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La Verdad y el Amor

La Verdad no se halla en conocimiento alguno, sino en la inspiración silenciosa.

La mirada secreta

 

Hoy el verde esmeralda del mar acaricia incesantemente la piel del planeta untándola de blanca espuma, nutriéndola, enriqueciéndola con conchas, piedras, algas y troncos que trae de remotos lugares. Tanto ama el mar a la tierra que de vida la baña desde que nació el tiempo.
Hoy el verde crea blanco. No importa lo que la ciencia diga. En sus respuestas vanidosas muere la inspiración. Y

sin la inspiración, la Verdad no puede ser descubierta

-dice la mirada secreta, que de tan secreta me confiesa un secreto que afila la espada del discernimiento para que pueda ver con claridad aquello que es Verdad, más allá de lo que digan los demás o -lo que es más importante- de lo crea uno mismo…
Dice la mirada que

la Verdad no nos la puede dar nadie.

Ha de brotar desde dentro de cada uno. Esa es una característica sin condiciones. Y eso es así porque la Verdad es pura vivencia y no puede ser objeto de regalo, préstamo o venta. Por eso desconfiemos de aquellos que nos tientan ofreciéndonos la Verdad.
-¡Mira! VÉ una expresión de amor verdadero -me insta la mirada mientras mantengo el ver silencioso en el horizonte desconocido- El amor del mar a la tierra. El amor incondicional, incausado, inalterable, infinito. Es su Amor el que da vida al planeta. La verdad del mar, por amor, fertiliza la tierra…

El amor verdadero. La Verdad amorosa.

La Verdad siempre se descubre en un destello de inspiración. Es la contemplación, el silencio, como el verde de las olas del mar que en un instante desconocido se convierten por un momento en blanca belleza, justo cuando la ola besa la tierra -es la blancura el vislumbre. Y luego se diluye en el verde de nuevo, siendo lo que siempre fue, sin dejar rastro visible…
El vislumbre de Verdad lo sabe uno y

aunque no recuerde haber visto, sabe que ha visto.

Por un instante, bañando de blanca inspiración la tierra, el mar del silencio sigue azul, verde. Llega a la orilla de su Amor, la tierra, y vuelve a brotar el Beso blanco… Y la mirada vuelve a abrirme el ojo para que vea:

No hay Verdad descubierta que no vaya acompañada de amor.

Así que ahora es el momento de mirar quien crees ser, qué crees que es el mundo, la humanidad, la vida y la muerte. Y si lo que crees no va inseparablemente bañado de amor, no es verdad.
¡Feliz Ahora!

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El viento y la mirada

No es la cometa que vuela, es el viento.

Edgar Faure

 

 

Hoy sopla el viento y todo vibra con vida renovada.

¡Es tan misterioso!

Yo no sé de donde viene ni sé a donde va.

 

Lo mira la mirada sin pensarlo y lo ve bello, aún sabiendo que nunca lo he visto ni lo veré jamás.

Y su sonido, a veces musical y otras atronador…

 

¡Qué poderoso que es!

Puede acariciar un pétalo y puede destrozar todo lo que encuentra.

 

Cuando así lo quiere, el viento se cuela por las rendijas invisibles de la casa y todo lo que en ella encuentra, de ligero y de sutíl, se estremece a su contacto.

 

Lo inerme cobra vida, como si vida propia tuviera:

En el campo bailan las hierbas al compás de su paso y las ramas de los arboles se inclinan reverenciándolo. En el cielo viajan las nubes a caballo de su aliento. Y en la costa pare el viento oleajes y los más soberbios vuelos.

 

Si nada encontrara a su paso, si no contactara con nada, ¿sabría alguien quién es el viento?

Si nada encontrara a su paso no se vería, ni se oiría, ni su poder se conocería.

Si nada encontrara a su paso, del silencio no se diferenciaría.

 

Porque el viento es silencioso. Es silencio en movimiento. Invisible, transparente, poderoso. No tiene forma alguna, ni límites reconocibles. No tiene olor ni gusto propio. No puede tocarse ni atraparse.

Por eso las pobres mentes sólo pueden conocerlo por su efecto.

 

Y en el viento, la mirada secreta ve.

Ve lo que intuye de Aquello

que se cuela por las rendijas invisibles de su pupila y todo lo que allí encuentra de ligero y de sutíl, lo hace vibrar en secreto.

Y en secreto vibra, respondiendo, la mirada enamorada.

Y cuando nada encuentra, entonces en Su silencio

se disuelve la mirada.

 

¡Feliz Ahora!

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