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El silencio de las flores

silencioflores

” …cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”

Juan de la Cruz

Llegó la alegría de la mano de la naturaleza y después sólto su mano para instalarse en el alma despierta, que es su casa…

A veces, cuando el alma anda dormida, lo único que podemos hacer es abrir la puerta de su casa. Dentro reina un silencio, que aún sin ser el Gran Silencio, es silencio, el silencio del sueño. Si asomas la cabeza verás a la Alegría, a la Paz, a la Libertad, al Amor, a la Sabiduría, a la Belleza, a la Compasión, a la Armonía y a todo el resto de esencias de la Verdad, todas enroscadas en sí mismas, hechas un ovillito y durmiendo el sueño inocente del recién nacido…

Y así lo hice. Abrí la puerta de la casa del alma, donde el silencio del sueño vela amorosamente sobre los aromas de la Realidad. Los ví durmiendo y salí de puntillas, dejándo tras de mi la puerta abierta…

Y entonces, por delante de la puerta del alma, pasó una flor… y la Belleza dormida y recogida en el fondo de la estancia pareció estremecerse pero no… no se despertó…

… después pasó frente a la puerta abierta un paisaje espléndido y la Armonía que está roncando en aquel rincón, dió un pequeño respingo pero no… no se despertó -aunque pude entreveer como sonreía en sueños-…

… más tarde pasó un águila frente a la puerta abierta del alma… y la Libertad que andaba durmiendo a sus más grandes anchas -tal como le toca por su condición de esencia mayor- suspiró profundamente, se movió pero……no. Acabó recolocándose en una posición más cómoda pero tampoco despertó…

…y al rato pasó mi amante…. y el Amor durmiendo en el centro de la estancia se puso a palpitar muy fuerte, tanto que casi despertó, pero no…. Y es que ¡se está tan bien durmiendo!

Y así ha ido sucediendo. Aunque casi no se notara, el alma iba despertando al canto de todas las inspiraciones. Y al final, cuando todo empieza, una inspiración llamó en el momento más oportuno a la Alegría. Y la Alegría, siempre presta a despertarse en este alma mía, saltó de su lecho y rauda como la luz que le dá la vida, salió por la puerta y se fué a pasear con la naturaleza, de su mano. Y cuando ya estaba bien despierta, la soltó y volvió a la casa. Ni corta ni perezosa abrió las cortinas y ventanas para que se oyera bien fuerte el tañido de las campanas de la catedral de la Vida, despertándo a todas las Esencias, y el alma, de nuevo, resucitó de entre los dormidos…

En el centro del centro. En una sola de los millones de flores que tapizan la Tierra, en una sola, contemplándola, se vé la Verdad. Cuando la flor se abre ya no se vuelve a cerrar hasta su disolución. La flor se abre y su belleza es fuente de vida. En su bondad esencial alimenta los estómagos de unos y los corazones de otros.

La flor es ofrenda de Amor. Sutil hermosura inocente. Aliento de la Armonía de la vida.

Aparentemente frágil, vive en profunda confianza hacia la luz y sus raices. Su visión primorosa silencia los pensamientos. En su presencia mora el mundo de las Esencias.

El silencio de las flores habla a la mirada secreta,

y en su silencio pace el Amado, quien puso su mano hasta en la más diminuta flor, vistiéndola de plenitud, al ojo de aquel que respira despierto…

¡FELIZ AHORA!

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La Mirada y el Dolor

Es el reflejo lo que nos conducirá a la Verdad, no lo reflejado

La mirada secreta

 

 

*foto cedida

Iba a escribir una especie de relato metafórico sobre las últimas semanas y lo que la mirada secreta ha querido regalar a quien esto escribe. Y de repente, la propia mirada no ha querido que me ande con florituras.

El dolor del cuerpo irrumpe en la vida de los seres vivos muy a menudo y de muy diversas maneras. El dolor ocurre en la superficie de la conciencia, como todo aquello que aparece para luego desaparecer. Y detrás del dolor (en lo profundo), igual que detrás de cualquier vivencia, sigue estando el silencio reverente, la quietud sagrada, la serena alegría, allí de donde viene la mirada secreta, iluminando con sus nítidos rayos lo antes nunca visto, empapando de la luz de lo verdadero.

Y la experiencia de dolor ha permitido que la mirada me susurrara al oído cosas que antes quizás había intuido pero que nunca había visto con tanta claridad…

A veces, cuando tenemos dolor o estamos enfermos, es fácil que nuestro “yo” fabricado de pensamientos se tambalee e incluso llegue a destruirse (que es lo mejor que nos podría pasar), igual que un edificio afectado por un terremoto. El terremoto físico acaba fácilmente con muchos de los atributos que creía “tener” y que formaban parte de “mi yo”. Dejamos de ser independientes, no podemos valernos por nosotros mismos, necesitamos que los demás nos ayuden hasta en la higiene íntima. Lloramos como niños, gritamos de desesperación, perdemos los modales, nos enfadamos, imploramos. Tenemos que pedir cosas tan peculiares como que nos dejen la tapa del inodoro levantada porque nosotros no vamos a poder hacerlo, -eso en el caso de que podamos llegar al lavabo-. Y empezamos a pensar que ya no somos quienes éramos: tu que eras tan valiente, ahora no lo eres tanto. Tu que eras fuerte, ahora eres débil. Tu que eras tan paciente, ahora eres impaciente. Tu que eras tan generoso y tan considerado con los demás, ahora eres egoísta. Eso crees de ti.

Y sin embargo, sigues siendo tu. Es a ti que te está sucediendo esto. Ahora tienes dolor. Y antes no. Hay un “yo” que vive las diferentes experiencias y que siempre es el mismo. Es como el muñequito que ahora se le pone un bigote, y ahora se le saca, y ahora se le pone un sombrero, y ahora no. El muñequito siempre es el mismo. Tu no eres el dolor. Ni eres egoísta o considerado o generoso o impaciente. Esos y muchos otros atributos son nuestros bigotes y sombreros.

Ahí está el fondo inalterado. Viviendo esa experiencia. Y a ese fondo le sigue llegando la mirada secreta.

La mirada secreta no es de la persona.

Cuando el instrumento está mal, -sea el cuerpo, la mente o ambos-, la mirada sigue viendo con la misma claridad de siempre. Los rayos siguen iluminando porque el Sol sigue aquí. Pero el instrumento que está mal puede desafinar en la interpretación de lo que la mirada enseña. Eso es lo que nos pasa a todos si colocamos nuestra identidad en lo que no somos. Si creo ser mi cuerpo dolorido no podré ver con claridad. No podré dejar que la belleza del rayo de luz se refleje,ni su claridad, ni su serena alegría. ¿Recordáis la entrada al blog “La belleza en la mirada” del 7 de abril? Pues eso es lo que descubrí durante este terremotillo vivido:

nada de lo que sucede a la persona tiene importancia. Lo único importante es lo que se refleja a través de la persona, de la Luz de la Verdad

El dolor también me enseñó sobre el amor. El amor que se da y se recibe, que no espera nada a cambio, que es espontáneo y dulcemente poderoso, ese amor que abruma a la persona. Ese amor hacía llorar a quien esto escribe y vio que

el amor desinteresado abre el corazón y un corazón abierto rezuma amor desinteresado

Y vi con plena claridad que todo ese amor era un reflejo del Amor que Es. Si la persona viviera el Amor que Es, el origen de todo este amor, en el estado de conciencia en el que estamos, ese Amor nos fulminaría, porque no lo podríamos contener. Igual que unos ojos acostumbrados al reflejo del Sol no pueden mirar directamente el Sol porque se cegarían.

Es por eso que a la Verdad sólo la conoce la Verdad.

Puede ser que esta persona sea débil, egoísta, impaciente, o maravillosa, dulce, amorosa y entregada. No importa. Pues, a momentos, refleja la luz del Sol.

Juan de la Cruz dice en su bellísimo Cántico Espiritual:

“no quieras despreciarme,

que, si color moreno en mi hallaste,

ya bien puedes mirarme

después que me miraste,

que gracia y hermosura en mi dejaste”

Eso es lo que la mirada secreta me ha mostrado: la experiencia de dolor me ha enseñado que no hay ni un sólo atributo que tenga que ver con quien soy. El dolor, a través del amor, ha abierto el corazón. La mirada ve, independientemente del instrumento, y sus reflejos son infinitos. Se puede atravesar la identificación con el cuerpo y vivir en el centro que soy, allí donde habitan eternamente la paz y la serena alegría del Amor Infinito.

¡Cuan grande la esperanza y cuan grande el agradecimiento al reflejo y a la Luz!

¡Feliz Ahora!

*foto cedida por ikibcn http://www.barcelonamola.me

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Miro y siento amor

La mirada es el lenguaje del corazón. William Shakespeare
“La mirada es el lenguaje del corazón” William Shakespeare

Salgo sin hacer ruido hacia la playa que espera el nacimiento de un nuevo día y solo llegar allí me inunda, como Juan diría, la música callada, la soledad sonora

y siento amor

Miro el cielo azul, límpido, coronando el planeta en un manto de inmensidad eterna

y siento amor

Miro el mar fuerte, grande, transparente, útero generador de vida

y siento amor

Miro el viento que levanta la arena en mil dibujos creativos y veo a un grupo de jóvenes que aún no han dormido, persiguiendo el pareo de la más bonita de ellos, ofrendando su deleite al viento

y siento amor

Miro las huellas de pies y patas en la arena y las olas diluyéndolas en la constante verdad de la impermanencia de las formas

y siento amor

Miro al señor de verde que anda recogiendo la basura que otros abandonaron en la arena y que me saluda los buenos días con una sonrisa blanca y radiante

y siento amor

Miro el sol que se levanta regalando un nuevo día a quien le anda mirando y a quien duerme todavía

y siento amor

Miro la cadera dolorida tratando de sostener el cuerpo entero y realizando su función con una fidelidad conmovedora

y siento amor

Miro uno que corre y se esfuerza por retener, ni que sea un dia más, la juventud que anda alejándose, espejismo de belleza, y no se da cuenta que corriendo detrás de lo que se fué, va dejando de vivir su vida

y siento amor

Miro el padre jugando con el bebe en la orilla, entre risas y grititos de regocijo

y siento amor

Miro a la abuela que, decidida, camina con los pies mojados y el mechón rebelde ondeando y ella, coqueta, peinándolo

y siento amor

Miro a dos que se meten en el mar helado, tan grande es su comunión que ni el frío les ha frenado

y siento amor

Y miro ya de vuelta la carita de mi amado, a duras penas despierto

y siento amor

¡Que fácil es sentir amor cuando el ego está callado!

 

¡Gracias Mirada Secreta por mostrar a estos ojos aromas de la Verdad!

¡FELIZ AHORA!

dedicado a mi amado…

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Ser o tener, esa es la cuestión

La Verdad es indivisible

La Mirada Secreta

 

 

 

 

El otro día la glicina (ese hermosísimo arbusto que veis en la foto) floreció. El aroma de sus bellísimas flores inundó la entrada de casa y mi alma de nueva vida.

Me quedé contemplándola. Es un arbusto que pronto hará los 100 años. Su tronco es robusto y su savia vigorosa.

Y este año, por primera vez, recogí su semilla y la hice germinar. Y ahora tengo una nueva planta, igual a mi arbusto centenario. Tan igual que es el mismo arbusto, inmenso en el porche de casa a la vez que pequeñito en la maceta de la cocina. La semilla contiene el arbusto entero y el arbusto a su vez, contiene la semilla. Son inseparables. Son uno.

En la semilla se halla escondido el arbusto, su savia, su tronco, sus ramas, sus hojas, sus flores. En la semilla no se pueden separar ninguno de sus elementos de los demás. No se pueden separar las flores de la savia, ni las ramas de las hojas… En la semilla están todas las cualidades del arbusto. Y el arbusto pare la semilla…

¿Puede desear la glicina algo más de lo que ya es? El hermoso arbusto ya es, completo. La semilla es, completa. Con todas sus cualidades, inseparables de ella….

como el fuego, que es combustión, luz y calor. Y nada puede ser separado de sí mismo. Con todas sus cualidades, inseparables de él…

…¿cómo el ser humano? ¿cuales son sus cualidades, inseparables de él? Quizá todo aquello que anhelamos profundamente: el amor, la paz, la libertad, la belleza, la sabiduría…

Todos los seres humanos en el fondo anhelamos lo mismo. La mirada secreta me dice que es así porque en el fondo somos eso que anhelamos.

Pero

como no nos reconocemos en quienes somos, como no lo sabemos, lo andamos buscando fuera de nuestra verdadera esencia.

Lo queremos tener. Tener amor, tener paz, tener libertad, tener belleza, tener sabiduría. Y todo lo que se quiere tener se ha de conseguir. Por lo tanto nos ponemos a buscar, a pedir, a exigir. Y con suerte -o con desgracia, nunca se sabe-, parece que lo conseguimos, lo encontramos, ya es nuestro. Pero todo aquello que tenemos, se nos puede quitar, podemos dejar de tenerlo. Todo aquello que tenemos nos separa más aún -yo lo tengo y tú no… ¿me lo enseñas? ¿me lo das? ¿te lo robo? ¿me lo prestas?-. Todo aquello que creemos tener, una vez conseguido, suele perder sus “poderes”: así el amor que tengo, en poco tiempo deja de ser amor…; la libertad que tengo (“por fin me he separado” “por fin se han independizado los hijos”…) en poco tiempo deja de ser libertad…; la belleza que tengo (“espejito, espejito mágico”), en poco tiempo deja de ser belleza…; la sabiduría que tengo (hasta que aparece alguien más sabio que yo, o pierdo la memoria…), en poco tiempo deja de ser sabiduría.

Sin embargo, hay seres humanos que no tienen el amor de nadie pero sienten amor eterno; que viven en mitad del conflicto, pero se sienten profundamente serenos; que no tienen libertad, pero se sienten libres; que viven entre polución, suciedad y escombros, pero su mirada y su sonrisa son joyas de belleza pura; que no han estudiado nunca, pero sus breves palabras nos resuenan a verdad…

Y es así, porque ellos son quienes son, plenamente.

Ser no es lo mismo que tener. Lo que eres, no se te puede dar ni se te puede quitar. No se puede buscar, porque ya es.

Quitemos las capas que lo están escondiendo de nuestra vivencia de nosotros mismos. Desnudémonos de todo lo que queremos tener. Hagamos el camino hacia adentro,

descubrámoslo dentro en vez de buscarlo fuera

Y aquello que eres nadie te lo puede dar o quitar, el único camino es descubrirlo dentro de uno mismo. No se puede buscar porque ya es. No nos distraigamos más. Vivamos conectados profundamente al amor que anhelamos porque ya lo intuimos, desde la paz, sintiéndonos libres, con el corazón abierto a la belleza que brota de nuestra mirada y se posa en cada rincón.

Dejemos de pedir. Dejemos de buscar. Dejemos de querer tener.

Seamos plenamente aquello que anhelamos. Esa es nuestra semilla. Ese es nuestro potencial.

¡Gracias mirada secreta! ¡Qué regalo ver así!

¡FELIZ AHORA!

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La montaña

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“La verdadera vida discurre entre lo alto y lo profundo…”

La mirada secreta

Inmensa la mole se yergue frente a la luz.

Tan alta es y tantas son las nubes que se aferran a ella, que nunca nadie ha llegado a divisar su cima.

Los pocos que se han aventurado a escalarla, han perecido. Por eso, los habitantes de aquellos parajes miran circunspectos al loco que se prepara para subir. Saben que no le volveran a ver.

En verdad, todos los habitantes sueñan con conquistar la cima. Intuyen que más allá de las nubes encontraran aquella paz que no tienen…

La montaña está habitada principalmente en su base. Es donde hay más habitantes. Allí hay mucho, muchísimo movimiento. Y mucho ruido también. Y suciedad. Los habitantes suelen ser muy poco cuidadosos con ella. Cortan sus árboles, extraen sus piedras, queman sus bosques y llenan de basura algunos de sus rincones, por poner algunos ejemplos.

Sin embargo, la montaña permanece silente, imperturbable. Quizá sienta lejanamente el ruido que hacen estos okupas, pero ellos no pueden cambiar un ápice su grandeza intocable. En su infinita vida, a duras penas el ruido de la base ocupa espacio alguno.

Esos habitantes ni siquiera se dan cuenta de la sacralidad que les sostiene. No se dan cuenta de que sin la montaña ellos no podrían vivir, es la única tierra que existe, y si la montaña no existiera ellos tampoco existirían. De hecho piensan muy poco en ella, casi nada. Bueno, a veces piensan en su cima, pero como es tan inalcanzable, enseguida se distraen con otra cosa.
Están tan desconectados de aquello que les dá la vida, que suelen pasar el tiempo ocupados en sus propios asuntos, rumiando como las vacas. Viven en un gigantesco y bellísimo macizo, pero a duras penas conocen un mínimo, como el que viviera en un castillo y jamás hubiera salido del dormitorio, y después creyera que había vivido una vida plena

No todos los habitantes se conforman con vivir realmente hacinados a los pies de la espesura. Bastantes decíden un buen día subir por sus hermosas laderas en busca de un nuevo territorio que les aleje del ruido y la contaminación. Y mientras más alto habitan, menos ruido, más paz, menos movimientos innecesarios, menos suciedad. Los habitantes de las faldas de la majestuosa montaña, necesitan menos, viven con más armonia porque se dan más cuenta de quien es que les dá la vida. Honran más la querida montaña.

Y si viven más alto todavía, más armónicos se vuelven. Pero hay muy poquitos que vivan a estas alturas.

Se requiere un gran deseo de vivir en paz para abandonar el ajetreo de la base.

Después está la frontera que no deja ver la cima. Es un límite de enormes nubes cerradas, grises, inhóspitas. Allí siempre soplan vientos gélidos y huracanados. No parece haber vida de ningún tipo. No hay sol ni estrellas. No hay dia ni noche. No hay donde cobijarse. El frío es tan extremo que no parece ni frío. Sólo el aullido del viento helado en la nada. Allí mueren los poquísimo que llegan…

Y es que esta montaña imponente requiere que para llegar a su cima, primero se muera…

Y es la propia muerte la que te catapulta a la cima, sin esfuerzo.

Por encima de la nada surge grandioso, inexpresable el Todo, la visión infinita que nada vé, la paz inmensurable que no se siente, la silente belleza de la Quietud primera.

*****

Y dime, ¿dónde habitas tú? ¿dónde sueñas habitar?

Así pasas la vida, creyendo que habitas en los pies de la montaña y que eso es lo que te gusta.

O que vives en los pies pero quisieras vivir en la ladera, aunque las circunstancias no te dejan.

O que un día vivirás en la ladera, cuando todo cambie.

O crees que vives en la ladera y eres mucho mejor que los que viven en la base.

O que vives en la ladera, y los que viven en la base han dejado de importarte y has aceptado que a la cima no se debe llegar porque es demasiado peligroso.

O eres uno de los pocos locos que se atreve a aventurarse a emprender el viaje a la cima, porque tú si que lo vas a conseguir, porque tú eres especial.

O quizá eres el más loco de todos y estás en la devastadora tierra de nadie, justo congelándote de frio y perdiéndote a tí mismo, sin saber ya quién eres…

No importa lo que creas.
Porque sólo hay una verdad.
Y es que tú no eres un habitante de la montaña.
Tú eres la montaña. Pero no lo sabes.

…..

Acertijo para descubridores:
y si yo soy la montaña, entonces
¿quienes son los habitantes de la montaña?

(:La Mirada Secreta premiará a los acertantes publicando un bello pensamiento propio de cada participante, enlazándolos por inspiración en la próxima entrada al blog. ¡Animate! :))

¡FELIZ AHORA!

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La belleza en la mirada

“El único lugar en el que encontrarás la belleza, será en tu mirada”

La mirada secreta

 

Llevaba lloviendo varios días y aquella tarde, aprovechando que al cielo le apetecía descansar un rato, saqué mi cuerpo a pasear.

El camino discurría entre verdes intensos, marrones de auténtica tierra recién labrada y mi alma alborozada por el brote casi hiriente de la vida por doquier: las yemas en los árboles, los parterres silvestres alfombrados de florecitas, la hierba reventando los campos, el trino de mil pájaros tan alborozados como yo.

Había luz, a pesar de que las nubes tapaban el radiante sol que siempre, siempre está iluminando, aun cuando no lo vemos..

Y, como tenía que ser, para acompañar el ambiente festivo en el que andábamos los pájaros y yo, de súbito se coló por entre los nubarrones un transparente, cálido y único rayo de sol. Ahí ya poco me faltó para que me pusiera a bailar de tanto agradecimiento que sentía por estar viva.

Mi paso se hizo más ligero al calorcito del rayo. Nada miraba en concreto, más que paseando. Y de pronto me llamó la atención algo que brillaba como mil diamantes. Me agaché a mirar que era… Y cual fue mi sorpresa al ver que aquello que me había parecido la joya más preciosa era ¡una simple piedra!

Si. Si. Es la piedra de la foto…

La cogí con reverencia. Y la miré hipnotizada. Nunca había visto tantísimos reflejos diamantinos en una superficie tan pequeña. Era tan preciosa que enseguida la consideré un tesoro. Y cuando decidía seguir mi camino con la piedra en la mano, dejó de brillar… El rayo de sol había sido tapado por la capa de nubes. Y sin la luz del sol, la piedra ya no era más que una piedra. Sin la luz, había perdido su belleza. “Bueno – pensé- la llevaré a casa y la pondré en la ventana. Esperaré que otro rayo la ilumine y así la podré volver a gozar en todo su esplendor, e incluso la fotografiaré para alguna entrada futura en el blog” :)

Y me puse a fotografiarla. Una vez. Y otra. Pero no conseguía captar ni la centésima parte de su belleza. La movía un poco. Cambiaba el ángulo ¡Y nada!

A través de la lente de la cámara, todo el brillo se apagaba…

Y así andaba, tratando de captar con la cámara la belleza, cuando me golpeó de nuevo la mirada secreta

Y de ver una piedra pasé a ver a una persona, cualquier persona.

En mi comprensión entró un rayo de luz que me hizo darme cuenta de que todas las personas somos como piedras comunes: a simple vista no parecemos nada especial. Pero cuando la autenticidad nos ilumina, nos ponemos a brillar y nos convertimos en algo bello y luminoso:

una sonrisa desde el alma, un gesto compasivo, una alegría espontánea, una comprensión serena, un silencio generoso, una palabra justa, una acción desinteresada, un beso inesperado, un detalle anónimo, una caricia en la mirada, el perdón antes de la falta, la oportunidad ilimitada, el reconocimiento eternamente nuevo, el que no te deben nada, la libertad de ser quien somos, la mano que tiende y no reclama, el vivir libre de residuos, el dejar vivir sin cargas…

Estos y mil más son los reflejos de la luz enamorada de la autenticidad que somos en el fondo de nuestra alma. Para que la piedra brille sólo hay que lavarla y para que tus ojos vean la belleza de este alma, sácate las lentes mentales que empañan tu mirada.

En medio verso y todo. Lo que tiene la mirada secreta. Que a veces, juega a ser poeta…

Feliç

la limpia y dulce mirada de un poeta visual

Si queréis ver su obra: http://poesiavisual-alexmonfort.blogspot.com.es/

 

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La teoría de la Resonancia

La belleza de las cosas existe en el espíritu del que las contempla

David Hume

 

 

 

 

 

La Física es la ciencia que se dedica a observar la naturaleza y a describir las leyes que la gobiernan. Y aunque no tenga ni pruebas científicas ni conocimientos mínimamente suficientes, tengo la fuerte sospecha que las leyes de la Física no sólo son aplicables a la naturaleza sino también al “yo psicológico”…

 

La teoría de la resonancia dice que dos cuerpos idénticamente “afinados” vibrarán aún tocando uno sólo de los dos. Un ejemplo real característico es utilizando dos diapasones.

Al tocar el primer diapasón A, el segundo B vibra de forma continua hasta terminar el eco del sonido. Si los diapasones tuvieran afinaciones distintas (notas o frecuencias diferentes), no se daría la resonancia.

Pues una vez tuve un sueño muy raro que tiene que ver con la teoría de la resonancia (creo que la mirada secreta también se cuela en los sueños).

Se me presentó la vida como un inmensa mesa de banquete sobre la que vibraban todos los ingredientes existentes que componen la experiencia de vida a disposición de los comensales: alegría, tristeza, justicia, injusticia, belleza, fealdad, esperanza, desesperanza, honestidad, mentira, amor, odio, guerra, paz, sabiduría, ignorancia, egoísmo, altruismo, generosidad, avaricia, esclavitud, libertad,… Un sinfín de ingredientes de vida, de todos los colores y formas, vibrando a diferentes frecuencias. Más no se oía sonido alguno. De hecho reinaba un silencio expectante.

Al cabo de un instante, vi como se aproximaba una persona a la mesa. Andaba cabizbaja, arrastrando los pies. De alguna manera, vi con transparente claridad que ella también vibraba. Se fue acercando. Y conforme se acercaba, algunos de los ingredientes de la mesa se elevaron y empezaron a vibrar más fuerte, mientras el resto de ingredientes se hacía casi invisible. La vibración de la persona era idéntica a la de los ingredientes de vida que habían surgido con más fuerza. Y empezó a sonar una música. Era una música triste, pesada, oscura… Entonces me pude fijar más en los ingredientes que estaban participando en el melancólico concierto. Eran la tristeza, la añoranza, la desilusión…

Al poco rato se presentó otra persona vibrante, caminando a saltitos, ligera como una pluma. Y otros ingredientes emergieron por encima de los demás, -la alegría, el optimismo, la sencillez…- y en comunión con ella, crearon una nueva melodía que sonaba “allegro ma non troppo”.

Y así se fueron acercando diversas personas. De acuerdo a sus pensamientos, emociones y comportamientos, se ponían ingredientes concretos a vibrar con más fuerza y a unirse en perfecta armonía a la frecuencia vibratoria de cada una de ellas.

Cuando desperté por la mañana, tenía el sueño muy vivo en mi mente. Y empecé a investigar que querría decir, si es que quería decir algo…

Pensé que cada persona que se acercaba a la mesa tendría sus motivos para andar con su vibración a cuestas. Y me puse a imaginar qué ingredientes de la mesa del banquete de la vida se pondrían a vibrar si fuera yo quien me acercara…

Entonces me di cuenta que, hasta la fecha, tenía muchas razones para creer que la vida era pura alegría, pero también tenía razones para creer que la vida era muy triste…

…tenía verdaderas razones para creer que era muy injusta, pero también para creer en la justicia,

…tenía razones de peso para creer que la vida estaba llena de cosas feas, pero también para extasiarme de la belleza que veía en todo y en todos,

…tenía razones para sentir tanta esperanza como para desesperarme.

Podía encontrar razones para dar realidad a cualquiera de los ingredientes…

Entonces, ¿cuáles serían los ingredientes que emergerían y crearían la melodía única e irrepetible conmigo?

De nuevo la mirada secreta me dio la clave. Súbitamente vi que la vibración de cada uno de nosotros no dependía de “sus razones” frente a lo vivido, sino de su afinación con los ingredientes de la vida, independientemente de lo vivido.

Vi que ¡la clave estaba en la afinación!

afinándome con aquellos ingredientes de vida que llenan mi persona de paz y de felicidad, la música que se crea es armonía y belleza

La vida no es de una manera o de otra. Hasta en el momento más duro hay paz, hay amor, si afinamos nuestro corazón con ello.

¡Que la música de la vida nos convierta en bellos acordes!

¡Feliz Ahora!

 

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Esto no es lo que yo quiero

20121202-213152.jpg ¿Se te ha ocurrido alguna vez que lo que tu llamas tu felicidad es en realidad tu prisión?

Anthony de Mello

Anda la Mirada estos días revolucionando huracanadamente. Entra por los ojos un viento frío, limpio, que deja temblando el cuerpo y henchidos los pulmones. Poco quiere la Mirada que flote en la dulzura de los altos abismos que tanto saborea mi alma. Hoy no. Hoy quiere que mire hacia abajo, hacia la tierra, hacia el barro. Porque

incluso en el interior de lo más feo, se halla escondida la Verdad, la Belleza, el Amor

Vuelve a aparecer ante estos ojos la Felicidad, como el invitado más deseado y más caro de ver en nuestra casa, en nuestro corazón.

¡Hay tanto que ver! La Mirada no quiere que me distraiga. Empecinada, me urge a seguir investigando. Y en su apremio, descubro que lo que intuyo que es la Felicidad es otro nombre a lo que intuyo que es Vivir en plenitud, Ser plenamente, la Verdad, la Belleza, la Paz, la Libertad, la Justicia, el Amor, la Compasión, la Comprensión, y todos los anhelos que el ser humano haya podido sentir en el puro centro de su ser.

La Mirada Secreta quiere que siga mirando y lo hago -hace ya tiempo que me di cuenta de que la Mirada manda en mi y que yo no puedo hacer otra cosa-…

Vale… creemos que la felicidad es algo que tenemos que conseguir. Por lo tanto, la felicidad está en el futuro -o por lo menos, aunque seamos felices hoy, hemos de garantizar también la felicidad futura, ¿verdad?-

Al creer que la felicidad está en el futuro y va a ser el resultado de “algo” -algo que yo tengo que conseguir o que la vida me tiene que dar- no me queda más remedio que “vivir y hacer para conseguir”. Y mientras vivo y hago para conseguir ser feliz, se escurre la vida por entre mis dedos como si de agua se tratara. Porque si vivo y hago para ser feliz mañana, y lo que hago no me hace feliz, ¿dónde queda la felicidad de mi vida, mi vida que es sólo hoy?

No nos damos cuenta que estamos vendiendo nuestra vida a cambio de algo que no podemos conseguir. Porque

la felicidad no se puede conseguir

No es una cosa que se pueda adquirir, a base de esfuerzos, pactos, intercambios… O imponiéndose, exigiendo o mendigando.

Si paramos un momento y observamos en nosotros mismos o a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que no sabemos de nadie que haya conseguido la felicidad “con el sudor de su frente”. Soy consciente que esto que brota de la Mirada es algo que puede remover a algunas mentes. Si es así, me lleno de alegría, porque eso quiere decir que las viejas y enquistadas creencias están empezando a chirriar. Eso es muy bueno porque ¡son precisamente esas creencias las que nos impiden ser felices!

Creer que soy yo quien, con mi buen hacer, voy a conseguir ser feliz es como creer que veo gracias a mi buen hacer, o que oigo gracias a mi buen hacer. Sin embargo, la verdad está muy lejos de esto. ¿Acaso no son muchas las personas que hacen todo lo que toca hacer y no son felices? De hecho, ¿conoces muchas personas que se esfuercen y trabajen duramente para ser felices y lo acaben siendo? Aún mejor ¿conoces muchas personas felices?

La verdad es que, como dice un proverbio chino, cuando nada obstruye el ojo entonces hay visión. Mi ojo no ve gracias a mi buen hacer, sino porque no pongo nada frente a el.

Ser felices es nuestra condición natural. Y ¿cómo lo sé? Pues porque ¡es lo que queda cuando dejamos de hacer algo para serlo!

Para sentir, saborear, vivir la felicidad, lo único que podemos hacer es abrirnos a ella. Abrirnos. Siempre esta aquí. Es aquí y ahora.

No se trata de plantearnos como conseguirla sino de descubrir como abrirnos a ella.

Y para abrirnos, ¿cómo lo hacemos?

Pues vamos a investigar que es lo que nos aleja de la felicidad y quizá así descubramos como abrirnos…

Cuando no soy feliz con lo que estoy haciendo, ¿por qué me pasa esto? Observo mi persona y veo que a veces no soy feliz porque la situación no está yendo como yo quiero. -las cosas van demasiado lento o demasiado rápido; la gente no esta teniendo la actitud adecuada; no tengo suficiente tiempo o espacio o dinero o… –

Otras veces la situación no me está dando los resultados que buscaba -tanto esfuerzo para conseguir tan poco: la injusticia está servida; me he vuelto a equivocar o no valgo para nada o los demás no me valoran o…-

Otras, no me dejan -¿quien? Quien va a ser! ¡los demás!- hacer lo que yo quiero. Por culpa de fulano no soy feliz. Si me dejaran hacer lo que quiero seguro que entonces si que sería feliz!

Otras son los demás los que no están haciendo lo que quiero. Están portándose mal, son incompetentes, maleducados, ignorantes, egoístas, … Son la causa de mi infelicidad.

Y otras veces, la causa de mi infelicidad soy yo. Porque yo tendría que ser capaz de, tendría que saber que, tendría que poder,… Tendría que ser…

Pero lo que más me sorprende es que cuando las cosas son como yo quiero, enseguida quiero otra cosa que todavía no tengo…. Y vuelvo a ser infeliz.

Así que si no soy feliz es porque sea lo que sea no es como yo quiero. Podríamos resumir todas las posibles causas de mi infelicidad en una sola frase: ¡esto no es lo que yo quiero!

Y como no quiero esto sino que quiero otra cosa que no tengo, soy infeliz.

Es igual si tengo mucho. Porque, de entre todo lo que tengo y quiero, siempre hay algo que no lo quiero como está siendo. Por lo tanto, ya tengo garantizada mi infelicidad.

¡Y todavía me creo que la causa de mi infelicidad es lo que no tengo como yo quiero!

Cuando la causa de mi infelicidad es estar deseando otra cosa que LA QUE HAY. Es estar rechazando lo que YA ES.

Así qué me doy cuenta de que lo que me separa de la felicidad es estar rechazando el ahora, estar deseando algo que yo creo que si no tengo, me impedirá ser feliz.

La Mirada Secreta me zarandea y me pone delante, sin sutilezas esta vez, huracanadamente, que desear algo pensando que eso es fundamental para que yo pueda ser feliz, es el obstáculo que me impide ser feliz. Que

el ser humano, cuando no vive nada como un obstáculo a su felicidad, es feliz.

Si dejo de crearme y creerme obstáculos, quizá encuentre la paz. Y a saber qué frutos brotan de ella.

¡FELIZ AHORA!

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