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La esclavitud de la comodidad

IMG_3142En la comodidad de cuerpo y mente, se amodorra la mirada.

La mirada secreta

 

En estos días me he dado cuenta más que nunca de que somos adictos a la comodidad. Y esa comodidad nos obliga a necesitar muchísimas cosas que en verdad no necesitamos pero vacían nuestros bolsillos, nos hacen egoístas, llenan nuestra casa, nuestra cuerpo y nuestra mente de necesidades y van anulando nuestra personalidad. No lo parece. Ya lo sé. Es un tema sutil este de la comodidad. A la mirada secreta insto para que sea ella que nos ayude a vislumbrar hasta qué punto la comodidad nos está robando nuestro potencial de vida plena…
Cuando hablamos de progreso, vemos que en este plano todo el progreso que se ha dado, ha sucedido en los objetos que el ser humano utiliza y no en el ser humano en si mismo. Y eso ¿por qué? Pues es debido a que el ser humano da realidad a todo lo que percibe y se ha olvidado de quién lo está percibiendo, es decir, de él mismo. Así, lo externo a él ha sido objeto de sus esfuerzos, de sus preguntas, de su devoción… mientras que él mismo ha quedado relegado y ha evolucionado muy poco en los últimos milenios…
Entre muchas cosas, algo que ha progresado ha sido todo aquello que proporciona comodidad. Ahí sigue el hombre trabajando y trabajando. Y la comodidad y el estancamiento evolutivo del propio ser humano van muy muy de la mano. No hay ninguna otra criatura humana que haya construido tantísimos objetos para poder moverse lo menos posible. Y sin movimiento -externo e interno- no hay evolución.
Así andaba esta persona, a la búsqueda de la almohada que mas cómoda le fuera. Y después de escuchar muchos consejos (¡que ricos somos en consejos!) y de gastar dinero comprando muchas almohadas, por fin encontró la que mejor le iba. Y de esa anécdota insignificante dos cosas aprendió: la primera es que la mejor almohada era una almohada viejita y gastada que había en la casa de sus abuelos, una almohada que podía adoptar la forma que necesitara en cada momento. Ninguna de las almohadas de alta tecnología le fue bien. Y entonces vio que lo más avanzado tecnológicamente no era necesariamente lo mejor…
La segunda cosa que aprendió fue mas dura. De repente se encontró dependiendo de la almohada para ir a pasar cualquier noche fuera. ¡Si no llevara la almohada otra vez se levantaría con el cuello torcido! Así que viajaba con la almohada. Entonces entendió a una querida amiga que al salir de casa va siempre con una maletita de ruedas porque necesita un montón de cosas para estar bien. Sí,

La comodidad crea dependencia.

A veces había invitado a mi amiga a pasar unos días conmigo, pero era tanto lo que necesitaría traer, que no venía. Y aunque tuviera ganas de pasar unos días por ahí, su dependencia a millones de cosas se lo impedía…

La comodidad nos hace esclavos.

Y entonces miraba a mis hijos y a otros jóvenes, viajando con una pequeña mochila con cuatro cosas, por el mundo entero. Sonreían de oreja a oreja. Felices. Libres.
Así que en mi siguiente viaje, no llevé la almohada. Y cuál fue el descubrimiento cuando doblando un jersey y colocándolo bajo mi cabeza, dormí como un niño…
No quiero sofás que rompen mi espalda. No quiero depender de comidas alternativas y carísimas. No quiero almohadas especiales. Ni alfombras mullidas. Quiero ser quien soy, pura libertad. Y vivir la vida con ligereza, ligereza, como mi vieja almohada, adaptándome a cada momento con lo que hay…- le digo a la mirada.
La mirada secreta, con su mirar, me dice que más se podría profundizar. Mmmmmm… ¡Sí! ¡Es verdad! La comodidad no me deja desarrollar mi potencial, me aborrega… Si. Si. Aunque cueste creerlo, es así. Quizás por eso, aquellos que buscan la Verdad siempre han llevado una vida sencilla bajo unas condiciones sencillas…
Bueno, Mirada– le digo seriamente- Ahora no voy a deshacerme de nada pero voy a ser consciente de lo que realmente no necesito y que incluso me está haciendo daño.
Podemos vivir con muy poco- contesta la Mirada- Aún y así, la clave no está en conseguir o desechar los objetos externos.

Lo que te esclaviza es la necesidad que crees tener de los objetos.

¡Descubre que esas necesidades no son reales! Empieza a ver lo que verdaderamente necesitas y lo que solo son necesidades creadas en la mente programada, y liberate. Llénate de libertad, de ligereza y de alegría. No te apoltrones -me dice amorosamente- No te rodees de cosas y cosas que crees necesitar. Vive con poco. Viaja ligero de equipaje por la aventura de esta vida porque

a menos peso, mas energía podrás dedicar

a vivir de verdad,

a vivir desde la Verdad,

a vivir la Verdad…

¡Oh Mirada! En todo te posas y en todo ves la luz de la Verdad. Gracias gracias gracias.

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Sobre las emociones

Las emociones se crean en el corazón de la mente. Los sentimientos, en el corazón del alma.

La mirada secreta

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Hablan las modas que las emociones hay que saberlas gestionar… ¡Gestionar! Como si fueran los dineros del banco. Y, ¿sabes por qué hablamos así? Porque la mente se cree que es el emperador y que todo puede manipular. Pobre mente que no se da cuenta que igual que esclaviza a la persona, ella misma está esclavizada por sus programas, condicionamientos y plantillas de corrección, que no paran de manipularla a cada instante. Pobre mente, invadida de creencias. Ni sus opiniones son suyas…

Queremos que la mente gestione las emociones, cuando pensamientos y emociones son inseparables. Queremos que la mente gestiones las emociones, pero solo las negativas. Porque queremos tener emociones positivas. Positivo. Negativo. Eso mismo ¿acaso no son dos caras de la misma moneda?

Entonces, la mirada secreta me pregunta:
-¿En serio crees que las emociones son tuyas? Si las emociones fueran tuyas, seguro que solo sentirias cosas bonitas y alegres… Pero no. Las emociones campan a sus anchas y tu estas ahí sintiendolas con total sumisión. Date cuenta de que eres tu que estás siendo de las emociones y no al revés.

Las emociones no son tuyas. Tu eres de las emociones. Son tus dueñas.

-Entonces ¿qué puedo hacer para no sufrirlas?- le pregunto.

Pues desde esta creencia, lo único que te queda es rebelarte a semejante jefe, a ese yo emocional que no te deja vivir en paz. Y así lo haces. Peleas contra todas las emociones que no quieres tener. Y ¿qúe hacen ellas? Hacerse más fuertes, como es de esperar, exactamente como ocurriría si te rebelaras contra tu jefe. Tu jefe se alzaría con todo su poder en contra de ti. Así que esta lucha en contra no parece un buen camino…
La mirada secreta. Siempre nueva, ve con la inocencia del no saber, sin ideas preconcebidas. La mirada que ve desde el origen, sin dar nada por hecho. Va allí donde se crea el problema y mira. ¿Dónde empieza? Y ve que el origen del sufrimiento que nos producen las emociones está en creernos que tienen poder, en creernos que son nuestras y que además son verdaderas, reales… Y es en todas estas creencias en donde se fragua el sufrimiento emocional. Pero si podemos descubrir otra forma de ver, todo cambia.

Creo que las emociones son mías, son reacciones a algo real y son poderosas.

En el caso del jefe que me hace la vida imposible y frente al que me estoy rebelando con la consecuencia de que él está usando todo su poder en contra de mi rebeldía, ¿qué pasaría si yo descubriera que esa persona no es mi jefe? ¿Seguiría con la revolución?
Los pensamientos psicológicos son los que interpretan, los pensamientos que enjuician al mundo, a las personas, a nosotros mismos. Y las emociones a las que nos referimos son el resultado de estos pensamientos y, a su vez, las generadoras de esos pensamientos. Tanto unos como otros son mecánicos, automáticos, programados. Y lo se porque la mirada secreta los ha mirado y comprendido (y este es el principio de la liberación). Al observarlos, siempre suelen ser los mismos movimientos psicológicos en las mismas situaciones. No son pensamientos ni emociones nuevos sino repetitivos y cansinos. Y la mirada también me muestra cómo van a su aire, ¡independientemente de mi! También sé que son temporales, que acaban por desaparecer tal como aparecieron.

La emoción es automática y sólo se convierte en problema cuando entra el pensamiento.

-Fíjate -dice la mirada- como en la naturaleza los animales también expresan emociones pero nunca se convierten en estados emocionales porque sus mentes no empiezan a crear un relato en torno a la emoción. Entre los animales, la emoción se vive y se resuelve sin dejar residuos. En los animales, las emociones “son”. Y no son ni negativas ni positivas. En cambio en los humanos, lo que acaba dañando son todos los residuos emocionales que son provocados por el pensamiento. La emoción se convierte en negativa cuando el pensamiento la alimenta y alimenta hasta hacerla engordar tanto que eclipsa cualquier vivencia del instante.

-No se puede evitar la emoción pimera, pero ¿si que se podrá hacer algo para que no se convierta en una fuente de sufrimiento? – le pregunto viendo con total claridad como funcionan.

Si la solución para dejar de sufrirlas no está en tratar de acabar con ellas, ¿que podemos hacer? La sabiduría ancestral habla de dejar que las emociones sigan su curso sin que nosotros tratemos de desviarlas o eliminarlas, sino acogiéndolas y dándoles el espacio que necesiten. Siento que hay verdad en eso pero hasta ahora no sabía cómo hacerlo.
Y en estas la mirada secreta me enseña una escena: la de la madre que va a consolar a su pequeño cuando este despierta llorando y asustado por un mal sueño. La madre abraza al niño, le tranquiliza sin prisa, dejando que se vaya calmando poco a poco, desde la paz de saber que la causa de sufrimiento del niño no es real..
Pues ya está. Me imagino como esa madre, y la emoción como ese niño. Y ya sé que hacer…

Pero no se acaba aquí…  De lo más profundo, la mirada me descubre siendo el espacio sin fronteras en donde todo aparece (incluidas las emociones). Y ahora, cuando aparece una emoción, la sé dejar ser mientras yo me vivo ese espacio infinito en el que todo cabe…

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Dos niveles de actuación para una misma vivencia. Y ninguno de ellos hace lo que la mente querría, luchar en contra de la emoción o alimentarla con sus interpretaciones.

¡Feliz Ahora!

 

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Ser la mirada

img_9367Sin la luz de la conciencia, ni la nada existiria.

La mirada secreta

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Esta noche soñaba que me lanzaba desde un precipicio y aunque sentía cierta impresión, no había miedo. No recuerdo mucho más, una sensación vaga de flotar en la inmensidad por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión. Al despertar, el amor por la Verdad de la mirada secreta me empuja a investigar quien he sido en este sueño. Y durante el día, me pongo a ello. Sin esfuerzo. Sin expectativas. Sin buscar nada. Sólo mirar…

En el sueño, no conocía nada. No conocía el precipicio ni el paisaje. No recuerdo formas concretas que pudieran garantizarme estar soñando sobre el planeta tierra. Tampoco recuerdo escuchar ningún ruido. Ni recuerdo sensaciones en la piel. Si recuerdo flotar, por lo que puedo suponer que en el sueño no tenía el cuerpo que tengo en la vigilia. Tampoco recuerdo pensar nada. Un espacio y un tiempo direntes. El sueño era solo una vivencia que yo vivía en primera persona pero no parecía que fuera el mismo yo que soy mientras esto escribo. Sin embargo, me dice la mirada, algún punto en común tiene que haber con la vigilia. Si. En las dos situaciones, soy yo quien las vive. Pero en el sueño no tengo el mismo cuerpo: mientras floto en la inmensidad de un paisaje infinito, el otro cuerpo supuestamente está plácidamente en la camita descansando…

Sigue la investigación… Ahora me doy cuenta de que he escrito “flotaba por encima de un paisaje en el que el horizonte se desplazaba con mi propia visión” ¡Eso es! Ahora lo veo. Entre el sueño y la vigilia lo único que había en común era ¡la visión! Yo, viendo. O mejor aún: un VER, sin yo. Como si “yo” fuera el “ver”…

Vale. Y ¿qué pasa cuando no sueño? ¿qué pasa en el sueño profundo?. Está claro que yo desaparezco junto con el mundo entero. El mundo desaparece conmigo. Ni espacio, ni tiempo. Nada. Pero me encanta dormir. Soy muy feliz durmiendo. Y si me despierto de noche y veo en el reloj que todavía me quedan dos o tres horas más antes de despertarme, me lleno de felicidad. Eso quiere decir que aunque ni yo ni el mundo estemos presentes en el sueño profundo, si que hay un darse cuenta de la felicidad de este estado. Un darse cuenta. Un “ver”. ¡Oh mirada! El hilo de Ariadna…

Los sabios hablan de que corrientemente el ser humano conoce tres estados de conciencia: la vigilia, el sueño con sueños y el sueño profundo. Lo había leído mil veces. Pero ahora lo veo. Ahora veo que el “yo” que permanece en los tres estados es uno. Igual que me doy cuenta del frío que hace aquí, me doy cuenta de estar flotando en el sueño, me doy cuenta de la felicidad del dormir profundo. Pero la expresión “me doy cuenta” es una trampa. Una trampa que no nos deja ver. Porque parece que haya un “yo” y un “darse cuenta”. Y no. ¡No es así! ¡Qué alegría! El alma baila alborozada..

No hay un “yo” que se da cuenta.

En la vigilia hay un “yo”. En el sueño se crea otro “yo”, con otro cuerpo, con otras capacidades, incluso con otras edades, en otros mundos, con otras comprensiones… Y en el sueño profundo, no hay “yo” alguno. Y es fácil de entender por qué es así. Porque en la vigilia y en los sueños, la mente está activa, creando. Y

es la mente psicológica la que crea el “yo”.

Pero en el sueño profundo, la mente psicológica no está. Por lo que no existe el “yo”.

No hay un “yo” que se da cuenta de las cosas. Es mucho, mucho más sencillo. Sólo hay un darse cuenta, un puro VER, una luz que ilumina… La conciencia. Si. Es lo que está siempre presente: la conciencia.

Cuando cae lo que creo ser, me doy cuenta de que lo que soy es ese darse cuenta, esa luz que tanto ilumina un enfado, como una puesta de sol, como un sueño extraño, como un silencio, como una nada.

Ver.

Y ¿qué pasaría si en vez de vivir la vigilia desde quien creo ser, vivo desde el darme cuenta?

Ser la mirada.

Ahora lo veo. Esa es la puerta que conduce a la Verdad, a la Realidad que está más allá de los tres estado y que sin embargo a los tres crea. Ser la mirada que soy.

¡Feliz feliz Ahora!

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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

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En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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La razón y la verdad

larazónylaverdad

Cuando hubo el boom de la mediación,  alguna alma caritativa me enseñó este diagrama para comprender el conflicto y desde entonces, me ha ayudado mucho a comprender. Ahora sigue dando sus frutos gracias a la mirada secreta. Hoy quiere que hagamos el camino de profundización juntos. ¡Vamos a ello, a ver donde nos lleva!

Si le preguntamos al señor de la izquierda cómo es la esfera, dirá que de puntitos. Si se lo preguntamos al señor de la derecha, dirá que de cuadraditos. Ambos serán capaces hasta de matar si llega el caso, por “su” verdad.

Así es como funcionamos siempre. Tanto en las relaciones personales como en las sociales, económicas, etc. Tanto individualmente como colectivamente (sociedades, religiones, países). Este es nuestro patrón.

Lo que pensamos sobre lo que vemos, lo damos como verdadero.

Todos los conflictos, todos, vienen de aquí. Y dime, ahora que ves el dibujo, ¿cuál de los dos señores tiene razón?

La razón no es más que lo que la mente ve desde una perspectiva concreta. Es una visión relativa al lugar desde donde estoy viendo. Eso es la razón. Nada más. Y sin embargo, la absolutizamos.

Creemos que tener la razón es tener la verdad.

Hacemos sinónimos razón y verdad, y la consecuencia de ello es que tener razón nos da derecho a todo. Pero la mirada secreta nunca se conforma con lo creído y mira por primera vez y ve. Ve con total claridad que

la razón y la verdad no tienen nada que ver.

Mira el dibujo y dime ¿dónde está la verdad?

Esta investigación empezó el otro día entre un grupo de vibrantes corazones. Estábamos descubriendo que existe otra manera de ver, más allá de lo que la mente nos dice. Y alguien dijo que si eran muchas las personas que lo veían de la misma forma, entonces seguro que era verdad. Es bastante frecuente que demos la verdad a lo que la mayoría dice. Incluso el sistema de gobierno más avanzado se basa en este precepto: la mayoría gana. Creemos que

si todo el mundo lo dice, entonces debe ser verdad

Pero ¿es así? Si volvemos al dibujo, sólo hemos de imaginar muchos señores en uno de los lados y un solo señor en el otro lado de la esfera. ¿Tendrán más razón los que son muchos frente al que es solo uno? Incluso si toda la humanidad estuviera a un lado del círculo, aún y así no tendrían más verdad que el pobre solitario del otro lado. ¡Ah! -y esto va por los que quieren ser “personas únicas”- el que está solo al otro lado de la esfera, tampoco tiene más verdad. Entonces ¿dónde está la verdad?

-La verdad nunca ha estado en posesión de la mayoría-, dice la mirada secreta. Si la verdad hubiera estado en posesión de la mayoría, el mundo sería maravilloso.

La razón y la verdad no tienen ningún punto en común.

Siempre que uno cree tener la razón, trata de convencer a los demás. La razón trata de ser demostrada y se puede conseguir que otros lleguen a estar de acuerdo contigo, “te den la razón”. Y si no comparten “tu” razón, entonces están en “tu” contra. De la razón salen los dogmas, sucedáneos de la verdad que absolutizan creencias. E igual que la razón trata de ganar adeptos para así sentirse más verdadera, puede ser cambiada por argumentos más contundentes. Hoy le doy la razón a uno y mañana a otro. La razón no entiende al que está en el otro lado. Le llama mentiroso, o tonto, o enemigo, o malo. La razón siempre divide. Siempre

La razón es un sucedáneo de la verdad que tiene que ver con lo que yo veo desde una perspectiva concreta en este momento. En cuanto cambia la perspectiva, cambia la mirada. Pero es muy importante que me de cuenta de que no puedo estar creyendo tener razón y viendo. Porque el ver no se puede hacer desde la mente y cuando estoy atrapado en mi razón, es signo de que estoy atrapado en la mente. Por creer tener razón se pelean las familias, se enfrentan los países, se mata, se condena… Ese es el peso de la razón.

La verdad es ver la totalidad en cada momento y eso solo se puede hacer trascendiendo la razón en un estado de apertura total. La verdad no puede ser demostrada porque no tiene argumentos. Solo se puede ver, solo puede ser vivida, porque está más allá de la mente (como el sabor de una manzana, que no puede ser demostrado…). A diferencia de la razón, la verdad no se puede dar a otros, lo único que se puede hacer es ser fuente de inspiración para que el otro vea, para que el otro suelte la mente para ver (¡gracias mirada secreta!). Y aunque el ver lo verdadero es tan contundente como la razón, no necesita convencer a nadie para afianzarse. Sabe que lo visto es así, sin pensarlo (igual que sabemos a qué sabe una manzana sin que la mente pueda decir nada al respecto). A diferencia de la razón, el ver lo verdadero no está supeditado a cambios, nadie ni nada te puede convencer de otra cosa. Por eso es contundente. El ver lo verdadero no deja nada afuera. Es ver la pelota desde todas las perspectivas en una sola vez. La comprensión del ver lo verdadero lo abarca todo. Nunca hay contrarios. No los puede haber porque

la verdad vive en la totalidad

Así como se puede tener la razón, no se puede tener la verdad. La razón está en lo visto, mientras que

la verdad está en la mirada.

Mientras yo crea que tengo la verdad, eso me va a impedir ver. Para ver, tengo que abandonar la razón. Porque la razón es resultado de la mente mientras que la verdad es un ver directo, sin mente. Y es en el ver lo verdadero en donde nos espera todo lo que anhelamos. Es aquí, en la mirada que ve donde está el amor, la belleza, la sabiduría, la unidad.

¡Gracias mirada!

¡Feliz Ahora!

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El tren de la Vida y la mochila psicológica

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“Cualquier peso que se pone en Dios, Él lo soporta. Puesto que el poder supremo de Dios hace que todas las cosas se muevan, ¿por qué, sin someternos a él, debemos inquietarnos nosotros constantemente con pensamientos sobre lo que debe ser hecho y cómo, y sobre lo que no debe ser hecho y cómo?”

Bhagavan Sri Ramana Maharshi

Lo que nos pesa tanto aquí, en mitad del pecho, y aquí, en la cabeza… las preocupaciones, los deseos, los recuerdos, las culpas, las envidias, los deberes, las exigencias, los intentos, los resultados, las quejas, los victimismos, los miedos, las manipulaciones, las mentiras, los rechazos, pesan tanto que a duras penas podemos abrirnos a la alegría, a la paz, a la armonía, a la belleza, al amor, a la libertad, a la dulzura, a la claridad.

¡Qué curioso! ¡La alegría, la paz, la armonía, la belleza, el amor, la libertad, la dulzura, la claridad no pesan nada! ¡Claro! Son reflejos de la Verdad. Y la Verdad es simple, transparente, liviana.

…uy uy uy, ¡aquí tenemos una chispa de la mirada secreta!

si lo que hay en mi mente y mi corazón pesa es que no viene de la Verdad

Todas esas “piedras” que tanto pesan son la mochila psicológica que llevamos encima. Ninguna de ellas está fuera de nosotros, sino que

todo lo que nos pesa es reactivo a nuestra programación mental.

A cada uno nos preocupan las cosas que nos han enseñado que son muy importantes o esenciales (no hay ninguna cosa que sea muy importante o esencial para todas las personas). Lo mismo ocurre con los deseos, las culpas, etc.

De acuerdo. Todos tenemos nuestra maleta particular que nos impide ver y vivir la belleza de la vida. y lo que solemos hacer con ella es intentar reparar su contenido. Así creemos que la maleta pesara menos. Pero la verdad es que no parece que este sea un camino muy eficaz para aligerarnos y poder vivir en paz. Entonces ¿qué podemos hacer?

Leyendo a un gran sabio, la mirada secreta reconoció la verdad (sólo la mirada secreta puede reconocer la verdad). El sabio dijo que esta maleta la llevábamos todos encima porque

no nos damos cuenta de que no somos nosotros los que llevamos la vida sino que es la vida la que nos lleva a nosotros.

Por eso cargamos la maleta encima de nuestra mente y nuestro corazón.

¡Imagínate! Ir en el tren cargando con la maleta, en vez de dejarla en el suelo.Y Así, no es de extrañar que no podamos disfrutar del viaje, ni de la compañía, ni del paisaje :)

La Inteligencia de la Vida nos lleva. Hemos de darnos cuenta que no somos nosotros los conductores, sino que vamos en el tren de la Vida. Y que no hace ninguna falta que llevemos encima todos nuestros pesos. Los podemos dejar tranquilamente a cargo del tren. Al fin y al cabo, es el tren de la Vida el que nos va a llevar a nosotros y a nuestros pesos. Así que ¿por qué no dejarlos en el suelo? Eso nos liberará y nos permitirá disfrutar del viaje, de las paradas que vaya haciendo, de los pasajeros que vayan compartiendo algunos tramos de nuestro viaje, del paisaje. Dejar nuestros pesos a cargo del tren de la Vida nos mantendrá las manos, la mirada, la mente y el corazón vacíos para que puedan ser llenados de aquello que la Inteligencia nos vaya mostrando. Libres de programaciones, de asuntos pendientes (ambos creados en un pasado que sólo existe como idea). Libres de deseos, expectativas, preocupaciones, miedos (todos creados también en un pasado que sólo existe como idea). Libres.

Libres para ver, para comprender, para vivir, para expresar lo que es Verdad.

El tren de la Vida te lleva a ti y lleva tu maleta.

Y tampoco hace falta que abras tu maleta y trates de ordenarla, de lavar sus trapos, de remendarlos. Por mucho empeño que le pongas no vas a acabar nunca de adecentar eso porque es como querer adecentar una maleta de basura que además de sólo ser desperdicios podridos, encima son virtuales. Misión imposible. Deja ya de intentar arreglar aquello que en si es desecho.

Y tampoco hace falta, de verdad, que la aguantes sobre ti.

Déjala al cuidado del tren, desocúpate totalmente de ella y ¡entrégate al gran viaje de la Vida! Solo funcionará si tu desocupación de la maleta es TOTAL.

Así sí.

¡FELIZ AHORA!

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Un mundo mejor

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«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Lc 10, 41-42

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Es la mirada secreta tan nítida que mientras el ojo ve, los ojos lloran.

Lloran sin saber por qué lloran. No es tristeza, ni es incomprensión o impotencia. Tampoco es alegría o exaltación. Lloran los ojos porque no pueden hacer otra cosa frente a la  Dulce Nada, inmensidad lumínica y silenciosa que la mirada secreta muestra.

Mientras, la mente sigue queriendo hacer. Y hacer. Y hacer. Dice que el mundo va mal. Dice que hay que salvarlo. Y es que la mente a veces ve el reflejo del Amor, de la Libertad. Ve reflejos de Sabiduría, de Belleza. Y quiere eso. ¿Cómo no lo va a querer?. La mente también tiene buena voluntad. También quiere hacer el bien. También quiere ayudar. Pero…. ¿puede?

La mente ve reflejos de la Verdad… Pero los reflejos no sirven para actuar.

Imagina que tienes mucha hambre y vas mirando el suelo en busca de algo para comer -sigue la mirada secreta en su imparable afán por abrir la rendijita para que la Verdad pueda iluminar-. Imagina que mirando ves en un charco el reflejo de una hermosa manzana que cuelga de la rama del frutal. ¿Podrás alimentarte de ese reflejo?

La mente quiere actuar desde lo que entiende por amor, por libertad, por sabiduría. Pero son reflejos. Y de ellos hace su verdad. Confunde su verdad con la Verdad aunque hayan otras mentes que no lo vean así. Y entonces entra en lucha. Y divide. Unos son buenos y los otros son malos. Los buenos son los que comparten su verdad y los malos los que tienen otra verdad. Eso ya tendría que alertar al corazón. Tendría que avisarle de que no vamos bien porque, ya lo decían nuestros abuelos que Verdad sólo hay Una. En la Verdad no hay buenos ni malos, no hay razones, ni -por no haber- hay valores.

La buena voluntad de la mente no cambiará el mundo. El mundo también es un reflejo. Un reflejo de cómo funciona la mente. Una mente que divide crea un mundo dividido. Una mente complicada crea un mundo complicado. La Verdad no crea bandos. La Verdad comprende al que no comprende.

Para vivir desde el Amor, para actuar con Sabiduría, para ser Libres, hemos de ir primero a la Fuente. Hemos de bañarnos en Sus Aguas. Levantar la mirada para Ver de dónde viene el reflejo, para encontrar la Fuente de la que partió. Allí están esperando los aromas de la Verdad, la Sabiduría y el Amor. Recoge esos frutos. Ven de vuelta a la tierra que pisas y deja que sean esos frutos los que actúen a través de ti. Quizás entonces puedas servir de ayuda, puedan las acciones ser sabias.

No vamos a ser prácticos hasta que sepamos actuar sabiamente

No se trata de actuar o contemplar. No se trata de retirarse al Silencio (-que no sirve para nada, dice la mente práctica, muy convencida) o ser un activista por un mundo mejor. Esa es la mirada de la mente que todo lo divide.

Se trata de empaparse de la Verdad, en el silencio más allá de la mente, investigando, entregándose con valentía al no-saber. Y esa Verdad será entonces la que actúe a través nuestro…

Andate a la Fuente, -anima la mirada secreta-, bebe de Su agua de sabiduría y amor. Llena el cántaro y camina de vuelta. Entonces, ofrece ese Agua para que otros beban…

¡Feliz Ahora!

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De la transparencia a la Luz

Versión 2

Calma las aguas de tu mente,

y el universo y las estrellas se reflejarán en tu alma.

Rumi

El otro día andábamos paseando. Y la mirada secreta que siempre está al acecho para des-cubrir la Verdad que se haya oculta en TODO, aprovechó lo que la vida le traía para mostrar su luz…

¡Qué día tan triste! comentábamos al ver el cielo encapotado y la grisura de la luz aquel día de invierno. Abrigados hasta las orejas, tratábamos de encontrar la piedra en forma de corazón que nos había caído en el estanque. Pero el estanque estaba tan turbio que no podíamos ver nada.

¡Qué clara hubiera sido la visión si la luz del sol hubiera incidido en unas aguas transparentes!

De la misma manera, mi amigo iba tropezando con todo lo que se encontraba porque el cristal de sus gafas estaba sucio.

¡Qué bien vería mi amigo si en vez de llevar las lentes sucias, las llevara bien limpias!

La luz del Sol atravesaba la capa de nubes que cubría el cielo y, precisamente por tener ese obstáculo delante, no se expresaba con toda su maravillosa luminosidad.

¡Qué diferente hubiera sido la vivencia de su luz si no hubiera habido nubes en el cielo!

En todos los casos, la luz del sol estaba allí. Pero el medio por el que pasaba la luz estaba obstruido, lo que hacía que la expresión de la luz fuera diferente, aún siendo la misma.

Pues lo mismo ocurre con la Verdad -dice la mirada secreta, encantada de poder expresarse -que es lo que más le gusta!-):

Aunque la Verdad siempre es la que Es, a veces su medio de expresión puede estar obstruido o un poco sucio, por lo que el resultado puede ser un reflejo distorsionado. Y estas obstrucciones son todo aquello que inventa la mente, como todas y cada una de las creencias,  las interpretaciones, todos los inventos de la mente que damos por ciertos…

La creación mental no deja ver con claridad la Luz de la Verdad.

La naturaleza muestra la Verdad en cada piedra, en cada hierba, en cada montaña, porque están libres de la contaminación mental. Lo mismo ocurre con los niños muy pequeños, con los animales, libres también de creencias. A través de ellos la Verdad se expresa nítidamente.

En nosotros, lo falso oculta la luz de la Verdad. La idea que tenemos de quienes somos,

la creencia de que yo soy una entidad concreta y separada del resto es la principal obstrucción.

Por eso el viaje del ser humano a la Luz de la Verdad es el viaje de la transparencia. La luz de la Verdad desciende y el “yo” se va haciendo cada vez más transparente a Su contacto, más vacío de creaciones mentales. Conforme la transparencia es mayor, conforme el “yo” se va vaciando de todo pensamiento autoreferenciado, va quedando a disposición de la Verdad y lo que ocurre es que el amor, la armonía, la belleza, la sabiduría, la libertad, la ecuanimidad,

todos los atributos de la Verdad son reflejados con más nitidez a mayor transparencia.

Y el odio, los celos, la envidia, la posesividad, los juicios, etc,

todos los atributos creación de la mente van desvaneciéndose a la luz de la Verdad.

El instrumento “ser humano” sólo se contamina con la mente. Y lo que ensucia la mente no sólo son las creencias y demás, sino también aquello con lo que la alimentamos: deseos, películas, situaciones y también la alimentación del cuerpo. Este tipo de alimentos dificultan una mente equilibrada y silenciosa de “yo-mi-mio”. Y

solo una mente silenciosa transparenta la luz de la Verdad.

El silencio es el jabón, el disolvente de la suciedad de la mente.

Así me cuenta la mirada secreta. Así se expresa. Con contundencia y dulzura. Gracias. Gracias. Gracias.

¡Que descienda pues la Luz de la Verdad y sea este “yo” a su contacto cada vez más transparente, hasta que la Luz y la transparencia de este yo se unan en la indivisibilidad de la Verdad!

¡Feliz Ahora!

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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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