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La vida pe(n)sada

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La mente, ¡qué densa hace parecer la vida!

La vida pensada no conoce la Vida.

La mirada secreta

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Los dos de lado, sentados en el espigón, con los pies colgando, frente a un mar azul y calmo, absorbiendo los últimos rayos de un sol que ya se iba de visita a otros hemisferios.

Los dos, bien abrigados, bien comidos, todavía el sabor del café merodeando en su paladar.

Los dos allí, viendo los colores del atardecer, dejando que los pies se balancearan a su antojo.

Y sin embargo, tan lejos uno de otro.

Ninguno de ellos hablaba. Yo, que andaba paseando por ahí, los veía sentados, tranquilos. Dos pinceladas más en la belleza de ese cuadro. Nada parecía indicar que uno de ellos sufría mientras el otro nada sabía.

El que nada sabía, sentía. Sentía el suave calorcito de los últimos rayos de sol. Saboreaba el rastro que el buen café había dejado en su boca. Se miraba sus zapatillas colgando. Y sobre todo, se dejaba empapar de la belleza del atardecer sonrosado.

Mientras, el otro, lejos-lejos, cavaba con sus pensamientos el plomizo aire encerrado de recuerdos interpretados y de oscuros presagios.

Y es que a éste último, la voz de la cabeza le pintaba siniestros trazos y él, dormido a la belleza de la tarde y a la compañía amorosa del amigo, miraba con ojos asustados tanta complicación pensada. Tan enredadas las neuronas, tan pesados los alientos que se respiran en la mente cerrada. Allí no había oxigeno ni horizontes, sólo un húmedo calabozo, mohoso, oscuro, solitario, de paredes pringadas de desesperanza y desencanto.

En un momento, rompiendo una lanza por la compañía, el pobre que lejos-lejos estaba le dijo al amigo: -¡Qué densa es la vida! ¡Me gustaría morirme y ya está!

¡Qué densa la mente de los que viven muertos a la vida! dice la mirada secreta derramando compasión, reconociendo esa locura como un estado habitual en el ser humano.

La vida no es densa. Densa es la mente psicológica, la que no conoce la Vida.

La mente proyecta todo tipo de historias, de películas melodramáticas. E igual que en el cine, va arrastrando a las emociones detrás de lo proyectado. Yo no he nacido para encerrarme en su calabozo imaginario. Yo he nacido para vivir. Para ver, oír, sentir y sí, a veces -muy pocas- para pensar cuando es necesario.

Recuerdo cómo aquella mujer bella me decía con sus ojos anegados de lágrimas:

-Sé que estoy sufriendo por la película que está proyectando mi mente. Me doy cuenta de que estoy atrapada en el cine, pero ¡no puedo salir!

-¡Anda! -le dije- Que extraño que quieras seguir dentro sabiendo que no es real y con lo que te hace sufrir…

-Ya- contestó- pero es que ¡quiero saber cómo acaba!

Así de loca es la condición mental. Cuando no podemos salir de ahí, es que estamos creyendo que lo que la mente nos dice es real. Y es aquí donde tenemos que parar y mirar. Esta es la pregunta clave:

¿cuánto hay de real en los pensamientos que estoy teniendo?

No vivamos muertos en vida, encerrados en el cine de la mente.

No podemos poner la atención en dos sitios a la vez. Hemos de decidir dónde queremos estar: si en el cine mental o en la Vida. Hemos de descubrir cómo la película de nuestra cabeza nos atrapa una y otra vez, acompañada también por las emociones correspondientes. Y si.

Las emociones reactivas también son película.

Abrámonos a la Vida. Tenemos un cuerpo que será nuestro más ferviente aliado. Abrámonos a todos los sentidos. Abrámonos a sentir, a descubrir, a respirar. Salgamos del cine para poder disfrutar de estar vivos. Dejemos los relatos mentales en paz. Dejar en paz…. que bella frase.

Y recuerda -me dice la mirada susurrándome-, cada vez que te parezca que pesa la vida, es que has entrado en el cine de la mente y te has quedado hipnotizado por la película de pensamientos que allí se proyecta, siempre, en sesión contínua. Que el peso está en la mente. Si no fuera así, ¿cómo podrían volar los mosquitos?

Sólo podemos ser felices en la Vida. Así pues, ¡salgamos del cine mental por muy interesante que parezca la película!

¡Feliz Ahora!

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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

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En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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La dimensión relativa

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La plenitud no tiene contrarios

Consuelo Martín

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¿Qué nos pasa a los seres humanos que todos nos sentimos incompletos?- le pregunto hoy a la mirada secreta.

Y Ella, feliz de expresarse (así es su naturaleza) me habla de la dimensión de la relatividad…

Hay infinitas dimensiones en este mundo. Infinitas dimensiones que conviven superpuestas, la mayoría desconocidas a la conciencia humana, aunque las estemos viviendo. Y una de ellas es la dimensión de la relatividad.

Ya en otras ocasiones, la mirada me habló de “lo que sobra y lo que falta“, de vivir en plenitud. Y cómo esta visión nos hace vivir sin ver, como si no estuviéramos completos. Porque

creemos que para sentirnos en plenitud hemos de tener todo lo que deseamos.

Delante de mi hay una piscina que solo se puede llenar hasta el límite que marca un escape en la pared. ¿Está la piscina medio llena o medio vacía? Eso me recuerda al disco rallado de lo del vaso medio lleno y el vaso medio vacío (disco rallado de la mente que siempre habla de lo conocido…)

La mirada me increpa a seguir investigando…

Así dice la mente: si vemos el vaso medio vacío, somos negativos. Y si lo vemos medio lleno somos positivos, optimistas y parece que tenemos más puntos para ser felices, para vivir en plenitud. Así que tratamos de verlo medio lleno. Y si no podemos, buscamos ayuda para que nos enseñen a verlo medio lleno. Pero, ¿cuál es la verdad?

Para creernos que el vaso está medio vacío o medio lleno, hemos de juzgarlo en relación a algo. En este caso, podría ser muy bien la capacidad que tiene el vaso… Ahora imagina la misma cantidad de agua en un vaso la mitad de pequeño… ¿Estaría medio “algo” o estaría lleno? Entonces, ¿qué estamos valorando?

Medio vacío… Medio lleno… Vacío…. Lleno…. Todo lo que valoramos lo solemos valorar con respecto a algo  -en este caso, la cantidad de agua respecto al tamaño del vaso- y por lo tanto,

es una valoración relativa que no tiene más verdad que la que da esa perspectiva concreta.

¡Oh, mirada! ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde está la plenitud?

La verdad, lo real, no puede depender de nada. Ha de ser en si misma. Todo juicio, toda valoración que depende de algo no tiene verdad en si mismo. ¿Para qué voy a estar tratando de ver el vaso medio lleno? ¿Con qué propósito? ¿Es  para creer que tengo suficiente? ¿Mucho?…. ¿Con respecto a qué?

Si es para sentirme satisfecho, esa satisfacción será tan endeble como endeble es la verdad que se atribuye a lo relativo. Endeble y pasajera. Además, esa es una plenitud por comparación (necesita de la carencia para ser vivida porque si no es así, nos acostumbramos y ya no nos damos cuenta), y que ahora está y ahora ya no está, dependiendo de los factores que nos han hecho valorarla como “plenitud”.

-Entonces ¿qué hago?-, pregunta la mente que piensa que haciendo algo hallará la solución… La mirada sonríe, (la sonrisa de la mirada es pura belleza) y sigue mostrando…

No podemos saltar de una dimensión a otra “haciendo”, por una razón muy sencilla: porque la persona existe como tal sólo en el mundo de lo relativo. Así que ¡no puede ser la persona la que cambie de dimensión!

Para ver más allá de lo relativo, es la mirada la que se amplia.

Aquí tenemos una piscina con agua. La piscina tiene el tamaño que tiene. Y la cantidad de agua es la que es. No es ver la piscina medio llena o medio vacía, si no verla en su justa medida.

Cuando vemos las cosas en su justa medida (sin comparaciones), lo que vemos así es perfecto en si mismo. Y eso es conciencia de plenitud. La plenitud es vivir lo que hay.

En lo que Es, sin juicios ni comparaciones, vive la Plenitud.

Está en tu mirada -dice la mirada secreta– el verlo.

Tengo calor. Me voy a bañar. Así SI.

¡Feliz Ahora!

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Ver.Dad

VerDad“Contemplación es amor y sabiduría unidos, ver y sentir unidos”

Consuelo Martín

Últimamente la mirada secreta está buceando y como su sustento vital es la inspiración y no el oxígeno, bucea y bucea sin parar, más y más profundo. Y dónde pareciera que no había más que oscuridad, ve. Ve y después expresa lo visto. Así ocurre porque, sorprendentemente,

la Verdad no se puede acumular

Es como la luz. La luz entra por el ventanal, o por la rendija, pero entra toda. No puede entrar a trozos (¿recordáis la entrada de la mirada “Soltar y saltar“?) Y esa luz que ha entrado no la podemos guardar en un cajón, atesorarla para nuestro propio y único bien, acumularla para tener más y más luz. Esa luz que ha entrado, se expande y se expresa en todo el espacio abierto a ella. No se va a poder aprisionar. Si cierro la ventana y las contraventanas para que no se escape, desaparece completamente. Se hace oscuro ¿verdad?

Pues lo mismo ocurre con la Verdad. La mirada secreta ve, no ve a trocitos.

La verdad no está nunca, nunca en lo visto. La Verdad está en la mirada.

Y por eso no se puede atesorar. Sino que lo que va a pasar es que se va a expresar, se va a entregar, se va a dar, tanto si se quiere como si no, más allá de la voluntad (otra entrada de la mirada de hace pocos días… ¿veis como anda buceando? :)).

Que no crea la persona que la Verdad es suya, o que es ella quien ha visto la Verdad. Que no la encierre en su personal “banco de verdades” porque así se va a perder, se va a hacer la oscuridad. La Verdad es luz y como tal no conoce la oscuridad.

La mirada secreta me enseña, me ayudar a comprender que cuando uno cree haber encontrado la Verdad, lo que está haciendo es convertirLa en una cosa, una cosa que se tiene o no se tiene. Y al convertirla en una cosa-propiedad, ha vuelto a caer en lo falso. Por eso nadie puede dar la Verdad a otra persona, porque no es ninguna cosa. Es un ver, un ver que se expresa porque así es su naturaleza:

VER …< DAD

Ver y dad, podría haber dicho el sabio (quizá lo dijo, yo no sé). Ver y dad intrínsecos a la VerDad.

Ver………… comprensión………SABIDURIA

Dad……….. expresión……….. AMOR

En el Ver, la conciencia nos conduce a la Verdad

En el Dar, la conciencia expresa la Verdad.

Por eso, siempre, como dice el sabio, en el camino de la Verdad, han de ir mente y corazón unidos.

Cuando es la mente la que se apropia de la Verdad y se olvida del Amor,  la Verdad se pierde en el fanatismo y la doctrina…

Cuando es el corazón el que se apropia de la Verdad y se olvida de la Comprensión, la Verdad se pierde en el sentimentalismo y la obediencia ciega…

Que sea por Amor a la Verdad que abres tu Ojo.

Que sea la Verdad del Amor la que lo ilumine.

¡Cuánta belleza, mirada secreta! El corazón abierto y la mente silenciada en tu profundo bucear.

¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

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II. Del deseo de iluminación. La llama

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Vivir desde la Verdad no requiere una gran seguridad, sino una gran determinación.

La mirada secreta

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Sigue la mirada secreta sin soltar la vela y la llama. ¿Os acordáis de la entrada “I. De la Separación del yo. La vela” de hace unos días? Pues así, entre ayer y hoy, irrumpiendo de nuevo inesperadamente, me empieza a enseñar nuevos aspectos usando la misma metáfora (menos mal que me enseña con metáforas, uff).

Todo empezó con la visita de una bellísima vela que andaba alicaída de tanto que había intentado prender su mecha. Años de sufrimiento, de incomprensión, de esfuerzo… para nada. Explicaba que al principio, la esperanza de que un día se encendería, le mantenía en momentos de alegría, de arrebato, de dulzura. Pero sólo eran momentos. Después de tanto sufrir, ahora sólo se sentía seca. La mecha, seca y ella algo más tranquila por pura resignación.

La mirada secreta le escuchaba desde ese silencio de pensamientos que permite ver y sentía ese amor que es pura comunión. Después la vela-que-se-creía-seca-y-apagada se retiró. Y la vela que esto teclea, se fue con su mirada secreta a los dominios de la Dulce Nada. A la vuelta, ya con los ojos pegaditos de sueño y con el Ojo bien limpito de ilusiones, me suelta la mirada:

Hay velas encendidas que no saben que están encendidas.

Y eso es porque la vela no puede ver la llama que la corona. Sólo la llama se da cuenta de que anda prendida, porque ve el reflejo de su brillo en lo que le rodea y sabe que esa luz no es de la vela…. ya ves…. “por sus frutos los conoceréis”. ¡Que alegría! ¡El Ojo siempre había visto a la vela-que-se-creía-seca-y-apagada bien encendida! Vale. Ahora lo comprendía. Lo único que ocurría era que ella no lo sabía…

Pues nada. A dormir con el corazón rebosando amor por la vela-que-se-cree-seca y que deslumbra con su luz, aunque ella no se entera.

Pasó el tiempo, varias horas (o eso parece) hasta que volvimos a retirarnos la mirada secreta y la vela que esto transcribe al reino de la Dulce Nada. Y ¡zas! Esta vez la vela se quedó temblando… la mirada secreta bailando…. la llama chispeando… Me dice:

¡No hay ninguna vela que no esté encendida!

¡Dios mío! (nunca mejor dicho) ¡¡Claro!! Ninguna vela está apagada. Esa es la verdad. ¿Cómo va a haber una vela apagada? si

las velas existen para prestar servicio a la llama

El problema es que no lo saben y como no lo saben, hacen “vida de vela apagada” (una vida aparentemente oscura). No son felices ni pueden serlo…

Y sigue mi amada  mirada secreta:

Hay velas que no saben que son velas. Esas velas viven una vida de vela apagada pero no se dan cuenta. Así que su sufrimiento no es tan severo.

Pero hay otras velas que creen no estar encendidas aunque quieren estarlo. Estas velas se martirizan o hacen muchas cosas para encenderse y su sufrimiento es muy intenso. Estas velas, sigue la mirada, podrían darse cuenta de que están encendidas desde el primer instante de vida (de hecho es la llama la que da vida a la vela) simplemente siguiendo el rastro de su anhelo por encenderse.

No se puede anhelar lo que no se conoce.

Estas son velas que solo necesitan la determinación de vivirse encendidas porque ya conocen la llama (por eso la anhelan).

La vela no puede encender la llama, pero eso no importa. Porque

la llama es quien encendió la vela, dándole a luz.

La mirada secreta, en su infinita generosidad, me susurra por donde ir a la Luz de la llama que anda prendida desde tiempos inmemoriales…

La vela solo puede ver velas. La llama sólo ve llamas. La Luz solo ve Luz. Así que, vela-que-te-crees-seca, si alguna vez ves la llama en otra vela, es tu llama la que está viendo. Y si alguna vez ves Luz en otra llama, es tu Luz la que está viendo. La mirada sonríe y dice: ¿Todavía tienes dudas de la Luz que desprendes?

Decide ahora.

Decide desde donde quieres vivir

si desde la vela, desde la llama o desde la Luz que eres. Y

SÉLO plenamente

soltando lo demás completamente, por no ser verdad. Retirando la Luz de lo ilusorio (que es lo mismo que decir: dejando de prestarle atención). Para esto fuiste creada y Aquí eres Felicidad.

La mirada secreta te da las gracias.

aaaLa llama se vive en gracia.

aaaaaaLa vela resta en silencio.

¡Feliz Ahora!

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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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Lo que toca

IMG_6335 “Y en mi locura encontré la libertad y la seguridad que da el que no le entiendan a uno, pues quienes nos comprenden esclavizan algo de nosotros.”

Jalil Gibran

Hoy el cielo está cubierto de nubes grises y el aire es fresco. Hoy no toca ir a la playa. O si?

…está preciosa. El mar, mercurio líquido. Hay mucha paz. Y personas que saben disfrutar de la naturaleza, aunque supuestamente no toque. No son muchas pero están felices. 

Y la Mirada secreta, siempre dispuesta a colarse en la conciencia silenciosa, aprovecha para hacerme ver cuantas veces vivimos según lo que toca. Casi podríamos asegurar que nuestra vida consiste en eso: hacer lo que toca. Comemos cuando toca – tanto si tenemos hambre como si no-. Nos divertimos cuando toca -en las fiestas y demás eventos-. En verano, de vacaciones. El resto del año, a trabajar.  Y así. La lista es infinita.

Y cuando nos da un aire, entonces hacemos alguna locura. Hacer una locura tiene dos vertientes: hacer algo arriesgado y/o simplemente hacer otra cosa que la que toca. Por eso cuando a alguien no se le antoja hacer lo que toca, se le suele etiquetar como loco o – si el juez es compasivo-, como raro. 

Y, sigue la mirada secreta, ¿por qué solemos hacer lo que toca? La respuesta sale rauda: porque así nos han programado. Casi podríamos decir que es un hacer automático. Sin embargo ¡cuantos recuerdos maravillosos escaparon a lo que toca! Aquel baño familiar, desde los abuelos a los nietos, en una noche calurosa; el saludo inesperado e hilarante a aquel hombre tan ceremonioso; gatear a los 55; tatuarse a los 55; ponerse un piercing a los 55; no hacer caso del cirujano eminente; dejar que el otro haga lo que no toca aunque le vaya la vida en ello…

La mirada no me acucia a hacer una cosa u otra, porque sabe que

Lo importante no es lo que hago, sino desde donde lo hago. 

Pero en este día gris en el que la playa deslumbra una serena y bella luz de Vida, me muestra que, más allá de lo que toca sigue habiendo una Vida inmensa. Y me anima a 

seguir viviendo sin pensar. 

La Vida, trillones de veces mas inteligente que yo, me irá guiando si le doy las riendas. 

Hoy no tocaría estar aquí. Sin pensar, aquí estoy y doy las gracias por ello. 

¡Feliz Ahora!

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La prisión del alma

¿Por qué permaneces en la cárcel cuando la puerta está abierta de par en par?

Rumi

Muchas veces, el alma no sabe que vive en una cárcel. Su habitáculo es, para ella, el universo entero y, con sus mas y sus menos, le gusta. A veces, cuando un revés de la vida gira su cabeza, ve las puertas abiertas pero no siente la necesidad de salir.

Otras veces, el alma tampoco sabe que vive en un cárcel. Pero esta vez, la cárcel no le gusta. Se siente atrapada. Su corazón estrujado se pregunta perplejo si esto es todo lo que hay. Algunas veces también ve las puertas abiertas, más al no saber que vive en una prisión, no se le ocurre salir. Ve la salida sin verla…

En ambas circunstancias,

el alma no sabe que el sufrimiento que está sintiendo sólo habita en medio de estas paredes…

¡Pobre alma que no sabe que no sabe!

Otras veces, el alma siente su aprisionamiento. Se debate -a veces furiosamente y otras estremeciéndose sutilmente- entre un sinfín de cadenas imaginadas que le mantienen aprisionada y no le dejan salir de su encierro a pesar de tener las puertas abiertas frente a ella, casi eternamente. Cadenas de no-puedos, cadenas de miedos -a perder lo que tengo, a perderme, a lo desconocido, a la muerte,… (¿a mayor miedo, mayor intuición?)-, cadenas inventadas, cadenas intuidas, cadenas, cadenas.

Y el alma que no sabe y se pregunta. Se pregunta y busca respuestas. Y algunas respuestas parecen calmar su sed de libertad, pero el alivio dura sólo unos segundos. Y se sigue preguntando, envuelta de cadenas, frente a la puerta abierta.

Trabaja duramente para entender su aprisionamiento. Para hallar una salida. Para liberarse.

A veces, ve las puertas abiertas. Están frente a ella. Pero no cree que sea tan sencillo. “¡Ésta no puede ser la salida! ¡No puede haber estado frente a mi todo este tiempo! ¡La salida es mucho más complicada!” piensa el alma.

No puede aceptar que tanto sufrimiento, tan pesadas cadenas le permitan llegar al umbral siquiera

y sigue su periplo en busca de una salida acorde a su sufrimiento…

¡Pobre alma que sabe que no sabe!

Y otras veces, -pocas de hecho-, al alma descubre la cárcel, las puertas abiertas, las cadenas imaginadas, el sufrimiento que vive allí y sin debatirse, se duerme al sueño. Sabe que no es ella quien ha de cruzar las puertas.

Y también sabe de la embriaguez de cárceles, puertas, cadenas y sufrimientos.

Y como aquel que duerme la borrachera esperando despejarse, se deja

…dándose cuenta de que los sueños, sueños son (como dijo aquel que la inspiración atravesó).

Y quizá llegue a darse cuenta que ella misma es producto ebrio de sueño. Quizá…

Y ahí está el alma que sabe que no sabe y que ¡nunca sabrá que sabe!

La mirada secreta hoy deja esta cárcel patas arriba.

Y en su infinita compasión, susurra un silbo de aires amorosos (como diría Juan):

-Shshshshshshs, todo está bien…

-El gran entretenimiento son los pensamientos y la gran cárcel es creernos que son nuestros. Si no vemos, no vemos por eso-

… me dice entre sueños.

Y surge una sonrisa de paz.

El sueño sigue, apaciblemente.

Vacío de mí.

Dentro, fuera, es lo mismo. Lo que vivo fuera es donde estoy dentro.

¡Feliz Ahora!

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El tren de la Experiencia

“Todas las formas son percibidas por el ojo. El ojo es percibido por la mente; y la mente a su vez, es un objeto percibido. En definitiva, “el testigo” es el que realmente percibe, y no es percibido por nadie.”

Drig-Drisya-Viveka de Šankara

Una vez leí algo sobre la conciencia-testigo. El libro hablaba de que, además de los pensamientos y percepciones, hay en nosotros un darse cuenta de esos pensamientos y percepciones, un testigo que observa sin juzgar, siempre presente. El libro también decía que ese “testigo” era inmóvil e inmutable… Y tal cual lo leí, tal cual lo olvidé… Por lo menos, aparentemente.

Al cabo de mucho mucho tiempo, me encontré yendo en tren. Estaba en esa alegría serena que me suele acompañar cada vez que suelto las riendas de mi vida y es otro quien me lleva (un tren, una persona, la Inteligencia…). Mi mirada flotaba sin punto fijo a través de la ventana, viendo pasar todo sin ver nada. Los tenues rayos de sol atravesaban el espacio, bien definidos e intangibles y en ellos las partículas que pueblan lo aparentemente vacío, bailaban reflejando mil colores como si de una danza de diamantes minúsculos se tratara. Ni un sólo pensamiento enturbiaba la expresión de la vida.

Y en estas, refulgente como uno de esos rayos de sol, atravesó mi mente la comprensión de la dulce mirada secreta. Sin buscarlo. Sin esperarlo:

Aunque estaba viajando, ¡yo estaba inmóvil! Aunque me desplazaba a gran velocidad, ¡yo me bañaba en la más profunda quietud! Y el anhelo de comprensión, libre de supuestas obviedades y respuestas nunca comprobadas, se dio cuenta. Vio con el ojo de la mirada secreta que así sucedía con esa conciencia-testigo inmóvil e inmutable de la que había leído hacía tanto tiempo y que no había comprendido.

Y así quiere la mirada compartir con todos esa comprensión que dio fruto mucho tiempo después de ser sembrada, como suele pasar…

…Imaginad la situación. Váis en un tren que se desplaza a toda velocidad, miráis por la ventana el mundo exterior que pasa sin dejar huella. Y vosotros ¡no os mováis! Estáis en silencio y en quietud y todo acontece fuera de vosotros…

Ahora imaginad que el tren es la persona que creéis ser: vuestro cuerpo y mente.

Imaginad que el paisaje es el mundo exterior al cuerpo/mente.

E imaginad que el pasajero que va en ese tren, es la conciencia, es aquello que se da cuenta de todo lo que ocurre pero no se ve afectado por ello.

La conciencia inmóvil y siempre-la-misma, tiene el cuerpo/mente para vivir el viaje de la vida. Los sentidos del cuerpo/mente son las ventanas sin marco que permiten a la conciencia acceder al mundo exterior.

El pasajero, no es ni el tren ni el paisaje. El pasajero no va a ningún sitio. Es el tren que se mueve a través del paisaje. Es el paisaje que se mueve frente a los ojos del pasajero.

La conciencia-testigo (el pasajero) no es ni el cuerpo/mente (el tren) ni el mundo exterior (el paisaje)

La conciencia-testigo no es ni el perceptor (la mente) ni las percepciones. De hecho

el perceptor y las percepciones son ambos objetos de la conciencia.

Aunque aparentemente el pasajero se desplaza en el tren de un lugar a otro del mundo exterior, realmente el pasajero no se mueve de su asiento

Así la conciencia que soy es inmóvil. Todo se desplaza en constante cambio de vida, mientras

la conciencia resta inmóvil.

De la misma manera que cambia continuamente el paisaje que se observa desde las ventanas, e incluso pueden cambiar las condiciones físicas, medioambientales del propio tren, el pasajero se mantiene inmutable, siendo testigo de esos cambios externos al tren e internos al tren sin que por ello le afecten.

Lo mismo sucede con la conciencia que soy. Cambian los sucesos fuera del cuerpo/mente, y cambian aspectos y condiciones del propio cuerpo-mente, y yo atestiguo esos cambios más la conciencia que soy es inmutable e imperturbable a esos cambios.

La conciencia ve sin verse afectada.

Recuerdo que estaba viajando a través de los Monegros. Y la Inteligencia de la Vida no quiso que saltara del tren en marcha para que este cuerpo no se hiciera daño. Pero os aseguro que ni el tren ni el paisaje podían sostener la explosión de conciencia que en ese instante se dió.

¡Feliz Ahora!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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