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La felicidad

“Buscar la felicidad, no es vivir felizmente”

Thomas Merton

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El otro día vimos un reportaje que trataba, entre otras cosas, de la felicidad. Preguntaban a personas de todo el mundo qué era para ellos la felicidad. Y casi todos hablaban sobre lo que les hacía felices pero no de lo que era la felicidad para ellos… Y ahí empezó la mirada secreta de todos los que estábamos allí a hablar (porque la mirada secreta es Una, sea el ojo de quien sea). Y esto es lo que nos enseñó:

Creemos que la felicidad está en el conseguir lo que uno quiere. Y eso que queremos, esos medios para sentirnos felices, siempre están condicionados, por la época, la cultura, la familia y por las creencias de lo que es bueno en uno mismo. Lo que deseamos y creemos que nos hará felices brota de la mente. Pero lo que crees que te hace feliz, te da felicidad en un momento pero en otro no…

La felicidad ocurre dentro nuestro y no fuera

… Somos nosotros que colocamos la felicidad fuera. Por eso buscamos los medios para ser felices, en vez de descubrir la felicidad. Y después juzgamos a las personas según lo que quieren para ser felices. Así, una persona que cree que un coche nuevo le hará feliz la juzgamos como superficial, mientras que una persona que quiere un trabajo solidario para ser feliz, será considerada como una persona más profunda. Sin embargo, la felicidad que sentimos, sea por el camino que sea, ¿acaso no es la misma?

La felicidad no tiene diferentes intensidades. No se puede graduar. No se puede tener. Descubrimos que

la felicidad es un estado de ser.

Lo de fuera sólo nos hace felices si estamos en un estado de felicidad. Lo de fuera sí son momentos, pero nos sentiremos felices delante de eso si ya estamos en un estado de felicidad.

Nada nos va a hacer felices si no lo somos.

Lo único que nos va a impactar fuera es lo que resuena dentro. La felicidad es un estado basal que no puede ser observado sino vivido (no puedo observar lo que soy, solo puedo observar lo que no soy). Es igual que el Amor…

Y entonces hacemos ¡un gran descubrimiento!

El estado de felicidad es el estado natural del ser humano. La infelicidad es un pensamiento.

La infelicidad se aprende. Es un condicionamiento. Es mental. Mientras que la felicidad es nuestra verdadera naturaleza. Es el cielo que siempre está por muy cubierto de nubes que parezca. Por eso, hemos de aprender a vivir más allá de lo que el pensamiento juzga.

Cuando solo Eres y ocurre un desequilibrio, la persona va a vivir de forma muy diferente lo que llega de fuera. Lo va a vivir desde ese trasfondo de paz y de equilibrio que es la verdadera felicidad.

Así pues, no busques la felicidad fuera. Encuentra en el silencio, ese estado dentro de ti que es anterior a cualquier pensamiento, a cualquier sensación de carencia. Ese estado es la felicidad.

¡Feliz Ahora!

Cultivar lo que anhelo

“Pon amor y sacarás amor” 

Juan de la Cruz

  

Están tan bonitos los campos. El viento mece las mieses que ya sobrepasan el palmo. Los verdes se dejan acariciar por el incipiente dorado. La plata escondida brilla en bravo oleaje, a ritmo de rachas impredecibles. Cuando el hombre aprendió a cultivar, todo en su vida, toda su vida e incluso él mismo cambiaron, se transformaron. 
Pero, ¡ay, el hombre!, siempre hipnotizado por lo que sus sentidos captan y su mente piensa. Y piensa tan pequeño, tan pequeño aún sintiéndose el amo.  Y así, con el silencio empapándolo todo, la mirada secreta empieza su canto…
En algunas estaciones, el hombre ha querido también cultivar virtudes. Según su geografía religiosa, quizás ha querido cultivar la rectitud, o el desapego, o el sometimiento. Sus cultivos han sido hermanos del hacer porque 

por el hacer, el hombre, sólo coronar su existencia, ha sido juzgado. 

Pero en demasiadas ocasiones, las virtudes traen consigo mucha enfermedad -la vanagloria, la superioridad, el endiosamiento, el creerse iluminado- y la cosecha en vez de expandir el alma, la ha contaminado. 
Quizás no deberíamos cultivar lo que puede ser visto y mal usado. Quizás el cultivo que hiciera cambiar al hombre en lo profundo, fuera secreto. Quizás en vez de ser cosechadores tendríamos que ser cultivadores puros. Cultivar el sentir, en secreto. El sentir que florece espontáneamente, que no puede ser manipulado. El sentir que no puede ser recogido ni pesado. El sentir de la belleza, la armonía, la paz, la lucidez, el amor. 

En tierras de silencio se da bien este cultivo. Su simiente, la vivencia ni que sea de un segundo. Esa minúscula semilla puesta en la mirada desde que despunta el día, hasta que despunta el día, la va cultivando. 

Cultivar el sentir dejando al hacer que haga. Sin importar lo que ocurra más allá de su secreto campo. 

Cultivarlo para que crezca y crezca. El cultivo del sentir no puede ser contaminado porque a nadie le hace ser más nada, aún llenando en secreto el corazón con sus dulces frutos. Un cultivo que cuando se prueba ya no quiere ser abandonado, ni cambiado ni siquiera mejorado. 
En el sentir, la cosecha no se recoge y se guarda en las egocéntricas alacenas como con los cultivos del hacer. En el sentir, la cosecha florece de dentro afuera a través de la mirada casi sin que uno se de cuenta y sus frutos se reparte a todo lo que es mirado. La cosecha del sentir no deja nunca vacías las arcas y en ese reparto el silencio planta nuevas simientes en los ojos encontrados. 
Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor”, no se refería a una cosecha exterior que tantas veces nos deja en estado de sequía: “yo ya pongo amor pero mira, solo saco desprecio, o lo que es peor, desinterés” dice el hombre-cosecha. Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor” decía verdad porque 

poniendo amor, belleza, dulzura, tu mismo te llenas de ella. 

Sé un cultivador de aquello que en lo hondo anhelas. Cultiva lo que anhelas como si ya lo hubieras encontrado. Que tu mirada ponga aquello que quieres ver allí donde se pose, sea en otros, en el mundo o en ti mismo. Cultiva el amor en tu corazón y tu corazón quedará lleno de amor… Pon amor en tu mirada y en todo verás amor. 
¡Feliz Ahora!

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Camina hacia atrás

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas”

Mateo 6:33

Desayuno frente a la ventana que da a la naturaleza. Veloces pasan los pajaritos, los abejorros, las lagartijas… Se mecen dulcemente las ramas del pino, señalando la presencia de una ligera brisa, fresquita por lo nuevo de la mañana. Las nubes, blancas y grises, pasean por los caminos invisibles del azul celeste. El silencio es tan intenso que la persona queda bañada en su serena nada.
Y la mirada secreta empieza a hablar -a la mirada le apasiona hablar cuando el Silencio cubre la tierra con su manto-.
En la naturaleza, cada elemento cumple bellamente la función para la que fue creado. De ahí la paz, la armonía, la belleza, la libertad, la unidad que nos inspira la naturaleza. Desde una hormiguita afanosa hasta el pino que se ve desde mi ventana; desde las anchas losas de granito hasta la solemne águila que surca los cielos de su reino, todo vive en perfecta armonía. Cada ser, pequeño o grande, haciendo ni más ni menos lo que le toca hacer, para su propio bien y el bien del Todo, es un bien inseparable en la expresión de la Vida Una. 
Pero, ¿y el hombre? Ese hombre que se cree en la cabeza de la evolución y está siendo el elemento que, al vivir en su fuero interno conflictos, desarmonía, fealdad, y atrapamiento, inunda la Vida de eso. Perdido en su endiosado pensamiento, desconectado asombrosamente de la naturaleza y del universo… en su caminar pensado todavía no ha (re)encontrado aquello para lo que fue creado.
Y mientras insista en encontrarlo buscando en su mente, más enredado y dolorido vivirá. Como cuando caes en medio de las zarzas y conforme más te remueves y luchas por salir, más te las clavas y más atrapado estás. Para salir de las zarzas, si es que alguna vez te ha pasado, has de quedarte quieto quieto y observar, para poder soltar cada pincho haciendo el recorrido inverso. Así se libera uno de las zarzas…
La función para la que fue creado el hombre quedará expuesta a la luz de la mente cuando perdamos la separación, cuando hagamos el camino inverso, cuando volvamos a sentirnos conectados con la naturaleza y el universo -al que estamos conectados eternamente sin que nos percatemos de ello-. Mientras, en el mundo del hombre seguirán reinado el desasosiego, la desarmonía y el dolor.
Los caminos de descubrimiento y de realización de nuestra verdadera función son infinitos, tantos como seres humanos hay. Pero a los pies de la cima (del Cielo), antes o después, nos hemos de encontrar con el Silencio -con el silencio de pensamiento, emoción e identidad-, hacernos nosotros mismos silencio en el que se desvanezca nuestra idea de ser y todo lo demás que creemos saber. Así se empezará a escalar hacia la cima, la cima de la realización, el Cielo en donde nos esperan la hormiga, el pino, las piedras y el águila.

A la cima se llega caminando hacia atrás, saliendo del enredo por donde entraste.

El Silencio no está delante. De ahí que tengamos que hundirnos en nosotros mismos para llegar. El cielo no está arriba ni adelante. 

El cielo es el estado de donde partimos, extraviándonos.

Hemos de dar marcha atrás hasta volver al cielo que está Aquí y Ahora. Y saber que 

aquel que torna del Cielo no es el que se fue.

 El camino recorrido, el extravío y la vuelta, fueron necesarios. Esta fue la preparación del hombre para que un dia pueda realizar la función para la que fue creado (a más evolución, más se tarda en caminar. Eso le sucede a cualquier animal :).

Caminando marcha atrás para salir del enredo llegaremos a los pies de la cima. Allí esperaremos a que el Silencio nos venga a buscar y allí descubriremos lo que siempre estuvo pero que no veíamos.

En el encuentro con el Silencio, queda el ser humano liberado de todo lo que creyó, la paz empapa el cuerpo, la mente y el corazón.

 Y es el propio Silencio el que a sus espaldas nos carga y corona la cima de la realización. Lo que descarga allí no es lo que un día cargó. De la cima baja el ser humano verdadero, la mirada limpia y clara como limpios y claros su mente y corazón, cumpliendo la función para la que fue creado, para su bien y el bien del Todo, inseparables como siempre han sido. Entonces la Tierra será el Cielo como lo es ya para la hormiga, la piedra, el pino y el águila. Pero ¡sabiéndolo!

¡Feliz Ahora!

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La realidad creada

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Para vivir de verdad hemos de descubrir la verdad de la vida.

La mirada secreta

No hace falta ser muy de ciencias para ir descubriendo que todo de lo que percibo, tal como lo percibo, es una realidad superpuesta a la verdadera Realidad.
En lo más externo, están los sentidos que tiene este cuerpo. En mi caso, vista, oído, olfato, gusto, tacto, sentido de equilibrio, de la colocación (cinestésico), del dolor, de la temperatura, de la presión y del movimiento. Estos sentidos captan lo que pueden, según su capacidad. No captan lo que hay, sino lo que pueden, y otros cuerpos captaran otras cosas o las cosas de diferente manera (y entiendo como “cosa” los estímulos que emite la realidad). En este primer nivel la realidad ya se está captando de forma limitada y condicionada a estos sentidos corporales. En este primer nivel, otros cuerpos humanos y no humanos pueden captar una realidad totalmente diferente. La realidad de una persona ciega no tiene nada que ver con la realidad de una persona que ve. Aunque hablemos de lo mismo, nuestra experiencia de la realidad es muy muy diferente.
En el siguiente nivel aparece el descodificador del cuerpo (cerebro, neuronas, etc.) que descodificará las señales que han captado los sentidos según las plantillas cerebrales que tenga. Teniendo los mismos sentidos, un cambio en los descodificadores nos dará una realidad totalmente diferente (os recomiendo ver la conferencia TED de la Dra. Jill Taylor). Sólo hay que ir al dentista y después de la anaestesia pasarnos la mano por la mejilla dormida… Así que en este nivel seguimos creando una realidad condicionada a la capacidad del descodificador.
En el tercer nivel (por hablar de alguna manera) tenemos la mente “racional”, la que llaman “objetiva” -seguramente porque creemos que si la mayoría ve algo de la misma manera, es que eso visto es “así”. Me parece que es a ese “ver colectivo” es a lo que llaman “objetividad”-. Esta mente tiene sus plantillas colectivas heredadas de la educación, de la sociedad, de la época histórica, del lugar donde vivimos, etc. Estas plantillas son las mismas para los que comparten estos parámetros pero no por los demás. Así, en este tercer nivel, interpretaremos la ya tan dudosa realidad de muy diferentes formas según esas plantillas: lo que es comestible, o sagrado, o lo que es un hombre o una mujer o un anciano, lo que es la muerte, lo que es un árbol, todo será una realidad diferente según el grupo en el que tu mente haya sido “racionalizada”.
En el cuarto nivel estaría la mente “psicológica”, que es la que llaman “subjetiva” (porque sólo lo veo “así” yo y alguno más que me quiere bien ;). Esta mente también tiene sus plantillas construidas por las vivencias personales y generacionales que afectan la relación íntima con las personas, la vida y con quienes creemos ser. Esta mente también interpreta según sus criterios personales e íntimos. Y lo que puede ser un encuentro “divertido” para uno, puede ser “aburrido” para otro…

Los dos primeros niveles junto con sus plantillas, cumplen su función inteligentemente. Ahora los dos siguientes, ya no sé. Pero que los niveles creen realidades superpuestas con inteligencia no indica que sean reales y que vivamos totalmente inmersos en una realidad relativa -por llamarla de alguna manera- a la que le damos una verdad absoluta. ¿Cómo vamos a vivir de verdad una vida que no conocemos?
Bueno. Seguramente si los científicos leyeran lo que hoy anda dictando la mirada secreta le encontrarían muchos fallos. No importa. Lo que importa es que todo lo que damos por real es una interpretación. No sabemos qué es la realidad. Y por lo tanto no sabemos lo que es la vida.

Vivimos sin saber qué es la vida

Llega un momento en que es difícil seguir mirando como antes. Cuando descubrimos que todo lo que vemos, tanto física como mentalmente es una pura interpretación de la Realidad, ¿a qué podemos dar verdad sino a la propia luz que ve? Ya nada de lo visto colma la sed de descubrir la verdad. Ahora

el camino es llegar a conocer aquello que ve.

¿Será por eso que Sri Nisargadatta decía que la verdad no está en lo descubierto sino en el descubrir?

La mirada secreta sonríe pícara pero yo quedo en silencio pues nada sé.

¡Feliz Ahora!

Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

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¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

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De los diferentes “yo”

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El yo-naturaleza y el yo-mental son manipulables.

Los estados alterados de conciencia no son tales. Son estados alterados de percepción.

La conciencia no se puede manipular.

La mente es el interprete de la existencia.

La existencia es el juego que la Luz de la conciencia hace cuando pasa por la mente.

La conciencia es la existencia y el testigo de la existencia.

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Nada es verdadero por el hecho de ser percibido. Se percibe tanto lo verdadero como lo falso.

Confundimos percepción con realidad.

Lo Real es aquello que atestigua la percepción y lo percibido.

Este es el viaje:

De ser lo que existe (el yo-naturaleza)

… a ser lo que creo ser (el yo-mente)

… … a ser lo que se da cuenta (el yo-conciencia)

… … … a Ser (Conciencia sin yo)

Así habla el bordón de Dios a la mirada secreta.

¡Feliz Ahora!

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Cómo investigar

 

Ver la Verdad es Ser la Verdad.

Consuelo Martín

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Para investigar de verdad la Verdad de todo y todos, necesitamos desprendernos de lo que creemos saber. Investigar sobre la Realidad se parece más a una investigación de campo en el que la observación neutral hace su trabajo, sin hipótesis ni resultados. Sólo ver.

Sólo escuchar lo que el Ver nos enseña.

Ver y escuchar requieren de lo mismo dentro nuestro. Requieren del silencio de lo conocido, una atención vacía de contenidos. En el ver y en el escuchar no hay nadie viendo y escuchando, porque cuando escuchamos o miramos de verdad, no hay nadie pensando. No hay pensamientos que estén diciendo “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Solo hay ese ver y ese escuchar. Ahí es donde se realiza el atisbo de la Verdad, “verdad” sinónimo de “realidad”.

El ver y el escuchar puros, sin juicios sobre lo que se está percibiendo, es una actitud de plena atención totalmente despierta en una mente totalmente pasiva. Se parece mucho a mirar un paisaje en donde la mirada se abre sin ningún esfuerzo, sin que quede fijada a nada en concreto.

Es un  ver que se siente, pero no emocionalmente. Es un escuchar que comprende, pero no mentalmente.

No hay verdad en lo concreto, porque lo concreto siempre es una parte  que se separa del todo. Por eso, la verdad nunca está en la respuesta. La verdad está en la colocación de la mirada.

Es la pregunta la que nos conduce a la Verdad, no la respuesta.

Y en cambio el buscador busca respuestas, respuestas concretas, porque busca desde la mente concreta. Y cualquier respuesta es la muerte de la Verdad porque

la Verdad es infinita y ni deja nada fuera ni puede encerrarse en respuesta alguna.

Y son las respuestas las que montan escuela, las que crean doctrinas, las que separan y enfrentan.

La verdad no vive en ningún sitio concreto. No se la puede buscar en ningún sitio. La verdad no hace desaparecer lo concreto sino que hace ver lo concreto en su justa medida, como algo relativo, como algo aparente. En la verdad no hay un yo separado. Es atraBesando lo concreto cuando encuentras lo infinito de lo que no se puede hablar.

La verdad es intangible y sin embargo es de una contundencia que está más allá de cualquier posibilidad de duda. Por eso ver la Verdad no conduce nunca a la necesidad de defenderla. Porque sólo defendemos aquello sobre lo que dudamos.

El buscador va acumulando y coleccionando respuestas y va modificando lo concreto aparentemente adaptado a la verdad, hasta que un día se da cuenta de que la Verdad no está en lo visto sino en la mirada que ve.

¡Bendita mirada!

¡Feliz Ahora!

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La mirada secreta sabe de cómo las personas nos perdemos con las palabras. Pero aún y así, muestra con diafana claridad la diferencia de lo que podríamos llamar emociones y sentimientos.

Ninguna emoción es espontánea. Todas las emociones son reactivas (a la programación vital o mental). Y en muchas ocasiones tienen la función de dar a conocer a otros el estado interno del animal o persona.

Los sentimientos brotan del alma. Son espontáneos. No responden a ningún estímulo (reactividad) ni buscan ningúna respuesta en el otro (estrategia). Los sentimientos no pueden ser manipulados. No podemos sentirlos a voluntad. Nos inundan y no sabemos por qué ni cuando. La belleza, el sentimiento de libertad, de unidad, el amor, la paz… Así se expresa el alma :).

Creemos anhelar emociones positivas cuando son tan efímeras como el estímulo que las creó, cuando en realidad añoramos los sentimientos del alma. Y los añoramos porque los conocemos aunque no  nos acordamos. ¿Cómo si no, podríamos anhelarlos?

¡Feliz Ahora!

Más sobre las emociones

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Sobre las emociones

Las emociones se crean en el corazón de la mente. Los sentimientos, en el corazón del alma.

La mirada secreta

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Hablan las modas que las emociones hay que saberlas gestionar… ¡Gestionar! Como si fueran los dineros del banco. Y, ¿sabes por qué hablamos así? Porque la mente se cree que es el emperador y que todo puede manipular. Pobre mente que no se da cuenta que igual que esclaviza a la persona, ella misma está esclavizada por sus programas, condicionamientos y plantillas de corrección, que no paran de manipularla a cada instante. Pobre mente, invadida de creencias. Ni sus opiniones son suyas…

Queremos que la mente gestione las emociones, cuando pensamientos y emociones son inseparables. Queremos que la mente gestiones las emociones, pero solo las negativas. Porque queremos tener emociones positivas. Positivo. Negativo. Eso mismo ¿acaso no son dos caras de la misma moneda?

Entonces, la mirada secreta me pregunta:
-¿En serio crees que las emociones son tuyas? Si las emociones fueran tuyas, seguro que solo sentirias cosas bonitas y alegres… Pero no. Las emociones campan a sus anchas y tu estas ahí sintiendolas con total sumisión. Date cuenta de que eres tu que estás siendo de las emociones y no al revés.

Las emociones no son tuyas. Tu eres de las emociones. Son tus dueñas.

-Entonces ¿qué puedo hacer para no sufrirlas?- le pregunto.

Pues desde esta creencia, lo único que te queda es rebelarte a semejante jefe, a ese yo emocional que no te deja vivir en paz. Y así lo haces. Peleas contra todas las emociones que no quieres tener. Y ¿qúe hacen ellas? Hacerse más fuertes, como es de esperar, exactamente como ocurriría si te rebelaras contra tu jefe. Tu jefe se alzaría con todo su poder en contra de ti. Así que esta lucha en contra no parece un buen camino…
La mirada secreta. Siempre nueva, ve con la inocencia del no saber, sin ideas preconcebidas. La mirada que ve desde el origen, sin dar nada por hecho. Va allí donde se crea el problema y mira. ¿Dónde empieza? Y ve que el origen del sufrimiento que nos producen las emociones está en creernos que tienen poder, en creernos que son nuestras y que además son verdaderas, reales… Y es en todas estas creencias en donde se fragua el sufrimiento emocional. Pero si podemos descubrir otra forma de ver, todo cambia.

Creo que las emociones son mías, son reacciones a algo real y son poderosas.

En el caso del jefe que me hace la vida imposible y frente al que me estoy rebelando con la consecuencia de que él está usando todo su poder en contra de mi rebeldía, ¿qué pasaría si yo descubriera que esa persona no es mi jefe? ¿Seguiría con la revolución?
Los pensamientos psicológicos son los que interpretan, los pensamientos que enjuician al mundo, a las personas, a nosotros mismos. Y las emociones a las que nos referimos son el resultado de estos pensamientos y, a su vez, las generadoras de esos pensamientos. Tanto unos como otros son mecánicos, automáticos, programados. Y lo se porque la mirada secreta los ha mirado y comprendido (y este es el principio de la liberación). Al observarlos, siempre suelen ser los mismos movimientos psicológicos en las mismas situaciones. No son pensamientos ni emociones nuevos sino repetitivos y cansinos. Y la mirada también me muestra cómo van a su aire, ¡independientemente de mi! También sé que son temporales, que acaban por desaparecer tal como aparecieron.

La emoción es automática y sólo se convierte en problema cuando entra el pensamiento.

-Fíjate -dice la mirada- como en la naturaleza los animales también expresan emociones pero nunca se convierten en estados emocionales porque sus mentes no empiezan a crear un relato en torno a la emoción. Entre los animales, la emoción se vive y se resuelve sin dejar residuos. En los animales, las emociones “son”. Y no son ni negativas ni positivas. En cambio en los humanos, lo que acaba dañando son todos los residuos emocionales que son provocados por el pensamiento. La emoción se convierte en negativa cuando el pensamiento la alimenta y alimenta hasta hacerla engordar tanto que eclipsa cualquier vivencia del instante.

-No se puede evitar la emoción pimera, pero ¿si que se podrá hacer algo para que no se convierta en una fuente de sufrimiento? – le pregunto viendo con total claridad como funcionan.

Si la solución para dejar de sufrirlas no está en tratar de acabar con ellas, ¿que podemos hacer? La sabiduría ancestral habla de dejar que las emociones sigan su curso sin que nosotros tratemos de desviarlas o eliminarlas, sino acogiéndolas y dándoles el espacio que necesiten. Siento que hay verdad en eso pero hasta ahora no sabía cómo hacerlo.
Y en estas la mirada secreta me enseña una escena: la de la madre que va a consolar a su pequeño cuando este despierta llorando y asustado por un mal sueño. La madre abraza al niño, le tranquiliza sin prisa, dejando que se vaya calmando poco a poco, desde la paz de saber que la causa de sufrimiento del niño no es real..
Pues ya está. Me imagino como esa madre, y la emoción como ese niño. Y ya sé que hacer…

Pero no se acaba aquí…  De lo más profundo, la mirada me descubre siendo el espacio sin fronteras en donde todo aparece (incluidas las emociones). Y ahora, cuando aparece una emoción, la sé dejar ser mientras yo me vivo ese espacio infinito en el que todo cabe…

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Dos niveles de actuación para una misma vivencia. Y ninguno de ellos hace lo que la mente querría, luchar en contra de la emoción o alimentarla con sus interpretaciones.

¡Feliz Ahora!

 

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Solo Ser

La verdad es tan sencilla que la mente no la puede conocer.

La mirada secreta

 

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Zumbaban las abejas pletóricas de vida. Zumbaban en el silencio que todo lo oye. Con los ojos cerrados pierdo fácil las aparentes fronteras que me separan del mundo, las fronteras que son causa de conflicto, soledad y sufrimiento. Y era con los ojos cerrados que escuchaba, la copa rosa del ciruelo como cielo sobre mi cabeza por un momento. Por un momento sin fronteras, su zumbido era el sonido de la energía de la vida que recorría por entero mi cuerpo. Mi cuerpo sin fronteras. El mismo zumbido. Ya no había fuera ni había dentro. Dentro. Dentro. Dentro, el Infinito sonoroso me mostraba que no sabemos Ser. Somos los únicos seres de este planeta que no sabemos ser.

La mirada secreta, en comunión por indivisibilidad, habla de solo ser.  Y la persona no sabe qué es lo que significa solo ser. Es tan extraña nuestra incomprensión.

-A mí dame fórmulas- dice la persona. Y ¿qué fórmulas se pueden dar para conocer el sabor de una manzana? Para inundarte del aroma del pan recién horneado. Para maravillarte por la altísima ingeniería con la que está construida una minúscula flor. Para enternecerte con la inocente risa de la niña. Para sentir la fuerza poderosa del mar. Para alegrarte por las muestras de cariño a tu hermana. Para sorprenderte con la velocidad que alcanza tu perro. Para… para Vivir. ¿Qué fórmulas se pueden dar? Si contra más fórmulas tenemos para vivir, mas nos alejamos de la Vida…

Solo ser.

Cuando se planta la semilla de un árbol, el árbol no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer. Con lo que recibe del sol, de los nutrientes de la tierra y del agua, el árbol va creciendo.

El árbol ya ha crecido un poquito pero entonces la mente humana decide que este árbol crezca recto. Para ello le ata a una estaca para que coja la forma que él quiere. El árbol deja de ser libre de crecer como sea. No sabemos si sufre o no, pero así será más bello o más eficaz para el hombre.

Los seres humanos también nacemos y también necesitamos tres elementos para sobrevivir que son los nutrientes del planeta, los nutrientes del cielo y los nutrientes del amor. La combinación de estos tres elementos nos hace crecer de una manera u otra. Pero de repente la mente humana entra y quiere que tengamos una forma concreta (la mente de los demás y la nuestra propia) para que seamos más eficaces o más bellos según la moda del momento.

Así que desde muy pequeños, empezamos a ser atados a rígidas estacas para llegar a ser  como deberiamos ser y entonces empezamos a sufrir porque el crecimiento natural se ve forzado a límites de locura para encajar en esa idea.

Ah! Pero la mirada secreta en su extrañísima revolución no se conforma y ahí donde no ve verdad, se pone a investigar y me dice:

¿Qué pasaria si tu te vivieras tal cual eres, entendiendo que tal cual eres es como la vida ha querido que seas – con sus estacas también- y dejases de querer ser de otra manera por mucho que digan que no puedes ser así o por muchas criticas que recibas o por mucha burla que se te haga? Y si te vivieras, no para cambiar, sino para ser lo que ya eres en plenitud, sin miedo, ¿qué pasaría? ¿habría entonces algún esfuerzo? Porque para ser en plenitud no podrías estar esforzándote en ser alguien, ya que ese esfuerzo no te dejaría vivirte en plenitud lo que ya eres. Solo tendrías que abrirte y vivirte tal cual, sin pensarte, como hacen todos los seres de la tierra a excepción de los humanos.

-¡Oh mirada! Si pudiera dejar de pensarme, de enjuiciarme, de esforzarme, sería feliz.

-Si. Serías feliz. Y además, al dejarte en paz, dejarías que los demás también fueran lo que son. Así que tu paz sería fuente de paz para los demás.

¿Cómo puede ser tan fácil cuando hay tanto sufrimiento psicológico? La mente -me dice la mirada secreta- crea el sufrimiento psicológico y lo complica todo. No es la mente la que ha de Ser, ¡eres tu!

La caida de los pensamientos autoreferenciados es la liberación que permite la expansión del Ser que soy, la expansión del Ser que eres.

Así que deja de pensarte. Solo se.

¡Feliz Ahora!

 

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