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EL PRESENTE Y EL AHORA

-¿Dónde está el presente?
-Aquí
-¿Dónde?
-¡Ay! ¡Se fue!

chiste de la Mirada Secreta

Desde hace un tiempo, el presente se ha puesto de moda.

Cuando hablamos de vivir en el presente o que sólo podemos vivir plenamente si vivimos en el presente, todos los que nos consideramos personas algo profundas, asentímos seriamente. Vivir en el presente…

me pregunto si podemos vivir en otro sitio que no sea el presente…

Los más radicales de entre nosotros desechan con toda su voluntad, pararse a recordar o a proyectar en el futuro: -¡Hay que aprovechar el momento presente!- dicen. Y quizás lo que quieren decir es que debemos poner toda nuestra atención en lo que está sucediendo “aquí y ahora”. Así que parecería que, dentro de este círculo, unos creen que deben vivir en el presente (que recordar o hacer planes también vale) y otros que deben vivir el presente. Pero en ambos casos, ese pequeño yo inventado está haciendo de las suyas: creencias y más creencias…

La mirada secreta ronda, ronda desde hace ya un tiempo. No está tranquila. Percibe que algo se está escapando. Algo trascendental…

Vale. Obediente, empieza la investigación. Vivir en el presente…¿qué es esto del presente? Parece que llamamos “presente” a una franja de tiempo que se dá entre el pasado y el futuro. Pero ¿cuán amplia ha de ser la franja? ¿a qué presente nos estamos refiriendo?. El presente para unos puede ser este segundo y para otros puede ser este ratito, o esta época de la vida. Sea como sea que lo entendamos, este presente tan famoso parece estar relacionado con el tiempo.

El tiempo… si no existiera ni el pasado ni el futuro, ¿podríamos saber que es el presente? Este presente temporal existe en relación a sus compañeros, no existe por sí mismo. Y cuando hablamos de ubicarnos en el presente, seguimos en el tiempo, en el pequeño yo que creemos ser, en la mente que percibe lo que acontece. Este presente del que tanto hablamos y al que no podemos atrapar a menos de que lo estiremos, es lo que está pasando en la vida, es la escena actual del teatro de la vida. Y la vida, una sucesión de presentes, una sucesión de escenas.

Pero ¿no intuís que hay más?

De pronto, la mirada secreta me regala la imagen de la pelota de baloncesto rodando velozmente sobre la punta de un dedo… La pelota moviéndose con rapidez, pero sin ir a ninguna parte… girando sobre su propio eje y completamente aposentada en un sólo punto… un sólo punto inmóvil, quieto… Un punto que sostiene todo el movimiento de la pelota y la pelota en sí…

Y entonces surge la imagen de una personita moviéndose a su vez por la pelota convertida en un planeta… cambiándo de sitios -el sitio de ayer, el de hoy, el de mañana-. Y me pongo a componer un dibujo que lo pueda explicar mejor:

Tiempo y espacio moviendose en su realidad relativa, sostenidos en un sólo punto de quietud permanente.

Escenas que acontecen, una tras otra, en un único escenario inmóvil…

…la mirada secreta va posando sus granitos de intuición en el silencio de esta mente, el corazón late deprisa, la alegría de un nuevo descubrimiento…

Y aunque el diccionario de la RAE define como sinónimos las palabras “presente” y “ahora”, dejádme que más allá de los problemas lingüísticos, a este punto le llamemos “EL AHORA”

El Ahora, del que surgen todos los presentes, que sostiene todos los presentes y todos sus contenidos, incluida esta pequeña persona…

El punto. El Ahora. Donde no hay movimiento, no hay tiempo, no hay espacio. El Ahora, eterno, porque es sin tiempo, es el escenario inmutable en el que van sucediendo los diversos presentes, o ningún presente. El ahora pertenece a una nueva dimensión. Y la mirada secreta me dice que es una puerta a la verdad, a la eternidad.

Y ¿qué pasa con la persona? ¿donde se coloca? La persona ¿es un acontecer en el Ahora o es el Ahora en sí? La mirada secreta me susurra que la persona es un acontecer en el ahora, porque todo lo que existe está sujeto al tiempo y a la relatividad: existe porque un día no existió y porque un día dejará de existir, ubicado en el movimiento del tiempo y del espacio. E

igual que puedo estar atendiendo lo que está ocurriendo en esta escena (presente), puedo ir más atrás, incluyendo a esta persona en la escena y darme cuenta de que soy ese escenario que todo lo contiene…

El tiempo, la mente y el ego ocurren en el presente…

si no hay tiempo, no hay ni mente ni ego

si no hay mente, no hay ni tiempo ni ego

si no hay ego, no hay ni tiempo ni mente

Cuando no hay ni tiempo, ni mente ni ego, entonces ¿que queda?

Si podemos encontrar ese lugar imperturbable que no es afectado por nada, inmutable -porque no cambia-, pura quietud infinita y eterna…

si podemos encontrar ese punto del que nada ni nadie puede huir, pues es donde todas las manifestaciones de la vida acontecen, de donde surge y donde se apoya la dimensión de la vida que conoce nuestra mente…

si podemos encontrar el Ahora, nos daremos cuenta de su verdad infinita.

Vayámos más allá del presente, descubramos la verdad.

¡Feliz AHORA!

*foto de encabezamiento cedida por ikibcn.com

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La verdad del Amor


del Amor surge la unión. De la unión, el Amor. Solo Uno. Solo Amor. La Mirada Secreta

Lleva ya un tiempo la Mirada Secreta mostrando por amor a la Verdad. Y en estos días ha sucedido algo sorpresivo que ha dejado a quien escribe en muda contemplación. La Mirada Secreta, en su infinita generosidad, anda mostrando a este ojo perplejo, la verdad del Amor. La verdad del Amor, origen de la existencia, sostén de todo lo que existe, hilo invisible que conecta y crea la red de todo lo que hay, materia primera y última…

…Se respiraba serenidad. La superficie del mar planchadita, sin arrugas, reflejaba la paz que flotaba sobre todo y sobre todos. El agua todavía helada, guardando como un tesoro los rigores de un invierno frío y lluvioso, mostraba su faceta más auténtica: nítida transparencia del origen, aún no violada por los dormidos…

Se respiraba serenidad. La respiración acompasada, dulcemente profunda, serenaba también el ruido mental. El sol arropaba la piel ávida de vida. ¡Qué grande era la Bondad de la Creación!

En éstas, el pecho se inundó de amor a aquello desconocido que hacía posible la vida a cada instante. Conmovido, en silencio reverente frente a la dulce Vida, vio el corazón lo que intuía pero nunca había visto.

Ahí estábamos: el mar con todo su universo de vida, el sol, el aire y esta persona.

Ví como la mente podía enunciar cada uno por separado. Pero ¿era real esa separación? ¿realmente yo existía sin el mar, sin el sol, sin el aire?

Y vi que no. No era posible.

Yo no podría existir si no existiera el mar, reserva del agua que me daba la vida, origen de vida…

Yo no podría existir sin el sol, dador de luz y de calor, origen de vida…

Yo no podría existir sin el aire, alimento incondicional, origen de vida…

Y si la existencia de esta persona a la que llamamos “yo” no puede realmente existir sin el sol, el mar y el aire, ¿cómo nos podemos sentir separados? No tiene ningún sentido.

Fue en ese momento que vi nítidamente, a través de las turbulencias de una mente contaminada durante miles de años por millones de creencias nunca comprobadas, que yo soy el sol, el aire, el agua y también esta persona…

En alborozo sereno, el agradecimiento y la alegría se expandían sin límites. ¡Era tan perfecta la interrelación, fuente de toda vida!

Y sin quererlo, seguía viendo, a un ritmo vertiginoso, la necesidad esencial de todo con todo para su existencia:

vacío….. universos, galaxias….galaxias, planetas… el sol, la tierra… la naturaleza, las personas… los cuerpos, los órganos…. las células, los quarks… vacío

Una red de formas en un espacio vacío, con sus nudos hechos del mismo hilo que los conecta a unos y a otros, en perfecta interrelación, siendo lo mismo y siendo cada uno simultáneamente.

Y ver, con brillante claridad, que ese es el hilo que todo lo une, haciendo posible la existencia de cada nudo,

la unión, la energía del amor que deshace cualquier separación.

La unión. Todos los nudos (planetas, cuerpos, células) existiendo como tales, hechos del mismo Amor y conectados entre ellos por el Amor.

El Amor inseparable del espacio vacío que lo acoge. Amor y vacío, inseparables, fuente de toda creación y alimento eterno…

El amor por la Verdad. La verdad del Amor. Sin separación.

Silencio reverente.

¡Feliz Ahora!

 

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Miro y siento amor

La mirada es el lenguaje del corazón. William Shakespeare
“La mirada es el lenguaje del corazón” William Shakespeare

Salgo sin hacer ruido hacia la playa que espera el nacimiento de un nuevo día y solo llegar allí me inunda, como Juan diría, la música callada, la soledad sonora

y siento amor

Miro el cielo azul, límpido, coronando el planeta en un manto de inmensidad eterna

y siento amor

Miro el mar fuerte, grande, transparente, útero generador de vida

y siento amor

Miro el viento que levanta la arena en mil dibujos creativos y veo a un grupo de jóvenes que aún no han dormido, persiguiendo el pareo de la más bonita de ellos, ofrendando su deleite al viento

y siento amor

Miro las huellas de pies y patas en la arena y las olas diluyéndolas en la constante verdad de la impermanencia de las formas

y siento amor

Miro al señor de verde que anda recogiendo la basura que otros abandonaron en la arena y que me saluda los buenos días con una sonrisa blanca y radiante

y siento amor

Miro el sol que se levanta regalando un nuevo día a quien le anda mirando y a quien duerme todavía

y siento amor

Miro la cadera dolorida tratando de sostener el cuerpo entero y realizando su función con una fidelidad conmovedora

y siento amor

Miro uno que corre y se esfuerza por retener, ni que sea un dia más, la juventud que anda alejándose, espejismo de belleza, y no se da cuenta que corriendo detrás de lo que se fué, va dejando de vivir su vida

y siento amor

Miro el padre jugando con el bebe en la orilla, entre risas y grititos de regocijo

y siento amor

Miro a la abuela que, decidida, camina con los pies mojados y el mechón rebelde ondeando y ella, coqueta, peinándolo

y siento amor

Miro a dos que se meten en el mar helado, tan grande es su comunión que ni el frío les ha frenado

y siento amor

Y miro ya de vuelta la carita de mi amado, a duras penas despierto

y siento amor

¡Que fácil es sentir amor cuando el ego está callado!

 

¡Gracias Mirada Secreta por mostrar a estos ojos aromas de la Verdad!

¡FELIZ AHORA!

dedicado a mi amado…

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Tres en Uno

“Nunca limites tu mirada sobre la vida a la experiencia previa”

Ernest Holmes

 

 

Algo precioso de la mirada secreta es que cualquier vivencia que se repita, nunca va a ser igual si estamos abiertos a ver. Es muy grande. Mucho. Porque esto implica que cada segundo es nuevo, realmente nuevo. Implica que la vida sólo es monótona para el que está dormido. Implica que la vida es sorprendente a cada momento. Que cada instante es un estreno. Así de grande es la vida, y así de bello es el descubrimiento que me deparó la mirada secreta hace dos días…

Eramos 23 personas, todas unidas por un sólo propósito: seguir descubriendo la naturaleza del ser humano en su expresión más elevada, la espiritualidad. Todas unidas en la intención de un trato de gratuidad, -un trato con el otro que nada busca más que acoger lo que recibe y ofrecer lo que brote desde la espontaneidad-. Que bella palabra descubierta: GRATUIDAD. Descubierta gracias a la mirada marítima de unos ojos profundamente negros y vivos como ese universo que nos acoje y nos enconge el alma en la noche estrellada…

Y realizamos aquel ejercicio de dejarnos caer de espaldas confiando en que unos brazos no visibles nos recogerían antes de caer contra el suelo.

Cuando fué mi turno, me dispuse con toda la apertura posible a dejarme caer. Respiré profundamente y cerrando los ojos, me solté hacia un destino incierto… Fué un instante. Pero un instante largo. Fué un suspiro, pero un suspiro profundo. Fué un segundo, pero un segundo pleno.

Y en ese segundo pleno, largo y profundo, la mirada rasgó la conciencia y de la conciencia brotó con fuerza una sensación triple, un tres-en-uno indivisible:

apareció una clara y definida sensación de confianza, confianza en todos y en nadie en concreto, una confianza sin objeto, un estado de confianza;

apareció una sensación de absoluta entrega. Nada en mí quedó para mí. No hubo ningún asimiento. Nada era mio. Una entrega completa, sin condiciones. Una entrega que, dándolo todo, no daba a nadie nada y que nada retenía.

y apareció una sensación de libertad inmensa, como si la caída no hubiera sido de un metro sino una caída al vacío infinito, una caída eterna en la que hubiera tenido tiempo de gozar de un espacio inmesurable puesto a mi disposición…

…confianza, libertad y entrega, sinónimos inseparables más allá de las palabras.

Y eso me enseño la mirada secreta esta vez:

cuando la confianza es plena, la entrega también lo es, y en esa entrega plena, brota la libertad

¡Que extraña es a veces la mirada! Siempre había creído que la verdadera libertad no entrega nada. Que la confianza es poner en manos del otro tu libertad. Que la entrega de tu libertad es porque no confías suficientemente en ti. Eso es lo que nos parece.

Pero la realidad, como siempre y como deciamos al principio, se nos muestra nuevecita a cada segundo y nos sorprende con su sabiduria. Confianza, entrega y libertad. Tres en Uno. Indivisibles.

Gracias a la energía de los 23 unidos se pudo descubrir esta nueva mirada secreta. A ellos y a todos los que andamos por estos caminos, se la dedico.

¡Feliz feliz ahora!

 

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De la tiranía de la mente a la libertad. Un vislumbre

“Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”

Franz Grillparzer

(dramaturgo austríaco, s.XIX)

 

Siempre estamos juzgando si lo que nos llega de la vida, o lo que nos hacen otras personas es bueno o malo para nosotros, si son personas que nos convienen o no, si nos gustan o no nos gustan. Y lo mismo hacemos con las situaciones.

Vivimos en base a nuestros juicios.

Nuestros juicios van marcando cada paso que vamos dando en el camino de la vida. Los juicios los construye nuestra mente, la gran consejera y la gran juez, dueña y señora del ser humano. Cultivamos la amistad de aquellas personas que pensamos que “valen la pena”, rechazamos aquellas otras que pensamos que “no valen la pena”; queremos irnos de aquel trabajo porque pensamos que nos tratan mal o que son injustos con nosotros, o queremos conseguir aquel otro trabajo porque pensamos que la gente de alli es maravillosa y nos van a tratar muy bien, etc.

Todo lo decidimos en base a una parrilla de juicios que, por descontado, son personales: yo consideraré que esa persona no me gusta y no querré nada con ella y sin embargo esa persona tendrá amigos, que no la consideraran así. Por lo tanto, eso quiere decir que mi vivencia es totalmente personal, mis juicios son personales, no son juicios universales bajo ningún concepto. Voy viviendo en base a mi “código penal personal” y lo voy siguiendo al pie de la letra. Sin embargo,

¡nunca se me ha ocurrido revisar mi código penal!

Siempre hago caso de lo que dice mi mente y ahí se acaba toda la historia. Pero ¿de dónde salen los juicios que yo tengo? ¿cuál es el origen de este código penal personal, idiosincrásico? ¿realmente contiene verdad? Si yo empiezo a ver de dónde vienen estos juicios, es posible que me empiece a dar cuenta que lo que yo utilizo como parámetros para relacionarme con el mundo y conmigo mismo creyendo que son parámetros validísimos, en realidad son programaciones automáticas de las que yo era totalmente inconsciente.

¡Estoy obedeciendo ciegamente una programación mental!

Como ejemplos, miremos juntos algunos juicios o creencias de la mente…

Imagina que tienes dentro la creencia “tengo que ser siempre mejor”. Las personas que tu ves que luchan y que intentan hacer las cosas cada día mejor, son para ti dignas de admiración; mientras que las personas que están tan tranquilas con lo que están haciendo y que no tienen ningunas ganas de mejorar, las consideras personas poco válidas, poco ambiciosas. Y ese juicio que haces hacia afuera también te lo haces a ti mismo, por lo tanto tu eres una persona que siempre tiene que estar luchando para ser mejor, porque sino, no “valdrías la pena”…

Pero si miramos bien, nos daremos cuenta que las personas que siempre tienen la sensación de que tendrían que ser mejores o hacer las cosas mejor, son personas que están condenadas al fracaso porque nunca sentirán que hacen las cosas bien.

El hecho de querer hacer siempre las cosas mejor, garantiza la sensación de fracaso.

Alguien podría decir: “Bueno, pero esto que estas diciendo no tiene ningún sentido porque en realidad lo adecuado es esforzarnos siempre en hacer las cosas mejor” Pero ¿por qué ha de ser así? Nosotros pensamos esto porque nos lo han inculcado. Nos han inculcado la cultura del esfuerzo, de esforzarnos en que las cosas salgan cada vez mejor. Ha habido otras épocas y otras culturas que han hecho lo que era necesario hacer, pero nada más. Y han sido tan o más felices que nosotros…

En realidad, lo único que mejora con esfuerzo es lo mecánico, lo práctico (por ejemplo, jugaré mejor a futbol si me esfuerzo y entreno cada día o hablaré mejor japonés si me esfuerzo en estudiarlo y practicarlo). Sin embargo,

nunca voy a poder ser mejor persona gracias al esfuerzo.

Nunca va a mejorar una cualidad de mi persona gracias a mi esfuerzo. Y sin embargo, muchas de las personas que vienen a consulta lo que quieren es ser mejores, enfadarse menos, desesperarse menos, tener más paciencia, ser más comprensivos, sentirse más seguros, quererse más… Pero eso no es posible que suceda gracias a nuestro esfuerzo. Nosotros pensamos que si por ejemplo, si “soy” inseguro, al esforzarme seré más seguro. ¿No será que, al creer que eres inseguro, actúas de esta manera? Si no creyeras que eres inseguro ¿cómo actuarías?

La única manera que tengo de mejorar es soltando la idea que tengo de mi, es abriéndome a la posibilidad de que igual no soy como creo ser…

Investiguemos otro juicio, por ejemplo “estoy perdido”

¿Qué quiere decir “estar perdido”? Para que yo pueda evaluar que estoy perdido tengo que saber cual es el camino correcto, tengo que saber dónde tengo que llegar, mi destino, y cuál es el camino para llegar allí. Pero ¿cómo voy a saber cuál es mi destino y aún menos cuál es el camino para llegar? Para decir “me siento perdido” necesito una idea sobre donde tendría que estar y cómo tendría que llegar allí. Entonces sí que podría decir que me siento perdido, perdido en base a una idea.

¿A dónde tengo que ir yo? ¿realmente lo sé? Y si lo intuyo, ¿sé cual es el camino? ¿lo sabe alguien? Porque si supiera cual es el camino para llegar allí probablemente lo estaría caminando… Entonces ¿cómo va a estar una persona perdida? O estamos todos perdidos o no hay nadie perdido.

Otra creencia: “no hay que huir de lo que nos hace sentir mal, sino quedarnos allí y superarlo”. Esta es una creencia que está muy de moda en nuestros días, sobre todo en círculos de “auto-ayuda y crecimiento personal”. Creemos que aquellas situaciones que nos hacen sentir mal son aquellas situaciones que debemos superar, como si la vida fuera una carrera de obstáculos. Si a mi me hace sentir mal aquella situación, debo permanecer allí para superarla, porque esa será la manera en que yo crezca…

Realmente ¿he nacido yo para superar-me? ? ¿es la vida una carrera de obstáculos, en la que yo tengo que conseguir ser la “number one” o algo así, la más fuerte, la que más retos ha vencido? ¿he nacido para guerrear? ¿he nacido para ganar?¿qué quiere decir esto de “superar-se”? Para que yo me tenga que superar en algo, tengo que tener una idea concreta de mi y una idea ideal de mi, y querer llegar a la idea ideal de mi. Y todo eso lo monta la mente, tanto la idea que tengo de mi como el ideal.

Y quizás digas “Bueno, pero si no tenemos ningún objetivo ni ningún reto entonces lo único que vamos a hacer es vegetar en la vida.” Eso no lo sabemos porque no hemos vivido así nunca, excepto en la infancia -y difícilmente nadie diría que los niños “vegetan”…-. Lo que seguro que nos garantiza no buscar ningún objetivo o meta, no querer nada ni luchar en contra de nada, es que vamos a estar plenamente situados en el ahora. Eso ya lo tenemos en el momento que ya no queremos ir a ningún otro sitio que en el que estamos.

Cuando no queremos nada ni luchamos contra nada, vivimos en el Ahora

También puede haber un relevo en el puesto de mando de tu vida. Si tu mente está diciéndote que tienes que conseguir esto y tienes que deshacerte de esto otro todo el santo día, y tú ves claramente que tu mente no sabe ni quien eres ni lo que te conviene, ni para que has nacido, ni nada de nada,

puede ser que retires la autoridad que habías concedido a tu mente y quede vacante el puesto de jefe.

Eso nos asusta mucho porque si no manda nadie, ¿qué va a pasar aquí? Igual me quedo tirado en el sofá y no hago nunca nada más…

Pero quizá no.

Quizá las riendas son asidas por otra parte de ti que no es la mente, y quedas verdaderamente sorprendido de lo que está pasando. Porque aunque tú no lo sepas, de hecho tu mente nunca en la vida ha mandado y ha decidido nada. Sólo lo parece. En el fondo,

no es la mente la que decide ni es gracias a tu esfuerzo que consigues nada

(tu te esfuerzas mucho y a veces no consigues nada y a veces sí…; o no te esfuerzas nada y aún y así, a veces no consigues nada y a veces sí…). A veces las cosas salen como tu quieres, y otras veces no salen como tu quieres y con el tiempo te das cuenta que ha sido lo mejor que te podría haber pasado, que no saliera aquello que tanto querías entonces…

Por lo tanto, hay otras fuerzas que están moviéndose en ti. Así que si tu das este salto y dejas de darle autoridad a tu mente, quizá descubras todo un mundo nuevo.

No hace falta que decidas dejar de hacer caso a tu mente para siempre. Sólo pruebalo un rato. Haz aquello que te llena de paz, alegría de vivir, de comprensión, independientemente de lo que tu mente te diga.. Sólo durante unos días. Y mira lo que sucede…

Tanto si saltas como si no,

¡Feliz Ahora!

y ¿sabes por qué te deseo que seas feliz ahora? porque

no existe otro momento en toda tu vida en el que vayas a poder ser feliz, más que Ahora.

¡¡GRACIAS MIRADA SECRETA!!

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LA TIRANIA DE LA MENTE. LOS DESEOS

donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón

Lucas, 12:34


 

Mi querida amiga no quiere seguir engordando. No le gusta verse así. Sufre mucho. Tiene tanto sufrimiento que no puede sostenerlo todo y eso hace que, cuando no puede más, reparta su sufrimiento entre los que le rodean. Pero desea ese plato de macarrones. Y ese trozo de chocolate. Y esa pizza. Y también ese pastel de crema. Los desea y se los come… Y disfruta comiéndoselos, ¡mmmmmm que bueno! Pero al cabo de un rato, sufre de nuevo. Sigue engordando y sigue sufriendo…

¿De dónde vienen los deseos? Y cuando los satisfacemos, ¿qué es lo que realmente nos aportan?

Creemos que nos hace feliz conseguir aquello que deseamos, que la felicidad está en ese pastel de crema. Y nos lo comemos. Por un rato, realmente somos felices. Pero después, aparece un nuevo deseo, estar delgada y volvemos a sufrir. ¿Realmente es el hecho de satisfacer el deseo lo que nos da la felicidad? ¿Y si no fuera así? ¿Y si sintiéramos felicidad no por el hecho de comernos el pastel de crema, sino por el hecho que mientras lo comemos, no tenemos absolutamente ningún deseo?

Lo que nos hace felices cuando conseguimos un deseo, es que durante un tiempo, no deseamos nada más.

Y es sólo en el estado de no-deseo cuando realmente podemos experimentar la felicidad.

Creemos que las buenas cosas que tenemos en la vida son el resultado de haberlas deseado y haberlas conseguido. ¿Y las cosas malas? ¿También las hemos deseado nosotros y las hemos conseguido nosotros? -“he aprobado el examen” (yo soy quien lo ha conseguido) “me han suspendido” (yo no tengo nada que ver)- … Vale la pena mirarlo, ¿verdad?. O funciona para lo bueno y lo malo, o no funciona para ninguno. ¿Entonces?

El deseo es un invento de la mente. La mente funciona como un niño al que se le ha consentido todo y empieza a tratarte como un pequeño tirano. La mente quiere controlarte y para ello crea un objeto de deseo, te lo vende como un reclamo de felicidad, tu te lo crees y ¡venga!, la mente consigue el control y tu crees haber conseguido felicidad. Pero no es así…

Quizás algún lector esté pensando: “¡pero es que yo quiero tener deseos! ¡no se puede vivir sin deseos! ¡vaya vida aburrida sin deseos!” Todo eso es una creencia más de la mente.

Mira como te sientes cuando no deseas nada, por ejemplo justo después de haber conseguido un deseo…. ¿te imaginas vivir siempre así?

La mente tiene la necesidad de controlar porque te requiere como siervo suyo, porque eso le da protagonismo y poder sobre ti. Y una de sus principales armas para conseguirlo es inventarse un deseo: inventa la idea de que tal cosa (una situación, un objeto material,…) te dará la felicidad. Y lanza la idea al espacio de tu conciencia, para que te des cuenta. Tú lo recibes y lo conceptualizas como “un deseo tuyo” y te pones en marcha para conseguirlo… como un esclavo cumpliendo las ordenes del tirano…

Muchas veces los deseos que crea nuestra mente incluso son contrarios a lo que nosotros queremos realmente, como el caso de mi amiga. Y ¿a quién solemos hacer caso? ¿a nosotros o a nuestra mente?

Como dicen los sabios, la mente es el mejor de los siervos y el peor de los amos

Cuando la mente está ocupada, distraída, no genera deseos. Pero cuando está aburrida o se siente insatisfecha, entonces reclama tu atención, a menudo, generando deseos.

Tu no tienes deseos. Los deseos no son tuyos. Los deseos no buscan tu felicidad sino tu obediencia a la mente que los genera.

De la misma forma que un niño mimado que no para de llamar la atención y de pedir, no es malo, sino que el error está en nuestra manera de tratarlo, tener deseos no es malo. Es un movimiento natural de la mente humana. No es un error. El error es creer que el reclamo de control por parte de la mente, es un deseo nuestro.

El error está en cómo nos relacionamos con nuestra mente.

Sólo la mente desea y lo hace porque cree que le falta algo. Cuando descubro que yo soy todo lo que la mente deseaba, el deseo cae.

El deseo esconde un anhelo profundo que está empujando y debatiéndose por salir. Descubre que hay en el origen de cualquier deseo y descubre que ¡eso ya es en tu estado de no-deseo-nada! Bendita mirada

Fíjate que cuando estás plenamente en el ahora, no hay deseos…

Y como dice Consuelo Martín en su libro “Sabiduría en acción”:

sin deseos que muevan la barca de la existencia, liberada navega según los vientos inteligentes de la vida única… Un movimiento sin motivo dirige la conducta libre, alineándola con la voluntad e inteligencia sagradas”…

¡Feliz Ahora!

 

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Sobre el caer y el caminar

Caminante, son tus huellas el camino y nada más

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Antonio Machado

Andaba un hombre camino de la tierra que él amaba,
Nada de ella conocía, pero en ella siempre andaba.
Ni un día había que al caminar no tropezara,
Más ¡qué daba el torcimiento mientras que él se levantará!
No sería la caída lo que a él le llevara
a la tierra de sus sueños, a la tierra que él amaba.
Y mientras que otros lamentaban la caída que él obviaba,
Y otros le decían que en ella se fijara,
Él seguía afiliado a la tierra que él amaba
Y nada le distraía del lugar que le esperaba:
Ni consejo ni caída, ni lamento ni holganza.
Él seguía levantándose, desoyendo la tardanza.
La tierra de su sueño llamándole,
un paso tras otro acercándole,
al hombre que así caminaba.

¿Por qué pretendemos llegar a los sitios sin caer? ¿Por qué creemos que la caída es tan importante que hemos de parar de caminar para aprender de ella y así no volver a caer?

A veces me dá la impresión que, aunque lo neguemos, le damos más importancia a la caída que al caminar. Y mientras estamos concentrados en “comprender' por qué caemos, no caminamos.

La Mirada me muestra en mitad de una siestecilla de enero, de forma dulce, a pasitos sutiles y nuevos, algo que me vuelve a dejar conmocionada.

Y es que

La caída nunca importa. Lo que importa son los pasos.

Muchas pueden ser las causas por las que caemos. Y mucho, indefinido, el tiempo que podemos dedicar a investigar por qué caemos. Pero mientras, mientras no caminamos.

Algunos dirán que si sabemos por qué caemos podremos evitar nuevas caídas. Pero yo sé que no es así. Porque no somos nosotros los que controlamos nuestra vida, ni las piedras que vamos a encontrar en el camino y que puedan hacernos caer de nuevo.

Pero nosotros sí podemos tener todos nuestros sentidos puestos en levantarnos, sacudirnos el polvo del camino y seguir caminando.

No quiero distraerme, ni siquiera en por qué caigo.

Sólo quiero caminar y caminar

Hacia la tierra que he soñado

¡Feliz AHORA!

 

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Investigando sobre la mente y la consciencia

wpid-Photo-28082012-0755.jpgPues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. 

 Mc. 4,2

El otro día estábamos investigando sobre lo que es ver y lo que es pensar. Y, aunque intuitivamente sabíamos la enorme diferencia que supone vivir desde el ver y vivir desde el pensar, no acabábamos de ser capaces de explicarlo -sólo la mirada secreta es capaz- Y en un momento dado, una de nosotros, llenita de amor por la Verdad, compartió la siguiente vivencia:

…una noche estaba cenando con una persona muy querida y estaba siendo muy feliz. Pero, en un momento dado, se me cruzó el pensamiento de que la felicidad, por muy grande que sea, a duras penas sobrevive un instante. Y entonces, mi felicidad se esfumó…

Al principio creímos que ella había dejado de ser feliz porque se había dado cuenta de que la felicidad dura un instante y, claro, frente a este panorama, cualquiera no se deprime, ¿verdad?

Bueno. Ese es el estado más habitual del ser humano. Pensamos sobre lo que acontece sin ser conscientes de ello.

Estamos continuamente pensando, pensando sobre lo que aconteció o sobre lo que puede ocurrir, pensando sobre lo que nos pasa, sobre cómo somos o sobre los misterios de la vida. Vivimos pensando. Pero no solo vivimos pensando, sino que vivimos desde nuestros pensamientos.

Y pensar quiere decir interpretar, juzgar, decidir, planificar, e incluso inventar según nuestros conocimientos, condicionamientos psicológicos y creencias. No nos damos cuenta, pero el pensamiento siempre manipula aquello sobre lo que está pensando. Le pone etiquetas, lo cataloga y la persona lo vive según esa manipulación.

Hay diversas escuelas psicológicas, pseudopsicológicas y demás líneas de terapia que se han dado cuenta de ello. Y para tratar de que seamos felices, proponen que las personas entrenemos a nuestra mente a pensar “en positivo”, a tener “pensamientos positivos”. Dejando de lado el juicio que ya supone en si mismo catalogar unos pensamientos de positivos y otros de negativos, es cierto que si hemos de vivir bajo la dictadura de los pensamientos, es preferible que el tirano sea amable…

Pero es que podemos vivir libres. Libres de tiranías. Libres de escuelas que nos digan cómo hemos de vivir. Y sobre todo, podemos vivir libres de nuestros propios pensamientos… y ser felices. De hecho, esta es nuestra verdadera naturaleza. Si no, mira a los niños, mira al niño que fuiste, y lo verás…

Y ¿cómo? se pregunta la mente

Pues, en vez de vivir desde los pensamientos, podría vivir desde lo que veo directamente, sin interpretarlo, ni juzgarlo. De forma neutral. Ser consciente de lo que acontece, sin pensamiento alguno.

Es tu atención consciente, libre de pensamientos, la que puede llegar a ver. La atención consciente es el ojo que ve más allá de lo pensado. En ella siempre hay inmutabilidad. Lo bueno y lo malo, lo bonito y lo feo, el dolor y el placer, la enfermedad y la salud, la vida y la muerte, lo amado y lo rechazado, giran y giran a su alrededor. Se parece al ojo del huracán, siempre inafectado, quieto, silencioso, en paz.

De hecho, cada vez que vivimos plenamente, estamos en este estado de ser conscientes sin pensar. Cada vez que el tiempo parece haber desaparecido, cada vez que nos dejamos llevar por la belleza de una música, de un paisaje, simplemente contemplándolo, somos conscientes y no pensamos. Cada vez que ponemos toda nuestra atención en cualquier tarea, somos conscientes y no estamos pensando.

Eso es lo que le sucedió a la bella persona del corazón enamorado de la Verdad, mientras estuvo plenamente atenta en la cena. Consciente de lo que vivía, de su felicidad, sin pensarla. Y cuando le entró el pensamiento “la felicidad sólo dura un instante”, se fue tras el pensamiento.

Eso lo estábamos viendo todos en la reunión cuando nos lo estaba explicando. Pro entonces entró la mirada secreta y nos hizo ver más todavía, ya que no fue este pensamiento el que le robó su felicidad sino el hecho de habérselo creído, de haber creído que es cierto que “la felicidad sólo dura un instante”.

Ella primero vivió con atención plena …. vivía plenamente la cena y se daba cuenta de su felicidad…. Luego pensó “la felicidad sólo dura un instante”…. y finalmente se creyó ese pensamiento… y dejó de ser feliz. Es un excelente ejemplo de lo que es vivir desde el pensamiento

Para darse cuenta, para vivir desde la atención plena, para ver, hay que salir de la mente, de lo pensado. No hay otro camino.

Cuando la mente dice “esto es muy dificil; yo no puedo conseguir percibir de otra manera, no puedo conseguir verlo. Aunque entiendo lo que dices,no lo consigo ver. Es muy difícil, muy difícil“; o decimos “yo no puedo estar dándome cuenta de todo, eso requeriría un esfuerzo enorme que yo no puedo hacer“; o “toda la vida lo he visto de esta manera y ahora cambiarlo es como muy complicado” es porque creemos que es la mente la que ha de darse cuenta, de que “darse cuenta” es un nueva forma de pensamiento.

Pues bien, lo que nos pasa es que tratamos de ver la inmensidad del horizonte mirando desde dentro de una caja cerrada. Es así de difícil. Vamos, que no es que sea difícil, es que es más bien imposible. La mente no puede darse cuenta, no puede ser testigo nunca. Para ver la inmensidad del horizonte hay que salir de esta caja cerrada.

El ego -la mente psicológica-, precisamente, es esa caja cerrada. En el ego no puede entrar nada ni salir nada. El ego está compuesto de toda una serie de combinaciones de unos datos concretos y no genera jamás nada nuevo. Por eso, cuando tratamos de ver desde el ego, no podemos ver más allá. El ego no tiene la mirada. Solamente es una fábrica de permutaciones, en donde la materia prima es la que es: datos de condicionamientos. Cuando nos parece que hacemos algo totalmente innovador, en realidad lo único que hemos hecho ha sido permutar, combinar. De la misma manera que hemos de salir de la mente, hemos de salir del ego. El ojo no está en el ego. No está en la mente.

La Mirada Secreta me susurra al oído:

Mantente atento, mantente despierto, con la mente en silencio. Haz oídos sordos a la cháchara mental, igual que haces oídos sordos a las conversaciones de otros que no te interesan. Y mira, mira con la mirada del niño, mira con una mirada nueva, libre de juicios, que no busca la utilidad sino la visión clara. Acostúmbrate a vivir desde lo que ves, con esa mirada, y no desde lo que piensas.

Sólo puedo buscar ver con más y más luz. Todo lo demás es consecuencia natural de ver: la acción libre, el desapego, vivir sin deseos, el Amor, la Belleza…

Utiliza la mente como instrumento, pero no la obedezcas

La Mirada secreta surge del silencio de la mente, de la atención consciente y silenciosa. La Mirada secreta es la mirada pura, inocente…

Mirar, estar atento, vigilante. Solo eso.

Sin pensar, juzgar, interpretar, calcular, conceptualizar…

¡Feliz Ahora!

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LA FUENTE DE LA FELICIDAD II

“Buscar la felicidad no es vivir felizmente”

Thomas Merton

“Escritos Esenciales.”

Pregunta a tu pareja o a tus amigos qué es lo que más desean en la vida. Algunos te contestarán: “ser feliz”. Otros contestaran que quieren poder. Otros, dinero. Otros, muchos, amor. Otros, menos, comprender el sentido de la vida.

Si te contestan cualquier cosa que no sea ser feliz, pregúntales por qué desean lo que han contestado y verás que acabaran diciendo que lo desean porque creen que eso les hará felices.

No importa lo que busquemos, porque bajo el aparente deseo, está el anhelo de felicidad, de plenitud. Creemos que consiguiendo poder, seremos felices. O dinero. O amor. O alguna nueva creencia que por un tiempo calme el clamoroso grito de vacío que resuena en el centro de nuestro pecho. Es igual, porque en la historia de la humanidad,

Lo que todos y cada uno de los seres de esta tierra deseamos es ser felices

Es nuestro deseo universal, compartido por todos. Quizás es lo que más nos une e iguala. Quizás es la característica más humana de todas. Hasta podríamos decir que

El anhelo de felicidad, es el principal motor de nuestras vidas

Se nos educa e incluso se nos presiona para que sepamos qué es lo que queremos: hemos de tener un objetivo en la vida que nos conduzca a esa felicidad que está esperándonos en el futuro. Y si somos de esos seres humanos que no saben bien bien lo que quieren, vamos a empezar a ansiarnos (como dice una hermosísima alma en la consulta), porque creemos que tenemos que tener clara nuestra meta y después, conseguirla. Nos dicen que éste es el camino hacia la felicidad. Y nosotros nos lo creemos, sin investigarlo. Y entregamos nuestra vida a esa creencia.

Pero, ¿qué hay de verdad en todo esto? ¿Es cierto que tenemos que saber cómo conseguir nuestra felicidad? ¿Es cierto que si conseguimos lo que nos propusimos, entonces seremos felices?

Me paro un momento y miro. Miro con la mirada nueva, una mirada limpia de cualquier creencia que me permita atisbar algo de verdad.

Y veo que, sin saber cómo conseguir la felicidad, algunos seres humanos han vivido en ella, como si de una gracia se tratase.

También veo que otros muchos -la mayoría- han luchado toda la vida para conseguirla y nunca la han vivido.

Puedo ver que cuando conseguimos algo de lo que deseábamos, temporalmente parece que somos felices.

Y ahora, ahora que la mirada secreta está susurrándome al oído, veo por primera vez que quizá la fugaz felicidad que sentimos cuando se cumple nuestro deseo, no es por tener el objeto de nuestro deseo, sino porque durante un ratito de vida ¡no deseamos nada más!

Rememoremos juntos, en este momento, cuándo nos sentimos felices. Vamos a investigar juntos y a ver si hay alguna característica que nos dé pistas nuevas…

A ver….

Veo, por ejemplo, que la felicidad es una ¨sensación¨, está en el reino de lo experiencial, de lo vivencial. No pertenece al mar mental. Quizá alguien puede decir que cuando piensa en tal o cual cosa, se siente feliz. Aún y así, la felicidad que parece venir de esos pensamientos es también vivencial. Siempre es vivencial ¿Lo ves tu también?

Y como es vivencial, solo se puede vivir en el ahora. No podemos vivir ni en el pasado ni en el futuro. Por lo tanto, solo podemos ser felices ahora  ¿si?

Y cuando estoy plenamente en el ahora, plenamente, no pienso (el pensamiento siempre está en el pasado y en el futuro, obsérvalo y lo verás) Así que en el estado de felicidad no hay pensamiento

Y cuando no hay pensamiento, no hay referencias a este “yo” que creo ser. Porque este “yo” es un “yo” pensado. Por lo tanto, en estado de felicidad no hay “yo”.

También veo que a veces he querido repetir algo que he hecho y que en su momento me aportó felicidad, y sin embargo, cuando lo repito, ya no siento lo mismo. Por eso puedo decir que:

La felicidad no depende de lo que nosotros hacemos

Si estas feliz, la felicidad se convierte en una cosa que hay que conseguir y que se puede perder; ahora lo estarás y después, no. Si fuera una cosa que hemos de conseguir, entonces seria correcto buscarla.

Pero ya hemos visto que la felicidad no es una cosa, por lo tanto no se puede buscar.

Observa lo descubierto hasta ahora:

Tú eres felicidad. De hecho, no puedes ser de otra manera. Porque la felicidad es el aroma de la esencia de quienes realmente somos, pertenece a nuestra naturaleza.

La felicidad es nuestra naturaleza.  Y surge limpia y diáfana cuando se disuelven en la nada los diferentes velos que la cubren: los deseos, los juicios, el pasado y el futuro… Cuando no hay perturbación alguna, reina la felicidad. Siempre está aquí, por eso no la podemos buscar. Sólo la podemos encontrar.

Aquí y ahora. Sé quien en verdad eres. No necesitas nada más.

Nunca mejor dicho (quizás ahora veas la pista :)

¡Feliz Ahora!

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