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Cómo investigar

 

Ver la Verdad es Ser la Verdad.

Consuelo Martín

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Para investigar de verdad la Verdad de todo y todos, necesitamos desprendernos de lo que creemos saber. Investigar sobre la Realidad se parece más a una investigación de campo en el que la observación neutral hace su trabajo, sin hipótesis ni resultados. Sólo ver.

Sólo escuchar lo que el Ver nos enseña.

Ver y escuchar requieren de lo mismo dentro nuestro. Requieren del silencio de lo conocido, una atención vacía de contenidos. En el ver y en el escuchar no hay nadie viendo y escuchando, porque cuando escuchamos o miramos de verdad, no hay nadie pensando. No hay pensamientos que estén diciendo “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Solo hay ese ver y ese escuchar. Ahí es donde se realiza el atisbo de la Verdad, “verdad” sinónimo de “realidad”.

El ver y el escuchar puros, sin juicios sobre lo que se está percibiendo, es una actitud de plena atención totalmente despierta en una mente totalmente pasiva. Se parece mucho a mirar un paisaje en donde la mirada se abre sin ningún esfuerzo, sin que quede fijada a nada en concreto.

Es un  ver que se siente, pero no emocionalmente. Es un escuchar que comprende, pero no mentalmente.

No hay verdad en lo concreto, porque lo concreto siempre es una parte  que se separa del todo. Por eso, la verdad nunca está en la respuesta. La verdad está en la colocación de la mirada.

Es la pregunta la que nos conduce a la Verdad, no la respuesta.

Y en cambio el buscador busca respuestas, respuestas concretas, porque busca desde la mente concreta. Y cualquier respuesta es la muerte de la Verdad porque

la Verdad es infinita y ni deja nada fuera ni puede encerrarse en respuesta alguna.

Y son las respuestas las que montan escuela, las que crean doctrinas, las que separan y enfrentan.

La verdad no vive en ningún sitio concreto. No se la puede buscar en ningún sitio. La verdad no hace desaparecer lo concreto sino que hace ver lo concreto en su justa medida, como algo relativo, como algo aparente. En la verdad no hay un yo separado. Es atraBesando lo concreto cuando encuentras lo infinito de lo que no se puede hablar.

La verdad es intangible y sin embargo es de una contundencia que está más allá de cualquier posibilidad de duda. Por eso ver la Verdad no conduce nunca a la necesidad de defenderla. Porque sólo defendemos aquello sobre lo que dudamos.

El buscador va acumulando y coleccionando respuestas y va modificando lo concreto aparentemente adaptado a la verdad, hasta que un día se da cuenta de que la Verdad no está en lo visto sino en la mirada que ve.

¡Bendita mirada!

¡Feliz Ahora!

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Sobre las emociones

Las emociones se crean en el corazón de la mente. Los sentimientos, en el corazón del alma.

La mirada secreta

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Hablan las modas que las emociones hay que saberlas gestionar… ¡Gestionar! Como si fueran los dineros del banco. Y, ¿sabes por qué hablamos así? Porque la mente se cree que es el emperador y que todo puede manipular. Pobre mente que no se da cuenta que igual que esclaviza a la persona, ella misma está esclavizada por sus programas, condicionamientos y plantillas de corrección, que no paran de manipularla a cada instante. Pobre mente, invadida de creencias. Ni sus opiniones son suyas…

Queremos que la mente gestione las emociones, cuando pensamientos y emociones son inseparables. Queremos que la mente gestiones las emociones, pero solo las negativas. Porque queremos tener emociones positivas. Positivo. Negativo. Eso mismo ¿acaso no son dos caras de la misma moneda?

Entonces, la mirada secreta me pregunta:
-¿En serio crees que las emociones son tuyas? Si las emociones fueran tuyas, seguro que solo sentirias cosas bonitas y alegres… Pero no. Las emociones campan a sus anchas y tu estas ahí sintiendolas con total sumisión. Date cuenta de que eres tu que estás siendo de las emociones y no al revés.

Las emociones no son tuyas. Tu eres de las emociones. Son tus dueñas.

-Entonces ¿qué puedo hacer para no sufrirlas?- le pregunto.

Pues desde esta creencia, lo único que te queda es rebelarte a semejante jefe, a ese yo emocional que no te deja vivir en paz. Y así lo haces. Peleas contra todas las emociones que no quieres tener. Y ¿qúe hacen ellas? Hacerse más fuertes, como es de esperar, exactamente como ocurriría si te rebelaras contra tu jefe. Tu jefe se alzaría con todo su poder en contra de ti. Así que esta lucha en contra no parece un buen camino…
La mirada secreta. Siempre nueva, ve con la inocencia del no saber, sin ideas preconcebidas. La mirada que ve desde el origen, sin dar nada por hecho. Va allí donde se crea el problema y mira. ¿Dónde empieza? Y ve que el origen del sufrimiento que nos producen las emociones está en creernos que tienen poder, en creernos que son nuestras y que además son verdaderas, reales… Y es en todas estas creencias en donde se fragua el sufrimiento emocional. Pero si podemos descubrir otra forma de ver, todo cambia.

Creo que las emociones son mías, son reacciones a algo real y son poderosas.

En el caso del jefe que me hace la vida imposible y frente al que me estoy rebelando con la consecuencia de que él está usando todo su poder en contra de mi rebeldía, ¿qué pasaría si yo descubriera que esa persona no es mi jefe? ¿Seguiría con la revolución?
Los pensamientos psicológicos son los que interpretan, los pensamientos que enjuician al mundo, a las personas, a nosotros mismos. Y las emociones a las que nos referimos son el resultado de estos pensamientos y, a su vez, las generadoras de esos pensamientos. Tanto unos como otros son mecánicos, automáticos, programados. Y lo se porque la mirada secreta los ha mirado y comprendido (y este es el principio de la liberación). Al observarlos, siempre suelen ser los mismos movimientos psicológicos en las mismas situaciones. No son pensamientos ni emociones nuevos sino repetitivos y cansinos. Y la mirada también me muestra cómo van a su aire, ¡independientemente de mi! También sé que son temporales, que acaban por desaparecer tal como aparecieron.

La emoción es automática y sólo se convierte en problema cuando entra el pensamiento.

-Fíjate -dice la mirada- como en la naturaleza los animales también expresan emociones pero nunca se convierten en estados emocionales porque sus mentes no empiezan a crear un relato en torno a la emoción. Entre los animales, la emoción se vive y se resuelve sin dejar residuos. En los animales, las emociones “son”. Y no son ni negativas ni positivas. En cambio en los humanos, lo que acaba dañando son todos los residuos emocionales que son provocados por el pensamiento. La emoción se convierte en negativa cuando el pensamiento la alimenta y alimenta hasta hacerla engordar tanto que eclipsa cualquier vivencia del instante.

-No se puede evitar la emoción pimera, pero ¿si que se podrá hacer algo para que no se convierta en una fuente de sufrimiento? – le pregunto viendo con total claridad como funcionan.

Si la solución para dejar de sufrirlas no está en tratar de acabar con ellas, ¿que podemos hacer? La sabiduría ancestral habla de dejar que las emociones sigan su curso sin que nosotros tratemos de desviarlas o eliminarlas, sino acogiéndolas y dándoles el espacio que necesiten. Siento que hay verdad en eso pero hasta ahora no sabía cómo hacerlo.
Y en estas la mirada secreta me enseña una escena: la de la madre que va a consolar a su pequeño cuando este despierta llorando y asustado por un mal sueño. La madre abraza al niño, le tranquiliza sin prisa, dejando que se vaya calmando poco a poco, desde la paz de saber que la causa de sufrimiento del niño no es real..
Pues ya está. Me imagino como esa madre, y la emoción como ese niño. Y ya sé que hacer…

Pero no se acaba aquí…  De lo más profundo, la mirada me descubre siendo el espacio sin fronteras en donde todo aparece (incluidas las emociones). Y ahora, cuando aparece una emoción, la sé dejar ser mientras yo me vivo ese espacio infinito en el que todo cabe…

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Dos niveles de actuación para una misma vivencia. Y ninguno de ellos hace lo que la mente querría, luchar en contra de la emoción o alimentarla con sus interpretaciones.

¡Feliz Ahora!

 

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La formación de un pensamiento

foto-pensamientoLa sabiduría hace su trabajo cuando el pensamiento calla.

La mirada secreta

Silencio.

Dime mirada secreta, ¿de dónde salen los pensamientos? Porque en el silencio de tu presencia, veo las cosas que piensa la mente y me doy cuenta de que ni las he escogido yo ni sé de dónde salen.

Yo no elijo los pensamientos que tengo

Y sin embargo, hasta ahora los había tomado como míos y les había hecho mucho caso. Tanto caso que de hecho, esas cosas que son los pensamientos eran mis jefes, quienes llevaban las riendas. Los pensamientos llevaban las riendas de todo. De todo: de las decisiones que parecía que tomaba yo… de los juicios que parecían mios… de las emociones que parecían mías… de los recuerdos que parecían míos… de los deseos que parecían míos… de los temores que parecían míos… de mi persona… de mi vida.

Lo que pensaba la mente llevaba las riendas de todo.

Hasta que en tu silencio, dulce mirada, me di cuenta de que los pensamientos no son míos porque yo no los he escogido. Si los pudiera escoger ¡qué pensamientos más bellos tendría! Sólo tendría pensamientos llenos de amor, de felicidad, de belleza que irían siempre a mi favor, a tu favor. Pero ¡que va! Son tantos pensamientos cada día, tantos y tan variopintos.

Bueno. Pues si no son mios, ¿por qué voy a seguir obedeciéndolos? ¿Puedo vivir sin hacer caso a los pensamientos?

En los primeros tiempos pensaba que eso era imposible. Pero, claro, todavía no había visto que eso -pensar que era imposible- también era en sí un pensamiento.  Cuando vi que estaba pensando sobre los pensamientos me quedé en un estado de perplejidad tan grande que se me cortocircuitó la mente. Y ahí es cuando sucedió…

Desde el imperturbable silencio que tanto arropa al alma en su periplo, andaba un buen día la mirada secreta en su quietud infinita, haciendo un tour turístico por los miles de caminitos y rincones neuronales que entretejen y estructuran el palacio mental (mmmm, quizás sería más adecuado llamarle “museo” en vez de “palacio”, porque todo allí es un poquito viejo). La mirada secreta, como siempre, observaba virgen de conocimiento alguno. Y vio de donde surgen los pensamientos.

… Era como un magma indiferenciado de materia extraña. Un magma muy espeso, como un mar de lava. A veces brotaban burbujas desde el fondo hacia la superficie de la mente. Unas eran grandes y otras más pequeñas. Era impredecible saber por donde saldrían. Y algunas de ellas se inflaban cada vez más hasta que la tensión que soportaban las hacía estallar. ¡Pam! Y ese estallido era una impresión mental, lo que llamamos un pensamiento…

Después de aquella visión tan vivida como el aire que respiro, la mirada me ha seguido enseñando como se construyen los pensamientos.

En el momento del estallido, el cerebro registra esta impresión, este pensamiento que todavía no se ha formulado en lenguaje alguno pero que ya se sabe lo que va a decir -como cuando llega alguien conocido con cara de pocos amigos y tu levantándole la mano, le dices que no te diga lo que ya sabes que te va a decir-.

El siguiente paso en la formación del pensamiento es ponerle palabras, lenguaje. Eso sucede por aprendizaje. La impresión puede ser una y la interpretación de esa impresión podría ser muy variada. Según la programación mental de cada uno, esa impresión primera es traducida a un lenguaje concreto y ¡ya está! Ya tenemos el pensamiento totalmente formado.

Bueno, aunque suene extraño, así me lo hizo ver la mirada secreta. Así lo vivo ahora. Y lo que sucede es que cuando siento esa burbuja que estalla, esa impresión mental, en vez de dejar que siga su curso y que se formule en palabras, si le veo cara de pocos amigos, le “levanto la mano” y le digo “hasta aquí has llegado”. Realmente siento que ahora dejo a los pensamientos con la palabra en la boca.

La sorpresa es que, conforme he empezado a mandar yo, el reinado de la mente es cada vez más débil. Digamos que la burbuja ha de ser realmente grande para que me abduzca.

La libertad de vivir desde otro sitio se hace cada vez más presente. Y con ella, viene la paz, se agranda el corazón y se va convirtiendo uno en la propia vida, ya sin distinción.

Gracias a la mirada. Así si.

¡Feliz Ahora!

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¿Dónde está la realidad?

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 El científico sigue hoy las huellas que el sabio dejó ayer.

La mirada secreta

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Ayer mi hijo, que sabe que no nos enteramos de mucho de lo que pasa en el mundo, nos enseñó la foto de un vestido que ha captado la atención del mundo internauta y nos preguntó de qué color lo veíamos. Uno lo vio blanco y dorado y el otro lo vio azul y negro. Y ante la perplejidad de las mentes, la mirada secreta sonrió tan ampliamente que en su sonrisa nos atrapó a los tres.

Mi hijo nos explicó que una tercera parte del mundo lo ve de un color, y el resto lo ve del otro color. Y esto es debido a la interpretación que hace el cerebro de cada uno de nosotros, no solo con respecto al vestido en sí, sino en relación con el fondo, la luz que refleja, etc. Así que el resultado de lo que yo veo no es lo que es, sino la combinación relacional de una serie de percepciones visuales junto con los conceptos que ya tengo grabados en mi mente.

Y la mirada secreta afirma lo que siempre ha sabido:

lo que yo llamo “realidad” es una creación mental subjetiva.

En estos tiempos de materialismo acérrimo, el cetro de la verdad se ha retirado del sabio para dárselo a la ciencia, a la comprobación científica. Según los adeptos de la ciencia, nada es verdadero hasta que se ha comprobado objetivamente. Y yo, que nada quiero creer desde que la mirada secreta me lleva de la mano, y que sólo quiero vivir de lo que la mirada ve, me pregunto si existe la objetividad. Porque yo no la encuentro en ningún lugar.

Lo que los sentidos perciben está mediatizado por los instrumentos que tengo. Los instrumentos son idiosincrásicos. Aunque tu y yo hayamos decidido que esto es una mesa, yo no sé lo que tú percibes, no sé si es lo mismo que lo que yo percibo. Aunque hayamos decidido que este sonido es un do mayor, yo no sé si lo que tu oyes es lo mismo que lo que yo oigo. Y así. Además, los instrumentos en sí también están en constante cambio y si no, pregúntaselo a mis ojos que ya no ven como veían.

Por otro lado, aquello que percibo está cambiando a cada segundo. La luz, los átomos que componen lo que percibo, el movimiento en el tiempo -el envejecimiento, …- , todos los factores que componen el objeto de mi percepción, están cambiando.

Además cuando percibo un objeto, nunca lo percibo aisladamente, sino que

mi mente procesa el objeto y su contexto, inseparablemente.

Sin que yo me dé cuenta, la inteligencia de la vida hace que yo perciba siempre a nivel relacional. Y eso también influye en la percepción de este yo particular, de esta sociedad particular, etc. Esto quiere decir que yo no sería este “yo” que creo ser si me separara del contexto. Por no ser, no sería ni un ser humano. Tanto que creo ser algo separado….

La mirada me jalea para que siga mirando. Uy, me quejo un poco, porque yo de neurología, de física, de ciencias no sé nada… Es igual, dice la mirada, tú sigue mirando. El ver es el ámbito de la sabiduría, dice la mirada traviesa…

Bueno. Pues entonces, tal como parece, la realidad, la realidad como tal,

lo real no está en lo que la mente percibe,

no está en lo que los sentidos perciben. Además, si estuviera en lo que los sentidos perciben, si yo percibo la realidad, ¿dónde quedaría yo? ¿quedaría fuera de la realidad? No puede ser. Ese “yo” tiene que formar parte de la realidad de alguna manera…

Esto a lo que yo llamo “realidad” es una realidad subjetiva. Parece que cuando nos ponemos de acuerdo en llamarla X, entonces se convierte en una realidad objetiva, pero si lo miramos bien, es solo un acuerdo. Entonces,

¡estamos llamando “realidad” a un acuerdo!

Por eso los sabios dicen que lo que nosotros llamamos realidad es una ilusión. No porque la realidad no sea real, sino porque estamos superponiendo a la realidad verdadera nuestros acuerdos humanos.

¡Ahora lo comprendo!

Ver lo relativo como relativo: ver que a lo que hasta ahora había llamado “realidad” es algo relativo a mis sentidos, a mi mente y a los acuerdos que he asumido.

No dar a lo relativo el valor de lo Absoluto: Vivir esta realidad relativa como tal, sin pretender que esa Es la Realidad Real :)

Quizá este sea un buen camino para descubrir la verdad.

¡Feliz Ahora!

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Preguntas y respuestas

IMG_5400  “Entréme donde no supe;
      y quedéme no sabiendo,
        toda ciencia trascendiendo.”
Juan de la Cruz
Un día de quietud fresca y nítida, la Mirada Secreta y yo andábamos paseando y a nuestras narices llegó el aroma dulzón de un algo. Inmediatamente se formó una pregunta dentro de mí. ¿A qué era debido ese olor? La Mirada, siempre al acecho, me hizo ver cómo mi mente se ponía a hipotetizar sobre ese algo: “podría ser el olor de una alga extraña… no, no. Seamos realistas. Seguramente es el aroma que viene con la brisa del camping más cercano… Si. Sí. Es eso”. Y con este pensamiento tan racional y tan cabal di por sentada la respuesta al enigma y seguí el paseo tan felizmente.
¡Ah, la mirada! ¡Cuánto iba a enseñarme a raíz de este episodio!
Poquito a poco,a lo largo de muchos días, el canto susurrado de la Mirada Secreta encendió una nueva investigación sobre las preguntas y las respuestas en este corazón entregado… Ahí os dejo lo que por ahora ha ido cantando la dulce mirada.
Cuando se desvela una pregunta en nosotros, una pregunta profunda, de esas trascendentes que nos acucian -y que no parece que ni pensadores ni científicos de todos los tiempos hayan podido responder definitivamente-, casi siempre lo que hacemos es tratar de hallar una respuesta.
Pero, a una pregunta que está más allá de lo racional, tratamos de contestarla con la mente racional. ¿Es eso posible? No parece que lo haya sido hasta hoy. La mirada ve que cualquier respuesta siempre será dada por la mente racional, la mente condicionada y vieja. Y esa respuesta será una respuesta que en sí invalidará todas las demás respuestas, porque si no lo hiciera, ya no sería la verdadera. Pero lo cierto es que si me mueve el amor a la Verdad, la sinceridad me hará responder siempre con un “no sé”. Entonces, ¿es ese el camino de la Verdad? ¿Buscar respuestas?…
Tampoco nos planteamos si la pregunta es la adecuada, es la pregunta-clave. Y, súbitamente, veo que ¡nunca me he planteado de donde vienen las preguntas!
¿Alguna vez te has planteado de dónde surgen las preguntas?
En vez de hacer la investigación sobre la respuesta posible, la podría hacer sobre el origen de la pregunta…. la pregunta-origen, que sería aquella pregunta que nos coloca en un lugar de incertidumbre, de inquietud, de movimiento interno intenso que ya no tiene ninguna otra pregunta precediéndola. Y frente a esa pregunta honda, profunda, nos podemos quedar allí contemplando la pregunta, solo la pregunta y dejando que esa pregunta haga un camino en nosotros…
Pero lo que solemos hacer, incluso en los ámbitos más trascendentales del ser humano, es volcarnos directamente en buscar la respuesta. ¿Por qué? Porque
damos más importancia a la respuesta que a la pregunta.
Claro que preguntamos para obtener una respuesta. Nos creemos que la investigación es la que se hace después de la pregunta, es lo que puede seguir a la pregunta. Sin embargo la mirada que nada conoce y todo mira por primera vez, anda estos días preguntándose si la verdadera respuesta a las preguntas no estará encerrada en la propia pregunta, o ¡quizá sea previa a la pregunta!…
La pregunta es como el olor del pastel en el alféizar de la ventana, que se diluye, no se ve y llega a sitios muy lejanos hasta la nariz del buscador. Y el olor le guía hasta su Origen.
La respuesta a una pregunta profunda podría estar escondida en la misma pregunta. De alguna manera podemos quedarnos solo con la pregunta sin tratar de encontrar una respuesta en la mente. Empaparnos de la pregunta, saborear la pregunta en sí. Y en ese inundarnos en la pregunta, quizá descubramos -no verbalmente ni racionalmente-, la verdad que hay escondida dentro de la pregunta. Cuando yo me sumerjo en la pregunta encuentro ese aroma de lo Verdadero.
En el caso de las preguntas profundas,
la pregunta es la que contiene el propio tesoro,
como la ostra contiene la perla. La pregunta no se puede desechar, sino que cuando la pregunta florece en uno, se convierte en sí misma en la respuesta, en la perla. Y cuando vives plenamente la pregunta, la respuesta jamás es una respuesta cerrada que deja afuera cualquier otro tipo de respuestas, sino que es una respuesta abierta e infinita, en la que uno se sumerge y en la que no hay límites. Es una respuesta infinita, ilimitada. Es un encontrar dentro de la pregunta el aroma de la Verdad. Y la Verdad lo incluye todo, nada deja fuera.
En el Origen de la pregunta están todas las respuestas, con tal claridad que en el Origen ya no hay preguntas…
Y al Origen llegamos remontándonos pregunta a pregunta y no persiguiendo ninguna respuesta.
La mirada secreta me acucia a ver de dónde brota la pregunta. Y si surge de otra pregunta más fundamental, mirar de donde brota esa… Al final hay una pregunta que ya no sabemos de donde brota. Ese es el Origen. Allí sólo podemos estar en silencio. Allí no somos nosotros quienes hemos de buscar. Allí solo podemos ser encontrados.
Quizá no se trate de hallar una respuesta sino de ser hallado…
Sumerjamonos en el Origen de las preguntas y quedémonos Allí.
¡Feliz Ahora!
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El milagro de la neutralidad y las tormentas del yo.

Allí donde vive la neutralidad, el amor no tiene contrario.

La mirada secreta

 

 

La neutralidad y el amor verdadero son inseparables.

La neutralidad, la santa indiferencia -como la llama una brillante alma de fuego-, es vivir las cosas como son, sin etiquetarlas.

Es Ver, sin juzgar.

Es Comprender por empatía, por compasión. Instantaneamente. Inspiradamente.

Porque todos los seres humanos deseamos la felicidad y el amor. Y si pudiéramos elegir,

si pudiéramos ir más allá de nuestros condicionamientos, jamás crearíamos sufrimiento, ni lo sentiríamos.

Desde la razón suena utópico (la razón, bandera preñada de juicios relativos -todos condicionados- que esgrime como absolutos…) Y es normal que así sea, dado que la neutralidad no vive en la casa de la razón.

La razón es a la neutralidad, lo que la noche y el día al sol.

Desde el yo psicológico, cargadito de carencias y miedos, frágil por irreal, identidad fantasma vivida como única realidad, la neutralidad incluso se puede vivir como un complejo de superioridad, o de distancia y poca implicación. Y es normal que así sea, porque la neutralidad no vive en la casa de ese pequeño “yo” que tan fieramente defendemos, incluso por encima de los que más queremos.

Desde el espacio infinito de la neutralidad, nada se vive autorreferenciado.

Nunca nadie te hace nada. Igual que cae el aguacero sobre mi, caen los chaparrones de mis congéneres sobre mi y eso nada tiene que ver conmigo. Y de la misma manera, siguiendo las mismas leyes, a veces es este pequeño yo el que llueve sobre otros.

Creemos que cuando nos llueven encima, tenemos el derecho de responder con lluvia, con granizo, con rayos, a veces con silencios que amenazan huracanes… Pero no es cierto. No tenemos ningún derecho. Solo ocurre que hacemos caso de nuestro pequeño yo, tan frágil, que siempre está pidiendo amor incondicional, aunque él jamás lo podrá dar, -porque el amor incondicional no vive aquí tampoco. Vive donde vive la neutralidad-. Desde este lugar inventado, exigimos que nos traten siempre bien y cuando somos nosotros que tratamos mal, hacemos una excursión a la casa de la razón y nos presta unos cuantos truenos que nos atrincheran en nuestro, aparentemente, ego herido.

Donde vive la neutralidad, en ese espacio infinito, las tormentas de los egos se ven, y no hay tu ni yo, son egos y los egos funcionan así. La neutralidad vive encima de las nubes, allí donde siempre luce el sol y el aire es transparente.

Descubramos donde vive la neutralidad, tanto si hay tormentas como si no.

Dejemos de vender y defender un “yo” que no es más que un compendio de creencias condicionadas.

Dejemos de llenarnos de razones que sólo fomentan el sufrimiento.

¡Y que ningún clima emocional nos aparte del camino!

Feliz Ahora

*foto cedida por ikibcn.com 

 

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LOS MALES DEL MUNDO

IMG_2545“La noche nunca será algo real para el sol”

La Mirada Secreta

Cuando mis hijos eran adolescentes, dormían mucho. La sociedad me había enseñado que los adolescentes son unos vago, pero no encajaba. Entonces me planteé si eso era verdad…Recordé que yo también tenía mucho sueño cuando era adolescente. Yo y todos mis hermanos, amigos y conocidos de esas edades. Vi que los bebés también duermen mucho. Y a nadie se les ocurre tacharles de perezosos. Vi que en la adolescencia se producen unos cambios corporales enormes en muy poco tiempo –muy parecido a lo que le ocurre al bebé, ¿verdad?-. Y aún sin conocer pruebas científicas, concluí que los adolescentes duermen mucho porque lo necesitan por todos los procesos corporales que están viviendo.

Ese cambio de comprensión tuvo sus consecuencias. De hecho, fue una gran fortuna para mis hijos, porque nadie les obligó a levantarse pronto los fines de semana :) y, a pesar de los miedos, nunca se quedaron durmiendo en la cama en los días de estudio y trabajo. De hecho, nunca se les tuvo que despertar pues ellos asumían esa responsabilidad. Ningún rastro de pereza…

Eso es lo que puede ocurrir cuando cambiamos la comprensión. Eso es lo que la mirada secreta nos va regalando una y otra vez cuando estamos abiertos a una nueva manera de ver, cuando somos capaces de dejar de creer nada y estamos dispuestos a descubrir, simplemente mirando por primera vez.

Y eso es lo que me enseñó un día la mirada, cuando los males del mundo se me venían encima…

La mirada secreta empezó contundente, como suele…

Todos nuestros males surgen de una sensación de carencia.

Todos los “pecados” como la codicia, la envidia, los celos, nos sobrevienen porque pensamos que nos falta algo que tienen los demás, porque sentimos que nos falta algo para ser felices, porque creemos que teniendo lo que no tenemos seremos más respetados, más amados, más valorados y lo necesitamos porque no nos sentimos lo suficientemente respetados, amados o valorados…

Lo mismos ocurre con todas las emociones negativas –la angustia, la tristeza, el miedo, el aburrimiento-. En todas esas emociones, el denominador común es la sensación de carencia, de incompletitud, de pérdida… La angustia surge de no conocer, de no controlar. La tristeza de sentir que hemos perdido algo. El miedo de no saber qué hacer frente a algo que vivimos como una amenaza. El aburrimiento de no tener motivación. Siempre son emociones que reclaman “algo” que supuestamente no tenemos.

Pues bien. Si todos los males surgen de una sensación de carencia, -continuó la mirada-, ¿por qué no nos planteamos la propia sensación de carencia en vez de intentar arreglar nuestros males y por ende, los del mundo?

Investigando esta sensación de carencia, podría ser que la tuviéramos por que quien creemos ser, no somos. Y

quien creemos ser no  nos puede satisfacer nunca por ser una idea falsa.

Y por eso, siempre estamos con esta permanente sensación de que nos falta algo, nuestra verdadera identidad.

¡Madre mía! Si eso fuera así, como dice la mirada, podría darse que si todos nuestros esfuerzos no fueran dirigidos a arreglar esas “oscuridades” sino que fueran dirigidos a descubrir quienes somos, quizás la sensación de carencia desaparecería y con ello, desaparecerían todos los males del mundo…

La mirada secreta no me deja ver esto como una utopía, sino como ¡nuestra única salida! ¡Mil gracias, mirada!

Es una manera de ver diferente. Vamos bien :)

¡Feliz Ahora!

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EL PUNTO DE REFERENCIA

“Los necios niegan lo que ven, no lo que piensan; los sabios niegan lo que piensan, no lo que ven”

Huang-Po (s. IX)

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Desde el rincón más minúsculo del planeta, veo, siento, pienso, percibo, recuerdo, deseo, temo… Como todos… ¡ay no sé! ¡ya no puedo ver como veía!

-Bueno. Bueno.- consuela dulcemente la mirada secreta. -Mientras el “yo soñado” sigue viviendo su sueño, tu y yo sigamos investigando…

-Mira lo que ha pasado. Al perderse el “yo” soñado, nada es como parecía. Se ha perdido el punto de referencia, ¿lo ves?…- y así me sigue hablando la mirada secreta:

¿Qué pasaría si no hubiera ningún punto de referencia? Mejor dicho, ¿qué pasaría si no inventaras un punto de referencia?

Si no inventaras un punto de referencia no podria existir el tiempo. El tiempo existe con respecto a un punto de referencia temporal. Son las 13:11 con respecto a las 13:10 y a las 13:12. Es hoy con respecto a ayer y a mañana. Soy adulto con respecto a la juventud y a la vejez. ¿Podrían ser las 13:11 si no existiera ninguna hora más? ¿Podría ser hoy si no existieran el pasado y el futuro? ¿Podría ser adulto si no existieran otras edades?. Hoy soy un adulto a las 13:11. Todo referenciado a un punto, un punto en el tiempo que se puede colocar a lo largo del continuum temporal. Así que si sigo escribiendo mañana, mañana diría hoy y hoy sería ayer..

Si no fijo un punto de referencia, ¿que queda del tiempo? Ahora eterno

Si no inventaras un punto de referencia no podrían existir las distancias ni los volúmenes. Las cosas están lejos o cerca respecto a un punto. Son estrechas o anchas, altas o bajas, con respecto a un punto. Son planas, bidimensionales, tridimensionales, con respecto a un punto. Si no hay un punto de referencia, ¿qué quedaría de las dimensiones espaciales? El espacio sería una totalidad no medible, sin límites. Espacio infinito

Si no inventaras un punto de referencia no podría existir el movimiento. Cualquier aparente movimiento es un conjunto de gestos quietos en si mismos que surgen secuencialmente en un ¡tiempo! y se desplazan en un ¡espacio! Sin un punto de referencia espacio-temporal, no existiría el movimiento. Quietud

Si no inventaras un punto de referencia, no podrías clasificar ni etiquetar ni enjuiciar ni hacer comparaciones. Fíjate en esta bella mariposa volando, sostenida en el aire infinito, bailando, ajena a su fragilidad… Si la mariposa pensara en su fragilidad, no volaría. No podría ser mariposa. Pero, gracias a la Altísima Ingeniería, no piensa -¡o no piensa en ella misma como frágil, sino como mariposa!

También nos pasa a los seres humanos. Cuando nos pensamos así o asá, no podemos “ser” y tampoco podemos vivir, porque mientras pienso estoy fuera del ahora.

Vivir y pensar son incompatibles

Aquí estoy, atestiguando lo que la mirada secreta va dilucidando… Y entonces me susurra traviesa (le encanta ser traviesa a esta mirada escondida): -¿en algún momento has puesto en duda la fragilidad de la mariposa?- ¡Uy! ¡Se ha colado como una verdad más!. La mirada vuelve a mostrar que sólo se es “algo” con respecto a “otro algo” (se es frágil si existe robusto; se es listo si existe tonto; se es egoísta si existe altruista…) Si desaparece cualquiera de los dos “algos”, ¡el otro desaparece también!

La mirada secreta nada sabe de conceptos físicos, ni la mente que esto escribe a su dictado, más la relatividad de lo aparentemente obvio salta a la VISTA.

Y lo relativo nunca puede ser real por sí mismo. ¡Necesita de un punto de referencia para existir! La vida conocida surge toda de un punto de referencia. El universo conocido, también.

Sin un punto de referencia no existiría la realidad tal como la conocemos

¿Y que pasa con respecto a este “yo”? Pues este “yo” ha sido inventado con respecto a la miríada de etiquetas y clasificaciones que la sociedad de hoy ofrece gratuitamente (aunque es un engaño, porque pagamos un precio muy caro: ¡dejar de ser!) Todo lo que creo que me define como un individuo, es por comparación: “yo soy así en comparación con”. Este yo inventado ha sido el punto de referencia para “su” tiempo, para “su” espacio, para todas las etiquetas, juicios, para los miedos referidos siempre a un futuro que se crea desde donde el yo esta situado temporalmente, para los deseos también construidos hacia un futuro, para las culpabilidades construidas sobre un pasado que solo existe en nuestra mente. No podría haber tristeza tampoco, porque la tristeza también proviene del pasado.¿Qué emoción quedaría si no existiera un punto de referencia? Paz

Si no hubiera un punto de referencia todo sería muy distinto. Tan distinto que no es siquiera imaginable.

Y sin embargo, la mirada secreta viene de un lugar que no tiene punto de referencia.

El punto de referencia crea las vivencias, y quizá también crea el mundo tal como lo conoce esta persona. Y también crea el “yo”.

Algunos quizá están pensando que entonces el punto de referencia quizás sea Dios, tal es la necesidad del “yo” soñado de encontrar un punto, el que sea, porque si no, ¿dónde queda “yo”?

…cuando el “yo” se diluye en los aromas de lo verdadero, no hay ningún punto de referencia…

Si yo no me comparo con nada ni con nadie, si no me vivo como punto de referencia temporal y espacial, ¿qué queda de mi?

Pues eso que queda, eso soy yo.

¡FELIZ AHORA!

 

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¿Yo existo?

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Pienso, luego no existo.

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta susurra en el silencio y trae la voz de un pensamiento nunca antes formulado:

en lo más obvio se esconde la verdad

En lo más obvio… Por eso parece tan difícil encontrarla…

La mirada secreta se posa en lo más obvio y la investigación comienza… silencio… atención…no sabemos lo que puede esperarse…la mente se abre a lo nuevo…

…Parece que veo. Veo la ventana y detrás del cristal, la montaña con sus árboles y tierras. Veo los verdes de los campos todavía húmedos, los amarillos de la mimosa florecida, el oro de las piedrecillas. Veo sombras. Veo el viento en el mecer de ramas y hojas. Y también veo a este lado de la ventana, cosas (siempre me gusta más ver la creación de la naturaleza que la creación del hombre). Aparentemente, soy yo quien ve. Es mi visión.

…Parece que escribo. Mis dedos se mueven veloces por el teclado y surge la escritura en la pantalla del ordenador (siempre me ha parecido mágico). Aparentemente, soy yo quien escribe. Son mis pensamientos los que yo convierto en palabras y tecleo en mi ordenador.

…Parece que respiro. Mi pecho se infla y desinfla al paso del aire que trae consigo la posibilidad de vivir. Aparentemente, soy yo quien respira. Es mi aliento.

…Parece que siento. Siento la paz de un domingo por la mañana, en el que el trino de los pájaros y el calorcito de un sol que –aparentemente- se acerca, anuncian la llegada de la primavera. De nuevo, aparentemente soy yo quien siente. Es mi sentimiento.

Yo soy quien ve, escribe, respira y siente. Eso es lo obvio, ¿no?- le digo a la mirada con aires de duda (que ya nos conocemos). Y ella me pregunta a su vez:

-Para que esta obviedad se de, ¿qué ingredientes se necesitan?-

La respuesta es fácil. Un sujeto (que soy yo) y un objeto (que es lo otro).

Para que yo vea, se necesita algo que ver. ¿Podría decir que veo si no hubiera nada que ver?
Para que yo escriba, se necesita que los pensamientos se conviertan en palabras. ¿Podría decir que escribo si no se formaran letras sobre una superficie?
Para que yo respire, se necesita que la respiración se de. ¿Podría decir que respiro si estuviera en apnea?
Para que yo sienta, se necesita que haya un sentimiento. ¿Podría decir que siento algo si ese sentimiento no estuviera presente?

-¡Muy bien!- responde la mirada con su silencio amoroso. Y traviesa me pregunta,

-¿Has puesto tú los objetos que ves? ¿has construido tú las palabras? O mejor todavía ¿has escogido tu los pensamientos? ¿has construido tú el hecho de respirar? ¿has creado tú la paz que sientes?-

Estas preguntas producen perplejidad en la mente. Nunca antes habían sido preguntadas…

La mirada investiga mientras sigo en silencio. Y me doy cuenta que

no soy yo quien ha creado los objetos ni la acción que se da.

Lo que veo es ajeno a este “mi”. Es lo que hay. No existe eso de “mi” visión. Es “la” visión que se muestra a estos ojos. Y estos ojos ven, de forma ajena a “mi”. Gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería, los ojos ven. Son los ojos los que ven y es el cerebro el que crea la imagen, de nuevo gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería. NO SOY YO QUIEN VE NI ES MIO LO VISTO.

Lo que se escribe es ajeno a este “mi”. De hecho las palabras van surgiendo por arte de magia, de no se sabe donde (todos los escritores conocen esta sensación, que muchas veces ha sido llamada “inspiración”). Y anterior a las palabras, surgen también los pensamientos de no se sabe donde. Y si no lo ves, observa durante unos segundos tu mente a la espera de un nuevo pensamiento y verás que el pensamiento que surge nada tiene que ver contigo. Los pensamientos, las palabras son ajenos a “mi”. Y la acción de escribir se da gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería del cerebro en conjunción con el resto del cuerpo. NO SOY YO QUIEN ESCRIBE NI SON MIOS LOS PENSAMIENTOS.

La respiración se da en este cuerpo gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería de la vida. Es la vida que respira en este cuerpo. Es el oxigeno del aire que entra empujado por la vida y es la ingeniería que expulsa el anhídrido carbónico de vuelta al aire. “Yo” no tengo ni idea de cómo esto se hace. NO SOY YO QUIEN RESPIRA NI ES MIA LA RESPIRACIÓN.

La paz sentida no es una paz construida por “mi” y colocada en “su”  sitio para que este “yo” pueda sentirla. La paz sentida surge de no se donde y surge cuando quiere. No es “mi” paz. NO SOY YO QUIEN SIENTE PAZ NI ES MIA LA PAZ.

Los objetos –la visión, la escritura, la respiración, los sentimientos, los pensamientos- acontecen, surgen ajenos a este yo que creía ser…

Y finalmente, la mirada me pregunta:

-Y ¿cómo sabes de los acontecimientos que se dan?

La claridad de la respuesta fulmina las sombras y despierta una sonrisa:

Sé que veo, escribo, respiro y siento, porque ¡me doy cuenta de ello!

La mirada está feliz.

Veo con total claridad que

si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que ve, no habría ni quien ve, ni visión.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que escribe, no habría ni quien escribe, ni escrito.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que respira, no habría ni quien respira, ni respiración.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que siente, no habría ni quien siente ni sentimiento.

-Y “eso-que-se-da-cuenta” ¿que es?-

Es lo que se da cuenta que hay un viendo, escribiendo, respirando y sintiendo. SI. ¿Lo ves? ¿Ves al que está leyendo estas palabras? ¿Es el mismo “yo” el que lee estas palabras que el que se da cuenta de que estás leyendo?

Primero creía que yo era el artífice de mi vida. Creía que yo veía y que lo visto era mi visión. Creía que yo pensaba y que los pensamientos que yo tenía eran míos. Creía que yo sentía y que los sentimientos que yo sentía eran míos.

Después, la mirada secreta me mostró que si no hubiera algo que se diera cuenta (la conciencia), no existiría ni el veedor ni lo visto, ni el pensador ni lo pensado, ni el sentidor ni lo sentido.

Ahora la mirada, en su infinita bondad, me muestra que

es la conciencia la que se da cuenta de lo que surge espontáneamente como objeto de visión, de pensamiento, de sentimiento…

y que el veedor, pensador… que yo creía ser, es sólo un invento mental, porque no juega ningún papel en esta función. Es un personaje-sombra, que parece ser el amo pero que no existe. Su actuación es inexistente.

Sólo conciencia y objeto. No hay sujeto.

Y mientras esto se escribe, ya anda la mirada secreta toda dichosa ella, susurrando muy muy flojito… -¿seguro que entre conciencia y objeto hay una “y”? Pero me mira compasiva y sabe que es hora de reposar en el dulce regazo del silencio. Mucha luz de golpe más bien ciega que deja ver…

¡FELIZ FELIZ AHORA!

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EL PRESENTE Y EL AHORA

-¿Dónde está el presente?
-Aquí
-¿Dónde?
-¡Ay! ¡Se fue!

chiste de la Mirada Secreta

Desde hace un tiempo, el presente se ha puesto de moda.

Cuando hablamos de vivir en el presente o que sólo podemos vivir plenamente si vivimos en el presente, todos los que nos consideramos personas algo profundas, asentímos seriamente. Vivir en el presente…

me pregunto si podemos vivir en otro sitio que no sea el presente…

Los más radicales de entre nosotros desechan con toda su voluntad, pararse a recordar o a proyectar en el futuro: -¡Hay que aprovechar el momento presente!- dicen. Y quizás lo que quieren decir es que debemos poner toda nuestra atención en lo que está sucediendo “aquí y ahora”. Así que parecería que, dentro de este círculo, unos creen que deben vivir en el presente (que recordar o hacer planes también vale) y otros que deben vivir el presente. Pero en ambos casos, ese pequeño yo inventado está haciendo de las suyas: creencias y más creencias…

La mirada secreta ronda, ronda desde hace ya un tiempo. No está tranquila. Percibe que algo se está escapando. Algo trascendental…

Vale. Obediente, empieza la investigación. Vivir en el presente…¿qué es esto del presente? Parece que llamamos “presente” a una franja de tiempo que se dá entre el pasado y el futuro. Pero ¿cuán amplia ha de ser la franja? ¿a qué presente nos estamos refiriendo?. El presente para unos puede ser este segundo y para otros puede ser este ratito, o esta época de la vida. Sea como sea que lo entendamos, este presente tan famoso parece estar relacionado con el tiempo.

El tiempo… si no existiera ni el pasado ni el futuro, ¿podríamos saber que es el presente? Este presente temporal existe en relación a sus compañeros, no existe por sí mismo. Y cuando hablamos de ubicarnos en el presente, seguimos en el tiempo, en el pequeño yo que creemos ser, en la mente que percibe lo que acontece. Este presente del que tanto hablamos y al que no podemos atrapar a menos de que lo estiremos, es lo que está pasando en la vida, es la escena actual del teatro de la vida. Y la vida, una sucesión de presentes, una sucesión de escenas.

Pero ¿no intuís que hay más?

De pronto, la mirada secreta me regala la imagen de la pelota de baloncesto rodando velozmente sobre la punta de un dedo… La pelota moviéndose con rapidez, pero sin ir a ninguna parte… girando sobre su propio eje y completamente aposentada en un sólo punto… un sólo punto inmóvil, quieto… Un punto que sostiene todo el movimiento de la pelota y la pelota en sí…

Y entonces surge la imagen de una personita moviéndose a su vez por la pelota convertida en un planeta… cambiándo de sitios -el sitio de ayer, el de hoy, el de mañana-. Y me pongo a componer un dibujo que lo pueda explicar mejor:

Tiempo y espacio moviendose en su realidad relativa, sostenidos en un sólo punto de quietud permanente.

Escenas que acontecen, una tras otra, en un único escenario inmóvil…

…la mirada secreta va posando sus granitos de intuición en el silencio de esta mente, el corazón late deprisa, la alegría de un nuevo descubrimiento…

Y aunque el diccionario de la RAE define como sinónimos las palabras “presente” y “ahora”, dejádme que más allá de los problemas lingüísticos, a este punto le llamemos “EL AHORA”

El Ahora, del que surgen todos los presentes, que sostiene todos los presentes y todos sus contenidos, incluida esta pequeña persona…

El punto. El Ahora. Donde no hay movimiento, no hay tiempo, no hay espacio. El Ahora, eterno, porque es sin tiempo, es el escenario inmutable en el que van sucediendo los diversos presentes, o ningún presente. El ahora pertenece a una nueva dimensión. Y la mirada secreta me dice que es una puerta a la verdad, a la eternidad.

Y ¿qué pasa con la persona? ¿donde se coloca? La persona ¿es un acontecer en el Ahora o es el Ahora en sí? La mirada secreta me susurra que la persona es un acontecer en el ahora, porque todo lo que existe está sujeto al tiempo y a la relatividad: existe porque un día no existió y porque un día dejará de existir, ubicado en el movimiento del tiempo y del espacio. E

igual que puedo estar atendiendo lo que está ocurriendo en esta escena (presente), puedo ir más atrás, incluyendo a esta persona en la escena y darme cuenta de que soy ese escenario que todo lo contiene…

El tiempo, la mente y el ego ocurren en el presente…

si no hay tiempo, no hay ni mente ni ego

si no hay mente, no hay ni tiempo ni ego

si no hay ego, no hay ni tiempo ni mente

Cuando no hay ni tiempo, ni mente ni ego, entonces ¿que queda?

Si podemos encontrar ese lugar imperturbable que no es afectado por nada, inmutable -porque no cambia-, pura quietud infinita y eterna…

si podemos encontrar ese punto del que nada ni nadie puede huir, pues es donde todas las manifestaciones de la vida acontecen, de donde surge y donde se apoya la dimensión de la vida que conoce nuestra mente…

si podemos encontrar el Ahora, nos daremos cuenta de su verdad infinita.

Vayámos más allá del presente, descubramos la verdad.

¡Feliz AHORA!

*foto de encabezamiento cedida por ikibcn.com

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