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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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El miedo

img_8840“Dime ¿cuándo vas a ser feliz si hoy tienes miedo de mañana?”

La mirada secreta

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Lloraba. Pero no sabía por qué lloraba. Creía que lloraba por el dolor que había causado en aquella a quien amaba, al dejarla. Pero pasaron los días y seguía llorando. Hasta que un día se dio cuenta de que lloraba por él. Lloraba porque ya no sabía donde estaba la verdad, porque tenía miedo. Miedo a que ella fuera la mujer de su vida, miedo a perderla, miedo a volverle a causar daño, miedo a equivocarse, miedo a que le rechazara después de tanto dolor. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

A los días, otra persona llegó a mi presencia. Lloraba. Sabía por qué lloraba pero no me lo decía. Me lo dijo unos días más tarde, por whatsapp. Le daba vergüenza. Tenía miedo de que mi imagen de él cambiara. Me dijo que lloraba porque su mujer ya no sabía si le quería. Y le daba miedo. Miedo a quedarse solo. Miedo a perder a sus hijos. Miedo a dejar el trabajo que tanto le apartaba de ella. Miedo a no poder recuperarse. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

Aún otra persona vino a verme. Lloraba. Directamente lloraba porque tenía miedo. Miedo a que a su hijo le pasara algo. Miedo a la enfermedad de su hijo. Miedo a quedarse sola. Miedo a no poder superarlo. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

Entonces entré en silencio -¡Qué bella expresión “entrar en silencio”!. Realmente es así. No “hacemos” silencio sino que entramos en Él…- Entré en el Silencio sin querer nada, sin expectativas. Sólo entré porque Él me llamó. Y en el Silencio, sí sí, allí, Aquí, es donde vive la mirada secreta. Ya me estaba esperando: la sonrisa sutil, dulce, traviesa; la transparencia más bella; la paz más amorosa… Allí estaba la mirada esperándome. Nunca se cansa de esperarme. Creo que se quiere casar conmigo…

Entré en el Silencio y la mirada empezó a susurrarme en el oído. Y ahora que ya me pone a escribir, todavía no sé lo que me ha de decir…. la escucho. La escucho tanto que solo hay ese escuchar…

Y se pone a hablar:

¿Por qué las personas tienen miedo? Mira bien… Vuelve a leer lo que has escrito hasta ahora y mira con mi ojo y dime qué ves…

  • Veo que todos los miedos tienen que ver con el futuro, con algo que no ha pasado y no se sabe si pasará.
  • Veo que todos los miedos tienen que ver con el miedo a sufrir en el futuro.
  • Veo que el hecho de tener miedo al futuro nos hace sufrir hoy.
  • Veo que todos los miedos vienen porque dudamos de nuestra capacidad para afrontar lo que venga.
  • Veo que todos los miedos vienen porque juzgamos algunas situaciones como buenas y otras como malas porque las evaluamos separándolas de la vida una.
  • Veo que todos los miedos son el resultado de la falta de confianza, en nosotros, en la vida.
  • Veo que todos los miedos viven en la mente, de lo que pensamos. No están en ningún otro sitio.
  • Veo que todos los miedos tienen que ver con cómo creemos que tiene que ser la vida.
  • Veo que todos los miedos son el resultado de una imaginada amenaza a nuestra felicidad.
  • Veo que si tengo miedo hoy, la felicidad ya no existe hoy.

Eso es lo que veo:

miedo = perder la felicidad mañana =  me hace sufrir hoy = pierdo la felicidad hoy

La mirada sonríe.

El miedo es un producto mental. Sólo existe en la mente.

Si no pienso, no tengo miedo.

La felicidad no está en el pensamiento. La felicidad está en la vida. Y la vida es hoy.

¿Querrá el ego perder el protagonismo de ser quién sufre, de quién tiene miedo y dejar paso a la felicidad de hoy? Porque hoy, tanto para el dulce chico de alma divina, como para el hombre de enorme corazón como para la madre de anhelo de Amor y como para quien esto escribe, para todos hoy ha salido el sol. Porque estamos vivos. Y la vida nos quiere enteros, para darnos en abundancia. Enteros.

En la entrega total a la vida, nunca hay miedo. Y sí, felicidad.

Así, ¡feliz ahora!

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La memoria

IMG_0591Todo lo que Es Verdad carece de memoria, porque la Verdad Es sin tiempo.

La mirada secreta

La madre está perdiendo progresivamente la memoria. Parece que vaya perdiéndose a si misma: no sabe que es lo que le gusta y lo que no; no sabe si conoce o no conoce un lugar, una persona, etc. Los que están a su alrededor también lo viven así, creen que están perdiéndola, que está “yéndose en vida”. Cada vez la reconocen menos, casi diría que al mismo ritmo que ella les va olvidando. Sienten una despersonalización, una pérdida del yo conocido. Y esta situación remueve el corazón, el cuerpo y la mente de todos los que la quieren. 

Mientras, la mirada secreta se pone a investigar, de brote en brote, espontáneamente y así, de instante en instante, va colocando sus flores de verdad en el centro de quien esto escribe, como una ofrenda de comprensión, de paz, de confianza sin fisuras… para todos.

Me doy cuenta de que si siento que la madre está perdiendo su identidad, es que había hecho su identidad de memoria. He confundido sus gustos con ella. He confundido su forma de comportarse con ella. He confundido su capacidad intelectual con ella. He confundido sus conocimientos con ella. He confundido sus habilidades con ella. He confundido sus recuerdos con ella. Sin embargo –¡Ay, Mirada, que gran regalo es tu presencia!-, la madre ya era quien es antes de tener unos gustos concretos; antes de comportarse de una forma habitual, antes de conocer unos conceptos, antes de aprender unas habilidades. En verdad cuando la memoria se desintegra, ¿se desintegra la identidad? ¿no será que creí que yo era aquello que la memoria hace posible?

En nuestra civilización, hemos aprendido a vivir desde la mente, desde los conocimientos más básicos -“this is a table”-, hasta los más complejos y científicos. La pérdida de memoria pone en jaque lo aprendido pero ¿pone en peligro lo que somos?

La mirada secreta me hace saber que nunca olvida nada, y no olvida nada simplemente porque no tiene memoria. En Su mundo, -me chiva-, todo acontece de instante en instante. Bueno. Ni siquiera eso. En Su mundo, todo acontece en un solo instante.

Todo es nuevo en este único instante…

En estos días anda el ser humano tratando de vivir en el ahora. Pero,

vivir en el Ahora, no es vivir en el presente.

El presente es una referencia temporal, un corte en el tiempo que se da entre un pasado y un futuro. Cuando vivo en el presente vivo en el tiempo y eso me invita a comparar una situación con otra y me invita a juzgar, por ello

en el presente, sufro.

Más vivir en el Ahora es vivir en la verdad de que todo está aconteciendo en este instante sin tiempo. En el Ahora no caben las comparaciones ni los juicios. Solo hay lo que hay. Por eso

en el Ahora no hay sufrimiento.

En el Ahora iluminado por la mirada secreta, además de estar libre de juicios, se vive en paz porque se ve que lo que hay es lo que tiene que haber, porque es lo único que existe, aunque yo no lo entienda…

Al perder la memoria sólo perdemos aquello que, para existir, necesitaría ser recordado. Pero todo aquello que de hecho existe en el momento actual, eso no necesita de la memoria.

Aquello que existe en este instante sin tiempo solo necesita de una cosa para Ser: el darse cuenta, la conciencia.

¿Será la madre Eso?

Con el Amor que es la naturaleza de este único Instante,

¡Feliz Ahora!

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El origen del sufrimiento

imageSolo en el país de los sueños se tienen pesadillas.

La mirada secreta

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Tenemos los acontecimientos de la vida catalogados ya antes de nacer. La historia de la humanidad ha ido creando culturas, cada una de ellas con un catálogo de juicios bajo el brazo. Depende del lugar en el que te vas ha criar, vivirás las situaciones como buenas o malas. Por ejemplo, si naces hembra o naces diferente (es decir, con una llamada malformación de algún tipo, visible -porque malformaciones tenemos todos, ¿o no?-) seguramente en varios lugares del mundo, serás causa de mucho sufrimiento. Y serás causa de mucho sufrimiento, simplemente porque nos hemos creído a pies juntillas el catálogo de juicios de esa cultura, ¡sin ponerlo en duda ni un sólo momento de nuestras vidas! Y después creemos que somos libres…

Hoy la mirada secreta quiere que descubramos el origen del sufrimiento y me empuja a poner en palabras lo que me lleva susurrando al oído desde que me rendí a ella…

Durante el transcurso de la vida van aconteciendo sucesos de todo tipo y cada uno ya tiene colgado el veredicto a priori: si me toca la lotería, eso es algo bueno; si me arruino, eso es algo malo. No importa que no sepamos que es lo que nos va a traer la loteria o la ruina en un futuro. Ya lo hemos sentenciado de antemano. Nos hemos creido que el dinero y la felicidad son uno. Y no lo hemos puesto nunca en duda, a pesar de tener pruebas de que la lotería ha destrozado familias enteras (y las herencias: a más dinero por medio, más riesgo de peleas) o que lo que un día parecia una ruina se convirtió en la gran palanca para una vida nueva y mejor. O todo lo contrario: la loteria ha sido una bendición y la pérdida del estado económico, un desastre. ¡Quien sabe!

En sí, ¿cómo puedo saber si lo que me haya tocado vivir va a ser algo bueno o malo? ¿en función de qué?. Y no solo eso. Sino que lo que parece bueno en un sentido, puede ser malo en otro. De hecho, es siempre así, porque la moneda nunca viene con una sola cara:

En el mundo en que vivimos cada suceso crea su contrario.

Por eso, es muy difícil por no decir imposible, que algo sea bueno en todos los sentidos, o malo en todos los sentidos. Que me toque la loteria a mí significa que no le ha tocado esa loteria a millones de otros seres humanos. Así que mientras yo bailo empapado de cava festejando mis millones, puede ser que haya otra persona llorando desconsoladamente porque por un solo número no ha ganado. Y así.

No importa. Si te atreves a mirar por primera vez, como mira la mirada secreta, veras que

en sí, todo lo que acontece es neutro.

Y sin embargo, sufro.

Es probable que me repliques que es normal que sufra en determinadas situaciones. Pero que sea normal sólo indica que tenemos todos la misma programación, no que sea lo natural. Sino, mira a los niños. Los niños no viven la muerte o la enfermedad como la viven los adultos. Quizás diremos que es porque no se enteran de la gravedad del hecho. Puede ser, pero todavía no sé donde está esa verdad, si en el hecho de que no se enteran o en el hecho de que la gravedad no es tal… No sé. Lo que sí sé es que:

Hasta que no aprendemos este catálogo de juicios, no vivimos las cosas de la misma manera.

Cuando aquí hablamos de sufrimiento no nos referimos al dolor que acontece en una situación concreta. Nos referimos al dolor que sentimos dentro mientras la vida fluye a nuestro alrededor. Nos referimos al dolor que nos trae el pensamiento, los recuerdos y las proyecciones a un futuro imaginado. Como muy bien explica un sabio de nuestro tiempo, si yo te pregunto qué problema tienes AHORA, en este momento exacto, tienes una 99.9% de posibilidades de decir que ninguno, sin embargo estás sufriendo. ¿Por qué?

¿Por qué sufro? Para que yo sufra, tiene que haber acontecido algo que yo haya enjuiciado como algo malo o indeseable, según lo estipulado en el famoso catálogo. Seguro. Sí. Este es el origen del sufrimiento:

para sufrir, he de juzgar

Es el juicio lo que me hace sufrir, no lo que acontece. Cuando practico el juicio, sufro, aunque yo no me de cuenta de que he juzgado.
Y la mirada secreta me pregunta, siempre empujándome a investigar: ¿qué pasaría si no juzgara ninguna situación?

Yo no sé nada. Eso es lo único que sé. No sé por qué pasa lo que pasa, ni para qué. Por no saber ni siquiera sé quien soy yo o que es esto de vivir. Así que aunque mi mente siga juzgando, siempre obediente a su programación, yo no puedo tomarme esos juicios muy seriamente porque no tienen sabiduría. Simplemente por eso.

Así, dejo mi juicio en manos de Dios.

Y yo me dedico a vivir plenamente en el único lugar en donde acontece la vida: aquí y ahora. Y gracias a la mirada secreta, aquí y ahora descubro que la felicidad no es un estado lleno de juicios positivos, sino que es un estado diferente y nuevo:

la felicidad está libre de juicios.

Por eso, desde esta vida llena de luz y de pájaros cantando,

¡Feliz Ahora!

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De la carencia a la plenitud

IMG_5885“Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo”

Juan de la Cruz

Estoy contemplando el nuevo día dejándome empapar a través de todos los sentidos de todo a la vez, sin centrar la atención en nada concreto. A la flores les viene a visitar la avispa e inseparablemente las hojas de los árboles se dejan llevar por la danza de la brisa a la vez que las nubes pasean por el cielo sempiterno. Es como una sinfonía que escucho sin separar una nota y otra. Si así lo hiciera, ¡no podría escuchar la sinfonía!

De las puntas de los dedos brotan palabras que no se sabe de donde vienen. Y así. No sobra nada. No falta nada. En estos tiempos la mirada secreta anda como por detrás, respetuosa, sin querer hacerse notar. La mente está a punto de implotar. El gran bang-big. Aún y así, es tan bello, tan bello este momento eterno, que dulcemente sube su presencia hasta el punto de ebullición y las manos se ponen a trabajar a su servicio de nuevo.

¡Han sido tantísimas las ocasiones en las que sentí que algo faltaba o algo sobraba en lo que fuera que estaba viviendo! De hecho, ha sido siempre así menos en contadísimas excepciones. En mi cabeza siempre había una voz que protestaba: ” Si, si. La comida está muy buena, pero es tan cara…” “Qué día más bonito, ojalá estuviera mi pareja aquí”. O directamente: “Esto es un asco. Por lo menos podría haber sido más amable” “Este sitio es horroroso, por lo menos podrían tenerlo más limpio” Ya ves. Toda la vida incompleta, por exceso o por defecto. Si tuviera que evaluar la vida le daría un insuficiente. Y esta sería la evaluación del sordo, del que pendiente de cada nota musical nunca oyó la sinfonía de la vida.

¿Por qué? ¿Cómo puedo ser feliz si siempre va a haber algo que falte o que sobre en este momento?. Los escasísimos momentos que recuerdo de  verdadera felicidad siempre han ido acompañados por una sensación de plenitud. Pero esta sensación de plenitud no viene de contar cada cosa y ver si falta o sobra algo en concreto. Si lo hubiera hecho así, si me hubiera fijado en cada cosa por separado, mi mente hubiera encontrado ese punto de insatisfacción. La mente es una verdadera especialista en fragmentar el momento en partes e inventar una parte que falta o que sobra, impidiendo la plenitud del momento. Para que aquello que vivo no esté completo, tengo que vivirlo a trocitos, solo así puedo sentir que falta algo pero, si acojo el momento como una unidad indivisible todo cambia porque

el momento siempre es pleno.

Para que falte algo, para que sobre algo, es necesario que esté mirando las partes. Pero la vida no se nos da a trocitos. Cada momento es lo que es, ni más ni menos. Si miro el todo de una vez, sin dividir el momento, todo es lo que hay. Plenamente.

Si miro el todo ¿qué puede haber fuera?

Lo demás es fragmentar la vida con la mente. Vivir trocitos de vida desconectados unos de otros. Que gran locura pensarlo así.

Para vivir la carencia he de mirar cada elemento. Sólo así podré rechazar unos y echar en falta otros.

Para vivir la plenitud he de mirar el todo.

¿Qué me susurras ahora mirada? ¡¡ES LO MISMO EN EL AMOR!!

Para vivir el amor personal, he de mirar a todos. Sólo así puedo rechazar a unos y echar en falta a otros

Para vivir el amor incondicional he de amar el todo.

Que gran dicha verlo así.

¡Ay mirada! Tu luz me inunda de amor.

¡Feliz, pleno AHORA!

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La escuela de la vida

IMG_5482 No es lo que yo hago con la vida. Es lo que la vida hace conmigo.

La mirada secreta

a

aEstoy disfrutando de una tarde de sábado apacible. No hago nada. No pienso nada. Reina un dulce  silencio acompañado de la sinfonía de los troncos quemando en la chimenea. Y…¡zas! De repente, aparece en escena una de las menos cuestionadas creencias de nuestra época: “He nacido para aprender”. ¡Ah, la mirada! ¡Siempre dispuesta a enseñar cuando la mente se para!

¿Cuántos de nosotros creemos que la vida es como una escuela? Yo creía que había nacido para crecer, para aprender. Y esa creencia ha provocado que haya pasado todos estos años con el ansia insconsciente de que “algo” tenía que conseguir. Y al no saber ni lo que tengo que aprender, ni que querrá decir “crecer”, ni cuando se supone que lo habré aprendido, el ánimo se ha mantenido en suspenso ansioso, con un extraño y subterráneo miedo a fracasar, a no estar haciendo suficiente o haciéndolo bien.

Pero la mirada secreta, que nada cree y todo observa, ha querido meterse también en esta creencia casi intocable y bastante común de que nacemos para aprender. Y rauda y silenciosa penetra en mi oído y me susurra:

la evolución no la realiza el pequeño yo.

Claro que crecemos. Claro que aprendemos. Pero todo se da espontáneamente. No es gracias a mi esfuerzo, a mi buen hacer, a mi voluntad, a mi sacrificio, a mi mi mi mi mi………. De hecho, creer que la vida es una escuela, a la que hemos venido a aprender o a crecer nos coloca sin darnos cuenta, de espaldas a la vida. Nos separa de la vida. ¿Qué?- digo yo- ¿me separa de la vida?

-Mira la naturaleza -sigue susurrándome la mirada. Todos los seres hacen su camino, evolucionan porque la vida es precisamente ese movimiento. Ni el árbol, ni el pez han de plantearse cómo crecer. Por el hecho de estar vivos ya crecen, ya aprenden, ya evolucionan. Y estar vivos significa estar plenamente en el ahora -que es donde la vida vive-, con todos sus sentidos abiertos a lo que acontece en cada momento. Sin querer nada. Viviendo plenamente lo que hay. Así es como viven, aprenden, crecen, evolucionan. Porque

vida es sinónimo de evolución.

No hay en toda la naturaleza un objetivo de evolución individual separada del resto del universo. No hay ningún individuo que nazca para su propio beneficio. Si se da que el mono-cien* descubre algo nuevo, eso no es para mayor gloria del mono-cien sino para toda su especie, todo el planeta, todo el universo.

¿Por qué tendría que ser diferente en el ser humano? Quizá yo no he nacido para conseguir nada individualmente. Quizá no he nacido para mi propio beneficio. Quizá no tengo que hacer nada más que aquello que la vida me pone delante. Y vivirlo plenamente, con las capacidades que la evolución de mi especie, planeta y universo me han dado. Quizá de esta manera, dejándo que la naturaleza de mi humanidad haga espontáneamente, cumplo con el propósito para el que fuí creado. Quizá mi evolución pertenece a la vida, y no es “mi” evolución, sino la evolución de la especie humana, del planeta, del universo.

¡Qué alegría siento! ¡Que liberación!. Dejar que la vida haga en mi. Saberme parte de la evolución de mi especie y del universo entero. Dejar de ser este pequeño, raquítico y egocentrado “yo”, para ser la raza humana en su totalidad, la vida en su totalidad. ¿Cómo? Viviendo sin objetivo egoico alguno. Viviendo plenamente. Y vivir plenamente es, para cada uno de nosotros, diferente. Esa es la riqueza de la vida. Así es cómo se da la imparable evolución.

Así que la vida es una escuela. Pero yo no soy el alumno. El alumno, el profesor, los estudios y exámenes son la propia vida. Cada uno de los elementos es inseparable de los otros.

La vida es una escuela para sí misma.

Yo no me puedo separar de la vida.

Yo soy la vida.

¡Feliz Ahora!

*Es el caso de un mono que en un momento dado aprende a lavar una patata después de que todos rechazaran este alimento por estar sucio de tierra. Al poco tiempo los demás monos habían aprendido a lavar la patata para así podérsela comer. Que el mono aprendiera a lavar la patata no fué para su propia evolución sino para la evolución de él y todos, sin separación, en su totalidad.

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¿Dónde está el problema?

El hombre se piensa separado. Éste es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción.

Cl. Lévi-Strauss, Le Monde, 21 de Enero de 1979

Vienen las enormes mariposas a posarse en la higuera. Y en cuanto se quedan quietas, casi no las veo. Se mimetizan a la perfección con la vieja higuera. Descansan en ella. Se protegen en ella.

La higuera está toda despeinada. El tronco anchísimo está hueco. La savia de la tierra alimenta a la higuera por su piel porque no hay nada dentro. Le quedan cuatro ramas retorcidas y cada año que pasa muere una más. Algunos años, como éste, sus higos son inmensamente sabrosos. Otros no da fruto.

Las mariposas no parecen ver que la higuera se muere. Tampoco les importa nada. De hecho, no lo piensan.

Si lo pensaran, entonces tendrían un problema, un serio problema, y también un sentimiento de pérdida y a la vez de añoranza. Porque ya sus tatarabuelas se posaban en la higuera. Y dentro de poco, la higuera no estará.

Si pensaran, las mariposas se posarían en las ramas, con una lagrimita en los ojos: “mis retoños quizá ya no puedan mimetizarse con ella, protegerse en ella, porque quizá ya no estará”, podrían pensar. O incluso se podrían enfadar: “¿por qué una higuera que siempre ha estado aquí desde tiempos inmemorables (el tiempo discurre diferente en las mariposas que en los hombres) ha de morir? ¡Es injusto!” -podrían exclamar si pensaran.

Pero las mariposas no piensan. Y como no piensan, no tienen problemas.

Si. Si. Lo que hemos oído.

Los problemas no existen más que en el pensamiento.

Dicen que un problema suele ser un asunto del que se espera una solución (fuente: wikipedia; RAE). Si miramos la definición vemos dos puntos raros. El primero es “se espera”. Así que para que algo sea un problema tengo que pensarlo de cara al futuro. Por lo tanto

ningún asunto es un problema AHORA.

El segundo punto raro de la definición de problema es “solución”. Osea que ¡¿si no se espera solución, no puede haber problema!? Dice el diccionario que “solución” es la acción y efecto de disolver; la acción y efecto de resolver. Ambas posibilidades se dan en el futuro, y se dan tanto si queremos como si no.

Los problemas creados por la mente, no se resuelven mientras la mente los sigue pensando. En cuanto los deja de pensar, los problemas se resuelven “solos”.

Los problemas son inventos de la mente. En la realidad no existen.

La mente convierte un asunto en un problema cuando no le gusta aquello, cuando desea otra cosa, cuando con eso no consigue lo que quiere.

Es la mente la que crea los problemas. No es el vecino cuando aparca con un cochazo e impide que el tuyo quepa en la plaza de al lado… No es el amigo que se desdice de lo comprometido. No es no tener huevos en la nevera cuando se quiere hacer una tortilla…

La mirada secreta vuelve a ser contundente y me muestra desnuda la verdad:

El único problema que tenemos es que pensamos.

-Pero hay problemas graves, verdaderos, en nuestra humanidad, en nuestro planeta-, le contesto algo airad@.

Y ella, dulce, paciente, asiente.

-Es cierto, son muchos los problemas graves que sufre vuestra humanidad, vuestro planeta-, me dice. -Pero todos esos “problemas” tienen una única raiz: el pensamiento-.

Y me susurra al corazón:

-Si en verdad en verdad dejarais de pensar, los problemas no existirían. Es vuestro pensamiento dual, separado, que piensa en términos de intereses propios, que se cree separado de la vida misma, del planeta, de los seres vivos, de los otros hombres. Y no sólo separado sino más importante que la vida misma, que el planeta, que los seres vivos, que los otros hombres…es vuestro pensamiento ciego de sabiduría el que crea los problemas.

Y ¿cuál es el camino?

El camino es descubrir la verdad en el silencio del pensamiento. ¿Por qué? Porque el pensamiento sólo crea problemas. Está programado así.

Y yo, el pensamiento silenciado, me lleno de esta verdad.

¡Felices mariposas que viven en el Ahora!

¡Feliz Ahora!

entrada inspirada por la sabiduría que destila el libro “El sol sale sobre Asís” de Éloi Leclerc. Ed. Sal Terrae. Grácias.

 

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En estado de buena esperanza

En verdad, en verdad, el sol nunca conocerá la noche.

La mirada secreta

La esperanza es un ingrediente de la vida. Siempre está. Todo está ocurriendo a un nivel de sabiduría que a nosotros se nos escapa. La esperanza forma parte de la vida porque todas las leyes del universo están siempre buscando el máximo bien para todo. Así que cuando yo descubro esto, el hecho de vivir es pura esperanza. Es la propia vida que es esperanza, igual que la vida es movimiento, la vida es esperanza en sí.

Sin embargo, para el ser humano, la esperanza es un sentimiento que coloca nuestra felicidad, nuestro bienestar, en el futuro. La proyección de la esperanza en un hecho futuro es algo que realiza nuestra mente. Ningún otro ser vivo proyecta la esperanza en el futuro, sino que viven -diríamos- en estado de buena esperanza todos los segundos que dura su vida. La jugarreta de la mente nos confunde y nos la convierte en algo inalcanzable, a menos que crea firmemente que aquello va a ocurrir. Así que somos dependientes del condicionamiento mental para poder sentirla.

La esperanza siempre la colocamos en el futuro. Los diccionarios la definen como la confianza de lograr algo o de que se realice algo que se desea. Sin embargo, nunca sentiremos la esperanza en el futuro. La esperanza, como todo lo que se siente, se siente siempre en el presente. Es un sentimiento que se vive ahora, independientemente de lo que pase mañana. Además, como todo sentimiento que vivo, es algo que lo siento yo, y que por lo tanto, brota de mí. La mirada me enseña que cuando la mente crea una razón, me da permiso para sentirla.

Pero la esperanza no me la da la mente, sino que su fuente está en el centro de mi ser. De ahí brota. ¡Que gran descubrimiento!

Hasta ahora, había creído que la esperanza era un sentimiento que venía de algo externo a mí que quizá me sucediera en el futuro y que la creencia de que ese deseo se pudiera hacer realidad era lo que provocaba en mi un sentimiento de esperanza. Pero la realidad es que ¡brota de mi! Que la mente me de permiso o no, me es indiferente. Porque no es ella la que manda

Y al enseñármelo la mirada, empieza a regalarme en cascada un arco iris de descubrimientos:

Ahora puedo vivir en esperanza, sin esperar nada.

Ahora puedo vivir la belleza sin ver nada bello en el exterior. Porque la belleza brota de mi.

Ahora puedo amar sin concretizar en nada ni en nadie.

Cierro los ojos, llamo a la esperanza, al amor, a la paz, a la alegría, a la belleza y brota de dentro, no sé de dónde, inundándome…

Todos los que alguna vez hayáis tenido alguno de estos sentimientos, mirad de dónde brotan, mirad sin pensar en nada, sólo mirad…

¡Que la mirada secreta pueda tener espacio en nuestra mente para mostrárnoslo!

¡¡Cuántos regalos nos esperan cuando dejamos de vivir desde lo que pensamos!!

¿Será que los pensamientos son a la comprensión, lo que un obstáculo es a la luz del sol? Si quito el obstáculo, nunca hay oscuridad, siempre voy a ver, independientemente de cómo yo sea…

Un estado de buena esperanza. Eso es el Ahora libre de obstáculos.

Gracias, gracias, gracias.

¡Feliz Ahora pleno de Esperanza!

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La rama y el Árbol

 

Había una vez una ramita muy ocupada en ser una buena rama. Para ello, se atareaba afanosamente en que sus hojas tuvieran una espesura lustrosa, de una calidad excelente. A menudo las otras ramas alababan la espesura de su follaje, y ella se sentía muy ufana y orgullosa de sí misma -¡bien sabía cuántísimo esfuerzo le había costado dar tan buena sombra!-. También se ocupaba lo mejor que podía de sus flores. Quería que sus flores fueran radiantes, incluso -aunque eso no lo confesaba porque no estaría bien visto- hacía malabarismos para que sus flores no sólo fueran radiantes, sino que fueran las más radiantes. Tampoco es que quisiera ningún mal para las otras ramas. Habían ramas que, pobres, a duras penas tenían alguna flor raquítica. Pero había otras, especialmente una que vivía a su derecha, que eran unas engreídas y se mostraban bien erguidas, restregándo a todas las demás la belleza y la riqueza de sus flores. Ella, que quería tener flores radiantes -y ¿quién no?-, cuando lo conseguía tampoco se pavoneava de ello, aunque era evidente que en belleza casi ninguna otra rama la superaba y ¡sin hacer alarde!. ¿Se podía ser más maravillosa? Bueno, bueno. También es cierto que no todos sus frutos llegaban a buen puerto: algunos, por mucho que ella se esforzara, caían de su abrazo antes de tiempo y otros se pudrían antes de madurar. Le daba mucha rabia que las otras ramas la culparan de ello: ella se esforzaba y se esforzaba y ¿acaso no habían muchos de sus frutos que relucían en toda su madurez?. Pensaba: “las demás ramas siempre fijándose en los defectos de una… uff… como si ellas no tuvieran”.

Otras veces, la ramita se asustaba -y mucho-, cuando veía como una bocanada de viento rompía en dos la ramita de al lado, o cuando veía como el pájaro carpintero -asesino sin piedad-, se deshacía de otra compañera y ésta se precipitaba al vacío. Entonces, lloraba mucho y se enfadaba: “¿por qué tienen que pasar estas cosas tan horribles?” -se preguntaba. “Pobres ramas. ¿Qué mal han hecho ellas para tener este fín tan atroz?”

Y es que la ramita observaba y veía muchas cosas, tanto de ella, como de sus compañeras, como de la vida en general. Pero

nunca, nunca se había planteado su propia mirada. Siempre había mirado lo que tenía enfrente y lo que tenía a los lados. Pero nunca había mirado lo que tenía detrás ni lo que había dentro suyo…

Porque si hubiera mirado lo que tenía detras, hubiera descubierto el Árbol.

Y si hubiera mirado dentro, hubiera descubierto la Savia…

Hasta la ramita más pequeña es el Árbol. Cuando la rama deja de vivirse como algo separado, se conoce como lo que verdaderamente es. Sigue siendo ramita, pero le abandona la idea de separatividad. Ve todas las ramas y sabe que todas son Árbol.

Se conoce Árbol. Se vive Árbol. Se entrega a esa verdad y se olvida de ella: aún siendo ramita, ya no es una ramita, sino Árbol en forma de ramita.

Y deja que sea el Árbol el que se encargue de todo -(siempre fué el Árbol el que se encargó de todo, pero ella no lo sabía y se esforzaba por crecer, por florecer, por dar buenos frutos)-.

Ya no se piensa ramita. Y como el Árbol se encarga de todo, de hecho ya no piensa. Ni siquiera ve diferencias entre ella y las otras ramas. ¿Cómo va a haber diferencias entre ella y las otras ramas si ella Es el Árbol? ¿Cómo va a haber diferencias entre ella y las otras ramas si las otras ramas Son el Árbol? El Árbol se expresa en millares de diferencias. Eso sí. Todas, expresiones del Árbol.

De su ramita, han caído las preposiciones relacionales.

Ahora la ramita sólo atestigua con sorpresa infinita cómo crecen las hojas (que ya no son “sus” hojas), cómo brotan las flores (que ya no son “sus” flores), como resplandecen los frutos (que ya no son “sus” frutos).

De su ramita han caído los adjetivos posesivos.

Eso es lo único que hace. Atestiguar el milagro de la Vida en ella. Tal cual es. Sin atributos.

Y la Vida que es ella y pasa a través de ella, la Savia, es fuente de vida a su vez… eternos fractales de lo eterno.

Cuando la ramita mira detrás, vé que ella y todas las ramas son un sólo Árbol.

Unidad de lo manifestado.

Cuando la ramita mira adentro, profundamente adentro, vé que es savia. La misma savia del árbol y de las ramas y de las raices y de las hojas y de las flores y de los frutos. Una sola savia.

Uno, en lo inmanifestado.

Eso es lo que ve la mirada secreta. Siempre vuelta hacía adentro para ver la corriente, y hacia atrás para ver la Fuente.

Y así es como lo vive la ramita desde el silencio del yo inventado.

¡Feliz Ahora!

fotos cedidas por ikibcn. gracias!

 

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Sin miedo a “nada”

“El progreso no consiste tanto en elevarse, sino en decantar todo cuanto entorpece”

Sri Aurobindo

Bajo las sombras moteadas de la luz omnipresente, la contemplación vacía se abre a la vida.

Hay paz en el silencio que todo lo abraza. Los trinos de los pájaros, el sonido del viento en las hojas, el ladrido de algún perro, el ruido lejano de las actividades de los hombres, se conjugan en una única sinfonía armoniosa. Se mueven las moscas, los aviones, las ramas. Se mueven en el espacio quieto e infinito…

El agua que mejor sabe es la que ningún sabor tiene. ¡Como sacia mi sed ese agua limpia y fresca!

El aroma que mejor huele es el que a nada huele. ¡Como respiro ese aroma limpio y fresco!

Sin embargo, ¡nos dá tanto miedo la nada!

Llenamos el tiempo de actividades. Llenamos el espacio de nuestro corazón de relaciones. Llenamos el espacio físico de cosas. Llenamos el espacio mental de conocimientos, de pensamientos de pasado, de sueños de futuro. Llenar y llenar. ¿Y después? Después nos sentimos agobiados, a veces tanto, que sólo deseamos irnos lejos, dejarlo todo, romper con todo… Vaciar los armarios, el corazón, la mente…

Contra más llenamos, más imperiosa es la necesidad de huir.

¿Por qué llenamos, como si la vida se tratara de eso?

Este es un llenar artificial, que nada tiene que ver con la espontaneidad de la vida.

En la vida aparece y desaparece el trino del pájaro espontáneamente, inesperadamente al oído que escucha. Y así ocurre con cualquier suceso, cualquier movimiento de la naturaleza. Pasa la mosca, hace lo que tiene que hacer, -ni más ni menos, y luego se va.

Nosotros, seres dormidos, cazamos todos los aconteceres y luego los encerramos en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazón. Atesoramos los momentos, -tanto los que consideramos buenos, como los malos-, las relaciones, atesoramos sueños polvorientos, recuerdos, cosas. Hacemos fotos para retener la vida y videos que nos traen la voz y la sonrisa de lo que ya no están. Nos llenamos artificialmente y re-sentimos, re-pensamos, re-conocemos, re-vivimos una y otra y otra vez. Todo fuera de la vida que sigue su verter, ajena a nuestra existencia virtual. A Ella le es igual. Se sigue expresando nueva, limpia y fresca a cada instante.

Sólo hay que despertar un momentito para darnos cuenta de que la naturalez entera vive en el Ahora, en el instante eterno. Ni una sóla criatura, a excepción de nosotros, está dormida a la vida. Ninguna criatura, excepto nosotros, está muerta en vida.

Nos vamos llenando tanto de artificios virtuales que ya no podemos vivir. No tenemos sitio. Las telas de araña, el polvo, el olor a cerrado, el aire viciado, son cuidados con esmero por nosotros mismos. Porque pensamos que si abrimos puertas y ventanas, y dejamos que todo lo que hay dentro se evapore, nos quedaremos sin nada, ¡seremos nadie!, ¡estaremos muertos! Y sin embargo es así de llenitos como estamos muertos. Cuánta perplejidad trae la verdad…

Y ¿sabes por qué te llenas? Porque eres un recipiente. Eres un recipiente originalmente vacío. Esta es tu naturaleza. Un recipiente vacio, sin techo, sin fondo, sin paredes…

Eres un recipiente. Abre tus puertas y ventanas. Abre tus sentidos, tu mente y tu corazón a lo inesperado, a la espontaneidad, a lo desconocido. Atrévete a ser feliz.

Mira sin pensar. Siente sin juzgar. Y no retengas nada. La Inteligencia de la vida es la que hará. Y si no lo crees, mira como todo lo mueve, con qué ingeniería inimaginable a nuestras pequeñas mentes, crea ininterrumpidamente, en un son de armonía y equilibrio, dando a cada uno justo lo que necesita para que la ley de la evolución se cumpla.

Deja que la vida, la Inteligencia de la vida se exprese a través de tí. Es tu única tarea.

En este vacío amoroso que eres, todo cabe. Siendo nada, lo eres todo.

Despierta y vive.

¡Feliz Ahora!

De la mirada secreta a quien quiera escuchar

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