Archivo de la categoría: yo psicológico

Seminario en Barcelona 15-16 marzo 2013

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La teoría de la Resonancia

La belleza de las cosas existe en el espíritu del que las contempla

David Hume

 

 

 

 

 

La Física es la ciencia que se dedica a observar la naturaleza y a describir las leyes que la gobiernan. Y aunque no tenga ni pruebas científicas ni conocimientos mínimamente suficientes, tengo la fuerte sospecha que las leyes de la Física no sólo son aplicables a la naturaleza sino también al “yo psicológico”…

 

La teoría de la resonancia dice que dos cuerpos idénticamente “afinados” vibrarán aún tocando uno sólo de los dos. Un ejemplo real característico es utilizando dos diapasones.

Al tocar el primer diapasón A, el segundo B vibra de forma continua hasta terminar el eco del sonido. Si los diapasones tuvieran afinaciones distintas (notas o frecuencias diferentes), no se daría la resonancia.

Pues una vez tuve un sueño muy raro que tiene que ver con la teoría de la resonancia (creo que la mirada secreta también se cuela en los sueños).

Se me presentó la vida como un inmensa mesa de banquete sobre la que vibraban todos los ingredientes existentes que componen la experiencia de vida a disposición de los comensales: alegría, tristeza, justicia, injusticia, belleza, fealdad, esperanza, desesperanza, honestidad, mentira, amor, odio, guerra, paz, sabiduría, ignorancia, egoísmo, altruismo, generosidad, avaricia, esclavitud, libertad,… Un sinfín de ingredientes de vida, de todos los colores y formas, vibrando a diferentes frecuencias. Más no se oía sonido alguno. De hecho reinaba un silencio expectante.

Al cabo de un instante, vi como se aproximaba una persona a la mesa. Andaba cabizbaja, arrastrando los pies. De alguna manera, vi con transparente claridad que ella también vibraba. Se fue acercando. Y conforme se acercaba, algunos de los ingredientes de la mesa se elevaron y empezaron a vibrar más fuerte, mientras el resto de ingredientes se hacía casi invisible. La vibración de la persona era idéntica a la de los ingredientes de vida que habían surgido con más fuerza. Y empezó a sonar una música. Era una música triste, pesada, oscura… Entonces me pude fijar más en los ingredientes que estaban participando en el melancólico concierto. Eran la tristeza, la añoranza, la desilusión…

Al poco rato se presentó otra persona vibrante, caminando a saltitos, ligera como una pluma. Y otros ingredientes emergieron por encima de los demás, -la alegría, el optimismo, la sencillez…- y en comunión con ella, crearon una nueva melodía que sonaba “allegro ma non troppo”.

Y así se fueron acercando diversas personas. De acuerdo a sus pensamientos, emociones y comportamientos, se ponían ingredientes concretos a vibrar con más fuerza y a unirse en perfecta armonía a la frecuencia vibratoria de cada una de ellas.

Cuando desperté por la mañana, tenía el sueño muy vivo en mi mente. Y empecé a investigar que querría decir, si es que quería decir algo…

Pensé que cada persona que se acercaba a la mesa tendría sus motivos para andar con su vibración a cuestas. Y me puse a imaginar qué ingredientes de la mesa del banquete de la vida se pondrían a vibrar si fuera yo quien me acercara…

Entonces me di cuenta que, hasta la fecha, tenía muchas razones para creer que la vida era pura alegría, pero también tenía razones para creer que la vida era muy triste…

…tenía verdaderas razones para creer que era muy injusta, pero también para creer en la justicia,

…tenía razones de peso para creer que la vida estaba llena de cosas feas, pero también para extasiarme de la belleza que veía en todo y en todos,

…tenía razones para sentir tanta esperanza como para desesperarme.

Podía encontrar razones para dar realidad a cualquiera de los ingredientes…

Entonces, ¿cuáles serían los ingredientes que emergerían y crearían la melodía única e irrepetible conmigo?

De nuevo la mirada secreta me dio la clave. Súbitamente vi que la vibración de cada uno de nosotros no dependía de “sus razones” frente a lo vivido, sino de su afinación con los ingredientes de la vida, independientemente de lo vivido.

Vi que ¡la clave estaba en la afinación!

afinándome con aquellos ingredientes de vida que llenan mi persona de paz y de felicidad, la música que se crea es armonía y belleza

La vida no es de una manera o de otra. Hasta en el momento más duro hay paz, hay amor, si afinamos nuestro corazón con ello.

¡Que la música de la vida nos convierta en bellos acordes!

¡Feliz Ahora!

 

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Ser plenamente II

Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.

Confucio, s. VI AC

Wil leyó la entrada “Ser plenamente” de la semana anterior  y se preguntaba en qué consistía eso de ser plenamente humano.

Como siempre sucede cuando la pregunta surge espontánea y auténtica, yo también entré en quietud y así sigo.

En el silencio de estos días, ha ido dilucidándose algo con respecto a la plenitud del hombre.

Contra más he querido poner palabras a lo que sé por intuición, -a lo que todo ser humano sabe intuitivamente-, más compleja se hacía una posible respuesta. Y por eso mismo, por su complejidad, sabía que estaba alejándome de lo verdadero, que siempre es sencillo y limpio como un rayo de luz en la oscuridad.

¿Qué ha empezado a hacerse claro a la mirada?

  • He visto que lo que hace al ser humano un ser pleno, ha de traspasar  inevitablemente lo que es ilusión. Y que sólo podemos ser plenamente humanos vivencialmente, en el ahora.

No podemos ser plenamente humanos en el pensamiento, sino en la vivencia, en la existencia. Por ello, la plenitud no puede ser experimentada en la mente. Y todo lo psicológico tiene su origen en los pensamientos. Por lo tanto, no es muy probable que hallemos la plenitud del ser humano en lo psicológico.

También es ilusión todo lo que ya es pasado y lo que imaginamos como futuro. Así en el tiempo fuera del Ahora, tampoco puede haber plenitud.

  • He visto que no podemos “estar” en plenitud, ni “tener” plenitud. Sólo podemos ser plenamente.

El “estar” y el “tener” se nos escapan casi antes de habernos dado cuenta de la felicidad que nos daban, porque son ligerísimos reflejos de nuestra plenitud de ser. Por ello, difícilmente hallaremos la plenitud en las situaciones externas o en las posesiones de cualquier tipo.

  • He visto que todo lo que el ser humano desea tiene su origen en el amor, la alegría, la paz, la libertad, la belleza, la comprensión…

Si ahora rememoras un momento de plenitud, verás cómo indefectiblemente está relacionado con alguno de estos grandes valores.

Quizá los buscamos en una mejor casa, o en tener más amigos, o más dinero, o un cuerpo más bonito y joven. Pero si miramos más hondo y nos preguntamos por qué queremos eso, y nos lo volvemos a preguntar, en la raíz hallaremos el anhelo por algunos de estos grandes valores.

  • Y me he dado cuenta de que el profundo y universal anhelo del ser humano por el amor, la belleza, la paz, la comprensión, la alegría… es lo que verdaderamente somos.

¡ en el anhelo más profundo de cada uno es donde se haya nuestra plenitud!

Vivamos plenamente el anhelo más intenso de nuestro corazón. Es así como seremos plenamente seres humanos.

Así es como la mirada secreta va mostrando su infinita bondad con el ser humano, mostrándole el camino, igual que haría un rayo de luz en la oscuridad. Gracias.

Y, nunca mejor dicho,

¡Feliz Ahora!

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Ser plenamente

“Entrenado o no, un perro siempre será él mismo”
                                   Carol Lea Benjamin (entrenadora de perros)
Tengo tres perros.
Un día que estaba observándoles, la mirada secreta volvió a regalar una comprensión nueva. Os lo explico.

Sam es el rey. Además de ser el mas grande de los tres, también es el mas viejo. Es bueno, sabio y paciente, siempre y cuando se respete su soberanía. Tranquilo y leal así como fiero si alguien le hace daño. Camina despacio si no es necesario correr. Reclama poco y agradece todo lo que se le da. Es especialmente cuidadoso con los niños y los cachorros.

Roxy es joven, muy rápida, desconfiada hasta que decide confiar -entonces entrega su confianza hasta el final. Es muy inteligente y empática. Sabe muy bien quien es el rey y le rinde pleitesía, mostrando un conocimiento protocolario que muchos querrían para ellos. Si la reñimos, está unos días triste, con la cola quietecita, toda ella muy sentida. Manda con pata firme y con cariño a su hermana, riñéndole si es necesario. Es una buena persona dentro de un cuerpo de perrita.

Piru es la hermana gemela de Roxy pero hace el papel de la pequeña de esta familia. Es divertida, alocada y simpática. No conoce norma alguna.No hace mucho caso ni obedece a menos que se sea muy firme con ella. Disfruta de todo, no se preocupa de nada. Esta siempre contenta y casi todo le resbala.

 Ya veis. Los tres son totalmente diferentes.

Así estaba yo aquel día, observándoles y pensando lo diferentes que eran.
Y, de repente,  me dí cuenta de que
¡a ellos no les importaba nada ni como eran ellos ni como eran los otros dos!

Ninguno de ellos se preocupa de cómo son o de cómo son los otros. Sam no trata de ser como la Piru, o Roxy como Sam, o Piru como Roxy. No hay ninguna preocupación al respecto. Ninguna.
¡No muestran ninguna necesidad o deseo de cambio!
¿Por qué? ¿Tú lo sabes?

Y después pensé en los niños pequeñitos, los que no llegan a los 4 años (por poner una edad). Ellos tampoco quieren ser diferentes de lo que son. Nunca he oído a un niño pequeño decir que quiere ser como su amiguito o que le gustaría no ser como es. No parece que les importe.
¿Por qué?

No sé si a ti te pasa, pero la mayoría de las personas que yo conozco -incluyéndome a mi mism@- tenemos como causa principal de sufrimiento cómo creemos ser, cómo creemos que nos ven los demás o bien cómo creemos que son los demás.
Y ya ves, tanto mis perritos como los niños pequeños están exentos de este macro/generalizado/ilusorio/gratuito sufrimiento.

Lo único que quieren mis perritos es ser perros, correr en libertad, ladrar y comer cuando tienen ganas.
Ser plenamente perros.
Y cuando pueden ser plenamente perros, sólo entonces tienen la posibilidad de ser felices.

Y lo único que quieren los niños pequeños es ser plenamente niños. Les es igual ser de una manera o de otra y les es igual como son los demás – si tienes un grano terrible en la punta de la nariz van a querer tocarlo, van a besarte como siempre!
Y sólo siendo plenamente niños tienen la posibilidad de ser felices.

Seamos plenamente seres humanos, sin importarnos la forma que ha adoptado cada uno de nosotros. Quizá entonces tengamos una oportunidad para sentirnos felices de verdad!

¡Feliz Ahora!
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