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El gran creador, el gran alimento, la gran muerte

“Tú eres el que ve todo y siempre es libre. Tu única atadura es que te ves a ti mismo como si fueras otro distinto del que ve”

El sabio Astâvakra

De la Vida Una brotan infinitas formas -hojas, nubes, plumas, células, brisas, manos, piedras, ojos, minerales, luces, fríos, hambres, cuentos, tristezas, peces, estrellas, anhelos, flores,…-, cada una de ellas única y original, irrepetible. Todo lo que conocemos, dentro y fuera de este cuerpo son formas, expresiones de la Vida Una, que tal como se forman (nacen), se desarrollan (crecen) y se diluyen en nuevas formas (mueren)…

Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo.

Más ¿qué pasa si algo que parece tan obvio lo miramos con mirada nueva? Dejemos que la mirada secreta nos acompañe un ratito…

El otro día me di cuenta de que todo lo que es expresión de la vida, todas las formas de vida, necesitan ser creadas y luego alimentadas para su sustento. Creación y alimento.

Me di cuenta de que la creación de las formas surge siempre de la disolución de otras formas anteriores. La muerte de la vieja forma es el alimento creador de la forma nueva: las hojas brotan de las yemas que mueren al convertirse en hojas. La tierra se fertiliza con las hojas que caen al final de su ciclo. De la tierra brotan las semillas que fueron depositadas por pájaros que volaban en un cielo que, de no existir, no podría sostenerlos… Es infinito lo que podríamos descubrir en esta interminable red de relaciones a la que llamamos vida.

Así que creación/alimento/muerte son inseparables, se confunden entre ellas según desde donde mires la cadena. Puedes ver primero la muerte, después el alimento y después la creación. O puedes ver el alimento, después la creación y después la muerte. O puedes ver la creación, después la muerte y después el alimento. Y así podríamos seguir, permutando los tres y siempre sería cierto…

Ese fue el primer paso del gran descubrimiento. Pero la mirada secreta no se conformó con lo visto hasta entonces. Se giró traviesa hacia mi mente y le preguntó: ¿y qué relación tienes tú-que-te-das-cuenta con la red de la vida (creación/alimento/muerte)? Yo no comprendí la pregunta.

Al principio pensé que yo también era una forma y que por lo tanto formaba parte de la red de la vida. Pero la mirada secreta se puso a reír, ligera como los cascabeles de los renos de Papá Noel.

“Claro. Te piensas forma -me susurró- pero ¿acaso no hay en ti algo que se da cuenta de esta forma a la que llamas “yo”? ¿Acaso no hay un”yo” dándose cuenta de este otro”yo” que tiene nombre y apellidos?”

Entonces vi claro.

La forma “yo” pertenece a la red de la vida. Pero hay otra fuerza, otra fuerza que está siendo testigo de todo, incluido este “yo” al que observa y conoce: AQUELLO QUE SE DA CUENTA.

Aquello que se da cuenta, que no puedo nombrar como un “quien” porque no tiene forma alguna. Aquello que se da cuenta que la persona tiene hambre, que se da cuenta que hay nubes en el cielo, que se da cuenta que está pensando, que se da cuenta que enjuicia todo y a todos, que se da cuenta que pone nombres a las formas…

Aquello que se da cuenta…

Entonces la mirada secreta, con una gran sonrisa, preguntó de nuevo a aquello que se da cuenta qué relación tiene con la red de la vida muerte/creación/alimento…

Y para mi sorpresa, vi con pasmosa claridad que ¡¡¡no tenía ninguna relación con la red de la vida!!!

Aquello que se da cuenta está más allá de la red de la vida

Aquello que se da cuenta observa la red de la vida…

Y¿creéis que la mirada secreta tuvo suficiente con esto? Los que ya la conocéis sabéis que no. Aún no habíamos llegado donde ella quería. Así que, en un estado de alegría saltarina, preguntó de nuevo:

¿Y qué pasa cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida?

¡Dios mío! ¡Es tan impresionante! ¿Lo podéis ver?

Cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida, ¡la vida deja de existir!

¿Acaso no nos sucede cada vez que aquello que se da cuenta observa sólo los pensamientos? ¿No desaparece entonces la vida?

La mirada secreta me mostró que Aquello que se da cuenta es el gran creador, el gran alimento y la gran muerte de la vida. Inafectado, es la luz de la conciencia que crea las formas y que al retirarse, hace desaparecer las formas.

Y en un acto de infinita amorosidad, la mirada secreta me hizo el más gran regalo recibido jamás. Me descubrió que Aquello que se da cuenta, Eso soy yo. Y Eso es inseparable de la Vida una…

¡Feliz Ahora!

 

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La ilusión de la autoestima

“Cuando nos encontramos en la dirección correcta, lo único que debemos hacer es seguir caminando”

Proverbio budista

 

 

 

 

El otro día, en una reunión periódica de investigación directa sobre la verdad de los aspectos psicológicos, irrumpió la mirada secreta como una espada, como un rayo que cortó el aliento de más de uno.

Y como siempre, surgió en el momento más inesperado y todavía resuena lo descubierto, y todavía va aclarándose más y más, va haciéndose más nítido y más sorprendente lo vislumbrado…

Estábamos investigando en grupo sobre el yo psicológico, también llamado “ego”.

El ego es quien creo ser, la idea que tengo de mi.

Entre otras cosas, mirábamos como este “yo” anda siempre tratando de recibir la atención -mejor si es positiva- de los demás en forma de valoración, luchando por tener la razón, por ser respetado, por conseguir alguna muestra de amor, etc. Nos dimos cuenta de la cantidad de energía y tiempo que consumimos con este único propósito. Y, como suele suceder,

del propio darnos cuenta surgieron las preguntas que abrirían un nuevo paso en ese ir caminando por amor a la verdad

¿Cómo es que este “yo” necesita la constante aprobación y amor de los demás o, en el peor de los casos, conseguir por lo menos su atención, aunque sea a base de peleas o discusiones?

Algunos podríamos de inmediato ponernos a discutir sobre la validez de la propia pregunta: “Este no es mi caso. Yo no hago nada para conseguir la atención de los demás, ni la necesito”. Pero si somos honestos, nos daremos cuenta de qué si que nos pasa. Nos pasa a todos como, por ejemplo, cada vez que queremos imponer nuestra opinión, cada vez que buscamos que nos den la razón, cada vez que explicamos nuestras historias sobre lo que nos han hecho otros -tanto si nos colocamos en un lugar de víctima, como si explicamos como nos quieren o aprueban los otros-, cada vez que explicamos lo bien o lo fatal que hemos hecho algo, cada vez que juzgamos (a hermanos, padres, pareja, hijos, amigos, políticos, a la sociedad o al mundo…), cada vez que mostramos expresamente lo buenos que somos, lo valientes, lo tiernos, lo iluminados, lo malos, lo cobardes, lo poco amorosos, lo pasotas… que somos.

¿Por qué lo hacemos? ¿Qué buscamos con ello?

Ese día, mirando esta vez sin juzgarnos, vimos con claridad que

buscamos la atención de los demás porque así nos sentimos “alguien”.

Es como si la atención de los demás sobre nosotros nos permitiera vernos a nosotros mismos…

Y seguimos investigando. Entonces vimos que esa atención la buscábamos sobre todo en forma de amor.

Buscamos sentirnos apreciados, admirados, queridos. Sobre todo.

Así que por ahora veíamos que la atención de los demás, cuando más nos sirve y cuando más nos “engancha” es cuando nos ayuda a sentirnos “alguien querido“.

…Alguien…

querido…

Pero ¿por qué?

¿Por qué necesitamos que sean los demás que atestigüen que “yo” soy “alguien” y todavía mejor, “alguien querido”?

El aire de la sala se estaba electrizando. El corazón latía rápido. La alegría de un nuevo mirar hacía sonreír al silencio profundo…

Seguimos caminando juntos. Seguimos mirando. Y vimos que necesitamos ser “alguien” para los demás porque así nos “alguien” nosotros mismos. Y vimos que necesitamos sentirnos “queridos” por los demás para querernos a nosotros mismos…

Mmmmmmmm. Vale. Pero entonces, ¿por qué necesitamos ser alguien? ¿por qué necesitamos querernos? ¿acaso no somos YA alguien que se ama a sí mismo?

La mirada secreta estaba rondando, esperando un agujerito bien limpio en las nubes mentales para traspasar con toda su fuerza. Y lo encontró.

Una mirada inocente dijo sin pensar, como si cualquier cosa:

“Necesitamos ser alguien y querernos porque no nos creemos”.

¡Sí! ¡Claro! ¡Eso es!

Si esto que llamo “yo” es una idea, una creencia, ¡no tengo realidad propia! Solo soy un cúmulo de historias y recuerdos, de células en continuo cambio, un lote de atributos nacidos de la comparación constante. Este “yo” que creo ser, es un mero espejismo. Y por eso ando tan afanosamente buscando que alguien me diga que soy real…

¿Puedo amar ese cúmulo de ideas/recuerdos/creencias que llamo “yo”? ¿Acaso no hay una sensación de “yo” mucho mas profunda en mi que nada tiene que ver con esa amalgama mental? No puedo amar lo que vivo superficialmente como “yo”, un “yo” que me gusta más o menos, con el que convivo mejor si los demás lo aprecian, un “yo” tan cambiante como el tiempo…

No puedo amar el yo psicológico porque no es real, es sólo una proyección. Por eso busco desesperadamente que sean los otros, los que me permitan “amarme”…

Y entonces, todo este tema tan de moda de la autoestima, ¿dónde queda? Queda en nada.

La autoestima es una ilusión de la ignorancia, de no saber quien soy.

Descubramos que no somos ese personaje poliédrico que da tanto trabajo a psicólogos y terapeutas ;)

Descubramos que los demás tampoco son esos personajes pensados por nosotros.

Descubramos que la verdad está más allá de cualquier pensamiento,

y que el amor está más allá de cualquier objeto.

El otro día, la mirada secreta surgió como un rayo. Los corazones y las mentes vacíos de verdad, vacíos de respuestas. Los ojos silenciosos y muy abiertos. Caminando. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

dedicado a todos los que andan caminando…

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La luz de la conciencia

Cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez. La mirada secreta


 

Se abre el telón. Todo está oscuro. Y en un instante se enciende un foco de luz potente que ilumina en redondez una parte del escenario, justo en el lugar en que se haya erguido el protagonista. Este empieza a recitar un monólogo y todo el público rompe a reír. Se apaga el foco, para volver a encenderse al cabo de pocos segundos, dirigiendo la luz a otra parte del escenario. Esta vez hay una mujer que también se pone a explicar una historia, una historia triste y angustiosa. El público calla con el corazón apretado, lleno de pena y compasión. Mientras, allí donde se erguía el monologuista cómico, personas vestidas de negro están cambiando el decorado. Pero nadie les ve. El foco de luz guía implacablemente la atención del público allí donde se enfoca. Lo que queda fuera del radio del foco de luz, nadie del público lo percibe, no existe para ellos… Finalmente, el mismo foco se amplia, extendiendo su radio de luz hasta iluminar por entero el escenario. Ahora, el público ve a la mujer triste, al hombre cómico, los muebles y otros objetos del decorado, lo ve todo de una sola mirada y comprende la escena en su totalidad.

El foco de luz tiene unas características muy versátiles: se puede dirigir a discreción y se puede estrechar para iluminar un sólo punto, o se puede ampliar hasta iluminar todo.

Nosotros también tenemos un foco de luz y allí donde lo dirigimos crea nuestra realidad vivencial. Lo que queda fuera de nuestro foco de luz, no existe para nosotros. Esta luz es lo que hace que nos demos cuenta de la existencia de aquello que ilumina. Podríamos decir que

esta luz es nuestra conciencia y el foco, nuestra atención.

Cuando miramos a través de nuestra mente, nuestros pensamientos, deseos y creencias estrechan el foco de luz, limitándolo a lo que pensamos sobre lo que vemos. Así que

desde nuestra mente es muy difícil ver las cosas como son porque la idea que tenemos sobre ellas distorsiona la observación.

Cuando miramos desde la mente, la conciencia se hace muy estrecha, dejándo fuera una visión global -como en el escenario de teatro- y aquello que enfocamos desde la mente cobra mucha más relevancia de la que en realidad tiene. El otro día lo hablabamos con algunas personas y vimos como de noche, aún es más evidente: el foco de luz se posa sobre un pensamiento que está pidiendo toda nuestra atención y al verlo desde la mente, se hace enorme a nuestra conciencia, muy muy importante. No hay ninguna distracción de noche que pueda llamar la atención sobre sí por lo que el foco se queda iluminando ese pensamiento, mientras el resto de la realidad se mantiene a oscuras. Y cuando llega la mañana, con la llegada de otros estímulos que reclaman nuestra atención, aquel pensamiento que nos parecía tan importante ya no lo es tanto.

Muchos de nosotros hemos aprendido a mover el foco de luz, la atención, a nuestra discreción. No luchamos contra los pensamientos que nos hacen sufrir, sino que retiramos la luz de ese pensamiento para colocarlo en otro sitio, quizá en un libro, o en la contemplación de las estrellas o incluso en un recuerdo feliz. Y eso es bueno, porque

el sufrimiento causado por los pensamientos es siempre gratuito.

Así andaba el otro día, cambiando la dirección del foco, cuando súbitamente la mirada secreta me mostró dos descubrimientos maravillosos…

El primer descubrimiento me hizo ver que muchas veces observaba las cosas desde otro sitio que no era la mente. Cuando observo la vida desde otro lugar que no es la mente, la conciencia de ello, el “darme cuenta” es espontáneo, fresco, directo, sorprendente. Puedo colocar el foco de luz sobre un objeto que he visto miles de veces, y verlo entonces por primera vez, realmente por primera vez. Porque

cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez

La mente no nos permite ver de verdad. Lo único que vemos cuando miramos a través del filtro de nuestra mente, es lo que la propia mente espera ver: es una proyección de nuestra idea sobre aquello que estamos observando. Y al estrechar tanto el haz de luz, convierte esa simple proyección en una realidad absoluta, cuando es sólo un puro espejismo, un espejismo que encaja con nuestras viejas creencias. Eso es lo que nos mantiene dormidos, creyendo que lo sabemos todo, cuando la realidad nos muestra que todo es nuevo a cada instante y que no hay nada ni nadie que no esté naciendo y muriendo segundo a segundo…

El segundo descubrimiento de la bella mirada secreta es que no sólo puedo cambiar de lugar el foco de luz y mirar desde más allá de la mente, en el más cristalino silencio, sino que también puedo ampliar el foco de luz, abrirlo más y más y más y más, en una perspectiva cada vez más amplia y totalizadora. Como si pudieramos mirar aquello que nos preocupa o aquello que tanto deseamos o aquello que amamos o lo que no soportamos desde una altura tan elevada como pueda ser la visión del planeta desde un cohete. ¿Te imaginas cómo valoraríamos entonces las cosas? Cambiaría mucho la importancia que le damos a tantas historias nuestras… Cambiaría mucho la importancia que le damos a nuestra propia persona… La luz de la conciencia, sin límites, observando la vida y maravillándose a cada momento. No es ciencia ficción. Todos tenemos un foco de luz, movible y que puede abrirse hasta el infinito…

De descubrimiento en descubrimiento. De pequeño milagro en pequeño milagro. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

 

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La red de la vida

Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.

Mahatma Gandhi

Unos piensan: ¿es verdad que yo soy yo y tú eres tú? ¿es verdad que yo y el árbol somos entes separados? ¿es verdad que yo no tengo nada que ver con toda aquella gente?

Otros piensan: la idea de que todos somos uno es muy bonita, pero no es lo que mi cerebro me dice. Y además, ¿como voy a ser “yo” uno con este tipo de ahí?

Y otros no piensan.

Pero de verdad os digo que

no hay responsabilidad mayor en el tiempo de vida que tenemos, que descubrir que no estamos separados.

Descubrirlo de verdad, que quiere decir ni comprarlo como una idea bonita, ni creerlo porque lo dice alguien muy muy sabio, sino comprobarlo vivencialmente, verlo con total claridad. Es muy, muy importante que lo descubramos. Porque todos los estropicios que hacemos, no solo a la naturaleza, sino entre nosotros, tienen de raiz esta creencia nunca puesta en duda de que “yo” estoy separado de todo y de todos, que “yo” soy un ente individual e independiente.

Vamos a ver un aspecto de esta unidad, la unidad en la manifestación, en la vida. Es un aspecto visible para todos, aunque sólo tengamos una rendijita muy pequeña abierta para ver. Porque ese aspecto es fácil de ver y es contundente.

Por ejemplo, ¿puedo separarme del aire? ¿puedo existir sin el aire?. Yo soy en relación al aire. El aire hace que yo sea. Por tanto, el aire y yo somos uno. Sin el aire no soy. Y ésta es una relación neutra. No es ni buena ni mala. Es y punto. Y no sólo eso, sino que es una relación gratuita, en el sentido de que yo no le tengo que dar nada de vuelta al aire, no le tengo que corresponder y el aire a mi tampoco. Pero el hecho es que yo soy uno con el aire.

Y lo mismo me ocurre con todo en la naturaleza. Soy uno con todo. Porque

no hay nada en la naturaleza que no tenga que ver con mi existencia.

La vida es una. Todo existe porque existe la relación. Mejor dicho, todo existe “en relación a”.

Si faltara algo de todo eso, todo cambiaría. Y sin embargo yo, en mi estrechez mental, me separo de todo eso. Me separo falsamente, porque es imposible que yo existiera sin la naturaleza…

A nivel de relaciones con los demás…. precisamente el hecho de que sean “los demás” hace que yo sea “yo”. Si no hubieran otros, no habría “yo”. Porque el “yo” se forma desde todo lo que no es “yo”. Así que para ser “yo” te necesito a ti. Sin ti, yo no seria “yo”. Por lo tanto, ¿cómo me puedo separar de ti? Es absurdo.

La vida es relación. Sin relación no hay vida. Y ya, en este sentido -el más externo-, somos uno.

Imagina que la vida, lo manifestado fuera como una red. Y cada objeto de la vida, incluidos cada uno de nosotros, fuéramos nudos de esa red. Yo no podría ser un nudo sin la red y la red no sería sin los nudos. Y en este sentido, también se comprende que cualquier cosa que afecta a cualquier nudo de la red, afecta a la red entera. Y la red, toda la red, ¡es un sólo hilo! aunque de eso no vamos a hablar aquí, por lo menos por ahora, según me chiva la mirada secreta.

Es por eso que si la inconsciencia contamina el aire, todos los seres de la naturaleza se ven afectados. O si una persona se llena de alegría, toda la red entera, toda la vida entera, va a verse afectada por esta alegría. Aunque nosotros no nos demos cuenta.

Nuestra responsabilidad primera es descubrir que no estamos separados. Que la aparente separación es una descodificación cerebral que se dá porque a nivel práctico a veces es necesario que nos vivamos separados. Pero es una descodificación, no es una realidad.

Lo que percibimos es una descodificación de la realidad, pero no es la realidad misma

La unidad en la manifestación, en la vida, se dá por la interrelación de todos con todo. Es la relación lo que permite la existencia. Y por eso mismo, la vida (y por lo tanto “yo”) es una realidad relativa.

Mientras no descubramos que somos interdependientes hasta el extremo de que sin la relación no existiríamos; mientras no lo descubramos, vamos a estar contaminando y contaminándonos, a todos los niveles.

Lo único que necesitamos para ver, es abrir los ojos. Observemos lo aquí descrito, observémoslo en nuestro “yo” y en “nuestra” vida y comprobemos si hay algo de cierto. Y si es así, empezemos a vivir sintiéndo esta interrelación que es la vida manifiesta. Así de enorme es la responsabilidad de cada uno de nosotros. Cada paso afecta a todo y a todos.

No existo separado de nada en la manifestación, en la vida. Soy un nudo de una red y no puedo existir como tal, como nudo de una red si no hubiera red, si no hubiera el hilo que conforma la red. Y es por eso mismo, que soy un nudo, pero ¡también soy la red y también el hilo! Y por ser, soy hasta el espacio que hay entre todos los nudos, porque sin ese espacio, ¡tampoco habría red!

¡FELIZ AHORA!

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De la realidad pensada a la realidad sentida

“Dime lo que ves y te diré quien eres”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

Miro un granito de arena. Lo veo de una manera concreta. Acerco mi cara tanto que mis pestañas tocan su superficie. Entonces lo veo de otra manera. Dejo el granito en la arena y entonces casi no lo puedo distinguir del resto de la playa…. También podría coger un microscopio o un helicóptero y el granito de arena cambiaría de nuevo. Y me pregunto, ¿cuál es el granito de arena verdadero? ¿el que brillaba en la palma de mi mano? ¿el marrón borroso y sin forma que veía mi ojo a una distancia mínima? ¿el que no tiene limites y es la playa entera? ¿el que es un compuesto de otros minúsculos granitos?

La realidad cambia con la distancia, según donde se coloque el perceptor y lo percibido en la dimensión espacial.

Y también cambia en la temporalidad. Lo que hoy es un granito de arena, ayer fue parte inseparable de una gran roca, y mañana serán moléculas danzando en el viento…

Precisamente ese cambio continuo es lo que llamo vida.

La vida es constante cambio.

Nada vivo es inerte. Pero si todo cambia continuamente y según el lugar desde donde se perciba, ¿cómo puede ser considerado real? ¿en qué momento? ¿a qué distancia?

Hay una realidad. Lo siento. Lo sé. Y, sin embargo, ¿dónde está la realidad?

¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? Ese “yo” que creo ser, cambia continuamente: mi cuerpo, mis pensamientos, mis emociones, mis relaciones, mi historia personal… ¿cómo ese “yo” cambiante puede ser considerado real? ¿en qué momento? ¿a qué distancia?

Hay un “yo”. Lo siento. Lo sé. Y, sin embargo, ¿dónde está ese “yo”?

Algunas mentes sentirán mucha pereza. Dirán: “No te preocupes. Tú vive la vida y trata de ser feliz. Lo demás no importa”

Pero ¿cómo puedo vivir la vida si no sé qué es la vida ni sé quien la vive?

El amor por la verdad, que aúna corazón y mente, es demasiado intenso.

Y es ese amor por la verdad que ha atraído con su fuerza, la mirada secreta a este ojo.

El amor por la verdad intuida es tan grande que, aún en la hamaquita, expuesta la piel al sol de unas vacaciones bien ganadas, sigue palpitando en el centro del corazón, allá donde duerme la sabiduría el sueño de las mil noches, a la espera del beso ardiente de un anhelo enamorado que lo despierte en un instante del espejismo de una realidad soñada.

Hay un pasito fácil de hacer en este camino sin trazos que nos lleva a la verdad. Un pasito que nos abre a empezar a descubrir. Un primer pasito de durmiente enamorado.

Dejemos de vivir y de vivirnos desde nuestra idea de lo que es la realidad, de lo que somos. Salgamos de la mente robótica, que regala pseudoverdades nunca comprobadas. Y vivamos desde lo que experimentamos, directamente. Borremos la memoria, el pasado que hace que lo vivido sea una copia de lo anterior y vivamos dándonos cuenta de que no hay nada, absolutamente nada que sea igual que un segundo antes, tanto a nuestro alrededor como en nuestro “yo” imaginado.

Vivamos experiencialmente, con la mirada fresca del niño, y veamos entonces que descubrimos…

¡Feliz Ahora!

 

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El guerrero

     

perdónalos, porque no saben lo que hacen

Lu 23, 34

Había una vez un guerrero muy fuerte y poderoso cuya fama traspasaba todos los mares y océanos, llegando hasta los más lejanos confines de la Tierra.

Los así considerados “buenos” le amaban y respetaban, ya que eran incontables las ocasiones en que el guerrero les había salvado de los más terribles demonios.

Los así considerados “malos” le temían y sólo los más malos de entre los malos se atrevían a desafiarle. Pero ninguno fue jamás capaz de vencer al gran guerrero.

La fuerza del guerrero era enorme. Su brazo izquierdo semejaba el tronco recio de un árbol y el puño gigante semejaba la más dura de las rocas. Su tórax era tan impenetrable que jamás necesitó escudo alguno. Y en su mano sostenía la espada más refulgente y terrible que pudiera uno imaginar, ya que estaba hecha de plasma electromagnético, de la misma naturaleza que los rayos de la tormenta.

Había estado eones luchando contra los enemigos de la Tierra hasta que el Dios de la Guerra le concedió la espada, premiándole así por guardar el reino de tanta maldad.

El guerrero se había enfrentado a todos lo que eran injustos, venciéndoles. Agresores de la libertad, del amor, de la armonía, de la equidad, habían caído a la justicia de su poderoso brazo y espada.

Así andaba el guerrero, una vida tras otra, batallando, batallando, batallando… sieeeeeeeempre habían enemigos que cercenar. Y eso que ¡ganaba todas las batallas! Sin embargo, siempre surgían nuevos enemigos.

Un día como cualquier otro, después de milenios batallando, el guerrero se descubrió pensando cómo era posible que, habiendo ganado millones de batallas, no pararan de salir enemigos por todos lados, como si de una plaga de hormigas voladoras se tratase. El guerrero pensaba: “¡Ya no deberían quedar enemigos! ¿Qué es lo que está pasando?”

Y así, en medio de una gran sensación de perplejidad, se retiró a cavilar a la Cueva de Entremundos(*).

(*)Nota del autor: Esta es una cueva muy profunda y muy especial porque cuenta con tres agujeros: una apertura al mundo -por la que, como imaginareis, entró el guerrero-; y en lo más hondo, se encuentra en su suelo una apertura directa al núcleo férrico de la Tierra y otra apertura en su techo directa al núcleo de la exosfera.

Bueno, pues como íbamos diciendo, el guerrero fue a la Cueva de Entremundos, a ver si en el silencio reverente de la cueva podía llegar a entender el por qué de la cantidad de enemigos que parecían brotar infinitamente de la nada, dispuestos a cualquier fechoría…

Y ahí, en su perplejidad, cerró los ojos, tranquilizó la respiración y se quedó quieto, quieto, quieto esperando la respuesta.

Por aquel tiempo, la Mirada Secreta ya llevaba eones trabajando para aquellos que esperan ver, vacíos de respuestas y abiertos a la verdad. Por lo que, rauda y fugaz, visitó el ojo del guerrero y éste vio con pasmosa claridad la verdad

En un nanosegundo, vio que cualquier guerrero sólo puede sobrevivir como tal si tiene enemigos con los que enfrentarse ¡Si no hubieran enemigos, no podría haber guerreros!

Vio claramente que, de forma inconsciente, era él mismo quién había estado creando un enemigo detrás de otro, para sobrevivir. Entendió que debía morir, porque con su muerte traería la paz a la Tierra.

Y en ese mismo momento de lucidez, en un acto de valentía -o mejor dicho-, en el mayor acto de valentía de toda su larguísima vida, miró la espada de plasma electromagnético, la acarició por última vez y haciendo una reverencia, la arrojó al abismo, al núcleo férrico de la Tierra -el único lugar que podría fundir la espada-.

Y en ese mismo acto, pasó de ser guerrero a ser sabio.

Y durante los cientos de vidas siguientes no volvió a encontrar jamás enemigo alguno, a excepción de la ignorancia de los que, aparentemente, se portaban mal…

¡Feliz Ahora!

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La verdad del Amor


del Amor surge la unión. De la unión, el Amor. Solo Uno. Solo Amor. La Mirada Secreta

Lleva ya un tiempo la Mirada Secreta mostrando por amor a la Verdad. Y en estos días ha sucedido algo sorpresivo que ha dejado a quien escribe en muda contemplación. La Mirada Secreta, en su infinita generosidad, anda mostrando a este ojo perplejo, la verdad del Amor. La verdad del Amor, origen de la existencia, sostén de todo lo que existe, hilo invisible que conecta y crea la red de todo lo que hay, materia primera y última…

…Se respiraba serenidad. La superficie del mar planchadita, sin arrugas, reflejaba la paz que flotaba sobre todo y sobre todos. El agua todavía helada, guardando como un tesoro los rigores de un invierno frío y lluvioso, mostraba su faceta más auténtica: nítida transparencia del origen, aún no violada por los dormidos…

Se respiraba serenidad. La respiración acompasada, dulcemente profunda, serenaba también el ruido mental. El sol arropaba la piel ávida de vida. ¡Qué grande era la Bondad de la Creación!

En éstas, el pecho se inundó de amor a aquello desconocido que hacía posible la vida a cada instante. Conmovido, en silencio reverente frente a la dulce Vida, vio el corazón lo que intuía pero nunca había visto.

Ahí estábamos: el mar con todo su universo de vida, el sol, el aire y esta persona.

Ví como la mente podía enunciar cada uno por separado. Pero ¿era real esa separación? ¿realmente yo existía sin el mar, sin el sol, sin el aire?

Y vi que no. No era posible.

Yo no podría existir si no existiera el mar, reserva del agua que me daba la vida, origen de vida…

Yo no podría existir sin el sol, dador de luz y de calor, origen de vida…

Yo no podría existir sin el aire, alimento incondicional, origen de vida…

Y si la existencia de esta persona a la que llamamos “yo” no puede realmente existir sin el sol, el mar y el aire, ¿cómo nos podemos sentir separados? No tiene ningún sentido.

Fue en ese momento que vi nítidamente, a través de las turbulencias de una mente contaminada durante miles de años por millones de creencias nunca comprobadas, que yo soy el sol, el aire, el agua y también esta persona…

En alborozo sereno, el agradecimiento y la alegría se expandían sin límites. ¡Era tan perfecta la interrelación, fuente de toda vida!

Y sin quererlo, seguía viendo, a un ritmo vertiginoso, la necesidad esencial de todo con todo para su existencia:

vacío….. universos, galaxias….galaxias, planetas… el sol, la tierra… la naturaleza, las personas… los cuerpos, los órganos…. las células, los quarks… vacío

Una red de formas en un espacio vacío, con sus nudos hechos del mismo hilo que los conecta a unos y a otros, en perfecta interrelación, siendo lo mismo y siendo cada uno simultáneamente.

Y ver, con brillante claridad, que ese es el hilo que todo lo une, haciendo posible la existencia de cada nudo,

la unión, la energía del amor que deshace cualquier separación.

La unión. Todos los nudos (planetas, cuerpos, células) existiendo como tales, hechos del mismo Amor y conectados entre ellos por el Amor.

El Amor inseparable del espacio vacío que lo acoge. Amor y vacío, inseparables, fuente de toda creación y alimento eterno…

El amor por la Verdad. La verdad del Amor. Sin separación.

Silencio reverente.

¡Feliz Ahora!

 

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La Mirada sobre la vida y la muerte

Despierta y mira. Acabas de nacer a un mundo nuevo

La Mirada Secreta

 

 

Esta mañana he salido a caminar por una playa que amanece solitaria y dulce a los primeros rayos de sol.

Las olas iban acariciando mis pies en su último viaje. Y en estas, me he pillado pensando que me daban un beso antes de morir -es muy fácil sentirse poeta a esas horas y al lado del mar…- Me he encontrado observando que la muerte de una ola iba inevitablemente seguida por la aparición de otra que también moriría –la Mirada Secreta siempre está preparada para tomar el mando cuando la mente queda silenciosa, a merced de sus riendas invisibles-.

He seguido “mirando”, sin pensar. Y entonces he visto que lo que yo llamaba “morir” era, en realidad, sólo un movimiento, un cambio de forma. Y que, de hecho, nada de lo que es la ola muere en sí . Sólo muere la forma que tenía. Y aún más: lo que permanece de la ola ya deshecha, sirve para formar la siguiente ola.

Investigando la muerte de la ola, tal como hace la Mirada -que solo mira con atención intensa y pasiva-, he recordado la ley física de conservación de la energía que dice: “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Movimiento. Movimiento eterno. ¡Eso es! ¡Eso es la Vida!

La vida es movimiento.

Nada que esté vivo está quieto. Y los seres humanos llamamos muerte a lo que, aparentemente, está quieto… Sin embargo, ¿de dónde sale el movimiento sino de la Quietud?

La Mirada me enseña que lo que realmente muere es la forma que ha adoptado la vida, pero no la Vida. Y que la muerte no es lo contrapuesto a la vida, sino que es parte de la vida, esencial para su conservación.

Muere la forma y surge otra, en un devenir eterno.

Muere una ola y surge otra. El mar permanece. El mar es la esencia de la ola. La esencia es eterna. Y es lo que permite nuevas formas.

Entonces me he dado cuenta de nuevo, que no había una sóla ola que fuera idéntica a la anterior. Millones de millones de olas y todas diferentes…

Y el sonido. He abierto los oídos tratando de escuchar con mucha atención el ruido de las olas. Y tampoco habían dos olas que al deshacerse en la orilla sonaran igual.

Entonces me he sentado en la arena. He cogido un puñadito en mi mano. Y he mirado atentamente cada grano. Y ¿sabes qué? No había un granito igual a otro. Todos eran diferentes.

He levantado la mirada al cielo. Había nubes. Todas eran diferentes.

He recordado otras veces en que había mirado plenamente las hojas de un árbol, los pétalos de una flor. Siempre, cada forma es diferente a otra. No hay dos formas iguales. La fuerza de la creación escapa a la capacidad de mi mente mecánica, pero no escapa a la Mirada Secreta.

Así que, con los rayitos de un San Juan que ya asoma, la Mirada me ha llenado de alegría nueva, de gratitud nueva, de asombro nuevo, cuando ha puesto ante mis ojos atónitos la verdad de la vida y de la muerte…

La vida es movimiento y es nueva a cada instante. Jamás repite

La muerte es la transformación de la forma.

Sin palabras. Buena señal :)

Feliz Ahora Siempre Nuevo!!!

 

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Tres en Uno

“Nunca limites tu mirada sobre la vida a la experiencia previa”

Ernest Holmes

 

 

Algo precioso de la mirada secreta es que cualquier vivencia que se repita, nunca va a ser igual si estamos abiertos a ver. Es muy grande. Mucho. Porque esto implica que cada segundo es nuevo, realmente nuevo. Implica que la vida sólo es monótona para el que está dormido. Implica que la vida es sorprendente a cada momento. Que cada instante es un estreno. Así de grande es la vida, y así de bello es el descubrimiento que me deparó la mirada secreta hace dos días…

Eramos 23 personas, todas unidas por un sólo propósito: seguir descubriendo la naturaleza del ser humano en su expresión más elevada, la espiritualidad. Todas unidas en la intención de un trato de gratuidad, -un trato con el otro que nada busca más que acoger lo que recibe y ofrecer lo que brote desde la espontaneidad-. Que bella palabra descubierta: GRATUIDAD. Descubierta gracias a la mirada marítima de unos ojos profundamente negros y vivos como ese universo que nos acoje y nos enconge el alma en la noche estrellada…

Y realizamos aquel ejercicio de dejarnos caer de espaldas confiando en que unos brazos no visibles nos recogerían antes de caer contra el suelo.

Cuando fué mi turno, me dispuse con toda la apertura posible a dejarme caer. Respiré profundamente y cerrando los ojos, me solté hacia un destino incierto… Fué un instante. Pero un instante largo. Fué un suspiro, pero un suspiro profundo. Fué un segundo, pero un segundo pleno.

Y en ese segundo pleno, largo y profundo, la mirada rasgó la conciencia y de la conciencia brotó con fuerza una sensación triple, un tres-en-uno indivisible:

apareció una clara y definida sensación de confianza, confianza en todos y en nadie en concreto, una confianza sin objeto, un estado de confianza;

apareció una sensación de absoluta entrega. Nada en mí quedó para mí. No hubo ningún asimiento. Nada era mio. Una entrega completa, sin condiciones. Una entrega que, dándolo todo, no daba a nadie nada y que nada retenía.

y apareció una sensación de libertad inmensa, como si la caída no hubiera sido de un metro sino una caída al vacío infinito, una caída eterna en la que hubiera tenido tiempo de gozar de un espacio inmesurable puesto a mi disposición…

…confianza, libertad y entrega, sinónimos inseparables más allá de las palabras.

Y eso me enseño la mirada secreta esta vez:

cuando la confianza es plena, la entrega también lo es, y en esa entrega plena, brota la libertad

¡Que extraña es a veces la mirada! Siempre había creído que la verdadera libertad no entrega nada. Que la confianza es poner en manos del otro tu libertad. Que la entrega de tu libertad es porque no confías suficientemente en ti. Eso es lo que nos parece.

Pero la realidad, como siempre y como deciamos al principio, se nos muestra nuevecita a cada segundo y nos sorprende con su sabiduria. Confianza, entrega y libertad. Tres en Uno. Indivisibles.

Gracias a la energía de los 23 unidos se pudo descubrir esta nueva mirada secreta. A ellos y a todos los que andamos por estos caminos, se la dedico.

¡Feliz feliz ahora!

 

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EL FACTOR CLAVE

“El secreto está en la mirada”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

 

Esta noche, mientras dormía, la Mirada Secreta iba haciendo de las suyas –la Mirada Secreta es tan gran compañera que incluso durmiendo está enseñándome…– Me mostró la cara de soberbia y enfado de un personaje público al lado de la cara beatífica, serena e inocente de otro personaje público.

Cuando he despertado esta mañana, el recuerdo me ha hecho sonreír. Y he empezado a investigar…

Alguien dijo una vez que el ser humano es él y sus circunstancias. Pero no es así como se ve cuando se abren los ojos. Las circunstancias no hacen al ser humano, por lo menos no al 100%. A estas alturas del progresivo acercamiento del hombre hacia la Verdad, ya muchos nos hemos dado cuenta de que lo que puede influir en nosotros no son tanto las circunstancias sino como nosotros las vivimos, como las procesamos.

Cada niño nace en una época y en una familia; con unas condiciones físicas, emocionales y mentales concretas; y con unas vivencias en la infancia temprana personales. Pero ninguna de estas condiciones es suficiente para predecir qué tipo de persona será.

Hitler y Gandhi. Dos seres humanos. Dos cuerpos prácticamente idénticos, con un hígado, dos ojos, un cerebro. Probablemente con dos historias personales muy diferentes. Ambos tuvieron hermanos que vivieron en condiciones muy similares (igual que nuestros hermanos) y sin embargo los hermanos no se comportaron igual que ellos… Dos seres humanos, con el mismo potencial en el momento de nacer…

Tiene que haber un factor que tenga un peso real en el desarrollo y expresión de cada ser humano. Un factor clave. Un factor más allá de todas las circunstancias y condiciones tan archiconocidas y estudiadas por los académicos y científicos. Un factor que posea las características necesarias para permitir que se cumplan las leyes básicas y universales de la naturaleza, leyes como las del equilibrio -que asegura la Unicidad a través de la armonía de todas las manifestaciones-, o la de la evolución -que permite a través de la transformación continuada el viaje que nos aproxima a la perfección- . Un factor que esté al abasto de todos los seres humanos -cumpliendo la ley del amor que asegura que todo lo creado cuente con las máximos potenciales para su completo desarrollo-. Un factor tan fundamental que pueda revertir cualquier condición y circunstancia para que el hombre pueda realizarse como tal.

Esta noche la Mirada Secreta me ha susurrado al oído lo que tantas veces me ha enseñado y que esta vez quiere ver escrito en el blog:

la persona es el resultado de su comprensión

Somos lo que comprendemos.

Nuestros sentimientos son consecuencia de cómo comprendemos,
nuestros pensamientos surgen coherentemente a cómo comprendemos,
nuestras acciones responden a nuestra comprensión…

Y la comprensión no tiene nada que ver con explicaciones teóricas, análisis ingeniosos, interpretaciones intelectuales. La comprensión no tiene nada que ver con los conocimientos adquiridos, ni con la cultura ni siquiera con el coeficiente de inteligencia.

La comprensión es la visión directa y profunda, la visión amplia y no parcial, la visión fresca, contundente, que evidencia aquello que siempre estuvo frente a nosotros pero nunca vimos por andar tan ocupados con nuestras teorías.

La comprensión es liberación, ligereza, sonrisa, calidez, confianza, paz.

Abandona todos tus esfuerzos y despierta. Abre los ojos y mira. Conviértete en un investigador de campo. Observa con plena atención, con la mente silenciosa. Observa y descubre.

Cada descubrimiento es una nueva comprensión.

Haz de la comprensión tu único objetivo.

Date cuenta. Date cuenta.

Y ¡sé feliz, ahora!

 

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