¿Dónde está tu tesoro?

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La verdad no está aquí o allí. La verdad es un estado de conciencia.

Consuelo Martín

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Cuatro grandes piedras en forma de corazón fueron halladas.

… Una aquí, la otra allá, siempre en medio del camino.

El indio rastreador las vio con su mirada entregada y absorta en su tesoro. Era tan grande su anhelo por encontrarlo que no solo vio meras piedras, sino señales que le indicaban que iba por buen camino. El indio rastreador sabía que tenía que

estar muy despierto para ver más allá de las apariencias,

para ver las señales.

Alguno podría decir que fueron las piedras las que le llevaron a encontrar su tesoro. Y sí. Pero eso no fue todo. De hecho las piedras fueron lo de menos -¡muchos habían pasado antes por ahí y no habían visto nada!-. Lo de más fue su anhelo y la total entrega de su mirada: nada de lo que veía le distraía de su camino aimg_9035 menos que en ello intuyera la verdad de su andar.

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El indio nunca pensó por donde ir, o si estaba en buenas condiciones para seguir, o si tenía las cualidades necesarias o si era suficientemente inteligente o si tenía que tener un plan mejor… De hecho,

nunca pensó en nada.

Su corazón centrado en su tesoro y su mirada entregada eran su luz, su fuerza y su confianza.

Fue así que el indio, en un instante inesperado, descubrió su tesoro. Y lo más sorprendente es que el tesoro no estaba en ninguna parte, como al principio de su andadura creyó. El tesoro estaba en todas partes y en ninguna.

El tesoro surgía allí donde se posaba su vista. El tesoro estaba en la mirada.

A día de hoy, el indio rastreador sigue caminando sin pensar en nada. Llenito de ananda. El ansia transformada en amor infinito, en infinita mirada.img_9067

¡Gracias mirada secreta! ¡Feliz Ahora!

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Lo más importante

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“Una vez salió un sembrador a sembrar.Y sucedió que, al sembrar, … Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.»
Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»”

Marcos, 4: 3-4, 8-9

El otro día la más dulce de las almas explicaba cómo le absorbía el trabajo. Estaba muy cansada de tanto trabajar y no sabía cómo parar. Incluso no quería parar, porque cuando paraba le entraba la ansiedad. Casi con lágrimas en los ojos me explicaba que tanto trabajar no le dejaba disfrutar de la vida: ir a pasear por la naturaleza, tener espacios íntimos con su pareja… Me dijo que lo más importante para ella era la paz interior y que se sentía muy lejos de poderla conseguir.
Al rato vino otra bella alma de mirada inocente. Me contó lo mal que estaba con su esposa, todo el día peleándose. Me explicó lo mal que le trataba y las cosas feas que le decía. Claro, él estaba hecho polvo porque la quería y le dolía cómo ella actuaba…. Me dijo que lo más importante para él era el amor y que se sentía muy desgraciado por no poder vivirlo por culpa de ella.
Después se acerco una tercera alma, pura paz. Desprendía una serenidad amorosa que envolvía a uno en un manto de “todo está bien” maravilloso. Ella no venía a arreglar nada sino a compartir un rato. En vista de cómo había ido la mañana, le pregunté que era para ella lo más importante. Me dijo: vivir despierta. Después seguimos charlando y en un momento dado, la mirada secreta hizo su entrada (esta vez nada sutil, sino con un “aquí estoy” de zapateao flamenco). La mirada entró y vi sin pensar (que es la única manera de ver) el secreto de la amorosa serenidad que traía consigo este alma. Ella, a diferencia de las dos anteriores, estaba dedicando su vida por entero a lo que era lo más importante para ella. Así de simple.
La primera alma dulce que vino, aún siendo la paz interior lo más importante para ella, dedicaba su vida a huir de esa paz…
La segunda alma inocente, aún siendo el amor lo más importante para él, dedicaba su vida a reivindicarlo en vez de a serlo.
Es como si el ser humano quisiera cosechar fresas plantando cardos.
¡Así de locos estamos!
Descubramos lo más importante para cada uno de nosotros. Realmente lo más importante. Hagámoslo remontando nuestra respuesta con por qués, hasta que no hayan más preguntas. Por ejemplo, si nuestra respuesta es nuestros hijos, preguntémonos por qué son lo más importante…. Y quizás veamos que es por el amor que les tenemos. Entonces nos preguntamos si el amor es lo más importante para nosotros. Si contestamos que sí, preguntémonos por qué. Si ya no sabemos nuestra respuesta válida es el amor. O puede ser que respondamos porque es la expresión de la Unidad.En este caso lo más importante será la Unidad. Y así con cualquier respuesta que nos demos. Y una vez lo hallamos descubierto, dediquemos nuestra vida a ello. Cultivémoslo con toda nuestra capacidad. Y vivamos para ello.
Si así lo hacemos, ya no existirá la falta de sentido, ni la incoherencia ni la locura. Viviremos plenamente en esa felicidad que tiene el abuelito cuidando primorosamente su huerto, día a día, palada a palada.

Convirtamos nuestra vida en nuestra mayor y más profunda entrega a aquello que nos tiene robado el corazón.

Y ahora la mirada secreta ríe a carcajadas porque en mi alma se ha chivado de mi propio tesoro, que es Ella.
A veces la Vida nos sorprende destapando lo que siempre había estado delante y nunca habíamos visto antes.

¡Feliz Ahora!

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Escuchar la Verdad

img_8986Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.

Monte de perfección. Juan de la Cruz.

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Hoy la mirada secreta no me deja ni desayunar. No sé cómo sabe que es domingo, ella que vive fuera del tiempo. ¿O será que soy yo que al ser domingo, me abro a ella?…. Ya está….. ya está sonriendo.

¿Habéis visto una mirada sonreír? ¡Es tan bello! La sonrisa de la mirada no puede ser fingida…

La Verdad está impregnándolo todo -dice la mirada secreta. Por eso, buscar la verdad no sirve. Buscar la verdad es creer que está sólo en un sitio, y mientras lo creemos, no la vemos. (Hace ya tiempo que la mirada me enseñó que a la Verdad no se la puede buscar sino que se la ha de encontrar aquí y ahora.

La Verdad lo impregna todo -sigue hablando la mirada como habla ella, palabras de Silencio. La Verdad nada deja sin tocar, todo lo penetra, todo lo empapa, porque

todo está hecho de Verdad. No hay nada fuera.

Pero el ser humano no la puede ver así como así aunque tenga la capacidad potencial, porque el ser humano también está impregnado de verdad pero su mirada esta dormida.

El ser humano, tanto si anda buscando la verdad como si no, tiene la escucha distorsionada, la mirada cegada. Y es que

cuando hablamos de la Verdad, ver y escuchar son Uno.

Para ver, hay que escuchar desde el Silencio, en el Silencio. Para escuchar hay que atreverse a dejar la mirada limpia, no solo de lo conocido, sino también de lo imaginado. Sólo escuchamos la verdad cuando nada queremos ver. Sólo vemos de verdad cuando nada queremos escuchar…. ¡Ay, la nada!

Para descubrir la verdad es crucial aprender a escuchar, a escuchar de verdad, a escuchar sin pensar, sin querer nada, sin saber nada, porque

a la Verdad solo se la encuentra sin pensar, sin querer nada, sin saber nada.

Y nosotros escuchamos lo justo, sin dejar de pensar, creyendo que sabemos mucho y contrastando lo que nos dicen con lo que ya sabemos. Si coincide, le atribuimos al otro la categoría de sabio o inteligente, puro reflejo distorsionado de lo que nos creemos nosotros mismos. Y no nos damos cuenta de que

querer tener razón nos tapona los oídos.

¿Como podemos ver la Verdad que no conocemos, si no estamos dispuestos a soltar nuestra razón? Nuestra razón es sólo la pequeña imaginada verdad a la que nos aferramos porque no queremos parecer a los demás que no sabemos, que no tenemos opinión, que somos tontos, burdos, sin personalidad. Al ego le encanta la razón. Le da muuuucha personalidad. Y, claro, la razón es todo lo que podemos ver desde nuestra minúscula perspectiva con nuestra mirada borrachita de creencias.

A través de lo que creemos que es verdad, nada veremos.

No solemos escuchar nada que diverja de nuestra manera de entender las cosas, de nuestras creencias. Y ese “estar de acuerdo” lo único que nos ofrece, es afianzarnos en nuestra verdad de fantasía.

Tenemos los oidos taponados de creencias y una mirada borrosa que no puede ver lo nuevo, porque ha dado realidad absoluta a lo que cree conocer. Y claro, la Verdad no la hemos visto antes. Entonces, ¿qué hacemos? le pregunto a la mirada secreta.

-No es difícil- sonríe la mirada. La humanidad avanza gracias a miradas que han vivido el “tener razón” como un fenómeno ilusorio, carente de interés  y que se han atrevido a explorar con mirada nueva. Y para ello

aprende a escuchar, aprende a ver sin pensar nada, sin querer nada, sin saber nada.

En el Silencio que vive más allá de la mente, en el Reino de lo Verdadero, sin ningún esfuerzo, ve la mirada. Y ¿quién anda escuchando?

Querido Juan+

¡Feliz Ahora!

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Busco y no encuentro

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Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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Querer y amar

img_8914“Entre los bienes más preciados, habría que contar con la capacidad de demostrar vehementemente amor”

Etty Hillesum

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Leí el Diario de Etty Hillesum. Leí cómo el Amor se va personificando en ella, en las condiciones más terribles imaginables. Una luz de amor en mitad del horror humano. De eso hace ya unos meses, y aún hoy la mirada secreta sigue mostrándome todo aquello que se vió al leer el libro.

El querer siempre necesita. Necesita del otro. Reclama al otro. Exige al otro. El querer siempre es carencia. Parece que no puede ser llenado nunca. Nunca nos quieren suficientemente. El querer requiere exclusividad. Te han de querer solo a ti. Te han de querer más que a los demás. Te pueden querer un poco, mucho, muchísimo. El querer está relacionado con la cantidad. El querer engulle al otro. Se lo come. En el querer hay un sentimiento de posesividad. Lo que quiero es mío. El querer juega con el dar y el recibir, cómo si de cuentas se trataran… yo te he dado mucho y mira tú que poco me das… El dar genera deuda. El recibir, también. El querer separa. Si estás conmigo, no puedes estar con nadie más. Si te vas a pasar el rato con los amigos es que no me quieres lo suficiente, es que les quieres más a ellos… El querer desea que el otro nos quiera. El querer encuentra sucedáneos de la felicidad en lo que el otro nos da y en lo que nos agradece lo que nosotros damos. En el querer nos esforzamos en ser como el otro quiere o pedimos al otro que cambie para que se ajuste a nuestra expectativa de cómo hemos de ser queridos. De hecho creemos que nos quieren por cómo somos, cuando la realidad es que nos quieren por algo o para algo, y es eso lo que quieren de nosotros. En el querer, creemos que podemos manipular al otro para que nos quiera. Sólo hemos de cambiar nuestra manera de comportarnos. El querer aparece y desaparece según flotan los vientos del egocentrismo. Tiene que ver conmigo, con mis necesidades. El querer busca fuera la felicidad. Por eso es tan frágil, tan vulnerable y tan voluble. Tanto como lo son las condiciones externas. Ahora te quiero. Ahora ya no te quiero.

Pero, ¡ay, el AMOR!

El amor no necesita nada. Es pleno en si mismo. Nada pide porque nada necesita. El amor no pide exclusividad. Es infinito. Nunca se agota. Es una fuente que no se seca. No puede medirse. No se puede amar un poco, o mucho. No se puede. El amor es un desprendimiento, es libertad.  Para amar ni siquiera se necesita estar en presencia de nadie. El amor es pura gratuidad. Se da y se recibe sin consecuencia alguna. En si mismo. En el amor no hay juicio. Se ama más allá de cómo se es. Se ama por el hecho de ser. Se ama sin condiciones. El amor desea para el otro, amor. El amor se alegra cuando ve que el otro también vive en el amor. Y si el otro no vive en el amor, sigue amando. El amor no puede ser manipulado. Está por encima de la mente. No puede ser tocado por la mente. No se puede amar en un momento y dejar de amar en otro. El amor es felicidad, tanto si hay personas que te quieren como si no, tanto si la situación es difícil como si no. El amor es la vivencia de unidad. Es un estado de ser. No se puede tener o no tener amor. Sólo podemos ser amor. De hecho todos somos amor. Lo único es que no lo sabemos.

La mirada secreta acompañó a Etty Hillesum en su viaje interior. Mientras su vida exterior se rompía en millones de pedazos. En su viaje en el tren del horror hacia el campo de exterminio, Etty lanzó una postal al exterior que fue milagrosamente recogida. En ella, había escrito “Vosotros me esperareis, ¿verdad?”

Querida Etty, eres tu quien nos está esperando. Gracias. Gracias. Gracias.

El Amor no sale de ninguna parte. Es el estado natural. Es antes de la mente. Es allí donde vive la unidad. Descubramos Su Verdad. ¡Pongámonos a la tarea!

¡Feliz Ahora!

 

La corriente del Amor

img_2652Quien no vive para servir, no sirve para vivir.

Madre Teresa de Calcuta

Ella andaba quejándose. Su suegro, viudo y solo, estaba enfermo de los pulmones y constantemente necesitaba ser llevado al hospital. La señora que habían contratado para que le cuidara la llamaba continuamente para preguntarle, para consultarle, para reclamar su presencia. Aunque estaba cansada de tanta dedicación, no podía dejar de cuidarle. Pero se quejaba. Se quejaba porque pensaba que su suegro tenía hijos que poco hacían por él. Incluso su esposo dejaba en sus manos el cuidado de su propio padre. A ella todo esto le parecía injusto. Las pocas veces que había reivindicado en voz alta un poco de ayuda, tanto su esposo como sus cuñados la miraban extrañados. ¡Tampoco es para tanto! le decían. Ella se rebelaba un poco, pero seguía yendo a cuidar al padre de su marido, a aquel hombre seco de pocas palabras, que no es que la hubiera tratado mal en todos estos años, sino que más bien no la había tratado de ninguna manera…
A veces se preguntaba por qué le seguía cuidando. Pensaba que quizás si ella dejara de cuidarle, su marido y cuñados se activarían. Solo una vez ella se plantó: a la llamada de la cuidadora, le dijo al esposo que ella no iba a ir a casa del suegro, a ver si así su marido actuaba. Le dijo que si quería, que fuera él. Para su enorme sorpresa, el marido levantó los hombros y contestó “¡Seguro que no es tan grave! ¡La cuidadora es una exagerada!” Y no fueron ni él ni ella. La pobre cuidadora llamó a una ambulancia que se hizo cargo del estado de ahogo del pobre hombre y se lo llevó al hospital. Allí, la cuidadora volvió a llamar a la nuera. Y esta vez, ella salió pitando hacia el hospital con el esposo detrás. Cuando llegaron y les dejaron verle, el hombre miró a su hijo, después a su nuera, sonrió y cerró los ojos para siempre.
Fue en ese preciso momento cuando ella comprendió. La sonrisa del hombre fue la luz que ella andaba buscando. Fue la sonrisa la que silenció su mente: ya no habían quejas ni juicios hacia nadie. Fue la sonrisa la que le mostró que su corazón -el corazón abierto de ella- había abierto el corazón de su suegro. Fue la sonrisa que le enseñó que ningún esfuerzo fue en vano. La sonrisa quizás pareciera de agradecimiento, pero en realidad era una sonrisa de confirmación. Ahora ella sabía por qué no había podido dejar de cuidarle: era lo que le salía de forma natural.

Así andamos. Unos nos quejamos de la ayuda que tenemos que prestar y otros la ofrecemos felices porque estamos “haciendo un voluntariado”. ¿Dónde está la diferencia sino en cómo miramos la situación? Si no podemos dejar de ayudar, quizás pensemos que es porque nos toca, porque nuestra “conciencia” nos obliga a hacerlo. Pero la realidad es otra. La mirada secreta lo muestra con tanta claridad que la mente se rinde:

Ayudamos a los demás porque esta es nuestra naturaleza.

Estamos hechos de Amor. Reconocerlo es vivir esa entrega desde la paz. El esfuerzo hacia los demás desaparece cuando uno se da cuenta de que amar, cuidar, ayudar, es lo natural, es el eterno dar y recibir que empieza en lo más básico, en la propia respiración. Esa corriente es el Amor, es la fuerza que nos une y nada deja desamparado. Durante mucho tiempo hemos creído que teníamos una “conciencia moral” que nos impelía a actuar “bien”. Y aquellos que no actuaban “bien”, es decir, con amor, no tenían “conciencia”. Pero no es un tema de moralidad sino de naturalidad. Nos necesitamos unos a otros. como la pierna derecha necesita de la izquierda. Nos necesitamos para caminar por la Vida, para vivir en la felicidad. Y es en ese necesitar en donde la fuerza del Amor se nos ha dado como un don natural. Si nos diéramos cuenta de ello, viviríamos todas las acciones de ayuda con la misma alegría que se hace un voluntariado porque caería la sensación mental de obligación. Aquellos que no actúan desde el amor son los que han perdido su propia naturaleza: el corazón está cerrado, la mente alborotada. No es esa nuestra condición natural.

Cuando estamos psicológicamente sanos o hemos trascendido lo psicológico, amamos.

Al fin y al cabo, si nuestro corazón está abierto y su apertura es más intensa que el ruido que hacen nuestros pensamientos, no vamos a poder hacer otra cosa que amar, por mucho que nos quejemos. Y esta es la prueba contundente de que vivir desde el Amor, cuidar a los demás y dejarse cuidar por ellos es lo natural.

No esperemos a que nadie nos sonría para ser quien verdaderamente somos:

somos pura fuerza de Amor.

Para ser no hace falta pensar. En ese Ser de verdad, la felicidad nos está esperando.

¡SÉ! y al Ser serás ¡FELIZ AHORA!

P.D. Dedicado a todos aquellos que aman, voluntarios del corazón, hombres y mujeres sanos. Hoy la mirada secreta me deja un rinconcito personal…: Inspirado por mi padre y dedicado a él.

La Verdad es Vida

img_8903“No quieras enviarme de hoy más ya mensajero, que no saben decirme lo que quiero”

Juan de la Cruz

-¿Que comes? -Estoy comiendo un mango. -¿Un mango? Nunca los he probado. ¿A qué sabe? -Bueno. Es una mezcla de melocotón y melón.  -Uy ¡que raro! ¡Explícamelo mejor! -A ver… Es como si fuera un melón naranja que sabe un poco a melocotón… ¿lo entiendes? -No sé. Creo que si. Es muy complicado.  -Bueno. Pues en vez de describírtelo, ¿por qué no lo pruebas? -Mmmm. ¡Qué rico! -Ahora ¿a qué dirías que sabe? -Sabe a mango. Tal cual. ¡Ahora comprendo lo que tratabas de explicar! -Si. Así es.

Los conceptos son abstractos y muy difíciles, mientras que la vivencia es simple y sin esfuerzo.

La comprensión siempre viene de la mano de la vivencia.

Entender no es comprender. Entender es un producto mental hecho de pensamientos. Entender es una representación mental, que sólo afecta a los pensamientos. Podemos “saber” mentalmente lo que es volar en avión, pero hasta que no volamos, realmente no lo sabemos.

Entender no tiene poder de transformación.

Comprender es com-prender. Prenderse en eso. Comprender es hacerse Uno con lo vivido.

Comprender es un darse cuenta, un ver con claridad, una toma de conciencia directa, sin elaboración mental, que no deja duda alguna por ser experiencial. Es la mirada secreta la que comprende.

Podemos entender muchas cosas y ser grandes eruditos, pero la sabiduría poco tiene que ver con ello. La sabiduría va de la mano del comprender. El sabio sabe que no sabe nada. Y en ese vacío mental, libre de creencias, ve sin entender.

La Verdad de quién soy, de qué es el mundo, de qué es Dios, no se puede entender. Sobrepasa los pensamientos. Sólo se puede comprender porque es vivencial. Es un encuentro vivencial con los aromas de la Verdad. Es hacerse Uno con Ella.

La comprensión afecta a la persona por entero. Y la transforma.

Así que dejemos de pensar. Dejemos de forzarnos a entender Algo que está fuera de la mente. Algo que solo se puede vivir.

La Verdad es vivencial. La Verdad es Vida

Silenciemos la mente llena de conceptos y creencias.

Mientras creamos que sabemos, no sabremos nunca. Mientras creamos que sabemos, o creamos que el saber es un proceso mental, creeremos que no nos hace falta “probar” la Verdad. Creeremos que ya la conocemos o buscaremos entenderla. Nos esforzaremos, forzaremos la mente pero seguiremos sin comprender. Y en esta creencia seguiremos ciegos.

Hasta que no “probemos” la Verdad no la conoceremos, por mucho que nos lo expliquen. Atrevámonos a abrirnos, más allá de lo que creemos. Sólo saboreando su amoroso aroma la iremos conociendo.

La Verdad es Vida y solo se puede vivir.

En el silencio de la mente, en el dulce aroma…

¡Feliz Ahora!

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Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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El miedo

img_8840“Dime ¿cuándo vas a ser feliz si hoy tienes miedo de mañana?”

La mirada secreta

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Lloraba. Pero no sabía por qué lloraba. Creía que lloraba por el dolor que había causado en aquella a quien amaba, al dejarla. Pero pasaron los días y seguía llorando. Hasta que un día se dio cuenta de que lloraba por él. Lloraba porque ya no sabía donde estaba la verdad, porque tenía miedo. Miedo a que ella fuera la mujer de su vida, miedo a perderla, miedo a volverle a causar daño, miedo a equivocarse, miedo a que le rechazara después de tanto dolor. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

A los días, otra persona llegó a mi presencia. Lloraba. Sabía por qué lloraba pero no me lo decía. Me lo dijo unos días más tarde, por whatsapp. Le daba vergüenza. Tenía miedo de que mi imagen de él cambiara. Me dijo que lloraba porque su mujer ya no sabía si le quería. Y le daba miedo. Miedo a quedarse solo. Miedo a perder a sus hijos. Miedo a dejar el trabajo que tanto le apartaba de ella. Miedo a no poder recuperarse. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

Aún otra persona vino a verme. Lloraba. Directamente lloraba porque tenía miedo. Miedo a que a su hijo le pasara algo. Miedo a la enfermedad de su hijo. Miedo a quedarse sola. Miedo a no poder superarlo. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

Entonces entré en silencio -¡Qué bella expresión “entrar en silencio”!. Realmente es así. No “hacemos” silencio sino que entramos en Él…- Entré en el Silencio sin querer nada, sin expectativas. Sólo entré porque Él me llamó. Y en el Silencio, sí sí, allí, Aquí, es donde vive la mirada secreta. Ya me estaba esperando: la sonrisa sutil, dulce, traviesa; la transparencia más bella; la paz más amorosa… Allí estaba la mirada esperándome. Nunca se cansa de esperarme. Creo que se quiere casar conmigo…

Entré en el Silencio y la mirada empezó a susurrarme en el oído. Y ahora que ya me pone a escribir, todavía no sé lo que me ha de decir…. la escucho. La escucho tanto que solo hay ese escuchar…

Y se pone a hablar:

¿Por qué las personas tienen miedo? Mira bien… Vuelve a leer lo que has escrito hasta ahora y mira con mi ojo y dime qué ves…

  • Veo que todos los miedos tienen que ver con el futuro, con algo que no ha pasado y no se sabe si pasará.
  • Veo que todos los miedos tienen que ver con el miedo a sufrir en el futuro.
  • Veo que el hecho de tener miedo al futuro nos hace sufrir hoy.
  • Veo que todos los miedos vienen porque dudamos de nuestra capacidad para afrontar lo que venga.
  • Veo que todos los miedos vienen porque juzgamos algunas situaciones como buenas y otras como malas porque las evaluamos separándolas de la vida una.
  • Veo que todos los miedos son el resultado de la falta de confianza, en nosotros, en la vida.
  • Veo que todos los miedos viven en la mente, de lo que pensamos. No están en ningún otro sitio.
  • Veo que todos los miedos tienen que ver con cómo creemos que tiene que ser la vida.
  • Veo que todos los miedos son el resultado de una imaginada amenaza a nuestra felicidad.
  • Veo que si tengo miedo hoy, la felicidad ya no existe hoy.

Eso es lo que veo:

miedo = perder la felicidad mañana =  me hace sufrir hoy = pierdo la felicidad hoy

La mirada sonríe.

El miedo es un producto mental. Sólo existe en la mente.

Si no pienso, no tengo miedo.

La felicidad no está en el pensamiento. La felicidad está en la vida. Y la vida es hoy.

¿Querrá el ego perder el protagonismo de ser quién sufre, de quién tiene miedo y dejar paso a la felicidad de hoy? Porque hoy, tanto para el dulce chico de alma divina, como para el hombre de enorme corazón como para la madre de anhelo de Amor y como para quien esto escribe, para todos hoy ha salido el sol. Porque estamos vivos. Y la vida nos quiere enteros, para darnos en abundancia. Enteros.

En la entrega total a la vida, nunca hay miedo. Y sí, felicidad.

Así, ¡feliz ahora!

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La bolsa o la Vida

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“porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.”

Mateo, 6:21

Si tu y yo vemos en un escaparate unos zapatos, puede ser que a tí te gusten mucho y a mi me parezcan horribles. Y no pasará nada, seguiremos siendo amigos porque ya nos enseñaron que contra gustos no hay nada escrito. Pero si en vez de estar en el escaparate, los zapatos están puestos en tus pies y al verlos exclamo “¡qué zapatos tan horribles!”, lo más probable es que te enfades conmigo, o te duela mi comentario. ¿Cómo es posible? ¿Qué ha cambiado?…. Lo único que ha cambiado es que antes solo eran unos zapatos, pero ahora ya no son unos zapatos, sino que son tus zapatos. Han entrado en la bolsa de tu identidad, llena de mis y mios: mi pais, mi familia, mis vivencias, mis ideas, mis costumbres, mis gustos, mis recuerdos, mis zapatos, mis creencias. Esa es la bolsa en donde cada uno de nosotros, por no saber quiénes somos de verdad, vamos llenando de todo lo que decidimos apropiarnos. Y esa bolsa se convierte en el yo que creo ser. Y esa bolsa pesa muchísimo, ¡hay tanto que defender! ¡hay tanto que demostrar! Al fin y al cabo, se trata de mi. Cuando te metes con mis zapatos, te metes conmigo y eso no lo puedo tolerar. Aunque los zapatos me vayan estrechos, aunque tengan agujeros, son mis zapatos y eso los convierte en yo.

A todo lo que le pongo el mi delante se convierte en una esclavitud más que defender, incluso con mi propia vida

Pero son precisamente todos estos artículos posesivos lo que no me deja ser. Porque todos estos artículos no son más que sustitutos de la verdadera identidad. Y ¿cómo lo sabe la mirada secreta? Porque

yo no puedo ser aquello que tengo.

Yo soy quien lo tiene, pero no lo tenido. Y un día cualquiera puedo liberarme de esos zapatos y entonces ¿qué sentido tuvo ese enfado? ¿Qué pasaría si dejara de llamar mio a todo, a todo todo lo que llena la bolsa de mi identidad?

¿Para qué necisito una bolsa si cuando nací ya era sin bolsa alguna?

El otro día vino una preciosisima alma a verme y me contó qué feliz era cuando viajaba solo, porque ¡podía ser quien quisiera!  Si supieramos cuanto nos atan todos los mios… Si supieramos que esos artículos que llevo en la bolsa de quien creo ser ¡son el origen de todo conflicto! Y, sobre todo y por encima de todo, si supiera que esa bolsa me está impidiendo vivir plenamente, amar plenamente, ser plenamente libre,  ser realmente quien soy…

En tiempos remotos, los bandoleros asaltaban a los caminantes en el más inesperado momento y poniendose frente a ellos les gritaban: ¡¿la bolsa o la vida?! Les hacían decidir en un instante si preferían luchar por lo suyo o garantizar la propia vida, aún llorando por lo robado.

Desde tiempos inmemoriables, los sabios son asaltados por la Inteligencia de la Vida en el más inesperado momento y poniéndose frente a ellos les reclama en un instante la bolsa para así ganar la Vida. La mayoría de ellos, en tan ansiado momento, bailan alborozados, entregando la bolsa como quien se quita un disfraz viejo y gastado porque en el robo de la bolsa la liberación de lo falso queda garantizada y así descubren la Vida, la verdadera Vida, la plenitud total.

Y ahora la mirada secreta te asalta en el momento más inesperado y te coloca delante de la decisión más crucial y más revolucionaria que podrías tomar: ¿La bolsa o la Vida? Date cuenta de que en ello, realmente, te va la Vida.

¡Feliz Ahora!

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