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EL PUNTO DE REFERENCIA

“Los necios niegan lo que ven, no lo que piensan; los sabios niegan lo que piensan, no lo que ven”

Huang-Po (s. IX)

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Desde el rincón más minúsculo del planeta, veo, siento, pienso, percibo, recuerdo, deseo, temo… Como todos… ¡ay no sé! ¡ya no puedo ver como veía!

-Bueno. Bueno.- consuela dulcemente la mirada secreta. -Mientras el “yo soñado” sigue viviendo su sueño, tu y yo sigamos investigando…

-Mira lo que ha pasado. Al perderse el “yo” soñado, nada es como parecía. Se ha perdido el punto de referencia, ¿lo ves?…- y así me sigue hablando la mirada secreta:

¿Qué pasaría si no hubiera ningún punto de referencia? Mejor dicho, ¿qué pasaría si no inventaras un punto de referencia?

Si no inventaras un punto de referencia no podria existir el tiempo. El tiempo existe con respecto a un punto de referencia temporal. Son las 13:11 con respecto a las 13:10 y a las 13:12. Es hoy con respecto a ayer y a mañana. Soy adulto con respecto a la juventud y a la vejez. ¿Podrían ser las 13:11 si no existiera ninguna hora más? ¿Podría ser hoy si no existieran el pasado y el futuro? ¿Podría ser adulto si no existieran otras edades?. Hoy soy un adulto a las 13:11. Todo referenciado a un punto, un punto en el tiempo que se puede colocar a lo largo del continuum temporal. Así que si sigo escribiendo mañana, mañana diría hoy y hoy sería ayer..

Si no fijo un punto de referencia, ¿que queda del tiempo? Ahora eterno

Si no inventaras un punto de referencia no podrían existir las distancias ni los volúmenes. Las cosas están lejos o cerca respecto a un punto. Son estrechas o anchas, altas o bajas, con respecto a un punto. Son planas, bidimensionales, tridimensionales, con respecto a un punto. Si no hay un punto de referencia, ¿qué quedaría de las dimensiones espaciales? El espacio sería una totalidad no medible, sin límites. Espacio infinito

Si no inventaras un punto de referencia no podría existir el movimiento. Cualquier aparente movimiento es un conjunto de gestos quietos en si mismos que surgen secuencialmente en un ¡tiempo! y se desplazan en un ¡espacio! Sin un punto de referencia espacio-temporal, no existiría el movimiento. Quietud

Si no inventaras un punto de referencia, no podrías clasificar ni etiquetar ni enjuiciar ni hacer comparaciones. Fíjate en esta bella mariposa volando, sostenida en el aire infinito, bailando, ajena a su fragilidad… Si la mariposa pensara en su fragilidad, no volaría. No podría ser mariposa. Pero, gracias a la Altísima Ingeniería, no piensa -¡o no piensa en ella misma como frágil, sino como mariposa!

También nos pasa a los seres humanos. Cuando nos pensamos así o asá, no podemos “ser” y tampoco podemos vivir, porque mientras pienso estoy fuera del ahora.

Vivir y pensar son incompatibles

Aquí estoy, atestiguando lo que la mirada secreta va dilucidando… Y entonces me susurra traviesa (le encanta ser traviesa a esta mirada escondida): -¿en algún momento has puesto en duda la fragilidad de la mariposa?- ¡Uy! ¡Se ha colado como una verdad más!. La mirada vuelve a mostrar que sólo se es “algo” con respecto a “otro algo” (se es frágil si existe robusto; se es listo si existe tonto; se es egoísta si existe altruista…) Si desaparece cualquiera de los dos “algos”, ¡el otro desaparece también!

La mirada secreta nada sabe de conceptos físicos, ni la mente que esto escribe a su dictado, más la relatividad de lo aparentemente obvio salta a la VISTA.

Y lo relativo nunca puede ser real por sí mismo. ¡Necesita de un punto de referencia para existir! La vida conocida surge toda de un punto de referencia. El universo conocido, también.

Sin un punto de referencia no existiría la realidad tal como la conocemos

¿Y que pasa con respecto a este “yo”? Pues este “yo” ha sido inventado con respecto a la miríada de etiquetas y clasificaciones que la sociedad de hoy ofrece gratuitamente (aunque es un engaño, porque pagamos un precio muy caro: ¡dejar de ser!) Todo lo que creo que me define como un individuo, es por comparación: “yo soy así en comparación con”. Este yo inventado ha sido el punto de referencia para “su” tiempo, para “su” espacio, para todas las etiquetas, juicios, para los miedos referidos siempre a un futuro que se crea desde donde el yo esta situado temporalmente, para los deseos también construidos hacia un futuro, para las culpabilidades construidas sobre un pasado que solo existe en nuestra mente. No podría haber tristeza tampoco, porque la tristeza también proviene del pasado.¿Qué emoción quedaría si no existiera un punto de referencia? Paz

Si no hubiera un punto de referencia todo sería muy distinto. Tan distinto que no es siquiera imaginable.

Y sin embargo, la mirada secreta viene de un lugar que no tiene punto de referencia.

El punto de referencia crea las vivencias, y quizá también crea el mundo tal como lo conoce esta persona. Y también crea el “yo”.

Algunos quizá están pensando que entonces el punto de referencia quizás sea Dios, tal es la necesidad del “yo” soñado de encontrar un punto, el que sea, porque si no, ¿dónde queda “yo”?

…cuando el “yo” se diluye en los aromas de lo verdadero, no hay ningún punto de referencia…

Si yo no me comparo con nada ni con nadie, si no me vivo como punto de referencia temporal y espacial, ¿qué queda de mi?

Pues eso que queda, eso soy yo.

¡FELIZ AHORA!

 

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¿Yo existo?

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Pienso, luego no existo.

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta susurra en el silencio y trae la voz de un pensamiento nunca antes formulado:

en lo más obvio se esconde la verdad

En lo más obvio… Por eso parece tan difícil encontrarla…

La mirada secreta se posa en lo más obvio y la investigación comienza… silencio… atención…no sabemos lo que puede esperarse…la mente se abre a lo nuevo…

…Parece que veo. Veo la ventana y detrás del cristal, la montaña con sus árboles y tierras. Veo los verdes de los campos todavía húmedos, los amarillos de la mimosa florecida, el oro de las piedrecillas. Veo sombras. Veo el viento en el mecer de ramas y hojas. Y también veo a este lado de la ventana, cosas (siempre me gusta más ver la creación de la naturaleza que la creación del hombre). Aparentemente, soy yo quien ve. Es mi visión.

…Parece que escribo. Mis dedos se mueven veloces por el teclado y surge la escritura en la pantalla del ordenador (siempre me ha parecido mágico). Aparentemente, soy yo quien escribe. Son mis pensamientos los que yo convierto en palabras y tecleo en mi ordenador.

…Parece que respiro. Mi pecho se infla y desinfla al paso del aire que trae consigo la posibilidad de vivir. Aparentemente, soy yo quien respira. Es mi aliento.

…Parece que siento. Siento la paz de un domingo por la mañana, en el que el trino de los pájaros y el calorcito de un sol que –aparentemente- se acerca, anuncian la llegada de la primavera. De nuevo, aparentemente soy yo quien siente. Es mi sentimiento.

Yo soy quien ve, escribe, respira y siente. Eso es lo obvio, ¿no?- le digo a la mirada con aires de duda (que ya nos conocemos). Y ella me pregunta a su vez:

-Para que esta obviedad se de, ¿qué ingredientes se necesitan?-

La respuesta es fácil. Un sujeto (que soy yo) y un objeto (que es lo otro).

Para que yo vea, se necesita algo que ver. ¿Podría decir que veo si no hubiera nada que ver?
Para que yo escriba, se necesita que los pensamientos se conviertan en palabras. ¿Podría decir que escribo si no se formaran letras sobre una superficie?
Para que yo respire, se necesita que la respiración se de. ¿Podría decir que respiro si estuviera en apnea?
Para que yo sienta, se necesita que haya un sentimiento. ¿Podría decir que siento algo si ese sentimiento no estuviera presente?

-¡Muy bien!- responde la mirada con su silencio amoroso. Y traviesa me pregunta,

-¿Has puesto tú los objetos que ves? ¿has construido tú las palabras? O mejor todavía ¿has escogido tu los pensamientos? ¿has construido tú el hecho de respirar? ¿has creado tú la paz que sientes?-

Estas preguntas producen perplejidad en la mente. Nunca antes habían sido preguntadas…

La mirada investiga mientras sigo en silencio. Y me doy cuenta que

no soy yo quien ha creado los objetos ni la acción que se da.

Lo que veo es ajeno a este “mi”. Es lo que hay. No existe eso de “mi” visión. Es “la” visión que se muestra a estos ojos. Y estos ojos ven, de forma ajena a “mi”. Gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería, los ojos ven. Son los ojos los que ven y es el cerebro el que crea la imagen, de nuevo gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería. NO SOY YO QUIEN VE NI ES MIO LO VISTO.

Lo que se escribe es ajeno a este “mi”. De hecho las palabras van surgiendo por arte de magia, de no se sabe donde (todos los escritores conocen esta sensación, que muchas veces ha sido llamada “inspiración”). Y anterior a las palabras, surgen también los pensamientos de no se sabe donde. Y si no lo ves, observa durante unos segundos tu mente a la espera de un nuevo pensamiento y verás que el pensamiento que surge nada tiene que ver contigo. Los pensamientos, las palabras son ajenos a “mi”. Y la acción de escribir se da gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería del cerebro en conjunción con el resto del cuerpo. NO SOY YO QUIEN ESCRIBE NI SON MIOS LOS PENSAMIENTOS.

La respiración se da en este cuerpo gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería de la vida. Es la vida que respira en este cuerpo. Es el oxigeno del aire que entra empujado por la vida y es la ingeniería que expulsa el anhídrido carbónico de vuelta al aire. “Yo” no tengo ni idea de cómo esto se hace. NO SOY YO QUIEN RESPIRA NI ES MIA LA RESPIRACIÓN.

La paz sentida no es una paz construida por “mi” y colocada en “su”  sitio para que este “yo” pueda sentirla. La paz sentida surge de no se donde y surge cuando quiere. No es “mi” paz. NO SOY YO QUIEN SIENTE PAZ NI ES MIA LA PAZ.

Los objetos –la visión, la escritura, la respiración, los sentimientos, los pensamientos- acontecen, surgen ajenos a este yo que creía ser…

Y finalmente, la mirada me pregunta:

-Y ¿cómo sabes de los acontecimientos que se dan?

La claridad de la respuesta fulmina las sombras y despierta una sonrisa:

Sé que veo, escribo, respiro y siento, porque ¡me doy cuenta de ello!

La mirada está feliz.

Veo con total claridad que

si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que ve, no habría ni quien ve, ni visión.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que escribe, no habría ni quien escribe, ni escrito.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que respira, no habría ni quien respira, ni respiración.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que siente, no habría ni quien siente ni sentimiento.

-Y “eso-que-se-da-cuenta” ¿que es?-

Es lo que se da cuenta que hay un viendo, escribiendo, respirando y sintiendo. SI. ¿Lo ves? ¿Ves al que está leyendo estas palabras? ¿Es el mismo “yo” el que lee estas palabras que el que se da cuenta de que estás leyendo?

Primero creía que yo era el artífice de mi vida. Creía que yo veía y que lo visto era mi visión. Creía que yo pensaba y que los pensamientos que yo tenía eran míos. Creía que yo sentía y que los sentimientos que yo sentía eran míos.

Después, la mirada secreta me mostró que si no hubiera algo que se diera cuenta (la conciencia), no existiría ni el veedor ni lo visto, ni el pensador ni lo pensado, ni el sentidor ni lo sentido.

Ahora la mirada, en su infinita bondad, me muestra que

es la conciencia la que se da cuenta de lo que surge espontáneamente como objeto de visión, de pensamiento, de sentimiento…

y que el veedor, pensador… que yo creía ser, es sólo un invento mental, porque no juega ningún papel en esta función. Es un personaje-sombra, que parece ser el amo pero que no existe. Su actuación es inexistente.

Sólo conciencia y objeto. No hay sujeto.

Y mientras esto se escribe, ya anda la mirada secreta toda dichosa ella, susurrando muy muy flojito… -¿seguro que entre conciencia y objeto hay una “y”? Pero me mira compasiva y sabe que es hora de reposar en el dulce regazo del silencio. Mucha luz de golpe más bien ciega que deja ver…

¡FELIZ FELIZ AHORA!

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EL PRESENTE Y EL AHORA

-¿Dónde está el presente?
-Aquí
-¿Dónde?
-¡Ay! ¡Se fue!

chiste de la Mirada Secreta

Desde hace un tiempo, el presente se ha puesto de moda.

Cuando hablamos de vivir en el presente o que sólo podemos vivir plenamente si vivimos en el presente, todos los que nos consideramos personas algo profundas, asentímos seriamente. Vivir en el presente…

me pregunto si podemos vivir en otro sitio que no sea el presente…

Los más radicales de entre nosotros desechan con toda su voluntad, pararse a recordar o a proyectar en el futuro: -¡Hay que aprovechar el momento presente!- dicen. Y quizás lo que quieren decir es que debemos poner toda nuestra atención en lo que está sucediendo “aquí y ahora”. Así que parecería que, dentro de este círculo, unos creen que deben vivir en el presente (que recordar o hacer planes también vale) y otros que deben vivir el presente. Pero en ambos casos, ese pequeño yo inventado está haciendo de las suyas: creencias y más creencias…

La mirada secreta ronda, ronda desde hace ya un tiempo. No está tranquila. Percibe que algo se está escapando. Algo trascendental…

Vale. Obediente, empieza la investigación. Vivir en el presente…¿qué es esto del presente? Parece que llamamos “presente” a una franja de tiempo que se dá entre el pasado y el futuro. Pero ¿cuán amplia ha de ser la franja? ¿a qué presente nos estamos refiriendo?. El presente para unos puede ser este segundo y para otros puede ser este ratito, o esta época de la vida. Sea como sea que lo entendamos, este presente tan famoso parece estar relacionado con el tiempo.

El tiempo… si no existiera ni el pasado ni el futuro, ¿podríamos saber que es el presente? Este presente temporal existe en relación a sus compañeros, no existe por sí mismo. Y cuando hablamos de ubicarnos en el presente, seguimos en el tiempo, en el pequeño yo que creemos ser, en la mente que percibe lo que acontece. Este presente del que tanto hablamos y al que no podemos atrapar a menos de que lo estiremos, es lo que está pasando en la vida, es la escena actual del teatro de la vida. Y la vida, una sucesión de presentes, una sucesión de escenas.

Pero ¿no intuís que hay más?

De pronto, la mirada secreta me regala la imagen de la pelota de baloncesto rodando velozmente sobre la punta de un dedo… La pelota moviéndose con rapidez, pero sin ir a ninguna parte… girando sobre su propio eje y completamente aposentada en un sólo punto… un sólo punto inmóvil, quieto… Un punto que sostiene todo el movimiento de la pelota y la pelota en sí…

Y entonces surge la imagen de una personita moviéndose a su vez por la pelota convertida en un planeta… cambiándo de sitios -el sitio de ayer, el de hoy, el de mañana-. Y me pongo a componer un dibujo que lo pueda explicar mejor:

Tiempo y espacio moviendose en su realidad relativa, sostenidos en un sólo punto de quietud permanente.

Escenas que acontecen, una tras otra, en un único escenario inmóvil…

…la mirada secreta va posando sus granitos de intuición en el silencio de esta mente, el corazón late deprisa, la alegría de un nuevo descubrimiento…

Y aunque el diccionario de la RAE define como sinónimos las palabras “presente” y “ahora”, dejádme que más allá de los problemas lingüísticos, a este punto le llamemos “EL AHORA”

El Ahora, del que surgen todos los presentes, que sostiene todos los presentes y todos sus contenidos, incluida esta pequeña persona…

El punto. El Ahora. Donde no hay movimiento, no hay tiempo, no hay espacio. El Ahora, eterno, porque es sin tiempo, es el escenario inmutable en el que van sucediendo los diversos presentes, o ningún presente. El ahora pertenece a una nueva dimensión. Y la mirada secreta me dice que es una puerta a la verdad, a la eternidad.

Y ¿qué pasa con la persona? ¿donde se coloca? La persona ¿es un acontecer en el Ahora o es el Ahora en sí? La mirada secreta me susurra que la persona es un acontecer en el ahora, porque todo lo que existe está sujeto al tiempo y a la relatividad: existe porque un día no existió y porque un día dejará de existir, ubicado en el movimiento del tiempo y del espacio. E

igual que puedo estar atendiendo lo que está ocurriendo en esta escena (presente), puedo ir más atrás, incluyendo a esta persona en la escena y darme cuenta de que soy ese escenario que todo lo contiene…

El tiempo, la mente y el ego ocurren en el presente…

si no hay tiempo, no hay ni mente ni ego

si no hay mente, no hay ni tiempo ni ego

si no hay ego, no hay ni tiempo ni mente

Cuando no hay ni tiempo, ni mente ni ego, entonces ¿que queda?

Si podemos encontrar ese lugar imperturbable que no es afectado por nada, inmutable -porque no cambia-, pura quietud infinita y eterna…

si podemos encontrar ese punto del que nada ni nadie puede huir, pues es donde todas las manifestaciones de la vida acontecen, de donde surge y donde se apoya la dimensión de la vida que conoce nuestra mente…

si podemos encontrar el Ahora, nos daremos cuenta de su verdad infinita.

Vayámos más allá del presente, descubramos la verdad.

¡Feliz AHORA!

*foto de encabezamiento cedida por ikibcn.com

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El gran creador, el gran alimento, la gran muerte

“Tú eres el que ve todo y siempre es libre. Tu única atadura es que te ves a ti mismo como si fueras otro distinto del que ve”

El sabio Astâvakra

De la Vida Una brotan infinitas formas -hojas, nubes, plumas, células, brisas, manos, piedras, ojos, minerales, luces, fríos, hambres, cuentos, tristezas, peces, estrellas, anhelos, flores,…-, cada una de ellas única y original, irrepetible. Todo lo que conocemos, dentro y fuera de este cuerpo son formas, expresiones de la Vida Una, que tal como se forman (nacen), se desarrollan (crecen) y se diluyen en nuevas formas (mueren)…

Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo.

Más ¿qué pasa si algo que parece tan obvio lo miramos con mirada nueva? Dejemos que la mirada secreta nos acompañe un ratito…

El otro día me di cuenta de que todo lo que es expresión de la vida, todas las formas de vida, necesitan ser creadas y luego alimentadas para su sustento. Creación y alimento.

Me di cuenta de que la creación de las formas surge siempre de la disolución de otras formas anteriores. La muerte de la vieja forma es el alimento creador de la forma nueva: las hojas brotan de las yemas que mueren al convertirse en hojas. La tierra se fertiliza con las hojas que caen al final de su ciclo. De la tierra brotan las semillas que fueron depositadas por pájaros que volaban en un cielo que, de no existir, no podría sostenerlos… Es infinito lo que podríamos descubrir en esta interminable red de relaciones a la que llamamos vida.

Así que creación/alimento/muerte son inseparables, se confunden entre ellas según desde donde mires la cadena. Puedes ver primero la muerte, después el alimento y después la creación. O puedes ver el alimento, después la creación y después la muerte. O puedes ver la creación, después la muerte y después el alimento. Y así podríamos seguir, permutando los tres y siempre sería cierto…

Ese fue el primer paso del gran descubrimiento. Pero la mirada secreta no se conformó con lo visto hasta entonces. Se giró traviesa hacia mi mente y le preguntó: ¿y qué relación tienes tú-que-te-das-cuenta con la red de la vida (creación/alimento/muerte)? Yo no comprendí la pregunta.

Al principio pensé que yo también era una forma y que por lo tanto formaba parte de la red de la vida. Pero la mirada secreta se puso a reír, ligera como los cascabeles de los renos de Papá Noel.

“Claro. Te piensas forma -me susurró- pero ¿acaso no hay en ti algo que se da cuenta de esta forma a la que llamas “yo”? ¿Acaso no hay un”yo” dándose cuenta de este otro”yo” que tiene nombre y apellidos?”

Entonces vi claro.

La forma “yo” pertenece a la red de la vida. Pero hay otra fuerza, otra fuerza que está siendo testigo de todo, incluido este “yo” al que observa y conoce: AQUELLO QUE SE DA CUENTA.

Aquello que se da cuenta, que no puedo nombrar como un “quien” porque no tiene forma alguna. Aquello que se da cuenta que la persona tiene hambre, que se da cuenta que hay nubes en el cielo, que se da cuenta que está pensando, que se da cuenta que enjuicia todo y a todos, que se da cuenta que pone nombres a las formas…

Aquello que se da cuenta…

Entonces la mirada secreta, con una gran sonrisa, preguntó de nuevo a aquello que se da cuenta qué relación tiene con la red de la vida muerte/creación/alimento…

Y para mi sorpresa, vi con pasmosa claridad que ¡¡¡no tenía ninguna relación con la red de la vida!!!

Aquello que se da cuenta está más allá de la red de la vida

Aquello que se da cuenta observa la red de la vida…

Y¿creéis que la mirada secreta tuvo suficiente con esto? Los que ya la conocéis sabéis que no. Aún no habíamos llegado donde ella quería. Así que, en un estado de alegría saltarina, preguntó de nuevo:

¿Y qué pasa cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida?

¡Dios mío! ¡Es tan impresionante! ¿Lo podéis ver?

Cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida, ¡la vida deja de existir!

¿Acaso no nos sucede cada vez que aquello que se da cuenta observa sólo los pensamientos? ¿No desaparece entonces la vida?

La mirada secreta me mostró que Aquello que se da cuenta es el gran creador, el gran alimento y la gran muerte de la vida. Inafectado, es la luz de la conciencia que crea las formas y que al retirarse, hace desaparecer las formas.

Y en un acto de infinita amorosidad, la mirada secreta me hizo el más gran regalo recibido jamás. Me descubrió que Aquello que se da cuenta, Eso soy yo. Y Eso es inseparable de la Vida una…

¡Feliz Ahora!

 

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La dimensión vertical

 

“Mediante el conocimiento acojo a Dios dentro de mí; mediante el amor me adentro en Dios”

Maestro Eckhart

 

 

En muchas ocasiones la vida nos trae vivencias que no queremos, que rechazamos y que seria una “locura” que fuera de otro modo: una enfermedad grave, una agresión, la pérdida de un ser querido, la pérdida de autonomía física, económica, …

Y eso nos hace sufrir.

Viendo lo que es el sufrimiento, nos damos cuenta de que sufrir es un estado emocional que aparece cuando rechazamos aquello que nos está ocurriendo. Es como no querer que pase aquello que ya está pasando, oponernos a la realidad de lo sucedido. “No debería haber pasado” “no lo merezco” son frases que señalan un gran sufrimiento y resistencia.

La mente pensante, siempre lineal, no comprende que sin causa se produzca semejante acontecer. Y entonces busca una causa, una causa que le facilite comprender el POR QUÉ ha tenido que suceder eso. Y a veces, convenciéndonos de haber encontrado una causa, podemos sentir algún alivio. Pero tantas otras veces, seguimos sufriendo, incluso más, porque no aceptamos ni el “efecto” ni la “causa” aparente.

Si el sufrimiento es la resistencia a lo que es -y que no queremos- y se supone que el final del sufrimiento es la aceptación, ¿como podemos aceptar lo que nos pasa si no lo queremos? Parece que nos hallamos ante una paradoja de difícil solución…

Cuando sentimos que, verdaderamente, el fín de nuestro sufrimiento es la aceptación, solemos decir “es inaceptable, pero por no sufrir más, lo acepto”… Hacemos como si aceptáramos, pero lo máximo que conseguimos es resignarnos.

La resignación es un camino tramposo, que para en seco nuestra capacidad para ser felices.

La resignación no es un estado de paz y dulzura, sino que va acompañada de un regusto amargo, victimista y triste, de una sensacion de impotencia y de pasividad. La resignación se da en un dejar de oponerse a lo que hay, tipo “no me queda mas remedio que tirar la toalla” Y eso ¿no es acaso seguir sufriendo?

La aceptación, tan fácil de aconsejar y tan poco hallada por no comprendida, no se puede dar mientras uno crea que las cosas suceden bajo la ley causa-efecto, y que lo justo es lo que se ciñe a mis creencias de lo que es bueno o malo.

Bajo este prisma lleno de condicionamientos mentales, la aceptación de aquello que no queremos para nosotros o para quienes amamos es casi imposible.

Entonces surge la eterna pregunta: ¿qué hacemos?

Bueno. No esperéis de la mirada secreta un recetario de liberación del sufrimiento. Tampoco serviría para nada ;)

Ahora, mirando directamente, se revela claramente que para aceptar, hemos de comprender de otro modo

Einsten dijo que ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia en el que se creó. El llamado así contínuo espacio-temporal es donde se dan todos los sucesos de la vida y del universo, según la teoría de la relatividad de Einstein. Además, Einsten descubrió lo que más nos importa a nosotros, y es que el espacio y el tiempo son relativos al estado de movimiento del observador. Así que para comprender nuestro mundo y nuestra vida, podemos ver los acontecimientos observándolos desde una perspectiva de espacio horizontal, desde una perspectiva de tiempo o desde una perspectiva de espacio desconocida para la mayoría de nosotros que aquí llamaremos la dimensión vertical.

En la perspectiva espacial horizontal, buscamos que disminuya el sufrimiento cambiando de lugar físico, por ejemplo haciendo un viaje o simplemente cambiando de habitación. El resultado de esta perspectiva lo conocemos todos: quizás disminuye el sufrimiento durante un rato, pero casi no cambia nuestra comprensión de lo sucedido.

En la dimensión temporal, logramos algo más de comprensión conforme pasa el tiempo. Pero tampoco comprendemos totalmente y el sufrimiento no acaba de liberarse del todo. Aunque es una dimensión más poderosa que la del espacio horizontal, también tiene el inconveniente que hemos de dejar pasar el tiempo -a veces muchos años-, antes de atisbar alguna luz.

Pero luego tenemos la dimensión vertical. La dimensión vertical ha salido varias veces en los escritos de la mirada secreta y es aquella visión que se alcanza en el instante presente, o bien porque nos elevamos sobre el problema y el “yo con el problema” y al elevarnos nuestra conciencia se amplia y se amplia dándonos una nueva perspectiva y una nueva comprensión; o bien porque entramos en lo profundo de nosotros, allí donde reina el silencio contemplativo en ausencia de “yo” y es en este silencio donde una nueva visión surge, llena de amor y de paz.

No preguntéis cómo llegar a esta dimensión vertical. Hagamos silencio dentro de nosotros, salgamos del ruido de la mente adentrándonos por amor en la Verdad, e investiguemos mirando directamente las cosas -sin ninguna idea preconcebida-, dejándo que sea la Verdad que se adentre en nosotros. Porque

realmente sólo lo que vemos por nosotros mismos es transformador.

Ninguna teoría, ni la verdad de otros por muy sabios que sean, nos dará la comprensión ni nos liberará del sufrimiento ni nos conducirá a la dulce y verdadera aceptación.

Desde la verticalidad, el único lugar desde el cual se puede vivir feliz,

¡feliz ahora!

 

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