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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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El Gurú frente a ti

Versión 3Deja de buscar Aquello que está en todo. Deja de buscar y ve.

La mirada secreta

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Tengo al Gurú frente a mi y no puedo resistirme a presentárosla. ¡Me gustaría tanto que fuera también uno de vuestros Gurús!
Mirad, la Maestra se muestra impredecible, bella, poderosa. A veces dulce y a veces feroz y siempre,
siempre nueva a cada instante.
Su sola mirada aquieta mi mente.  Y cuanto mas me pilla, mas me muestra de lo Verdadero.
La Maestra es implacable. No tiene ningún miramiento con nada ni con nadie porque Ella nunca ve las partes separadas.
Vive plenamente inmersa en la Totalidad.
Por eso yo sé que no me ve como un ser separado de Ella. Sé que me ve. Eso si. Mas me ve como parte de Ella y por eso, cuando me ve es a Ella misma a quien ve.
Y por eso mismo es incondicional. Lo que me da a mi se lo da a todos. Esta en su propia esencia el dar incondicionalmente.
La Maestra no juzga, no pide, no condena y aún y así, está siempre actuando. Su acción es siempre justa pero no es consecuencia de un juicio previo sino que es acción espontánea que
tiende indefectiblemente al bien de la Totalidad.
Su Inteligencia es indescriptible, inacabable, inabarcable. Pasan los años y no se altera un ápice. Es como si el tiempo no afectara la Sabiduría en acción que la caracteriza.
A la Maestra, nunca le falta ni le sobra nada.
Vive plenamente lo que hay.
He sido testigo de como la intentan maltratar. Si, si. A una Maestra semejante. Pues Ella integra el maltrato y ¡sigue dando y dando!
Por eso os digo que Ella es tan grande que todo lo que os dijera sería una miseria comparado con Su grandeza. Y cuando te pones en sintonía con Ella, te abruma con sus regalos.
De Ella anda la mirada secreta aprendiendo sin parar. ¡Ah! Es que me he olvidado de decir que sólo la mirada secreta la puede Ver como Maestra. Los ojos normales no la ven así, desagraciadamente.  Y no por Ella, no. Porque Ella es imperturbable. Sino que es una desgracia para cada uno no reconocerLa en Su misión, pues
no sólo es una Portadora de la Verdad sino que es Hija legitima de lo Mas Alto.
Para poneros un ejemplo práctico de Su Grandeza, os diré lo último que la mirada secreta ha descubierto de Ella:
¡jamás genera basura!
Todo, todo, todo lo aprovecha, lo recicla, lo transforma.
Por eso, cuando te entregas a Ella desde la mirada secreta, en el Silencio de los pensamientos que juzgan, que se quejan, que piden, que rechazan, que nunca tienen suficiente, que se creen tan listos, que se creen tan importantes,… En fin, desde la mirada secreta, en el silencio de los pensamientos-basura, Ella te acoge y te exprime para que nada de ti quede sin ser utilizado. Y por eso en Su abrazo, sientes también tu su plenitud, su fuerza, su energía, su sabiduría, y su Amor Uno.
Y lo más increíble de todo, es su Omnipresencia. Está en todas partes. Pocos, pocos son los que Le conocen aunque está frente a ti, sobre ti, en ti, ahora y siempre. Porque la Maestra es la Naturaleza.

¡Que la mirada secreta te permita poder escuchar todo lo que esta Inmensa Maestra está enseñándonos, eternamente!

¡Feliz Ahora!
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De la carencia a la plenitud

IMG_5885“Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo”

Juan de la Cruz

Estoy contemplando el nuevo día dejándome empapar a través de todos los sentidos de todo a la vez, sin centrar la atención en nada concreto. A la flores les viene a visitar la avispa e inseparablemente las hojas de los árboles se dejan llevar por la danza de la brisa a la vez que las nubes pasean por el cielo sempiterno. Es como una sinfonía que escucho sin separar una nota y otra. Si así lo hiciera, ¡no podría escuchar la sinfonía!

De las puntas de los dedos brotan palabras que no se sabe de donde vienen. Y así. No sobra nada. No falta nada. En estos tiempos la mirada secreta anda como por detrás, respetuosa, sin querer hacerse notar. La mente está a punto de implotar. El gran bang-big. Aún y así, es tan bello, tan bello este momento eterno, que dulcemente sube su presencia hasta el punto de ebullición y las manos se ponen a trabajar a su servicio de nuevo.

¡Han sido tantísimas las ocasiones en las que sentí que algo faltaba o algo sobraba en lo que fuera que estaba viviendo! De hecho, ha sido siempre así menos en contadísimas excepciones. En mi cabeza siempre había una voz que protestaba: ” Si, si. La comida está muy buena, pero es tan cara…” “Qué día más bonito, ojalá estuviera mi pareja aquí”. O directamente: “Esto es un asco. Por lo menos podría haber sido más amable” “Este sitio es horroroso, por lo menos podrían tenerlo más limpio” Ya ves. Toda la vida incompleta, por exceso o por defecto. Si tuviera que evaluar la vida le daría un insuficiente. Y esta sería la evaluación del sordo, del que pendiente de cada nota musical nunca oyó la sinfonía de la vida.

¿Por qué? ¿Cómo puedo ser feliz si siempre va a haber algo que falte o que sobre en este momento?. Los escasísimos momentos que recuerdo de  verdadera felicidad siempre han ido acompañados por una sensación de plenitud. Pero esta sensación de plenitud no viene de contar cada cosa y ver si falta o sobra algo en concreto. Si lo hubiera hecho así, si me hubiera fijado en cada cosa por separado, mi mente hubiera encontrado ese punto de insatisfacción. La mente es una verdadera especialista en fragmentar el momento en partes e inventar una parte que falta o que sobra, impidiendo la plenitud del momento. Para que aquello que vivo no esté completo, tengo que vivirlo a trocitos, solo así puedo sentir que falta algo pero, si acojo el momento como una unidad indivisible todo cambia porque

el momento siempre es pleno.

Para que falte algo, para que sobre algo, es necesario que esté mirando las partes. Pero la vida no se nos da a trocitos. Cada momento es lo que es, ni más ni menos. Si miro el todo de una vez, sin dividir el momento, todo es lo que hay. Plenamente.

Si miro el todo ¿qué puede haber fuera?

Lo demás es fragmentar la vida con la mente. Vivir trocitos de vida desconectados unos de otros. Que gran locura pensarlo así.

Para vivir la carencia he de mirar cada elemento. Sólo así podré rechazar unos y echar en falta otros.

Para vivir la plenitud he de mirar el todo.

¿Qué me susurras ahora mirada? ¡¡ES LO MISMO EN EL AMOR!!

Para vivir el amor personal, he de mirar a todos. Sólo así puedo rechazar a unos y echar en falta a otros

Para vivir el amor incondicional he de amar el todo.

Que gran dicha verlo así.

¡Ay mirada! Tu luz me inunda de amor.

¡Feliz, pleno AHORA!

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El pequeño gran obstáculo

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“No hay inconveniente en implicarse en las acciones que nos sobrevienen de modo natural. La esclavitud consiste en creer que somos los hacedores de esas acciones y apegarnos a sus frutos o resultados.”

Sri Ramana Maharshi

A veces me gusta colorear.
Nunca se me había dado muy bien. Mi pulso no era muy bueno y mi coordinación mente-ojo-mano tampoco. Había tratado de mejorarlo a base de paciencia y buena voluntad. No me rendía. Quería colorear sin salirme de la raya, sin hacer manchones. Quería plasmar belleza y perfección. Veía la facilidad con que otros coloreaban y sentía frustración. De hecho, era tanto el esfuerzo que ponía en hacerlo bien, que no podía colorear mucho rato.
Bueno, pues el otro día estaba coloreando
en ese estado de paz que da el no pretender nada, el no querer demostrar nada, el no desear ningún resultado.
Tan en paz estaba, que ni este pequeño “yo” estaba. Así que no había ni un “mi”, ni un “me”, ni un querer ni un sentir. Por no haber, ni esfuerzo había…
Y en este estado, vi la mano sujetando fácilmente el lápiz de color, vi los movimientos precisos que la mano hacía, vi cómo se iba rellenando el dibujo con el color y cómo la silueta negra era un muro que el lápiz no franqueaba ni milimétricamente…
La mano, el brazo, el ojo, el lápiz, el papel, el dibujo, eran todos un conjunto armonioso de expresión de vida. Y
yo era quien veía. No había nadie haciendo nada.
Todo sucedía sin que hubiera ningún “yo” voluntarioso haciendo nada. ¡Qué milagro más extraño y sorprendente!
La mirada secreta se reía alegre como el río de las montañas en primavera -a la mirada secreta le encantan los milagros…
-Esto es lo que te quería enseñar- me dijo.
-Cuando se deja de dar realidad al pequeño “yo” (ese quien crees ser que no es más que un potaje de ideas y creencias), ocurre que se deja de poner obstáculos a la Inteligencia de la Vida y las cualidades de esta persona, las dotes de su cuerpo, de su mente y de su corazón brillan en su máximo esplendor.
-Fíjate bien- continuó la mirada– observa como funciona la naturaleza, como funciona el cosmos. Fíjate con qué equilibrio, belleza e inteligencia se despliegan. Y ahora observa al ser humano… ¿ves que diferente? Eso es porque el pequeño “yo” de cada persona está metiéndose en todo, en las tareas del cuerpo, de la mente y del corazón. Sus deseos, rechazos, querencias, sus agravios, juicios, su voluntad,… están queriendo mandar en todo.
-Mira cómo en cuanto dejaste que la persona fuera quien pintara, aquello que tanto querías, sucedió.
El único obstáculo para que se exprese la Inteligencia que somos, es el pequeño e inventado “yo”
    -¡Madre mía! Entonces, si esto ocurre coloreando un dibujo, ¿qué pasará con todo lo demás si este “yo” se retira?-
-Eso no te lo puedo decir. De nada serviría. ESO LO HAS DE VER– contestó la mirada secreta
¡Feliz Ahora!
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Sin miedo a “nada”

“El progreso no consiste tanto en elevarse, sino en decantar todo cuanto entorpece”

Sri Aurobindo

Bajo las sombras moteadas de la luz omnipresente, la contemplación vacía se abre a la vida.

Hay paz en el silencio que todo lo abraza. Los trinos de los pájaros, el sonido del viento en las hojas, el ladrido de algún perro, el ruido lejano de las actividades de los hombres, se conjugan en una única sinfonía armoniosa. Se mueven las moscas, los aviones, las ramas. Se mueven en el espacio quieto e infinito…

El agua que mejor sabe es la que ningún sabor tiene. ¡Como sacia mi sed ese agua limpia y fresca!

El aroma que mejor huele es el que a nada huele. ¡Como respiro ese aroma limpio y fresco!

Sin embargo, ¡nos dá tanto miedo la nada!

Llenamos el tiempo de actividades. Llenamos el espacio de nuestro corazón de relaciones. Llenamos el espacio físico de cosas. Llenamos el espacio mental de conocimientos, de pensamientos de pasado, de sueños de futuro. Llenar y llenar. ¿Y después? Después nos sentimos agobiados, a veces tanto, que sólo deseamos irnos lejos, dejarlo todo, romper con todo… Vaciar los armarios, el corazón, la mente…

Contra más llenamos, más imperiosa es la necesidad de huir.

¿Por qué llenamos, como si la vida se tratara de eso?

Este es un llenar artificial, que nada tiene que ver con la espontaneidad de la vida.

En la vida aparece y desaparece el trino del pájaro espontáneamente, inesperadamente al oído que escucha. Y así ocurre con cualquier suceso, cualquier movimiento de la naturaleza. Pasa la mosca, hace lo que tiene que hacer, -ni más ni menos, y luego se va.

Nosotros, seres dormidos, cazamos todos los aconteceres y luego los encerramos en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazón. Atesoramos los momentos, -tanto los que consideramos buenos, como los malos-, las relaciones, atesoramos sueños polvorientos, recuerdos, cosas. Hacemos fotos para retener la vida y videos que nos traen la voz y la sonrisa de lo que ya no están. Nos llenamos artificialmente y re-sentimos, re-pensamos, re-conocemos, re-vivimos una y otra y otra vez. Todo fuera de la vida que sigue su verter, ajena a nuestra existencia virtual. A Ella le es igual. Se sigue expresando nueva, limpia y fresca a cada instante.

Sólo hay que despertar un momentito para darnos cuenta de que la naturalez entera vive en el Ahora, en el instante eterno. Ni una sóla criatura, a excepción de nosotros, está dormida a la vida. Ninguna criatura, excepto nosotros, está muerta en vida.

Nos vamos llenando tanto de artificios virtuales que ya no podemos vivir. No tenemos sitio. Las telas de araña, el polvo, el olor a cerrado, el aire viciado, son cuidados con esmero por nosotros mismos. Porque pensamos que si abrimos puertas y ventanas, y dejamos que todo lo que hay dentro se evapore, nos quedaremos sin nada, ¡seremos nadie!, ¡estaremos muertos! Y sin embargo es así de llenitos como estamos muertos. Cuánta perplejidad trae la verdad…

Y ¿sabes por qué te llenas? Porque eres un recipiente. Eres un recipiente originalmente vacío. Esta es tu naturaleza. Un recipiente vacio, sin techo, sin fondo, sin paredes…

Eres un recipiente. Abre tus puertas y ventanas. Abre tus sentidos, tu mente y tu corazón a lo inesperado, a la espontaneidad, a lo desconocido. Atrévete a ser feliz.

Mira sin pensar. Siente sin juzgar. Y no retengas nada. La Inteligencia de la vida es la que hará. Y si no lo crees, mira como todo lo mueve, con qué ingeniería inimaginable a nuestras pequeñas mentes, crea ininterrumpidamente, en un son de armonía y equilibrio, dando a cada uno justo lo que necesita para que la ley de la evolución se cumpla.

Deja que la vida, la Inteligencia de la vida se exprese a través de tí. Es tu única tarea.

En este vacío amoroso que eres, todo cabe. Siendo nada, lo eres todo.

Despierta y vive.

¡Feliz Ahora!

De la mirada secreta a quien quiera escuchar

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Dentro, nada. Fuera, todo

“La naturaleza es la mejor maestra de la verdad.”

San Ambrosio

 



 

Esta mañana, la vida se despliega en toda su belleza. La armonía resplandece. Los árboles sin hojas, muestran su dignidad desnuda y recia. Los pajarillos hacen sus piruetas tan alocadas como precisas, derrochando una vitalidad sin fin. La tierra abrigada por un manto de hojas regaladas duerme en el frío, pacíficamente. La niña en la piedra sentada, los sentidos empapados. Dentro nada. Fuera todo.

Hoy el cielo roba el azul al mar y lo hace suyo. Lo más delicado baila sutilmente y en su danza se reconoce el mágico viento, siempre invisible, siempre peregrinando a no se sabe donde.

Nada se esconde separándose del resto. No hay resto. Los árboles, los pájaros, la niña, la tierra, el cielo, el viento y los espacios aparentemente vacios, se pertenecen los unos a los otros, se viven un sólo canto de afinación exquisita.

Es la vida interpretándose a si misma. Su canción silenciosa, la más bella melodía.

Esta mañana la mirada secreta esboza una sonrisa traviesa:

¡Que difícil es hallar la paz dentro de la mente y que fácil es hallarla fuera!

Ahora la naturaleza es cómplice de este anhelo de paz.

Ahora la contemplación encuentra en ella la translúcida verdad.

Ahora la niña es en la naturaleza y en ningún sitio más.

Ahora fuera de ella sólo hay sueños del pensar.

Amplia la sonrisa, la mirada secreta susurra su mantra de paz: todo está bien, todo está bien.

Dentro, nada. Fuera, todo.

El sueño se acaba ya.

¡Feliz Ahora!

 

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El silencio de las flores

silencioflores

” …cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”

Juan de la Cruz

Llegó la alegría de la mano de la naturaleza y después sólto su mano para instalarse en el alma despierta, que es su casa…

A veces, cuando el alma anda dormida, lo único que podemos hacer es abrir la puerta de su casa. Dentro reina un silencio, que aún sin ser el Gran Silencio, es silencio, el silencio del sueño. Si asomas la cabeza verás a la Alegría, a la Paz, a la Libertad, al Amor, a la Sabiduría, a la Belleza, a la Compasión, a la Armonía y a todo el resto de esencias de la Verdad, todas enroscadas en sí mismas, hechas un ovillito y durmiendo el sueño inocente del recién nacido…

Y así lo hice. Abrí la puerta de la casa del alma, donde el silencio del sueño vela amorosamente sobre los aromas de la Realidad. Los ví durmiendo y salí de puntillas, dejándo tras de mi la puerta abierta…

Y entonces, por delante de la puerta del alma, pasó una flor… y la Belleza dormida y recogida en el fondo de la estancia pareció estremecerse pero no… no se despertó…

… después pasó frente a la puerta abierta un paisaje espléndido y la Armonía que está roncando en aquel rincón, dió un pequeño respingo pero no… no se despertó -aunque pude entreveer como sonreía en sueños-…

… más tarde pasó un águila frente a la puerta abierta del alma… y la Libertad que andaba durmiendo a sus más grandes anchas -tal como le toca por su condición de esencia mayor- suspiró profundamente, se movió pero……no. Acabó recolocándose en una posición más cómoda pero tampoco despertó…

…y al rato pasó mi amante…. y el Amor durmiendo en el centro de la estancia se puso a palpitar muy fuerte, tanto que casi despertó, pero no…. Y es que ¡se está tan bien durmiendo!

Y así ha ido sucediendo. Aunque casi no se notara, el alma iba despertando al canto de todas las inspiraciones. Y al final, cuando todo empieza, una inspiración llamó en el momento más oportuno a la Alegría. Y la Alegría, siempre presta a despertarse en este alma mía, saltó de su lecho y rauda como la luz que le dá la vida, salió por la puerta y se fué a pasear con la naturaleza, de su mano. Y cuando ya estaba bien despierta, la soltó y volvió a la casa. Ni corta ni perezosa abrió las cortinas y ventanas para que se oyera bien fuerte el tañido de las campanas de la catedral de la Vida, despertándo a todas las Esencias, y el alma, de nuevo, resucitó de entre los dormidos…

En el centro del centro. En una sola de los millones de flores que tapizan la Tierra, en una sola, contemplándola, se vé la Verdad. Cuando la flor se abre ya no se vuelve a cerrar hasta su disolución. La flor se abre y su belleza es fuente de vida. En su bondad esencial alimenta los estómagos de unos y los corazones de otros.

La flor es ofrenda de Amor. Sutil hermosura inocente. Aliento de la Armonía de la vida.

Aparentemente frágil, vive en profunda confianza hacia la luz y sus raices. Su visión primorosa silencia los pensamientos. En su presencia mora el mundo de las Esencias.

El silencio de las flores habla a la mirada secreta,

y en su silencio pace el Amado, quien puso su mano hasta en la más diminuta flor, vistiéndola de plenitud, al ojo de aquel que respira despierto…

¡FELIZ AHORA!

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El guerrero

     

perdónalos, porque no saben lo que hacen

Lu 23, 34

Había una vez un guerrero muy fuerte y poderoso cuya fama traspasaba todos los mares y océanos, llegando hasta los más lejanos confines de la Tierra.

Los así considerados “buenos” le amaban y respetaban, ya que eran incontables las ocasiones en que el guerrero les había salvado de los más terribles demonios.

Los así considerados “malos” le temían y sólo los más malos de entre los malos se atrevían a desafiarle. Pero ninguno fue jamás capaz de vencer al gran guerrero.

La fuerza del guerrero era enorme. Su brazo izquierdo semejaba el tronco recio de un árbol y el puño gigante semejaba la más dura de las rocas. Su tórax era tan impenetrable que jamás necesitó escudo alguno. Y en su mano sostenía la espada más refulgente y terrible que pudiera uno imaginar, ya que estaba hecha de plasma electromagnético, de la misma naturaleza que los rayos de la tormenta.

Había estado eones luchando contra los enemigos de la Tierra hasta que el Dios de la Guerra le concedió la espada, premiándole así por guardar el reino de tanta maldad.

El guerrero se había enfrentado a todos lo que eran injustos, venciéndoles. Agresores de la libertad, del amor, de la armonía, de la equidad, habían caído a la justicia de su poderoso brazo y espada.

Así andaba el guerrero, una vida tras otra, batallando, batallando, batallando… sieeeeeeeempre habían enemigos que cercenar. Y eso que ¡ganaba todas las batallas! Sin embargo, siempre surgían nuevos enemigos.

Un día como cualquier otro, después de milenios batallando, el guerrero se descubrió pensando cómo era posible que, habiendo ganado millones de batallas, no pararan de salir enemigos por todos lados, como si de una plaga de hormigas voladoras se tratase. El guerrero pensaba: “¡Ya no deberían quedar enemigos! ¿Qué es lo que está pasando?”

Y así, en medio de una gran sensación de perplejidad, se retiró a cavilar a la Cueva de Entremundos(*).

(*)Nota del autor: Esta es una cueva muy profunda y muy especial porque cuenta con tres agujeros: una apertura al mundo -por la que, como imaginareis, entró el guerrero-; y en lo más hondo, se encuentra en su suelo una apertura directa al núcleo férrico de la Tierra y otra apertura en su techo directa al núcleo de la exosfera.

Bueno, pues como íbamos diciendo, el guerrero fue a la Cueva de Entremundos, a ver si en el silencio reverente de la cueva podía llegar a entender el por qué de la cantidad de enemigos que parecían brotar infinitamente de la nada, dispuestos a cualquier fechoría…

Y ahí, en su perplejidad, cerró los ojos, tranquilizó la respiración y se quedó quieto, quieto, quieto esperando la respuesta.

Por aquel tiempo, la Mirada Secreta ya llevaba eones trabajando para aquellos que esperan ver, vacíos de respuestas y abiertos a la verdad. Por lo que, rauda y fugaz, visitó el ojo del guerrero y éste vio con pasmosa claridad la verdad

En un nanosegundo, vio que cualquier guerrero sólo puede sobrevivir como tal si tiene enemigos con los que enfrentarse ¡Si no hubieran enemigos, no podría haber guerreros!

Vio claramente que, de forma inconsciente, era él mismo quién había estado creando un enemigo detrás de otro, para sobrevivir. Entendió que debía morir, porque con su muerte traería la paz a la Tierra.

Y en ese mismo momento de lucidez, en un acto de valentía -o mejor dicho-, en el mayor acto de valentía de toda su larguísima vida, miró la espada de plasma electromagnético, la acarició por última vez y haciendo una reverencia, la arrojó al abismo, al núcleo férrico de la Tierra -el único lugar que podría fundir la espada-.

Y en ese mismo acto, pasó de ser guerrero a ser sabio.

Y durante los cientos de vidas siguientes no volvió a encontrar jamás enemigo alguno, a excepción de la ignorancia de los que, aparentemente, se portaban mal…

¡Feliz Ahora!

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EL FACTOR CLAVE

“El secreto está en la mirada”

La Mirada Secreta

 

 

 

 

 

Esta noche, mientras dormía, la Mirada Secreta iba haciendo de las suyas –la Mirada Secreta es tan gran compañera que incluso durmiendo está enseñándome…– Me mostró la cara de soberbia y enfado de un personaje público al lado de la cara beatífica, serena e inocente de otro personaje público.

Cuando he despertado esta mañana, el recuerdo me ha hecho sonreír. Y he empezado a investigar…

Alguien dijo una vez que el ser humano es él y sus circunstancias. Pero no es así como se ve cuando se abren los ojos. Las circunstancias no hacen al ser humano, por lo menos no al 100%. A estas alturas del progresivo acercamiento del hombre hacia la Verdad, ya muchos nos hemos dado cuenta de que lo que puede influir en nosotros no son tanto las circunstancias sino como nosotros las vivimos, como las procesamos.

Cada niño nace en una época y en una familia; con unas condiciones físicas, emocionales y mentales concretas; y con unas vivencias en la infancia temprana personales. Pero ninguna de estas condiciones es suficiente para predecir qué tipo de persona será.

Hitler y Gandhi. Dos seres humanos. Dos cuerpos prácticamente idénticos, con un hígado, dos ojos, un cerebro. Probablemente con dos historias personales muy diferentes. Ambos tuvieron hermanos que vivieron en condiciones muy similares (igual que nuestros hermanos) y sin embargo los hermanos no se comportaron igual que ellos… Dos seres humanos, con el mismo potencial en el momento de nacer…

Tiene que haber un factor que tenga un peso real en el desarrollo y expresión de cada ser humano. Un factor clave. Un factor más allá de todas las circunstancias y condiciones tan archiconocidas y estudiadas por los académicos y científicos. Un factor que posea las características necesarias para permitir que se cumplan las leyes básicas y universales de la naturaleza, leyes como las del equilibrio -que asegura la Unicidad a través de la armonía de todas las manifestaciones-, o la de la evolución -que permite a través de la transformación continuada el viaje que nos aproxima a la perfección- . Un factor que esté al abasto de todos los seres humanos -cumpliendo la ley del amor que asegura que todo lo creado cuente con las máximos potenciales para su completo desarrollo-. Un factor tan fundamental que pueda revertir cualquier condición y circunstancia para que el hombre pueda realizarse como tal.

Esta noche la Mirada Secreta me ha susurrado al oído lo que tantas veces me ha enseñado y que esta vez quiere ver escrito en el blog:

la persona es el resultado de su comprensión

Somos lo que comprendemos.

Nuestros sentimientos son consecuencia de cómo comprendemos,
nuestros pensamientos surgen coherentemente a cómo comprendemos,
nuestras acciones responden a nuestra comprensión…

Y la comprensión no tiene nada que ver con explicaciones teóricas, análisis ingeniosos, interpretaciones intelectuales. La comprensión no tiene nada que ver con los conocimientos adquiridos, ni con la cultura ni siquiera con el coeficiente de inteligencia.

La comprensión es la visión directa y profunda, la visión amplia y no parcial, la visión fresca, contundente, que evidencia aquello que siempre estuvo frente a nosotros pero nunca vimos por andar tan ocupados con nuestras teorías.

La comprensión es liberación, ligereza, sonrisa, calidez, confianza, paz.

Abandona todos tus esfuerzos y despierta. Abre los ojos y mira. Conviértete en un investigador de campo. Observa con plena atención, con la mente silenciosa. Observa y descubre.

Cada descubrimiento es una nueva comprensión.

Haz de la comprensión tu único objetivo.

Date cuenta. Date cuenta.

Y ¡sé feliz, ahora!

 

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La montaña

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“La verdadera vida discurre entre lo alto y lo profundo…”

La mirada secreta

Inmensa la mole se yergue frente a la luz.

Tan alta es y tantas son las nubes que se aferran a ella, que nunca nadie ha llegado a divisar su cima.

Los pocos que se han aventurado a escalarla, han perecido. Por eso, los habitantes de aquellos parajes miran circunspectos al loco que se prepara para subir. Saben que no le volveran a ver.

En verdad, todos los habitantes sueñan con conquistar la cima. Intuyen que más allá de las nubes encontraran aquella paz que no tienen…

La montaña está habitada principalmente en su base. Es donde hay más habitantes. Allí hay mucho, muchísimo movimiento. Y mucho ruido también. Y suciedad. Los habitantes suelen ser muy poco cuidadosos con ella. Cortan sus árboles, extraen sus piedras, queman sus bosques y llenan de basura algunos de sus rincones, por poner algunos ejemplos.

Sin embargo, la montaña permanece silente, imperturbable. Quizá sienta lejanamente el ruido que hacen estos okupas, pero ellos no pueden cambiar un ápice su grandeza intocable. En su infinita vida, a duras penas el ruido de la base ocupa espacio alguno.

Esos habitantes ni siquiera se dan cuenta de la sacralidad que les sostiene. No se dan cuenta de que sin la montaña ellos no podrían vivir, es la única tierra que existe, y si la montaña no existiera ellos tampoco existirían. De hecho piensan muy poco en ella, casi nada. Bueno, a veces piensan en su cima, pero como es tan inalcanzable, enseguida se distraen con otra cosa.
Están tan desconectados de aquello que les dá la vida, que suelen pasar el tiempo ocupados en sus propios asuntos, rumiando como las vacas. Viven en un gigantesco y bellísimo macizo, pero a duras penas conocen un mínimo, como el que viviera en un castillo y jamás hubiera salido del dormitorio, y después creyera que había vivido una vida plena

No todos los habitantes se conforman con vivir realmente hacinados a los pies de la espesura. Bastantes decíden un buen día subir por sus hermosas laderas en busca de un nuevo territorio que les aleje del ruido y la contaminación. Y mientras más alto habitan, menos ruido, más paz, menos movimientos innecesarios, menos suciedad. Los habitantes de las faldas de la majestuosa montaña, necesitan menos, viven con más armonia porque se dan más cuenta de quien es que les dá la vida. Honran más la querida montaña.

Y si viven más alto todavía, más armónicos se vuelven. Pero hay muy poquitos que vivan a estas alturas.

Se requiere un gran deseo de vivir en paz para abandonar el ajetreo de la base.

Después está la frontera que no deja ver la cima. Es un límite de enormes nubes cerradas, grises, inhóspitas. Allí siempre soplan vientos gélidos y huracanados. No parece haber vida de ningún tipo. No hay sol ni estrellas. No hay dia ni noche. No hay donde cobijarse. El frío es tan extremo que no parece ni frío. Sólo el aullido del viento helado en la nada. Allí mueren los poquísimo que llegan…

Y es que esta montaña imponente requiere que para llegar a su cima, primero se muera…

Y es la propia muerte la que te catapulta a la cima, sin esfuerzo.

Por encima de la nada surge grandioso, inexpresable el Todo, la visión infinita que nada vé, la paz inmensurable que no se siente, la silente belleza de la Quietud primera.

*****

Y dime, ¿dónde habitas tú? ¿dónde sueñas habitar?

Así pasas la vida, creyendo que habitas en los pies de la montaña y que eso es lo que te gusta.

O que vives en los pies pero quisieras vivir en la ladera, aunque las circunstancias no te dejan.

O que un día vivirás en la ladera, cuando todo cambie.

O crees que vives en la ladera y eres mucho mejor que los que viven en la base.

O que vives en la ladera, y los que viven en la base han dejado de importarte y has aceptado que a la cima no se debe llegar porque es demasiado peligroso.

O eres uno de los pocos locos que se atreve a aventurarse a emprender el viaje a la cima, porque tú si que lo vas a conseguir, porque tú eres especial.

O quizá eres el más loco de todos y estás en la devastadora tierra de nadie, justo congelándote de frio y perdiéndote a tí mismo, sin saber ya quién eres…

No importa lo que creas.
Porque sólo hay una verdad.
Y es que tú no eres un habitante de la montaña.
Tú eres la montaña. Pero no lo sabes.

…..

Acertijo para descubridores:
y si yo soy la montaña, entonces
¿quienes son los habitantes de la montaña?

(:La Mirada Secreta premiará a los acertantes publicando un bello pensamiento propio de cada participante, enlazándolos por inspiración en la próxima entrada al blog. ¡Animate! :))

¡FELIZ AHORA!

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