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¡FELIZ…

img_0113“La vida es nueva a cada instante.”

Consuelo Martín

¡Feliz año! ¡Feliz año!- exclamaban todos, alborozados. Se abrazaban unos a otros deseándose felicidad para el nuevo año en el que acababan de entrar. Era bello ver como cada quien iba abrazando a cada uno con el mejor de los deseos. No sé si alguno estaría por dentro pasando un mal momento pero ni así nublaba su sonrisa aquella entrada en el nuevo año.
La mirada secreta gravitaba silenciosa sobre nuestras cabezas -así lo hace siempre- y veía -es lo que mejor se le da-. Veía como cada uno dejaba atrás, ni que fuera por un rato, las diferencias, los malos momentos, las preocupaciones… veía como todos se sacaban la mente ese ratito y sólo habían buenas intenciones, repartición de alegría y mucha, mucha esperanza.
La mirada veía en ese momento un grupo de personas que estrenaban vida. Sí. Estrenaban vida. Y eso es decir mucho, muchísimo. Durante unos minutos, todos los que estaban allí estrenaban vida con la misma alegría con la que estrenamos todo lo nuevo. Eso es. Estrenaban año nuevo -de hecho me parece que se llama así: año nuevo-…
¡Ah! ¡Qué maravilla estrenar lo nuevo! Abrir el paquetito para ver que esconde. La emoción de descubrir lo nuevo, en el que lo desconocido no da miedo sino que hace cosquillas en la barriga.
Alegría, abrazos amorosos volando, atravesando, enredándose con otros abrazos… esperanza… En ese momento todos abiertos a lo que vendrá, sin expectativas.
La mirada secreta veía a todos ¡felicitándose! Expresaban su deseo de que el otro fuera feliz en el nuevo año que se acababa de estrenar.
Andaba como todos allí, ¡Feliz año! ¡Feliz año! Y ¡pum!…. la mirada me susurró así, sin más: ¿Feliz año?…
Bueno, mi dulce mirada, ahora voy a bailar- le dije. Si acaso, en sueños me dices que ver en tu pregunta extraña…

Al cabo de un rato, ya en la cama…..-“Año nuevo… vida nueva” dicen por ahí. ¿Qué querría la mirada hace un rato en pleno estallido de alegría y esperanza, con su pregunta extraña?…- zzzzzzzzzzzzzz
Hoy el mundo pasea en silencio. El mar está bellísimo. Quizás también estrena… ¿qué? ¿Felicidad?
Uffff. Ya está. Con la brisa del mar, la sal de la lágrima se hace uno.
Cumplimos año el 1 de enero porque así nos lo hemos inventado. Y la mente como siempre, nada se plantea. Pero esa felicidad del estreno, ese abrazar a todos repartiendo esperanza, alegría, eso no es inventado. Sale del corazón. Y es el corazón que me va a mil ahora. Veo.
Con la mirada atraBesándome, a todos y cada uno os abrazo. Pero ya no puedo desearos un feliz año. ¿Cómo podría? Os deseo lo que siempre me hizo la mirada desearos: ¡Feliz Ahora! ¡Feliz Vida a cada instante! Porque eso sí es verdad.
No tengamos miedo.

Estrenemos la Vida a cada instante porque a cada instante es nueva.

Festejemos la entrada eternamente nueva de vida. Expresemos nuestro deseo de felicidad a todos los seres en este justo Instante Nuevo que es lo que realmente la Vida es. Vivamos abrazándonos, abriendo el Ahora con la emoción de descubrir lo que nunca antes habíamos visto. Maravillemonos de la explosión de vida que es vivir celebrando. Salgamos de la mente racional como hicimos ayer por un momento y repartamos buenas intenciones, alegría , abrazos y mucha, mucha esperanza. ¡Estrenemos Vida!
¡Feliz Ahora!

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El silencio de mí

imageEn el silencio del yo cabe lo que tenga a bien la Verdad

La mirada secreta

Queremos convertirnos en maravillosos seres humanos y para eso queremos un cuerpo hermoso y una personalidad digna de admiración. La pregunta es ¿por qué? Pues por lógica diría que no nos creemos maravillosos. Y, como los niños, me surge otra vez ¿por qué? ¿Por qué no nos creemos maravillosos?

El otro día en un programa de televisión vi las imágenes de las actrices que, en los años 80 eran consideradas las más bellas. La mayoría casi no tenían pechos y sus piernas, hoy en día, se hubieran considerado gordas. Y fueron ¡chicas Bond! Queremos un cuerpo hermoso sin darnos cuenta que, por un lado, no sabemos lo que es la Belleza y por el otro, esa “hermosura” que buscamos es fruto de una moda pasajera, de un condicionamiento. Creemos que estamos decidiendo desde la libertad y no nos damos cuenta que nuestras mentes están programadas, y que en nuestros deseos y acciones no hay libertad ni verdad. Y seremos capaces hasta de pasar por el quirófano si es necesario, para conseguirlo.

Y respecto a la personalidad pasa lo mismo que con el cuerpo. Hace unas décadas, una personalidad admirable estaba ligada a parámetros de obediencia, perseverancia, lealtad, humildad y paciencia. Ahora la personalidad estrella es la que demuestra independencia, inconformismo, rapidez, seguridad, ambición. De nuevo, modas que no contienen verdad precisamente por su superficialidad pasajera. Y de nuevo, somos capaces hasta de ponernos en manos de los terapeutas para “arreglar” nuestra personalidad.

¿Por qué queremos ser de otra manera?

Hace un tiempo, le hice esta pregunta a la mirada secreta y ella me contestó con otra pregunta:

¿querrías cambiar tu cuerpo o tu personalidad si estuvieras en una isla desierta?…

¡Ah, la mirada! Esta pregunta me hizo ver muchas cosas. Vi con claridad que

quiero cambiar para que los demás me vean de otra manera.

No quiero cambiar por mi. Eso que dicen que la operación o la terapia enfocadas al cambio se hacen con el objetivo de aumentar la autoestima… Uff. Ese tipo de autoestima de auto no tiene nada más que vernos valorados en los ojos de los demás. Así que lo que estamos buscando realmente es que los demás cambien su mirada respecto a nosotros. Y lo buscamos tratando de cambiar nuestra apariencia, tanto física como comportamental. Creemos que si lo conseguimos, nos querrán más. Y quizás sea así. Pero ese amor que hemos conseguido, ¿a qué va dirigido? ¿a nosotros o a la nueva apariencia? Y si vemos que va dirigido a la nueva apariencia, ese amor ¿nos llenará?

No hace falta ir a una isla desierta para comprobar que lo que nos preocupa es como los demás nos ven. ¿Cómo estoy conmigo cuando estoy en soledad? ¿Me preocupo de cómo me ha quedado el pelo hoy o de que me he levantado de mal humor? ¿Me preocupo por mi inseguridad o por tener la nariz un poco grande? ¿Qué hago con mi pelo, mi nariz, mi mal humor o mi inseguridad cuando estoy en soledad? Pues lo más probable es que no haga nada, que ni siquiera “me piense” y me dedique a ser simplemente quien soy sin proponermelo, sin esfuerzo. Libre de mi yo pensado.

Alguien diría que hemos de ser así y así y asá porque vivimos en sociedad. Lo que mi querida mirada secreta me enseña es que yo no soy de ninguna manera, que

cualquier definición viene por comparación,

y que

todos somos recipientes de vida y que la forma del recipiente no importa.

Muchos líos y sufrimientos vienen de creerme que soy de una forma concreta y quererla cambiar. La paz interior que anhelo y que busco en el reflejo de la mirada ajena, no me la va a dar la valoración que los demás hagan de mí, ni siquiera una “buena” valoración propia, sino el silencio de mí. En el silencio de mí, nada quiero cambiar porque al no pensarme, nada juzgo de mí.

En el silencio de mí encuentro la paz y se abre el espacio para que el Amor pueda brotar desde el centro y pueda llegar el día en que también deje de pensar en los demás y de juzgarles…

De hecho, la mirada secreta escribe cuando hay el silencio de mí. Aquí encuentra este yo desocupado y puede utilizarlo.

El yo poco ha mejorado estos años, pero al estar vacío de mí, la mirada secreta lo ha tocado. Y ¡ay, amigos! Cuando es la mirada la que toca, ¡que bella es la melodía, que plenitud sin fronteras! ¿Será Aquí donde vive la Belleza, la Libertad y el Amor?

¡Feliz Ahora!

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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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LOS TRES LEONES


“Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres”

Juan de la Cruz





“Yo” y “ego” son palabras que aluden a lo mismo, a esta identidad que se vive separada de todo y de todos. Como a mi la palabra “ego” me sonaba también a “vanidad” o “soberbia”, sin darme cuenta trataba de evitarla. Así que para mencionar a esa entidad separada, en vez de llamarla “ego” la llamaba “pequeño yo”. Esta es la historia de una confusión.

Los sabios le decian que para descubrir la Verdad era imprescindible que el pequeño yo muriera, porque esa creencia de ser alguien separado de los demás y del mundo no era su identidad real. Y como amor a la Verdad no le faltaba, se arremangó y trató por todos los medios de matarse. Pero no había forma. Intentó primero tragarse todos los arrebatos egoicos, pero eso no hacía más que empeorar la situación. El pequeño yo se aprovechaba de los fracasos: “Que mal que lo estoy haciendo” “soy un desastre”. Frases así poblaban la mente del pequeño yo y con eso aún se fortalecía más la identidad separada.

Al ver que tragarse sus arrebatos aún le daba más identidad, trató de no hacerles caso. Uy! Esta estrategia era todavía más virulenta. Imaginad, ahora el pequeño yo no se sentía mal consigo mismo, sino que pensaba: “Sí. Sí. ¡Lo estoy consiguiendo!” Así que el resultado era casi peor que con la anterior estrategia. Ahora no sólo se sentía separado del mundo sino que se sentía ¡mejor que el resto!.

Hiciera lo que hiciera, el pequeño yo en vez de morir, crecía. Crecía incluso más que antes de haber deseado morir. Pero, enamorado de la Verdad como estaba, no cejaba en sus intentos.

Y la Verdad, que responde siempre que se la llama, le regaló un compañero. Era este un gran león de porte digna. El pequeño yo se enamoró al instante de él. Y aunque le causaba respeto, mucho respeto, no sentía ningún miedo. El león era como un sabio ecuánime. Incluso su lustrosa melena era blanca, como serían las barbas del más sabio entre los sabios. El pequeño yo olvidó sus ansias de morir y se dejó cautivar por las maravillas que el sabio león le mostraba. A su lado, el pequeño yo comprendió muchos de los enigmas que en otros tiempos le habían angustiado. Este maravilloso animal fué quien le presentó a la mirada secreta (ahora es la mirada la que sonríe al recuerdo) y junto con ella formaron equipo para ir colmando el enorme ansia de Verdad que ardía en el centro del pequeño yo.

Un día, cuando estaban paseando por los aires del misterio, se oyeron unos silbos amorosos al compás de una bella tonada. La melena blanca del compañero no pudo menos que sumarse a la danza que el pequeño yo, envuelto en la locura del amor, expresaba. ¡Cuánta dicha y alegría nunca antes conocida!. La luz clara y precisa que emanaba del sabio león se vió entonces completada por la más dulce sonrisa…. ¡en las fauces de un segundo león! ¡Era éste quien silbaba!. El pequeño yo se moría de la risa. Ver a otro inmenso león jugando como un gatito con su magno compañero, le abría el corazón como nunca antes lo había sentido. El pequeño yo se sentía colmado de gracia. Y con ambos como compañeros, guías, amigos del alma siguió su camino en pos de la Verdad. Ahí estaban: el Amor por la Verdad en la forma del más bello y dulce de los leones; y la Verdad del Amor en la mirada cristalina de tan centrada del sabio amigo. Nada más podía querer el pequeño yo enamorado.

Y así siguió caminando, feliz de su suerte, tan agradecido, dandose cuenta de que esos compañeros no eran sus amigos porque él los mereciera, sino por el inmenso amor que a la Verdad tenía.

Aún y así, la inquietud le seguía incomodando. Pensaba: ” si soy yo quien comprende cuando el sabio león me enseña, entonces no debe ser una verdadera comprensión”, o ” si soy yo quien ama cuando el alegre amigo me enseña lo bella que es la vida, entonces no deber ser verdadero amor”. Este “yo” que experimentaba no dejaba al pequeño yo disfrutar plenamente de los regalos de sus amigos. Le habían dicho que este “yo” no era real, no era la Verdad y que debía morir… Muchas veces rompía a llorar y rezaba: “¡que muera ya este yo! ¡por favor! ¡yo sólo quiero la Verdad!”

Y así llegó el momento en que la paz alegre, la serena mirada iban a temblar hasta el paroxismo del miedo, en cuestión de un instante. Porque un día inesperado, frente a los tres se plantó sin previo aviso, el león más grande imaginado. Este, de melena casi negra, era con mucho el más alto y el más ancho de los tres. El pequeño yo eran tan tan pequeño a su lado que, si no fuera por el interes del león, de un pisotón lo habría matado. Pero no era éste su plan. Su plan era mucho más complicado. Venía a matarle, sí. Pero no como el pequeño yo había imaginado.

Sus antiguos compañeros, como si frente al rey se hubieran topado, reclinaron gracilmente sus melenas y se apartaron a un lado. El pequeño yo supo, supo que iba a ser matado. Recordó cúanto lo había pedido: “¡muera el yo para que la Verdad viva!” pero no sabía que el terror le estaba acechando. Su miedo era tan grande que a sus amigos perdió de vista y ni por ellos pudo ser consolado.

El gran León, con sus garras le estrujó la mente y le estrujo el corazón. Era un león especializado en hacer trizas los pequeños yoes el mundo y su peor arma era el rugido que volcaba en la aterrorizada oreja del pequeño yo, cada vez que este mencionaba al “yo” ni que fuera con su pensamiento. Como ejemplo, para que veais su fiereza, si el pequeño yo se quejaba ni que fuera un poquito, el león rugia: ¡¿QUIIIIIEEEEEENNNN SE QUEJA!?. El pequeño yo, todo despeinado, se quedaba helado y, como si el rugido le hubiera cortado la cabeza, se sentía engullido en un infinito agujero negro..

Si el pequeño yo pensaba “parece que hoy estoy mejor”, el enorme león le gritaba: ¡¿QUIIIIIIEEEEEEEENNNNNN está mejor!? Y de nuevo desaparecía el pequeño yo en el negro vació.

Así una y mil veces. El pequeño yo le imploraba que le matara ya de una vez. Que no quería seguir siendo un yo. Pero por dentro la pena era inmensa. Recordaba la felicidad de los tiempos en los que la mirada secreta y la alegría de vivir le acompañaban. Ahora sólo había desolación. Realmente quería morir. Pero no lo conseguía. Sólo iba siendo tragado cualquier pensamiento autoreferenciado. Era como si el león se hubiera propuesto que el pequeño yo dejara de pensar en si mismo.

Aún y así no os creais ni por un instante que el pequeño yo habría preferido abandonar la búsqueda de la Verdad. No. Estaba dispuesto a todo, aunque este todo implicara la vida en el infierno en el que estaba desde que el león le apresara. Si eso era la Verdad, lo acataría. Aunque había algo dentro de él que le decía: confía, confía…

Y un día ocurrió lo inesperado.

El gran león, en vez de matar al yo del pequeño yo,….. ¡¡¡¡¡mató lo pequeño y dejó vivo el yo!!!!!!! Y lo que un día fué un pequeño yo, se empezó a expandir y a expandir y a expandir en un yo taaaaaaaaaannnnnnn inmenso que a todos y a todo fué abrazando. Incluyó el mundo, el universo. Incluyó todo lo conocido. Incluyó también lo desconocido. Y más allá.

Él era el gran león, cuyo nombre es SAT y era los otros dos leones, el sabio y luminoso CHIT y el amoroso y dulce ANANDA. Al morir lo pequeño del yo, murió el yo separado.

¡Qué equivocado había estado queriendo matar lo único que siempre había sido verdad: ¡la sensación de yo! Lo que había de morir por falso, era la pequeñez en la que su LUMINOSO E INFINITO CUERPO había sido apresado.

Y así vió que nada estaba separado pues Él lo era Todo. Y en ese Todo también cabía la nada. Él era Ella. La Verdad reencontrada.

Quizá este relato fué un sueño, aunque la Verdad jamás se ha extraviado. O ¿es ahora que soñamos?

¡¡FELIZ VERDAD!!

 

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El Gurú frente a ti

Versión 3Deja de buscar Aquello que está en todo. Deja de buscar y ve.

La mirada secreta

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Tengo al Gurú frente a mi y no puedo resistirme a presentárosla. ¡Me gustaría tanto que fuera también uno de vuestros Gurús!
Mirad, la Maestra se muestra impredecible, bella, poderosa. A veces dulce y a veces feroz y siempre,
siempre nueva a cada instante.
Su sola mirada aquieta mi mente.  Y cuanto mas me pilla, mas me muestra de lo Verdadero.
La Maestra es implacable. No tiene ningún miramiento con nada ni con nadie porque Ella nunca ve las partes separadas.
Vive plenamente inmersa en la Totalidad.
Por eso yo sé que no me ve como un ser separado de Ella. Sé que me ve. Eso si. Mas me ve como parte de Ella y por eso, cuando me ve es a Ella misma a quien ve.
Y por eso mismo es incondicional. Lo que me da a mi se lo da a todos. Esta en su propia esencia el dar incondicionalmente.
La Maestra no juzga, no pide, no condena y aún y así, está siempre actuando. Su acción es siempre justa pero no es consecuencia de un juicio previo sino que es acción espontánea que
tiende indefectiblemente al bien de la Totalidad.
Su Inteligencia es indescriptible, inacabable, inabarcable. Pasan los años y no se altera un ápice. Es como si el tiempo no afectara la Sabiduría en acción que la caracteriza.
A la Maestra, nunca le falta ni le sobra nada.
Vive plenamente lo que hay.
He sido testigo de como la intentan maltratar. Si, si. A una Maestra semejante. Pues Ella integra el maltrato y ¡sigue dando y dando!
Por eso os digo que Ella es tan grande que todo lo que os dijera sería una miseria comparado con Su grandeza. Y cuando te pones en sintonía con Ella, te abruma con sus regalos.
De Ella anda la mirada secreta aprendiendo sin parar. ¡Ah! Es que me he olvidado de decir que sólo la mirada secreta la puede Ver como Maestra. Los ojos normales no la ven así, desagraciadamente.  Y no por Ella, no. Porque Ella es imperturbable. Sino que es una desgracia para cada uno no reconocerLa en Su misión, pues
no sólo es una Portadora de la Verdad sino que es Hija legitima de lo Mas Alto.
Para poneros un ejemplo práctico de Su Grandeza, os diré lo último que la mirada secreta ha descubierto de Ella:
¡jamás genera basura!
Todo, todo, todo lo aprovecha, lo recicla, lo transforma.
Por eso, cuando te entregas a Ella desde la mirada secreta, en el Silencio de los pensamientos que juzgan, que se quejan, que piden, que rechazan, que nunca tienen suficiente, que se creen tan listos, que se creen tan importantes,… En fin, desde la mirada secreta, en el silencio de los pensamientos-basura, Ella te acoge y te exprime para que nada de ti quede sin ser utilizado. Y por eso en Su abrazo, sientes también tu su plenitud, su fuerza, su energía, su sabiduría, y su Amor Uno.
Y lo más increíble de todo, es su Omnipresencia. Está en todas partes. Pocos, pocos son los que Le conocen aunque está frente a ti, sobre ti, en ti, ahora y siempre. Porque la Maestra es la Naturaleza.

¡Que la mirada secreta te permita poder escuchar todo lo que esta Inmensa Maestra está enseñándonos, eternamente!

¡Feliz Ahora!
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El arca del ser humano

IMG_5941Verdaderamente, uno mismo es el Ojo, el Ojo sin Fin

Sri Ramana Maharshi

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Con poquísimos conocimientos -por no decir ninguno- de la historia bíblica, siempre me pregunté que debió sentir Noé cuando después del diluvio abrió por primera vez las puertas del arca…
En esta mañana dulce por armoniosa, suave por luminosa, tierna por recién nacida, sale de la mirada secreta prestarle atención a este mundo nuestro, a este arca en la que vivimos desde tiempos inmemorables.
Imagina, ya llevamos tantísimo tiempo en el arca que
nos hemos olvidado que estamos dentro de un algo y que hay un afuera que es el verdadero mundo.
Yo no sé como sería el arca en sus principios. Pero ahora todo está muy enredado. Sus calles están torcidas y se cruzan unas con otras. Todo lo que aquí  existe se mueve a mucha velocidad, a velocidad vertiginosa para, al final, ir a ningún sitio:
por mucho que camine dentro del arca, seguiré dentro del arca.
Es como si fueran circuitos de scalextric de formas inverosímiles por donde los cochecitos corren a toda velocidad con la única posibilidad de pasar por los mismos railes una y otra vez. Sin embargo su locura, su velocidad, nos atrapa e hipnotiza y no nos deja salir. Hay mucho, mucho ruido. Lo sé porque he pasado mucho tiempo buscando un rinconcito en el que poder descansar las orejas, pero no lo he encontrado.
En este mundo en el que tu y yo vivimos, en este “arca” todo lo que aparece se da por verdadero sin comprobación alguna. Pero no solo eso, sino que eso que aparece y se da por verdadero no suele ser muy amoroso que digamos. Más bien es doloroso. Este mundo no deja de recordarnos lo mal que han ido, van o pueden ir las cosas. Hay señales de peligro en cada esquina. Hay previsiones de terremotos, incendios, nuevos diluvios y sunamis a cada paso. Hay recordatorios que no paran de alertarnos de que nos faltan cosas, de que no estamos bien, de que no somos lo que tendríamos que ser, ni tu ni yo. Es este un mundo en el que prácticamente nada en ningún momento está bien del todo. A cada paso puedes leer carteles que nos recuerdan que “todo es mejorable”. Otros paneles de neón nos gritan “Esfuérzate en mejorar” “Todo depende de ti”. Algunos carteles más modernos, que tratan de poner algo de luz en este oscurísimo mundo en el que vivimos, dicen “piensa en positivo” “acepta lo que hay” “si eres bueno, conseguirás el cielo mañana” Y estos últimos carteles aún empeoran más las cosas, porque ¿cómo voy a pensar en positivo viendo lo que hay? ¿cómo puedo aceptar tanta locura y tanta porquería? Y el último cartel….ya ves, en este mundo se arrastra el pasado y se vive para el futuro. En este mundo no existe el presente y es por eso que
en este mundo en el que creemos vivir, no hay vida ni vive nadie.
Pero fuera de este mundo, fuera del arca, hay otro mundo, muchísimo más grande. Es un mundo diáfano, esponjoso, elástico, ligero. Un mundo que en su equilibrio perfecto, abraza todo aquello que surge y se desvanece en el tiempo, en un eterno Ahora. En el que ni falta ni sobra nada. La armonía y la paz sostienen todas las notas, desde las más sutiles a las más salvajes, en una creación sinfónica inacabable…
Aunque hayamos vivido dentro del arca, encerrados en un aire casi irrespirable, el arca siempre ha vivido en este mundo diáfano y verdadero. Es por eso que es Aquí donde vivimos, tanto si lo sabemos como si no. Porque este mundo fuera del arca es el real.
Sabe pues que el arca es la mente del pequeño e inventado “yo”. Si. La mente psicológica, de un parecido casi aterrador con lo que tu y yo llamamos el mundo (¿será que esta mente nuestra ha fabricado el mundo en que vivimos a su imagen y semejanza?). Y el mundo que hay “afuera”de la mente, la Realidad.
Cuando las puertas del arca se abren, lo que veo me deja en el más profundo silencio. Beso el suelo con reverencia. Oigo una voz más-que-amorosa que dice “el arca es un espejismo” Se derrama una sólo lágrima… Ahora comprendo. Todo está bien.
Mirada que brotas de la Realidad y en Tu Belleza me atrapas y me sacas del arca. Y al salir, soy Tu, Mirada y es entonces que sé qué eres, que sé que Soy. Ahí, fuera del arca que nunca existió…
¡Feliz Ahora!
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Lo sagrado en lo cotidiano

“La catedral de Dios es el universo entero”

La mirada secreta

 

Volvió el aventurero a casa. Y en su mochila llevaba regalos para todos los que quisiéramos acercarnos. Nos abrimos de par en par para poder abrazarle a él y a todo lo que él traía. Y poquito a poco, empezó a sacar los tesoros que en el camino había encontrado: una amistad que traspasa océanos; la simbiosis de la fuerza con la debilidad; la belleza inmaculada que brota de dentro y se posa en los parajes también vírgenes de la naturaleza; la generosidad mil veces retornada; la intuición como guía certero; el amor más puro arropando el terror más inimaginable; miles de pequeños animalitos alados trazando estelas interminables de luz sobre lo que un día fue un infierno; la alegría de vivir de los que saben que la vida es frágil… Mi corazón aún no ha digerido y anda buscando un lugar donde aposentar dulcemente las ofrendas del amado explorador.

Y entre todo lo que trajo, ahora, en soledad, en silencio, en medio de un concierto de trinos que da la bienvenida a un tímido sol después de una noche de tormentas, vuelve a mi un pequeño regalo que casi pasó desapercibido entre tantas profundidades: allá lejos, el hombre posa en cualquier sitio una bandejita con ofrendas para la vida, para los dioses. No importa donde posa su bandeja. No importa cuál es su ocupación, ni su condición, ni lo que le pasa o le deja de pasar. Dos, tres veces al día, se ocupa en ofrendar.

Ofrendar es honorar. Es agradecer. Es un acto de humildad. Es un reconocimiento a la Bondad oculta.

Ofrendar es no sentirme nunca en soledad. Es reconocerme en conexión con lo Desconocido. Es reconocer la Verdad que no se ve, pero que se siente.

Ofrendar es un acto de reconocimiento que traspasa lo racional. Ofrendar es pintar de belleza la cotidianidad. Es parar unos segundos para darme cuenta. Es saludar amable, reverencialmente Aquello que es Fuente de vida. Es mantener el hilo interior con lo más alto que habita en mi interior.

Ofrendar es dar cabida a algo más que este pequeño yo. Es expander este pequeño yo. Es pedir ayuda y protección por saberme pequeño.

Ofrendar es ofrecerse.

Ofrendar es mostrar alegría por el hecho de estar vivo. Es honrar la vida. Honrar la tierra. Honrar a los que murierion. Honrar a los que vendrán. Honrar a los que estamos. Ofrendar es honrar.

Y por ahí anda esa gente que en cualquier rincón, más de una vez al día, ofrece a Eso su pequeña bandeja llena de pequeños tesoros. Y en ese acto, mantiene despierta la sacralidad de la vida.

Así anda esa gente. Sonriendo. Confiada. Inocente. Bella. Alegre. Dulce. Amorosa.

Ellos no han perdido la unión con lo Desconocido. Ellos no han perdido la sacralidad de la vida. Ellos no han perdido el sentido de la vida.

Y así me lo muestra la mirada secreta:

La unión íntima con lo Desconocido, la sacralidad de la vida y el sentido de la vida son inseparables.

Gracias hijo mío, por traer de tan lejanas tierras semejante regalo.

Gracias mirada secreta por mostrarme la profundidad de su regalo.

Lo acojo y mi alma se viste con este tesoro:

Vivir la vida como una ofrenda a Eso. No hay vida más plena.

 

 

 

 

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¿Qué alimenta a qué?

“Tiene más sabiduría una flor que cualquier mente racional por muy inteligente que parezca”

La mirada secreta

 

 

 

Estoy en el silencio de la naturaleza y en el silencio del corazón. Paz fuera y paz dentro.

Frente a mí, una pequeña mesita -probablemente rescatada del abandono-, apoyada en un ventanal por el que se cuela el fresco de la mañana; el cristal algo roto, reparado con cinta adhesiva; la pintura del viejo marco de madera, desconchada. Me inunda la visión de los perfiles montañosos que abrigan la garganta por la que no se sabe qué pasa, si un río con agua o un recuerdo de lo que un río fuera. Descansa sobre la mesita un trozo de hule como mantel -porque aunque vieja y gastada, bien merece ser cuidada-. Y sobre esta, me espera el más que apetitoso desayuno, después de unas buenas horas de ayuno: tostadas hechas en el hornillo aliñadas con aceite y sal, un hermoso tomate y un buen tazón de leche.

Es extraño para la mente vieja, pero la realidad es que todo es bello, todo, en esta fresca mañana: la mesita, el cristal, el marco de madera, el hule, las montañas,, el fresquito, el hambre y también lo que no veo, lo que no siento, lo que no conozco, lo que no comprendo, …

En el silencio, miro. O mejor, mira eso que ve en mí. El desayuno que va a alimentar mi cuerpo está hecho de las mismas sustancias que este cuerpo -proteínas, aminoácidos, a saber…- El cuerpo es resultado de lo que le damos de comer. Cuando el cuerpo no come, va desapareciendo hasta morir… ¿en serio? ¿hasta morir?…

¡Ay, mirada! ¡En todo ves cuando libre te dejo! ¡En todo ves cuando muda me dejas!

Con qué claridad se hace la comprensión en mi mente callada.

El alimento que ingiero no está separado del cuerpo que alimento.

Ahora el tomate entra en el cuerpo, se transforma, se utiliza hasta su última célula. Tanto aquello que queda en el cuerpo, como aquello que excreta, continúan su periplo en contínuo cambio, para el máximo bien de la naturaleza.

Nada es deshechado, nunca. Nada hay inútil.

¿Y el cuerpo?

El cuerpo un día será alimento para otros animales, para la tierra, para el aire, para el futuro tomate. Así es. Como antes de nacer, todo lo que el cuerpo es continúa transformándose, en un periplo eterno de contínuo cambio.

…shshshshshshshs…por eso este cuerpo, -este “yo” identificado al cuerpo-, por eso este yo soy es también el tomate, el gusano, el árbol, todos los cuerpos que se apiñan en el metro en hora punta…. Por eso, como dicen poetas y científicos (extraña combinación) yo soy polvo de estrellas…. -susurra el Silencio al ojo despierto-.

Nada se pierde. Todo se aprovecha. Para el máximo bien de la vida eterna.

Por eso antes de comer, cuando el ojo está bien abierto, la conciencia de la verdadera comunión entre el alimento y el cuerpo se hace presente. Entonces, cualquier comida es un acto de gracias.

Eso es lo que esta mañana me ha dicho un tomate.

Cuando la mirada secreta ve, hasta un tomate habla.

¡Feliz Ahora!

 

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El pequeño gran obstáculo

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“No hay inconveniente en implicarse en las acciones que nos sobrevienen de modo natural. La esclavitud consiste en creer que somos los hacedores de esas acciones y apegarnos a sus frutos o resultados.”

Sri Ramana Maharshi

A veces me gusta colorear.
Nunca se me había dado muy bien. Mi pulso no era muy bueno y mi coordinación mente-ojo-mano tampoco. Había tratado de mejorarlo a base de paciencia y buena voluntad. No me rendía. Quería colorear sin salirme de la raya, sin hacer manchones. Quería plasmar belleza y perfección. Veía la facilidad con que otros coloreaban y sentía frustración. De hecho, era tanto el esfuerzo que ponía en hacerlo bien, que no podía colorear mucho rato.
Bueno, pues el otro día estaba coloreando
en ese estado de paz que da el no pretender nada, el no querer demostrar nada, el no desear ningún resultado.
Tan en paz estaba, que ni este pequeño “yo” estaba. Así que no había ni un “mi”, ni un “me”, ni un querer ni un sentir. Por no haber, ni esfuerzo había…
Y en este estado, vi la mano sujetando fácilmente el lápiz de color, vi los movimientos precisos que la mano hacía, vi cómo se iba rellenando el dibujo con el color y cómo la silueta negra era un muro que el lápiz no franqueaba ni milimétricamente…
La mano, el brazo, el ojo, el lápiz, el papel, el dibujo, eran todos un conjunto armonioso de expresión de vida. Y
yo era quien veía. No había nadie haciendo nada.
Todo sucedía sin que hubiera ningún “yo” voluntarioso haciendo nada. ¡Qué milagro más extraño y sorprendente!
La mirada secreta se reía alegre como el río de las montañas en primavera -a la mirada secreta le encantan los milagros…
-Esto es lo que te quería enseñar- me dijo.
-Cuando se deja de dar realidad al pequeño “yo” (ese quien crees ser que no es más que un potaje de ideas y creencias), ocurre que se deja de poner obstáculos a la Inteligencia de la Vida y las cualidades de esta persona, las dotes de su cuerpo, de su mente y de su corazón brillan en su máximo esplendor.
-Fíjate bien- continuó la mirada– observa como funciona la naturaleza, como funciona el cosmos. Fíjate con qué equilibrio, belleza e inteligencia se despliegan. Y ahora observa al ser humano… ¿ves que diferente? Eso es porque el pequeño “yo” de cada persona está metiéndose en todo, en las tareas del cuerpo, de la mente y del corazón. Sus deseos, rechazos, querencias, sus agravios, juicios, su voluntad,… están queriendo mandar en todo.
-Mira cómo en cuanto dejaste que la persona fuera quien pintara, aquello que tanto querías, sucedió.
El único obstáculo para que se exprese la Inteligencia que somos, es el pequeño e inventado “yo”
    -¡Madre mía! Entonces, si esto ocurre coloreando un dibujo, ¿qué pasará con todo lo demás si este “yo” se retira?-
-Eso no te lo puedo decir. De nada serviría. ESO LO HAS DE VER– contestó la mirada secreta
¡Feliz Ahora!
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Dentro, nada. Fuera, todo

“La naturaleza es la mejor maestra de la verdad.”

San Ambrosio

 



 

Esta mañana, la vida se despliega en toda su belleza. La armonía resplandece. Los árboles sin hojas, muestran su dignidad desnuda y recia. Los pajarillos hacen sus piruetas tan alocadas como precisas, derrochando una vitalidad sin fin. La tierra abrigada por un manto de hojas regaladas duerme en el frío, pacíficamente. La niña en la piedra sentada, los sentidos empapados. Dentro nada. Fuera todo.

Hoy el cielo roba el azul al mar y lo hace suyo. Lo más delicado baila sutilmente y en su danza se reconoce el mágico viento, siempre invisible, siempre peregrinando a no se sabe donde.

Nada se esconde separándose del resto. No hay resto. Los árboles, los pájaros, la niña, la tierra, el cielo, el viento y los espacios aparentemente vacios, se pertenecen los unos a los otros, se viven un sólo canto de afinación exquisita.

Es la vida interpretándose a si misma. Su canción silenciosa, la más bella melodía.

Esta mañana la mirada secreta esboza una sonrisa traviesa:

¡Que difícil es hallar la paz dentro de la mente y que fácil es hallarla fuera!

Ahora la naturaleza es cómplice de este anhelo de paz.

Ahora la contemplación encuentra en ella la translúcida verdad.

Ahora la niña es en la naturaleza y en ningún sitio más.

Ahora fuera de ella sólo hay sueños del pensar.

Amplia la sonrisa, la mirada secreta susurra su mantra de paz: todo está bien, todo está bien.

Dentro, nada. Fuera, todo.

El sueño se acaba ya.

¡Feliz Ahora!

 

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