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I. La sabiduría y la acción

IMG_7731“Mas buscad su reino, y estas cosas os serán añadidas”

Lucas, 12:31

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Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia.  

Durante muchos años de mi vida, esta frase del teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr, fue el máximo compendio de sabiduría para mí. No le faltaba ni le sobraba nada. Siempre que me sentía impotente, sufría o veía a otros sufriendo, recordaba estas sabias palabras y trataba buenamente de colocarme así.

Pero ahora ya no es así. Ya no.

En esta oración falta algo, algo que ahora para mi lo es todo (escribo esto y no puedo evitar emocionarme…. siempre he sentido que la primera hora de la mañana es la hora del corazón…). La mirada secreta me hace ver la frase de a poquito y me susurra que la voluntad de cambiar algo viene del juicio de que aquello no es bueno. Pero, ¿sé yo lo que es bueno o malo? ¿Por qué tengo que basar lo que hago en lo que pienso si lo que pienso está todo condicionado?

La mirada me ha mostrado en muchas ocasiones que la acción sabia no viene del pensamiento, sino que es acción espontánea que acontece más allá de querer manipular lo que nos ocurre. Una acción que no tiene meta conocida..

-Tratar de cambiar aquello que creo que no esta bien, motivo de conflictos o sufrimientos, o aceptarlo si no puedo cambiarlo, no es el único camino. Ni es el más sabio -dice la mirada secreta.

Lo sé. Lo sé.

En vez de valorar lo externo desde mi parrilla de creencias, podría darme cuenta de que

lo que veo no depende de lo que ocurre sino de la perspectiva desde la que lo estoy viendo

-Aquí, en la mirada, está todo lo que la situación es. No existe lo que hemos estado llamando “objetividad”-, me dice. -Cómo vivimos aquello que ocurre depende de la mirada y no de la situación.- ¡Que poderosa es la mirada!

-Lo que ha de cambiar, cambia- sigue la mirada– tanto si las personas quieren como si no. De hecho todo está cambiando a cada momento. Cuando descubras que nada de lo que sucede depende de tí, soltarás tus esfuerzos y te abrirás a la acción espontánea. Un día te hablaré de ello- me dice, traviesa. Ella siempre me mantiene en un ver infinito. ¡Bendita sea!

Ahora, la oración ha cambiado. Ya no le pido a Dios (o a la Verdad, a la Inteligencia o como queramos llamar a Eso) que me de coraje para cambiar lo que puedo cambiar, ni que me de serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, ni que me de sabiduría para ver la diferencia. Ahora, lo único que le pido es que me deje ver con Su mirada. Y sé, plenamente sé, que de ahí surgirá la acción sabia y llena de amor.

Esa es la oración que me da la mirada secreta:

Dios, déjame ver con Tus ojos. Y todo lo viviré con coraje, lo veré con serenidad y lo comprenderé con sabiduría .

En homenaje profundo a la mirada secreta, que hoy me ha despertado haciéndome ver A.SÍ

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Mira quién baila

IMG_5647“Según la profundidad en el silencio de una persona, así será su vida”
Consuelo Martín
Fuimos a abrazar lo que la Enamorada del Silencio tuviera a bien enseñarnos con sus palabras y sus silencios.  Aún sin conocernos, todos los que habíamos ido allí compartíamos anhelos y esperanzas, búsquedas y alientos. El rato pasaba y dentro mío la paz de lo auténtico acallaba la mente y empapaba el corazón.
En un momento dado, no recuerdo a raíz de qué, la Enamorada dijo a todos los presentes:”tu no puedes hacer nada para conseguir este estado de Silencio”. Y lo dijo tan tranquila y tan contundentemente que el ambiente de toda la sala cambió.
Algunos de los que le escuchaban se sintieron aliviados porque hasta entonces su “hacer” había estado lleno de esfuerzos y obligaciones. Otros se reafirmaron en su “pereza resignada”. Otros rechazaron mentalmente semejante afirmación porque no estaban de acuerdo. Y unos pocos, al oír que nada podían hacer para llegar a Eso que tanto anhelaban, entraron en desesperación y en tristeza profunda,  tanto como si les hubieran arrebatado la posibilidad de reunirse de nuevo con su amado.
La mirada secreta se llenó de compasión, por unos y por otros. Y en su claridad infinita, vio que las palabras de la Enamorada del Silencio no estaban siendo entendidas. Y esta persona, en su entrega radical a la mirada y como es ya habitual, aceptó lo visto aún sin entenderlo. Y así fueron pasando los días.
A duras penas intuyendo lo que la mirada había visto, la persona se mantenía al acecho, vacía de ideas y todo oídos. Y así fue como cualquier día en cualquier momento, cabalgando sobre un rayito de inspiración, la mirada secreta le mostró aquello que había visto aquel día, con la simplicidad que siempre acompaña a la verdad.
La mirada trajo a su mente la imagen de un niño subido a los pies de un adulto mientras la música suena. El adulto baila y el niño, sus piececitos encima de los pies del adulto, baila también.
Y la mirada preguntó: “dime, ¿está bailando el niño?”…
Y así, gracias a su compasión infinita, surgió la comprensión:
Que no haya nada que hacer no quiere decir que no hagas nada.
Y en un guiño, la dulce mirada añadió:

Sigue bailando. Sólo te has de dar cuenta de que, aunque bailas, no eres tú el que baila.
¡Ay, Mirada! Dulce compañía.
Para todos los que bailan, enamorados del Silencio,
¡Feliz Ahora!
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