Archivo de la etiqueta: deseos

Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

a

a

¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , ,

¡FELIZ…

img_0113“La vida es nueva a cada instante.”

Consuelo Martín

¡Feliz año! ¡Feliz año!- exclamaban todos, alborozados. Se abrazaban unos a otros deseándose felicidad para el nuevo año en el que acababan de entrar. Era bello ver como cada quien iba abrazando a cada uno con el mejor de los deseos. No sé si alguno estaría por dentro pasando un mal momento pero ni así nublaba su sonrisa aquella entrada en el nuevo año.
La mirada secreta gravitaba silenciosa sobre nuestras cabezas -así lo hace siempre- y veía -es lo que mejor se le da-. Veía como cada uno dejaba atrás, ni que fuera por un rato, las diferencias, los malos momentos, las preocupaciones… veía como todos se sacaban la mente ese ratito y sólo habían buenas intenciones, repartición de alegría y mucha, mucha esperanza.
La mirada veía en ese momento un grupo de personas que estrenaban vida. Sí. Estrenaban vida. Y eso es decir mucho, muchísimo. Durante unos minutos, todos los que estaban allí estrenaban vida con la misma alegría con la que estrenamos todo lo nuevo. Eso es. Estrenaban año nuevo -de hecho me parece que se llama así: año nuevo-…
¡Ah! ¡Qué maravilla estrenar lo nuevo! Abrir el paquetito para ver que esconde. La emoción de descubrir lo nuevo, en el que lo desconocido no da miedo sino que hace cosquillas en la barriga.
Alegría, abrazos amorosos volando, atravesando, enredándose con otros abrazos… esperanza… En ese momento todos abiertos a lo que vendrá, sin expectativas.
La mirada secreta veía a todos ¡felicitándose! Expresaban su deseo de que el otro fuera feliz en el nuevo año que se acababa de estrenar.
Andaba como todos allí, ¡Feliz año! ¡Feliz año! Y ¡pum!…. la mirada me susurró así, sin más: ¿Feliz año?…
Bueno, mi dulce mirada, ahora voy a bailar- le dije. Si acaso, en sueños me dices que ver en tu pregunta extraña…

Al cabo de un rato, ya en la cama…..-“Año nuevo… vida nueva” dicen por ahí. ¿Qué querría la mirada hace un rato en pleno estallido de alegría y esperanza, con su pregunta extraña?…- zzzzzzzzzzzzzz
Hoy el mundo pasea en silencio. El mar está bellísimo. Quizás también estrena… ¿qué? ¿Felicidad?
Uffff. Ya está. Con la brisa del mar, la sal de la lágrima se hace uno.
Cumplimos año el 1 de enero porque así nos lo hemos inventado. Y la mente como siempre, nada se plantea. Pero esa felicidad del estreno, ese abrazar a todos repartiendo esperanza, alegría, eso no es inventado. Sale del corazón. Y es el corazón que me va a mil ahora. Veo.
Con la mirada atraBesándome, a todos y cada uno os abrazo. Pero ya no puedo desearos un feliz año. ¿Cómo podría? Os deseo lo que siempre me hizo la mirada desearos: ¡Feliz Ahora! ¡Feliz Vida a cada instante! Porque eso sí es verdad.
No tengamos miedo.

Estrenemos la Vida a cada instante porque a cada instante es nueva.

Festejemos la entrada eternamente nueva de vida. Expresemos nuestro deseo de felicidad a todos los seres en este justo Instante Nuevo que es lo que realmente la Vida es. Vivamos abrazándonos, abriendo el Ahora con la emoción de descubrir lo que nunca antes habíamos visto. Maravillemonos de la explosión de vida que es vivir celebrando. Salgamos de la mente racional como hicimos ayer por un momento y repartamos buenas intenciones, alegría , abrazos y mucha, mucha esperanza. ¡Estrenemos Vida!
¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , ,

La persona y la libertad

“Sólo existe elección en la mente que duda”

J. Krishnamurti

 

 

La persona nunca será libre. Jamás.

¡Vaya manera de empezar hoy la mirada! Parece una visión bastante triste del ser humano. Sin embargo, la mirada sigue alegre y pizpireta, sonriéndome traviesamente. Algo esconde. Algo bonito… Voy a escuchar a la mirada secreta, a ver que me quiere enseñar…

Crees que eres libre -me empieza a explicar la mirada-, porque te parece que eres tu quién decide. Y crees que la libertad te la dá la posibilidad de elección: mientras puedes elegir, puedes ejercer tu libertad. Si así entiendes la libertad, entonces eres libre…

Es un hecho que son muchas las veces que podemos elegir. Pero si miramos más profundamente, ¿de dónde surge la decisión? ¿de dónde surge la inclinación por una opción u otra? ¿qué es lo que te mueve a hacer una cosa y no otra? ¿has escogido tu tener unos deseos y no otros? ¿tener unas preferencias y no otras? ¿tener unos gustos y no otros?

¿qué es lo que manda en tí?

Esas son preguntas que nunca nos planteamos. Damos por hecho que nosotros decidimos, pero nunca hemos mirado qué es lo que nos hace actuar de una manera y no de otra…

Mira bien. La persona suele actuar tal como le ordena la mente.

La mente pensante siempre se mueve bajo el paradigma causa-efecto: algo produce lo siguiente, que a su vez se convierte en causa de lo siguiente, etc. De hecho la mente se suele poner muy nerviosa cuando en algún momento no conoce la causa de algo que le importa, o no conoce los efectos que tendrá algo. Es cuando las personas hablan de no tener control. Pero en realidad, la persona nunca conoce completamente ni la causa ni los efectos de nada…

La mente pensante está programada como un ordenador:

  • Desde el nivel de los efectos, cuando la persona se encuentra frente a una causa “x”, surge una reacción. Cuando esto ocurre, la persona actúa reactivamente, “escoge reactivamente” o sea que en verdad no tiene elección. Y, según el condicionamiento de cada cual, solemos reaccionar siempre igual a la misma causa (me tocan aquí, me enfado; me tocan allí, quiero su amistad, etc).
  • Y siguiendo el paradigma causa-efecto mental, cuando la persona tiene la creencia de haber escogido, quiere decir que ha escogido un “efecto” y para eso, se coloca en el lugar de la causa y entonces actúa estratégica o manipulativamente para conseguir el efecto que quiere. En este caso, en el nivel de las causas, tanto su aparente decisión como su estrategia surgen de lo aprendido, de lo condicionado y por ello son siempre caminos repetitivos. Pero, si te fijas bien, aunque el camino sea repetitivo, los resultados no lo serán. Porque por mucho que seamos grandes estrategas o manipuladores, como ya hemos visto, todo es multicausal, y aunque nos esforcemos mucho, los resultados dependerán en un porcentaje muy pequeño de nuestras estrategias y el resto serán efecto de miles de otras causas -conocidas y desconocidas- (si no, todos sabríamos como ser ricos, como hacer para que un negocio funcionara bien, o una pareja o los hijos,…). Escogemos empujados por la moda, lo que nos han enseñado, los genes y tantísimos otros condicionantes y actuamos para conseguir los efectos deseados desde el mismo sitio programado…

Así, la persona que actúa mentalmente -casi todos, la mayor parte de nuestras vidas-, puede parecer libre a primera vista, pero sus millones de condicionamientos mentales están trabajando por ella y en lo profundo ella no está decidiendo nada.

Más la persona también puede actuar desde otro lugar, que no el mental. Eso sucede cuando se dá una acción o conducta que no es reacción a ninguna causa ni busca efecto alguno.Es una acción que simplemente ocurre y que la mente no controla, fuera del binomio causa-efecto. No es ni reactiva a nada, ni busca conseguir nada. Es en sí misma. A esa acción le podemos llamar espontánea.

Muchas son las veces que creemos estar siendo espontáneos, pero en realidad estamos actuando reactivamente.

La espontaneidad es sorpresiva tanto para la persona que actúa como para los que la ven actuar. No responde a nada ni nada busca.

Si fuéramos realmente libres, nunca decidiríamos nada. No sería nuestra mente programada la que mandara en nosotros.

Para ser realmente libres, hemos de descubrir que no somos este pequeño yo pensado que sólo vive en la mente.

La verdadera libertad empieza por liberarnos de quien creemos ser.

Si fuéramos realmente libres, actuaríamos espontáneamente, libres de condicionamientos. Y sólo entonces nuestra actuación sería sabia.

Por eso te digo que ninguna persona es libre ni lo será jamás. Lo único que puede ocurrir es que sea la Libertad actuando a través de la persona vacía del pequeño yo. Mientras haya una persona que cree estar decidiendo, mientras la persona esté llenita de su yo-pensado, continuará esclava sin saberlo.

¡Deja paso a la Libertad, que con Ella vienen la Alegría, la Sabiduria y la Paz!

¡Feliz Ahora!

 

 

 

Etiquetado , , , , , , , , ,

La luz de la conciencia

Cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez. La mirada secreta


 

Se abre el telón. Todo está oscuro. Y en un instante se enciende un foco de luz potente que ilumina en redondez una parte del escenario, justo en el lugar en que se haya erguido el protagonista. Este empieza a recitar un monólogo y todo el público rompe a reír. Se apaga el foco, para volver a encenderse al cabo de pocos segundos, dirigiendo la luz a otra parte del escenario. Esta vez hay una mujer que también se pone a explicar una historia, una historia triste y angustiosa. El público calla con el corazón apretado, lleno de pena y compasión. Mientras, allí donde se erguía el monologuista cómico, personas vestidas de negro están cambiando el decorado. Pero nadie les ve. El foco de luz guía implacablemente la atención del público allí donde se enfoca. Lo que queda fuera del radio del foco de luz, nadie del público lo percibe, no existe para ellos… Finalmente, el mismo foco se amplia, extendiendo su radio de luz hasta iluminar por entero el escenario. Ahora, el público ve a la mujer triste, al hombre cómico, los muebles y otros objetos del decorado, lo ve todo de una sola mirada y comprende la escena en su totalidad.

El foco de luz tiene unas características muy versátiles: se puede dirigir a discreción y se puede estrechar para iluminar un sólo punto, o se puede ampliar hasta iluminar todo.

Nosotros también tenemos un foco de luz y allí donde lo dirigimos crea nuestra realidad vivencial. Lo que queda fuera de nuestro foco de luz, no existe para nosotros. Esta luz es lo que hace que nos demos cuenta de la existencia de aquello que ilumina. Podríamos decir que

esta luz es nuestra conciencia y el foco, nuestra atención.

Cuando miramos a través de nuestra mente, nuestros pensamientos, deseos y creencias estrechan el foco de luz, limitándolo a lo que pensamos sobre lo que vemos. Así que

desde nuestra mente es muy difícil ver las cosas como son porque la idea que tenemos sobre ellas distorsiona la observación.

Cuando miramos desde la mente, la conciencia se hace muy estrecha, dejándo fuera una visión global -como en el escenario de teatro- y aquello que enfocamos desde la mente cobra mucha más relevancia de la que en realidad tiene. El otro día lo hablabamos con algunas personas y vimos como de noche, aún es más evidente: el foco de luz se posa sobre un pensamiento que está pidiendo toda nuestra atención y al verlo desde la mente, se hace enorme a nuestra conciencia, muy muy importante. No hay ninguna distracción de noche que pueda llamar la atención sobre sí por lo que el foco se queda iluminando ese pensamiento, mientras el resto de la realidad se mantiene a oscuras. Y cuando llega la mañana, con la llegada de otros estímulos que reclaman nuestra atención, aquel pensamiento que nos parecía tan importante ya no lo es tanto.

Muchos de nosotros hemos aprendido a mover el foco de luz, la atención, a nuestra discreción. No luchamos contra los pensamientos que nos hacen sufrir, sino que retiramos la luz de ese pensamiento para colocarlo en otro sitio, quizá en un libro, o en la contemplación de las estrellas o incluso en un recuerdo feliz. Y eso es bueno, porque

el sufrimiento causado por los pensamientos es siempre gratuito.

Así andaba el otro día, cambiando la dirección del foco, cuando súbitamente la mirada secreta me mostró dos descubrimientos maravillosos…

El primer descubrimiento me hizo ver que muchas veces observaba las cosas desde otro sitio que no era la mente. Cuando observo la vida desde otro lugar que no es la mente, la conciencia de ello, el “darme cuenta” es espontáneo, fresco, directo, sorprendente. Puedo colocar el foco de luz sobre un objeto que he visto miles de veces, y verlo entonces por primera vez, realmente por primera vez. Porque

cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez

La mente no nos permite ver de verdad. Lo único que vemos cuando miramos a través del filtro de nuestra mente, es lo que la propia mente espera ver: es una proyección de nuestra idea sobre aquello que estamos observando. Y al estrechar tanto el haz de luz, convierte esa simple proyección en una realidad absoluta, cuando es sólo un puro espejismo, un espejismo que encaja con nuestras viejas creencias. Eso es lo que nos mantiene dormidos, creyendo que lo sabemos todo, cuando la realidad nos muestra que todo es nuevo a cada instante y que no hay nada ni nadie que no esté naciendo y muriendo segundo a segundo…

El segundo descubrimiento de la bella mirada secreta es que no sólo puedo cambiar de lugar el foco de luz y mirar desde más allá de la mente, en el más cristalino silencio, sino que también puedo ampliar el foco de luz, abrirlo más y más y más y más, en una perspectiva cada vez más amplia y totalizadora. Como si pudieramos mirar aquello que nos preocupa o aquello que tanto deseamos o aquello que amamos o lo que no soportamos desde una altura tan elevada como pueda ser la visión del planeta desde un cohete. ¿Te imaginas cómo valoraríamos entonces las cosas? Cambiaría mucho la importancia que le damos a tantas historias nuestras… Cambiaría mucho la importancia que le damos a nuestra propia persona… La luz de la conciencia, sin límites, observando la vida y maravillándose a cada momento. No es ciencia ficción. Todos tenemos un foco de luz, movible y que puede abrirse hasta el infinito…

De descubrimiento en descubrimiento. De pequeño milagro en pequeño milagro. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , , , ,

La tiranía de la mente II. El camino de vuelta

 

El mejor camino a la Felicidad es el que a cada persona le sea más fácil.

Ramana Maharshi

 

El otro día un amigo me explicaba sus vacaciones de navidad: “hacía mucho tiempo que deseábamos irnos a esquiar. Mi madre estaba bastante chafadita pero tampoco pedía nada. Tenía lo que necesitaba. Y eran tantas las ganas que teníamos de irnos. Llevábamos planeándolo tiempo con mucha ilusión. Y nos fuimos. Pero ¿sabes?, yo no lo pasé bien. No pude compartir la alegría de mi pareja, ni me sentía feliz. Yo pensaba que tenía remordimientos por haber dejado a mi madre. Pero era absurdo, porque sabía que mi madre estaría bien cuidada. No comprendía por qué no lo pasé bien esquiando. Pero ahora lo veo con total claridad: lo que en verdad quería era pasar la navidad con ella. Eso es lo que realmente me hubiera hecho feliz.”

Muchas veces aquello que deseamos, nosotros ya sabemos que no nos va a dar realmente la felicidad.

Como dice Adyashanti, todo la actividad de nuestra mente psicológica -que es lo mismo que lo que llamamos “ego”, o llamamos “yo”- se reduce a dos: intentar conseguir lo que quiero y luchar en contra de lo que no quiero.

La gran mayoría de los seres humanos estamos esclavizados por la mente psicológica y es por eso que si nos preguntaran en el momento de morir cómo ha sido nuestra vida, diríamos: “Bueno. He luchado por lo que quería y he luchado en contra de lo que no quería” Y ya está. No hemos hecho mucho más.

El meollo del asunto está en el querer: “yo quiero esto y no quiero esto otro”. Pero

¿te has planteado alguna vez quien eres? ¿qué es ese “yo”?

Si te lo planteas seriamente, verás que en realidad no sabes quién es ese “yo”. Y si no sé quien soy, ¿cómo voy a saber que es lo que me conviene?

En realidad, si en este mundo nuestro, hay algo que une a todos los seres humanos es el anhelo de felicidad, de paz, de alegría de vivir y de amor. Y eso es lo que andamos buscando en lo profundo, aunque por mil caminos, a veces equivocados.

Cuando me di cuenta de este anhelo universal, empecé a preguntarme porqué todos teníamos el mismo deseo de felicidad. Y la mirada secreta me mostró que eso ocurre porque la felicidad, la paz, la alegría, el amor son características de nuestra verdadera identidad -sólo hay que ver a los niños pequeños, antes de que les caiga el peso de la mente psicológica encima de su maravillosa y auténtica espontaneidad…

Nosotros podemos pedir a la vida, al universo, a Dios, que nos traiga alegría de vivir. Podemos pedir felicidad, amor, lucidez y energía, porque eso es lo que somos en esencia,

-de hecho, aunque no lo sepamos, estamos anhelando volver a nuestra verdadera identidad. Tenemos una sensación profunda de añoranza, de vacío de nosotros mismos, de nuestra autenticidad-

pero no podemos pedir cómo conseguirlo, porque nosotros no sabemos realmente ni quienes somos ni sabemos cuál es el camino hacia esa felicidad. Si acaso, pidamos luz para que se vislumbre ese camino. Pidamos que sea la mirada secreta quien nos muestre el camino en vez de creernos lo que nuestra pobre y mecánica mente psicológica nos dicta.

Y cómo decía el gran sabio, el camino adecuado es el que nos es más fácil. Justo lo contrario de lo que nos han enseñado. Porque lo que nos es más fácil interiormente es lo que nos hace sentir paz, alegría, felicidad… Si tiene que haber alguna manera de ir acertando el camino, tendrá que ver con hacer aquellas cosas que nos llenan de paz, que nos dan serena y profunda alegría, que nos hacen sentir llenos de amor, que nos hacen comprender. Y todo lo demás no es parte de nuestro camino.

¡Ese es el secreto de la afinación!

El verdadero camino es el que me va acercando a quien soy en verdad.

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , ,

LA TIRANIA DE LA MENTE. LOS DESEOS

donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón

Lucas, 12:34


 

Mi querida amiga no quiere seguir engordando. No le gusta verse así. Sufre mucho. Tiene tanto sufrimiento que no puede sostenerlo todo y eso hace que, cuando no puede más, reparta su sufrimiento entre los que le rodean. Pero desea ese plato de macarrones. Y ese trozo de chocolate. Y esa pizza. Y también ese pastel de crema. Los desea y se los come… Y disfruta comiéndoselos, ¡mmmmmm que bueno! Pero al cabo de un rato, sufre de nuevo. Sigue engordando y sigue sufriendo…

¿De dónde vienen los deseos? Y cuando los satisfacemos, ¿qué es lo que realmente nos aportan?

Creemos que nos hace feliz conseguir aquello que deseamos, que la felicidad está en ese pastel de crema. Y nos lo comemos. Por un rato, realmente somos felices. Pero después, aparece un nuevo deseo, estar delgada y volvemos a sufrir. ¿Realmente es el hecho de satisfacer el deseo lo que nos da la felicidad? ¿Y si no fuera así? ¿Y si sintiéramos felicidad no por el hecho de comernos el pastel de crema, sino por el hecho que mientras lo comemos, no tenemos absolutamente ningún deseo?

Lo que nos hace felices cuando conseguimos un deseo, es que durante un tiempo, no deseamos nada más.

Y es sólo en el estado de no-deseo cuando realmente podemos experimentar la felicidad.

Creemos que las buenas cosas que tenemos en la vida son el resultado de haberlas deseado y haberlas conseguido. ¿Y las cosas malas? ¿También las hemos deseado nosotros y las hemos conseguido nosotros? -“he aprobado el examen” (yo soy quien lo ha conseguido) “me han suspendido” (yo no tengo nada que ver)- … Vale la pena mirarlo, ¿verdad?. O funciona para lo bueno y lo malo, o no funciona para ninguno. ¿Entonces?

El deseo es un invento de la mente. La mente funciona como un niño al que se le ha consentido todo y empieza a tratarte como un pequeño tirano. La mente quiere controlarte y para ello crea un objeto de deseo, te lo vende como un reclamo de felicidad, tu te lo crees y ¡venga!, la mente consigue el control y tu crees haber conseguido felicidad. Pero no es así…

Quizás algún lector esté pensando: “¡pero es que yo quiero tener deseos! ¡no se puede vivir sin deseos! ¡vaya vida aburrida sin deseos!” Todo eso es una creencia más de la mente.

Mira como te sientes cuando no deseas nada, por ejemplo justo después de haber conseguido un deseo…. ¿te imaginas vivir siempre así?

La mente tiene la necesidad de controlar porque te requiere como siervo suyo, porque eso le da protagonismo y poder sobre ti. Y una de sus principales armas para conseguirlo es inventarse un deseo: inventa la idea de que tal cosa (una situación, un objeto material,…) te dará la felicidad. Y lanza la idea al espacio de tu conciencia, para que te des cuenta. Tú lo recibes y lo conceptualizas como “un deseo tuyo” y te pones en marcha para conseguirlo… como un esclavo cumpliendo las ordenes del tirano…

Muchas veces los deseos que crea nuestra mente incluso son contrarios a lo que nosotros queremos realmente, como el caso de mi amiga. Y ¿a quién solemos hacer caso? ¿a nosotros o a nuestra mente?

Como dicen los sabios, la mente es el mejor de los siervos y el peor de los amos

Cuando la mente está ocupada, distraída, no genera deseos. Pero cuando está aburrida o se siente insatisfecha, entonces reclama tu atención, a menudo, generando deseos.

Tu no tienes deseos. Los deseos no son tuyos. Los deseos no buscan tu felicidad sino tu obediencia a la mente que los genera.

De la misma forma que un niño mimado que no para de llamar la atención y de pedir, no es malo, sino que el error está en nuestra manera de tratarlo, tener deseos no es malo. Es un movimiento natural de la mente humana. No es un error. El error es creer que el reclamo de control por parte de la mente, es un deseo nuestro.

El error está en cómo nos relacionamos con nuestra mente.

Sólo la mente desea y lo hace porque cree que le falta algo. Cuando descubro que yo soy todo lo que la mente deseaba, el deseo cae.

El deseo esconde un anhelo profundo que está empujando y debatiéndose por salir. Descubre que hay en el origen de cualquier deseo y descubre que ¡eso ya es en tu estado de no-deseo-nada! Bendita mirada

Fíjate que cuando estás plenamente en el ahora, no hay deseos…

Y como dice Consuelo Martín en su libro “Sabiduría en acción”:

sin deseos que muevan la barca de la existencia, liberada navega según los vientos inteligentes de la vida única… Un movimiento sin motivo dirige la conducta libre, alineándola con la voluntad e inteligencia sagradas”…

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , ,

LA FUENTE DE LA FELICIDAD II

“Buscar la felicidad no es vivir felizmente”

Thomas Merton

“Escritos Esenciales.”

Pregunta a tu pareja o a tus amigos qué es lo que más desean en la vida. Algunos te contestarán: “ser feliz”. Otros contestaran que quieren poder. Otros, dinero. Otros, muchos, amor. Otros, menos, comprender el sentido de la vida.

Si te contestan cualquier cosa que no sea ser feliz, pregúntales por qué desean lo que han contestado y verás que acabaran diciendo que lo desean porque creen que eso les hará felices.

No importa lo que busquemos, porque bajo el aparente deseo, está el anhelo de felicidad, de plenitud. Creemos que consiguiendo poder, seremos felices. O dinero. O amor. O alguna nueva creencia que por un tiempo calme el clamoroso grito de vacío que resuena en el centro de nuestro pecho. Es igual, porque en la historia de la humanidad,

Lo que todos y cada uno de los seres de esta tierra deseamos es ser felices

Es nuestro deseo universal, compartido por todos. Quizás es lo que más nos une e iguala. Quizás es la característica más humana de todas. Hasta podríamos decir que

El anhelo de felicidad, es el principal motor de nuestras vidas

Se nos educa e incluso se nos presiona para que sepamos qué es lo que queremos: hemos de tener un objetivo en la vida que nos conduzca a esa felicidad que está esperándonos en el futuro. Y si somos de esos seres humanos que no saben bien bien lo que quieren, vamos a empezar a ansiarnos (como dice una hermosísima alma en la consulta), porque creemos que tenemos que tener clara nuestra meta y después, conseguirla. Nos dicen que éste es el camino hacia la felicidad. Y nosotros nos lo creemos, sin investigarlo. Y entregamos nuestra vida a esa creencia.

Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Es cierto que tenemos que saber cómo conseguir nuestra felicidad? ¿Es cierto que si conseguimos lo que nos propusimos, entonces seremos felices?

Me paro un momento y miro. Miro con la mirada nueva, una mirada limpia de cualquier creencia que me permita atisbar algo de verdad.

Y veo que, sin saber cómo conseguir la felicidad, algunos seres humanos han vivido en ella, como si de una gracia se tratase.

También veo que otros muchos -la mayoría- han luchado toda la vida para conseguirla y nunca la han vivido.

Puedo ver que cuando conseguimos algo de lo que deseábamos, temporalmente parece que somos felices.

Y ahora, ahora que la mirada secreta está susurrándome al oído, veo por primera vez que quizá la fugaz felicidad que sentimos cuando se cumple nuestro deseo, no es por tener el objeto de nuestro deseo, sino porque durante un ratito de vida ¡no deseamos nada más!

Rememoremos juntos, en este momento, cuándo nos sentimos felices. Vamos a investigar juntos y a ver si hay alguna característica que nos dé pistas nuevas…

A ver….

Veo, por ejemplo, que la felicidad es una ¨sensación¨, está en el reino de lo experiencial, de lo vivencial. No pertenece al mar mental. Quizá alguien puede decir que cuando piensa en tal o cual cosa, se siente feliz. Aún y así, la felicidad que parece venir de esos pensamientos es también vivencial. Siempre es vivencial ¿Lo ves tu también?

Y como es vivencial, solo se puede vivir en el ahora. No podemos vivir ni en el pasado ni en el futuro. Por lo tanto, solo podemos ser felices ahora  ¿si?

Y cuando estoy plenamente en el ahora, plenamente, no pienso (el pensamiento siempre está en el pasado y en el futuro, obsérvalo y lo verás) Así que en el estado de felicidad no hay pensamiento

Y cuando no hay pensamiento, no hay referencias a este “yo” que creo ser. Porque este “yo” es un “yo” pensado. Por lo tanto, en estado de felicidad no hay “yo”.

También veo que a veces he querido repetir algo que he hecho y que en su momento me aportó felicidad, y sin embargo, cuando lo repito, ya no siento lo mismo. Por eso puedo decir que:

La felicidad no depende de lo que nosotros hacemos

Si estas feliz, la felicidad se convierte en una cosa que hay que conseguir y que se puede perder; ahora lo estarás y después, no. Si fuera una cosa que hemos de conseguir, entonces seria correcto buscarla.

Pero ya hemos visto que la felicidad no es una cosa, por lo tanto no se puede buscar.

Observa lo descubierto hasta ahora:

Tú eres felicidad. De hecho, no puedes ser de otra manera. Porque la felicidad es el aroma de la esencia de quienes realmente somos, pertenece a nuestra naturaleza.

La felicidad es nuestra naturaleza.  Y surge limpia y diáfana cuando se disuelven en la nada los diferentes velos que la cubren: los deseos, los juicios, el pasado y el futuro… Cuando no hay perturbación alguna, reina la felicidad. Siempre está aquí, por eso no la podemos buscar. Sólo la podemos encontrar.

Aquí y ahora. Sé quien en verdad eres. No necesitas nada más.

Nunca mejor dicho (quizás ahora veas la pista :)

¡Feliz Ahora!

Etiquetado , , , , , , , , , , ,
A %d blogueros les gusta esto: