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Más allá de la voluntad

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Vive en el anhelo por la Verdad y todo lo demás se dará por añadidura.

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Dicen los sabios que el hombre es una mezcla de tres elementos: materia, energía vital y conciencia. La mirada secreta mira los tres elementos sin parpadear (la mirada secreta nunca parpadea, como los gatos), fijamente… y empieza el ver. Me dice que:

El hombre, hecho de materia, puede manipular la materia. Crea nuevas amalgamas de la materia, haciendo nuevas permutaciones con la materia que ya existe. A esas permutaciones les llama creaciones, pero en realidad sólo son manipulaciones de lo que ya había. Y tal como crea esas permutaciones, las puede destruir. Pero no puede destruir la materia…

También puede manipular la energía vital, insuflando o quitando energía, a través de la respiración, del latido del corazón, a través de máquinas. Puede potenciar la energía vital que se está retirando de un cuerpo y puede quitar la energía vital de un cuerpo concreto, matando. Pero no puede destruir la energía vital del universo…

Y ¿qué pasa con la conciencia, con ese darse cuenta?

A pesar de que desde tiempos inmemorables se han hecho ejercicios para conseguir “alterar” la conciencia, con los rezos o cantos, movimientos o respiraciones repetitivos, las sustancias alucinógenas o psicotrópicas, etc. para crear un trance en el que poder “ver”, la mirada me dice con contundencia que todos estos estados no son “estados alterados de conciencia” -tal como los llaman-, sino que son estados alterados de percepción. La mirada me explica que todas estas técnicas manipulan la percepción, -se ve de otra manera-, pero

aquello que se da cuenta de que está viendo, tanto si está viendo de una manera o de otra, aquello es la conciencia y es inmutable, inalterable.

La conciencia no puede ser manipulada por el ser humano. Por eso,

en todo lo que el hombre crea no hay conciencia, a menos que sea la misma conciencia la que utilice al hombre como instrumento para crear, a través de la inspiración.

Así, la mente del hombre no puede crear conciencia.

Y ¿qué ocurre con todos los demás atributos de la Verdad?… ¡Dios! ¡¡El hombre no puede manipularlos!! A ver, a ver… La mirada secreta sonríe y sigue iluminando:

Puedo manipular el sentimiento de odio a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir el amor?

Ya ha ocurrido que se ha fomentado el odio. Podemos manipular a los demás para que lleguen a odiar pero no podemos hacer que amen. Ni siquiera puedo hacerlo conmigo. No puedo amar a voluntad. El Amor surge de un lugar que está más allá de mi voluntad, más allá de mi mente pensante. Lo único que puedo hacer es abrirme a ese lugar, aunque mi mente no sepa donde está.

Lo mismo ocurre con la belleza. Puedo manipular la sensación de fealdad a voluntad. Pero ¿puedo voluntariamente sentir la belleza? O con la libertad: puedo esclavizar pero no puedo robar a nadie la sensación de libertad ni tampoco puedo sentirla a voluntad.

Y con la paz ocurre lo mismo. Puedo manipular el desasosiego pero no puedo manipular la paz interior. Ni puedo sentirla a voluntad ni se la puedo robar a nadie.

Así me dice la mirada secreta:

Todo lo que podemos manipular es hijo de nuestra mente.

Todo lo verdadero no puede ser manipulado.

A lo verdadero nos hemos de abrir.

Aún sin que la mente sepa dónde vive, nosotros si lo sabemos.

¡Feliz Ahora!

 

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En estado de buena esperanza

En verdad, en verdad, el sol nunca conocerá la noche.

La mirada secreta

La esperanza es un ingrediente de la vida. Siempre está. Todo está ocurriendo a un nivel de sabiduría que a nosotros se nos escapa. La esperanza forma parte de la vida porque todas las leyes del universo están siempre buscando el máximo bien para todo. Así que cuando yo descubro esto, el hecho de vivir es pura esperanza. Es la propia vida que es esperanza, igual que la vida es movimiento, la vida es esperanza en sí.

Sin embargo, para el ser humano, la esperanza es un sentimiento que coloca nuestra felicidad, nuestro bienestar, en el futuro. La proyección de la esperanza en un hecho futuro es algo que realiza nuestra mente. Ningún otro ser vivo proyecta la esperanza en el futuro, sino que viven -diríamos- en estado de buena esperanza todos los segundos que dura su vida. La jugarreta de la mente nos confunde y nos la convierte en algo inalcanzable, a menos que crea firmemente que aquello va a ocurrir. Así que somos dependientes del condicionamiento mental para poder sentirla.

La esperanza siempre la colocamos en el futuro. Los diccionarios la definen como la confianza de lograr algo o de que se realice algo que se desea. Sin embargo, nunca sentiremos la esperanza en el futuro. La esperanza, como todo lo que se siente, se siente siempre en el presente. Es un sentimiento que se vive ahora, independientemente de lo que pase mañana. Además, como todo sentimiento que vivo, es algo que lo siento yo, y que por lo tanto, brota de mí. La mirada me enseña que cuando la mente crea una razón, me da permiso para sentirla.

Pero la esperanza no me la da la mente, sino que su fuente está en el centro de mi ser. De ahí brota. ¡Que gran descubrimiento!

Hasta ahora, había creído que la esperanza era un sentimiento que venía de algo externo a mí que quizá me sucediera en el futuro y que la creencia de que ese deseo se pudiera hacer realidad era lo que provocaba en mi un sentimiento de esperanza. Pero la realidad es que ¡brota de mi! Que la mente me de permiso o no, me es indiferente. Porque no es ella la que manda

Y al enseñármelo la mirada, empieza a regalarme en cascada un arco iris de descubrimientos:

Ahora puedo vivir en esperanza, sin esperar nada.

Ahora puedo vivir la belleza sin ver nada bello en el exterior. Porque la belleza brota de mi.

Ahora puedo amar sin concretizar en nada ni en nadie.

Cierro los ojos, llamo a la esperanza, al amor, a la paz, a la alegría, a la belleza y brota de dentro, no sé de dónde, inundándome…

Todos los que alguna vez hayáis tenido alguno de estos sentimientos, mirad de dónde brotan, mirad sin pensar en nada, sólo mirad…

¡Que la mirada secreta pueda tener espacio en nuestra mente para mostrárnoslo!

¡¡Cuántos regalos nos esperan cuando dejamos de vivir desde lo que pensamos!!

¿Será que los pensamientos son a la comprensión, lo que un obstáculo es a la luz del sol? Si quito el obstáculo, nunca hay oscuridad, siempre voy a ver, independientemente de cómo yo sea…

Un estado de buena esperanza. Eso es el Ahora libre de obstáculos.

Gracias, gracias, gracias.

¡Feliz Ahora pleno de Esperanza!

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¿Qué alimenta a qué?

“Tiene más sabiduría una flor que cualquier mente racional por muy inteligente que parezca”

La mirada secreta

 

 

 

Estoy en el silencio de la naturaleza y en el silencio del corazón. Paz fuera y paz dentro.

Frente a mí, una pequeña mesita -probablemente rescatada del abandono-, apoyada en un ventanal por el que se cuela el fresco de la mañana; el cristal algo roto, reparado con cinta adhesiva; la pintura del viejo marco de madera, desconchada. Me inunda la visión de los perfiles montañosos que abrigan la garganta por la que no se sabe qué pasa, si un río con agua o un recuerdo de lo que un río fuera. Descansa sobre la mesita un trozo de hule como mantel -porque aunque vieja y gastada, bien merece ser cuidada-. Y sobre esta, me espera el más que apetitoso desayuno, después de unas buenas horas de ayuno: tostadas hechas en el hornillo aliñadas con aceite y sal, un hermoso tomate y un buen tazón de leche.

Es extraño para la mente vieja, pero la realidad es que todo es bello, todo, en esta fresca mañana: la mesita, el cristal, el marco de madera, el hule, las montañas,, el fresquito, el hambre y también lo que no veo, lo que no siento, lo que no conozco, lo que no comprendo, …

En el silencio, miro. O mejor, mira eso que ve en mí. El desayuno que va a alimentar mi cuerpo está hecho de las mismas sustancias que este cuerpo -proteínas, aminoácidos, a saber…- El cuerpo es resultado de lo que le damos de comer. Cuando el cuerpo no come, va desapareciendo hasta morir… ¿en serio? ¿hasta morir?…

¡Ay, mirada! ¡En todo ves cuando libre te dejo! ¡En todo ves cuando muda me dejas!

Con qué claridad se hace la comprensión en mi mente callada.

El alimento que ingiero no está separado del cuerpo que alimento.

Ahora el tomate entra en el cuerpo, se transforma, se utiliza hasta su última célula. Tanto aquello que queda en el cuerpo, como aquello que excreta, continúan su periplo en contínuo cambio, para el máximo bien de la naturaleza.

Nada es deshechado, nunca. Nada hay inútil.

¿Y el cuerpo?

El cuerpo un día será alimento para otros animales, para la tierra, para el aire, para el futuro tomate. Así es. Como antes de nacer, todo lo que el cuerpo es continúa transformándose, en un periplo eterno de contínuo cambio.

…shshshshshshshs…por eso este cuerpo, -este “yo” identificado al cuerpo-, por eso este yo soy es también el tomate, el gusano, el árbol, todos los cuerpos que se apiñan en el metro en hora punta…. Por eso, como dicen poetas y científicos (extraña combinación) yo soy polvo de estrellas…. -susurra el Silencio al ojo despierto-.

Nada se pierde. Todo se aprovecha. Para el máximo bien de la vida eterna.

Por eso antes de comer, cuando el ojo está bien abierto, la conciencia de la verdadera comunión entre el alimento y el cuerpo se hace presente. Entonces, cualquier comida es un acto de gracias.

Eso es lo que esta mañana me ha dicho un tomate.

Cuando la mirada secreta ve, hasta un tomate habla.

¡Feliz Ahora!

 

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Dentro, nada. Fuera, todo

“La naturaleza es la mejor maestra de la verdad.”

San Ambrosio

 



 

Esta mañana, la vida se despliega en toda su belleza. La armonía resplandece. Los árboles sin hojas, muestran su dignidad desnuda y recia. Los pajarillos hacen sus piruetas tan alocadas como precisas, derrochando una vitalidad sin fin. La tierra abrigada por un manto de hojas regaladas duerme en el frío, pacíficamente. La niña en la piedra sentada, los sentidos empapados. Dentro nada. Fuera todo.

Hoy el cielo roba el azul al mar y lo hace suyo. Lo más delicado baila sutilmente y en su danza se reconoce el mágico viento, siempre invisible, siempre peregrinando a no se sabe donde.

Nada se esconde separándose del resto. No hay resto. Los árboles, los pájaros, la niña, la tierra, el cielo, el viento y los espacios aparentemente vacios, se pertenecen los unos a los otros, se viven un sólo canto de afinación exquisita.

Es la vida interpretándose a si misma. Su canción silenciosa, la más bella melodía.

Esta mañana la mirada secreta esboza una sonrisa traviesa:

¡Que difícil es hallar la paz dentro de la mente y que fácil es hallarla fuera!

Ahora la naturaleza es cómplice de este anhelo de paz.

Ahora la contemplación encuentra en ella la translúcida verdad.

Ahora la niña es en la naturaleza y en ningún sitio más.

Ahora fuera de ella sólo hay sueños del pensar.

Amplia la sonrisa, la mirada secreta susurra su mantra de paz: todo está bien, todo está bien.

Dentro, nada. Fuera, todo.

El sueño se acaba ya.

¡Feliz Ahora!

 

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El silencio de las flores

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” …cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado”

Juan de la Cruz

Llegó la alegría de la mano de la naturaleza y después sólto su mano para instalarse en el alma despierta, que es su casa…

A veces, cuando el alma anda dormida, lo único que podemos hacer es abrir la puerta de su casa. Dentro reina un silencio, que aún sin ser el Gran Silencio, es silencio, el silencio del sueño. Si asomas la cabeza verás a la Alegría, a la Paz, a la Libertad, al Amor, a la Sabiduría, a la Belleza, a la Compasión, a la Armonía y a todo el resto de esencias de la Verdad, todas enroscadas en sí mismas, hechas un ovillito y durmiendo el sueño inocente del recién nacido…

Y así lo hice. Abrí la puerta de la casa del alma, donde el silencio del sueño vela amorosamente sobre los aromas de la Realidad. Los ví durmiendo y salí de puntillas, dejándo tras de mi la puerta abierta…

Y entonces, por delante de la puerta del alma, pasó una flor… y la Belleza dormida y recogida en el fondo de la estancia pareció estremecerse pero no… no se despertó…

… después pasó frente a la puerta abierta un paisaje espléndido y la Armonía que está roncando en aquel rincón, dió un pequeño respingo pero no… no se despertó -aunque pude entreveer como sonreía en sueños-…

… más tarde pasó un águila frente a la puerta abierta del alma… y la Libertad que andaba durmiendo a sus más grandes anchas -tal como le toca por su condición de esencia mayor- suspiró profundamente, se movió pero……no. Acabó recolocándose en una posición más cómoda pero tampoco despertó…

…y al rato pasó mi amante…. y el Amor durmiendo en el centro de la estancia se puso a palpitar muy fuerte, tanto que casi despertó, pero no…. Y es que ¡se está tan bien durmiendo!

Y así ha ido sucediendo. Aunque casi no se notara, el alma iba despertando al canto de todas las inspiraciones. Y al final, cuando todo empieza, una inspiración llamó en el momento más oportuno a la Alegría. Y la Alegría, siempre presta a despertarse en este alma mía, saltó de su lecho y rauda como la luz que le dá la vida, salió por la puerta y se fué a pasear con la naturaleza, de su mano. Y cuando ya estaba bien despierta, la soltó y volvió a la casa. Ni corta ni perezosa abrió las cortinas y ventanas para que se oyera bien fuerte el tañido de las campanas de la catedral de la Vida, despertándo a todas las Esencias, y el alma, de nuevo, resucitó de entre los dormidos…

En el centro del centro. En una sola de los millones de flores que tapizan la Tierra, en una sola, contemplándola, se vé la Verdad. Cuando la flor se abre ya no se vuelve a cerrar hasta su disolución. La flor se abre y su belleza es fuente de vida. En su bondad esencial alimenta los estómagos de unos y los corazones de otros.

La flor es ofrenda de Amor. Sutil hermosura inocente. Aliento de la Armonía de la vida.

Aparentemente frágil, vive en profunda confianza hacia la luz y sus raices. Su visión primorosa silencia los pensamientos. En su presencia mora el mundo de las Esencias.

El silencio de las flores habla a la mirada secreta,

y en su silencio pace el Amado, quien puso su mano hasta en la más diminuta flor, vistiéndola de plenitud, al ojo de aquel que respira despierto…

¡FELIZ AHORA!

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La Mirada y el Dolor

Es el reflejo lo que nos conducirá a la Verdad, no lo reflejado

La mirada secreta

 

 

*foto cedida

Iba a escribir una especie de relato metafórico sobre las últimas semanas y lo que la mirada secreta ha querido regalar a quien esto escribe. Y de repente, la propia mirada no ha querido que me ande con florituras.

El dolor del cuerpo irrumpe en la vida de los seres vivos muy a menudo y de muy diversas maneras. El dolor ocurre en la superficie de la conciencia, como todo aquello que aparece para luego desaparecer. Y detrás del dolor (en lo profundo), igual que detrás de cualquier vivencia, sigue estando el silencio reverente, la quietud sagrada, la serena alegría, allí de donde viene la mirada secreta, iluminando con sus nítidos rayos lo antes nunca visto, empapando de la luz de lo verdadero.

Y la experiencia de dolor ha permitido que la mirada me susurrara al oído cosas que antes quizás había intuido pero que nunca había visto con tanta claridad…

A veces, cuando tenemos dolor o estamos enfermos, es fácil que nuestro “yo” fabricado de pensamientos se tambalee e incluso llegue a destruirse (que es lo mejor que nos podría pasar), igual que un edificio afectado por un terremoto. El terremoto físico acaba fácilmente con muchos de los atributos que creía “tener” y que formaban parte de “mi yo”. Dejamos de ser independientes, no podemos valernos por nosotros mismos, necesitamos que los demás nos ayuden hasta en la higiene íntima. Lloramos como niños, gritamos de desesperación, perdemos los modales, nos enfadamos, imploramos. Tenemos que pedir cosas tan peculiares como que nos dejen la tapa del inodoro levantada porque nosotros no vamos a poder hacerlo, -eso en el caso de que podamos llegar al lavabo-. Y empezamos a pensar que ya no somos quienes éramos: tu que eras tan valiente, ahora no lo eres tanto. Tu que eras fuerte, ahora eres débil. Tu que eras tan paciente, ahora eres impaciente. Tu que eras tan generoso y tan considerado con los demás, ahora eres egoísta. Eso crees de ti.

Y sin embargo, sigues siendo tu. Es a ti que te está sucediendo esto. Ahora tienes dolor. Y antes no. Hay un “yo” que vive las diferentes experiencias y que siempre es el mismo. Es como el muñequito que ahora se le pone un bigote, y ahora se le saca, y ahora se le pone un sombrero, y ahora no. El muñequito siempre es el mismo. Tu no eres el dolor. Ni eres egoísta o considerado o generoso o impaciente. Esos y muchos otros atributos son nuestros bigotes y sombreros.

Ahí está el fondo inalterado. Viviendo esa experiencia. Y a ese fondo le sigue llegando la mirada secreta.

La mirada secreta no es de la persona.

Cuando el instrumento está mal, -sea el cuerpo, la mente o ambos-, la mirada sigue viendo con la misma claridad de siempre. Los rayos siguen iluminando porque el Sol sigue aquí. Pero el instrumento que está mal puede desafinar en la interpretación de lo que la mirada enseña. Eso es lo que nos pasa a todos si colocamos nuestra identidad en lo que no somos. Si creo ser mi cuerpo dolorido no podré ver con claridad. No podré dejar que la belleza del rayo de luz se refleje,ni su claridad, ni su serena alegría. ¿Recordáis la entrada al blog “La belleza en la mirada” del 7 de abril? Pues eso es lo que descubrí durante este terremotillo vivido:

nada de lo que sucede a la persona tiene importancia. Lo único importante es lo que se refleja a través de la persona, de la Luz de la Verdad

El dolor también me enseñó sobre el amor. El amor que se da y se recibe, que no espera nada a cambio, que es espontáneo y dulcemente poderoso, ese amor que abruma a la persona. Ese amor hacía llorar a quien esto escribe y vio que

el amor desinteresado abre el corazón y un corazón abierto rezuma amor desinteresado

Y vi con plena claridad que todo ese amor era un reflejo del Amor que Es. Si la persona viviera el Amor que Es, el origen de todo este amor, en el estado de conciencia en el que estamos, ese Amor nos fulminaría, porque no lo podríamos contener. Igual que unos ojos acostumbrados al reflejo del Sol no pueden mirar directamente el Sol porque se cegarían.

Es por eso que a la Verdad sólo la conoce la Verdad.

Puede ser que esta persona sea débil, egoísta, impaciente, o maravillosa, dulce, amorosa y entregada. No importa. Pues, a momentos, refleja la luz del Sol.

Juan de la Cruz dice en su bellísimo Cántico Espiritual:

“no quieras despreciarme,

que, si color moreno en mi hallaste,

ya bien puedes mirarme

después que me miraste,

que gracia y hermosura en mi dejaste”

Eso es lo que la mirada secreta me ha mostrado: la experiencia de dolor me ha enseñado que no hay ni un sólo atributo que tenga que ver con quien soy. El dolor, a través del amor, ha abierto el corazón. La mirada ve, independientemente del instrumento, y sus reflejos son infinitos. Se puede atravesar la identificación con el cuerpo y vivir en el centro que soy, allí donde habitan eternamente la paz y la serena alegría del Amor Infinito.

¡Cuan grande la esperanza y cuan grande el agradecimiento al reflejo y a la Luz!

¡Feliz Ahora!

*foto cedida por ikibcn http://www.barcelonamola.me

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Miro y siento amor

La mirada es el lenguaje del corazón. William Shakespeare
“La mirada es el lenguaje del corazón” William Shakespeare

Salgo sin hacer ruido hacia la playa que espera el nacimiento de un nuevo día y solo llegar allí me inunda, como Juan diría, la música callada, la soledad sonora

y siento amor

Miro el cielo azul, límpido, coronando el planeta en un manto de inmensidad eterna

y siento amor

Miro el mar fuerte, grande, transparente, útero generador de vida

y siento amor

Miro el viento que levanta la arena en mil dibujos creativos y veo a un grupo de jóvenes que aún no han dormido, persiguiendo el pareo de la más bonita de ellos, ofrendando su deleite al viento

y siento amor

Miro las huellas de pies y patas en la arena y las olas diluyéndolas en la constante verdad de la impermanencia de las formas

y siento amor

Miro al señor de verde que anda recogiendo la basura que otros abandonaron en la arena y que me saluda los buenos días con una sonrisa blanca y radiante

y siento amor

Miro el sol que se levanta regalando un nuevo día a quien le anda mirando y a quien duerme todavía

y siento amor

Miro la cadera dolorida tratando de sostener el cuerpo entero y realizando su función con una fidelidad conmovedora

y siento amor

Miro uno que corre y se esfuerza por retener, ni que sea un dia más, la juventud que anda alejándose, espejismo de belleza, y no se da cuenta que corriendo detrás de lo que se fué, va dejando de vivir su vida

y siento amor

Miro el padre jugando con el bebe en la orilla, entre risas y grititos de regocijo

y siento amor

Miro a la abuela que, decidida, camina con los pies mojados y el mechón rebelde ondeando y ella, coqueta, peinándolo

y siento amor

Miro a dos que se meten en el mar helado, tan grande es su comunión que ni el frío les ha frenado

y siento amor

Y miro ya de vuelta la carita de mi amado, a duras penas despierto

y siento amor

¡Que fácil es sentir amor cuando el ego está callado!

 

¡Gracias Mirada Secreta por mostrar a estos ojos aromas de la Verdad!

¡FELIZ AHORA!

dedicado a mi amado…

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DESPERTANDO VOY

“Las mas bellas energías se encuentran alrededor y dentro de nosotros, ¿cómo es posible que sea tan difícil encontrarlas, sentirlas y vivirlas?”

Nativo Americano de la tribu Navajo

Hoy la mirada secreta me baja a la tierra, al cuerpo, a la vida manifestada.

El gran sabio hindú Nissargadatta dijo que la persona es una amalgama de tres sustancias: consciencia, aire y alimento. La respiración y los alimentos crean este cuerpo y la consciencia se dá cuenta de la vida.

Sin embargo, que poquito cuidamos las tres sustancias que nos permiten vivir…

No sé por qué.

Estamos tan dormiditos que no nos damos cuenta que

somos parte integrante de la naturaleza.

No nos damos cuenta del

milagro que es estar vivo

y del

respeto que la vida se merece.

Si pudieramos ver el poder, la grandeza, el amor infinito que sostiene este cuerpo con vida, este planeta con vida, andaríamos descalzos, sin hacer ruido, reverentemente. Y llevaríamos el corazón hinchado de agradecimiento infinito.

Hoy la mirada secreta me baja a la tierra, al cuerpo, a la vida manifestada. Y en un soplo, inventa una canción…

Para tí, Tierra de todos, que nos sostienes y alimentas…

Despertando voy
Caminando voy
Saltando yo voy
Corriendo yo voy
Vuela bien alto mi corazón
Al son de este ton
Mar y rio soy
Airecito soy
Sol y fuego soy
Tierra y barro soy
Vibra bien alto mi cuerpecito
Al son de este ton
Titiriti titiri tiririti tiiiii
Titiriti titiri tiririti tiiiii
(es una flauta)

Na narana na nara
naran naran nara
(es un tarareo)

Respirando hoy
Voy cantando hoy
Amando yo voy
Viviendo yo soy
Despierta hermano y late conmigo
al son de este corazón
Abre los brazos
honra la Tierra
con esta canción.

 

¡FELIZ FELIZ AHORA!

 

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Ser o tener, esa es la cuestión

La Verdad es indivisible

La Mirada Secreta

 

 

 

 

El otro día la glicina (ese hermosísimo arbusto que veis en la foto) floreció. El aroma de sus bellísimas flores inundó la entrada de casa y mi alma de nueva vida.

Me quedé contemplándola. Es un arbusto que pronto hará los 100 años. Su tronco es robusto y su savia vigorosa.

Y este año, por primera vez, recogí su semilla y la hice germinar. Y ahora tengo una nueva planta, igual a mi arbusto centenario. Tan igual que es el mismo arbusto, inmenso en el porche de casa a la vez que pequeñito en la maceta de la cocina. La semilla contiene el arbusto entero y el arbusto a su vez, contiene la semilla. Son inseparables. Son uno.

En la semilla se halla escondido el arbusto, su savia, su tronco, sus ramas, sus hojas, sus flores. En la semilla no se pueden separar ninguno de sus elementos de los demás. No se pueden separar las flores de la savia, ni las ramas de las hojas… En la semilla están todas las cualidades del arbusto. Y el arbusto pare la semilla…

¿Puede desear la glicina algo más de lo que ya es? El hermoso arbusto ya es, completo. La semilla es, completa. Con todas sus cualidades, inseparables de ella….

como el fuego, que es combustión, luz y calor. Y nada puede ser separado de sí mismo. Con todas sus cualidades, inseparables de él…

…¿cómo el ser humano? ¿cuales son sus cualidades, inseparables de él? Quizá todo aquello que anhelamos profundamente: el amor, la paz, la libertad, la belleza, la sabiduría…

Todos los seres humanos en el fondo anhelamos lo mismo. La mirada secreta me dice que es así porque en el fondo somos eso que anhelamos.

Pero

como no nos reconocemos en quienes somos, como no lo sabemos, lo andamos buscando fuera de nuestra verdadera esencia.

Lo queremos tener. Tener amor, tener paz, tener libertad, tener belleza, tener sabiduría. Y todo lo que se quiere tener se ha de conseguir. Por lo tanto nos ponemos a buscar, a pedir, a exigir. Y con suerte -o con desgracia, nunca se sabe-, parece que lo conseguimos, lo encontramos, ya es nuestro. Pero todo aquello que tenemos, se nos puede quitar, podemos dejar de tenerlo. Todo aquello que tenemos nos separa más aún -yo lo tengo y tú no… ¿me lo enseñas? ¿me lo das? ¿te lo robo? ¿me lo prestas?-. Todo aquello que creemos tener, una vez conseguido, suele perder sus “poderes”: así el amor que tengo, en poco tiempo deja de ser amor…; la libertad que tengo (“por fin me he separado” “por fin se han independizado los hijos”…) en poco tiempo deja de ser libertad…; la belleza que tengo (“espejito, espejito mágico”), en poco tiempo deja de ser belleza…; la sabiduría que tengo (hasta que aparece alguien más sabio que yo, o pierdo la memoria…), en poco tiempo deja de ser sabiduría.

Sin embargo, hay seres humanos que no tienen el amor de nadie pero sienten amor eterno; que viven en mitad del conflicto, pero se sienten profundamente serenos; que no tienen libertad, pero se sienten libres; que viven entre polución, suciedad y escombros, pero su mirada y su sonrisa son joyas de belleza pura; que no han estudiado nunca, pero sus breves palabras nos resuenan a verdad…

Y es así, porque ellos son quienes son, plenamente.

Ser no es lo mismo que tener. Lo que eres, no se te puede dar ni se te puede quitar. No se puede buscar, porque ya es.

Quitemos las capas que lo están escondiendo de nuestra vivencia de nosotros mismos. Desnudémonos de todo lo que queremos tener. Hagamos el camino hacia adentro,

descubrámoslo dentro en vez de buscarlo fuera

Y aquello que eres nadie te lo puede dar o quitar, el único camino es descubrirlo dentro de uno mismo. No se puede buscar porque ya es. No nos distraigamos más. Vivamos conectados profundamente al amor que anhelamos porque ya lo intuimos, desde la paz, sintiéndonos libres, con el corazón abierto a la belleza que brota de nuestra mirada y se posa en cada rincón.

Dejemos de pedir. Dejemos de buscar. Dejemos de querer tener.

Seamos plenamente aquello que anhelamos. Esa es nuestra semilla. Ese es nuestro potencial.

¡Gracias mirada secreta! ¡Qué regalo ver así!

¡FELIZ AHORA!

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La montaña

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“La verdadera vida discurre entre lo alto y lo profundo…”

La mirada secreta

Inmensa la mole se yergue frente a la luz.

Tan alta es y tantas son las nubes que se aferran a ella, que nunca nadie ha llegado a divisar su cima.

Los pocos que se han aventurado a escalarla, han perecido. Por eso, los habitantes de aquellos parajes miran circunspectos al loco que se prepara para subir. Saben que no le volveran a ver.

En verdad, todos los habitantes sueñan con conquistar la cima. Intuyen que más allá de las nubes encontraran aquella paz que no tienen…

La montaña está habitada principalmente en su base. Es donde hay más habitantes. Allí hay mucho, muchísimo movimiento. Y mucho ruido también. Y suciedad. Los habitantes suelen ser muy poco cuidadosos con ella. Cortan sus árboles, extraen sus piedras, queman sus bosques y llenan de basura algunos de sus rincones, por poner algunos ejemplos.

Sin embargo, la montaña permanece silente, imperturbable. Quizá sienta lejanamente el ruido que hacen estos okupas, pero ellos no pueden cambiar un ápice su grandeza intocable. En su infinita vida, a duras penas el ruido de la base ocupa espacio alguno.

Esos habitantes ni siquiera se dan cuenta de la sacralidad que les sostiene. No se dan cuenta de que sin la montaña ellos no podrían vivir, es la única tierra que existe, y si la montaña no existiera ellos tampoco existirían. De hecho piensan muy poco en ella, casi nada. Bueno, a veces piensan en su cima, pero como es tan inalcanzable, enseguida se distraen con otra cosa.
Están tan desconectados de aquello que les dá la vida, que suelen pasar el tiempo ocupados en sus propios asuntos, rumiando como las vacas. Viven en un gigantesco y bellísimo macizo, pero a duras penas conocen un mínimo, como el que viviera en un castillo y jamás hubiera salido del dormitorio, y después creyera que había vivido una vida plena

No todos los habitantes se conforman con vivir realmente hacinados a los pies de la espesura. Bastantes decíden un buen día subir por sus hermosas laderas en busca de un nuevo territorio que les aleje del ruido y la contaminación. Y mientras más alto habitan, menos ruido, más paz, menos movimientos innecesarios, menos suciedad. Los habitantes de las faldas de la majestuosa montaña, necesitan menos, viven con más armonia porque se dan más cuenta de quien es que les dá la vida. Honran más la querida montaña.

Y si viven más alto todavía, más armónicos se vuelven. Pero hay muy poquitos que vivan a estas alturas.

Se requiere un gran deseo de vivir en paz para abandonar el ajetreo de la base.

Después está la frontera que no deja ver la cima. Es un límite de enormes nubes cerradas, grises, inhóspitas. Allí siempre soplan vientos gélidos y huracanados. No parece haber vida de ningún tipo. No hay sol ni estrellas. No hay dia ni noche. No hay donde cobijarse. El frío es tan extremo que no parece ni frío. Sólo el aullido del viento helado en la nada. Allí mueren los poquísimo que llegan…

Y es que esta montaña imponente requiere que para llegar a su cima, primero se muera…

Y es la propia muerte la que te catapulta a la cima, sin esfuerzo.

Por encima de la nada surge grandioso, inexpresable el Todo, la visión infinita que nada vé, la paz inmensurable que no se siente, la silente belleza de la Quietud primera.

*****

Y dime, ¿dónde habitas tú? ¿dónde sueñas habitar?

Así pasas la vida, creyendo que habitas en los pies de la montaña y que eso es lo que te gusta.

O que vives en los pies pero quisieras vivir en la ladera, aunque las circunstancias no te dejan.

O que un día vivirás en la ladera, cuando todo cambie.

O crees que vives en la ladera y eres mucho mejor que los que viven en la base.

O que vives en la ladera, y los que viven en la base han dejado de importarte y has aceptado que a la cima no se debe llegar porque es demasiado peligroso.

O eres uno de los pocos locos que se atreve a aventurarse a emprender el viaje a la cima, porque tú si que lo vas a conseguir, porque tú eres especial.

O quizá eres el más loco de todos y estás en la devastadora tierra de nadie, justo congelándote de frio y perdiéndote a tí mismo, sin saber ya quién eres…

No importa lo que creas.
Porque sólo hay una verdad.
Y es que tú no eres un habitante de la montaña.
Tú eres la montaña. Pero no lo sabes.

…..

Acertijo para descubridores:
y si yo soy la montaña, entonces
¿quienes son los habitantes de la montaña?

(:La Mirada Secreta premiará a los acertantes publicando un bello pensamiento propio de cada participante, enlazándolos por inspiración en la próxima entrada al blog. ¡Animate! :))

¡FELIZ AHORA!

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