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Cuento II. El juego del escondite

“Dichosos vosotros, porque tenéis ojos que ven…”

Mt 13,16

hoja

Era un paraje lleno de vida: árboles, insectos, hojas, montículos, verdes, ocres, olores, flores, colores, sonidos de animales escondidos. Allí estaba Dios con un niño, pasando el rato, divirtiéndose, viviendo. En éstas Dios le propuso al niño jugar al escondite, cosa que el niño aceptó de inmediato. Así que ni cortos ni perezosos, se dispusieron a ello. Pactaron que Dios se escondería y el niño, después de contar hasta 20 (no sabía contar más) le buscaría.

El niño se puso a contar de cara a un gigantesco árbol, con la carita entre las manos y los ojos cerrados: “1,…2,…3,…” Mientras Dios, que es mucho Dios, no se escondió detrás de una roca, ni debajo de la hojarasca, ni más allá de aquella hendidura -como todavía hoy muchos niños creen-, sino que en un dulce y azul estallido de Alegría, se fundió con Todo lo que allí había, impregnando hasta la más diminuta cosa de Su Esencia…

……y ¡20!”- finalizó el niño. “¡Voy a por Tí!”, dijo. Emocionado, se dispuso a buscar a Dios. Empezó buscándolo en los rincones más cercanos. Iba diciéndoLe lo cerquita que estaba de encontrarLe, mientras canturreaba, gritaba de improviso, se hacía el que ya-no-busca-más, silbaba, en fin, utilizaba mil tretas para ver si conseguía encontrárLe , o mejor todavía, coger a Dios de improviso. Pero, nada. Siguió buscándole más lejos, detrás de todas las cosas, debajo de todas las cosas, en todos los agujeros, allí donde algo puede ser escondido. Pasaba el tiempo, se agotaban las fuerzas y el niño no le encontraba.

Muchos otros niños había jugado con Dios al escondite antes que él, pero se habían cansado al no encontrarLe y habían dejado el juego. Con el tiempo, la mayoría de niños incluso se habían olvidado de que estaban jugando y habían dejado al pobre Dios escondido y no hallado. Pero este era un niño tozudo. A estas alturas del juego, empezaba a estar muy cansado y amenazaba a Dios con dejar de buscarLe. Al cabo de mucho rato empezó a decirLe que se rendía y que saliera de Su escondite. Pero ni con estas Dios dio señales de vida.

Ya se estaba haciendo de noche. El niño estaba agotado, enfadado y triste. Había pegado patadas a las piedras, había suplicado, había llorado. No Le había encontrado a pesar de que se había esforzado muchísimo en buscar. Podría haber vuelto a su vida como si nada hubiera pasado, pero no quería, o quizá no podía irse sin por lo menos entender qué tipo de juego era este que ni rindiéndose parecía acabar. Así que se dejó caer derrotado sobre la tierra húmeda. Con las mejillas sucias, el corazón vacío y la mente calladita, agotada ya de tanto pensar, se puso a remover la tierra con un palito.

En estas, vio una hormiga que acarreaba ufanamente un buen trozo de hoja sobre su cabeza. El niño se quedó extasiado frente a semejante proeza: -¡Oh! ¿Cómo puede un bichito tan chiquitín transportar una hoja que multiplica en diez su tamaño? ¿De dónde saca tanta fuerza? Es… es… ¡un milagro!- Y….¡zas! En este mismo instante la hormiga, la hojita que acarreaba y todo su alrededor se iluminó mágicamente de una luz dulce, dulce y azul, de una belleza inenarrable…. El niño, con los ojos abiertos como platos y el corazón a punto de salírsele del pecho de tan rápido que latía, se abrió la mirada y vio. Vio una abeja que mientras libaba el néctar de una flor preciosa iba acumulando en los pelillos de su cuerpo los gránulos de polen que después esparciría interminablemente por todas las flores, polinizándolas. -¿A quién se le puede haber ocurrido una idea tan fantástica? ¡Oh! ¡Esto ha de ser idea de un Genio!- Y…¡zas! La abeja, la flor y todo su alrededor se iluminó de nuevo con esa luz dulce, dulce y azul de belleza inenarrable… Y así es como el niño encontró a Dios. Fin.

niño

Durante mucho tiempo, después de haber tenido este sueño, pensé que el niño había podido ver porque se había quedado quieto, sin pretender encontrar nada, rendido y por ello se había creado en él el espacio vacío de “quereres y creeres” necesario para poder llegar a ver.

Había dejado de buscar a Dios en algún sitio, para encontrarlo en todo.

Había dejado de buscar y había aprendido a mirar.

Entonces no sabía que esto no era todo lo que el sueño quería mostrar a la Mirada. El fundamento esencial por el que el niño llegó a Ver fue descubierto por la Mirada mucho tiempo después, de forma inesperada y sorpresiva. Todavía hoy sigue derramando su fruto a ésta mirada mía. Y es que

el niño llegó a Ver porque Dios, además de desparramarse por todo, también se diluyó en él.

¿Comprendes Ahora?

¡Feliz!

P.D. Por cierto, cuando el niño creció se convirtió en un indio rastreador :)

ILUSTRACIONESWilfred  –  creativewilfred@gmail.com

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El quehacer espiritual

Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada… Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes…

Juan de la Cruz

Hoy la mirada secreta golpea de improviso con toda su fuerza y con todo su candor. Esa mezcla que sólo la mirada tiene.

Leo unas reflexiones, acojo unas preguntas y parece que todo tiene que ver con el quehacer espiritual.

Nos dicen que no hay que tener apegos, que hemos de aceptar todo lo que la vida nos trae, hemos de meditar, no hemos de enjuiciar, y sobre todo hemos de matar al ego. Eso es lo que manda la espiritualidad de estos tiempos.

En otros tiempos nos mandaron diez cosas para llegar al Reino de los Cielos:

Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Dios en vano.
Santificarás las fiestas.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometerás actos impuros.
No robarás.
No darás falso testimonio ni mentirás.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes ajenos.

No sé cúantas cosas más hemos de hacer si queremos llegar a la Verdad, a la paz interna tantas veces implorada, a ser espirituales de verdad, realizados, iluminados.

Y los que tanto anhelamos esa Verdad empezamos a batallar. Podríamos decir que añadimos a la lucha cotidiana, la “lucha espiritual”. Muchas veces como dos grandes batallas que no se cruzan entre sí y que incluso pueden ser contrapuestas: mi vida cotidiana y mi vida espiritual. En muchas ocasiones ¡mi vida cotidiana se convierte en un obstáculo para mi vida espiritual! Es muy raro, muy raro…

¿Cómo puede ser que la Verdad se equivoque tanto que me coloque en un sitio contraproducente para volver a Ella? ¿No será que mi mente está enjuiciando las situaciones de nuevo según lo que cree que me conviene y lo que no?

Por otro lado, en ese quehacer intenso trato por todos los medios de ir modelando mi persona a ese “ideal espiritual” que sin darme cuenta, he comprado. Ahora ya no me siento mal sólo por mis problemas físicos y mis problemas psicológicos. Ahora añado a la lista mis problemas espirituales. Tengo que conseguir ser de una manera concreta, actuar de una manera concreta, incluso puede que tenga que comer de una manera concreta, vestirme de una manera concreta y tener unos gustos concretos. Todo en base a un ideal. Pero ese ideal está fuera de mí. Es muy raro, muy raro…

¿Cómo puede ser que la Verdad se equivoque tanto que me haga una persona contraproducente para volver a Ella? ¿No será que mi mente está enjuiciándome de nuevo según quien cree que debo llegar a ser?

¿Os resuena? Todos en algún momento, o siempre, hemos estado atrapados por un camino externo que nos dice qué hemos de conseguir y cómo hemos de llegar a ser y lo que tenemos que hacer si queremos conseguir Eso.

Y la mirada se queda con Su Ojo abierto de par en par. Que si tuviera manos se las llevaría a la cabeza. Y a la vez sonríe dichosa: “más vale batallar ciegamente que dormirse en la batalla” me dice.

El corazón late deprisa. La alegría inunda el espacio. Viene rauda la mirada secreta. Viene feroz y divertida. Viene con un secreto que hemos oído millones de veces, pero no escuchamos:

A la Verdad no le importa ni lo que hacemos ni quienes somos. La Verdad es Imperturbable.

La Verdad no se desvela a aquellos que cumplen unas condiciones. La Verdad es Incondicional.

La Verdad no aparece a unos y a otros no. La Verdad es OmniPresente.

Un ejemplo gracioso es aquel que anda buscando sus gafas y no se da cuenta de que las lleva puestas. Mientras anda buscando, no encuentra. Si está quietecito, puede ser que se dé cuenta. ¿Habrá necesitado hacer un montón de cosas? ¿Habrá tenido que esforzarse en ser diferente? Las gafas siempre estuvieron ahí. Pero él no lo sabía. Y a las gafas todo lo que el pobre haya hecho le es indiferente. Siempre han estado en su sitio.

Mientras esté distraído con las cosas del hacer, mientras esté buscando y buscando no me daré cuenta de que la Verdad está ahí.

Dejemos de creer nada. Hagamos lo que la Vida nos traiga. Y démonos cuenta de que Aquello que tanto anhelamos está más allá de la mente, de los pensamientos. Encontremos ese lugar dentro que trasciende el pensamiento, que es la fuente de donde los pensamientos y la Vida entera brota. Encontremos ese lugar desde el silencio del hacer interno, sabiendo que es desconocido.

Para ir a lo Desconocido hay que partir de lo desconocido.

La sorpresa es que todos esos mandatos, esos objetivos, esos mandamientos que nos prometían el Cielo, esos quehaceres espirituales serán entonces resultado natural de vivir desde Ahí y brotarán espontáneamente. Quizás no eran diez mandamientos sino diez pinceladas de la Tierra Prometida…

Dedicado con todo amor a los que el Amor a la Verdad les acucia con fiereza.

¡Feliz feliz Ahora!

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Los discos rallados

Sólo reconociéndote esclavo, podrás liberarte.

La mirada secreta

Había una vez un hombre que vino a la consulta atribulado y avergonzado por una voz mental constante que no paraba de repetírle lo poca cosa que era, lo deficiente que era su trabajo creativo… Cuando llegó a la consulta, él se creía que lo que esta voz mental le decía, era verdad. De hecho, no se había dado cuenta de que la voz mental y él eran dos entidades separadas. Se había vivido en simbiosis perfecta con esa voz mental… Así que empezamos a investigar y a descubrir. A los pocos meses, el hombre veía con claridad que la voz iba por un lado y él por otro. Descubrió que él no podía hacer que la voz de su mente dijera cosas que le agradaran más de sí mismo, pero sí que podía no dar crédito a esa voz. Y cuando descubrió eso, se liberó de la influencia que la voz mental ejercía en él. Y así se fue de la consulta. Siguió su camino y nada supe de él hasta pasados un par de años… Un día me llamó y nos volvimos a ver. Venía sonriendo, aplomado. Su abrazo era un abrazo de iguales. Se sentó y me contó: “Estoy muy contento. El trabajo me va muy bien.¿Sabes? hace unas semanas ¡recibí un premio por mi trabajo!” Que alegría. Le felicité con mucho amor. Me sentía muy feliz por él. Pero no había venido a decirme que había recibido un premio, sino algo mucho más importante… “La cuestión -prosiguió sin dejar de sonreír- es que para entregarnos los premios, prepararon una cena de gala. Cómo te puedes imaginar, me preparé un discursito de agradecimiento para el momento en que dijeran mi nombre y saliera a recoger el premio. Bueno, pues llegó el momento y yo todo ufano subo a la tarima a recogerlo y en el instante en que voy a soltar el discurso, ¡apareció la voz mental diciéndome que aún con mil premios seguía sin valer nada! Me puse a reír delante de todos. ¿Cómo era posible que incluso en esas circunstancias la voz no cambiara de disco? Y sin pensármelo dos veces, expliqué a todos exactamente lo que me había pasado, esa voz que desde muy joven me había atormentado, la liberación que viví cuando me di cuenta de que la voz no era yo, y su tozudez para hacerme creer lo que estaba claro que ¡sólo pensaba ella de mí! Si vieras como se rieron todos. Vi con toda claridad que ¡no soy el único ser humano que tiene este tipo de voces en su cabeza!”

No sé si te has dado cuenta de que la relación que tienes “contigo” está basada en esa voz mental que te dice cómo eres y cómo tendrías que ser, que te juzga sin parar -para bien o para mal-, que te premia, que te castiga, que te dice lo que tienes que hacer y lo que no tienes que hacer, que te suele etiquetar con cuatro o cinco etiquetas que se van repitiendo sin cesar, “eres tonto”, “eres el mejor”, “mira que eres parado”, “perezoso”, “inútil”, “eres encantadora”, etc.

La relación que se supone que tienes “contigo” es la relación entre esta voz mental y tú.

Y es esa voz mental la que te permite sentirte bien contigo o no. Así de fuerte…

Pero miremos como funciona esta voz mental. ¿Tiene algún propósito? La verdad es que no. Funciona exactamente igual que las maquinas tragadiscos de los años 70, las jukebox, en las que introducías una monedita, apretabas -entonces no se decía “clickar” sino “apretar” :)- una letra y un número y se ponía el disco que querías, siempre el mismo disco, ¿las recuerdas? Pues la voz mental es exactamente así. Cuando eras pequeño, los discos se grabaron según tus experiencias y demás. Y desde entonces, siempre que las circunstancias son, por ejemplo, H-3, sale el disco “Tú no vales nada”. Si las circunstancias son G-9, sale el disco “Otra vez la has fastidiado”. Si son D-6, sale el hit “No hay nadie tan bueno como tú”. Y así.

Cada uno de nosotros tiene su discografía particular. De eso no cabe duda. La Mirada Secreta nos señala que:

La voz mental no eres tú.

Si fueras tú, escogerías siempre discos maravillosos porque está claro que por querer, quieres ser feliz…;

Tú eres antes que la voz mental.

Cuando naciste, no tenías ninguno de esos discos, pero tu ya eras tú. Por lo tanto, esta voz se sobrepone artificialmente a tu identidad;

La voz mental no tiene nada que ver contigo sino con las circunstancias que rodearon tu infancia.

Si hubieras vivido otras circunstancias de pequeño, tendrías otra discografía;

Si observas, te darás cuenta que la voz mental es repetitiva y nunca nueva.

Los discos son siempre los mismos, son realmente discos rallados;

Quien realmente manda eres tú y no la voz mental.

Puedes escoger no escuchar los discos que saltan automáticamente.

Y finalmente,

tu no puedes tener una relación contigo mismo porque no te puedes dividir en dos

por lo tanto todo lo que te dice la máquina no tiene nada que ver contigo.

Date cuenta de que esa voz que te juzga, te acosa, te manda, te esclaviza (es indiferente que sea un buen amo o un tirano) es sólo una máquina automática y atrévete a ser libre.

Eso es lo que te desea la Mirada Secreta, aunque aún no hayan llegado las fiestas.

¡FELIZ AHORA!

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De la mente pura

“”La luz de la Verdad es reflejada en la mente pura”

Sri Ramana Maharshi

 

 

 

Ayer por la mañana estaba desayunando con mi hijo y me contó que había pasado toda la noche viendo setas, después de dedicarse a ello todo el día anterior. Vimos que nos pasaba muy a menudo cada vez que estabamos ocupados mucho tiempo con algo concreto.

Y así andabamos cuando de pronto mi hijo me dice:

la mente funciona con lo que le das de comer

Había entrado la mirada secreta.

Cuando contemplamos el agua de un charco, podemos ver lo que su superficie refleja y también podemos ver el fondo.

El reflejo puede ser más o menos preciso según los movimientos y los posibles objetos que se hallen flotando en la superficie del agua.

El fondo puede vislumbrarse más o menos, según lo límpia que esté el agua.

Es la pureza del agua y su quietud lo que permitirá que los reflejos se acerquen a la verdad de lo reflejado y que mostrará a nuestra mirada su fondo real.

El Sol se refleja en el charco. El sol es la verdad. El reflejo es mero reflejo, pero conforme el agua es más quieta y límpida, más puedo conocer el sol aunque sólo contemple su reflejo.

Pues así pasa con nuestra mente. El agua es como nuestros pensamientos. Si los pensamientos están aquietados, si no están llenos de ruido y son pensamientos inspirados y no tráfico polucionado, la mente reflejará la verdad. No la podrá ver directamente, pero la reflejará con claridad. Y lo mismo ocurrirá con el fondo, la profundidad de las cosas. No nos quedaremos en lo aparente, podremos acercarnos a la esencia de aquello que acontece.

Algunas personas más o menos conscientes, se preocupan por lo que comen, por cómo alimentan su cuerpo. Saben que su cuerpo es el resultado de su alimentación. Saben que para que el cuerpo funcione lo mejor posible, necesita un alimento adecuado. Pero, ¿cuántos de nosotros estamos pendientes de

con qué alimentamos nuestra mente?

Y así habló la mirada secreta:

Es la mente sutil tan nítida y frágil como las aguas de un lago.

La más ligera brisa ondea la superficie y altera lo reflejado.

Impidiendo ver claramente, ni el reflejo de plata,

ni el Fondo Dorado.

Por eso urge mantener la mente pura

de vientos, brisas y barros.

Y en esa Quietud límpida,

transparente la mente lo Anhelado

a ese ojo silencioso que contempla lo Sagrado.

Si fuera que un tornado removiera con fuerza el lago,

las aguas se apartarían. El Fondo, así, despejado.

¡Que llegue un viento huracanado!

O que la menor ínfima brisa enturbie su superficie

y puede el ojo hundirse en lo más profundo del lago.

 

Observemos la dieta con la que alimentemos nuestra mente. Porque nuestra mirada depende de ello.

¡Feliz feliz Ahora!

 

 

 

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La prisión del alma

¿Por qué permaneces en la cárcel cuando la puerta está abierta de par en par?

Rumi

Muchas veces, el alma no sabe que vive en una cárcel. Su habitáculo es, para ella, el universo entero y, con sus mas y sus menos, le gusta. A veces, cuando un revés de la vida gira su cabeza, ve las puertas abiertas pero no siente la necesidad de salir.

Otras veces, el alma tampoco sabe que vive en un cárcel. Pero esta vez, la cárcel no le gusta. Se siente atrapada. Su corazón estrujado se pregunta perplejo si esto es todo lo que hay. Algunas veces también ve las puertas abiertas, más al no saber que vive en una prisión, no se le ocurre salir. Ve la salida sin verla…

En ambas circunstancias,

el alma no sabe que el sufrimiento que está sintiendo sólo habita en medio de estas paredes…

¡Pobre alma que no sabe que no sabe!

Otras veces, el alma siente su aprisionamiento. Se debate -a veces furiosamente y otras estremeciéndose sutilmente- entre un sinfín de cadenas imaginadas que le mantienen aprisionada y no le dejan salir de su encierro a pesar de tener las puertas abiertas frente a ella, casi eternamente. Cadenas de no-puedos, cadenas de miedos -a perder lo que tengo, a perderme, a lo desconocido, a la muerte,… (¿a mayor miedo, mayor intuición?)-, cadenas inventadas, cadenas intuidas, cadenas, cadenas.

Y el alma que no sabe y se pregunta. Se pregunta y busca respuestas. Y algunas respuestas parecen calmar su sed de libertad, pero el alivio dura sólo unos segundos. Y se sigue preguntando, envuelta de cadenas, frente a la puerta abierta.

Trabaja duramente para entender su aprisionamiento. Para hallar una salida. Para liberarse.

A veces, ve las puertas abiertas. Están frente a ella. Pero no cree que sea tan sencillo. “¡Ésta no puede ser la salida! ¡No puede haber estado frente a mi todo este tiempo! ¡La salida es mucho más complicada!” piensa el alma.

No puede aceptar que tanto sufrimiento, tan pesadas cadenas le permitan llegar al umbral siquiera

y sigue su periplo en busca de una salida acorde a su sufrimiento…

¡Pobre alma que sabe que no sabe!

Y otras veces, -pocas de hecho-, al alma descubre la cárcel, las puertas abiertas, las cadenas imaginadas, el sufrimiento que vive allí y sin debatirse, se duerme al sueño. Sabe que no es ella quien ha de cruzar las puertas.

Y también sabe de la embriaguez de cárceles, puertas, cadenas y sufrimientos.

Y como aquel que duerme la borrachera esperando despejarse, se deja

…dándose cuenta de que los sueños, sueños son (como dijo aquel que la inspiración atravesó).

Y quizá llegue a darse cuenta que ella misma es producto ebrio de sueño. Quizá…

Y ahí está el alma que sabe que no sabe y que ¡nunca sabrá que sabe!

La mirada secreta hoy deja esta cárcel patas arriba.

Y en su infinita compasión, susurra un silbo de aires amorosos (como diría Juan):

-Shshshshshshs, todo está bien…

-El gran entretenimiento son los pensamientos y la gran cárcel es creernos que son nuestros. Si no vemos, no vemos por eso-

… me dice entre sueños.

Y surge una sonrisa de paz.

El sueño sigue, apaciblemente.

Vacío de mí.

Dentro, fuera, es lo mismo. Lo que vivo fuera es donde estoy dentro.

¡Feliz Ahora!

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El camino y el caminante

IMG_3445 “Cada cual es camino de sí mismo.”

Javier Melloni. Sed de Ser

 

 

El caminante viaja…

…El camino no va a ningún sitio.

El caminante quiere, desea y se esfuerza…

…El camino no tiene ninguna voluntad ni intención. Es lo que es.

El caminante, por mucho que se esfuerce, sólo puede vivir un tramo del camino a la vez…

…En el camino conviven simultáneamente el principio, el durante y el fin, sin comenzar ni acabar en si mismo.

El caminante no crea el camino…

…El camino crea al caminante y lo sostiene.

El caminante no sería caminante si no hubiera camino…

…El camino siempre es, tanto si hay caminante como si no.

Al caminante le afecta el camino…

…El camino no es afectado por caminante alguno.

El caminante viene y va…

…El camino es quietud. En sí transcurre el caminante pero el camino no se mueve.

 

El camino siempre es camino.

No va ni viene a sitio alguno.

El camino no se mueve.

Y sin embargo, rezuma paz y belleza.

Al camino le es indiferente cuantos pasen por su senda.

¡Camino, no hay caminante para ti!

(aunque Tú eso ya lo sabías…)

 

Quien soy es Camino.

Quien creo ser, caminante.

 

¡Feliz Ahora!

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La rama y el Árbol

 

Había una vez una ramita muy ocupada en ser una buena rama. Para ello, se atareaba afanosamente en que sus hojas tuvieran una espesura lustrosa, de una calidad excelente. A menudo las otras ramas alababan la espesura de su follaje, y ella se sentía muy ufana y orgullosa de sí misma -¡bien sabía cuántísimo esfuerzo le había costado dar tan buena sombra!-. También se ocupaba lo mejor que podía de sus flores. Quería que sus flores fueran radiantes, incluso -aunque eso no lo confesaba porque no estaría bien visto- hacía malabarismos para que sus flores no sólo fueran radiantes, sino que fueran las más radiantes. Tampoco es que quisiera ningún mal para las otras ramas. Habían ramas que, pobres, a duras penas tenían alguna flor raquítica. Pero había otras, especialmente una que vivía a su derecha, que eran unas engreídas y se mostraban bien erguidas, restregándo a todas las demás la belleza y la riqueza de sus flores. Ella, que quería tener flores radiantes -y ¿quién no?-, cuando lo conseguía tampoco se pavoneava de ello, aunque era evidente que en belleza casi ninguna otra rama la superaba y ¡sin hacer alarde!. ¿Se podía ser más maravillosa? Bueno, bueno. También es cierto que no todos sus frutos llegaban a buen puerto: algunos, por mucho que ella se esforzara, caían de su abrazo antes de tiempo y otros se pudrían antes de madurar. Le daba mucha rabia que las otras ramas la culparan de ello: ella se esforzaba y se esforzaba y ¿acaso no habían muchos de sus frutos que relucían en toda su madurez?. Pensaba: “las demás ramas siempre fijándose en los defectos de una… uff… como si ellas no tuvieran”.

Otras veces, la ramita se asustaba -y mucho-, cuando veía como una bocanada de viento rompía en dos la ramita de al lado, o cuando veía como el pájaro carpintero -asesino sin piedad-, se deshacía de otra compañera y ésta se precipitaba al vacío. Entonces, lloraba mucho y se enfadaba: “¿por qué tienen que pasar estas cosas tan horribles?” -se preguntaba. “Pobres ramas. ¿Qué mal han hecho ellas para tener este fín tan atroz?”

Y es que la ramita observaba y veía muchas cosas, tanto de ella, como de sus compañeras, como de la vida en general. Pero

nunca, nunca se había planteado su propia mirada. Siempre había mirado lo que tenía enfrente y lo que tenía a los lados. Pero nunca había mirado lo que tenía detrás ni lo que había dentro suyo…

Porque si hubiera mirado lo que tenía detras, hubiera descubierto el Árbol.

Y si hubiera mirado dentro, hubiera descubierto la Savia…

Hasta la ramita más pequeña es el Árbol. Cuando la rama deja de vivirse como algo separado, se conoce como lo que verdaderamente es. Sigue siendo ramita, pero le abandona la idea de separatividad. Ve todas las ramas y sabe que todas son Árbol.

Se conoce Árbol. Se vive Árbol. Se entrega a esa verdad y se olvida de ella: aún siendo ramita, ya no es una ramita, sino Árbol en forma de ramita.

Y deja que sea el Árbol el que se encargue de todo -(siempre fué el Árbol el que se encargó de todo, pero ella no lo sabía y se esforzaba por crecer, por florecer, por dar buenos frutos)-.

Ya no se piensa ramita. Y como el Árbol se encarga de todo, de hecho ya no piensa. Ni siquiera ve diferencias entre ella y las otras ramas. ¿Cómo va a haber diferencias entre ella y las otras ramas si ella Es el Árbol? ¿Cómo va a haber diferencias entre ella y las otras ramas si las otras ramas Son el Árbol? El Árbol se expresa en millares de diferencias. Eso sí. Todas, expresiones del Árbol.

De su ramita, han caído las preposiciones relacionales.

Ahora la ramita sólo atestigua con sorpresa infinita cómo crecen las hojas (que ya no son “sus” hojas), cómo brotan las flores (que ya no son “sus” flores), como resplandecen los frutos (que ya no son “sus” frutos).

De su ramita han caído los adjetivos posesivos.

Eso es lo único que hace. Atestiguar el milagro de la Vida en ella. Tal cual es. Sin atributos.

Y la Vida que es ella y pasa a través de ella, la Savia, es fuente de vida a su vez… eternos fractales de lo eterno.

Cuando la ramita mira detrás, vé que ella y todas las ramas son un sólo Árbol.

Unidad de lo manifestado.

Cuando la ramita mira adentro, profundamente adentro, vé que es savia. La misma savia del árbol y de las ramas y de las raices y de las hojas y de las flores y de los frutos. Una sola savia.

Uno, en lo inmanifestado.

Eso es lo que ve la mirada secreta. Siempre vuelta hacía adentro para ver la corriente, y hacia atrás para ver la Fuente.

Y así es como lo vive la ramita desde el silencio del yo inventado.

¡Feliz Ahora!

fotos cedidas por ikibcn. gracias!

 

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La guerra de los fantasmas

“Para saber lo que Ud. es, antes debe investigar y saber lo que no es.”

Sri Nisargadatta Maharaj

 

Yo creo que soy de una manera concreta: soy así y así y así y no soy asá ni asá ni asá.

Cuando digo que me conozco muy bien, en realidad lo que conozco son mis patrones de pensamiento/emoción/comportamiento repetitivos, o dicho de otra manera, mis reacciones y mis formas de manipular el entorno. Lo que conozco bien está todo circunscrito al mundo mental, al mundo psicológico. De hecho cuando actúo de una manera que no encaja con como creo ser, enseguida aviso: “yo no soy así”.

Sin embargo, yo no me puedo conocer muy bien en la espontaneidad, en la creatividad, en la intuición, en la inspiración… Porque eso cuando se dá, -que se dá, a pesar de la idea que tengo de mi-, siempre es nuevo y sorpresivo, igual que la vida es nueva a cada segundo aunque mi mente no me permita darme cuenta de ello. Y eso nuevo, desconocido, sorpresivo no lo introduzco en quien creo ser. Es como si no tuviera nada que ver conmigo. Y eso ocurre porque no encaja con quien creo ser, con lo archiconocido en mi, viejos patrones condicionados que funcionan automática y mecánicamente, y que nunca me sorprenden. Así que lo que conozco muy bien es un robot psicológico, el yo condicionado con el cual yo me he identificado.

Cuando los demás dicen que me conocen muy bien, ellos también conocen ese robot psicológico. De hecho, ¡nada más puede ser conocido!

Pero, ¿quién soy yo realmente? Eso yo no lo puedo conocer porque no puedo dividirme en dos: el yo que conoce al yo que se supone que soy…

Quien soy yo realmente, no lo puedo conocer, sólo puedo serlo.

Es por eso que ¡¡todo lo que creo ser, no soy!!

Quien soy yo, sólo puedo serlo plenamente cuando me libero de lo que no soy, de ese yo condicionado que fué formandose desde los primeros años, superponiéndose al yo que había nacido, modelado por las circunstancias externas, igual que un trozo de arcilla es modelado. Yo-arcilla me he confundido con yo-forma de arcilla. He creído que soy esa forma, cuando nunca he dejado de ser arcilla. Y ahora me vivo como la forma, conozco más o menos bien la forma y sin embargo soy arcilla y la forma que adopto sigue cambiando… La idea de mi es la idea de la forma. Ese es el primer fantasma.

Por otro lado, no sólo tengo una idea de quién soy yo, sino que tengo también una imagen de cómo debería ser. Ese es el segundo fantasma. Y no me he dado cuenta de que esa imagen también viene de lo condicionado, de lo que me han enseñado que es lo mejor, algo que va cambiando con las épocas.

La idea de cómo debería ser, es una moda social.

Por ejemplo, ahora está muy de moda ser emprendedor, independiente, tener opiniones propias muy marcadas, ser seguro de sí mismo. En la época de mis abuelos, lo que era maravilloso era ser cumplidor, estable, obediente y responsable. Ese ideal que tengo de mí mismo, que también viene del exterior como creencias que yo asumo sin revisar, está todo el día jugando dentro de mí con respecto a quien yo creo ser, a la idea que tengo de mí. Así que

hay una contínua lucha entre quien creo ser y cómo creo que debería ser.

Ninguno de los dos conceptos lo he construído yo. Ambos me han sido impuestos desde fuera y jamás se me ha ocurrido ponerlos en duda.

Y esa lucha se extiende a mi relación con el mundo entero:

la relación que yo tengo con el mundo, con las personas, es un reflejo directo de la relación que tengo conmigo mismo.

Con los demás es lo mismo: tengo una idea de como son y una idea de cómo deberían ser: los amigos, los hermanos, los padres, los hijos, los políticos, los países, las leyes, … Y esos son los miles de fantasmas hijos de los dos anteriores.

En esa lucha eterna, que está circunscrita en el mundo de las ideas y que no tiene nada que ver con la realidad, yo vivo.

Es la guerra de los fantasmas: del fantasma de lo que yo creo que es y el fantasma de lo que yo creo que debería ser. Fantasmas que no tienen ninguna realidad, ninguna consistencia. Sólo son ideas. Ideas que al darles verdad, me impiden ver la realidad tal como es. Ideas que ponen un filtro espeso delante de mi mirada y deforman completamente la visión, tanto que cuando un día ves sin filtro no puedes comprender como habías estado tan ciego.

A los fantasmas no se les puede manipular, no se les puede cambiar, no se les puede matar. No se puede luchar contra los fantasmas porque no tienen consistencia. Porque no son reales. He aquí su poder.

Y para acabar con los fantasmas, sólo tenemos un camino: ¡encender la luz!

Cuando se enciende la luz, los fantasmas desaparecen.

Y ¿qué quiere decir “encender la luz”?.

Encender la luz es darnos cuenta.

Ese es el camino: darnos cuenta. Darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser, de que no tenemos que ser de otra manera porque ya somos de ninguna manera concreta. Que eso es sólo una idea que hemos comprado. Que todo lo que Es, ya Es. Que todo lo que existe es lo que es. Que las personas no son como son sino que son lo que son.

Que

yo no soy como soy, sino que soy lo que soy.

Y que en ese viaje de darme cuenta, los fantasmas desaparecen y con ellos, la guerra.

En ese viaje de darme cuenta de aquello que no es real, acaba la guerra y con el fín de la guerra, resurge la Paz.

¡FELIZ AHORA!

Especialmente a las mariposas :)

 

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¿Yo existo?

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Pienso, luego no existo.

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta susurra en el silencio y trae la voz de un pensamiento nunca antes formulado:

en lo más obvio se esconde la verdad

En lo más obvio… Por eso parece tan difícil encontrarla…

La mirada secreta se posa en lo más obvio y la investigación comienza… silencio… atención…no sabemos lo que puede esperarse…la mente se abre a lo nuevo…

…Parece que veo. Veo la ventana y detrás del cristal, la montaña con sus árboles y tierras. Veo los verdes de los campos todavía húmedos, los amarillos de la mimosa florecida, el oro de las piedrecillas. Veo sombras. Veo el viento en el mecer de ramas y hojas. Y también veo a este lado de la ventana, cosas (siempre me gusta más ver la creación de la naturaleza que la creación del hombre). Aparentemente, soy yo quien ve. Es mi visión.

…Parece que escribo. Mis dedos se mueven veloces por el teclado y surge la escritura en la pantalla del ordenador (siempre me ha parecido mágico). Aparentemente, soy yo quien escribe. Son mis pensamientos los que yo convierto en palabras y tecleo en mi ordenador.

…Parece que respiro. Mi pecho se infla y desinfla al paso del aire que trae consigo la posibilidad de vivir. Aparentemente, soy yo quien respira. Es mi aliento.

…Parece que siento. Siento la paz de un domingo por la mañana, en el que el trino de los pájaros y el calorcito de un sol que –aparentemente- se acerca, anuncian la llegada de la primavera. De nuevo, aparentemente soy yo quien siente. Es mi sentimiento.

Yo soy quien ve, escribe, respira y siente. Eso es lo obvio, ¿no?- le digo a la mirada con aires de duda (que ya nos conocemos). Y ella me pregunta a su vez:

-Para que esta obviedad se de, ¿qué ingredientes se necesitan?-

La respuesta es fácil. Un sujeto (que soy yo) y un objeto (que es lo otro).

Para que yo vea, se necesita algo que ver. ¿Podría decir que veo si no hubiera nada que ver?
Para que yo escriba, se necesita que los pensamientos se conviertan en palabras. ¿Podría decir que escribo si no se formaran letras sobre una superficie?
Para que yo respire, se necesita que la respiración se de. ¿Podría decir que respiro si estuviera en apnea?
Para que yo sienta, se necesita que haya un sentimiento. ¿Podría decir que siento algo si ese sentimiento no estuviera presente?

-¡Muy bien!- responde la mirada con su silencio amoroso. Y traviesa me pregunta,

-¿Has puesto tú los objetos que ves? ¿has construido tú las palabras? O mejor todavía ¿has escogido tu los pensamientos? ¿has construido tú el hecho de respirar? ¿has creado tú la paz que sientes?-

Estas preguntas producen perplejidad en la mente. Nunca antes habían sido preguntadas…

La mirada investiga mientras sigo en silencio. Y me doy cuenta que

no soy yo quien ha creado los objetos ni la acción que se da.

Lo que veo es ajeno a este “mi”. Es lo que hay. No existe eso de “mi” visión. Es “la” visión que se muestra a estos ojos. Y estos ojos ven, de forma ajena a “mi”. Gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería, los ojos ven. Son los ojos los que ven y es el cerebro el que crea la imagen, de nuevo gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería. NO SOY YO QUIEN VE NI ES MIO LO VISTO.

Lo que se escribe es ajeno a este “mi”. De hecho las palabras van surgiendo por arte de magia, de no se sabe donde (todos los escritores conocen esta sensación, que muchas veces ha sido llamada “inspiración”). Y anterior a las palabras, surgen también los pensamientos de no se sabe donde. Y si no lo ves, observa durante unos segundos tu mente a la espera de un nuevo pensamiento y verás que el pensamiento que surge nada tiene que ver contigo. Los pensamientos, las palabras son ajenos a “mi”. Y la acción de escribir se da gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería del cerebro en conjunción con el resto del cuerpo. NO SOY YO QUIEN ESCRIBE NI SON MIOS LOS PENSAMIENTOS.

La respiración se da en este cuerpo gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería de la vida. Es la vida que respira en este cuerpo. Es el oxigeno del aire que entra empujado por la vida y es la ingeniería que expulsa el anhídrido carbónico de vuelta al aire. “Yo” no tengo ni idea de cómo esto se hace. NO SOY YO QUIEN RESPIRA NI ES MIA LA RESPIRACIÓN.

La paz sentida no es una paz construida por “mi” y colocada en “su”  sitio para que este “yo” pueda sentirla. La paz sentida surge de no se donde y surge cuando quiere. No es “mi” paz. NO SOY YO QUIEN SIENTE PAZ NI ES MIA LA PAZ.

Los objetos –la visión, la escritura, la respiración, los sentimientos, los pensamientos- acontecen, surgen ajenos a este yo que creía ser…

Y finalmente, la mirada me pregunta:

-Y ¿cómo sabes de los acontecimientos que se dan?

La claridad de la respuesta fulmina las sombras y despierta una sonrisa:

Sé que veo, escribo, respiro y siento, porque ¡me doy cuenta de ello!

La mirada está feliz.

Veo con total claridad que

si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que ve, no habría ni quien ve, ni visión.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que escribe, no habría ni quien escribe, ni escrito.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que respira, no habría ni quien respira, ni respiración.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que siente, no habría ni quien siente ni sentimiento.

-Y “eso-que-se-da-cuenta” ¿que es?-

Es lo que se da cuenta que hay un viendo, escribiendo, respirando y sintiendo. SI. ¿Lo ves? ¿Ves al que está leyendo estas palabras? ¿Es el mismo “yo” el que lee estas palabras que el que se da cuenta de que estás leyendo?

Primero creía que yo era el artífice de mi vida. Creía que yo veía y que lo visto era mi visión. Creía que yo pensaba y que los pensamientos que yo tenía eran míos. Creía que yo sentía y que los sentimientos que yo sentía eran míos.

Después, la mirada secreta me mostró que si no hubiera algo que se diera cuenta (la conciencia), no existiría ni el veedor ni lo visto, ni el pensador ni lo pensado, ni el sentidor ni lo sentido.

Ahora la mirada, en su infinita bondad, me muestra que

es la conciencia la que se da cuenta de lo que surge espontáneamente como objeto de visión, de pensamiento, de sentimiento…

y que el veedor, pensador… que yo creía ser, es sólo un invento mental, porque no juega ningún papel en esta función. Es un personaje-sombra, que parece ser el amo pero que no existe. Su actuación es inexistente.

Sólo conciencia y objeto. No hay sujeto.

Y mientras esto se escribe, ya anda la mirada secreta toda dichosa ella, susurrando muy muy flojito… -¿seguro que entre conciencia y objeto hay una “y”? Pero me mira compasiva y sabe que es hora de reposar en el dulce regazo del silencio. Mucha luz de golpe más bien ciega que deja ver…

¡FELIZ FELIZ AHORA!

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EL PRESENTE Y EL AHORA

-¿Dónde está el presente?
-Aquí
-¿Dónde?
-¡Ay! ¡Se fue!

chiste de la Mirada Secreta

Desde hace un tiempo, el presente se ha puesto de moda.

Cuando hablamos de vivir en el presente o que sólo podemos vivir plenamente si vivimos en el presente, todos los que nos consideramos personas algo profundas, asentímos seriamente. Vivir en el presente…

me pregunto si podemos vivir en otro sitio que no sea el presente…

Los más radicales de entre nosotros desechan con toda su voluntad, pararse a recordar o a proyectar en el futuro: -¡Hay que aprovechar el momento presente!- dicen. Y quizás lo que quieren decir es que debemos poner toda nuestra atención en lo que está sucediendo “aquí y ahora”. Así que parecería que, dentro de este círculo, unos creen que deben vivir en el presente (que recordar o hacer planes también vale) y otros que deben vivir el presente. Pero en ambos casos, ese pequeño yo inventado está haciendo de las suyas: creencias y más creencias…

La mirada secreta ronda, ronda desde hace ya un tiempo. No está tranquila. Percibe que algo se está escapando. Algo trascendental…

Vale. Obediente, empieza la investigación. Vivir en el presente…¿qué es esto del presente? Parece que llamamos “presente” a una franja de tiempo que se dá entre el pasado y el futuro. Pero ¿cuán amplia ha de ser la franja? ¿a qué presente nos estamos refiriendo?. El presente para unos puede ser este segundo y para otros puede ser este ratito, o esta época de la vida. Sea como sea que lo entendamos, este presente tan famoso parece estar relacionado con el tiempo.

El tiempo… si no existiera ni el pasado ni el futuro, ¿podríamos saber que es el presente? Este presente temporal existe en relación a sus compañeros, no existe por sí mismo. Y cuando hablamos de ubicarnos en el presente, seguimos en el tiempo, en el pequeño yo que creemos ser, en la mente que percibe lo que acontece. Este presente del que tanto hablamos y al que no podemos atrapar a menos de que lo estiremos, es lo que está pasando en la vida, es la escena actual del teatro de la vida. Y la vida, una sucesión de presentes, una sucesión de escenas.

Pero ¿no intuís que hay más?

De pronto, la mirada secreta me regala la imagen de la pelota de baloncesto rodando velozmente sobre la punta de un dedo… La pelota moviéndose con rapidez, pero sin ir a ninguna parte… girando sobre su propio eje y completamente aposentada en un sólo punto… un sólo punto inmóvil, quieto… Un punto que sostiene todo el movimiento de la pelota y la pelota en sí…

Y entonces surge la imagen de una personita moviéndose a su vez por la pelota convertida en un planeta… cambiándo de sitios -el sitio de ayer, el de hoy, el de mañana-. Y me pongo a componer un dibujo que lo pueda explicar mejor:

Tiempo y espacio moviendose en su realidad relativa, sostenidos en un sólo punto de quietud permanente.

Escenas que acontecen, una tras otra, en un único escenario inmóvil…

…la mirada secreta va posando sus granitos de intuición en el silencio de esta mente, el corazón late deprisa, la alegría de un nuevo descubrimiento…

Y aunque el diccionario de la RAE define como sinónimos las palabras “presente” y “ahora”, dejádme que más allá de los problemas lingüísticos, a este punto le llamemos “EL AHORA”

El Ahora, del que surgen todos los presentes, que sostiene todos los presentes y todos sus contenidos, incluida esta pequeña persona…

El punto. El Ahora. Donde no hay movimiento, no hay tiempo, no hay espacio. El Ahora, eterno, porque es sin tiempo, es el escenario inmutable en el que van sucediendo los diversos presentes, o ningún presente. El ahora pertenece a una nueva dimensión. Y la mirada secreta me dice que es una puerta a la verdad, a la eternidad.

Y ¿qué pasa con la persona? ¿donde se coloca? La persona ¿es un acontecer en el Ahora o es el Ahora en sí? La mirada secreta me susurra que la persona es un acontecer en el ahora, porque todo lo que existe está sujeto al tiempo y a la relatividad: existe porque un día no existió y porque un día dejará de existir, ubicado en el movimiento del tiempo y del espacio. E

igual que puedo estar atendiendo lo que está ocurriendo en esta escena (presente), puedo ir más atrás, incluyendo a esta persona en la escena y darme cuenta de que soy ese escenario que todo lo contiene…

El tiempo, la mente y el ego ocurren en el presente…

si no hay tiempo, no hay ni mente ni ego

si no hay mente, no hay ni tiempo ni ego

si no hay ego, no hay ni tiempo ni mente

Cuando no hay ni tiempo, ni mente ni ego, entonces ¿que queda?

Si podemos encontrar ese lugar imperturbable que no es afectado por nada, inmutable -porque no cambia-, pura quietud infinita y eterna…

si podemos encontrar ese punto del que nada ni nadie puede huir, pues es donde todas las manifestaciones de la vida acontecen, de donde surge y donde se apoya la dimensión de la vida que conoce nuestra mente…

si podemos encontrar el Ahora, nos daremos cuenta de su verdad infinita.

Vayámos más allá del presente, descubramos la verdad.

¡Feliz AHORA!

*foto de encabezamiento cedida por ikibcn.com

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