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Ser plenamente II

Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.

Confucio, s. VI AC

Wil leyó la entrada “Ser plenamente” de la semana anterior  y se preguntaba en qué consistía eso de ser plenamente humano.

Como siempre sucede cuando la pregunta surge espontánea y auténtica, yo también entré en quietud y así sigo.

En el silencio de estos días, ha ido dilucidándose algo con respecto a la plenitud del hombre.

Contra más he querido poner palabras a lo que sé por intuición, -a lo que todo ser humano sabe intuitivamente-, más compleja se hacía una posible respuesta. Y por eso mismo, por su complejidad, sabía que estaba alejándome de lo verdadero, que siempre es sencillo y limpio como un rayo de luz en la oscuridad.

¿Qué ha empezado a hacerse claro a la mirada?

  • He visto que lo que hace al ser humano un ser pleno, ha de traspasar  inevitablemente lo que es ilusión. Y que sólo podemos ser plenamente humanos vivencialmente, en el ahora.

No podemos ser plenamente humanos en el pensamiento, sino en la vivencia, en la existencia. Por ello, la plenitud no puede ser experimentada en la mente. Y todo lo psicológico tiene su origen en los pensamientos. Por lo tanto, no es muy probable que hallemos la plenitud del ser humano en lo psicológico.

También es ilusión todo lo que ya es pasado y lo que imaginamos como futuro. Así en el tiempo fuera del Ahora, tampoco puede haber plenitud.

  • He visto que no podemos “estar” en plenitud, ni “tener” plenitud. Sólo podemos ser plenamente.

El “estar” y el “tener” se nos escapan casi antes de habernos dado cuenta de la felicidad que nos daban, porque son ligerísimos reflejos de nuestra plenitud de ser. Por ello, difícilmente hallaremos la plenitud en las situaciones externas o en las posesiones de cualquier tipo.

  • He visto que todo lo que el ser humano desea tiene su origen en el amor, la alegría, la paz, la libertad, la belleza, la comprensión…

Si ahora rememoras un momento de plenitud, verás cómo indefectiblemente está relacionado con alguno de estos grandes valores.

Quizá los buscamos en una mejor casa, o en tener más amigos, o más dinero, o un cuerpo más bonito y joven. Pero si miramos más hondo y nos preguntamos por qué queremos eso, y nos lo volvemos a preguntar, en la raíz hallaremos el anhelo por algunos de estos grandes valores.

  • Y me he dado cuenta de que el profundo y universal anhelo del ser humano por el amor, la belleza, la paz, la comprensión, la alegría… es lo que verdaderamente somos.

¡ en el anhelo más profundo de cada uno es donde se haya nuestra plenitud!

Vivamos plenamente el anhelo más intenso de nuestro corazón. Es así como seremos plenamente seres humanos.

Así es como la mirada secreta va mostrando su infinita bondad con el ser humano, mostrándole el camino, igual que haría un rayo de luz en la oscuridad. Gracias.

Y, nunca mejor dicho,

¡Feliz Ahora!

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