Archivo de la etiqueta: aceptación

La culpa

Sólo creyéndote juez, culparás…

La mirada secreta

 

 

 

Hay un cuento que resuena últimamente en la mente, que más o menos dice así:

“Había una vez un pescador que estaba tranquilamente pescando desde su barquita en mitad del lago. Inesperadamente, otra barquita se abalanzó por su popa dándole un fuerte golpe. Y el barquero, antes de girarse ya empezó a gritar y a insultar: “Pero ¿que no sabes navegar, pescador de pacotilla? Mira como por tu culpa se me ha escapado el pez. ¡Seguro que has roto mi barca!” Es esas estaba, rojo como un pimiento de tanta ira que sentía, cuando se dio cuenta de que la otra barca no llevaba timonel, sino que iba a la deriva hasta que había chocado con la suya. Inmediatamente, el pescador se calló. Ya no había ningún otro a quién echarle las culpas…”

Cuando te culpo, me libero a mi mismo de cualquier responsabilidad, no me observo, no reflexiono sobre cuál es el papel que he podido tener para que las cosas llegaran hasta donde han llegado. Contra más frustración, más dolor siento, más grande es la culpa que te coloco encima y más huyo de mi propia responsabilidad. Cuando te culpo, puedo creer que me libero. Pero ¿cual es la verdad? ¿Hay algún caso en que la culpa libere a nadie?

La verdad es que mientras te culpo, re-siento una y otra vez mi propio dolor y frustración. Y cómo “tu” tienes la culpa, no sólo re-siento sino que no puedo hacer nada para liberarme, porque la sartén la tienes tú por el mango, ya que eres tu el hacedor de la situación y yo una mera víctima. Y como víctima no puedo hacer nada más que re-sentir, llorar y sentirme mucho más bueno que tú, porque “yo nunca hubiera hecho nada semejante” “yo nunca hubiera golpeado tu barca porque soy más cuidadoso, porque me importan los demás, porque estoy atento, porque….” Tanta culpa te echo encima, tan más mejor soy yo.

Así que aquí tenemos los beneficios de la culpa: me hacen sentir mejor persona que el otro y me colocan en un papel de víctima por lo que tengo derecho a la queja constante y a ser consolado. Pero por otro lado, no me libera jamás ni me permite evolucionar. Me estanca en ese acontecer y me ciega respecto a mi mismo.

Cuando soy yo quien asume la culpa, tampoco me va mucho mejor. Si tengo la culpa, seguramente esperaré ser castigado o perdonado. En ambos casos pierdo la libertad, libertad que me ha de conceder aquel que me culpa y a quien yo creo haber herido. Si soy yo quien siento culpa, me coloco en una posición de inferioridad con respecto al otro, me someto. Cargo contra mi mismo y empeoro el dolor y la frustración. Y está claro que mientras me culpo, poca cosa más hago. Me estanco en el suceso pasado: “si hubiera estado más atento, esa barca no me habría golpeado” “Eso me pasa por estar tan distraído”…

Bueno. El pan de cada día, ¿verdad?

Pero ¿cual es la realidad? ¿Acaso podemos aislar tanto los hechos como para conocer la causa de lo que acontece, el “único” culpable?

Todo lo que acontece está interligado y sucede como sucede por millones de causas que escapan a nuestro entendimiento.

La mirada secreta me sacude y me señala con firmeza la barca que iba a la deriva. Ahí está la respuesta. La barca va a la deriva desde nuestro punto de vista porque no vemos en ella capitán. Pero ¿va realmente a la deriva? ¿acaso no la han traído las corrientes originadas por la luna? ¿hubiera chocado con la barca del pescador si la barca del pescador no hubiera estado allí? ¿qué habría pasado si el pescador hubiera estado pescando en la otra borda? ¿acaso no la habría visto venir?

¿Existe realmente la culpa? ¿No es simplificar mucho las cosas?

¿Existiría la necesidad de culpar si fuéramos capaces de vivir plenamente aquello que la vida nos trae, sin juzgarlo?

Y si no existe la culpa, entonces ¿dónde queda el perdón? ¿y la redención? ¿y el castigo?

La culpa es una de las piedras angulares de nuestra vida. Es urgente que investiguemos…

La pregunta que quizás nos abra a una nueva visión no es quién tiene la culpa, sino quién va realmente a la deriva…

Y ahí es donde la mirada secreta me susurra que hay algo que sí que va a la deriva y ¡es precisamente a aquello a lo que le doy la categoria de capitán

¡Feliz Ahora!

 

Anuncios
Etiquetado , , , ,

La dimensión vertical

 

“Mediante el conocimiento acojo a Dios dentro de mí; mediante el amor me adentro en Dios”

Maestro Eckhart

 

 

En muchas ocasiones la vida nos trae vivencias que no queremos, que rechazamos y que seria una “locura” que fuera de otro modo: una enfermedad grave, una agresión, la pérdida de un ser querido, la pérdida de autonomía física, económica, …

Y eso nos hace sufrir.

Viendo lo que es el sufrimiento, nos damos cuenta de que sufrir es un estado emocional que aparece cuando rechazamos aquello que nos está ocurriendo. Es como no querer que pase aquello que ya está pasando, oponernos a la realidad de lo sucedido. “No debería haber pasado” “no lo merezco” son frases que señalan un gran sufrimiento y resistencia.

La mente pensante, siempre lineal, no comprende que sin causa se produzca semejante acontecer. Y entonces busca una causa, una causa que le facilite comprender el POR QUÉ ha tenido que suceder eso. Y a veces, convenciéndonos de haber encontrado una causa, podemos sentir algún alivio. Pero tantas otras veces, seguimos sufriendo, incluso más, porque no aceptamos ni el “efecto” ni la “causa” aparente.

Si el sufrimiento es la resistencia a lo que es -y que no queremos- y se supone que el final del sufrimiento es la aceptación, ¿como podemos aceptar lo que nos pasa si no lo queremos? Parece que nos hallamos ante una paradoja de difícil solución…

Cuando sentimos que, verdaderamente, el fín de nuestro sufrimiento es la aceptación, solemos decir “es inaceptable, pero por no sufrir más, lo acepto”… Hacemos como si aceptáramos, pero lo máximo que conseguimos es resignarnos.

La resignación es un camino tramposo, que para en seco nuestra capacidad para ser felices.

La resignación no es un estado de paz y dulzura, sino que va acompañada de un regusto amargo, victimista y triste, de una sensacion de impotencia y de pasividad. La resignación se da en un dejar de oponerse a lo que hay, tipo “no me queda mas remedio que tirar la toalla” Y eso ¿no es acaso seguir sufriendo?

La aceptación, tan fácil de aconsejar y tan poco hallada por no comprendida, no se puede dar mientras uno crea que las cosas suceden bajo la ley causa-efecto, y que lo justo es lo que se ciñe a mis creencias de lo que es bueno o malo.

Bajo este prisma lleno de condicionamientos mentales, la aceptación de aquello que no queremos para nosotros o para quienes amamos es casi imposible.

Entonces surge la eterna pregunta: ¿qué hacemos?

Bueno. No esperéis de la mirada secreta un recetario de liberación del sufrimiento. Tampoco serviría para nada ;)

Ahora, mirando directamente, se revela claramente que para aceptar, hemos de comprender de otro modo

Einsten dijo que ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia en el que se creó. El llamado así contínuo espacio-temporal es donde se dan todos los sucesos de la vida y del universo, según la teoría de la relatividad de Einstein. Además, Einsten descubrió lo que más nos importa a nosotros, y es que el espacio y el tiempo son relativos al estado de movimiento del observador. Así que para comprender nuestro mundo y nuestra vida, podemos ver los acontecimientos observándolos desde una perspectiva de espacio horizontal, desde una perspectiva de tiempo o desde una perspectiva de espacio desconocida para la mayoría de nosotros que aquí llamaremos la dimensión vertical.

En la perspectiva espacial horizontal, buscamos que disminuya el sufrimiento cambiando de lugar físico, por ejemplo haciendo un viaje o simplemente cambiando de habitación. El resultado de esta perspectiva lo conocemos todos: quizás disminuye el sufrimiento durante un rato, pero casi no cambia nuestra comprensión de lo sucedido.

En la dimensión temporal, logramos algo más de comprensión conforme pasa el tiempo. Pero tampoco comprendemos totalmente y el sufrimiento no acaba de liberarse del todo. Aunque es una dimensión más poderosa que la del espacio horizontal, también tiene el inconveniente que hemos de dejar pasar el tiempo -a veces muchos años-, antes de atisbar alguna luz.

Pero luego tenemos la dimensión vertical. La dimensión vertical ha salido varias veces en los escritos de la mirada secreta y es aquella visión que se alcanza en el instante presente, o bien porque nos elevamos sobre el problema y el “yo con el problema” y al elevarnos nuestra conciencia se amplia y se amplia dándonos una nueva perspectiva y una nueva comprensión; o bien porque entramos en lo profundo de nosotros, allí donde reina el silencio contemplativo en ausencia de “yo” y es en este silencio donde una nueva visión surge, llena de amor y de paz.

No preguntéis cómo llegar a esta dimensión vertical. Hagamos silencio dentro de nosotros, salgamos del ruido de la mente adentrándonos por amor en la Verdad, e investiguemos mirando directamente las cosas -sin ninguna idea preconcebida-, dejándo que sea la Verdad que se adentre en nosotros. Porque

realmente sólo lo que vemos por nosotros mismos es transformador.

Ninguna teoría, ni la verdad de otros por muy sabios que sean, nos dará la comprensión ni nos liberará del sufrimiento ni nos conducirá a la dulce y verdadera aceptación.

Desde la verticalidad, el único lugar desde el cual se puede vivir feliz,

¡feliz ahora!

 

Etiquetado , , , , , , , , , ,
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: