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Lo sagrado en lo cotidiano

“La catedral de Dios es el universo entero”

La mirada secreta

 

Volvió el aventurero a casa. Y en su mochila llevaba regalos para todos los que quisiéramos acercarnos. Nos abrimos de par en par para poder abrazarle a él y a todo lo que él traía. Y poquito a poco, empezó a sacar los tesoros que en el camino había encontrado: una amistad que traspasa océanos; la simbiosis de la fuerza con la debilidad; la belleza inmaculada que brota de dentro y se posa en los parajes también vírgenes de la naturaleza; la generosidad mil veces retornada; la intuición como guía certero; el amor más puro arropando el terror más inimaginable; miles de pequeños animalitos alados trazando estelas interminables de luz sobre lo que un día fue un infierno; la alegría de vivir de los que saben que la vida es frágil… Mi corazón aún no ha digerido y anda buscando un lugar donde aposentar dulcemente las ofrendas del amado explorador.

Y entre todo lo que trajo, ahora, en soledad, en silencio, en medio de un concierto de trinos que da la bienvenida a un tímido sol después de una noche de tormentas, vuelve a mi un pequeño regalo que casi pasó desapercibido entre tantas profundidades: allá lejos, el hombre posa en cualquier sitio una bandejita con ofrendas para la vida, para los dioses. No importa donde posa su bandeja. No importa cuál es su ocupación, ni su condición, ni lo que le pasa o le deja de pasar. Dos, tres veces al día, se ocupa en ofrendar.

Ofrendar es honorar. Es agradecer. Es un acto de humildad. Es un reconocimiento a la Bondad oculta.

Ofrendar es no sentirme nunca en soledad. Es reconocerme en conexión con lo Desconocido. Es reconocer la Verdad que no se ve, pero que se siente.

Ofrendar es un acto de reconocimiento que traspasa lo racional. Ofrendar es pintar de belleza la cotidianidad. Es parar unos segundos para darme cuenta. Es saludar amable, reverencialmente Aquello que es Fuente de vida. Es mantener el hilo interior con lo más alto que habita en mi interior.

Ofrendar es dar cabida a algo más que este pequeño yo. Es expander este pequeño yo. Es pedir ayuda y protección por saberme pequeño.

Ofrendar es ofrecerse.

Ofrendar es mostrar alegría por el hecho de estar vivo. Es honrar la vida. Honrar la tierra. Honrar a los que murierion. Honrar a los que vendrán. Honrar a los que estamos. Ofrendar es honrar.

Y por ahí anda esa gente que en cualquier rincón, más de una vez al día, ofrece a Eso su pequeña bandeja llena de pequeños tesoros. Y en ese acto, mantiene despierta la sacralidad de la vida.

Así anda esa gente. Sonriendo. Confiada. Inocente. Bella. Alegre. Dulce. Amorosa.

Ellos no han perdido la unión con lo Desconocido. Ellos no han perdido la sacralidad de la vida. Ellos no han perdido el sentido de la vida.

Y así me lo muestra la mirada secreta:

La unión íntima con lo Desconocido, la sacralidad de la vida y el sentido de la vida son inseparables.

Gracias hijo mío, por traer de tan lejanas tierras semejante regalo.

Gracias mirada secreta por mostrarme la profundidad de su regalo.

Lo acojo y mi alma se viste con este tesoro:

Vivir la vida como una ofrenda a Eso. No hay vida más plena.

 

 

 

 

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En estado de buena esperanza

En verdad, en verdad, el sol nunca conocerá la noche.

La mirada secreta

La esperanza es un ingrediente de la vida. Siempre está. Todo está ocurriendo a un nivel de sabiduría que a nosotros se nos escapa. La esperanza forma parte de la vida porque todas las leyes del universo están siempre buscando el máximo bien para todo. Así que cuando yo descubro esto, el hecho de vivir es pura esperanza. Es la propia vida que es esperanza, igual que la vida es movimiento, la vida es esperanza en sí.

Sin embargo, para el ser humano, la esperanza es un sentimiento que coloca nuestra felicidad, nuestro bienestar, en el futuro. La proyección de la esperanza en un hecho futuro es algo que realiza nuestra mente. Ningún otro ser vivo proyecta la esperanza en el futuro, sino que viven -diríamos- en estado de buena esperanza todos los segundos que dura su vida. La jugarreta de la mente nos confunde y nos la convierte en algo inalcanzable, a menos que crea firmemente que aquello va a ocurrir. Así que somos dependientes del condicionamiento mental para poder sentirla.

La esperanza siempre la colocamos en el futuro. Los diccionarios la definen como la confianza de lograr algo o de que se realice algo que se desea. Sin embargo, nunca sentiremos la esperanza en el futuro. La esperanza, como todo lo que se siente, se siente siempre en el presente. Es un sentimiento que se vive ahora, independientemente de lo que pase mañana. Además, como todo sentimiento que vivo, es algo que lo siento yo, y que por lo tanto, brota de mí. La mirada me enseña que cuando la mente crea una razón, me da permiso para sentirla.

Pero la esperanza no me la da la mente, sino que su fuente está en el centro de mi ser. De ahí brota. ¡Que gran descubrimiento!

Hasta ahora, había creído que la esperanza era un sentimiento que venía de algo externo a mí que quizá me sucediera en el futuro y que la creencia de que ese deseo se pudiera hacer realidad era lo que provocaba en mi un sentimiento de esperanza. Pero la realidad es que ¡brota de mi! Que la mente me de permiso o no, me es indiferente. Porque no es ella la que manda

Y al enseñármelo la mirada, empieza a regalarme en cascada un arco iris de descubrimientos:

Ahora puedo vivir en esperanza, sin esperar nada.

Ahora puedo vivir la belleza sin ver nada bello en el exterior. Porque la belleza brota de mi.

Ahora puedo amar sin concretizar en nada ni en nadie.

Cierro los ojos, llamo a la esperanza, al amor, a la paz, a la alegría, a la belleza y brota de dentro, no sé de dónde, inundándome…

Todos los que alguna vez hayáis tenido alguno de estos sentimientos, mirad de dónde brotan, mirad sin pensar en nada, sólo mirad…

¡Que la mirada secreta pueda tener espacio en nuestra mente para mostrárnoslo!

¡¡Cuántos regalos nos esperan cuando dejamos de vivir desde lo que pensamos!!

¿Será que los pensamientos son a la comprensión, lo que un obstáculo es a la luz del sol? Si quito el obstáculo, nunca hay oscuridad, siempre voy a ver, independientemente de cómo yo sea…

Un estado de buena esperanza. Eso es el Ahora libre de obstáculos.

Gracias, gracias, gracias.

¡Feliz Ahora pleno de Esperanza!

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