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La mirada secreta sabe de cómo las personas nos perdemos con las palabras. Pero aún y así, muestra con diafana claridad la diferencia de lo que podríamos llamar emociones y sentimientos.

Ninguna emoción es espontánea. Todas las emociones son reactivas (a la programación vital o mental). Y en muchas ocasiones tienen la función de dar a conocer a otros el estado interno del animal o persona.

Los sentimientos brotan del alma. Son espontáneos. No responden a ningún estímulo (reactividad) ni buscan ningúna respuesta en el otro (estrategia). Los sentimientos no pueden ser manipulados. No podemos sentirlos a voluntad. Nos inundan y no sabemos por qué ni cuando. La belleza, el sentimiento de libertad, de unidad, el amor, la paz… Así se expresa el alma :).

Creemos anhelar emociones positivas cuando son tan efímeras como el estímulo que las creó, cuando en realidad añoramos los sentimientos del alma. Y los añoramos porque los conocemos aunque no  nos acordamos. ¿Cómo si no, podríamos anhelarlos?

¡Feliz Ahora!

Más sobre las emociones

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Sobre las emociones

Las emociones se crean en el corazón de la mente. Los sentimientos, en el corazón del alma.

La mirada secreta

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Hablan las modas que las emociones hay que saberlas gestionar… ¡Gestionar! Como si fueran los dineros del banco. Y, ¿sabes por qué hablamos así? Porque la mente se cree que es el emperador y que todo puede manipular. Pobre mente que no se da cuenta que igual que esclaviza a la persona, ella misma está esclavizada por sus programas, condicionamientos y plantillas de corrección, que no paran de manipularla a cada instante. Pobre mente, invadida de creencias. Ni sus opiniones son suyas…

Queremos que la mente gestione las emociones, cuando pensamientos y emociones son inseparables. Queremos que la mente gestiones las emociones, pero solo las negativas. Porque queremos tener emociones positivas. Positivo. Negativo. Eso mismo ¿acaso no son dos caras de la misma moneda?

Entonces, la mirada secreta me pregunta:
-¿En serio crees que las emociones son tuyas? Si las emociones fueran tuyas, seguro que solo sentirias cosas bonitas y alegres… Pero no. Las emociones campan a sus anchas y tu estas ahí sintiendolas con total sumisión. Date cuenta de que eres tu que estás siendo de las emociones y no al revés.

Las emociones no son tuyas. Tu eres de las emociones. Son tus dueñas.

-Entonces ¿qué puedo hacer para no sufrirlas?- le pregunto.

Pues desde esta creencia, lo único que te queda es rebelarte a semejante jefe, a ese yo emocional que no te deja vivir en paz. Y así lo haces. Peleas contra todas las emociones que no quieres tener. Y ¿qúe hacen ellas? Hacerse más fuertes, como es de esperar, exactamente como ocurriría si te rebelaras contra tu jefe. Tu jefe se alzaría con todo su poder en contra de ti. Así que esta lucha en contra no parece un buen camino…
La mirada secreta. Siempre nueva, ve con la inocencia del no saber, sin ideas preconcebidas. La mirada que ve desde el origen, sin dar nada por hecho. Va allí donde se crea el problema y mira. ¿Dónde empieza? Y ve que el origen del sufrimiento que nos producen las emociones está en creernos que tienen poder, en creernos que son nuestras y que además son verdaderas, reales… Y es en todas estas creencias en donde se fragua el sufrimiento emocional. Pero si podemos descubrir otra forma de ver, todo cambia.

Creo que las emociones son mías, son reacciones a algo real y son poderosas.

En el caso del jefe que me hace la vida imposible y frente al que me estoy rebelando con la consecuencia de que él está usando todo su poder en contra de mi rebeldía, ¿qué pasaría si yo descubriera que esa persona no es mi jefe? ¿Seguiría con la revolución?
Los pensamientos psicológicos son los que interpretan, los pensamientos que enjuician al mundo, a las personas, a nosotros mismos. Y las emociones a las que nos referimos son el resultado de estos pensamientos y, a su vez, las generadoras de esos pensamientos. Tanto unos como otros son mecánicos, automáticos, programados. Y lo se porque la mirada secreta los ha mirado y comprendido (y este es el principio de la liberación). Al observarlos, siempre suelen ser los mismos movimientos psicológicos en las mismas situaciones. No son pensamientos ni emociones nuevos sino repetitivos y cansinos. Y la mirada también me muestra cómo van a su aire, ¡independientemente de mi! También sé que son temporales, que acaban por desaparecer tal como aparecieron.

La emoción es automática y sólo se convierte en problema cuando entra el pensamiento.

-Fíjate -dice la mirada- como en la naturaleza los animales también expresan emociones pero nunca se convierten en estados emocionales porque sus mentes no empiezan a crear un relato en torno a la emoción. Entre los animales, la emoción se vive y se resuelve sin dejar residuos. En los animales, las emociones “son”. Y no son ni negativas ni positivas. En cambio en los humanos, lo que acaba dañando son todos los residuos emocionales que son provocados por el pensamiento. La emoción se convierte en negativa cuando el pensamiento la alimenta y alimenta hasta hacerla engordar tanto que eclipsa cualquier vivencia del instante.

-No se puede evitar la emoción pimera, pero ¿si que se podrá hacer algo para que no se convierta en una fuente de sufrimiento? – le pregunto viendo con total claridad como funcionan.

Si la solución para dejar de sufrirlas no está en tratar de acabar con ellas, ¿que podemos hacer? La sabiduría ancestral habla de dejar que las emociones sigan su curso sin que nosotros tratemos de desviarlas o eliminarlas, sino acogiéndolas y dándoles el espacio que necesiten. Siento que hay verdad en eso pero hasta ahora no sabía cómo hacerlo.
Y en estas la mirada secreta me enseña una escena: la de la madre que va a consolar a su pequeño cuando este despierta llorando y asustado por un mal sueño. La madre abraza al niño, le tranquiliza sin prisa, dejando que se vaya calmando poco a poco, desde la paz de saber que la causa de sufrimiento del niño no es real..
Pues ya está. Me imagino como esa madre, y la emoción como ese niño. Y ya sé que hacer…

Pero no se acaba aquí…  De lo más profundo, la mirada me descubre siendo el espacio sin fronteras en donde todo aparece (incluidas las emociones). Y ahora, cuando aparece una emoción, la sé dejar ser mientras yo me vivo ese espacio infinito en el que todo cabe…

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Dos niveles de actuación para una misma vivencia. Y ninguno de ellos hace lo que la mente querría, luchar en contra de la emoción o alimentarla con sus interpretaciones.

¡Feliz Ahora!

 

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La pureza y la Verdad

IMG_6824“De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Mateo, 18:3

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Como dice mi querida Consuelo, no se trata de ser niños, sino de ser como niños. Así es. La Verdad no se puede vislumbrar más que con una mente y un corazón que sean como los de un niño. Pero, ¿cómo son la mente y el corazón del niño?.

El diccionario define la pureza en términos negativos (negativo fotográfico) de ausencia. Ausencia de mezclas, de intereses, condiciones, excepciones, restricciones, construcciones…

la pureza es ausencia

¡Ay, la Mirada! En todo derrama su buena nueva. En todo ve lo que nunca fue visto. Y todo lo que ilumina lo convierte en bendición…

Aquí empieza a mostrar Su luz sobre la pureza.

La mente pura no es una mente llena de erudición, que muestra un correcto pensar, inteligente, brillante, que sabe de todo, que se expresa con elegancia y fluidez. No es una mente llena de preceptos éticos, de valores morales, de directrices justas. Esa no es una mente pura porque, lo que es erudición un día puede ser ignorancia al siguiente. Lo que es elegancia y fluidez para unos puede ser amaneramiento y pesadez para otros. Lo que es ético o moral en un tiempo puede pasar a ser inaceptable. Lo que es justo aquí puede ser injusto allá. La mente que hemos creído que era pura, es una mente volátil, manipulada y manipulable. Y la pureza es intocable -sino, ya no sería pureza-. Entonces, ¿qué es una mente pura?

Una mente pura es una mente vacía. Es una mente valiente, que ha soltado todo lo que creía saber y ahora, realmente, vivencialmente, ha descubierto -como decía el sabio- que lo único que sabe es que no sabe nada.  Sólo una mente vacía, limpia de todo pensamiento, una mente que ha dejado caer todo lo aprendido, una mente como la de un niño puede llegar a ver la Verdad. Y eso es así porque la Verdad es incognoscible, no se puede llegar a conocer. Por eso,

todo lo conocido no es  del reino de la Verdad.

¿Y el corazón? El corazón puro no es el corazón que está lleno de buenos sentimientos, como  se suele entender. No es un corazón que ayuda a los demás, que da a los que no tienen. No es un corazón que se sacrifica por los demás, que ama a todos, que rechaza las emociones negativas, que tiene buenos propósitos. Ese no es un corazón puro porque mis buenos sentimientos pueden no serlo para ti. A veces, querer ayudar a los demás puede ser intrusismo, dar a los que no tienen puede ser contraproducente, sacrificarse puede colocar al otro en un estado de deuda, amar a todos puede ser una trampa, rechazar las emociones negativas  y tener buenos propósitos implican juicios de valor. Este corazón que hemos creído que era puro, es un corazón volátil, manipulado y manipulable. Y la pureza es intocable -sino, ya no sería pureza-.

Un corazón puro es un corazón vacío. Es un corazón valiente, que ha soltado todo lo que sentía y ahora, realmente, vivencialmente, ha descubierto que lo único que siente es una apertura vacía, limpia de emociones. Un corazón que al verse liberado de los pensamientos, deja caer todas las reacciones emotivas que ha ido aprendiendo con los años. El corazón puro es un corazón como el de un niño, libre de todas las emociones condicionadas y es ese el que puede llegar a sentir la Verdad. Porque la Verdad es Amor sin que haya un “pequeño yo” que siente amor.  Y

sólo un corazón vacío puede ser llenado por la Verdad que es Amor.

El niño suele ser egocentrado aunque su mente y su corazón todavía no han sido condicionados del todo. Por eso no hemos de ser niños, egocentrados, sino ser como ellos, que todavía están libres de programaciones mentales y emocionales.

Es imprescindible que la persona quede desocupada de pensamientos, emociones y conductas condicionadas. Es fundamental que la persona quede vacía para que la Verdad pueda expandirse.

Así enseña la mirada secreta.

Así anima a desocupar esta persona, a vaciarla, y en esa pureza, la Verdad pueda reflejarse sin distorsión alguna.

Si la Verdad es lo más importante, lo único, vayamos pues. ¡Seamos valientes y vivamos desde la nube del no saber! En un instante, la paz del vacío-de-mi será nuestra identidad conocida. El resto no es cosa nuestra…

¡Feliz Ahora!

 

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LOS MALES DEL MUNDO

IMG_2545“La noche nunca será algo real para el sol”

La Mirada Secreta

Cuando mis hijos eran adolescentes, dormían mucho. La sociedad me había enseñado que los adolescentes son unos vago, pero no encajaba. Entonces me planteé si eso era verdad…Recordé que yo también tenía mucho sueño cuando era adolescente. Yo y todos mis hermanos, amigos y conocidos de esas edades. Vi que los bebés también duermen mucho. Y a nadie se les ocurre tacharles de perezosos. Vi que en la adolescencia se producen unos cambios corporales enormes en muy poco tiempo –muy parecido a lo que le ocurre al bebé, ¿verdad?-. Y aún sin conocer pruebas científicas, concluí que los adolescentes duermen mucho porque lo necesitan por todos los procesos corporales que están viviendo.

Ese cambio de comprensión tuvo sus consecuencias. De hecho, fue una gran fortuna para mis hijos, porque nadie les obligó a levantarse pronto los fines de semana :) y, a pesar de los miedos, nunca se quedaron durmiendo en la cama en los días de estudio y trabajo. De hecho, nunca se les tuvo que despertar pues ellos asumían esa responsabilidad. Ningún rastro de pereza…

Eso es lo que puede ocurrir cuando cambiamos la comprensión. Eso es lo que la mirada secreta nos va regalando una y otra vez cuando estamos abiertos a una nueva manera de ver, cuando somos capaces de dejar de creer nada y estamos dispuestos a descubrir, simplemente mirando por primera vez.

Y eso es lo que me enseñó un día la mirada, cuando los males del mundo se me venían encima…

La mirada secreta empezó contundente, como suele…

Todos nuestros males surgen de una sensación de carencia.

Todos los “pecados” como la codicia, la envidia, los celos, nos sobrevienen porque pensamos que nos falta algo que tienen los demás, porque sentimos que nos falta algo para ser felices, porque creemos que teniendo lo que no tenemos seremos más respetados, más amados, más valorados y lo necesitamos porque no nos sentimos lo suficientemente respetados, amados o valorados…

Lo mismos ocurre con todas las emociones negativas –la angustia, la tristeza, el miedo, el aburrimiento-. En todas esas emociones, el denominador común es la sensación de carencia, de incompletitud, de pérdida… La angustia surge de no conocer, de no controlar. La tristeza de sentir que hemos perdido algo. El miedo de no saber qué hacer frente a algo que vivimos como una amenaza. El aburrimiento de no tener motivación. Siempre son emociones que reclaman “algo” que supuestamente no tenemos.

Pues bien. Si todos los males surgen de una sensación de carencia, -continuó la mirada-, ¿por qué no nos planteamos la propia sensación de carencia en vez de intentar arreglar nuestros males y por ende, los del mundo?

Investigando esta sensación de carencia, podría ser que la tuviéramos por que quien creemos ser, no somos. Y

quien creemos ser no  nos puede satisfacer nunca por ser una idea falsa.

Y por eso, siempre estamos con esta permanente sensación de que nos falta algo, nuestra verdadera identidad.

¡Madre mía! Si eso fuera así, como dice la mirada, podría darse que si todos nuestros esfuerzos no fueran dirigidos a arreglar esas “oscuridades” sino que fueran dirigidos a descubrir quienes somos, quizás la sensación de carencia desaparecería y con ello, desaparecerían todos los males del mundo…

La mirada secreta no me deja ver esto como una utopía, sino como ¡nuestra única salida! ¡Mil gracias, mirada!

Es una manera de ver diferente. Vamos bien :)

¡Feliz Ahora!

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Somos Uno

 

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…”

Juan 1:1,14

 

SOMOS UNO, no hay nada más.

 

Hemos de descubrir que no estamos separados de nada ni de nadie.

Urge que lo descubramos.

Las fronteras entre mis pensamientos y los tuyos son sólo imaginarias lineas inventadas. A veces parecen brotar de una mente, a veces de otra mente. Eso es todo. Son los pensamientos del ser humano. Con todos sus colores.

Las emociones son las del ser humano. Tu tristeza y mi tristeza es la misma tristeza. Tu alegría y mi alegría son la misma alegría. A veces sentida por un corazón, a veces por otro. Y el corazón siente igual, no importa si creo que es el mío…

Los límites mentales que separan este cuerpo de otro. Pero el rasguño que rompe la piel, hace herida. La misma herida para todos. Porque sólo hay un cuerpo. Y sólo un rasguño. Y sólo una herida…

Por eso, cuando conozco a fondo el ser humano que habito, cuando conozco su cuerpo y cómo se relaciona consigo mismo y con su entorno, cuando conozco cómo se forman los pensamientos, y las emociones,

cuando realmente me conozco, conozco al ser humano.

Y es entonces cuando me doy plena cuenta de que no hay nadie separado de mi. De que yo soy la humanidad entera. Y es entonces cuando realmente puedo aprender a amar…

Y si sigo investigando, porque la mirada secreta así lo quiere, veré que yo soy el ser humano no por mi mismo, sino en relación a otras especies y objetos de la vida. Si no hubieran más especies que la humana, ¿sería acaso un ser humano? quizás seria “el ser vivo” que vive en la vida…

Y si retiro los otros objetos: montañas, cielos y mares… entonces ¿qué sería? Quizá entonces sería “la vida”

Y ¿por qué digo “entonces sería”? ¿Acaso no lo soy ya?

La mirada secreta coge mi oreja con fuerza y me grita entre risas alborozadas:

¡TU ERES LA HUMANIDAD, TODOS LOS SERES Y LA VIDA!

Y mis ojos temblorosos (el aroma de Verdad siempre me estremece) ven con pasmosa claridad. Y surge un inmenso poder del centro de mi pecho. Y una inmensa responsabilidad. La responsabilidad inmensa que se tiene por quien más amamos y más frágil sentimos.

Y cuando me doy realmente cuenta de que yo soy todos los seres humanos, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy todos los seres, brota el amor…

Y cuando veo que realmente soy la vida, brota el amor…

Hemos de descubrir la Verdad. Urge descubrirla.

la sonrisa, quien sonríe y el que recibe la sonrisa, …todo uno en el acto de sonreir

el trino del pájaro, el pájaro que canta y quien lo escucha, … todo uno en el cantar

el beso, quien besa y quien es besado, … todo uno en el besar

el amor, quien ama y quien es amado…. todo uno en el amar

la vida, quien la vive y lo que es vivido… todo uno en el vivir

Yo soy el besar

Soy el amar

Soy el vivir…

¿Comprendes ahora?

 

FELIÇ ARA!!

 

 

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Aquí no pasa nada, todo está bien

 “Cuando veas el sueño como sueño, habrás hecho cuanto se precisa hacer”

                                                                                                                       Sri Nisargadatta

Hace un tiempo se transmitía por televisión un anuncio que fomentaba la solidaridad, en el que se veía un niño pequeño contemplando imágenes desgarradoras de sufrimiento frente al televisor. El bebé, conmovido por la escena, se levantaba y ofrecía su chupete a la imagen del televisor que mostraba una niña llorando. Fue un spot publicitario que a muchos de nosotros nos conmovió.

Eso mismo me sucedió un día que fui a ver una película. En una escena concreta en la que se veía un niño llorando, a mi se me rompió el corazón y me puse a llorar también. Y así andaba yo, llorando desconsoladamente frente al sufrimiento del niño de la película, llenita de pena… Y de repente me di cuenta de que, a pesar de la pena tan grande que sentía, ¡seguía comiendo palomitas! ¿Te lo imaginas? Yo llorando con toda la pena y comiendo palomitas como si tal cosa…

Me quede en estado de total perplejidad. No sé si has ido al cine y has comido palomitas mientras veías la película de turno, pero si no es el caso, déjame que te explique que comer palomitas requiere una actitud concreta, una actitud distante, relajada, de “aquí no pasa nada, todo está bien”, una actitud –podríamos decir- de vacaciones, de recreo. No es posible comer palomitas cuando uno se siente mal, está muy preocupado o muy triste. Por lo menos yo no podría.

Pero ahí estaba yo, llorando a lágrima viva y ¡comiendo palomitas!…

En ese estado de perplejidad andaba yo preguntándome como era posible que estuviera comiendo palomitas cuando tenía simultáneamente el corazón lleno de pena. Yo sabía que no podría comer palomitas si estuviera de veras frente a un niño destrozado en llanto. Y también sabía que mi pena en el cine, así como mis lágrimas, eran auténticas. Entonces, ¿por qué sintiendo una pena real, era capaz de mantener una actitud de “aquí no pasa nada, todo está bien”?

Y el estado de perplejidad me trasladó al mundo del silencio mental, que tanto gusta a la Mirada Secreta. Allí la Mirada volvió a rasgar la oscuridad con su rayo esclarecedor…

En el caso del anuncio del bebé, la mente del pequeñín captó la imagen que proyectaba la pantalla y reaccionó emocional  (sintió compasión y necesidad de consolar) y conductualmente (se levantó y fue a ofrecer el chupete a la pantalla del televisor) como si la imagen fuera real. Creía que la niña que lloraba podría coger su chupete y consolarse. No sabía que esas imágenes proyectadas no son reales sino radiaciones captadas por una cámara que luego son convertidas en señales eléctricas para ser descodificadas en imágenes televisivas.

En mi caso, yo sabía que lo que estaba viendo en el cine no era real. Mi mente sabía que aquella escena no era real. Esa era la clave. Mis emociones respondieron automáticamente a la tristeza del niño que se veía en la pantalla, pero aunque mis ojos lloraran lágrimas de verdad, mi mente sabía que lo que estaba viendo no era verdad y eso me permitió seguir comiendo palomitas.

Me di cuenta de que las emociones surgen reactivamente al contenido que se halla en nuestra mente. Si pensamos cosas tristes, nos ponemos tristes. Si nos explican un chiste y nuestra mente lo entiende, nos reímos. Si vemos una película de terror, sentimos miedo. Si pensamos que vamos a fracasar, nos ponemos ansiosos. Y así.

Cada emoción que sentimos es una reacción automática a lo que estamos pensando

Las emociones no son más que eso.

Ahora, cuando estoy emocionalmente alterad@, me pregunto “¿Qué tiene de real o de verdadera la escena que estoy representando en mi mente?

Gracias a la mirada secreta me di cuenta de que

“aquí no pasa nada, todo está bien” cuando soy capaz de discernir entre lo que es verdad y lo que no es verdad, entre lo que es real y lo que no lo es, sea la que sea la emoción que esté aflorando en ese momento.

¿Comprendes la importancia de este descubrimiento?

¡Feliz Ahora!

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El mar mental

Tira tus preocupaciones al viento, gira hacia adentro y encuentra la paz.

 Ramana Maharshi

Una preciosa mañana de verano paseaba por la orilla del mar mientras las plácidas olas venían a desvanecerse a mis pies en un rítmico vaivén. Soplaba una brisa sutil y el sonido apenas audible de las olas se mezclaba armoniosamente con los gritos lejanos de las gaviotas.

El día parecía despertar perezosamente. Y perezosamente andaba yo, como si todo el escenario fuera introduciéndose por los poros de mi piel hasta empapar de silencio mi cabeza y de serena dicha mi corazón.

 Fue entonces cuando la Mirada me empezó a hablar –a la Mirada le encanta presentarse cuando reina el silencio en mi mente y la paz en mi corazón-.

 Aquel día me enseño que nuestra mente es como el mar. Y me hizo ver…

 Lo primero que me enseñó fue a darme cuenta que los pensamientos  aparecen, crecen, disminuyen y desaparecen, igual que las olas en el mar. E igual que el mar poco puede hacer para que las olas se formen o se deshagan, me di cuenta que mi voluntad poco tenia que ver con la aparición de los pensamientos. Los pensamientos se presentan inesperadamente en el mar de mi conciencia y yo poco puedo hacer para evitar que aparezcan o que desaparezcan. Para mi fue un descubrimiento muy importante porque hasta entonces me habían enseñado que yo era la única responsable de lo que pensaba y eso a veces, me hacía sentirme culpable. Especialmente cuando no tenía los llamados pensamientos positivos, tan de moda en nuestros días.

mis pensamientos vienen y van sin que medie mi voluntad

 Y seguí mirando, acompañada por la inspiración secreta que ya empezamos a conocer…

Vi que los pensamientos a veces se forman muy rápidamente, se crecen en cuestión de segundos, amenazando con llevarse por delante cualquier intento de detenerlos. Y en pocos segundos, la reacción emocional se hace presente con intensidad también creciente. No es posible que aparezca un pensamiento potente y el corazón de las emociones se mantenga tranquilo. También vi como los pensamientos potentes del pasado me traían emociones de añoranza, de tristeza, de melancólica felicidad, de culpa… Pensamientos potentes del futuro me traían emociones de ansiedad, miedo, esperanza, preocupación, ilusión… Igual que las enormes olas que te sorprenden jugando en la orilla del mar y que en segundos producen reacciones: se llevan la colchoneta o empapan la toalla o pegan un revolcón al bañista despistado. Olas crecidas, consecuencias grandes:

 pensamientos crecidos, emociones intensas

Otras veces aparecen en el mar mental largos pensamientos insidiosos que parecen no acabar nunca. Y esos pensamientos producen emociones insidiosas. Igual que las largas olas mantienen el velerito subiendo interminablemente por la ola para después tener que bajar interminablemente también o incluso pueden acabar llevándose toda la arena de la playa, dejándola bien empobrecida…

pensamientos insidiosos, emociones insidiosas

Y otras veces, como aquella mañana en que las nubes del cielo podían contarse mirando su reflejo en el mar, a duras penas hay algún pensamiento, tan sutil y de puntillas anda la mente que apenas perturba la superficie. En esos momentos la mente refleja la mirada secreta en toda su belleza, de tan quietecita que está y el corazón se reconforta en su paz.

poquitos pensamientos, paz emocional

 Así fue como descubrí que las emociones que tengo son la reacción que tiene mi persona a los pensamientos que se gestan en mi mente.

Había visto claramente que yo no era la responsable de los pensamientos que se hallaban en mi mente y que estos producían sus consecuentes reacciones emocionales. Pero ¿de qué dependía que los pensamientos fueran crecidos, insidiosos, cortos, largos, sutiles o que casi no hubiera pensamientos? Entonces la Mirada Secreta me mantuvo un ratito más observando el mar…

…Observé que las olas que se crean en el mar dependen de elementos externos, principalmente del viento. De la misma manera vi como los vientos de la vida revuelven la superficie de la mente, ondulándola cuando soplan suaves y embraveciéndola cuando soplan fuertes. Y me dí cuenta de que solemos vivir a merced de los vientos y sólo sentimos calma y paz cuando los vientos nos lo permiten.

Pero igual que en el mar,

el movimiento de la mente es sólo superficial y a cierta profundidad, las aguas de la mente permanecen quietas

Cuando vemos el oleaje desde fuera, por muy grande que sea, podemos ver el milagro de la naturaleza en acción sin sufrir. Pero si nos hallamos en la superficie del mar, podemos pasar muy mal rato e incluso ahogarnos. Y la mayoría del tiempo vivimos en la superficie de la mente, a merced de los elementos externos.

Sin embargo, cuando descubrimos que el mar es inmenso, no sólo en su horizontalidad sino en lo profundo, podemos aprender a sumergirnos. Sólo que nos sumerjamos un poco, entramos en contacto con un mundo nuevo, en donde realmente reina la paz. En el fondo siempre reina la paz.

Sumergirnos no es luchar contra las olas para que el mar permanezca quietito. No es luchar contra la fuerza del viento o querer que pare el viento. Sumergirnos es salir de la superficie, independientemente de si hay olas o no o si hay o no viento. Salir de la superficie y adentrarnos en la mente, allí donde reina el silencio. Esa paz no la podemos crear a nuestra voluntad porque no se puede crear lo que ya es, pero podemos ir allí donde vive.

En el fondo de nuestro mar mental no hay pensamientos ni de pasado ni de futuro, no hay emociones reactivas. Sin embargo, allí es donde viven nuestros sentimientos más bonitos, más auténticos, sentimientos de amor, de belleza, de armonía, de paz y de libertad. Inalterables. Siempre. Tanto si nos adentramos alguna vez en sus profundidades como si vivimos en la superficie y morimos en la superficie, allí están, aguardándonos.

¡Feliz Ahora!

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