a las gafas todo lo que el pobre haya hecho le es indiferente. Siempre han estado en su sitio.

Mientras esté distraído con las cosas del hacer, mientras esté buscando y buscando no me daré cuenta de que la Verdad está ahí.

Dejemos de creer nada. Hagamos lo que la Vida nos traiga. Y démonos cuenta de que Aquello que tanto anhelamos está más allá de la mente, de los pensamientos. Encontremos ese lugar dentro que trasciende el pensamiento, que es la fuente de donde los pensamientos y la Vida entera brota. Encontremos ese lugar desde el silencio del hacer interno, sabiendo que es desconocido.

Para ir a lo Desconocido hay que partir de lo desconocido.

La sorpresa es que todos esos mandatos, esos objetivos, esos mandamientos que nos prometían el Cielo, esos quehaceres espirituales serán entonces resultado natural de vivir desde Ahí y brotarán espontáneamente. Quizás no eran diez mandamientos sino diez pinceladas de la Tierra Prometida…

Dedicado con todo amor a los que el Amor a la Verdad les acucia con fiereza.

¡Feliz feliz Ahora!

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