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La esclavitud de la comodidad

IMG_3142En la comodidad de cuerpo y mente, se amodorra la mirada.

La mirada secreta

 

En estos días me he dado cuenta más que nunca de que somos adictos a la comodidad. Y esa comodidad nos obliga a necesitar muchísimas cosas que en verdad no necesitamos pero vacían nuestros bolsillos, nos hacen egoístas, llenan nuestra casa, nuestra cuerpo y nuestra mente de necesidades y van anulando nuestra personalidad. No lo parece. Ya lo sé. Es un tema sutil este de la comodidad. A la mirada secreta insto para que sea ella que nos ayude a vislumbrar hasta qué punto la comodidad nos está robando nuestro potencial de vida plena…
Cuando hablamos de progreso, vemos que en este plano todo el progreso que se ha dado, ha sucedido en los objetos que el ser humano utiliza y no en el ser humano en si mismo. Y eso ¿por qué? Pues es debido a que el ser humano da realidad a todo lo que percibe y se ha olvidado de quién lo está percibiendo, es decir, de él mismo. Así, lo externo a él ha sido objeto de sus esfuerzos, de sus preguntas, de su devoción… mientras que él mismo ha quedado relegado y ha evolucionado muy poco en los últimos milenios…
Entre muchas cosas, algo que ha progresado ha sido todo aquello que proporciona comodidad. Ahí sigue el hombre trabajando y trabajando. Y la comodidad y el estancamiento evolutivo del propio ser humano van muy muy de la mano. No hay ninguna otra criatura humana que haya construido tantísimos objetos para poder moverse lo menos posible. Y sin movimiento -externo e interno- no hay evolución.
Así andaba esta persona, a la búsqueda de la almohada que mas cómoda le fuera. Y después de escuchar muchos consejos (¡que ricos somos en consejos!) y de gastar dinero comprando muchas almohadas, por fin encontró la que mejor le iba. Y de esa anécdota insignificante dos cosas aprendió: la primera es que la mejor almohada era una almohada viejita y gastada que había en la casa de sus abuelos, una almohada que podía adoptar la forma que necesitara en cada momento. Ninguna de las almohadas de alta tecnología le fue bien. Y entonces vio que lo más avanzado tecnológicamente no era necesariamente lo mejor…
La segunda cosa que aprendió fue mas dura. De repente se encontró dependiendo de la almohada para ir a pasar cualquier noche fuera. ¡Si no llevara la almohada otra vez se levantaría con el cuello torcido! Así que viajaba con la almohada. Entonces entendió a una querida amiga que al salir de casa va siempre con una maletita de ruedas porque necesita un montón de cosas para estar bien. Sí,

La comodidad crea dependencia.

A veces había invitado a mi amiga a pasar unos días conmigo, pero era tanto lo que necesitaría traer, que no venía. Y aunque tuviera ganas de pasar unos días por ahí, su dependencia a millones de cosas se lo impedía…

La comodidad nos hace esclavos.

Y entonces miraba a mis hijos y a otros jóvenes, viajando con una pequeña mochila con cuatro cosas, por el mundo entero. Sonreían de oreja a oreja. Felices. Libres.
Así que en mi siguiente viaje, no llevé la almohada. Y cuál fue el descubrimiento cuando doblando un jersey y colocándolo bajo mi cabeza, dormí como un niño…
No quiero sofás que rompen mi espalda. No quiero depender de comidas alternativas y carísimas. No quiero almohadas especiales. Ni alfombras mullidas. Quiero ser quien soy, pura libertad. Y vivir la vida con ligereza, ligereza, como mi vieja almohada, adaptándome a cada momento con lo que hay…- le digo a la mirada.
La mirada secreta, con su mirar, me dice que más se podría profundizar. Mmmmmm… ¡Sí! ¡Es verdad! La comodidad no me deja desarrollar mi potencial, me aborrega… Si. Si. Aunque cueste creerlo, es así. Quizás por eso, aquellos que buscan la Verdad siempre han llevado una vida sencilla bajo unas condiciones sencillas…
Bueno, Mirada– le digo seriamente- Ahora no voy a deshacerme de nada pero voy a ser consciente de lo que realmente no necesito y que incluso me está haciendo daño.
Podemos vivir con muy poco- contesta la Mirada- Aún y así, la clave no está en conseguir o desechar los objetos externos.

Lo que te esclaviza es la necesidad que crees tener de los objetos.

¡Descubre que esas necesidades no son reales! Empieza a ver lo que verdaderamente necesitas y lo que solo son necesidades creadas en la mente programada, y liberate. Llénate de libertad, de ligereza y de alegría. No te apoltrones -me dice amorosamente- No te rodees de cosas y cosas que crees necesitar. Vive con poco. Viaja ligero de equipaje por la aventura de esta vida porque

a menos peso, mas energía podrás dedicar

a vivir de verdad,

a vivir desde la Verdad,

a vivir la Verdad…

¡Oh Mirada! En todo te posas y en todo ves la luz de la Verdad. Gracias gracias gracias.

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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

A

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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Cómo investigar

 

Ver la Verdad es Ser la Verdad.

Consuelo Martín

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Para investigar de verdad la Verdad de todo y todos, necesitamos desprendernos de lo que creemos saber. Investigar sobre la Realidad se parece más a una investigación de campo en el que la observación neutral hace su trabajo, sin hipótesis ni resultados. Sólo ver.

Sólo escuchar lo que el Ver nos enseña.

Ver y escuchar requieren de lo mismo dentro nuestro. Requieren del silencio de lo conocido, una atención vacía de contenidos. En el ver y en el escuchar no hay nadie viendo y escuchando, porque cuando escuchamos o miramos de verdad, no hay nadie pensando. No hay pensamientos que estén diciendo “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Solo hay ese ver y ese escuchar. Ahí es donde se realiza el atisbo de la Verdad, “verdad” sinónimo de “realidad”.

El ver y el escuchar puros, sin juicios sobre lo que se está percibiendo, es una actitud de plena atención totalmente despierta en una mente totalmente pasiva. Se parece mucho a mirar un paisaje en donde la mirada se abre sin ningún esfuerzo, sin que quede fijada a nada en concreto.

Es un  ver que se siente, pero no emocionalmente. Es un escuchar que comprende, pero no mentalmente.

No hay verdad en lo concreto, porque lo concreto siempre es una parte  que se separa del todo. Por eso, la verdad nunca está en la respuesta. La verdad está en la colocación de la mirada.

Es la pregunta la que nos conduce a la Verdad, no la respuesta.

Y en cambio el buscador busca respuestas, respuestas concretas, porque busca desde la mente concreta. Y cualquier respuesta es la muerte de la Verdad porque

la Verdad es infinita y ni deja nada fuera ni puede encerrarse en respuesta alguna.

Y son las respuestas las que montan escuela, las que crean doctrinas, las que separan y enfrentan.

La verdad no vive en ningún sitio concreto. No se la puede buscar en ningún sitio. La verdad no hace desaparecer lo concreto sino que hace ver lo concreto en su justa medida, como algo relativo, como algo aparente. En la verdad no hay un yo separado. Es atraBesando lo concreto cuando encuentras lo infinito de lo que no se puede hablar.

La verdad es intangible y sin embargo es de una contundencia que está más allá de cualquier posibilidad de duda. Por eso ver la Verdad no conduce nunca a la necesidad de defenderla. Porque sólo defendemos aquello sobre lo que dudamos.

El buscador va acumulando y coleccionando respuestas y va modificando lo concreto aparentemente adaptado a la verdad, hasta que un día se da cuenta de que la Verdad no está en lo visto sino en la mirada que ve.

¡Bendita mirada!

¡Feliz Ahora!

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Sobre las emociones

Las emociones se crean en el corazón de la mente. Los sentimientos, en el corazón del alma.

La mirada secreta

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Hablan las modas que las emociones hay que saberlas gestionar… ¡Gestionar! Como si fueran los dineros del banco. Y, ¿sabes por qué hablamos así? Porque la mente se cree que es el emperador y que todo puede manipular. Pobre mente que no se da cuenta que igual que esclaviza a la persona, ella misma está esclavizada por sus programas, condicionamientos y plantillas de corrección, que no paran de manipularla a cada instante. Pobre mente, invadida de creencias. Ni sus opiniones son suyas…

Queremos que la mente gestione las emociones, cuando pensamientos y emociones son inseparables. Queremos que la mente gestiones las emociones, pero solo las negativas. Porque queremos tener emociones positivas. Positivo. Negativo. Eso mismo ¿acaso no son dos caras de la misma moneda?

Entonces, la mirada secreta me pregunta:
-¿En serio crees que las emociones son tuyas? Si las emociones fueran tuyas, seguro que solo sentirias cosas bonitas y alegres… Pero no. Las emociones campan a sus anchas y tu estas ahí sintiendolas con total sumisión. Date cuenta de que eres tu que estás siendo de las emociones y no al revés.

Las emociones no son tuyas. Tu eres de las emociones. Son tus dueñas.

-Entonces ¿qué puedo hacer para no sufrirlas?- le pregunto.

Pues desde esta creencia, lo único que te queda es rebelarte a semejante jefe, a ese yo emocional que no te deja vivir en paz. Y así lo haces. Peleas contra todas las emociones que no quieres tener. Y ¿qúe hacen ellas? Hacerse más fuertes, como es de esperar, exactamente como ocurriría si te rebelaras contra tu jefe. Tu jefe se alzaría con todo su poder en contra de ti. Así que esta lucha en contra no parece un buen camino…
La mirada secreta. Siempre nueva, ve con la inocencia del no saber, sin ideas preconcebidas. La mirada que ve desde el origen, sin dar nada por hecho. Va allí donde se crea el problema y mira. ¿Dónde empieza? Y ve que el origen del sufrimiento que nos producen las emociones está en creernos que tienen poder, en creernos que son nuestras y que además son verdaderas, reales… Y es en todas estas creencias en donde se fragua el sufrimiento emocional. Pero si podemos descubrir otra forma de ver, todo cambia.

Creo que las emociones son mías, son reacciones a algo real y son poderosas.

En el caso del jefe que me hace la vida imposible y frente al que me estoy rebelando con la consecuencia de que él está usando todo su poder en contra de mi rebeldía, ¿qué pasaría si yo descubriera que esa persona no es mi jefe? ¿Seguiría con la revolución?
Los pensamientos psicológicos son los que interpretan, los pensamientos que enjuician al mundo, a las personas, a nosotros mismos. Y las emociones a las que nos referimos son el resultado de estos pensamientos y, a su vez, las generadoras de esos pensamientos. Tanto unos como otros son mecánicos, automáticos, programados. Y lo se porque la mirada secreta los ha mirado y comprendido (y este es el principio de la liberación). Al observarlos, siempre suelen ser los mismos movimientos psicológicos en las mismas situaciones. No son pensamientos ni emociones nuevos sino repetitivos y cansinos. Y la mirada también me muestra cómo van a su aire, ¡independientemente de mi! También sé que son temporales, que acaban por desaparecer tal como aparecieron.

La emoción es automática y sólo se convierte en problema cuando entra el pensamiento.

-Fíjate -dice la mirada- como en la naturaleza los animales también expresan emociones pero nunca se convierten en estados emocionales porque sus mentes no empiezan a crear un relato en torno a la emoción. Entre los animales, la emoción se vive y se resuelve sin dejar residuos. En los animales, las emociones “son”. Y no son ni negativas ni positivas. En cambio en los humanos, lo que acaba dañando son todos los residuos emocionales que son provocados por el pensamiento. La emoción se convierte en negativa cuando el pensamiento la alimenta y alimenta hasta hacerla engordar tanto que eclipsa cualquier vivencia del instante.

-No se puede evitar la emoción pimera, pero ¿si que se podrá hacer algo para que no se convierta en una fuente de sufrimiento? – le pregunto viendo con total claridad como funcionan.

Si la solución para dejar de sufrirlas no está en tratar de acabar con ellas, ¿que podemos hacer? La sabiduría ancestral habla de dejar que las emociones sigan su curso sin que nosotros tratemos de desviarlas o eliminarlas, sino acogiéndolas y dándoles el espacio que necesiten. Siento que hay verdad en eso pero hasta ahora no sabía cómo hacerlo.
Y en estas la mirada secreta me enseña una escena: la de la madre que va a consolar a su pequeño cuando este despierta llorando y asustado por un mal sueño. La madre abraza al niño, le tranquiliza sin prisa, dejando que se vaya calmando poco a poco, desde la paz de saber que la causa de sufrimiento del niño no es real..
Pues ya está. Me imagino como esa madre, y la emoción como ese niño. Y ya sé que hacer…

Pero no se acaba aquí…  De lo más profundo, la mirada me descubre siendo el espacio sin fronteras en donde todo aparece (incluidas las emociones). Y ahora, cuando aparece una emoción, la sé dejar ser mientras yo me vivo ese espacio infinito en el que todo cabe…

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Dos niveles de actuación para una misma vivencia. Y ninguno de ellos hace lo que la mente querría, luchar en contra de la emoción o alimentarla con sus interpretaciones.

¡Feliz Ahora!

 

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La formación de un pensamiento

foto-pensamientoLa sabiduría hace su trabajo cuando el pensamiento calla.

La mirada secreta

Silencio.

Dime mirada secreta, ¿de dónde salen los pensamientos? Porque en el silencio de tu presencia, veo las cosas que piensa la mente y me doy cuenta de que ni las he escogido yo ni sé de dónde salen.

Yo no elijo los pensamientos que tengo

Y sin embargo, hasta ahora los había tomado como míos y les había hecho mucho caso. Tanto caso que de hecho, esas cosas que son los pensamientos eran mis jefes, quienes llevaban las riendas. Los pensamientos llevaban las riendas de todo. De todo: de las decisiones que parecía que tomaba yo… de los juicios que parecían mios… de las emociones que parecían mías… de los recuerdos que parecían míos… de los deseos que parecían míos… de los temores que parecían míos… de mi persona… de mi vida.

Lo que pensaba la mente llevaba las riendas de todo.

Hasta que en tu silencio, dulce mirada, me di cuenta de que los pensamientos no son míos porque yo no los he escogido. Si los pudiera escoger ¡qué pensamientos más bellos tendría! Sólo tendría pensamientos llenos de amor, de felicidad, de belleza que irían siempre a mi favor, a tu favor. Pero ¡que va! Son tantos pensamientos cada día, tantos y tan variopintos.

Bueno. Pues si no son mios, ¿por qué voy a seguir obedeciéndolos? ¿Puedo vivir sin hacer caso a los pensamientos?

En los primeros tiempos pensaba que eso era imposible. Pero, claro, todavía no había visto que eso -pensar que era imposible- también era en sí un pensamiento.  Cuando vi que estaba pensando sobre los pensamientos me quedé en un estado de perplejidad tan grande que se me cortocircuitó la mente. Y ahí es cuando sucedió…

Desde el imperturbable silencio que tanto arropa al alma en su periplo, andaba un buen día la mirada secreta en su quietud infinita, haciendo un tour turístico por los miles de caminitos y rincones neuronales que entretejen y estructuran el palacio mental (mmmm, quizás sería más adecuado llamarle “museo” en vez de “palacio”, porque todo allí es un poquito viejo). La mirada secreta, como siempre, observaba virgen de conocimiento alguno. Y vio de donde surgen los pensamientos.

… Era como un magma indiferenciado de materia extraña. Un magma muy espeso, como un mar de lava. A veces brotaban burbujas desde el fondo hacia la superficie de la mente. Unas eran grandes y otras más pequeñas. Era impredecible saber por donde saldrían. Y algunas de ellas se inflaban cada vez más hasta que la tensión que soportaban las hacía estallar. ¡Pam! Y ese estallido era una impresión mental, lo que llamamos un pensamiento…

Después de aquella visión tan vivida como el aire que respiro, la mirada me ha seguido enseñando como se construyen los pensamientos.

En el momento del estallido, el cerebro registra esta impresión, este pensamiento que todavía no se ha formulado en lenguaje alguno pero que ya se sabe lo que va a decir -como cuando llega alguien conocido con cara de pocos amigos y tu levantándole la mano, le dices que no te diga lo que ya sabes que te va a decir-.

El siguiente paso en la formación del pensamiento es ponerle palabras, lenguaje. Eso sucede por aprendizaje. La impresión puede ser una y la interpretación de esa impresión podría ser muy variada. Según la programación mental de cada uno, esa impresión primera es traducida a un lenguaje concreto y ¡ya está! Ya tenemos el pensamiento totalmente formado.

Bueno, aunque suene extraño, así me lo hizo ver la mirada secreta. Así lo vivo ahora. Y lo que sucede es que cuando siento esa burbuja que estalla, esa impresión mental, en vez de dejar que siga su curso y que se formule en palabras, si le veo cara de pocos amigos, le “levanto la mano” y le digo “hasta aquí has llegado”. Realmente siento que ahora dejo a los pensamientos con la palabra en la boca.

La sorpresa es que, conforme he empezado a mandar yo, el reinado de la mente es cada vez más débil. Digamos que la burbuja ha de ser realmente grande para que me abduzca.

La libertad de vivir desde otro sitio se hace cada vez más presente. Y con ella, viene la paz, se agranda el corazón y se va convirtiendo uno en la propia vida, ya sin distinción.

Gracias a la mirada. Así si.

¡Feliz Ahora!

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¿Dónde está la realidad?

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 El científico sigue hoy las huellas que el sabio dejó ayer.

La mirada secreta

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Ayer mi hijo, que sabe que no nos enteramos de mucho de lo que pasa en el mundo, nos enseñó la foto de un vestido que ha captado la atención del mundo internauta y nos preguntó de qué color lo veíamos. Uno lo vio blanco y dorado y el otro lo vio azul y negro. Y ante la perplejidad de las mentes, la mirada secreta sonrió tan ampliamente que en su sonrisa nos atrapó a los tres.

Mi hijo nos explicó que una tercera parte del mundo lo ve de un color, y el resto lo ve del otro color. Y esto es debido a la interpretación que hace el cerebro de cada uno de nosotros, no solo con respecto al vestido en sí, sino en relación con el fondo, la luz que refleja, etc. Así que el resultado de lo que yo veo no es lo que es, sino la combinación relacional de una serie de percepciones visuales junto con los conceptos que ya tengo grabados en mi mente.

Y la mirada secreta afirma lo que siempre ha sabido:

lo que yo llamo “realidad” es una creación mental subjetiva.

En estos tiempos de materialismo acérrimo, el cetro de la verdad se ha retirado del sabio para dárselo a la ciencia, a la comprobación científica. Según los adeptos de la ciencia, nada es verdadero hasta que se ha comprobado objetivamente. Y yo, que nada quiero creer desde que la mirada secreta me lleva de la mano, y que sólo quiero vivir de lo que la mirada ve, me pregunto si existe la objetividad. Porque yo no la encuentro en ningún lugar.

Lo que los sentidos perciben está mediatizado por los instrumentos que tengo. Los instrumentos son idiosincrásicos. Aunque tu y yo hayamos decidido que esto es una mesa, yo no sé lo que tú percibes, no sé si es lo mismo que lo que yo percibo. Aunque hayamos decidido que este sonido es un do mayor, yo no sé si lo que tu oyes es lo mismo que lo que yo oigo. Y así. Además, los instrumentos en sí también están en constante cambio y si no, pregúntaselo a mis ojos que ya no ven como veían.

Por otro lado, aquello que percibo está cambiando a cada segundo. La luz, los átomos que componen lo que percibo, el movimiento en el tiempo -el envejecimiento, …- , todos los factores que componen el objeto de mi percepción, están cambiando.

Además cuando percibo un objeto, nunca lo percibo aisladamente, sino que

mi mente procesa el objeto y su contexto, inseparablemente.

Sin que yo me dé cuenta, la inteligencia de la vida hace que yo perciba siempre a nivel relacional. Y eso también influye en la percepción de este yo particular, de esta sociedad particular, etc. Esto quiere decir que yo no sería este “yo” que creo ser si me separara del contexto. Por no ser, no sería ni un ser humano. Tanto que creo ser algo separado….

La mirada me jalea para que siga mirando. Uy, me quejo un poco, porque yo de neurología, de física, de ciencias no sé nada… Es igual, dice la mirada, tú sigue mirando. El ver es el ámbito de la sabiduría, dice la mirada traviesa…

Bueno. Pues entonces, tal como parece, la realidad, la realidad como tal,

lo real no está en lo que la mente percibe,

no está en lo que los sentidos perciben. Además, si estuviera en lo que los sentidos perciben, si yo percibo la realidad, ¿dónde quedaría yo? ¿quedaría fuera de la realidad? No puede ser. Ese “yo” tiene que formar parte de la realidad de alguna manera…

Esto a lo que yo llamo “realidad” es una realidad subjetiva. Parece que cuando nos ponemos de acuerdo en llamarla X, entonces se convierte en una realidad objetiva, pero si lo miramos bien, es solo un acuerdo. Entonces,

¡estamos llamando “realidad” a un acuerdo!

Por eso los sabios dicen que lo que nosotros llamamos realidad es una ilusión. No porque la realidad no sea real, sino porque estamos superponiendo a la realidad verdadera nuestros acuerdos humanos.

¡Ahora lo comprendo!

Ver lo relativo como relativo: ver que a lo que hasta ahora había llamado “realidad” es algo relativo a mis sentidos, a mi mente y a los acuerdos que he asumido.

No dar a lo relativo el valor de lo Absoluto: Vivir esta realidad relativa como tal, sin pretender que esa Es la Realidad Real :)

Quizá este sea un buen camino para descubrir la verdad.

¡Feliz Ahora!

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Preguntas y respuestas

IMG_5400  “Entréme donde no supe;
      y quedéme no sabiendo,
        toda ciencia trascendiendo.”
Juan de la Cruz
Un día de quietud fresca y nítida, la Mirada Secreta y yo andábamos paseando y a nuestras narices llegó el aroma dulzón de un algo. Inmediatamente se formó una pregunta dentro de mí. ¿A qué era debido ese olor? La Mirada, siempre al acecho, me hizo ver cómo mi mente se ponía a hipotetizar sobre ese algo: “podría ser el olor de una alga extraña… no, no. Seamos realistas. Seguramente es el aroma que viene con la brisa del camping más cercano… Si. Sí. Es eso”. Y con este pensamiento tan racional y tan cabal di por sentada la respuesta al enigma y seguí el paseo tan felizmente.
¡Ah, la mirada! ¡Cuánto iba a enseñarme a raíz de este episodio!
Poquito a poco,a lo largo de muchos días, el canto susurrado de la Mirada Secreta encendió una nueva investigación sobre las preguntas y las respuestas en este corazón entregado… Ahí os dejo lo que por ahora ha ido cantando la dulce mirada.
Cuando se desvela una pregunta en nosotros, una pregunta profunda, de esas trascendentes que nos acucian -y que no parece que ni pensadores ni científicos de todos los tiempos hayan podido responder definitivamente-, casi siempre lo que hacemos es tratar de hallar una respuesta.
Pero, a una pregunta que está más allá de lo racional, tratamos de contestarla con la mente racional. ¿Es eso posible? No parece que lo haya sido hasta hoy. La mirada ve que cualquier respuesta siempre será dada por la mente racional, la mente condicionada y vieja. Y esa respuesta será una respuesta que en sí invalidará todas las demás respuestas, porque si no lo hiciera, ya no sería la verdadera. Pero lo cierto es que si me mueve el amor a la Verdad, la sinceridad me hará responder siempre con un “no sé”. Entonces, ¿es ese el camino de la Verdad? ¿Buscar respuestas?…
Tampoco nos planteamos si la pregunta es la adecuada, es la pregunta-clave. Y, súbitamente, veo que ¡nunca me he planteado de donde vienen las preguntas!
¿Alguna vez te has planteado de dónde surgen las preguntas?
En vez de hacer la investigación sobre la respuesta posible, la podría hacer sobre el origen de la pregunta…. la pregunta-origen, que sería aquella pregunta que nos coloca en un lugar de incertidumbre, de inquietud, de movimiento interno intenso que ya no tiene ninguna otra pregunta precediéndola. Y frente a esa pregunta honda, profunda, nos podemos quedar allí contemplando la pregunta, solo la pregunta y dejando que esa pregunta haga un camino en nosotros…
Pero lo que solemos hacer, incluso en los ámbitos más trascendentales del ser humano, es volcarnos directamente en buscar la respuesta. ¿Por qué? Porque
damos más importancia a la respuesta que a la pregunta.
Claro que preguntamos para obtener una respuesta. Nos creemos que la investigación es la que se hace después de la pregunta, es lo que puede seguir a la pregunta. Sin embargo la mirada que nada conoce y todo mira por primera vez, anda estos días preguntándose si la verdadera respuesta a las preguntas no estará encerrada en la propia pregunta, o ¡quizá sea previa a la pregunta!…
La pregunta es como el olor del pastel en el alféizar de la ventana, que se diluye, no se ve y llega a sitios muy lejanos hasta la nariz del buscador. Y el olor le guía hasta su Origen.
La respuesta a una pregunta profunda podría estar escondida en la misma pregunta. De alguna manera podemos quedarnos solo con la pregunta sin tratar de encontrar una respuesta en la mente. Empaparnos de la pregunta, saborear la pregunta en sí. Y en ese inundarnos en la pregunta, quizá descubramos -no verbalmente ni racionalmente-, la verdad que hay escondida dentro de la pregunta. Cuando yo me sumerjo en la pregunta encuentro ese aroma de lo Verdadero.
En el caso de las preguntas profundas,
la pregunta es la que contiene el propio tesoro,
como la ostra contiene la perla. La pregunta no se puede desechar, sino que cuando la pregunta florece en uno, se convierte en sí misma en la respuesta, en la perla. Y cuando vives plenamente la pregunta, la respuesta jamás es una respuesta cerrada que deja afuera cualquier otro tipo de respuestas, sino que es una respuesta abierta e infinita, en la que uno se sumerge y en la que no hay límites. Es una respuesta infinita, ilimitada. Es un encontrar dentro de la pregunta el aroma de la Verdad. Y la Verdad lo incluye todo, nada deja fuera.
En el Origen de la pregunta están todas las respuestas, con tal claridad que en el Origen ya no hay preguntas…
Y al Origen llegamos remontándonos pregunta a pregunta y no persiguiendo ninguna respuesta.
La mirada secreta me acucia a ver de dónde brota la pregunta. Y si surge de otra pregunta más fundamental, mirar de donde brota esa… Al final hay una pregunta que ya no sabemos de donde brota. Ese es el Origen. Allí sólo podemos estar en silencio. Allí no somos nosotros quienes hemos de buscar. Allí solo podemos ser encontrados.
Quizá no se trate de hallar una respuesta sino de ser hallado…
Sumerjamonos en el Origen de las preguntas y quedémonos Allí.
¡Feliz Ahora!
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El milagro de la neutralidad y las tormentas del yo.

Allí donde vive la neutralidad, el amor no tiene contrario.

La mirada secreta

 

 

La neutralidad y el amor verdadero son inseparables.

La neutralidad, la santa indiferencia -como la llama una brillante alma de fuego-, es vivir las cosas como son, sin etiquetarlas.

Es Ver, sin juzgar.

Es Comprender por empatía, por compasión. Instantaneamente. Inspiradamente.

Porque todos los seres humanos deseamos la felicidad y el amor. Y si pudiéramos elegir,

si pudiéramos ir más allá de nuestros condicionamientos, jamás crearíamos sufrimiento, ni lo sentiríamos.

Desde la razón suena utópico (la razón, bandera preñada de juicios relativos -todos condicionados- que esgrime como absolutos…) Y es normal que así sea, dado que la neutralidad no vive en la casa de la razón.

La razón es a la neutralidad, lo que la noche y el día al sol.

Desde el yo psicológico, cargadito de carencias y miedos, frágil por irreal, identidad fantasma vivida como única realidad, la neutralidad incluso se puede vivir como un complejo de superioridad, o de distancia y poca implicación. Y es normal que así sea, porque la neutralidad no vive en la casa de ese pequeño “yo” que tan fieramente defendemos, incluso por encima de los que más queremos.

Desde el espacio infinito de la neutralidad, nada se vive autorreferenciado.

Nunca nadie te hace nada. Igual que cae el aguacero sobre mi, caen los chaparrones de mis congéneres sobre mi y eso nada tiene que ver conmigo. Y de la misma manera, siguiendo las mismas leyes, a veces es este pequeño yo el que llueve sobre otros.

Creemos que cuando nos llueven encima, tenemos el derecho de responder con lluvia, con granizo, con rayos, a veces con silencios que amenazan huracanes… Pero no es cierto. No tenemos ningún derecho. Solo ocurre que hacemos caso de nuestro pequeño yo, tan frágil, que siempre está pidiendo amor incondicional, aunque él jamás lo podrá dar, -porque el amor incondicional no vive aquí tampoco. Vive donde vive la neutralidad-. Desde este lugar inventado, exigimos que nos traten siempre bien y cuando somos nosotros que tratamos mal, hacemos una excursión a la casa de la razón y nos presta unos cuantos truenos que nos atrincheran en nuestro, aparentemente, ego herido.

Donde vive la neutralidad, en ese espacio infinito, las tormentas de los egos se ven, y no hay tu ni yo, son egos y los egos funcionan así. La neutralidad vive encima de las nubes, allí donde siempre luce el sol y el aire es transparente.

Descubramos donde vive la neutralidad, tanto si hay tormentas como si no.

Dejemos de vender y defender un “yo” que no es más que un compendio de creencias condicionadas.

Dejemos de llenarnos de razones que sólo fomentan el sufrimiento.

¡Y que ningún clima emocional nos aparte del camino!

Feliz Ahora

*foto cedida por ikibcn.com 

 

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LOS MALES DEL MUNDO

IMG_2545“La noche nunca será algo real para el sol”

La Mirada Secreta

Cuando mis hijos eran adolescentes, dormían mucho. La sociedad me había enseñado que los adolescentes son unos vago, pero no encajaba. Entonces me planteé si eso era verdad…Recordé que yo también tenía mucho sueño cuando era adolescente. Yo y todos mis hermanos, amigos y conocidos de esas edades. Vi que los bebés también duermen mucho. Y a nadie se les ocurre tacharles de perezosos. Vi que en la adolescencia se producen unos cambios corporales enormes en muy poco tiempo –muy parecido a lo que le ocurre al bebé, ¿verdad?-. Y aún sin conocer pruebas científicas, concluí que los adolescentes duermen mucho porque lo necesitan por todos los procesos corporales que están viviendo.

Ese cambio de comprensión tuvo sus consecuencias. De hecho, fue una gran fortuna para mis hijos, porque nadie les obligó a levantarse pronto los fines de semana :) y, a pesar de los miedos, nunca se quedaron durmiendo en la cama en los días de estudio y trabajo. De hecho, nunca se les tuvo que despertar pues ellos asumían esa responsabilidad. Ningún rastro de pereza…

Eso es lo que puede ocurrir cuando cambiamos la comprensión. Eso es lo que la mirada secreta nos va regalando una y otra vez cuando estamos abiertos a una nueva manera de ver, cuando somos capaces de dejar de creer nada y estamos dispuestos a descubrir, simplemente mirando por primera vez.

Y eso es lo que me enseñó un día la mirada, cuando los males del mundo se me venían encima…

La mirada secreta empezó contundente, como suele…

Todos nuestros males surgen de una sensación de carencia.

Todos los “pecados” como la codicia, la envidia, los celos, nos sobrevienen porque pensamos que nos falta algo que tienen los demás, porque sentimos que nos falta algo para ser felices, porque creemos que teniendo lo que no tenemos seremos más respetados, más amados, más valorados y lo necesitamos porque no nos sentimos lo suficientemente respetados, amados o valorados…

Lo mismos ocurre con todas las emociones negativas –la angustia, la tristeza, el miedo, el aburrimiento-. En todas esas emociones, el denominador común es la sensación de carencia, de incompletitud, de pérdida… La angustia surge de no conocer, de no controlar. La tristeza de sentir que hemos perdido algo. El miedo de no saber qué hacer frente a algo que vivimos como una amenaza. El aburrimiento de no tener motivación. Siempre son emociones que reclaman “algo” que supuestamente no tenemos.

Pues bien. Si todos los males surgen de una sensación de carencia, -continuó la mirada-, ¿por qué no nos planteamos la propia sensación de carencia en vez de intentar arreglar nuestros males y por ende, los del mundo?

Investigando esta sensación de carencia, podría ser que la tuviéramos por que quien creemos ser, no somos. Y

quien creemos ser no  nos puede satisfacer nunca por ser una idea falsa.

Y por eso, siempre estamos con esta permanente sensación de que nos falta algo, nuestra verdadera identidad.

¡Madre mía! Si eso fuera así, como dice la mirada, podría darse que si todos nuestros esfuerzos no fueran dirigidos a arreglar esas “oscuridades” sino que fueran dirigidos a descubrir quienes somos, quizás la sensación de carencia desaparecería y con ello, desaparecerían todos los males del mundo…

La mirada secreta no me deja ver esto como una utopía, sino como ¡nuestra única salida! ¡Mil gracias, mirada!

Es una manera de ver diferente. Vamos bien :)

¡Feliz Ahora!

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