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El orden natural

img_2549El orden sí  que altera el producto.

La mirada secreta

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De la fuente del bosque brotaba un hermoso río. Los aldeanos aprendieron hace ya mucho tiempo que para que todos se beneficiaran de sus aguas, había que seguir un orden: llevaban a las bestias a bañarse río abajo. Más arriba, se bañaban ellos. Aún más arriba, dejaban los aldeanos que las bestias calmaran su sed y más arriba aún, cerquita de la fuente, lo hacían ellos. Así el agua que brotaba de lo profundo de la tierra, era una bendición para todos y para todo.

Los hombres que llegaban a la aldea, faltos como estaban de conocimiento, bebían en cualquier tramo del río, quizás más abajo de allá donde las bestias se bañaban. Y lo que es elixir de vida, se convertía en ellos en puro veneno.

Echo de menos el orden, el orden natural de todo- le digo sin palabras a la mirada secreta. Dime, dulce mirada, ¿cómo puedo vivir en este orden que convierte toda acción en un bien para mi y para el todo?

¡Qué bella pregunta! Nunca antes me habías hablado de ello. ¡Qué feliz me siento! -contesta la mirada que lo que más le gusta es descubrir y descubrir para el ojo embelesado. -Mira estos aldeanos. Míralos con mi mirada…-me dice.

Veo que ellos conocían muchas, muchas cosas: la dirección del agua del río, la pureza de sus aguas y cómo ésta se ve afectada por el uso que se les da; que ha de ser más pura el agua que bebo que el agua en la que me baño, igual que en todo lo que está vivo…

Si- me dice la mirada. Se necesita saber, tener unos conocimientos. Pero si contamos sólo con los conocimientos no va a ser suficiente. Mira:

Era así como el chico, harto de caminar, dejaba que las bestias se bañaran cerquita de la fuente donde él saciaba su sed. Y un día, mientras el rebaño se bañaba, su hermano fue a beber río abajo, allí cerca donde el andaba trabajando su campo. Aquella noche, el hermano caía gravemente enfermo mientras el chico lloraba…

¿Ves?- me insta la mirada secreta. Ambos hermanos, aún sabiendo, pensaron sólo en ellos mismos. No porque fueran egoístas ya que aparentemente no hacían daño a nadie, sino por ignorancia. Ellos se vivían a si mismos separados de la totalidad de la vida. Y este es el orden humano:  se tienen muchos conocimientos pero se viven desde la separación del yo con el resto de la vida. Y es que,

aunque el conocimiento es indispensable, no es ni mucho menos suficiente.

Y eso es lo que todavía ha de descubrir el ser humano. para que el conocimiento tenga un efecto beneficioso se necesita comprender que

toda acción tiene un impacto en el Todo.

Necesitamos descubrir que no estamos separados, que formamos un todo indivisible. Que todo lo que existe forma parte de mí.  Si llego a descubrirlo, entonces aparece un segundo elemento: el Amor. Y no pienses que es el amor que crees conocer. Es el Amor que trasciende mis “mis”, que todo lo incluye, que no ve nada separado del resto, que contempla la Vida como el único ser y que cuida cada átomo, cada vida como elemento siempre-integrado en la totalidad.

El Amor es la fuerza que actúa cuando descubro que todo forma parte de mí.

Y de esta manera se crea el ORDEN NATURAL Y DIVINO. El Orden que trasciende lo humano -trágicamente sustentado por la idea de separación.

El orden natural, hijo de la sabiduría y del amor.

En verdad, Ser y Saber, Amor y Sabiduría, Corazón y Mente, unidos para el mayor bien del Todo, de todos, de mi, de lo visible y lo invisible, de lo conocido y lo desconocido.

Más allá de cualquier conocimiento teórico, todo lo que comprendemos de la Verdad caerá en terreno baldío mientras la tierra en la que se posa esta sabiduría no se descubra tierra de todos, porque sólo el Amor la fertilizará.

¡Qué germine la Verdad en la tierra del Amor y el Orden natural -y por tanto divino- sea su fruto!

Gracias, querida mirada. En verdad, el descubrir es infinito.

¡Feliz Ahora!

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Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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Ser alguien

ArunachalaDesde el momento en que pensé en tu nombre, me tomaste y me atrajiste a ti mismo. ¿Quién puede conocer la grandeza de tu gracia, Arunáchala?

Bhagavan Ramana Maharshi

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Viajé al centro de la Luz, allí donde la Verdad un día se hizo presente. En soledad. La mente silenciosa y el corazón en serena alegría, entregados, confiadamente. ¡Con cuánta felicidad preparé durante meses el viaje! Y allí, justo cuando el pie se posaba por primera vez en esta tierra sagrada, perdí la paz.

Fui a Ese lugar sin saber por qué iba. No habían expectativas. Era el lugar el que me llamaba. Y obedecí, como voy obedeciendo desde que la mirada secreta me lleva de su mano. Pero lo último que hubiera imaginado es que, en ese lugar de luz y verdad, yo perdería la paz que durante los últimos tiempos se había hecho compañera inseparable.

Al principio no entendía nada. De hecho, la energía poderosa del lugar no me dejaba pensar, reflexionar o sacar conclusión alguna. Me sentía muy mal. Una cruda soledad me colocaba en unos hábitos de vestir, comer, caminar, relacionarme, totalmente ajenos a toda mi experiencia anterior. Ataques egoicos virulentos me hablaban de mi fealdad, de mi egoísmo, de mi cobardía, de mi falsedad y también de la fealdad, egoísmo y hostilidad del entorno. Todo eran malas caras. Nadie me sonreía, bien al contrario, incluso me reñían con malos modos. La sensación de amenaza era vivida las 24 horas. Todo me daba miedo: las personas, los lugares, las comidas. No había belleza. Solo suciedad y miseria. No había amor. No había silencio. No había ni el más pequeño rincón en donde pudiera descansar de la opresión que sentía.

Y así fue durante muchos días. Los únicos momentos de paz eran aquellos en los que me sentaba a hacer silencio (lo que muchos llaman “meditar” pero yo prefiero llamarlo así, porque lo único que hago es dejar de hacer algo :)). Sin embargo, en ningún momento apareció el impulso de abandonar el lugar.

Así fue hasta que la llamada del amor me hizo ver. Eran las primeras palabras amorosas que oían mis oídos embotados desde que había llegado a Ese lugar. A través de miles de kilómetros, la voz amada me preguntó. Y el sufrimiento pudo salir al saberse acogido. Lágrimas de odio, de miedo, de rechazo, de desespero, de incomprensión salían  sin parar, como un géiser que hubiera estado latente durante milenios y por fin rompiera con fuerza el más duro suelo.

Y en esa explosión de dolor y llanto, la mirada secreta que había estado vigilante y silenciosa desde que llegué a Ese sitio, se abrió de a poco para que yo pudiera ver. Y vi.

Vi que había perdido allí toda referencia de quién yo creía ser. No me reconocía en el espejo. No me reconocía en lo que comía. No me reconocía en cómo me relacionaba con los demás. No me reconocía en las emociones que me alteraban. No me reconocía en los pensamientos negativos que me agobiaban. No me reconocía en mi forma de actuar. No me reconocía en los ojos de nadie. Me había perdido a mi.

Entonces, de a poquito, me di cuenta de que, aunque llevara un tiempo investigando y viendo, dentro seguía

viviendo y viviendome como un alguien concreto

y allí, esa singularidad que me garantizaba “ser alguien”, se perdió por completo. Ya no era nadie. Nadie. Ni para los demás ni para mi. ¡Qué descubrimiento!

Y ¿sabéis lo que pasó? Que poco a poco o en un instante (yo no lo sé), todo aquello que me definía como  un alguien concreto y bien diferenciado de los demás, dio paso a una sensación de libertad que solo antes había experimentado en estados de profundo silencio. Todo lo que me hacía alguien, al caer, me liberó y

pasé de ser alguien, a simplemente ser

Fue entonces que ocurrió el milagro. De la densidad más pesada, brotó una ligereza nunca antes sentida. Seguía sin sonreir porque yo era la sonrisa. Las personas antes hostiles, se convirtieron en amigos. Amigos en todos los rincones. La comida se convirtió en manjar. El dolor de espalda desapareció. Se curó el esguince del tobillo, así, en un instante. La belleza explosionó en cada rincón. Me regalaban flores. Aparecieron amistades. Cantos. El miedo dejó paso al amor. Todo era posible. Pero ya no había nadie, nadie concreto experimentando esto. Era la vida viviéndose a sí misma.

Desde entonces, querida mirada secreta, sé. Sé que de aquello de lo que dependes, de aquello eres esclavo. Se que las personas, en su ceguera, luchamos por ser alguien, sin darnos cuenta de que nuestro poder, nuestra plenitud se aleja de nosotros cuanto más alguien somos.  Porque,

lo que te hace ser alguien, te esclaviza.

Descubre tú, compañer@ de la mirada, qué es lo que te hace ser alguien concreto. Y atrévete a soltarlo. Porque,

Ser, sin ser alguien, es SER, es LIBERTAD.

¡Feliz Ahora!

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I. La sabiduría y la acción

IMG_7731“Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas”

Lucas, 12:31

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Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia.  

Durante muchos años de mi vida, esta frase del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr, fue el máximo compendio de sabiduría para mí. No le faltaba ni le sobraba nada. Siempre que me sentía impotente, sufría o veía a otros sufriendo, recordaba estas sabias palabras y trataba buenamente de colocarme así.

Pero ahora ya no es así. Ya no.

En esta oración falta algo, algo que ahora para mi lo es todo (escribo esto y no puedo evitar emocionarme…. siempre he sentido que la primera hora de la mañana es la hora del corazón…). La mirada secreta me hace ver la frase de a poquito y me susurra que la voluntad de cambiar algo viene del juicio de que aquello no es bueno. Pero, ¿sé yo lo que es bueno o malo? ¿Por qué tengo que basar lo que hago en lo que pienso si lo que pienso está todo condicionado?

La mirada me ha mostrado en muchas ocasiones que la acción sabia no viene del pensamiento, sino que es acción espontánea que acontece más allá de querer manipular lo que nos ocurre. Una acción que no tiene meta conocida..

-Tratar de cambiar aquello que creo que no esta bien, motivo de conflictos o sufrimientos, o aceptarlo si no puedo cambiarlo, no es el único camino. Ni es el más sabio -dice la mirada secreta.

Lo sé. Lo sé.

En vez de valorar lo externo desde mi parrilla de creencias, podría darme cuenta de que

lo que veo no depende de lo que ocurre sino de la perspectiva desde la que lo estoy viendo

-Aquí, en la mirada, está todo lo que la situación es. No existe lo que hemos estado llamando “objetividad”-, me dice. -Cómo vivimos aquello que ocurre depende de la mirada y no de la situación.- ¡Que poderosa es la mirada!

-Lo que ha de cambiar, cambia- sigue la mirada– tanto si las personas quieren como si no. De hecho todo está cambiando a cada momento. Cuando descubras que nada de lo que sucede depende de tí, soltarás tus esfuerzos y te abrirás a la acción espontánea. Un día te hablaré de ello- me dice, traviesa. Ella siempre me mantiene en un ver infinito. ¡Bendita sea!

Ahora, la oración ha cambiado. Ya no le pido a Dios (o a la Verdad, a la Inteligencia o como queramos llamar a Eso) que me de coraje para cambiar lo que puedo cambiar, ni que me de serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, ni que me de sabiduría para ver la diferencia. Ahora, lo único que le pido es que me deje ver con Su mirada. Y sé, plenamente sé, que de ahí surgirá la acción sabia y llena de amor.

Esa es la oración que me da la mirada secreta:

Dios, déjame ver con Tus ojos. Y todo lo viviré con coraje, lo veré con serenidad y lo comprenderé con sabiduría .

En homenaje profundo a la mirada secreta, que hoy me ha despertado haciéndome ver A.SÍ

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Un mundo mejor

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«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Lc 10, 41-42

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Es la mirada secreta tan nítida que mientras el ojo ve, los ojos lloran.

Lloran sin saber por qué lloran. No es tristeza, ni es incomprensión o impotencia. Tampoco es alegría o exaltación. Lloran los ojos porque no pueden hacer otra cosa frente a la  Dulce Nada, inmensidad lumínica y silenciosa que la mirada secreta muestra.

Mientras, la mente sigue queriendo hacer. Y hacer. Y hacer. Dice que el mundo va mal. Dice que hay que salvarlo. Y es que la mente a veces ve el reflejo del Amor, de la Libertad. Ve reflejos de Sabiduría, de Belleza. Y quiere eso. ¿Cómo no lo va a querer?. La mente también tiene buena voluntad. También quiere hacer el bien. También quiere ayudar. Pero…. ¿puede?

La mente ve reflejos de la Verdad… Pero los reflejos no sirven para actuar.

Imagina que tienes mucha hambre y vas mirando el suelo en busca de algo para comer -sigue la mirada secreta en su imparable afán por abrir la rendijita para que la Verdad pueda iluminar-. Imagina que mirando ves en un charco el reflejo de una hermosa manzana que cuelga de la rama del frutal. ¿Podrás alimentarte de ese reflejo?

La mente quiere actuar desde lo que entiende por amor, por libertad, por sabiduría. Pero son reflejos. Y de ellos hace su verdad. Confunde su verdad con la Verdad aunque hayan otras mentes que no lo vean así. Y entonces entra en lucha. Y divide. Unos son buenos y los otros son malos. Los buenos son los que comparten su verdad y los malos los que tienen otra verdad. Eso ya tendría que alertar al corazón. Tendría que avisarle de que no vamos bien porque, ya lo decían nuestros abuelos que Verdad sólo hay Una. En la Verdad no hay buenos ni malos, no hay razones, ni -por no haber- hay valores.

La buena voluntad de la mente no cambiará el mundo. El mundo también es un reflejo. Un reflejo de cómo funciona la mente. Una mente que divide crea un mundo dividido. Una mente complicada crea un mundo complicado. La Verdad no crea bandos. La Verdad comprende al que no comprende.

Para vivir desde el Amor, para actuar con Sabiduría, para ser Libres, hemos de ir primero a la Fuente. Hemos de bañarnos en Sus Aguas. Levantar la mirada para Ver de dónde viene el reflejo, para encontrar la Fuente de la que partió. Allí están esperando los aromas de la Verdad, la Sabiduría y el Amor. Recoge esos frutos. Ven de vuelta a la tierra que pisas y deja que sean esos frutos los que actúen a través de ti. Quizás entonces puedas servir de ayuda, puedan las acciones ser sabias.

No vamos a ser prácticos hasta que sepamos actuar sabiamente

No se trata de actuar o contemplar. No se trata de retirarse al Silencio (-que no sirve para nada, dice la mente práctica, muy convencida) o ser un activista por un mundo mejor. Esa es la mirada de la mente que todo lo divide.

Se trata de empaparse de la Verdad, en el silencio más allá de la mente, investigando, entregándose con valentía al no-saber. Y esa Verdad será entonces la que actúe a través nuestro…

Andate a la Fuente, -anima la mirada secreta-, bebe de Su agua de sabiduría y amor. Llena el cántaro y camina de vuelta. Entonces, ofrece ese Agua para que otros beban…

¡Feliz Ahora!

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Ver.Dad

VerDad“Contemplación es amor y sabiduría unidos, ver y sentir unidos”

Consuelo Martín

Últimamente la mirada secreta está buceando y como su sustento vital es la inspiración y no el oxígeno, bucea y bucea sin parar, más y más profundo. Y dónde pareciera que no había más que oscuridad, ve. Ve y después expresa lo visto. Así ocurre porque, sorprendentemente,

la Verdad no se puede acumular

Es como la luz. La luz entra por el ventanal, o por la rendija, pero entra toda. No puede entrar a trozos (¿recordáis la entrada de la mirada “Soltar y saltar“?) Y esa luz que ha entrado no la podemos guardar en un cajón, atesorarla para nuestro propio y único bien, acumularla para tener más y más luz. Esa luz que ha entrado, se expande y se expresa en todo el espacio abierto a ella. No se va a poder aprisionar. Si cierro la ventana y las contraventanas para que no se escape, desaparece completamente. Se hace oscuro ¿verdad?

Pues lo mismo ocurre con la Verdad. La mirada secreta ve, no ve a trocitos.

La verdad no está nunca, nunca en lo visto. La Verdad está en la mirada.

Y por eso no se puede atesorar. Sino que lo que va a pasar es que se va a expresar, se va a entregar, se va a dar, tanto si se quiere como si no, más allá de la voluntad (otra entrada de la mirada de hace pocos días… ¿veis como anda buceando? :)).

Que no crea la persona que la Verdad es suya, o que es ella quien ha visto la Verdad. Que no la encierre en su personal “banco de verdades” porque así se va a perder, se va a hacer la oscuridad. La Verdad es luz y como tal no conoce la oscuridad.

La mirada secreta me enseña, me ayudar a comprender que cuando uno cree haber encontrado la Verdad, lo que está haciendo es convertirLa en una cosa, una cosa que se tiene o no se tiene. Y al convertirla en una cosa-propiedad, ha vuelto a caer en lo falso. Por eso nadie puede dar la Verdad a otra persona, porque no es ninguna cosa. Es un ver, un ver que se expresa porque así es su naturaleza:

VER …< DAD

Ver y dad, podría haber dicho el sabio (quizá lo dijo, yo no sé). Ver y dad intrínsecos a la VerDad.

Ver………… comprensión………SABIDURIA

Dad……….. expresión……….. AMOR

En el Ver, la conciencia nos conduce a la Verdad

En el Dar, la conciencia expresa la Verdad.

Por eso, siempre, como dice el sabio, en el camino de la Verdad, han de ir mente y corazón unidos.

Cuando es la mente la que se apropia de la Verdad y se olvida del Amor,  la Verdad se pierde en el fanatismo y la doctrina…

Cuando es el corazón el que se apropia de la Verdad y se olvida de la Comprensión, la Verdad se pierde en el sentimentalismo y la obediencia ciega…

Que sea por Amor a la Verdad que abres tu Ojo.

Que sea la Verdad del Amor la que lo ilumine.

¡Cuánta belleza, mirada secreta! El corazón abierto y la mente silenciada en tu profundo bucear.

¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

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El río y el agua

“Be water, my friend”

Bruce Lee

 

 

 

Decimos que el río nace en la fuente, pero ¿es así? ¿brota el río de una fuente o es el agua la que brota? Más el agua que brota de la fuente ya existía antes, entonces ¿qué es lo que nace?.

El agua que brota de la fuente viene de aguas subterráneas que quizás llegaron de la lluvia… la lluvia de las nubes… las nubes del agua de la tierra y así…

Decimos que el río nace en la fuente pero, en realidad, es una manera de hablar -rara vez miramos cúal es la verdad-. Lo que nace es una “corriente de agua” concreta y a esa le ponemos un nombre. Hay un sinfín de ríos en nuestro planeta, cada uno con sus nombres, compitiendo por ser el más largo, el más bello, el más caudaloso… pero eso al agua no le importa nada, nada, nada. Los ríos no son lo que parecen. Ni viajan, ni desembocan, ni tienen vida propia. Son las simples huellas que ha dejado el agua en su navegar. Son el cuerpo del agua. El agua es quien habita el río, quien hace al río lo que es, un río. Sin ella no habría río, pero sin río, ¡sigue habiendo agua!

El agua parece fluir con facilidad, sea entre rocas o juncos. Y es que en ese fluir hay una rendición total: a nada se enfrenta el agua. Y aún y así, entregada y rendida, en ningún momento deja de ser quien es. Siempre es agua.

Sólo se mueve en la dirección de su propia corriente, siempre por el camino más fácil, porque sólo tiene un objetivo: desembocar para seguir su ciclo.

-¿Para qué luchar contra nada? ¿para qué querer cambiar las características del río?- ríe el agua del río a la mirada secreta que hoy juega con ella.

Aunque hayan cascadas o remansos, el agua es inmutable, -siempre es agua, nunca cambia de forma porque no tiene forma. Lo único que hace es adaptarse al cuerpo que la contiene-. Parece que se ve afectada por los aparentes golpes: espuma, remolinos…, pero el agua sigue siendo agua.

Contra más pura el agua, menos atributos tiene: no sabor, no color, no olor. Y sin embargo, ¡qué rica está!

Y cuando llega el agua a su desembocadura (¡que no es el río el que llega a la desembocadura!), el agua… sigue siendo agua… y sigue su periplo, inteligente y eterno…

Y he aquí al ser humano, creyendo ser río cuando Es agua. Pero como se cree río, vive como tal. Nace un buen día de la fuente-madre y un buen día muere en la desembocadura; lucha con y contra todo sin saber cuál es su función, siempre compitiendo con otros ríos, siempre por el camino más difícil. Todo le afecta, y cree que en esa afectación está su aprendizaje. Y cree que los atributos son los que le hacen ser alguien… El ser humano… pura agua de vida… en negrita ¿Lo ves?

Ríe la mirada secreta al Silencio que hoy juega con ella…

¡Feliz Ahora!

 

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El origen del sufrimiento

imageSolo en el país de los sueños se tienen pesadillas.

La mirada secreta

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Tenemos los acontecimientos de la vida catalogados ya antes de nacer. La historia de la humanidad ha ido creando culturas, cada una de ellas con un catálogo de juicios bajo el brazo. Depende del lugar en el que te vas ha criar, vivirás las situaciones como buenas o malas. Por ejemplo, si naces hembra o naces diferente (es decir, con una llamada malformación de algún tipo, visible -porque malformaciones tenemos todos, ¿o no?-) seguramente en varios lugares del mundo, serás causa de mucho sufrimiento. Y serás causa de mucho sufrimiento, simplemente porque nos hemos creído a pies juntillas el catálogo de juicios de esa cultura, ¡sin ponerlo en duda ni un sólo momento de nuestras vidas! Y después creemos que somos libres…

Hoy la mirada secreta quiere que descubramos el origen del sufrimiento y me empuja a poner en palabras lo que me lleva susurrando al oído desde que me rendí a ella…

Durante el transcurso de la vida van aconteciendo sucesos de todo tipo y cada uno ya tiene colgado el veredicto a priori: si me toca la lotería, eso es algo bueno; si me arruino, eso es algo malo. No importa que no sepamos que es lo que nos va a traer la loteria o la ruina en un futuro. Ya lo hemos sentenciado de antemano. Nos hemos creido que el dinero y la felicidad son uno. Y no lo hemos puesto nunca en duda, a pesar de tener pruebas de que la lotería ha destrozado familias enteras (y las herencias: a más dinero por medio, más riesgo de peleas) o que lo que un día parecia una ruina se convirtió en la gran palanca para una vida nueva y mejor. O todo lo contrario: la loteria ha sido una bendición y la pérdida del estado económico, un desastre. ¡Quien sabe!

En sí, ¿cómo puedo saber si lo que me haya tocado vivir va a ser algo bueno o malo? ¿en función de qué?. Y no solo eso. Sino que lo que parece bueno en un sentido, puede ser malo en otro. De hecho, es siempre así, porque la moneda nunca viene con una sola cara:

En el mundo en que vivimos cada suceso crea su contrario.

Por eso, es muy difícil por no decir imposible, que algo sea bueno en todos los sentidos, o malo en todos los sentidos. Que me toque la loteria a mí significa que no le ha tocado esa loteria a millones de otros seres humanos. Así que mientras yo bailo empapado de cava festejando mis millones, puede ser que haya otra persona llorando desconsoladamente porque por un solo número no ha ganado. Y así.

No importa. Si te atreves a mirar por primera vez, como mira la mirada secreta, veras que

en sí, todo lo que acontece es neutro.

Y sin embargo, sufro.

Es probable que me repliques que es normal que sufra en determinadas situaciones. Pero que sea normal sólo indica que tenemos todos la misma programación, no que sea lo natural. Sino, mira a los niños. Los niños no viven la muerte o la enfermedad como la viven los adultos. Quizás diremos que es porque no se enteran de la gravedad del hecho. Puede ser, pero todavía no sé donde está esa verdad, si en el hecho de que no se enteran o en el hecho de que la gravedad no es tal… No sé. Lo que sí sé es que:

Hasta que no aprendemos este catálogo de juicios, no vivimos las cosas de la misma manera.

Cuando aquí hablamos de sufrimiento no nos referimos al dolor que acontece en una situación concreta. Nos referimos al dolor que sentimos dentro mientras la vida fluye a nuestro alrededor. Nos referimos al dolor que nos trae el pensamiento, los recuerdos y las proyecciones a un futuro imaginado. Como muy bien explica un sabio de nuestro tiempo, si yo te pregunto qué problema tienes AHORA, en este momento exacto, tienes una 99.9% de posibilidades de decir que ninguno, sin embargo estás sufriendo. ¿Por qué?

¿Por qué sufro? Para que yo sufra, tiene que haber acontecido algo que yo haya enjuiciado como algo malo o indeseable, según lo estipulado en el famoso catálogo. Seguro. Sí. Este es el origen del sufrimiento:

para sufrir, he de juzgar

Es el juicio lo que me hace sufrir, no lo que acontece. Cuando practico el juicio, sufro, aunque yo no me de cuenta de que he juzgado.
Y la mirada secreta me pregunta, siempre empujándome a investigar: ¿qué pasaría si no juzgara ninguna situación?

Yo no sé nada. Eso es lo único que sé. No sé por qué pasa lo que pasa, ni para qué. Por no saber ni siquiera sé quien soy yo o que es esto de vivir. Así que aunque mi mente siga juzgando, siempre obediente a su programación, yo no puedo tomarme esos juicios muy seriamente porque no tienen sabiduría. Simplemente por eso.

Así, dejo mi juicio en manos de Dios.

Y yo me dedico a vivir plenamente en el único lugar en donde acontece la vida: aquí y ahora. Y gracias a la mirada secreta, aquí y ahora descubro que la felicidad no es un estado lleno de juicios positivos, sino que es un estado diferente y nuevo:

la felicidad está libre de juicios.

Por eso, desde esta vida llena de luz y de pájaros cantando,

¡Feliz Ahora!

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Revelando

IMG_5571“Conoce sin pensamientos”

Sri Ramana Maharshi

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Revelar es la palabra que acompaña a la mirada secreta.
En fotografía, revelar significa hacer visible la imagen latente impresa en la placa,la película o el papel fotográfico. En filosofía y en el lenguaje común, revelar significa descubrir lo secreto. Y descubrir realmente quiere decir
des-cubrir, quitar aquello que cubre lo que ya es.
La mirada secreta no busca nada. No hace esfuerzos para conseguir algo en el futuro, lo que quiere decir que no tiene objetivo alguno. Sólo mira. Sin saber.
Y todo eso me lo cuenta la mirada porque quiero comprender con la mente. Si no, ¿cómo voy a comprender? Es lo que me han enseñado. Me han dicho que la mente es el órgano más poderoso que poseo. Me han dicho que reflexione, que sopese, que mire los pros y contras. Me han dicho que la inteligencia vive en la mente. En los pensamientos. Y yo, como siempre, no he dudado de lo que me han enseñado, a pesar de ver los problemas eternos del mundo, a pesar de ver que la mente no parece conducirnos a nada mejor en nuestra cualidad como seres humanos…
Cuando se despierta el amor por la Verdad, aún sin conocerla, la mente es la que quiere comprender. Y se esfuerza mucho. Y se crea muchos objetivos. Cree que tiene que conseguir no sé qué logros que le demuestren a esta pobre persona que algo comprende. Y todo eso lo único que crea es angustia.
Cuando la mente quiere comprender, surge la angustia.
¿Cómo no va a ser así si la pobre mente no tiene la capacidad de ver más allá de sus creencias? Es como pedirle al ojo que componga una sinfonía, o al oído que pinte un paisaje… La mente no está capacitada para descubrir la Verdad.
Si recuperamos el ejemplo del revelado de fotografías, sería como pedir a los pensamientos que fueran capaces de desvelar lo que oculta la placa. Y así es como ha salido la entrada de hoy de la mirada secreta.
La mirada me ha revelado cúal es el líquido en el que se ha de sumergir la blancura del no-saber para que poquito a poco vaya surgiendo la imagen que apunta a la Verdad…
¡El líquido revelador de la Verdad que ya Es, es el Silencio!
Cuando la mente queda en silencio, la Verdad se revela.
La mente no puede des-cubrir la Verdad. Pero, al dejar el Todo Desconocido reposar en el Silencio Revelador,  la mente la puede ver con el “ojo” de la mirada secreta.
¡Es a eso a lo que llamo revelación! ¡Cuánta belleza, dulce mirada!
Gracias gracias gracias
¡Feliz Ahora!
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