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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

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En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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El silencio de mí

imageEn el silencio del yo cabe lo que tenga a bien la Verdad

La mirada secreta

Queremos convertirnos en maravillosos seres humanos y para eso queremos un cuerpo hermoso y una personalidad digna de admiración. La pregunta es ¿por qué? Pues por lógica diría que no nos creemos maravillosos. Y, como los niños, me surge otra vez ¿por qué? ¿Por qué no nos creemos maravillosos?

El otro día en un programa de televisión vi las imágenes de las actrices que, en los años 80 eran consideradas las más bellas. La mayoría casi no tenían pechos y sus piernas, hoy en día, se hubieran considerado gordas. Y fueron ¡chicas Bond! Queremos un cuerpo hermoso sin darnos cuenta que, por un lado, no sabemos lo que es la Belleza y por el otro, esa “hermosura” que buscamos es fruto de una moda pasajera, de un condicionamiento. Creemos que estamos decidiendo desde la libertad y no nos damos cuenta que nuestras mentes están programadas, y que en nuestros deseos y acciones no hay libertad ni verdad. Y seremos capaces hasta de pasar por el quirófano si es necesario, para conseguirlo.

Y respecto a la personalidad pasa lo mismo que con el cuerpo. Hace unas décadas, una personalidad admirable estaba ligada a parámetros de obediencia, perseverancia, lealtad, humildad y paciencia. Ahora la personalidad estrella es la que demuestra independencia, inconformismo, rapidez, seguridad, ambición. De nuevo, modas que no contienen verdad precisamente por su superficialidad pasajera. Y de nuevo, somos capaces hasta de ponernos en manos de los terapeutas para “arreglar” nuestra personalidad.

¿Por qué queremos ser de otra manera?

Hace un tiempo, le hice esta pregunta a la mirada secreta y ella me contestó con otra pregunta:

¿querrías cambiar tu cuerpo o tu personalidad si estuvieras en una isla desierta?…

¡Ah, la mirada! Esta pregunta me hizo ver muchas cosas. Vi con claridad que

quiero cambiar para que los demás me vean de otra manera.

No quiero cambiar por mi. Eso que dicen que la operación o la terapia enfocadas al cambio se hacen con el objetivo de aumentar la autoestima… Uff. Ese tipo de autoestima de auto no tiene nada más que vernos valorados en los ojos de los demás. Así que lo que estamos buscando realmente es que los demás cambien su mirada respecto a nosotros. Y lo buscamos tratando de cambiar nuestra apariencia, tanto física como comportamental. Creemos que si lo conseguimos, nos querrán más. Y quizás sea así. Pero ese amor que hemos conseguido, ¿a qué va dirigido? ¿a nosotros o a la nueva apariencia? Y si vemos que va dirigido a la nueva apariencia, ese amor ¿nos llenará?

No hace falta ir a una isla desierta para comprobar que lo que nos preocupa es como los demás nos ven. ¿Cómo estoy conmigo cuando estoy en soledad? ¿Me preocupo de cómo me ha quedado el pelo hoy o de que me he levantado de mal humor? ¿Me preocupo por mi inseguridad o por tener la nariz un poco grande? ¿Qué hago con mi pelo, mi nariz, mi mal humor o mi inseguridad cuando estoy en soledad? Pues lo más probable es que no haga nada, que ni siquiera “me piense” y me dedique a ser simplemente quien soy sin proponermelo, sin esfuerzo. Libre de mi yo pensado.

Alguien diría que hemos de ser así y así y asá porque vivimos en sociedad. Lo que mi querida mirada secreta me enseña es que yo no soy de ninguna manera, que

cualquier definición viene por comparación,

y que

todos somos recipientes de vida y que la forma del recipiente no importa.

Muchos líos y sufrimientos vienen de creerme que soy de una forma concreta y quererla cambiar. La paz interior que anhelo y que busco en el reflejo de la mirada ajena, no me la va a dar la valoración que los demás hagan de mí, ni siquiera una “buena” valoración propia, sino el silencio de mí. En el silencio de mí, nada quiero cambiar porque al no pensarme, nada juzgo de mí.

En el silencio de mí encuentro la paz y se abre el espacio para que el Amor pueda brotar desde el centro y pueda llegar el día en que también deje de pensar en los demás y de juzgarles…

De hecho, la mirada secreta escribe cuando hay el silencio de mí. Aquí encuentra este yo desocupado y puede utilizarlo.

El yo poco ha mejorado estos años, pero al estar vacío de mí, la mirada secreta lo ha tocado. Y ¡ay, amigos! Cuando es la mirada la que toca, ¡que bella es la melodía, que plenitud sin fronteras! ¿Será Aquí donde vive la Belleza, la Libertad y el Amor?

¡Feliz Ahora!

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La formación de un pensamiento

foto-pensamientoLa sabiduría hace su trabajo cuando el pensamiento calla.

La mirada secreta

Silencio.

Dime mirada secreta, ¿de dónde salen los pensamientos? Porque en el silencio de tu presencia, veo las cosas que piensa la mente y me doy cuenta de que ni las he escogido yo ni sé de dónde salen.

Yo no elijo los pensamientos que tengo

Y sin embargo, hasta ahora los había tomado como míos y les había hecho mucho caso. Tanto caso que de hecho, esas cosas que son los pensamientos eran mis jefes, quienes llevaban las riendas. Los pensamientos llevaban las riendas de todo. De todo: de las decisiones que parecía que tomaba yo… de los juicios que parecían mios… de las emociones que parecían mías… de los recuerdos que parecían míos… de los deseos que parecían míos… de los temores que parecían míos… de mi persona… de mi vida.

Lo que pensaba la mente llevaba las riendas de todo.

Hasta que en tu silencio, dulce mirada, me di cuenta de que los pensamientos no son míos porque yo no los he escogido. Si los pudiera escoger ¡qué pensamientos más bellos tendría! Sólo tendría pensamientos llenos de amor, de felicidad, de belleza que irían siempre a mi favor, a tu favor. Pero ¡que va! Son tantos pensamientos cada día, tantos y tan variopintos.

Bueno. Pues si no son mios, ¿por qué voy a seguir obedeciéndolos? ¿Puedo vivir sin hacer caso a los pensamientos?

En los primeros tiempos pensaba que eso era imposible. Pero, claro, todavía no había visto que eso -pensar que era imposible- también era en sí un pensamiento.  Cuando vi que estaba pensando sobre los pensamientos me quedé en un estado de perplejidad tan grande que se me cortocircuitó la mente. Y ahí es cuando sucedió…

Desde el imperturbable silencio que tanto arropa al alma en su periplo, andaba un buen día la mirada secreta en su quietud infinita, haciendo un tour turístico por los miles de caminitos y rincones neuronales que entretejen y estructuran el palacio mental (mmmm, quizás sería más adecuado llamarle “museo” en vez de “palacio”, porque todo allí es un poquito viejo). La mirada secreta, como siempre, observaba virgen de conocimiento alguno. Y vio de donde surgen los pensamientos.

… Era como un magma indiferenciado de materia extraña. Un magma muy espeso, como un mar de lava. A veces brotaban burbujas desde el fondo hacia la superficie de la mente. Unas eran grandes y otras más pequeñas. Era impredecible saber por donde saldrían. Y algunas de ellas se inflaban cada vez más hasta que la tensión que soportaban las hacía estallar. ¡Pam! Y ese estallido era una impresión mental, lo que llamamos un pensamiento…

Después de aquella visión tan vivida como el aire que respiro, la mirada me ha seguido enseñando como se construyen los pensamientos.

En el momento del estallido, el cerebro registra esta impresión, este pensamiento que todavía no se ha formulado en lenguaje alguno pero que ya se sabe lo que va a decir -como cuando llega alguien conocido con cara de pocos amigos y tu levantándole la mano, le dices que no te diga lo que ya sabes que te va a decir-.

El siguiente paso en la formación del pensamiento es ponerle palabras, lenguaje. Eso sucede por aprendizaje. La impresión puede ser una y la interpretación de esa impresión podría ser muy variada. Según la programación mental de cada uno, esa impresión primera es traducida a un lenguaje concreto y ¡ya está! Ya tenemos el pensamiento totalmente formado.

Bueno, aunque suene extraño, así me lo hizo ver la mirada secreta. Así lo vivo ahora. Y lo que sucede es que cuando siento esa burbuja que estalla, esa impresión mental, en vez de dejar que siga su curso y que se formule en palabras, si le veo cara de pocos amigos, le “levanto la mano” y le digo “hasta aquí has llegado”. Realmente siento que ahora dejo a los pensamientos con la palabra en la boca.

La sorpresa es que, conforme he empezado a mandar yo, el reinado de la mente es cada vez más débil. Digamos que la burbuja ha de ser realmente grande para que me abduzca.

La libertad de vivir desde otro sitio se hace cada vez más presente. Y con ella, viene la paz, se agranda el corazón y se va convirtiendo uno en la propia vida, ya sin distinción.

Gracias a la mirada. Así si.

¡Feliz Ahora!

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El reino del Silencio

Versión 2“Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, que las que es capaz de soñar tu filosofía”

William Shakespeare

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El reino del Caos es donde viven todas las guerras. Es un reino que está hecho de pensamientos ilusorios con sus correspondientes emociones virtuales. Su rey es el muy poco conocido yo-que-creo-ser, también llamado pequeño ladrón o ego. Este rey no ha sido escogido por nadie. Se alzó como rey después de una conspiración insidiosa en la que participaron muchos otros reinos del Caos. Un dato de suma importancia es que el reino del Caos y su rey, el ego, fueron creándose a la vez: conforme se iban conquistando territorios neutrales, se iba creando el reino del Caos e iba creciendo el rey. Y no sólo fueron creándose a la vez, sino que son inseparables:

no hay reino del Caos sin el rey ego, ni hay rey ego sin el reino del Caos.

En la conquista de territorios neutrales (fuera del reino del Caos, todo es neutral), el paso de la neutralidad al caos se daba y se da por la entrada de los juicios virtuales, armas arrojadizas del miedo perenne que el rey tiene a desaparecer. De hecho, el miedo es el principal alimento del rey, y sin éste probablemente moriría de inanición. El rey del Caos, su majestad

El-yo-que-creo-ser está hecho de miedo, pero no lo sabe.

Desde su atalaya de miedo, ve enemigos por todas partes y trata de conseguir aliados como sea. Pero como su esencia no cambia nunca, también ve en los aliados posibles enemigos. Por eso crea un reino de caos en donde un día tu eres su amigo y al siguiente, su enemigo; en donde un día quiere esto y al siguiente ya no lo quiere; en donde un día parece que está contento y al día siguiente se siente desgraciado; en donde un día está satisfecho y al día siguiente le falta de todo… Así vive el rey  el-yo-que-creo-ser y aunque vive siendo el rey, no se siente como un rey sino como un mendigo al que todo le falta, en el corazón de su reino con el corazón encogido. Junto al miedo, viven los deseos, las dependencias, la insatisfacción crónica, pero sobre todo, vive el sufrimiento. Y es normal que así sea. Es lo esperable de un reinado virtual hecho de las necesidades virtuales que tiene un rey virtual. Y

tratar de no sufrir y vivir en plenitud en el reino del Caos es tarea imposible

Pero….. la mirada secreta brilla de alegría…. hay una Realidad esperando ser descubierta, un reino libre de fantasmas.

Fuera del reino del Caos, o más bien, detrás, existe otro reino infinito y real. Es el reino del Silencio.

El Silencio es un reino sin rey en donde todos los ruidos que aparecen son acogidos, aunque entregados a su suerte. Como la hormiguita que dejamos que pasee por nuestro cuerpo, sin intervenir en nada pero sin hacer nada para quitárnosla de encima. Así son acogidos los ruidos que aparecen Aquí, en el Silencio, como ecos lejanos de la guerra que se libra interminablemente en el reino del Caos. Y aunque pareciera que esos ruidos hechos de pensamientos/emociones pudieran perturbar el Silencio de este Reino, el Silencio sigue Aquí, imperturbable, inafectado, siempre presente.

En el reino del Silencio vive la Paz. Aquí la transparente nada es belleza. Aquí no hay batallas porque no hay facciones. Aquí todo está bien. De Aquí surgen los caminos al Amor, a la Sabiduría, a la Libertad. El reino del Silencio no tiene puertas, ni murallas, ni atalayas. Es vasto como el espacio infinito y a él se accede por rendición y también por entrega.

…cuando el rey el-yo-que-creo-ser finalmente se da cuenta que por mucho que lo intente, no va a poder ser feliz, se rinde y deja de luchar en contra de…

…cuando hay el descubrimiento de que el reino del Caos y su rey son virtuales y empieza la búsqueda de lo Real…

Por eso es urgente, es urgente que nos abramos al Silencio y salgamos del reino del Caos. Si nos abrimos al Silencio, su reino llegará y con él, la claridad, el amor y la paz.

¡Feliz Ahora!

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(I) Yo soy esto…

IMG_5723“No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir”
Éxodo, 33:20

 

 

 

Ando investigando y tal cual investigo, voy escribiendo…

Primero, me dicen que yo soy esto (hombre) y esto (blanco) y esto (listo) y esto (bajito) y no soy aquello (perro) ni aquello (esquimal) ni aquello otro (cariñoso). Después, viviendome como ese conjunto de etiquetas empiezo a relacionarme conmigo mismo y el mundo. A relacionarme, a batallar, a querer cambiar, a disfrutar, a querer conseguir, a hundirme, a sudar, a vivir. Y nunca me pregunto si ese que he creído ser es realmente quien soy.

Quizá llega un momento en que me lo pregunto y empiezo a ver que esas etiquetas no son yo, sino que yo soy quien tiene esas etiquetas. Descubro que incluso podría tener otras y seguir siendo yo. A partir de ahí, empiezo a buscar quien creo ser. A veces me entrego a alguien (maestro) o a algo (escuela) que me dicen que saben quien soy yo, me pongo en sus manos y les dejo hacer. Pero antes o después, me entrego a mi interior y me dedico a buscar dentro.

El viaje que emprendemos en busca de nuestra verdadera identidad, es el viaje espiritual puro. Es un viaje que parte del no saber, y en el no saber ha de permanecer. Cuando se descubre algo, ese algo ha de servir de puerta a un siguiente tramo desconocido. Porque la Verdad nunca es algo. La Verdad es un todo que nada deja fuera de Sí. Por eso, vamos caminando en un largo peregrinaje y al final nos espera la muerte.

Tanto si lo sabemos como si no, nos espera la muerte.

¿Y para eso hay que hacer un camino? dirían muchas personas. Parece absurdo, porque la muerte nos espera a todos, caminemos en la senda de la búsqueda de nuestra verdadera identidad como no.

Y sin embargo, es tan diferente.

Sólo puede morir aquello que nació un día.

Si yo creo ser este cuerpo y esta personalidad, si creo ser estas etiquetas, no hace falta que haga camino alguno, ya sé que moriré.

Pero si yo descubro que no soy este cuerpo, ni esta personalidad, ni ninguna, NINGUNA de estas etiquetas, antes de “morir” me urge descubrir quién soy. Porque está clarísimo para mi que yo SOY.

Mientras escribo todo esto, la mirada secreta, que anda sentadita sobre mi hombro derecho, me pregunta espontáneamente y

¿cómo sabes que tú eres?

Glups! No lo sé!! Y entro en silencio.

Y en silencio sigo. Mucho se está viendo. Pero la mirada no me deja seguir escribiendo ahora. Quiere que todos vosotros que estais leyendo también os empapeis de la pregunta. Pero recordad, es en la pregunta donde se esconde la verdad. La respuesta sólo es una puertecita más para seguir mirando.

Seguirá…

¡Feliz Ahora!

 

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Mira quién baila

IMG_5647“Según la profundidad en el silencio de una persona, así será su vida”
Consuelo Martín
Fuimos a abrazar lo que la Enamorada del Silencio tuviera a bien enseñarnos con sus palabras y sus silencios.  Aún sin conocernos, todos los que habíamos ido allí compartíamos anhelos y esperanzas, búsquedas y alientos. El rato pasaba y dentro mío la paz de lo auténtico acallaba la mente y empapaba el corazón.
En un momento dado, no recuerdo a raíz de qué, la Enamorada dijo a todos los presentes:”tu no puedes hacer nada para conseguir este estado de Silencio”. Y lo dijo tan tranquila y tan contundentemente que el ambiente de toda la sala cambió.
Algunos de los que le escuchaban se sintieron aliviados porque hasta entonces su “hacer” había estado lleno de esfuerzos y obligaciones. Otros se reafirmaron en su “pereza resignada”. Otros rechazaron mentalmente semejante afirmación porque no estaban de acuerdo. Y unos pocos, al oír que nada podían hacer para llegar a Eso que tanto anhelaban, entraron en desesperación y en tristeza profunda,  tanto como si les hubieran arrebatado la posibilidad de reunirse de nuevo con su amado.
La mirada secreta se llenó de compasión, por unos y por otros. Y en su claridad infinita, vio que las palabras de la Enamorada del Silencio no estaban siendo entendidas. Y esta persona, en su entrega radical a la mirada y como es ya habitual, aceptó lo visto aún sin entenderlo. Y así fueron pasando los días.
A duras penas intuyendo lo que la mirada había visto, la persona se mantenía al acecho, vacía de ideas y todo oídos. Y así fue como cualquier día en cualquier momento, cabalgando sobre un rayito de inspiración, la mirada secreta le mostró aquello que había visto aquel día, con la simplicidad que siempre acompaña a la verdad.
La mirada trajo a su mente la imagen de un niño subido a los pies de un adulto mientras la música suena. El adulto baila y el niño, sus piececitos encima de los pies del adulto, baila también.
Y la mirada preguntó: “dime, ¿está bailando el niño?”…
Y así, gracias a su compasión infinita, surgió la comprensión:
Que no haya nada que hacer no quiere decir que no hagas nada.
Y en un guiño, la dulce mirada añadió:

Sigue bailando. Sólo te has de dar cuenta de que, aunque bailas, no eres tú el que baila.
¡Ay, Mirada! Dulce compañía.
Para todos los que bailan, enamorados del Silencio,
¡Feliz Ahora!
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Revelando

IMG_5571“Conoce sin pensamientos”

Sri Ramana Maharshi

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Revelar es la palabra que acompaña a la mirada secreta.
En fotografía, revelar significa hacer visible la imagen latente impresa en la placa,la película o el papel fotográfico. En filosofía y en el lenguaje común, revelar significa descubrir lo secreto. Y descubrir realmente quiere decir
des-cubrir, quitar aquello que cubre lo que ya es.
La mirada secreta no busca nada. No hace esfuerzos para conseguir algo en el futuro, lo que quiere decir que no tiene objetivo alguno. Sólo mira. Sin saber.
Y todo eso me lo cuenta la mirada porque quiero comprender con la mente. Si no, ¿cómo voy a comprender? Es lo que me han enseñado. Me han dicho que la mente es el órgano más poderoso que poseo. Me han dicho que reflexione, que sopese, que mire los pros y contras. Me han dicho que la inteligencia vive en la mente. En los pensamientos. Y yo, como siempre, no he dudado de lo que me han enseñado, a pesar de ver los problemas eternos del mundo, a pesar de ver que la mente no parece conducirnos a nada mejor en nuestra cualidad como seres humanos…
Cuando se despierta el amor por la Verdad, aún sin conocerla, la mente es la que quiere comprender. Y se esfuerza mucho. Y se crea muchos objetivos. Cree que tiene que conseguir no sé qué logros que le demuestren a esta pobre persona que algo comprende. Y todo eso lo único que crea es angustia.
Cuando la mente quiere comprender, surge la angustia.
¿Cómo no va a ser así si la pobre mente no tiene la capacidad de ver más allá de sus creencias? Es como pedirle al ojo que componga una sinfonía, o al oído que pinte un paisaje… La mente no está capacitada para descubrir la Verdad.
Si recuperamos el ejemplo del revelado de fotografías, sería como pedir a los pensamientos que fueran capaces de desvelar lo que oculta la placa. Y así es como ha salido la entrada de hoy de la mirada secreta.
La mirada me ha revelado cúal es el líquido en el que se ha de sumergir la blancura del no-saber para que poquito a poco vaya surgiendo la imagen que apunta a la Verdad…
¡El líquido revelador de la Verdad que ya Es, es el Silencio!
Cuando la mente queda en silencio, la Verdad se revela.
La mente no puede des-cubrir la Verdad. Pero, al dejar el Todo Desconocido reposar en el Silencio Revelador,  la mente la puede ver con el “ojo” de la mirada secreta.
¡Es a eso a lo que llamo revelación! ¡Cuánta belleza, dulce mirada!
Gracias gracias gracias
¡Feliz Ahora!
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¿Dónde está el problema?

El hombre se piensa separado. Éste es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción.

Cl. Lévi-Strauss, Le Monde, 21 de Enero de 1979

Vienen las enormes mariposas a posarse en la higuera. Y en cuanto se quedan quietas, casi no las veo. Se mimetizan a la perfección con la vieja higuera. Descansan en ella. Se protegen en ella.

La higuera está toda despeinada. El tronco anchísimo está hueco. La savia de la tierra alimenta a la higuera por su piel porque no hay nada dentro. Le quedan cuatro ramas retorcidas y cada año que pasa muere una más. Algunos años, como éste, sus higos son inmensamente sabrosos. Otros no da fruto.

Las mariposas no parecen ver que la higuera se muere. Tampoco les importa nada. De hecho, no lo piensan.

Si lo pensaran, entonces tendrían un problema, un serio problema, y también un sentimiento de pérdida y a la vez de añoranza. Porque ya sus tatarabuelas se posaban en la higuera. Y dentro de poco, la higuera no estará.

Si pensaran, las mariposas se posarían en las ramas, con una lagrimita en los ojos: “mis retoños quizá ya no puedan mimetizarse con ella, protegerse en ella, porque quizá ya no estará”, podrían pensar. O incluso se podrían enfadar: “¿por qué una higuera que siempre ha estado aquí desde tiempos inmemorables (el tiempo discurre diferente en las mariposas que en los hombres) ha de morir? ¡Es injusto!” -podrían exclamar si pensaran.

Pero las mariposas no piensan. Y como no piensan, no tienen problemas.

Si. Si. Lo que hemos oído.

Los problemas no existen más que en el pensamiento.

Dicen que un problema suele ser un asunto del que se espera una solución (fuente: wikipedia; RAE). Si miramos la definición vemos dos puntos raros. El primero es “se espera”. Así que para que algo sea un problema tengo que pensarlo de cara al futuro. Por lo tanto

ningún asunto es un problema AHORA.

El segundo punto raro de la definición de problema es “solución”. Osea que ¡¿si no se espera solución, no puede haber problema!? Dice el diccionario que “solución” es la acción y efecto de disolver; la acción y efecto de resolver. Ambas posibilidades se dan en el futuro, y se dan tanto si queremos como si no.

Los problemas creados por la mente, no se resuelven mientras la mente los sigue pensando. En cuanto los deja de pensar, los problemas se resuelven “solos”.

Los problemas son inventos de la mente. En la realidad no existen.

La mente convierte un asunto en un problema cuando no le gusta aquello, cuando desea otra cosa, cuando con eso no consigue lo que quiere.

Es la mente la que crea los problemas. No es el vecino cuando aparca con un cochazo e impide que el tuyo quepa en la plaza de al lado… No es el amigo que se desdice de lo comprometido. No es no tener huevos en la nevera cuando se quiere hacer una tortilla…

La mirada secreta vuelve a ser contundente y me muestra desnuda la verdad:

El único problema que tenemos es que pensamos.

-Pero hay problemas graves, verdaderos, en nuestra humanidad, en nuestro planeta-, le contesto algo airad@.

Y ella, dulce, paciente, asiente.

-Es cierto, son muchos los problemas graves que sufre vuestra humanidad, vuestro planeta-, me dice. -Pero todos esos “problemas” tienen una única raiz: el pensamiento-.

Y me susurra al corazón:

-Si en verdad en verdad dejarais de pensar, los problemas no existirían. Es vuestro pensamiento dual, separado, que piensa en términos de intereses propios, que se cree separado de la vida misma, del planeta, de los seres vivos, de los otros hombres. Y no sólo separado sino más importante que la vida misma, que el planeta, que los seres vivos, que los otros hombres…es vuestro pensamiento ciego de sabiduría el que crea los problemas.

Y ¿cuál es el camino?

El camino es descubrir la verdad en el silencio del pensamiento. ¿Por qué? Porque el pensamiento sólo crea problemas. Está programado así.

Y yo, el pensamiento silenciado, me lleno de esta verdad.

¡Felices mariposas que viven en el Ahora!

¡Feliz Ahora!

entrada inspirada por la sabiduría que destila el libro “El sol sale sobre Asís” de Éloi Leclerc. Ed. Sal Terrae. Grácias.

 

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El viento y la mirada

No es la cometa que vuela, es el viento.

Edgar Faure

 

 

Hoy sopla el viento y todo vibra con vida renovada.

¡Es tan misterioso!

Yo no sé de donde viene ni sé a donde va.

 

Lo mira la mirada sin pensarlo y lo ve bello, aún sabiendo que nunca lo he visto ni lo veré jamás.

Y su sonido, a veces musical y otras atronador…

 

¡Qué poderoso que es!

Puede acariciar un pétalo y puede destrozar todo lo que encuentra.

 

Cuando así lo quiere, el viento se cuela por las rendijas invisibles de la casa y todo lo que en ella encuentra, de ligero y de sutíl, se estremece a su contacto.

 

Lo inerme cobra vida, como si vida propia tuviera:

En el campo bailan las hierbas al compás de su paso y las ramas de los arboles se inclinan reverenciándolo. En el cielo viajan las nubes a caballo de su aliento. Y en la costa pare el viento oleajes y los más soberbios vuelos.

 

Si nada encontrara a su paso, si no contactara con nada, ¿sabría alguien quién es el viento?

Si nada encontrara a su paso no se vería, ni se oiría, ni su poder se conocería.

Si nada encontrara a su paso, del silencio no se diferenciaría.

 

Porque el viento es silencioso. Es silencio en movimiento. Invisible, transparente, poderoso. No tiene forma alguna, ni límites reconocibles. No tiene olor ni gusto propio. No puede tocarse ni atraparse.

Por eso las pobres mentes sólo pueden conocerlo por su efecto.

 

Y en el viento, la mirada secreta ve.

Ve lo que intuye de Aquello

que se cuela por las rendijas invisibles de su pupila y todo lo que allí encuentra de ligero y de sutíl, lo hace vibrar en secreto.

Y en secreto vibra, respondiendo, la mirada enamorada.

Y cuando nada encuentra, entonces en Su silencio

se disuelve la mirada.

 

¡Feliz Ahora!

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