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El orden natural

img_2549El orden sí  que altera el producto.

La mirada secreta

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De la fuente del bosque brotaba un hermoso río. Los aldeanos aprendieron hace ya mucho tiempo que para que todos se beneficiaran de sus aguas, había que seguir un orden: llevaban a las bestias a bañarse río abajo. Más arriba, se bañaban ellos. Aún más arriba, dejaban los aldeanos que las bestias calmaran su sed y más arriba aún, cerquita de la fuente, lo hacían ellos. Así el agua que brotaba de lo profundo de la tierra, era una bendición para todos y para todo.

Los hombres que llegaban a la aldea, faltos como estaban de conocimiento, bebían en cualquier tramo del río, quizás más abajo de allá donde las bestias se bañaban. Y lo que es elixir de vida, se convertía en ellos en puro veneno.

Echo de menos el orden, el orden natural de todo- le digo sin palabras a la mirada secreta. Dime, dulce mirada, ¿cómo puedo vivir en este orden que convierte toda acción en un bien para mi y para el todo?

¡Qué bella pregunta! Nunca antes me habías hablado de ello. ¡Qué feliz me siento! -contesta la mirada que lo que más le gusta es descubrir y descubrir para el ojo embelesado. -Mira estos aldeanos. Míralos con mi mirada…-me dice.

Veo que ellos conocían muchas, muchas cosas: la dirección del agua del río, la pureza de sus aguas y cómo ésta se ve afectada por el uso que se les da; que ha de ser más pura el agua que bebo que el agua en la que me baño, igual que en todo lo que está vivo…

Si- me dice la mirada. Se necesita saber, tener unos conocimientos. Pero si contamos sólo con los conocimientos no va a ser suficiente. Mira:

Era así como el chico, harto de caminar, dejaba que las bestias se bañaran cerquita de la fuente donde él saciaba su sed. Y un día, mientras el rebaño se bañaba, su hermano fue a beber río abajo, allí cerca donde el andaba trabajando su campo. Aquella noche, el hermano caía gravemente enfermo mientras el chico lloraba…

¿Ves?- me insta la mirada secreta. Ambos hermanos, aún sabiendo, pensaron sólo en ellos mismos. No porque fueran egoístas ya que aparentemente no hacían daño a nadie, sino por ignorancia. Ellos se vivían a si mismos separados de la totalidad de la vida. Y este es el orden humano:  se tienen muchos conocimientos pero se viven desde la separación del yo con el resto de la vida. Y es que,

aunque el conocimiento es indispensable, no es ni mucho menos suficiente.

Y eso es lo que todavía ha de descubrir el ser humano. para que el conocimiento tenga un efecto beneficioso se necesita comprender que

toda acción tiene un impacto en el Todo.

Necesitamos descubrir que no estamos separados, que formamos un todo indivisible. Que todo lo que existe forma parte de mí.  Si llego a descubrirlo, entonces aparece un segundo elemento: el Amor. Y no pienses que es el amor que crees conocer. Es el Amor que trasciende mis “mis”, que todo lo incluye, que no ve nada separado del resto, que contempla la Vida como el único ser y que cuida cada átomo, cada vida como elemento siempre-integrado en la totalidad.

El Amor es la fuerza que actúa cuando descubro que todo forma parte de mí.

Y de esta manera se crea el ORDEN NATURAL Y DIVINO. El Orden que trasciende lo humano -trágicamente sustentado por la idea de separación.

El orden natural, hijo de la sabiduría y del amor.

En verdad, Ser y Saber, Amor y Sabiduría, Corazón y Mente, unidos para el mayor bien del Todo, de todos, de mi, de lo visible y lo invisible, de lo conocido y lo desconocido.

Más allá de cualquier conocimiento teórico, todo lo que comprendemos de la Verdad caerá en terreno baldío mientras la tierra en la que se posa esta sabiduría no se descubra tierra de todos, porque sólo el Amor la fertilizará.

¡Qué germine la Verdad en la tierra del Amor y el Orden natural -y por tanto divino- sea su fruto!

Gracias, querida mirada. En verdad, el descubrir es infinito.

¡Feliz Ahora!

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Ver.Dad

VerDad“Contemplación es amor y sabiduría unidos, ver y sentir unidos”

Consuelo Martín

Últimamente la mirada secreta está buceando y como su sustento vital es la inspiración y no el oxígeno, bucea y bucea sin parar, más y más profundo. Y dónde pareciera que no había más que oscuridad, ve. Ve y después expresa lo visto. Así ocurre porque, sorprendentemente,

la Verdad no se puede acumular

Es como la luz. La luz entra por el ventanal, o por la rendija, pero entra toda. No puede entrar a trozos (¿recordáis la entrada de la mirada “Soltar y saltar“?) Y esa luz que ha entrado no la podemos guardar en un cajón, atesorarla para nuestro propio y único bien, acumularla para tener más y más luz. Esa luz que ha entrado, se expande y se expresa en todo el espacio abierto a ella. No se va a poder aprisionar. Si cierro la ventana y las contraventanas para que no se escape, desaparece completamente. Se hace oscuro ¿verdad?

Pues lo mismo ocurre con la Verdad. La mirada secreta ve, no ve a trocitos.

La verdad no está nunca, nunca en lo visto. La Verdad está en la mirada.

Y por eso no se puede atesorar. Sino que lo que va a pasar es que se va a expresar, se va a entregar, se va a dar, tanto si se quiere como si no, más allá de la voluntad (otra entrada de la mirada de hace pocos días… ¿veis como anda buceando? :)).

Que no crea la persona que la Verdad es suya, o que es ella quien ha visto la Verdad. Que no la encierre en su personal “banco de verdades” porque así se va a perder, se va a hacer la oscuridad. La Verdad es luz y como tal no conoce la oscuridad.

La mirada secreta me enseña, me ayudar a comprender que cuando uno cree haber encontrado la Verdad, lo que está haciendo es convertirLa en una cosa, una cosa que se tiene o no se tiene. Y al convertirla en una cosa-propiedad, ha vuelto a caer en lo falso. Por eso nadie puede dar la Verdad a otra persona, porque no es ninguna cosa. Es un ver, un ver que se expresa porque así es su naturaleza:

VER …< DAD

Ver y dad, podría haber dicho el sabio (quizá lo dijo, yo no sé). Ver y dad intrínsecos a la VerDad.

Ver………… comprensión………SABIDURIA

Dad……….. expresión……….. AMOR

En el Ver, la conciencia nos conduce a la Verdad

En el Dar, la conciencia expresa la Verdad.

Por eso, siempre, como dice el sabio, en el camino de la Verdad, han de ir mente y corazón unidos.

Cuando es la mente la que se apropia de la Verdad y se olvida del Amor,  la Verdad se pierde en el fanatismo y la doctrina…

Cuando es el corazón el que se apropia de la Verdad y se olvida de la Comprensión, la Verdad se pierde en el sentimentalismo y la obediencia ciega…

Que sea por Amor a la Verdad que abres tu Ojo.

Que sea la Verdad del Amor la que lo ilumine.

¡Cuánta belleza, mirada secreta! El corazón abierto y la mente silenciada en tu profundo bucear.

¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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LOS TRES LEONES


“Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres”

Juan de la Cruz





“Yo” y “ego” son palabras que aluden a lo mismo, a esta identidad que se vive separada de todo y de todos. Como a mi la palabra “ego” me sonaba también a “vanidad” o “soberbia”, sin darme cuenta trataba de evitarla. Así que para mencionar a esa entidad separada, en vez de llamarla “ego” la llamaba “pequeño yo”. Esta es la historia de una confusión.

Los sabios le decian que para descubrir la Verdad era imprescindible que el pequeño yo muriera, porque esa creencia de ser alguien separado de los demás y del mundo no era su identidad real. Y como amor a la Verdad no le faltaba, se arremangó y trató por todos los medios de matarse. Pero no había forma. Intentó primero tragarse todos los arrebatos egoicos, pero eso no hacía más que empeorar la situación. El pequeño yo se aprovechaba de los fracasos: “Que mal que lo estoy haciendo” “soy un desastre”. Frases así poblaban la mente del pequeño yo y con eso aún se fortalecía más la identidad separada.

Al ver que tragarse sus arrebatos aún le daba más identidad, trató de no hacerles caso. Uy! Esta estrategia era todavía más virulenta. Imaginad, ahora el pequeño yo no se sentía mal consigo mismo, sino que pensaba: “Sí. Sí. ¡Lo estoy consiguiendo!” Así que el resultado era casi peor que con la anterior estrategia. Ahora no sólo se sentía separado del mundo sino que se sentía ¡mejor que el resto!.

Hiciera lo que hiciera, el pequeño yo en vez de morir, crecía. Crecía incluso más que antes de haber deseado morir. Pero, enamorado de la Verdad como estaba, no cejaba en sus intentos.

Y la Verdad, que responde siempre que se la llama, le regaló un compañero. Era este un gran león de porte digna. El pequeño yo se enamoró al instante de él. Y aunque le causaba respeto, mucho respeto, no sentía ningún miedo. El león era como un sabio ecuánime. Incluso su lustrosa melena era blanca, como serían las barbas del más sabio entre los sabios. El pequeño yo olvidó sus ansias de morir y se dejó cautivar por las maravillas que el sabio león le mostraba. A su lado, el pequeño yo comprendió muchos de los enigmas que en otros tiempos le habían angustiado. Este maravilloso animal fué quien le presentó a la mirada secreta (ahora es la mirada la que sonríe al recuerdo) y junto con ella formaron equipo para ir colmando el enorme ansia de Verdad que ardía en el centro del pequeño yo.

Un día, cuando estaban paseando por los aires del misterio, se oyeron unos silbos amorosos al compás de una bella tonada. La melena blanca del compañero no pudo menos que sumarse a la danza que el pequeño yo, envuelto en la locura del amor, expresaba. ¡Cuánta dicha y alegría nunca antes conocida!. La luz clara y precisa que emanaba del sabio león se vió entonces completada por la más dulce sonrisa…. ¡en las fauces de un segundo león! ¡Era éste quien silbaba!. El pequeño yo se moría de la risa. Ver a otro inmenso león jugando como un gatito con su magno compañero, le abría el corazón como nunca antes lo había sentido. El pequeño yo se sentía colmado de gracia. Y con ambos como compañeros, guías, amigos del alma siguió su camino en pos de la Verdad. Ahí estaban: el Amor por la Verdad en la forma del más bello y dulce de los leones; y la Verdad del Amor en la mirada cristalina de tan centrada del sabio amigo. Nada más podía querer el pequeño yo enamorado.

Y así siguió caminando, feliz de su suerte, tan agradecido, dandose cuenta de que esos compañeros no eran sus amigos porque él los mereciera, sino por el inmenso amor que a la Verdad tenía.

Aún y así, la inquietud le seguía incomodando. Pensaba: ” si soy yo quien comprende cuando el sabio león me enseña, entonces no debe ser una verdadera comprensión”, o ” si soy yo quien ama cuando el alegre amigo me enseña lo bella que es la vida, entonces no deber ser verdadero amor”. Este “yo” que experimentaba no dejaba al pequeño yo disfrutar plenamente de los regalos de sus amigos. Le habían dicho que este “yo” no era real, no era la Verdad y que debía morir… Muchas veces rompía a llorar y rezaba: “¡que muera ya este yo! ¡por favor! ¡yo sólo quiero la Verdad!”

Y así llegó el momento en que la paz alegre, la serena mirada iban a temblar hasta el paroxismo del miedo, en cuestión de un instante. Porque un día inesperado, frente a los tres se plantó sin previo aviso, el león más grande imaginado. Este, de melena casi negra, era con mucho el más alto y el más ancho de los tres. El pequeño yo eran tan tan pequeño a su lado que, si no fuera por el interes del león, de un pisotón lo habría matado. Pero no era éste su plan. Su plan era mucho más complicado. Venía a matarle, sí. Pero no como el pequeño yo había imaginado.

Sus antiguos compañeros, como si frente al rey se hubieran topado, reclinaron gracilmente sus melenas y se apartaron a un lado. El pequeño yo supo, supo que iba a ser matado. Recordó cúanto lo había pedido: “¡muera el yo para que la Verdad viva!” pero no sabía que el terror le estaba acechando. Su miedo era tan grande que a sus amigos perdió de vista y ni por ellos pudo ser consolado.

El gran León, con sus garras le estrujó la mente y le estrujo el corazón. Era un león especializado en hacer trizas los pequeños yoes el mundo y su peor arma era el rugido que volcaba en la aterrorizada oreja del pequeño yo, cada vez que este mencionaba al “yo” ni que fuera con su pensamiento. Como ejemplo, para que veais su fiereza, si el pequeño yo se quejaba ni que fuera un poquito, el león rugia: ¡¿QUIIIIIEEEEEENNNN SE QUEJA!?. El pequeño yo, todo despeinado, se quedaba helado y, como si el rugido le hubiera cortado la cabeza, se sentía engullido en un infinito agujero negro..

Si el pequeño yo pensaba “parece que hoy estoy mejor”, el enorme león le gritaba: ¡¿QUIIIIIIEEEEEEEENNNNNN está mejor!? Y de nuevo desaparecía el pequeño yo en el negro vació.

Así una y mil veces. El pequeño yo le imploraba que le matara ya de una vez. Que no quería seguir siendo un yo. Pero por dentro la pena era inmensa. Recordaba la felicidad de los tiempos en los que la mirada secreta y la alegría de vivir le acompañaban. Ahora sólo había desolación. Realmente quería morir. Pero no lo conseguía. Sólo iba siendo tragado cualquier pensamiento autoreferenciado. Era como si el león se hubiera propuesto que el pequeño yo dejara de pensar en si mismo.

Aún y así no os creais ni por un instante que el pequeño yo habría preferido abandonar la búsqueda de la Verdad. No. Estaba dispuesto a todo, aunque este todo implicara la vida en el infierno en el que estaba desde que el león le apresara. Si eso era la Verdad, lo acataría. Aunque había algo dentro de él que le decía: confía, confía…

Y un día ocurrió lo inesperado.

El gran león, en vez de matar al yo del pequeño yo,….. ¡¡¡¡¡mató lo pequeño y dejó vivo el yo!!!!!!! Y lo que un día fué un pequeño yo, se empezó a expandir y a expandir y a expandir en un yo taaaaaaaaaannnnnnn inmenso que a todos y a todo fué abrazando. Incluyó el mundo, el universo. Incluyó todo lo conocido. Incluyó también lo desconocido. Y más allá.

Él era el gran león, cuyo nombre es SAT y era los otros dos leones, el sabio y luminoso CHIT y el amoroso y dulce ANANDA. Al morir lo pequeño del yo, murió el yo separado.

¡Qué equivocado había estado queriendo matar lo único que siempre había sido verdad: ¡la sensación de yo! Lo que había de morir por falso, era la pequeñez en la que su LUMINOSO E INFINITO CUERPO había sido apresado.

Y así vió que nada estaba separado pues Él lo era Todo. Y en ese Todo también cabía la nada. Él era Ella. La Verdad reencontrada.

Quizá este relato fué un sueño, aunque la Verdad jamás se ha extraviado. O ¿es ahora que soñamos?

¡¡FELIZ VERDAD!!

 

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¿Dónde está la realidad?

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 El científico sigue hoy las huellas que el sabio dejó ayer.

La mirada secreta

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Ayer mi hijo, que sabe que no nos enteramos de mucho de lo que pasa en el mundo, nos enseñó la foto de un vestido que ha captado la atención del mundo internauta y nos preguntó de qué color lo veíamos. Uno lo vio blanco y dorado y el otro lo vio azul y negro. Y ante la perplejidad de las mentes, la mirada secreta sonrió tan ampliamente que en su sonrisa nos atrapó a los tres.

Mi hijo nos explicó que una tercera parte del mundo lo ve de un color, y el resto lo ve del otro color. Y esto es debido a la interpretación que hace el cerebro de cada uno de nosotros, no solo con respecto al vestido en sí, sino en relación con el fondo, la luz que refleja, etc. Así que el resultado de lo que yo veo no es lo que es, sino la combinación relacional de una serie de percepciones visuales junto con los conceptos que ya tengo grabados en mi mente.

Y la mirada secreta afirma lo que siempre ha sabido:

lo que yo llamo “realidad” es una creación mental subjetiva.

En estos tiempos de materialismo acérrimo, el cetro de la verdad se ha retirado del sabio para dárselo a la ciencia, a la comprobación científica. Según los adeptos de la ciencia, nada es verdadero hasta que se ha comprobado objetivamente. Y yo, que nada quiero creer desde que la mirada secreta me lleva de la mano, y que sólo quiero vivir de lo que la mirada ve, me pregunto si existe la objetividad. Porque yo no la encuentro en ningún lugar.

Lo que los sentidos perciben está mediatizado por los instrumentos que tengo. Los instrumentos son idiosincrásicos. Aunque tu y yo hayamos decidido que esto es una mesa, yo no sé lo que tú percibes, no sé si es lo mismo que lo que yo percibo. Aunque hayamos decidido que este sonido es un do mayor, yo no sé si lo que tu oyes es lo mismo que lo que yo oigo. Y así. Además, los instrumentos en sí también están en constante cambio y si no, pregúntaselo a mis ojos que ya no ven como veían.

Por otro lado, aquello que percibo está cambiando a cada segundo. La luz, los átomos que componen lo que percibo, el movimiento en el tiempo -el envejecimiento, …- , todos los factores que componen el objeto de mi percepción, están cambiando.

Además cuando percibo un objeto, nunca lo percibo aisladamente, sino que

mi mente procesa el objeto y su contexto, inseparablemente.

Sin que yo me dé cuenta, la inteligencia de la vida hace que yo perciba siempre a nivel relacional. Y eso también influye en la percepción de este yo particular, de esta sociedad particular, etc. Esto quiere decir que yo no sería este “yo” que creo ser si me separara del contexto. Por no ser, no sería ni un ser humano. Tanto que creo ser algo separado….

La mirada me jalea para que siga mirando. Uy, me quejo un poco, porque yo de neurología, de física, de ciencias no sé nada… Es igual, dice la mirada, tú sigue mirando. El ver es el ámbito de la sabiduría, dice la mirada traviesa…

Bueno. Pues entonces, tal como parece, la realidad, la realidad como tal,

lo real no está en lo que la mente percibe,

no está en lo que los sentidos perciben. Además, si estuviera en lo que los sentidos perciben, si yo percibo la realidad, ¿dónde quedaría yo? ¿quedaría fuera de la realidad? No puede ser. Ese “yo” tiene que formar parte de la realidad de alguna manera…

Esto a lo que yo llamo “realidad” es una realidad subjetiva. Parece que cuando nos ponemos de acuerdo en llamarla X, entonces se convierte en una realidad objetiva, pero si lo miramos bien, es solo un acuerdo. Entonces,

¡estamos llamando “realidad” a un acuerdo!

Por eso los sabios dicen que lo que nosotros llamamos realidad es una ilusión. No porque la realidad no sea real, sino porque estamos superponiendo a la realidad verdadera nuestros acuerdos humanos.

¡Ahora lo comprendo!

Ver lo relativo como relativo: ver que a lo que hasta ahora había llamado “realidad” es algo relativo a mis sentidos, a mi mente y a los acuerdos que he asumido.

No dar a lo relativo el valor de lo Absoluto: Vivir esta realidad relativa como tal, sin pretender que esa Es la Realidad Real :)

Quizá este sea un buen camino para descubrir la verdad.

¡Feliz Ahora!

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Crimen y castigo

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“Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”

Lucas 23, 34

¡Ay, Mirada que atraviesas todo muro y ves hasta ese ANTES de que nada fuera!

Hoy quieres que hablemos de la ofensa, del ofensor, del ofendido,… del perdón.

Me dictas y escribo:

Vivimos más de las explicaciones que de los hechos en sí mismos. Fraguamos las explicaciones analizando, interpretando, suponiendo, juzgando, valorando, etc. Y es muy raro que por lo menos, comprobemos aquello que estamos interpretando. Es mucho más frecuente que demos por supuesto que lo que pensamos al respecto es la verdad. Así es como crecen las explicaciones dentro nuestro. Y aquello que en si mismo era lo que era, aquello que hubiera provocado una reacción puntual, pues todo hecho es puntual también, se convierte en un suceso de consecuencias mucho más grandes que el propio hecho y que perduran en el tiempo. Una explicación puede acabar con la amistad, con el amor, con todo. Ese es el poder de la mente.

Ahora me viene a la memoria la conversación que tuve con un hombre que moría lleno de tristeza. Me explicó que unos 25 años antes se había enfadado mucho con su hermano y desde entonces no se habían vuelto a ver. Me lo explicaba con lágrimas en los ojos. Le pregunté que había pasado para que rompieran la relación. Y ¿sabeis cuál fué la respuesta? El hombre rompió a llorar desconsoladamente y entre sollozos logró articular esta frase: ” No me acuerdo”.

El hecho siempre es puntual. Y se desvanece en el tiempo. Pero las consecuencias perduran y perduran y perduran. Y

las consecuencias nunca son relativas al hecho.

Nunca. Nunca -insiste la mirada secreta-.

Las consecuencias son relativas a cómo yo vivo un hecho.

Decimos que queremos comprender lo que ha pasado. Pero ese comprender ¿qué quiere decir verdaderamente? Casi siempre vamos a analizar mentalmente el suceso, en vez de verlo directamente, preguntar directamente, y quedarnos SOLO con la respuesta simple, sin darle más vueltas.

Cuando decimos que queremos comprender, hemos de darnos cuenta de que sólo aceptaremos la explicación que encaje con nuestros prejuicios o juicios ya emitidos. ¿Realmente estamos abiertos a lo que es?

En el mundo de las relaciones humanas, no hay un sólo hecho, un sólo acto que tenga las mismas consecuencias para todas las personas. Entre lo que ocurre y las consecuencias, estoy yo con mi mente.

Cuando alguien hace algo que me afecta, me afecta por mí, no por la persona que lo ha hecho.

Tengo que ver esto con claridad. Es muy muy importante. Porque si lo descubro, entonces descubriré que no hay ofensor. Quizás vea que lo único que puede existir es un ” yo ofendido”.

No hay verdadera ofensa objetiva. No hay ofensor. Sólo hay un yo ofendido.

Y si no hay ofensor, ¿dónde queda la culpa? ¿dónde queda el perdón? Soltar las explicaciones egoicas sobre lo que supone para mi ese acto, soltar la “ofensa” en sí es el único perdón posible. Cuando me doy cuenta de que aquello que vivo depende de mi exclusivamente, dejo de tirar piedras y miro mi “yo” con sus fragilidades, sus miedos, su vulnerabilidad. Me miro con compasión y aprendo de eso, desde la humildad de mi condición humana. Crezco. Asumo plenamente la responsabilidad de mis emociones revueltas. Y si tengo que perdonar a alguien, me perdono por todo ello porque no lo sé hacer mejor. Miro y puede ser que vea que nada ni nadie me puede ofender cuando vivo en la Verdad.

Como Jesús, que pidió a Dios que perdonara a los que le habían crucificado, no porque actuaran mal, sino porque no sabían lo que hacían. No hubo ofensa. Nadie le ofendió. No hubo un “yo” ofendido.

Eso es Comprensión. Eso es Sabiduría. Eso es AMOR.

Gracias. Gracias mirada. ¡Qué anchura en mi corazón!

¡Feliz Ahora!

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¿Dónde está el problema?

El hombre se piensa separado. Éste es el verdadero pecado original que empuja a la humanidad a la autodestrucción.

Cl. Lévi-Strauss, Le Monde, 21 de Enero de 1979

Vienen las enormes mariposas a posarse en la higuera. Y en cuanto se quedan quietas, casi no las veo. Se mimetizan a la perfección con la vieja higuera. Descansan en ella. Se protegen en ella.

La higuera está toda despeinada. El tronco anchísimo está hueco. La savia de la tierra alimenta a la higuera por su piel porque no hay nada dentro. Le quedan cuatro ramas retorcidas y cada año que pasa muere una más. Algunos años, como éste, sus higos son inmensamente sabrosos. Otros no da fruto.

Las mariposas no parecen ver que la higuera se muere. Tampoco les importa nada. De hecho, no lo piensan.

Si lo pensaran, entonces tendrían un problema, un serio problema, y también un sentimiento de pérdida y a la vez de añoranza. Porque ya sus tatarabuelas se posaban en la higuera. Y dentro de poco, la higuera no estará.

Si pensaran, las mariposas se posarían en las ramas, con una lagrimita en los ojos: “mis retoños quizá ya no puedan mimetizarse con ella, protegerse en ella, porque quizá ya no estará”, podrían pensar. O incluso se podrían enfadar: “¿por qué una higuera que siempre ha estado aquí desde tiempos inmemorables (el tiempo discurre diferente en las mariposas que en los hombres) ha de morir? ¡Es injusto!” -podrían exclamar si pensaran.

Pero las mariposas no piensan. Y como no piensan, no tienen problemas.

Si. Si. Lo que hemos oído.

Los problemas no existen más que en el pensamiento.

Dicen que un problema suele ser un asunto del que se espera una solución (fuente: wikipedia; RAE). Si miramos la definición vemos dos puntos raros. El primero es “se espera”. Así que para que algo sea un problema tengo que pensarlo de cara al futuro. Por lo tanto

ningún asunto es un problema AHORA.

El segundo punto raro de la definición de problema es “solución”. Osea que ¡¿si no se espera solución, no puede haber problema!? Dice el diccionario que “solución” es la acción y efecto de disolver; la acción y efecto de resolver. Ambas posibilidades se dan en el futuro, y se dan tanto si queremos como si no.

Los problemas creados por la mente, no se resuelven mientras la mente los sigue pensando. En cuanto los deja de pensar, los problemas se resuelven “solos”.

Los problemas son inventos de la mente. En la realidad no existen.

La mente convierte un asunto en un problema cuando no le gusta aquello, cuando desea otra cosa, cuando con eso no consigue lo que quiere.

Es la mente la que crea los problemas. No es el vecino cuando aparca con un cochazo e impide que el tuyo quepa en la plaza de al lado… No es el amigo que se desdice de lo comprometido. No es no tener huevos en la nevera cuando se quiere hacer una tortilla…

La mirada secreta vuelve a ser contundente y me muestra desnuda la verdad:

El único problema que tenemos es que pensamos.

-Pero hay problemas graves, verdaderos, en nuestra humanidad, en nuestro planeta-, le contesto algo airad@.

Y ella, dulce, paciente, asiente.

-Es cierto, son muchos los problemas graves que sufre vuestra humanidad, vuestro planeta-, me dice. -Pero todos esos “problemas” tienen una única raiz: el pensamiento-.

Y me susurra al corazón:

-Si en verdad en verdad dejarais de pensar, los problemas no existirían. Es vuestro pensamiento dual, separado, que piensa en términos de intereses propios, que se cree separado de la vida misma, del planeta, de los seres vivos, de los otros hombres. Y no sólo separado sino más importante que la vida misma, que el planeta, que los seres vivos, que los otros hombres…es vuestro pensamiento ciego de sabiduría el que crea los problemas.

Y ¿cuál es el camino?

El camino es descubrir la verdad en el silencio del pensamiento. ¿Por qué? Porque el pensamiento sólo crea problemas. Está programado así.

Y yo, el pensamiento silenciado, me lleno de esta verdad.

¡Felices mariposas que viven en el Ahora!

¡Feliz Ahora!

entrada inspirada por la sabiduría que destila el libro “El sol sale sobre Asís” de Éloi Leclerc. Ed. Sal Terrae. Grácias.

 

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Sin miedo a “nada”

“El progreso no consiste tanto en elevarse, sino en decantar todo cuanto entorpece”

Sri Aurobindo

Bajo las sombras moteadas de la luz omnipresente, la contemplación vacía se abre a la vida.

Hay paz en el silencio que todo lo abraza. Los trinos de los pájaros, el sonido del viento en las hojas, el ladrido de algún perro, el ruido lejano de las actividades de los hombres, se conjugan en una única sinfonía armoniosa. Se mueven las moscas, los aviones, las ramas. Se mueven en el espacio quieto e infinito…

El agua que mejor sabe es la que ningún sabor tiene. ¡Como sacia mi sed ese agua limpia y fresca!

El aroma que mejor huele es el que a nada huele. ¡Como respiro ese aroma limpio y fresco!

Sin embargo, ¡nos dá tanto miedo la nada!

Llenamos el tiempo de actividades. Llenamos el espacio de nuestro corazón de relaciones. Llenamos el espacio físico de cosas. Llenamos el espacio mental de conocimientos, de pensamientos de pasado, de sueños de futuro. Llenar y llenar. ¿Y después? Después nos sentimos agobiados, a veces tanto, que sólo deseamos irnos lejos, dejarlo todo, romper con todo… Vaciar los armarios, el corazón, la mente…

Contra más llenamos, más imperiosa es la necesidad de huir.

¿Por qué llenamos, como si la vida se tratara de eso?

Este es un llenar artificial, que nada tiene que ver con la espontaneidad de la vida.

En la vida aparece y desaparece el trino del pájaro espontáneamente, inesperadamente al oído que escucha. Y así ocurre con cualquier suceso, cualquier movimiento de la naturaleza. Pasa la mosca, hace lo que tiene que hacer, -ni más ni menos, y luego se va.

Nosotros, seres dormidos, cazamos todos los aconteceres y luego los encerramos en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazón. Atesoramos los momentos, -tanto los que consideramos buenos, como los malos-, las relaciones, atesoramos sueños polvorientos, recuerdos, cosas. Hacemos fotos para retener la vida y videos que nos traen la voz y la sonrisa de lo que ya no están. Nos llenamos artificialmente y re-sentimos, re-pensamos, re-conocemos, re-vivimos una y otra y otra vez. Todo fuera de la vida que sigue su verter, ajena a nuestra existencia virtual. A Ella le es igual. Se sigue expresando nueva, limpia y fresca a cada instante.

Sólo hay que despertar un momentito para darnos cuenta de que la naturalez entera vive en el Ahora, en el instante eterno. Ni una sóla criatura, a excepción de nosotros, está dormida a la vida. Ninguna criatura, excepto nosotros, está muerta en vida.

Nos vamos llenando tanto de artificios virtuales que ya no podemos vivir. No tenemos sitio. Las telas de araña, el polvo, el olor a cerrado, el aire viciado, son cuidados con esmero por nosotros mismos. Porque pensamos que si abrimos puertas y ventanas, y dejamos que todo lo que hay dentro se evapore, nos quedaremos sin nada, ¡seremos nadie!, ¡estaremos muertos! Y sin embargo es así de llenitos como estamos muertos. Cuánta perplejidad trae la verdad…

Y ¿sabes por qué te llenas? Porque eres un recipiente. Eres un recipiente originalmente vacío. Esta es tu naturaleza. Un recipiente vacio, sin techo, sin fondo, sin paredes…

Eres un recipiente. Abre tus puertas y ventanas. Abre tus sentidos, tu mente y tu corazón a lo inesperado, a la espontaneidad, a lo desconocido. Atrévete a ser feliz.

Mira sin pensar. Siente sin juzgar. Y no retengas nada. La Inteligencia de la vida es la que hará. Y si no lo crees, mira como todo lo mueve, con qué ingeniería inimaginable a nuestras pequeñas mentes, crea ininterrumpidamente, en un son de armonía y equilibrio, dando a cada uno justo lo que necesita para que la ley de la evolución se cumpla.

Deja que la vida, la Inteligencia de la vida se exprese a través de tí. Es tu única tarea.

En este vacío amoroso que eres, todo cabe. Siendo nada, lo eres todo.

Despierta y vive.

¡Feliz Ahora!

De la mirada secreta a quien quiera escuchar

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Yo, mi, mío

El comienzo de la Sabiduría es el silencio.

Pitágoras

 

 

 

 

 



No sólo era la belleza sobrecogedora de las montañas, arropándonos con su serena y poderosa presencia. El Silencio nos había adoptado como hijos suyos durante un tiempo, tan inocente y amorosa era la entrega de todos los que estabamos allá. Nacidos nuevos del Silencio preñado de paz amorosa, los verdaderos hijos, atisbos de su dulce sabiduría.

Así andábamos. El Silencio pariendo miradas refulgentes, sonrisas inocentes. Las arrugas del sufrimiento borrándose al paso de su tacto casi imperceptible.

Sus ojitos parecían dos linternas, tan grande es su amor por la verdad, cuando a penas levantando la voz nos dijo: “es que no puedo acallar mis pensamientos ni los puedo dejar de escuchar” Y mientras ella hablaba, las campanas no paraban de tañer llamando a su regazo… Pero ella no las oía. No oía las campanas que sonaban claras y fuertes, y en cambio no podía dejar de escuchar sus pensamientos. ¿Por qué? ¿Por qué?

La observación era muda. No sabía la respuesta. Sólo el Silencio podía hablar. Sólo el Silencio sabía. Los preciosos ojos pidiendo comprender, el tañido de las campanas llamando, la mente muerta, esperando…

Y esta vez la mirada secreta lo gritó triunfal. Lo gritó desde el Silencio. Con urgencia. Como un rayo devastador de claridad encegadora, dejándo al descubierto, desnuda, la verdad simple, la verdad inocente, la verdad poderosa, la verdad que nada excluye…

Y esta vez la mirada secreta lo gritó a todos los que allí estábamos. Ella, como la humanidad entera, no oía las campanas y en cambio no podía de dejar de oír sus pensamientos por una razón muy simple y ahora evidente:

Esos eran los sonidos: las campanas por un lado y sus pensamientos por el otro. Las primeras sin poder ni fuerza. Los segundos, pegajosos y poderosos. ¿Lo veís ahora vosotros también? ¡La clave está en los pronombres!

Y ahora miro bien y me pregunto si los pensamientos que resuenan en la mente son mis pensamientos. No los he escogido. No los he decidido. No los he creado. Veo que son pensamientos que percibo. Pero también percibo este árbol. Y ¿es acaso “mi” árbol? Porque si es ese mi árbol, entonces el universo entero es mio, y también tú… Entonces recuerdo otra alma bellísima hablándo de su brazo. Miro ahora éste brazo que se supone que es mío y no comprendo, no puedo ver que sea “mío”. Míro ahora éste cuerpo, éstas células conglomeradas y no veo el “mío” por ningún lado. Y miro y miro y miro… y veo esta persona llena de pensamientos, emociones, formas y veo con pasmosa claridad que no me pertenece, en absoluto

Descubro que no hay un “yo”. No hay un “mi”. No hay un “mío”.

No hay nada que proteger. Y abro todas las puertas que tan celosamente guardaba bajo llave.

No hay nada que controlar o manipular para el bien… ¿de quién? Y fluyo ligero como una pluma en las corrientes de la vida.

Y al ver que no hay un “yo” se desvanecen todos los obstáculos. ¡Es tan simple que parece una broma!

No hay un “yo” que pertenezca a ese “yo”. No hay un “mi”, ni hay un “mio”. Entonces dejo de pedir, de exigir, de mendigar… ¿para quién?

Y si no hay un yo/mi/mío, ¿cómo va a existir un tú/a tí/tuyo?

La libertad es inexpresable. Las ataduras del yo/mi/mío han dejado paso a la alegría de vivir. La felicidad es inabarcable.

Y por fín se esfuma cualquier resistencia y con ella llega el descanso, la añorada paz. Y el amor entra a raudales desde el mundo de la verdad.

Sé que te lo han dicho. Sé que te lo has creído. Pero mira. Mira por primera vez. Mira directamente, sin pensar y dime si en los pronombres hay alguna realidad.

Dedicado a los hijos del Silencio, atisbos de la Verdad.

¡Feliz Ahora!

 

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El silencio de las flores

silencioflores

” …cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”

Juan de la Cruz

Llegó la alegría de la mano de la naturaleza y después sólto su mano para instalarse en el alma despierta, que es su casa…

A veces, cuando el alma anda dormida, lo único que podemos hacer es abrir la puerta de su casa. Dentro reina un silencio, que aún sin ser el Gran Silencio, es silencio, el silencio del sueño. Si asomas la cabeza verás a la Alegría, a la Paz, a la Libertad, al Amor, a la Sabiduría, a la Belleza, a la Compasión, a la Armonía y a todo el resto de esencias de la Verdad, todas enroscadas en sí mismas, hechas un ovillito y durmiendo el sueño inocente del recién nacido…

Y así lo hice. Abrí la puerta de la casa del alma, donde el silencio del sueño vela amorosamente sobre los aromas de la Realidad. Los ví durmiendo y salí de puntillas, dejándo tras de mi la puerta abierta…

Y entonces, por delante de la puerta del alma, pasó una flor… y la Belleza dormida y recogida en el fondo de la estancia pareció estremecerse pero no… no se despertó…

… después pasó frente a la puerta abierta un paisaje espléndido y la Armonía que está roncando en aquel rincón, dió un pequeño respingo pero no… no se despertó -aunque pude entreveer como sonreía en sueños-…

… más tarde pasó un águila frente a la puerta abierta del alma… y la Libertad que andaba durmiendo a sus más grandes anchas -tal como le toca por su condición de esencia mayor- suspiró profundamente, se movió pero……no. Acabó recolocándose en una posición más cómoda pero tampoco despertó…

…y al rato pasó mi amante…. y el Amor durmiendo en el centro de la estancia se puso a palpitar muy fuerte, tanto que casi despertó, pero no…. Y es que ¡se está tan bien durmiendo!

Y así ha ido sucediendo. Aunque casi no se notara, el alma iba despertando al canto de todas las inspiraciones. Y al final, cuando todo empieza, una inspiración llamó en el momento más oportuno a la Alegría. Y la Alegría, siempre presta a despertarse en este alma mía, saltó de su lecho y rauda como la luz que le dá la vida, salió por la puerta y se fué a pasear con la naturaleza, de su mano. Y cuando ya estaba bien despierta, la soltó y volvió a la casa. Ni corta ni perezosa abrió las cortinas y ventanas para que se oyera bien fuerte el tañido de las campanas de la catedral de la Vida, despertándo a todas las Esencias, y el alma, de nuevo, resucitó de entre los dormidos…

En el centro del centro. En una sola de los millones de flores que tapizan la Tierra, en una sola, contemplándola, se vé la Verdad. Cuando la flor se abre ya no se vuelve a cerrar hasta su disolución. La flor se abre y su belleza es fuente de vida. En su bondad esencial alimenta los estómagos de unos y los corazones de otros.

La flor es ofrenda de Amor. Sutil hermosura inocente. Aliento de la Armonía de la vida.

Aparentemente frágil, vive en profunda confianza hacia la luz y sus raices. Su visión primorosa silencia los pensamientos. En su presencia mora el mundo de las Esencias.

El silencio de las flores habla a la mirada secreta,

y en su silencio pace el Amado, quien puso su mano hasta en la más diminuta flor, vistiéndola de plenitud, al ojo de aquel que respira despierto…

¡FELIZ AHORA!

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