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La perseverancia

 

La perseverancia es el único signo verdadero de progreso.

Sri Ramana Maharshi

La mirada secreta repite incesantemente que la Verdad no se encuentra en lo que hacemos, sino desde donde lo hacemos. Y sin embargo, lleva días susurrándome una clave nunca vista y aún y así reconocida al instante -como se reconoce todo lo verdadero-:
-persevera, persevera…
El otro día, mi amor se fue a caminar por solitarios parajes. Hacía tanta calor que paró en cualquier rincón, se sacó la gorra y la camiseta, guardó la camiseta en su pequeña mochila y siguió adelante. Al cabo de un buen rato, se dio cuenta de que había olvidado la gorra en el camino. Aunque ya estaba lejos, tenía un vago recuerdo del lugar. Así que volvió en su busca. Se cruzó con algunos caminantes pero nadie la había visto. Siguió caminando y cuando llegó allí donde creía que la había dejado, no estaba. Después de la perplejidad y sin saber que hacer, dejó de pensar y se abandonó a ir por donde los pies le quisieran llevar. En un recoveco por el que ya había pasado, paró, miró y la encontró (el cuerpo tiene una memoria excelente. A veces me parece que tiene mucha más memoria que la mente…).
Cuando volvió a casa me lo explicó y añadió:
-La encontré por perseverar. Porque, ¿sabes?,

cuando perseveras, das al universo la oportunidad de expresar su potencial.

La mirada secreta se expresaba a través de su mente. Sonreí, –la Verdad siempre va acompañada de alegría-. Y como la sonrisa del alma siempre invita a la mirada secreta a hablar, me hizo ver…
No perseveramos. No nos damos cuenta de cómo la cultura consumista se ha colado incluso en nuestros anhelos más profundos. Queremos resultados ya, igual que queremos el plato cocinado ya, o que el pantalón nos caiga a la perfección ya, o que el nuevo trabajo se ajuste a nuestras expectativas ya, o entendernos idealmente con la pareja ya. Ya. Ya. Ya. Un contratiempo, dos contratiempos… y lo tiro a la basura. Entonces voy a por otro plato, otro pantalón, otro amor….
Y lo mismo ocurre con nuestras inquietudes más profundas. Por eso hay tantas personas que andan de un taller a otro, de un curso a otro, de un maestro a otro, de un libro a otro o incluso de una religión a otra. Vamos buscando por la superficie, en la horizontalidad, cuando

lo que anhelamos vive en la verticalidad, en la profundidad.

No perseveramos en nada y los resultados que obtenemos no nos llenan. ¡Ah! Eterna insatisfacción.
Pero si aquello que en realidad queremos -el sabor excelso de un plato, la ropa encajando como un guante, las condiciones mejores para desarrollar nuestro potencial en el trabajo, la comprensión/respeto/cuidado/amor con la pareja, la luz de la Verdad en una religión- vive en lo profundo, entonces es absolutamente necesario perseverar en nuestros intentos, en nuestro trabajo. Perseverar en un solo punto nos permite profundizar. Y no solo porque en lo profundo de lo que queremos esté la Verdad, sino porque

es el propio perseverar el que nos va forjando, ahondando, abriéndonos a lo anhelado.

Porque detrás de la perseverancia está el amor.

Solo perseveramos cuando amamos.

Aprendamos a no usar-y-tirar la vida.
Descubramos qué es lo que realmente queremos, qué es lo que amamos por encima de todo y pongámonos con cuerpo y alma a la tarea. Tiremonos de cabeza por ese punto y ahondémonos sin descanso. Demos al universo la oportunidad de expresar su/nuestro potencial. Es el amor verdadero -que siempre persevera- el que va a abrir camino a través de nuestro duro y limitado concepto de quienes somos, de lo que es el mundo, de lo que creemos verdadero, para des-cubrir la Verdad en nosotros, para des-cubrir la Verdad de nosotros.

¡Feliz Ahora!

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La esclavitud de la comodidad

IMG_3142En la comodidad de cuerpo y mente, se amodorra la mirada.

La mirada secreta

 

En estos días me he dado cuenta más que nunca de que somos adictos a la comodidad. Y esa comodidad nos obliga a necesitar muchísimas cosas que en verdad no necesitamos pero vacían nuestros bolsillos, nos hacen egoístas, llenan nuestra casa, nuestra cuerpo y nuestra mente de necesidades y van anulando nuestra personalidad. No lo parece. Ya lo sé. Es un tema sutil este de la comodidad. A la mirada secreta insto para que sea ella que nos ayude a vislumbrar hasta qué punto la comodidad nos está robando nuestro potencial de vida plena…
Cuando hablamos de progreso, vemos que en este plano todo el progreso que se ha dado, ha sucedido en los objetos que el ser humano utiliza y no en el ser humano en si mismo. Y eso ¿por qué? Pues es debido a que el ser humano da realidad a todo lo que percibe y se ha olvidado de quién lo está percibiendo, es decir, de él mismo. Así, lo externo a él ha sido objeto de sus esfuerzos, de sus preguntas, de su devoción… mientras que él mismo ha quedado relegado y ha evolucionado muy poco en los últimos milenios…
Entre muchas cosas, algo que ha progresado ha sido todo aquello que proporciona comodidad. Ahí sigue el hombre trabajando y trabajando. Y la comodidad y el estancamiento evolutivo del propio ser humano van muy muy de la mano. No hay ninguna otra criatura humana que haya construido tantísimos objetos para poder moverse lo menos posible. Y sin movimiento -externo e interno- no hay evolución.
Así andaba esta persona, a la búsqueda de la almohada que mas cómoda le fuera. Y después de escuchar muchos consejos (¡que ricos somos en consejos!) y de gastar dinero comprando muchas almohadas, por fin encontró la que mejor le iba. Y de esa anécdota insignificante dos cosas aprendió: la primera es que la mejor almohada era una almohada viejita y gastada que había en la casa de sus abuelos, una almohada que podía adoptar la forma que necesitara en cada momento. Ninguna de las almohadas de alta tecnología le fue bien. Y entonces vio que lo más avanzado tecnológicamente no era necesariamente lo mejor…
La segunda cosa que aprendió fue mas dura. De repente se encontró dependiendo de la almohada para ir a pasar cualquier noche fuera. ¡Si no llevara la almohada otra vez se levantaría con el cuello torcido! Así que viajaba con la almohada. Entonces entendió a una querida amiga que al salir de casa va siempre con una maletita de ruedas porque necesita un montón de cosas para estar bien. Sí,

La comodidad crea dependencia.

A veces había invitado a mi amiga a pasar unos días conmigo, pero era tanto lo que necesitaría traer, que no venía. Y aunque tuviera ganas de pasar unos días por ahí, su dependencia a millones de cosas se lo impedía…

La comodidad nos hace esclavos.

Y entonces miraba a mis hijos y a otros jóvenes, viajando con una pequeña mochila con cuatro cosas, por el mundo entero. Sonreían de oreja a oreja. Felices. Libres.
Así que en mi siguiente viaje, no llevé la almohada. Y cuál fue el descubrimiento cuando doblando un jersey y colocándolo bajo mi cabeza, dormí como un niño…
No quiero sofás que rompen mi espalda. No quiero depender de comidas alternativas y carísimas. No quiero almohadas especiales. Ni alfombras mullidas. Quiero ser quien soy, pura libertad. Y vivir la vida con ligereza, ligereza, como mi vieja almohada, adaptándome a cada momento con lo que hay…- le digo a la mirada.
La mirada secreta, con su mirar, me dice que más se podría profundizar. Mmmmmm… ¡Sí! ¡Es verdad! La comodidad no me deja desarrollar mi potencial, me aborrega… Si. Si. Aunque cueste creerlo, es así. Quizás por eso, aquellos que buscan la Verdad siempre han llevado una vida sencilla bajo unas condiciones sencillas…
Bueno, Mirada– le digo seriamente- Ahora no voy a deshacerme de nada pero voy a ser consciente de lo que realmente no necesito y que incluso me está haciendo daño.
Podemos vivir con muy poco- contesta la Mirada- Aún y así, la clave no está en conseguir o desechar los objetos externos.

Lo que te esclaviza es la necesidad que crees tener de los objetos.

¡Descubre que esas necesidades no son reales! Empieza a ver lo que verdaderamente necesitas y lo que solo son necesidades creadas en la mente programada, y liberate. Llénate de libertad, de ligereza y de alegría. No te apoltrones -me dice amorosamente- No te rodees de cosas y cosas que crees necesitar. Vive con poco. Viaja ligero de equipaje por la aventura de esta vida porque

a menos peso, mas energía podrás dedicar

a vivir de verdad,

a vivir desde la Verdad,

a vivir la Verdad…

¡Oh Mirada! En todo te posas y en todo ves la luz de la Verdad. Gracias gracias gracias.

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La Verdad y el Amor

La Verdad no se halla en conocimiento alguno, sino en la inspiración silenciosa.

La mirada secreta

 

Hoy el verde esmeralda del mar acaricia incesantemente la piel del planeta untándola de blanca espuma, nutriéndola, enriqueciéndola con conchas, piedras, algas y troncos que trae de remotos lugares. Tanto ama el mar a la tierra que de vida la baña desde que nació el tiempo.
Hoy el verde crea blanco. No importa lo que la ciencia diga. En sus respuestas vanidosas muere la inspiración. Y

sin la inspiración, la Verdad no puede ser descubierta

-dice la mirada secreta, que de tan secreta me confiesa un secreto que afila la espada del discernimiento para que pueda ver con claridad aquello que es Verdad, más allá de lo que digan los demás o -lo que es más importante- de lo crea uno mismo…
Dice la mirada que

la Verdad no nos la puede dar nadie.

Ha de brotar desde dentro de cada uno. Esa es una característica sin condiciones. Y eso es así porque la Verdad es pura vivencia y no puede ser objeto de regalo, préstamo o venta. Por eso desconfiemos de aquellos que nos tientan ofreciéndonos la Verdad.
-¡Mira! VÉ una expresión de amor verdadero -me insta la mirada mientras mantengo el ver silencioso en el horizonte desconocido- El amor del mar a la tierra. El amor incondicional, incausado, inalterable, infinito. Es su Amor el que da vida al planeta. La verdad del mar, por amor, fertiliza la tierra…

El amor verdadero. La Verdad amorosa.

La Verdad siempre se descubre en un destello de inspiración. Es la contemplación, el silencio, como el verde de las olas del mar que en un instante desconocido se convierten por un momento en blanca belleza, justo cuando la ola besa la tierra -es la blancura el vislumbre. Y luego se diluye en el verde de nuevo, siendo lo que siempre fue, sin dejar rastro visible…
El vislumbre de Verdad lo sabe uno y

aunque no recuerde haber visto, sabe que ha visto.

Por un instante, bañando de blanca inspiración la tierra, el mar del silencio sigue azul, verde. Llega a la orilla de su Amor, la tierra, y vuelve a brotar el Beso blanco… Y la mirada vuelve a abrirme el ojo para que vea:

No hay Verdad descubierta que no vaya acompañada de amor.

Así que ahora es el momento de mirar quien crees ser, qué crees que es el mundo, la humanidad, la vida y la muerte. Y si lo que crees no va inseparablemente bañado de amor, no es verdad.
¡Feliz Ahora!

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Cultivar lo que anhelo

“Pon amor y sacarás amor” 

Juan de la Cruz

  

Están tan bonitos los campos. El viento mece las mieses que ya sobrepasan el palmo. Los verdes se dejan acariciar por el incipiente dorado. La plata escondida brilla en bravo oleaje, a ritmo de rachas impredecibles. Cuando el hombre aprendió a cultivar, todo en su vida, toda su vida e incluso él mismo cambiaron, se transformaron. 
Pero, ¡ay, el hombre!, siempre hipnotizado por lo que sus sentidos captan y su mente piensa. Y piensa tan pequeño, tan pequeño aún sintiéndose el amo.  Y así, con el silencio empapándolo todo, la mirada secreta empieza su canto…
En algunas estaciones, el hombre ha querido también cultivar virtudes. Según su geografía religiosa, quizás ha querido cultivar la rectitud, o el desapego, o el sometimiento. Sus cultivos han sido hermanos del hacer porque 

por el hacer, el hombre, sólo coronar su existencia, ha sido juzgado. 

Pero en demasiadas ocasiones, las virtudes traen consigo mucha enfermedad -la vanagloria, la superioridad, el endiosamiento, el creerse iluminado- y la cosecha en vez de expandir el alma, la ha contaminado. 
Quizás no deberíamos cultivar lo que puede ser visto y mal usado. Quizás el cultivo que hiciera cambiar al hombre en lo profundo, fuera secreto. Quizás en vez de ser cosechadores tendríamos que ser cultivadores puros. Cultivar el sentir, en secreto. El sentir que florece espontáneamente, que no puede ser manipulado. El sentir que no puede ser recogido ni pesado. El sentir de la belleza, la armonía, la paz, la lucidez, el amor. 

En tierras de silencio se da bien este cultivo. Su simiente, la vivencia ni que sea de un segundo. Esa minúscula semilla puesta en la mirada desde que despunta el día, hasta que despunta el día, la va cultivando. 

Cultivar el sentir dejando al hacer que haga. Sin importar lo que ocurra más allá de su secreto campo. 

Cultivarlo para que crezca y crezca. El cultivo del sentir no puede ser contaminado porque a nadie le hace ser más nada, aún llenando en secreto el corazón con sus dulces frutos. Un cultivo que cuando se prueba ya no quiere ser abandonado, ni cambiado ni siquiera mejorado. 
En el sentir, la cosecha no se recoge y se guarda en las egocéntricas alacenas como con los cultivos del hacer. En el sentir, la cosecha florece de dentro afuera a través de la mirada casi sin que uno se de cuenta y sus frutos se reparte a todo lo que es mirado. La cosecha del sentir no deja nunca vacías las arcas y en ese reparto el silencio planta nuevas simientes en los ojos encontrados. 
Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor”, no se refería a una cosecha exterior que tantas veces nos deja en estado de sequía: “yo ya pongo amor pero mira, solo saco desprecio, o lo que es peor, desinterés” dice el hombre-cosecha. Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor” decía verdad porque 

poniendo amor, belleza, dulzura, tu mismo te llenas de ella. 

Sé un cultivador de aquello que en lo hondo anhelas. Cultiva lo que anhelas como si ya lo hubieras encontrado. Que tu mirada ponga aquello que quieres ver allí donde se pose, sea en otros, en el mundo o en ti mismo. Cultiva el amor en tu corazón y tu corazón quedará lleno de amor… Pon amor en tu mirada y en todo verás amor. 
¡Feliz Ahora!

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Camina hacia atrás

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas”

Mateo 6:33

Desayuno frente a la ventana que da a la naturaleza. Veloces pasan los pajaritos, los abejorros, las lagartijas… Se mecen dulcemente las ramas del pino, señalando la presencia de una ligera brisa, fresquita por lo nuevo de la mañana. Las nubes, blancas y grises, pasean por los caminos invisibles del azul celeste. El silencio es tan intenso que la persona queda bañada en su serena nada.
Y la mirada secreta empieza a hablar -a la mirada le apasiona hablar cuando el Silencio cubre la tierra con su manto-.
En la naturaleza, cada elemento cumple bellamente la función para la que fue creado. De ahí la paz, la armonía, la belleza, la libertad, la unidad que nos inspira la naturaleza. Desde una hormiguita afanosa hasta el pino que se ve desde mi ventana; desde las anchas losas de granito hasta la solemne águila que surca los cielos de su reino, todo vive en perfecta armonía. Cada ser, pequeño o grande, haciendo ni más ni menos lo que le toca hacer, para su propio bien y el bien del Todo, es un bien inseparable en la expresión de la Vida Una. 
Pero, ¿y el hombre? Ese hombre que se cree en la cabeza de la evolución y está siendo el elemento que, al vivir en su fuero interno conflictos, desarmonía, fealdad, y atrapamiento, inunda la Vida de eso. Perdido en su endiosado pensamiento, desconectado asombrosamente de la naturaleza y del universo… en su caminar pensado todavía no ha (re)encontrado aquello para lo que fue creado.
Y mientras insista en encontrarlo buscando en su mente, más enredado y dolorido vivirá. Como cuando caes en medio de las zarzas y conforme más te remueves y luchas por salir, más te las clavas y más atrapado estás. Para salir de las zarzas, si es que alguna vez te ha pasado, has de quedarte quieto quieto y observar, para poder soltar cada pincho haciendo el recorrido inverso. Así se libera uno de las zarzas…
La función para la que fue creado el hombre quedará expuesta a la luz de la mente cuando perdamos la separación, cuando hagamos el camino inverso, cuando volvamos a sentirnos conectados con la naturaleza y el universo -al que estamos conectados eternamente sin que nos percatemos de ello-. Mientras, en el mundo del hombre seguirán reinado el desasosiego, la desarmonía y el dolor.
Los caminos de descubrimiento y de realización de nuestra verdadera función son infinitos, tantos como seres humanos hay. Pero a los pies de la cima (del Cielo), antes o después, nos hemos de encontrar con el Silencio -con el silencio de pensamiento, emoción e identidad-, hacernos nosotros mismos silencio en el que se desvanezca nuestra idea de ser y todo lo demás que creemos saber. Así se empezará a escalar hacia la cima, la cima de la realización, el Cielo en donde nos esperan la hormiga, el pino, las piedras y el águila.

A la cima se llega caminando hacia atrás, saliendo del enredo por donde entraste.

El Silencio no está delante. De ahí que tengamos que hundirnos en nosotros mismos para llegar. El cielo no está arriba ni adelante. 

El cielo es el estado de donde partimos, extraviándonos.

Hemos de dar marcha atrás hasta volver al cielo que está Aquí y Ahora. Y saber que 

aquel que torna del Cielo no es el que se fue.

 El camino recorrido, el extravío y la vuelta, fueron necesarios. Esta fue la preparación del hombre para que un dia pueda realizar la función para la que fue creado (a más evolución, más se tarda en caminar. Eso le sucede a cualquier animal :).

Caminando marcha atrás para salir del enredo llegaremos a los pies de la cima. Allí esperaremos a que el Silencio nos venga a buscar y allí descubriremos lo que siempre estuvo pero que no veíamos.

En el encuentro con el Silencio, queda el ser humano liberado de todo lo que creyó, la paz empapa el cuerpo, la mente y el corazón.

 Y es el propio Silencio el que a sus espaldas nos carga y corona la cima de la realización. Lo que descarga allí no es lo que un día cargó. De la cima baja el ser humano verdadero, la mirada limpia y clara como limpios y claros su mente y corazón, cumpliendo la función para la que fue creado, para su bien y el bien del Todo, inseparables como siempre han sido. Entonces la Tierra será el Cielo como lo es ya para la hormiga, la piedra, el pino y el águila. Pero ¡sabiéndolo!

¡Feliz Ahora!

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Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

a

a

¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

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La vida pe(n)sada

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La mente, ¡qué densa hace parecer la vida!

La vida pensada no conoce la Vida.

La mirada secreta

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Los dos de lado, sentados en el espigón, con los pies colgando, frente a un mar azul y calmo, absorbiendo los últimos rayos de un sol que ya se iba de visita a otros hemisferios.

Los dos, bien abrigados, bien comidos, todavía el sabor del café merodeando en su paladar.

Los dos allí, viendo los colores del atardecer, dejando que los pies se balancearan a su antojo.

Y sin embargo, tan lejos uno de otro.

Ninguno de ellos hablaba. Yo, que andaba paseando por ahí, los veía sentados, tranquilos. Dos pinceladas más en la belleza de ese cuadro. Nada parecía indicar que uno de ellos sufría mientras el otro nada sabía.

El que nada sabía, sentía. Sentía el suave calorcito de los últimos rayos de sol. Saboreaba el rastro que el buen café había dejado en su boca. Se miraba sus zapatillas colgando. Y sobre todo, se dejaba empapar de la belleza del atardecer sonrosado.

Mientras, el otro, lejos-lejos, cavaba con sus pensamientos el plomizo aire encerrado de recuerdos interpretados y de oscuros presagios.

Y es que a éste último, la voz de la cabeza le pintaba siniestros trazos y él, dormido a la belleza de la tarde y a la compañía amorosa del amigo, miraba con ojos asustados tanta complicación pensada. Tan enredadas las neuronas, tan pesados los alientos que se respiran en la mente cerrada. Allí no había oxigeno ni horizontes, sólo un húmedo calabozo, mohoso, oscuro, solitario, de paredes pringadas de desesperanza y desencanto.

En un momento, rompiendo una lanza por la compañía, el pobre que lejos-lejos estaba le dijo al amigo: -¡Qué densa es la vida! ¡Me gustaría morirme y ya está!

¡Qué densa la mente de los que viven muertos a la vida! dice la mirada secreta derramando compasión, reconociendo esa locura como un estado habitual en el ser humano.

La vida no es densa. Densa es la mente psicológica, la que no conoce la Vida.

La mente proyecta todo tipo de historias, de películas melodramáticas. E igual que en el cine, va arrastrando a las emociones detrás de lo proyectado. Yo no he nacido para encerrarme en su calabozo imaginario. Yo he nacido para vivir. Para ver, oír, sentir y sí, a veces -muy pocas- para pensar cuando es necesario.

Recuerdo cómo aquella mujer bella me decía con sus ojos anegados de lágrimas:

-Sé que estoy sufriendo por la película que está proyectando mi mente. Me doy cuenta de que estoy atrapada en el cine, pero ¡no puedo salir!

-¡Anda! -le dije- Que extraño que quieras seguir dentro sabiendo que no es real y con lo que te hace sufrir…

-Ya- contestó- pero es que ¡quiero saber cómo acaba!

Así de loca es la condición mental. Cuando no podemos salir de ahí, es que estamos creyendo que lo que la mente nos dice es real. Y es aquí donde tenemos que parar y mirar. Esta es la pregunta clave:

¿cuánto hay de real en los pensamientos que estoy teniendo?

No vivamos muertos en vida, encerrados en el cine de la mente.

No podemos poner la atención en dos sitios a la vez. Hemos de decidir dónde queremos estar: si en el cine mental o en la Vida. Hemos de descubrir cómo la película de nuestra cabeza nos atrapa una y otra vez, acompañada también por las emociones correspondientes. Y si.

Las emociones reactivas también son película.

Abrámonos a la Vida. Tenemos un cuerpo que será nuestro más ferviente aliado. Abrámonos a todos los sentidos. Abrámonos a sentir, a descubrir, a respirar. Salgamos del cine para poder disfrutar de estar vivos. Dejemos los relatos mentales en paz. Dejar en paz…. que bella frase.

Y recuerda -me dice la mirada susurrándome-, cada vez que te parezca que pesa la vida, es que has entrado en el cine de la mente y te has quedado hipnotizado por la película de pensamientos que allí se proyecta, siempre, en sesión contínua. Que el peso está en la mente. Si no fuera así, ¿cómo podrían volar los mosquitos?

Sólo podemos ser felices en la Vida. Así pues, ¡salgamos del cine mental por muy interesante que parezca la película!

¡Feliz Ahora!

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AtraBesando. El amor incondicional

Versión 2

 

Cuando veo que soy todo, eso es Amor.

Sri Nisargadatta Maharaj

 

 

 

En estas horas, anda la mirada secreta rondando, susurrando, desvelando, atraBesando. Si, atraBesando-me. Porque la mirada secreta ama incondicionalmente y hasta ahora no me había dado cuenta.

Me atraviesa. Es como si no me viera. ¡Qué paradoja decir que la mirada no me ve! En verdad, me ve mejor de lo que yo o nadie me ha visto. Me ve atraBesando mi cuerpo, mi personalidad, mis creencias, mis gustos y disgustos, mis capacidades o incapacidades. Ella no ve nada de esto. Yo no sé lo que ve. Pero sé que la mirada secreta no me piensa, no piensa en mi ni en como soy o dejo de ser, ni en como me relaciono o dejo de relacionarme. Ella me atraviesa. Atraviesa lo que en mi es objetivable o juzgable -que es lo mismo-. Me ve como nadie me ve. Y por eso me ama incondicionalmente.

¿Que cómo lo se? Porque siempre está Aquí. Siempre que me abro a ella, me regala su presencia y así, durante esta comunión, puedo ver yo también más allá de lo objetivable o de lo juzgable -que sí, me dice, ¡que es lo mismo!-.

Hoy he visto como sin darnos cuenta, rechazamos la manera de ser del otro. Lo he visto y eso ha producido un silencio por el que se ha colado mi querida mirada secreta. Allí ha empezado a hacer su trabajo -cuando hacemos nuestro verdadero trabajo, no hay esfuerzo alguno…- Y me ha ido mostrando un amor nuevo.

Me ha enseñado dos cosas por ahora. Dos cosas que en verdad son inseparables.

Tantas veces oímos hablar del amor incondicional. Me parece que está un poco de moda. Amar sin condiciones. ¿Sin condiciones con respecto a qué? Parece como si pensáramos que podemos llegar a amar sin condiciones siendo quienes somos. Hoy he visto que no.  Hoy he descubierto que

el amor que siento hacia el otro depende del estado en el que estoy yo y no del otro.

Siempre había pensado que el amor que le tenía a alguien dependía de como era el otro, y sobre todo, de como me trataba. Pero hoy la mirada secreta me ha mostrado que no es así. Que el amor que doy es el amor que tengo. Y no puedo dar más amor que el que tengo. Cuando me siento radiante, lleno de amor, entonces parece que como el otro actúe ya no me molesta. Así que

lo incondicional tiene que empezar por mi.

Para amar incondicionalmente tendría que estar lleno de amor, siempre, siempre, siempre.

Entonces de lo que se trataría es de amarme mucho, de tener muy buena autoestima… Si. La autoestima también está en moda desde hace algún tiempo pero quizás tendríamos que investigar de que va eso de la auto-estima. La mirada ya sonríe. Y es que ¿cómo es posible esto de amarse a uno mismo? ¿Acaso me puedo dividir en dos: uno que ama a otro? Y la mirada, implacable siempre, me dice que

la autoestima es la relación que hay entre la idea que tengo de mi y el ideal que tengo de mi

¡Listos! Hay mucha autoestima cuando la idea que tengo de mi ha subido puntos hacia el ideal. Eso es todo. ¿Cómo va a tener este invento psicológico algo que ver con el amor incondicional?

No es posible ningún amor incondicional mientras la fuente del amor que quiero ser se viva con millones de condiciones. De hecho estoy todo el día juzgándome. Entonces ¿cómo va a brotar de mi un amor incondicional?

De mi no puede brotar amor incondicional como tampoco puedo amar incondicionalmente mientras crea que el amor es algo que se ha de merecer según los criterios a los que doy verdad. Ni me puedo amar ni te puedo amar incondicionalmente.

Entonces ¿no podemos acceder al amor incondicional? Si, dice la mirada. Sólo hay un camino. Y es descubrir quien eres, de qué estás hecho, que es eso de la vida. Antes, no te lo plantees- me dice. Porque si lo haces, agravaras tus juicios.

Vale. Pero mientras no lo descubra ¿qué puedo hacer?.- le pregunto.

Dejate ser. Y deja ser a los demás.

Sin querer nada porque el amor incondicional no quiere nada

Por eso, el verbo de hoy es atraBesar. Atrevete a Ser, atraBesando cada juicio, dirigido a ti mismo o a los demás, no importa.

AtraBesando sin condiciones.

¡Feliz Ahora!

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El orden natural

img_2549El orden sí  que altera el producto.

La mirada secreta

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De la fuente del bosque brotaba un hermoso río. Los aldeanos aprendieron hace ya mucho tiempo que para que todos se beneficiaran de sus aguas, había que seguir un orden: llevaban a las bestias a bañarse río abajo. Más arriba, se bañaban ellos. Aún más arriba, dejaban los aldeanos que las bestias calmaran su sed y más arriba aún, cerquita de la fuente, lo hacían ellos. Así el agua que brotaba de lo profundo de la tierra, era una bendición para todos y para todo.

Los hombres que llegaban a la aldea, faltos como estaban de conocimiento, bebían en cualquier tramo del río, quizás más abajo de allá donde las bestias se bañaban. Y lo que es elixir de vida, se convertía en ellos en puro veneno.

Echo de menos el orden, el orden natural de todo- le digo sin palabras a la mirada secreta. Dime, dulce mirada, ¿cómo puedo vivir en este orden que convierte toda acción en un bien para mi y para el todo?

¡Qué bella pregunta! Nunca antes me habías hablado de ello. ¡Qué feliz me siento! -contesta la mirada que lo que más le gusta es descubrir y descubrir para el ojo embelesado. -Mira estos aldeanos. Míralos con mi mirada…-me dice.

Veo que ellos conocían muchas, muchas cosas: la dirección del agua del río, la pureza de sus aguas y cómo ésta se ve afectada por el uso que se les da; que ha de ser más pura el agua que bebo que el agua en la que me baño, igual que en todo lo que está vivo…

Si- me dice la mirada. Se necesita saber, tener unos conocimientos. Pero si contamos sólo con los conocimientos no va a ser suficiente. Mira:

Era así como el chico, harto de caminar, dejaba que las bestias se bañaran cerquita de la fuente donde él saciaba su sed. Y un día, mientras el rebaño se bañaba, su hermano fue a beber río abajo, allí cerca donde el andaba trabajando su campo. Aquella noche, el hermano caía gravemente enfermo mientras el chico lloraba…

¿Ves?- me insta la mirada secreta. Ambos hermanos, aún sabiendo, pensaron sólo en ellos mismos. No porque fueran egoístas ya que aparentemente no hacían daño a nadie, sino por ignorancia. Ellos se vivían a si mismos separados de la totalidad de la vida. Y este es el orden humano:  se tienen muchos conocimientos pero se viven desde la separación del yo con el resto de la vida. Y es que,

aunque el conocimiento es indispensable, no es ni mucho menos suficiente.

Y eso es lo que todavía ha de descubrir el ser humano. para que el conocimiento tenga un efecto beneficioso se necesita comprender que

toda acción tiene un impacto en el Todo.

Necesitamos descubrir que no estamos separados, que formamos un todo indivisible. Que todo lo que existe forma parte de mí.  Si llego a descubrirlo, entonces aparece un segundo elemento: el Amor. Y no pienses que es el amor que crees conocer. Es el Amor que trasciende mis “mis”, que todo lo incluye, que no ve nada separado del resto, que contempla la Vida como el único ser y que cuida cada átomo, cada vida como elemento siempre-integrado en la totalidad.

El Amor es la fuerza que actúa cuando descubro que todo forma parte de mí.

Y de esta manera se crea el ORDEN NATURAL Y DIVINO. El Orden que trasciende lo humano -trágicamente sustentado por la idea de separación.

El orden natural, hijo de la sabiduría y del amor.

En verdad, Ser y Saber, Amor y Sabiduría, Corazón y Mente, unidos para el mayor bien del Todo, de todos, de mi, de lo visible y lo invisible, de lo conocido y lo desconocido.

Más allá de cualquier conocimiento teórico, todo lo que comprendemos de la Verdad caerá en terreno baldío mientras la tierra en la que se posa esta sabiduría no se descubra tierra de todos, porque sólo el Amor la fertilizará.

¡Qué germine la Verdad en la tierra del Amor y el Orden natural -y por tanto divino- sea su fruto!

Gracias, querida mirada. En verdad, el descubrir es infinito.

¡Feliz Ahora!

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El canto de la Verdad

img_9373En el Silencio, más allá de los pensamientos y la emoción, la vida y la luz son Uno.

La mirada secreta

Gotas de sal lamen el corazón herido, el corazón rechazado, el corazón humano. Me mira con sus ojos inundados. También aquí el océano de vida tiene clara una salida. ¿O serán las lágrimas el final del dolor, la desembocadura, allí donde el sufrimiento tiene la oportunidad de transmutarse en Amor? Sus ojos lloran por el dolor de su corazón, su corazón humano. Mientras, por el rabillo de su mirada una lucecita brilla, un dulce resplandor que despierta mi mirada, la mirada secreta, la única mirada.

La lucecita resplandeciente resbala por el rabillo hasta la comisura de su boca y por las cosquillas que le hace, una sonrisa, tímida y callada, se vislumbra entre todas esas gotas saladas. Y la mirada secreta ve. Sigue el rastro brillante corriente arriba: de la sonrisa al rabillo del ojo y del rabillo se hunde en su resplandor -que no por tenue es menos luz, que la luz es luz tanto si es muy intensa como si no-. Y al hundirse en su brillo, aterriza la mirada en un nuevo corazón. Es este otro corazón que no tiene cualidad humana. Es un corazón sin forma, sin fronteras, sin color. Ni cálido ni frío. De luz blanca inundado, la luz blanca contenida, inseparables. No se sabe si este corazón es luz o la luz es corazón. De su profundidad insondable brota un canto de sirenas con una única tonadilla que arrulla, acuna, silencia, pacifíca. Una única canción. Como una es la Verdad.

La mirada secreta que escucha y al escuchar, ve, oye su canto y comprende. Comprende a la lucecita que del rabillo del ojo en llanto, saltó como si de una lágrima más se tratara, a la comisura de sus labios y bendijo su expresión doliente con la sonrisa de su canto.

Y es que el corazón humano llora todo lo que vive como carencia de amor: los reproches, el rechazo, la soledad, el desencanto, la culpa, la agresión, la desolación, el egoísmo, los deseos, la posesión, la esclavitud, la manipulación, el odio, el sufrimiento humano… Y en ese mismo sitio, el corazón humano, trata de vivir todos sus contrarios: las alabanzas, la aceptación, la compañía, la seducción, el orgullo, la amabilidad, la alegría, la generosidad, la esperanza, la fluidez, la libertad, la integridad, el amor, la felicidad humana… creyendo que así vivirá el amor. Pero ¡ay!, ese amor es temporal cuando ahí se vive, tan temporal como lo es el ser humano. Pero a veces bendice la Verdad con atisbos del Corazón intemporal, sin contrarios, en donde no se tienen alabanzas ni se ejerce la aceptación, ni hay necesidad alguna, ni la alegría o la generosidad tienen gradientes; ni la libertad, la esperanza o la integridad están expuestas a ningún peligro. Aquí, en este Corazón, nada se tiene y por eso no falta nada. Es casa. Nuestra casa. Aquí Soy. Soy Amor.

Dice la mirada secreta que cuando se ha vislumbrado este Corazón -el centro del Ser que soy- el vislumbre abre un caminito hasta el corazón humano y los vapores que viajan por él son la canción que anda oyendo el niño de corazón inundado, que con su sonrisa apenas dibujada dice que él nació para amar, para ser amor. Y eso Es lo que oye el niño, la canción de un sólo canto:

todo acaba bien. El Amor es lo que Soy.

¡Feliz Ahora!… siempre

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