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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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De los diferentes “yo”

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El yo-naturaleza y el yo-mental son manipulables.

Los estados alterados de conciencia no son tales. Son estados alterados de percepción.

La conciencia no se puede manipular.

La mente es el interprete de la existencia.

La existencia es el juego que la Luz de la conciencia hace cuando pasa por la mente.

La conciencia es la existencia y el testigo de la existencia.

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Nada es verdadero por el hecho de ser percibido. Se percibe tanto lo verdadero como lo falso.

Confundimos percepción con realidad.

Lo Real es aquello que atestigua la percepción y lo percibido.

Este es el viaje:

De ser lo que existe (el yo-naturaleza)

… a ser lo que creo ser (el yo-mente)

… … a ser lo que se da cuenta (el yo-conciencia)

… … … a Ser (Conciencia sin yo)

Así habla el bordón de Dios a la mirada secreta.

¡Feliz Ahora!

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Ser la mirada

img_9367Sin la luz de la conciencia, ni la nada existiria.

La mirada secreta

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Esta noche soñaba que me lanzaba desde un precipicio y aunque sentía cierta impresión, no había miedo. No recuerdo mucho más, una sensación vaga de flotar en la inmensidad por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión. Al despertar, el amor por la Verdad de la mirada secreta me empuja a investigar quien he sido en este sueño. Y durante el día, me pongo a ello. Sin esfuerzo. Sin expectativas. Sin buscar nada. Sólo mirar…

En el sueño, no conocía nada. No conocía el precipicio ni el paisaje. No recuerdo formas concretas que pudieran garantizarme estar soñando sobre el planeta tierra. Tampoco recuerdo escuchar ningún ruido. Ni recuerdo sensaciones en la piel. Si recuerdo flotar, por lo que puedo suponer que en el sueño no tenía el cuerpo que tengo en la vigilia. Tampoco recuerdo pensar nada. Un espacio y un tiempo direntes. El sueño era solo una vivencia que yo vivía en primera persona pero no parecía que fuera el mismo yo que soy mientras esto escribo. Sin embargo, me dice la mirada, algún punto en común tiene que haber con la vigilia. Si. En las dos situaciones, soy yo quien las vive. Pero en el sueño no tengo el mismo cuerpo: mientras floto en la inmensidad de un paisaje infinito, el otro cuerpo supuestamente está plácidamente en la camita descansando…

Sigue la investigación… Ahora me doy cuenta de que he escrito “flotaba por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión” ¡Eso es! Ahora lo veo. Entre el sueño y la vigilia lo único que había en común era ¡la visión! Yo, viendo. O mejor aún: un VER, sin yo. Como si “yo” fuera el “ver”…

Vale. Y ¿qué pasa cuando no sueño? ¿qué pasa en el sueño profundo?. Está claro que yo desaparezco junto con el mundo entero. El mundo desaparece conmigo. Ni espacio, ni tiempo. Nada. Pero me encanta dormir. Soy muy feliz durmiendo. Y si me despierto de noche y veo en el reloj que todavía me quedan dos o tres horas más antes de despertarme, me lleno de felicidad. Eso quiere decir que aunque ni yo ni el mundo estemos presentes en el sueño profundo, si que hay un darse cuenta de la felicidad de este estado. Un darse cuenta. Un “ver”. ¡Oh mirada! El hilo de Ariadna…

Los sabios hablan de que corrientemente el ser humano conoce tres estados de conciencia: la vigilia, el sueño con sueños y el sueño profundo. Lo había leído mil veces. Pero ahora lo veo. Ahora veo que el “yo” que permanece en los tres estados es uno. Igual que me doy cuenta del frío que hace aquí, me doy cuenta de estar flotando en el sueño, me doy cuenta de la felicidad del dormir profundo. Pero la expresión “me doy cuenta” es una trampa. Una trampa que no nos deja ver. Porque parece que haya un “yo” y un “darse cuenta”. Y no. ¡No es así! ¡Qué alegría! El alma baila alborozada..

No hay un “yo” que se da cuenta.

En la vigilia hay un “yo”. En el sueño se crea otro “yo”, con otro cuerpo, con otras capacidades, incluso con otras edades, en otros mundos, con otras comprensiones… Y en el sueño profundo, no hay “yo” alguno. Y es fácil de entender por qué es así. Porque en la vigilia y en los sueños, la mente está activa, creando. Y

es la mente psicológica la que crea el “yo”.

Pero en el sueño profundo, la mente psicológica no está. Por lo que no existe el “yo”.

No hay un “yo” que se da cuenta de las cosas. Es mucho, mucho más sencillo. Sólo hay un darse cuenta, un puro VER, una luz que ilumina… La conciencia. Si. Es lo que está siempre presente: la conciencia.

Cuando cae lo que creo ser, me doy cuenta de que lo que soy es ese darse cuenta, esa luz que tanto ilumina un enfado, como una puesta de sol, como un sueño extraño, como un silencio, como una nada.

Ver.

Y ¿qué pasaría si en vez de vivir la vigilia desde quien creo ser, vivo desde el darme cuenta?

Ser la mirada.

Ahora lo veo. Esa es la puerta que conduce a la Verdad, a la Realidad que está más allá de los tres estado y que sin embargo a los tres crea. Ser la mirada que soy.

¡Feliz feliz Ahora!

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La dimensión relativa

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La plenitud no tiene contrarios

Consuelo Martín

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¿Qué nos pasa a los seres humanos que todos nos sentimos incompletos?- le pregunto hoy a la mirada secreta.

Y Ella, feliz de expresarse (así es su naturaleza) me habla de la dimensión de la relatividad…

Hay infinitas dimensiones en este mundo. Infinitas dimensiones que conviven superpuestas, la mayoría desconocidas a la conciencia humana, aunque las estemos viviendo. Y una de ellas es la dimensión de la relatividad.

Ya en otras ocasiones, la mirada me habló de “lo que sobra y lo que falta“, de vivir en plenitud. Y cómo esta visión nos hace vivir sin ver, como si no estuviéramos completos. Porque

creemos que para sentirnos en plenitud hemos de tener todo lo que deseamos.

Delante de mi hay una piscina que solo se puede llenar hasta el límite que marca un escape en la pared. ¿Está la piscina medio llena o medio vacía? Eso me recuerda al disco rallado de lo del vaso medio lleno y el vaso medio vacío (disco rallado de la mente que siempre habla de lo conocido…)

La mirada me increpa a seguir investigando…

Así dice la mente: si vemos el vaso medio vacío, somos negativos. Y si lo vemos medio lleno somos positivos, optimistas y parece que tenemos más puntos para ser felices, para vivir en plenitud. Así que tratamos de verlo medio lleno. Y si no podemos, buscamos ayuda para que nos enseñen a verlo medio lleno. Pero, ¿cuál es la verdad?

Para creernos que el vaso está medio vacío o medio lleno, hemos de juzgarlo en relación a algo. En este caso, podría ser muy bien la capacidad que tiene el vaso… Ahora imagina la misma cantidad de agua en un vaso la mitad de pequeño… ¿Estaría medio “algo” o estaría lleno? Entonces, ¿qué estamos valorando?

Medio vacío… Medio lleno… Vacío…. Lleno…. Todo lo que valoramos lo solemos valorar con respecto a algo  -en este caso, la cantidad de agua respecto al tamaño del vaso- y por lo tanto,

es una valoración relativa que no tiene más verdad que la que da esa perspectiva concreta.

¡Oh, mirada! ¿Dónde está la verdad? ¿Dónde está la plenitud?

La verdad, lo real, no puede depender de nada. Ha de ser en si misma. Todo juicio, toda valoración que depende de algo no tiene verdad en si mismo. ¿Para qué voy a estar tratando de ver el vaso medio lleno? ¿Con qué propósito? ¿Es  para creer que tengo suficiente? ¿Mucho?…. ¿Con respecto a qué?

Si es para sentirme satisfecho, esa satisfacción será tan endeble como endeble es la verdad que se atribuye a lo relativo. Endeble y pasajera. Además, esa es una plenitud por comparación (necesita de la carencia para ser vivida porque si no es así, nos acostumbramos y ya no nos damos cuenta), y que ahora está y ahora ya no está, dependiendo de los factores que nos han hecho valorarla como “plenitud”.

-Entonces ¿qué hago?-, pregunta la mente que piensa que haciendo algo hallará la solución… La mirada sonríe, (la sonrisa de la mirada es pura belleza) y sigue mostrando…

No podemos saltar de una dimensión a otra “haciendo”, por una razón muy sencilla: porque la persona existe como tal sólo en el mundo de lo relativo. Así que ¡no puede ser la persona la que cambie de dimensión!

Para ver más allá de lo relativo, es la mirada la que se amplia.

Aquí tenemos una piscina con agua. La piscina tiene el tamaño que tiene. Y la cantidad de agua es la que es. No es ver la piscina medio llena o medio vacía, si no verla en su justa medida.

Cuando vemos las cosas en su justa medida (sin comparaciones), lo que vemos así es perfecto en si mismo. Y eso es conciencia de plenitud. La plenitud es vivir lo que hay.

En lo que Es, sin juicios ni comparaciones, vive la Plenitud.

Está en tu mirada -dice la mirada secreta– el verlo.

Tengo calor. Me voy a bañar. Así SI.

¡Feliz Ahora!

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El reino del Silencio

Versión 2“Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, que las que es capaz de soñar tu filosofía”

William Shakespeare

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El reino del Caos es donde viven todas las guerras. Es un reino que está hecho de pensamientos ilusorios con sus correspondientes emociones virtuales. Su rey es el muy poco conocido yo-que-creo-ser, también llamado pequeño ladrón o ego. Este rey no ha sido escogido por nadie. Se alzó como rey después de una conspiración insidiosa en la que participaron muchos otros reinos del Caos. Un dato de suma importancia es que el reino del Caos y su rey, el ego, fueron creándose a la vez: conforme se iban conquistando territorios neutrales, se iba creando el reino del Caos e iba creciendo el rey. Y no sólo fueron creándose a la vez, sino que son inseparables:

no hay reino del Caos sin el rey ego, ni hay rey ego sin el reino del Caos.

En la conquista de territorios neutrales (fuera del reino del Caos, todo es neutral), el paso de la neutralidad al caos se daba y se da por la entrada de los juicios virtuales, armas arrojadizas del miedo perenne que el rey tiene a desaparecer. De hecho, el miedo es el principal alimento del rey, y sin éste probablemente moriría de inanición. El rey del Caos, su majestad

El-yo-que-creo-ser está hecho de miedo, pero no lo sabe.

Desde su atalaya de miedo, ve enemigos por todas partes y trata de conseguir aliados como sea. Pero como su esencia no cambia nunca, también ve en los aliados posibles enemigos. Por eso crea un reino de caos en donde un día tu eres su amigo y al siguiente, su enemigo; en donde un día quiere esto y al siguiente ya no lo quiere; en donde un día parece que está contento y al día siguiente se siente desgraciado; en donde un día está satisfecho y al día siguiente le falta de todo… Así vive el rey  el-yo-que-creo-ser y aunque vive siendo el rey, no se siente como un rey sino como un mendigo al que todo le falta, en el corazón de su reino con el corazón encogido. Junto al miedo, viven los deseos, las dependencias, la insatisfacción crónica, pero sobre todo, vive el sufrimiento. Y es normal que así sea. Es lo esperable de un reinado virtual hecho de las necesidades virtuales que tiene un rey virtual. Y

tratar de no sufrir y vivir en plenitud en el reino del Caos es tarea imposible

Pero….. la mirada secreta brilla de alegría…. hay una Realidad esperando ser descubierta, un reino libre de fantasmas.

Fuera del reino del Caos, o más bien, detrás, existe otro reino infinito y real. Es el reino del Silencio.

El Silencio es un reino sin rey en donde todos los ruidos que aparecen son acogidos, aunque entregados a su suerte. Como la hormiguita que dejamos que pasee por nuestro cuerpo, sin intervenir en nada pero sin hacer nada para quitárnosla de encima. Así son acogidos los ruidos que aparecen Aquí, en el Silencio, como ecos lejanos de la guerra que se libra interminablemente en el reino del Caos. Y aunque pareciera que esos ruidos hechos de pensamientos/emociones pudieran perturbar el Silencio de este Reino, el Silencio sigue Aquí, imperturbable, inafectado, siempre presente.

En el reino del Silencio vive la Paz. Aquí la transparente nada es belleza. Aquí no hay batallas porque no hay facciones. Aquí todo está bien. De Aquí surgen los caminos al Amor, a la Sabiduría, a la Libertad. El reino del Silencio no tiene puertas, ni murallas, ni atalayas. Es vasto como el espacio infinito y a él se accede por rendición y también por entrega.

…cuando el rey el-yo-que-creo-ser finalmente se da cuenta que por mucho que lo intente, no va a poder ser feliz, se rinde y deja de luchar en contra de…

…cuando hay el descubrimiento de que el reino del Caos y su rey son virtuales y empieza la búsqueda de lo Real…

Por eso es urgente, es urgente que nos abramos al Silencio y salgamos del reino del Caos. Si nos abrimos al Silencio, su reino llegará y con él, la claridad, el amor y la paz.

¡Feliz Ahora!

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II. Del deseo de iluminación. La llama

corazon piedra redondo

Vivir desde la Verdad no requiere una gran seguridad, sino una gran determinación.

La mirada secreta

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Sigue la mirada secreta sin soltar la vela y la llama. ¿Os acordáis de la entrada “I. De la Separación del yo. La vela” de hace unos días? Pues así, entre ayer y hoy, irrumpiendo de nuevo inesperadamente, me empieza a enseñar nuevos aspectos usando la misma metáfora (menos mal que me enseña con metáforas, uff).

Todo empezó con la visita de una bellísima vela que andaba alicaída de tanto que había intentado prender su mecha. Años de sufrimiento, de incomprensión, de esfuerzo… para nada. Explicaba que al principio, la esperanza de que un día se encendería, le mantenía en momentos de alegría, de arrebato, de dulzura. Pero sólo eran momentos. Después de tanto sufrir, ahora sólo se sentía seca. La mecha, seca y ella algo más tranquila por pura resignación.

La mirada secreta le escuchaba desde ese silencio de pensamientos que permite ver y sentía ese amor que es pura comunión. Después la vela-que-se-creía-seca-y-apagada se retiró. Y la vela que esto teclea, se fue con su mirada secreta a los dominios de la Dulce Nada. A la vuelta, ya con los ojos pegaditos de sueño y con el Ojo bien limpito de ilusiones, me suelta la mirada:

Hay velas encendidas que no saben que están encendidas.

Y eso es porque la vela no puede ver la llama que la corona. Sólo la llama se da cuenta de que anda prendida, porque ve el reflejo de su brillo en lo que le rodea y sabe que esa luz no es de la vela…. ya ves…. “por sus frutos los conoceréis”. ¡Que alegría! ¡El Ojo siempre había visto a la vela-que-se-creía-seca-y-apagada bien encendida! Vale. Ahora lo comprendía. Lo único que ocurría era que ella no lo sabía…

Pues nada. A dormir con el corazón rebosando amor por la vela-que-se-cree-seca y que deslumbra con su luz, aunque ella no se entera.

Pasó el tiempo, varias horas (o eso parece) hasta que volvimos a retirarnos la mirada secreta y la vela que esto transcribe al reino de la Dulce Nada. Y ¡zas! Esta vez la vela se quedó temblando… la mirada secreta bailando…. la llama chispeando… Me dice:

¡No hay ninguna vela que no esté encendida!

¡Dios mío! (nunca mejor dicho) ¡¡Claro!! Ninguna vela está apagada. Esa es la verdad. ¿Cómo va a haber una vela apagada? si

las velas existen para prestar servicio a la llama

El problema es que no lo saben y como no lo saben, hacen “vida de vela apagada” (una vida aparentemente oscura). No son felices ni pueden serlo…

Y sigue mi amada  mirada secreta:

Hay velas que no saben que son velas. Esas velas viven una vida de vela apagada pero no se dan cuenta. Así que su sufrimiento no es tan severo.

Pero hay otras velas que creen no estar encendidas aunque quieren estarlo. Estas velas se martirizan o hacen muchas cosas para encenderse y su sufrimiento es muy intenso. Estas velas, sigue la mirada, podrían darse cuenta de que están encendidas desde el primer instante de vida (de hecho es la llama la que da vida a la vela) simplemente siguiendo el rastro de su anhelo por encenderse.

No se puede anhelar lo que no se conoce.

Estas son velas que solo necesitan la determinación de vivirse encendidas porque ya conocen la llama (por eso la anhelan).

La vela no puede encender la llama, pero eso no importa. Porque

la llama es quien encendió la vela, dándole a luz.

La mirada secreta, en su infinita generosidad, me susurra por donde ir a la Luz de la llama que anda prendida desde tiempos inmemoriales…

La vela solo puede ver velas. La llama sólo ve llamas. La Luz solo ve Luz. Así que, vela-que-te-crees-seca, si alguna vez ves la llama en otra vela, es tu llama la que está viendo. Y si alguna vez ves Luz en otra llama, es tu Luz la que está viendo. La mirada sonríe y dice: ¿Todavía tienes dudas de la Luz que desprendes?

Decide ahora.

Decide desde donde quieres vivir

si desde la vela, desde la llama o desde la Luz que eres. Y

SÉLO plenamente

soltando lo demás completamente, por no ser verdad. Retirando la Luz de lo ilusorio (que es lo mismo que decir: dejando de prestarle atención). Para esto fuiste creada y Aquí eres Felicidad.

La mirada secreta te da las gracias.

aaaLa llama se vive en gracia.

aaaaaaLa vela resta en silencio.

¡Feliz Ahora!

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I. De la separación del yo. La vela

vela

Ningún yo separado podrá vivir la Unidad.

La mirada secreta

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Hoy la mirada secreta se posa en la vela. Y en la vela desvela el secreto escondido. Así.

La vela solo cumple su función cuando es encendida. Vela y llama son inseparables, son Uno. En su función la vela va menguando hasta desaparecer. Y con ella desaparece la llama. La llama es fuego. El fuego nunca desaparece. Siempre está Aquí. Aunque no lo veamos.

La vela es portadora de la llama del Fuego Eterno.

¿Podría haberse inventado la vela si no existiera el fuego? No. Por eso, una vela sin encender no es una vela plena. Sólo es una vela en potencia.

Cuando se enciende, la vela nace y comienza su viaje, inverso a lo que aparentemente se ve. Al ser encendida, la vela  brota de la potencialidad para llegar a la vida plena de fusión inseparable con la llama.

Para vivir en plenitud, la vela ha de ir fundiéndose en su dar vida a la llama.

Da su vida para dar Vida. Ese es el sentido de su existencia. Su existencia no es para ella.

Vela y llama llegan a su realización cuando ambas acaban su cometido, en el mismo instante:

el viaje de la vela en pura comunión se funde con la llama.

La vela se desvaneció como forma concreta. Se desvaneció en la llama. Se fundió en la llama. Y acabó siendo la llama. Y la llama, siempre viva en su potencia infinita, encontrará otras formas en las que manifestarse en perfecta comunión.

Me dice la mirada:

Tu eres vela y eres llama.

El yo-separado (ego) es la vela que olvida su esencia (cera) y se identifica con aquellos rasgos comparativos que la diferencian de otras velas. Mientras se cree que no es portadora de la Luz, está en potencia, muerta en su verdadera esencia aunque aparentemente hace muchas cosas.  Por eso Jesús dijo aquello de “deja que los muertos entierren a sus muertos”.

Sólo el yo-separado cree en la muerte.

El yo que se vive separado, vive a las otras personas como se vive a si mismo. Es el yo-separado que entierra otros yoes-separados. Es lo que ocurre cuando nos vivimos vela y obviamos que también somos la llama y que una y la otra son inseparables. Y

la llama de las otras velas es el mismo fuego que la que corona esta vela.

Sólo las velas están aparentemente separadas, aunque incluso aquí, están hechas todas de cera. De la misma cera. En realidad, solo hay una vela y solo hay una llama. Y ambas son inseparables. En realidad,

solo hay Uno apareciendo como muchos.

En realidad llamamos morir a lo que es una transformación, un cambio de forma de la misma y única esencia.

Por eso la verdadera vida es ir muriendo a la aparente separación; es el derretimiento del ego al entrar en contacto con la Luz de la Verdad. En ese consumirse, va menguando el sentimiento de separación. Es la Llama de Amor Viva la que utiliza el yo para su expresión. Esa es la función del yo separado, entregarse a la llama para que esta pueda iluminar la oscuridad del sueño. Mientras no es así, el yo separado vive en la oscuridad total (por eso a veces la mirada secreta le llama “fantasma”).

Cuando la llama de la Verdad enciende el yo, se hace la Luz y el sentido de separación se va desvaneciendo en el darse cuenta de la conciencia iluminada. Y la vida plena se alcanza cuando llega a su total disolución.  Cuando vela y llama son Uno. Cuando la vela se da cuenta que se formó para el Fuego y en el Fuego se convierte.

Por eso Teresa decía aquello de “muero porque no muero”, cuando ya anhelaba cumplir su función. Por eso decía “hasta que esta vida muera, no se goza estando viva. Muerte, no me seas esquiva, viva muriendo primero…”

O cuando lo único que deseaba era ser encendida: “Mira que el amor es fuerte, vida, no me seas molesta; mira que sólo te resta, para ganarte, perderte”

Es paradójico que la función del yo sea morir al yo, morir a lo falso que ha creído ser. Pero es que

ningún yo-separado podrá vivir la Verdad. Ningún yo-separado podrá vivir la Realidad. Ningún yo-separado podrá vivir el Amor. Ningún yo-separado podrá vivir la Libertad. Ningún yo-separado podrá vivir a Dios.

Es paradójico desde fuera. Desde dentro, la mirada secreta muestra la inexistencia del yo-separado y la realidad siempre presente del Uno. Así, Sí.

¡Feliz Ahora!

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Lo que busco, es lo que Soy

Versión 2

Nan Yar? Arive Nan

Sri Ramana Maharshi

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Hace poquito quiso la Vida que esta persona se encontrara en una situación en la que perdió todas las referencias de aquello que creía ser. Anduvo perdida, buscando un espejo en el que reconocerse, pero no encontró ninguno. Y, frente a semejante situación, no le quedó más remedio que rendirse. No fue un rendimiento beatífico, sino un rendimiento por desesperación. Y con la rendición, como suele pasar, llegó la paz. Y con la paz, la Mirada Secreta se puso en marcha y esto es lo que me mostró, ¡bendita mirada!

Cuando me quito todos los ropajes, cuando me quito todos aquellos vestidos tras los cuales mi verdadero Ser está escondido, cuando me quito todas las capas que ocultan mi verdadero Ser, cuando todo eso va cayendo, lo que queda es invisible, incognoscible, pero es lo único REAL.

Yo no me doy cuenta de que ando escondidísimo, ando agazapado detrás de millones de cosas y aspectos que hasta ahora no había visto. Ando escondido detrás de la ropa que llevo. Ando escondido detrás de la comida que como, detrás de las ideas que tengo. Ando escondido detrás de la rutina que me da esa seguridad. Ando escondido detrás de todo aquello que coloco a continuación del pronombre posesivo “mi”: mi casa, mi manera de pensar, mi familia, mi trabajo, mi país, mi cuerpo… Todos esos añadidos, -no en si mismos (nada hay de malo en la casa, la familia, el trabajo, el cuerpo) sino en la identificación, en el verter quien soy yo en esos aspectos o cosas que acompañan la experiencia de vida-, ocultan mi verdadero Ser y me separan del resto del mundo. Tan impactante es el descubrimiento que me da la mirada secreta hoy, justo hoy que el mundo se vuelve a convulsionar por el terror creado por la ignorancia, que me muestra con total claridad que sin los “mi” y los “mío” la guerra no sería posible… Es impresionante lo simple que es la Verdad. Lo simple y lo poderosa…

Es impresionante ver que

el problema no son los pensamientos, sino el hecho de creer que son míos.

Y lo mismo con las emociones, el cuerpo, las relaciones, los credos, el país… Esa barbaridad de aspectos y cosas con los que yo me identifico, ocultan mi verdadera identidad.

Para que yo conozca mi verdadera identidad, para que yo sea quien soy, no tengo que eliminar aquello con lo que me identifico. No tengo que separarme de mi familia, dejar el trabajo, etc.

Lo que tiene que caer es la identificación con todo ello.

Es realmente una paradoja:

quien verdaderamente soy no se identifica con nada. Nada da identidad a quien soy.

La identidad de quien verdaderamente soy, es intrínseca al Ser. No es un cumulo de cualidades añadidas, ni tan solo una añadidura individual.

Cuando pierdes un poco esos aspectos que te identificas, inmediatamente surge el miedo y una sensación de estar perdido, de no reconocerse en nada. Todas esas identificaciones que han caído eran espejos en los que yo me podía reconocer. Y ahora no me encuentro a mi mismo, no me veo.

En la verdadera identidad, en quien soy verdaderamente, no me voy a poder reconocer nunca. Sólo voy a poder Ser-la.

Todo aquello en lo que creo reconocerme, es externo a quien soy yo. Es algo añadido. Y el Ser no tiene ninguna añadidura. Es pleno en Si mismo. Nada se le puede añadir. Es puro.

Todo lo que añadimos, oculta el Ser.

Todo eso no me sirve a mi para conocer el Ser que Soy. Porque no puedo conocer Quien Soy. No me puedo dividir y que un yo vea a otro yo. Así que ir viendo aquello que no soy, estos añadidos tras lo que el Ser está escondido, toda esta investigación, me sirve para dejar caer, para darme cuenta de la irrealidad de todo lo añadido, para darme cuenta de la irrealidad de todos los mis y mios. Para que vaya cayendo aquello que creí ser y no soy. Y en ese desnudarse quede la Transparencia de Conciencia Infinita que nada es y todo lo incluye. Y en ese desnudarse hay libertad. Hay paz.

Aixxxxxxx

¡Feliz Ahora!

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El río y el agua

“Be water, my friend”

Bruce Lee

 

 

 

Decimos que el río nace en la fuente, pero ¿es así? ¿brota el río de una fuente o es el agua la que brota? Más el agua que brota de la fuente ya existía antes, entonces ¿qué es lo que nace?.

El agua que brota de la fuente viene de aguas subterráneas que quizás llegaron de la lluvia… la lluvia de las nubes… las nubes del agua de la tierra y así…

Decimos que el río nace en la fuente pero, en realidad, es una manera de hablar -rara vez miramos cúal es la verdad-. Lo que nace es una “corriente de agua” concreta y a esa le ponemos un nombre. Hay un sinfín de ríos en nuestro planeta, cada uno con sus nombres, compitiendo por ser el más largo, el más bello, el más caudaloso… pero eso al agua no le importa nada, nada, nada. Los ríos no son lo que parecen. Ni viajan, ni desembocan, ni tienen vida propia. Son las simples huellas que ha dejado el agua en su navegar. Son el cuerpo del agua. El agua es quien habita el río, quien hace al río lo que es, un río. Sin ella no habría río, pero sin río, ¡sigue habiendo agua!

El agua parece fluir con facilidad, sea entre rocas o juncos. Y es que en ese fluir hay una rendición total: a nada se enfrenta el agua. Y aún y así, entregada y rendida, en ningún momento deja de ser quien es. Siempre es agua.

Sólo se mueve en la dirección de su propia corriente, siempre por el camino más fácil, porque sólo tiene un objetivo: desembocar para seguir su ciclo.

-¿Para qué luchar contra nada? ¿para qué querer cambiar las características del río?- ríe el agua del río a la mirada secreta que hoy juega con ella.

Aunque hayan cascadas o remansos, el agua es inmutable, -siempre es agua, nunca cambia de forma porque no tiene forma. Lo único que hace es adaptarse al cuerpo que la contiene-. Parece que se ve afectada por los aparentes golpes: espuma, remolinos…, pero el agua sigue siendo agua.

Contra más pura el agua, menos atributos tiene: no sabor, no color, no olor. Y sin embargo, ¡qué rica está!

Y cuando llega el agua a su desembocadura (¡que no es el río el que llega a la desembocadura!), el agua… sigue siendo agua… y sigue su periplo, inteligente y eterno…

Y he aquí al ser humano, creyendo ser río cuando Es agua. Pero como se cree río, vive como tal. Nace un buen día de la fuente-madre y un buen día muere en la desembocadura; lucha con y contra todo sin saber cuál es su función, siempre compitiendo con otros ríos, siempre por el camino más difícil. Todo le afecta, y cree que en esa afectación está su aprendizaje. Y cree que los atributos son los que le hacen ser alguien… El ser humano… pura agua de vida… en negrita ¿Lo ves?

Ríe la mirada secreta al Silencio que hoy juega con ella…

¡Feliz Ahora!

 

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La Mirada feroz

IMG_2654-1“La Creación de Dios es la misma y no hay diferenciación en la creación. Dios es el mismo. Las aparentes diferencias han sido creadas por el hombre.”

Sri Ramana Maharshi

 

Mira como el Sol esparce sus rayos de luz sin buscar nada, sin querer nada. Simplemente los esparce porque está en su naturaleza.

Mira como la luz de sus rayos no tiene color alguno. Mira como los colores se forman en la mente de los seres que captan la luz. Y mira como los colores no afectan ni una chispita la propia luz del Sol.

¡Ay, la realidad! 

Caen las creencias como caen las hojas en otoño. Caen las creencias por madurez. Caen para no volver. Su lustro, apagado. Su realidad, consumida por la entrada de una nueva estación -si no hubiera invierno, no habría otoño; si no hubiera primavera, no habría invierno-. Fuera de las estaciones, ni arboles, ni hojas, ni nacimientos, ni caídas.

Golpea ferozmente la mirada secreta. A duras penas la mente es capaz de escribir estas líneas. El resultado podría ser incomprensible, pero ¿a quién le importa? Entregada esta persona, sigue dejándose escribir aquello que ha sido vislumbrado y que la mente, por su extrañeza, no puede diseccionar.

La realidad percibida. Pura percepción al servicio de los instrumentos que la captan a su manera. 

La realidad percibida sólo existe en la mente del que la percibe.

Tu realidad y mi realidad, ¿son acaso la misma? ¿Habrían discusiones, desencuentros y guerras si la realidad entre tu y yo fuera realmente una? ¿Habrían suicidas arrastrando tras de sí decenas de inocentes? ¿Habrían hambrientos en el planeta de la abundancia? ¿Habrían quema-dineros contaminando el aire que necesitan para seguir viviendo? ¿Habrían corta-bosques, corta-silencios, corta-vidas? 

Tu realidad y mi realidad no son la misma. Entonces, ¿cual es la realidad verdadera? ¿la tuya o la mía?

Golpea ferozmente la mirada secreta:

-Mira. Mira -me zarandea. – Lo que creíste que era la realidad, lo que los árboles, las nubes, los dioses creen que es la realidad, no es más que Aquello irradiando. Y lo que irradia no tiene forma alguna. Son haces infinitos de luz sin forma, sin color, sin concreción alguna. 

La concreción no es cosa de Aquello, sino de cada uno de los seres. 

Incluso los seres son haces infinitos de luz sin forma, sin color, sin concreción alguna.

El Sol irradiando luz sin forma. 

Aquello irradiando puro Potencial.

Y esto que está aquí y que creo ser, haciendo del potencial árboles, colores, acuerdos, creencias…

Dios no crea. Dios irradia. Los supuestos creadores de sueños, somos nosotros.

¿Es esto publicable? ¿Quién lo puede decidir?

La mirada secreta hoy se muestra feroz. 

En la entrega, dejo que vuele.

Siempre, siempre, ¡feliz ahora!

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