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Lo que queda

img_9217“Acallando el movimiento mental, dejándolo tranquilo… la realidad se presenta tal cual es…”

Consuelo Martín

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En el dulce silencio, los sonidos mentales resbalan en la conciencia como resbalan las gotas de lluvia en el cristal y surge la mirada secreta para hablar con palabras que no se oyen al oido de quien esto escribe…

Decimos que no sabemos silenciar la mente porque creemos que hemos de conseguir no pensar en nada. Para tener éxito, nos esforzamos, luchamos contra los pensamientos y fracasamos una y otra vez.

¡Pobres hombres de buena voluntad!- bromea la mirada. ¡Si supieran que ya saben silenciarla!

¿Cómo?- le pregunto. Pues ¿como haces cada noche para caer en el sueño?- me dice. Cierro los ojos, dejo que la respiración se enlentezca, a su ritmo, sin forzar nada. Los pensamientos vagan y yo, ¡oh, mirada!, no hago nada. ¡Eso es! ¿Cómo voy a ser capaz de dejar de pensar si eso mismo es ya un pensamiento? De día, la única diferencia es que me mantengo “despierto” en ese mismo estado en el que entro para dormir por las noches. Mantengo la conciencia despierta y la mente en ese vagar del que poco me entero por no prestarle atención. Y entonces el dulce silencio empapa la conciencia como la lluvia, a veces poquito a poco, a veces como en un chaparrón.

Cuando el dulce silencio llena a la persona, pasan muchas muchas cosas. Cuando la mente deja de sonar por encima de todo, cuando no se le presta atención sencillamente porque no se la escucha, con los pensamientos desaparece toda creación mental: desaparecen los deseos, las preocupaciones, los miedos. Cuando no pienso, desaparecen los enfados, las angustias, las guerras contra los demás o contra mi. Aquí no hay culpables ni culpas. No hay nada que deba hacer. No hay pasado ni futuro. Aquí no hay ideas sobre quien soy o sobre cómo debería ser. Ni sobre quién eres o como deberías ser. En el dulce silencio, por no haber no hay ni yo, ni mi, ni mío, ni tu ni tuyo. Es muy impresionante. Porque aquí es cuando realmente descubro que

todo lo que desaparece junto con los pensamientos, solo vive en mi cabeza. No es real

Y también, todavía más importante, descubro lo que queda. Y

lo que queda es paz. Paz y disponibilidad.

Cuando vives más allá de lo pensado, en el dulce silencio, nada quieres y nada rechazas. Ya no falta ni sobra nada y eso hace que estés en total apertura para lo que la vida te traiga a cada momento. Y eso es FLUIR. Es la disponibilidad que tiene la taza vacía, la habitación sin ocupar. La disponibilidad que tiene quien ama. Porque

amor y disponibilidad son uno

Esa paz que todo acoge da permiso a la Vida para utilizar las capacidades de esta persona (capacidades que la mente de la propia persona desconoce en su totalidad). Y la persona, como todo en la naturaleza, es utilizada inteligentemente en cada instante (eso es DEJARSE SER) para mayor bien del todo (eso es AMOR) y su acción es espontánea (eso es VIVIR POR INSPIRACIÓN). En el dulce silencio, la Vida y yo no estamos separados. En el dulce silencio, soy Vida.

Y la felicidad profunda que me da el dormir, felicidad del estado sin mente, es de lo que esta Paz está coloreada. Por eso, trascendiendo todo tiempo, declara la mirada lo que nunca fue un deseo sino su estado natural:

¡FELIZ AHORA!

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¡FELIZ…

img_0113“La vida es nueva a cada instante.”

Consuelo Martín

¡Feliz año! ¡Feliz año!- exclamaban todos, alborozados. Se abrazaban unos a otros deseándose felicidad para el nuevo año en el que acababan de entrar. Era bello ver como cada quien iba abrazando a cada uno con el mejor de los deseos. No sé si alguno estaría por dentro pasando un mal momento pero ni así nublaba su sonrisa aquella entrada en el nuevo año.
La mirada secreta gravitaba silenciosa sobre nuestras cabezas -así lo hace siempre- y veía -es lo que mejor se le da-. Veía como cada uno dejaba atrás, ni que fuera por un rato, las diferencias, los malos momentos, las preocupaciones… veía como todos se sacaban la mente ese ratito y sólo habían buenas intenciones, repartición de alegría y mucha, mucha esperanza.
La mirada veía en ese momento un grupo de personas que estrenaban vida. Sí. Estrenaban vida. Y eso es decir mucho, muchísimo. Durante unos minutos, todos los que estaban allí estrenaban vida con la misma alegría con la que estrenamos todo lo nuevo. Eso es. Estrenaban año nuevo -de hecho me parece que se llama así: año nuevo-…
¡Ah! ¡Qué maravilla estrenar lo nuevo! Abrir el paquetito para ver que esconde. La emoción de descubrir lo nuevo, en el que lo desconocido no da miedo sino que hace cosquillas en la barriga.
Alegría, abrazos amorosos volando, atravesando, enredándose con otros abrazos… esperanza… En ese momento todos abiertos a lo que vendrá, sin expectativas.
La mirada secreta veía a todos ¡felicitándose! Expresaban su deseo de que el otro fuera feliz en el nuevo año que se acababa de estrenar.
Andaba como todos allí, ¡Feliz año! ¡Feliz año! Y ¡pum!…. la mirada me susurró así, sin más: ¿Feliz año?…
Bueno, mi dulce mirada, ahora voy a bailar- le dije. Si acaso, en sueños me dices que ver en tu pregunta extraña…

Al cabo de un rato, ya en la cama…..-“Año nuevo… vida nueva” dicen por ahí. ¿Qué querría la mirada hace un rato en pleno estallido de alegría y esperanza, con su pregunta extraña?…- zzzzzzzzzzzzzz
Hoy el mundo pasea en silencio. El mar está bellísimo. Quizás también estrena… ¿qué? ¿Felicidad?
Uffff. Ya está. Con la brisa del mar, la sal de la lágrima se hace uno.
Cumplimos año el 1 de enero porque así nos lo hemos inventado. Y la mente como siempre, nada se plantea. Pero esa felicidad del estreno, ese abrazar a todos repartiendo esperanza, alegría, eso no es inventado. Sale del corazón. Y es el corazón que me va a mil ahora. Veo.
Con la mirada atraBesándome, a todos y cada uno os abrazo. Pero ya no puedo desearos un feliz año. ¿Cómo podría? Os deseo lo que siempre me hizo la mirada desearos: ¡Feliz Ahora! ¡Feliz Vida a cada instante! Porque eso sí es verdad.
No tengamos miedo.

Estrenemos la Vida a cada instante porque a cada instante es nueva.

Festejemos la entrada eternamente nueva de vida. Expresemos nuestro deseo de felicidad a todos los seres en este justo Instante Nuevo que es lo que realmente la Vida es. Vivamos abrazándonos, abriendo el Ahora con la emoción de descubrir lo que nunca antes habíamos visto. Maravillemonos de la explosión de vida que es vivir celebrando. Salgamos de la mente racional como hicimos ayer por un momento y repartamos buenas intenciones, alegría , abrazos y mucha, mucha esperanza. ¡Estrenemos Vida!
¡Feliz Ahora!

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¿Dónde está tu tesoro?

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La verdad no está aquí o allí. La verdad es un estado de conciencia.

Consuelo Martín

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Cuatro grandes piedras en forma de corazón fueron halladas.

… Una aquí, la otra allá, siempre en medio del camino.

El indio rastreador las vio con su mirada entregada y absorta en su tesoro. Era tan grande su anhelo por encontrarlo que no solo vio meras piedras, sino señales que le indicaban que iba por buen camino. El indio rastreador sabía que tenía que

estar muy despierto para ver más allá de las apariencias,

para ver las señales.

Alguno podría decir que fueron las piedras las que le llevaron a encontrar su tesoro. Y sí. Pero eso no fue todo. De hecho las piedras fueron lo de menos -¡muchos habían pasado antes por ahí y no habían visto nada!-. Lo de más fue su anhelo y la total entrega de su mirada: nada de lo que veía le distraía de su camino aimg_9035 menos que en ello intuyera la verdad de su andar.

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El indio nunca pensó por donde ir, o si estaba en buenas condiciones para seguir, o si tenía las cualidades necesarias o si era suficientemente inteligente o si tenía que tener un plan mejor… De hecho,

nunca pensó en nada.

Su corazón centrado en su tesoro y su mirada entregada eran su luz, su fuerza y su confianza.

Fue así que el indio, en un instante inesperado, descubrió su tesoro. Y lo más sorprendente es que el tesoro no estaba en ninguna parte, como al principio de su andadura creyó. El tesoro estaba en todas partes y en ninguna.

El tesoro surgía allí donde se posaba su vista. El tesoro estaba en la mirada.

A día de hoy, el indio rastreador sigue caminando sin pensar en nada. Llenito de ananda. El ansia transformada en amor infinito, en infinita mirada.img_9067

¡Gracias mirada secreta! ¡Feliz Ahora!

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El miedo

img_8840“Dime ¿cuándo vas a ser feliz si hoy tienes miedo de mañana?”

La mirada secreta

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Lloraba. Pero no sabía por qué lloraba. Creía que lloraba por el dolor que había causado en aquella a quien amaba, al dejarla. Pero pasaron los días y seguía llorando. Hasta que un día se dio cuenta de que lloraba por él. Lloraba porque ya no sabía donde estaba la verdad, porque tenía miedo. Miedo a que ella fuera la mujer de su vida, miedo a perderla, miedo a volverle a causar daño, miedo a equivocarse, miedo a que le rechazara después de tanto dolor. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

A los días, otra persona llegó a mi presencia. Lloraba. Sabía por qué lloraba pero no me lo decía. Me lo dijo unos días más tarde, por whatsapp. Le daba vergüenza. Tenía miedo de que mi imagen de él cambiara. Me dijo que lloraba porque su mujer ya no sabía si le quería. Y le daba miedo. Miedo a quedarse solo. Miedo a perder a sus hijos. Miedo a dejar el trabajo que tanto le apartaba de ella. Miedo a no poder recuperarse. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

Aún otra persona vino a verme. Lloraba. Directamente lloraba porque tenía miedo. Miedo a que a su hijo le pasara algo. Miedo a la enfermedad de su hijo. Miedo a quedarse sola. Miedo a no poder superarlo. Miedo. Y sufría. Y su sufrimiento me llenaba de tristeza…

Entonces entré en silencio -¡Qué bella expresión “entrar en silencio”!. Realmente es así. No “hacemos” silencio sino que entramos en Él…- Entré en el Silencio sin querer nada, sin expectativas. Sólo entré porque Él me llamó. Y en el Silencio, sí sí, allí, Aquí, es donde vive la mirada secreta. Ya me estaba esperando: la sonrisa sutil, dulce, traviesa; la transparencia más bella; la paz más amorosa… Allí estaba la mirada esperándome. Nunca se cansa de esperarme. Creo que se quiere casar conmigo…

Entré en el Silencio y la mirada empezó a susurrarme en el oído. Y ahora que ya me pone a escribir, todavía no sé lo que me ha de decir…. la escucho. La escucho tanto que solo hay ese escuchar…

Y se pone a hablar:

¿Por qué las personas tienen miedo? Mira bien… Vuelve a leer lo que has escrito hasta ahora y mira con mi ojo y dime qué ves…

  • Veo que todos los miedos tienen que ver con el futuro, con algo que no ha pasado y no se sabe si pasará.
  • Veo que todos los miedos tienen que ver con el miedo a sufrir en el futuro.
  • Veo que el hecho de tener miedo al futuro nos hace sufrir hoy.
  • Veo que todos los miedos vienen porque dudamos de nuestra capacidad para afrontar lo que venga.
  • Veo que todos los miedos vienen porque juzgamos algunas situaciones como buenas y otras como malas porque las evaluamos separándolas de la vida una.
  • Veo que todos los miedos son el resultado de la falta de confianza, en nosotros, en la vida.
  • Veo que todos los miedos viven en la mente, de lo que pensamos. No están en ningún otro sitio.
  • Veo que todos los miedos tienen que ver con cómo creemos que tiene que ser la vida.
  • Veo que todos los miedos son el resultado de una imaginada amenaza a nuestra felicidad.
  • Veo que si tengo miedo hoy, la felicidad ya no existe hoy.

Eso es lo que veo:

miedo = perder la felicidad mañana =  me hace sufrir hoy = pierdo la felicidad hoy

La mirada sonríe.

El miedo es un producto mental. Sólo existe en la mente.

Si no pienso, no tengo miedo.

La felicidad no está en el pensamiento. La felicidad está en la vida. Y la vida es hoy.

¿Querrá el ego perder el protagonismo de ser quién sufre, de quién tiene miedo y dejar paso a la felicidad de hoy? Porque hoy, tanto para el dulce chico de alma divina, como para el hombre de enorme corazón como para la madre de anhelo de Amor y como para quien esto escribe, para todos hoy ha salido el sol. Porque estamos vivos. Y la vida nos quiere enteros, para darnos en abundancia. Enteros.

En la entrega total a la vida, nunca hay miedo. Y sí, felicidad.

Así, ¡feliz ahora!

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II. Del deseo de iluminación. La llama

corazon piedra redondo

Vivir desde la Verdad no requiere una gran seguridad, sino una gran determinación.

La mirada secreta

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Sigue la mirada secreta sin soltar la vela y la llama. ¿Os acordáis de la entrada “I. De la Separación del yo. La vela” de hace unos días? Pues así, entre ayer y hoy, irrumpiendo de nuevo inesperadamente, me empieza a enseñar nuevos aspectos usando la misma metáfora (menos mal que me enseña con metáforas, uff).

Todo empezó con la visita de una bellísima vela que andaba alicaída de tanto que había intentado prender su mecha. Años de sufrimiento, de incomprensión, de esfuerzo… para nada. Explicaba que al principio, la esperanza de que un día se encendería, le mantenía en momentos de alegría, de arrebato, de dulzura. Pero sólo eran momentos. Después de tanto sufrir, ahora sólo se sentía seca. La mecha, seca y ella algo más tranquila por pura resignación.

La mirada secreta le escuchaba desde ese silencio de pensamientos que permite ver y sentía ese amor que es pura comunión. Después la vela-que-se-creía-seca-y-apagada se retiró. Y la vela que esto teclea, se fue con su mirada secreta a los dominios de la Dulce Nada. A la vuelta, ya con los ojos pegaditos de sueño y con el Ojo bien limpito de ilusiones, me suelta la mirada:

Hay velas encendidas que no saben que están encendidas.

Y eso es porque la vela no puede ver la llama que la corona. Sólo la llama se da cuenta de que anda prendida, porque ve el reflejo de su brillo en lo que le rodea y sabe que esa luz no es de la vela…. ya ves…. “por sus frutos los conoceréis”. ¡Que alegría! ¡El Ojo siempre había visto a la vela-que-se-creía-seca-y-apagada bien encendida! Vale. Ahora lo comprendía. Lo único que ocurría era que ella no lo sabía…

Pues nada. A dormir con el corazón rebosando amor por la vela-que-se-cree-seca y que deslumbra con su luz, aunque ella no se entera.

Pasó el tiempo, varias horas (o eso parece) hasta que volvimos a retirarnos la mirada secreta y la vela que esto transcribe al reino de la Dulce Nada. Y ¡zas! Esta vez la vela se quedó temblando… la mirada secreta bailando…. la llama chispeando… Me dice:

¡No hay ninguna vela que no esté encendida!

¡Dios mío! (nunca mejor dicho) ¡¡Claro!! Ninguna vela está apagada. Esa es la verdad. ¿Cómo va a haber una vela apagada? si

las velas existen para prestar servicio a la llama

El problema es que no lo saben y como no lo saben, hacen “vida de vela apagada” (una vida aparentemente oscura). No son felices ni pueden serlo…

Y sigue mi amada  mirada secreta:

Hay velas que no saben que son velas. Esas velas viven una vida de vela apagada pero no se dan cuenta. Así que su sufrimiento no es tan severo.

Pero hay otras velas que creen no estar encendidas aunque quieren estarlo. Estas velas se martirizan o hacen muchas cosas para encenderse y su sufrimiento es muy intenso. Estas velas, sigue la mirada, podrían darse cuenta de que están encendidas desde el primer instante de vida (de hecho es la llama la que da vida a la vela) simplemente siguiendo el rastro de su anhelo por encenderse.

No se puede anhelar lo que no se conoce.

Estas son velas que solo necesitan la determinación de vivirse encendidas porque ya conocen la llama (por eso la anhelan).

La vela no puede encender la llama, pero eso no importa. Porque

la llama es quien encendió la vela, dándole a luz.

La mirada secreta, en su infinita generosidad, me susurra por donde ir a la Luz de la llama que anda prendida desde tiempos inmemoriales…

La vela solo puede ver velas. La llama sólo ve llamas. La Luz solo ve Luz. Así que, vela-que-te-crees-seca, si alguna vez ves la llama en otra vela, es tu llama la que está viendo. Y si alguna vez ves Luz en otra llama, es tu Luz la que está viendo. La mirada sonríe y dice: ¿Todavía tienes dudas de la Luz que desprendes?

Decide ahora.

Decide desde donde quieres vivir

si desde la vela, desde la llama o desde la Luz que eres. Y

SÉLO plenamente

soltando lo demás completamente, por no ser verdad. Retirando la Luz de lo ilusorio (que es lo mismo que decir: dejando de prestarle atención). Para esto fuiste creada y Aquí eres Felicidad.

La mirada secreta te da las gracias.

aaaLa llama se vive en gracia.

aaaaaaLa vela resta en silencio.

¡Feliz Ahora!

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Cuento III. La oveja infeliz

  “No hay misterio más grande que éste: siendo nosotros la realidad, buscamos obtenerla ”

                                Sri Ramana Maharshi

Erase una vez una ovejita que no era feliz…No sabía por qué no era feliz. Tenía todos los pastos que necesitaba, un buen pastor que la iba a buscar si se perdía, unas compañeras que la querían mucho. Una vez que se cayó por un terraplén, estuvieron balando a su lado para que el pastor se diera cuenta y gracias a ellas, sobrevivió. Incluso era amiga del perro, cosa que no era muy frecuente. Pero es que ella siempre había sido una ovejita cumplidora, amable y respetuosa. Y eso, cualquier perro que se precie de ser un buen guía, lo agradece, ya que le facilita un montón su trabajo. El perro decía de ella que daba gusto lo buena oveja que era, incluso solía ponerle de ejemplo frente a las demás ovejas, especialmente frente a las más jóvenes que andan siempre retándole porque no les gusta que nadie les mande, y eso de que lo hacen “por su propio bien” ni lo entienden ni lo quieren.

Así que, siendo como era una oveja realmente maravillosa, el no-va-más de las ovejas, ella no era feliz ni entendía por qué no lo era.

Sentía como si no estuviera donde le corresponde. Sentía que le faltaba algo y no una nimiedad sino algo fundamental, esencial, imprescindible. Pero no sabía lo que era.

Su desazón iba y venía: pasaba temporadas muy distraída, especialmente la de la esquila. Tan ocupada andaba en esos momentos que parecía que todo estaba bien. Pero en cuanto se quedaba sin actividades interesantes que le ocuparan la atención, volvía a aparecer en su mente y en su corazón aquella pesadumbre que no le dejaba ser feliz.

Una vez le preguntó a la oveja más vieja del rebaño si ella también sentía ese vacío que tanto le hacía sufrir. Y cual fue su sorpresa que la vieja oveja afirmó que siempre había sentido eso. La ovejita se quedó pasmada… entonces ¡era una sensación endémica!. La vieja oveja le explicó que esa era una sensación normal en las ovejas y que no se le tenía que hacer mucho caso. Que, simplemente, viviera tranquila sabiendo que igual que tenía el pelo rizado y blanco, le tocaba sentir eso en el centro de su corazón.

La ovejita no sabía que hacer con la información tan sorprendente que le había dado la vieja oveja. ¿Cómo era posible que todas las ovejas sintieran eso tan feo y nadie hubiera hecho nada al respecto sino tirarle tierra encima y disimularlo? Lo que le confirmó la vieja oveja, en vez de hacerle sentir mejor por aquello de que “mal de muchos es consuelo de tontos”, acabó de hundirle en la miseria.

Le dijo a la vieja oveja que no podía creer que las ovejas se tuvieran que conformar con hacer el ver que eran felices por fuera mientras por dentro sufrían un no-sé-qué que les mantenía en un secreto sufrimiento. Se lo dijo enfadada, como si estuviera defraudada de la especie a la que pertenecía. Le preguntó si era verdad que nadie, nadie había hecho algo por salir de ese estado. La vieja oveja, con una sonrisa de derrota crónica, le confesó que sí, que alguna oveja había llegado a pasarlo tan mal que, para escapar de su malestar, habían puesto pies en polvorosa… Se habían escapado del rebaño. Y esa había sido su mayor desgracia, porque fuera estaba el lobo esperándoles. Y las pocas ovejas que, por débiles, no habían podido aguantar esa desazón del alma y habían decidido abandonar el rebaño no habían vuelto nunca más, pasto de lobos, pobrecitas…

Así que la ovejita se fue, no ya enfadada, sino hundida del todo. Lo que había aprendido de la vieja oveja la dejaba en una situación tan penosa que más penosa no podía ser: la infelicidad interior era normal; había que aceptarla y vivirla como si no existiera, disimulando -esa era la actitud de las buenas ovejas-; y si no podías aguantarla más, sólo te esperaba el lobo fuera para comerte. ¡Vaya plan más fantástico! Ahora la infelicidad era completa, por dentro y por fuera.

Así que sabiendo lo que ahora sabía, empezó a no poder disfrutar de nada, ni siquiera de la fiesta de la esquila. Todo era horrible. Dentro suyo lloraba, y fuera lloraba también. Las demás ovejas le intentaban animar, incluso alguna le aconsejó tomar antidepresivos (le confesó que ella misma los tomaba hacía ya unos meses y le estaban yendo muy bien, ya casi no sentía el agujero en el pecho…). Otras ovejas le decían que tenía que ser fuerte, que era de débiles no saber vivir con “eso” sin que se le notara, que las ovejas hechas y derechas, aunque tuvieran esa angustia en su centro, no lo mostraban nunca ni se les notaba nada, nada. 

¡Ay, pobre ovejita! Ella no era capaz ni de disimular, ni de tomar antidepresivos… 

La presión que sentía se iba haciendo más y más fuerte y la vida ovejuna era cada vez más intolerable. No veía ni un rayito de luz en la desesperanza en la que vivía. Y así fue pasando el tiempo -no mucho tiempo, un poquito solo- hasta que un día, el día más inesperado de todos, andaban pastando en un precioso prado verde, al calorcito de un solecito suave y sin pensarlo dos veces, tan intenso era el agobio que sentía, se puso a correr y a correr… Las compañeras extrañadas le miraban correr como una posesa y la vieja oveja, presintiendo la desgracia, a pleno pulmón le gritaba: ¡Vuelve desdichada que el lobo te comerá! Todo el rebaño alborotado no paraba de balarle que volviera. El perro también la perseguía, aunque a él lo del lobo le era igual, lo que quería es que volviera al rebaño pues ahí es donde debía estar. El pastor dormía bajo un roble, como solía hacer. Sólo después, cuando despertara, se daría cuenta que la había perdido y saldría en su busca. Pero, ¿sabéis qué? Esta vez no la encontraría, nunca más.

Porque la ovejita corrió y corrió. Mejor era ser comida por el lobo que seguir con esa vida ovejuna sin sentido. Corrió huyendo y corrió buscando la verdad. Corrió porque no quería sufrir más y corrió porque quería encontrar aquello que parecía faltarle a su corazón. Corrió porque no se conformaba. Y corrió llena de miedo, miedo al lobo, miedo a morir, miedo a perder su rebaño que tanto le había protegido. Corrió con miedo, con el miedo más grande que se pueda tener, pero corrió.

Y en su galopar pasó que sin ella darse cuenta, empezó una transformación, ¡qué digo una transformación!, ¡una transmutación en toda regla! Su pelo de oveja, su hocico de oveja, sus orejas de oveja. sus ojos de oveja, no sé….., su todo de oveja empezó a despegarse de una forma rara, de una forma que parece que sólo acontece en las películas, y conforme se iba despegando de ella, iba apareciendo otro ”yo”, otra figura muy diferente…. Desde fuera, que es desde donde la mirada secreta lo veía, se empezó a intuir que debajo de lo que parecía haber sido una oveja, en realidad había…. ¡UN LOBO!

¡Dios mío! La que había parecido ser una oveja toda su vida, era en realidad un lobo. Pero eso no lo pudo descubrir mientras aceptó su condición de oveja, aquella condición que le habían hecho creer que era desde que nació. 

En su correr desesperada, se desprendió de lo que nunca había sido, y FUE, fue lo que siempre había sido.

Claro que no volvió al rebaño. Y claro que no volvió a sentir un vacío dentro. 

 Su vacío había sido creer ser lo que no era.

Y así me hace saber la mirada secreta. Sólo los valientes tienen miedo y aún con su miedo a cuestas, se aventuran a descubrir quienes son en verdad.

Dulce mirada… puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

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El origen del sufrimiento

imageSolo en el país de los sueños se tienen pesadillas.

La mirada secreta

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Tenemos los acontecimientos de la vida catalogados ya antes de nacer. La historia de la humanidad ha ido creando culturas, cada una de ellas con un catálogo de juicios bajo el brazo. Depende del lugar en el que te vas ha criar, vivirás las situaciones como buenas o malas. Por ejemplo, si naces hembra o naces diferente (es decir, con una llamada malformación de algún tipo, visible -porque malformaciones tenemos todos, ¿o no?-) seguramente en varios lugares del mundo, serás causa de mucho sufrimiento. Y serás causa de mucho sufrimiento, simplemente porque nos hemos creído a pies juntillas el catálogo de juicios de esa cultura, ¡sin ponerlo en duda ni un sólo momento de nuestras vidas! Y después creemos que somos libres…

Hoy la mirada secreta quiere que descubramos el origen del sufrimiento y me empuja a poner en palabras lo que me lleva susurrando al oído desde que me rendí a ella…

Durante el transcurso de la vida van aconteciendo sucesos de todo tipo y cada uno ya tiene colgado el veredicto a priori: si me toca la lotería, eso es algo bueno; si me arruino, eso es algo malo. No importa que no sepamos que es lo que nos va a traer la loteria o la ruina en un futuro. Ya lo hemos sentenciado de antemano. Nos hemos creido que el dinero y la felicidad son uno. Y no lo hemos puesto nunca en duda, a pesar de tener pruebas de que la lotería ha destrozado familias enteras (y las herencias: a más dinero por medio, más riesgo de peleas) o que lo que un día parecia una ruina se convirtió en la gran palanca para una vida nueva y mejor. O todo lo contrario: la loteria ha sido una bendición y la pérdida del estado económico, un desastre. ¡Quien sabe!

En sí, ¿cómo puedo saber si lo que me haya tocado vivir va a ser algo bueno o malo? ¿en función de qué?. Y no solo eso. Sino que lo que parece bueno en un sentido, puede ser malo en otro. De hecho, es siempre así, porque la moneda nunca viene con una sola cara:

En el mundo en que vivimos cada suceso crea su contrario.

Por eso, es muy difícil por no decir imposible, que algo sea bueno en todos los sentidos, o malo en todos los sentidos. Que me toque la loteria a mí significa que no le ha tocado esa loteria a millones de otros seres humanos. Así que mientras yo bailo empapado de cava festejando mis millones, puede ser que haya otra persona llorando desconsoladamente porque por un solo número no ha ganado. Y así.

No importa. Si te atreves a mirar por primera vez, como mira la mirada secreta, veras que

en sí, todo lo que acontece es neutro.

Y sin embargo, sufro.

Es probable que me repliques que es normal que sufra en determinadas situaciones. Pero que sea normal sólo indica que tenemos todos la misma programación, no que sea lo natural. Sino, mira a los niños. Los niños no viven la muerte o la enfermedad como la viven los adultos. Quizás diremos que es porque no se enteran de la gravedad del hecho. Puede ser, pero todavía no sé donde está esa verdad, si en el hecho de que no se enteran o en el hecho de que la gravedad no es tal… No sé. Lo que sí sé es que:

Hasta que no aprendemos este catálogo de juicios, no vivimos las cosas de la misma manera.

Cuando aquí hablamos de sufrimiento no nos referimos al dolor que acontece en una situación concreta. Nos referimos al dolor que sentimos dentro mientras la vida fluye a nuestro alrededor. Nos referimos al dolor que nos trae el pensamiento, los recuerdos y las proyecciones a un futuro imaginado. Como muy bien explica un sabio de nuestro tiempo, si yo te pregunto qué problema tienes AHORA, en este momento exacto, tienes una 99.9% de posibilidades de decir que ninguno, sin embargo estás sufriendo. ¿Por qué?

¿Por qué sufro? Para que yo sufra, tiene que haber acontecido algo que yo haya enjuiciado como algo malo o indeseable, según lo estipulado en el famoso catálogo. Seguro. Sí. Este es el origen del sufrimiento:

para sufrir, he de juzgar

Es el juicio lo que me hace sufrir, no lo que acontece. Cuando practico el juicio, sufro, aunque yo no me de cuenta de que he juzgado.
Y la mirada secreta me pregunta, siempre empujándome a investigar: ¿qué pasaría si no juzgara ninguna situación?

Yo no sé nada. Eso es lo único que sé. No sé por qué pasa lo que pasa, ni para qué. Por no saber ni siquiera sé quien soy yo o que es esto de vivir. Así que aunque mi mente siga juzgando, siempre obediente a su programación, yo no puedo tomarme esos juicios muy seriamente porque no tienen sabiduría. Simplemente por eso.

Así, dejo mi juicio en manos de Dios.

Y yo me dedico a vivir plenamente en el único lugar en donde acontece la vida: aquí y ahora. Y gracias a la mirada secreta, aquí y ahora descubro que la felicidad no es un estado lleno de juicios positivos, sino que es un estado diferente y nuevo:

la felicidad está libre de juicios.

Por eso, desde esta vida llena de luz y de pájaros cantando,

¡Feliz Ahora!

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SOBRE EL AMOR

la foto“Quien nos quiere bien, no sabe por qué nos quiere.

Y quien nos quiere por algo, no nos quiere”

La  mirada secreta

 

Veo que hay personas de buena voluntad que dicen que con desear vivir desde el amor, el mundo se arreglaría.

Pero ¿por qué aún deseando ser felices, hay muchísimas personas que no tienen este anhelo de vivir desde el amor?

Las personas a veces aman a quienes consideran suyos y a los que no consideran suyos, no los aman. Entonces, el amor se confunde con la posesión.

Otras veces aman hasta que el otro no hace lo que ellos quieren, hasta que el otro no colma sus necesidades. Entonces el amor se confunde con la fuente de la satisfacción.

Otras veces aman mientras son amados. Cuando dejan de ser amados, dejan de amar. Entonces el amor se confunde con la renta afectiva.

Finalmente, hay muchas personas que simplemente no desean vivir desde el amor aún queriendo ser felices, como todos. Prefieren el poder, el dinero, el prestigio, porque creen que así serán más amados.

En todos los casos, aunque por fuera no lo parezca, lo que nos mueve a todos es el amor.

Estando al lado de muchas personas al final de su vida, aprendí algo muy importante: es muy probable que a la hora de morir, nos vayamos de este mundo valorando únicamente el amor que hemos dado y dejado de dar y el amor que hemos recibido y dejado de recibir.

Pero aún y así, no sé si hay una sola persona en este mundo que por el hecho de desear vivir desde el amor haya amado a todos. Ni sé si hay una sola persona en este mundo que haya conseguido que le amen por lo que aparenta…

Algo falla aquí. ¿Realmente hemos de alzar la bandera de “vivir desde el amor” y tratar de convencer a todos que vivan desde el amor? ¿No se ha hecho ya? Los resultados no son muy favorables, ¿verdad?

La mirada secreta me enseña. Siempre neutra. Sin juzgar. Me enseña que

desde donde estamos colocados, simplemente no podemos vivir desde el amor.

Es una colocación que parte de una base equivocada: la separación entre yo y los demás. Al creer que estoy separado, ¿cómo voy a amar?

Si ni siquiera sé quien soy, ni de dónde surgen los pensamientos, ni el deseo que tengo; si me vivo en la carencia perpetua, ¿cómo voy a vivir desde el amor? ¿cómo tengo yo una voluntad propia cuando no soy libre porque no sé quién soy, no sé dónde vive la libertad ni sé dónde vive el amor?

Dar amor es dar algo que se supone que yo tengo. ¿Es eso el amor? ¿El amor es una posesión que yo tengo y que puedo repartir?

Y si fuera así, ¿dónde está la fuente de ese amor que se supone que tengo? ¿Hay un depósito que se va vaciando? ¿Cómo se vuelve a llenar?

Nadie ama al “yo-pensado” –lo que llaman “ego”- del otro. Eso es imposible, a pesar de que siempre estamos intentando mejorarlo porque creemos que así nos amaran más. Amamos sin conocer mentalmente, sin saber las razones porque no hay razones para amar. Cuando conocemos mentalmente aquello que amamos, cuando empezamos a definir al otro con nuestras ideas, eso se puede convertir en un obstáculo a nuestro amor.

El circuito del amor no pasa por la mente pensante. No vive en la mente pensante.

De hecho, si miramos bien veremos que sólo amamos cuando no estamos como ese yo pensado.

Sólo amamos cuando no está ese yo pensado ni está ese tu pensado.

Sólo podemos amar siendo Amor. Y ocurre a pesar nuestro, sin nuestra voluntad, sin nuestras buenas intenciones. Simplemente ocurre cuando no estamos viviendo desde ese yo que creemos ser.

Para vivir desde el amor, hemos de ser Amor. Y eso es incompatible con ser cualquier otra cosa.

¡Feliz Ahora!

* dedicado a SO, N, A y SU por la inspiración, la transparencia, la valentía y la alegría de descubrir…

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LOS MALES DEL MUNDO

IMG_2545“La noche nunca será algo real para el sol”

La Mirada Secreta

Cuando mis hijos eran adolescentes, dormían mucho. La sociedad me había enseñado que los adolescentes son unos vago, pero no encajaba. Entonces me planteé si eso era verdad…Recordé que yo también tenía mucho sueño cuando era adolescente. Yo y todos mis hermanos, amigos y conocidos de esas edades. Vi que los bebés también duermen mucho. Y a nadie se les ocurre tacharles de perezosos. Vi que en la adolescencia se producen unos cambios corporales enormes en muy poco tiempo –muy parecido a lo que le ocurre al bebé, ¿verdad?-. Y aún sin conocer pruebas científicas, concluí que los adolescentes duermen mucho porque lo necesitan por todos los procesos corporales que están viviendo.

Ese cambio de comprensión tuvo sus consecuencias. De hecho, fue una gran fortuna para mis hijos, porque nadie les obligó a levantarse pronto los fines de semana :) y, a pesar de los miedos, nunca se quedaron durmiendo en la cama en los días de estudio y trabajo. De hecho, nunca se les tuvo que despertar pues ellos asumían esa responsabilidad. Ningún rastro de pereza…

Eso es lo que puede ocurrir cuando cambiamos la comprensión. Eso es lo que la mirada secreta nos va regalando una y otra vez cuando estamos abiertos a una nueva manera de ver, cuando somos capaces de dejar de creer nada y estamos dispuestos a descubrir, simplemente mirando por primera vez.

Y eso es lo que me enseñó un día la mirada, cuando los males del mundo se me venían encima…

La mirada secreta empezó contundente, como suele…

Todos nuestros males surgen de una sensación de carencia.

Todos los “pecados” como la codicia, la envidia, los celos, nos sobrevienen porque pensamos que nos falta algo que tienen los demás, porque sentimos que nos falta algo para ser felices, porque creemos que teniendo lo que no tenemos seremos más respetados, más amados, más valorados y lo necesitamos porque no nos sentimos lo suficientemente respetados, amados o valorados…

Lo mismos ocurre con todas las emociones negativas –la angustia, la tristeza, el miedo, el aburrimiento-. En todas esas emociones, el denominador común es la sensación de carencia, de incompletitud, de pérdida… La angustia surge de no conocer, de no controlar. La tristeza de sentir que hemos perdido algo. El miedo de no saber qué hacer frente a algo que vivimos como una amenaza. El aburrimiento de no tener motivación. Siempre son emociones que reclaman “algo” que supuestamente no tenemos.

Pues bien. Si todos los males surgen de una sensación de carencia, -continuó la mirada-, ¿por qué no nos planteamos la propia sensación de carencia en vez de intentar arreglar nuestros males y por ende, los del mundo?

Investigando esta sensación de carencia, podría ser que la tuviéramos por que quien creemos ser, no somos. Y

quien creemos ser no  nos puede satisfacer nunca por ser una idea falsa.

Y por eso, siempre estamos con esta permanente sensación de que nos falta algo, nuestra verdadera identidad.

¡Madre mía! Si eso fuera así, como dice la mirada, podría darse que si todos nuestros esfuerzos no fueran dirigidos a arreglar esas “oscuridades” sino que fueran dirigidos a descubrir quienes somos, quizás la sensación de carencia desaparecería y con ello, desaparecerían todos los males del mundo…

La mirada secreta no me deja ver esto como una utopía, sino como ¡nuestra única salida! ¡Mil gracias, mirada!

Es una manera de ver diferente. Vamos bien :)

¡Feliz Ahora!

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Sin miedo a “nada”

“El progreso no consiste tanto en elevarse, sino en decantar todo cuanto entorpece”

Sri Aurobindo

Bajo las sombras moteadas de la luz omnipresente, la contemplación vacía se abre a la vida.

Hay paz en el silencio que todo lo abraza. Los trinos de los pájaros, el sonido del viento en las hojas, el ladrido de algún perro, el ruido lejano de las actividades de los hombres, se conjugan en una única sinfonía armoniosa. Se mueven las moscas, los aviones, las ramas. Se mueven en el espacio quieto e infinito…

El agua que mejor sabe es la que ningún sabor tiene. ¡Como sacia mi sed ese agua limpia y fresca!

El aroma que mejor huele es el que a nada huele. ¡Como respiro ese aroma limpio y fresco!

Sin embargo, ¡nos dá tanto miedo la nada!

Llenamos el tiempo de actividades. Llenamos el espacio de nuestro corazón de relaciones. Llenamos el espacio físico de cosas. Llenamos el espacio mental de conocimientos, de pensamientos de pasado, de sueños de futuro. Llenar y llenar. ¿Y después? Después nos sentimos agobiados, a veces tanto, que sólo deseamos irnos lejos, dejarlo todo, romper con todo… Vaciar los armarios, el corazón, la mente…

Contra más llenamos, más imperiosa es la necesidad de huir.

¿Por qué llenamos, como si la vida se tratara de eso?

Este es un llenar artificial, que nada tiene que ver con la espontaneidad de la vida.

En la vida aparece y desaparece el trino del pájaro espontáneamente, inesperadamente al oído que escucha. Y así ocurre con cualquier suceso, cualquier movimiento de la naturaleza. Pasa la mosca, hace lo que tiene que hacer, -ni más ni menos, y luego se va.

Nosotros, seres dormidos, cazamos todos los aconteceres y luego los encerramos en nuestra mente, en nuestro cuerpo y en nuestro corazón. Atesoramos los momentos, -tanto los que consideramos buenos, como los malos-, las relaciones, atesoramos sueños polvorientos, recuerdos, cosas. Hacemos fotos para retener la vida y videos que nos traen la voz y la sonrisa de lo que ya no están. Nos llenamos artificialmente y re-sentimos, re-pensamos, re-conocemos, re-vivimos una y otra y otra vez. Todo fuera de la vida que sigue su verter, ajena a nuestra existencia virtual. A Ella le es igual. Se sigue expresando nueva, limpia y fresca a cada instante.

Sólo hay que despertar un momentito para darnos cuenta de que la naturalez entera vive en el Ahora, en el instante eterno. Ni una sóla criatura, a excepción de nosotros, está dormida a la vida. Ninguna criatura, excepto nosotros, está muerta en vida.

Nos vamos llenando tanto de artificios virtuales que ya no podemos vivir. No tenemos sitio. Las telas de araña, el polvo, el olor a cerrado, el aire viciado, son cuidados con esmero por nosotros mismos. Porque pensamos que si abrimos puertas y ventanas, y dejamos que todo lo que hay dentro se evapore, nos quedaremos sin nada, ¡seremos nadie!, ¡estaremos muertos! Y sin embargo es así de llenitos como estamos muertos. Cuánta perplejidad trae la verdad…

Y ¿sabes por qué te llenas? Porque eres un recipiente. Eres un recipiente originalmente vacío. Esta es tu naturaleza. Un recipiente vacio, sin techo, sin fondo, sin paredes…

Eres un recipiente. Abre tus puertas y ventanas. Abre tus sentidos, tu mente y tu corazón a lo inesperado, a la espontaneidad, a lo desconocido. Atrévete a ser feliz.

Mira sin pensar. Siente sin juzgar. Y no retengas nada. La Inteligencia de la vida es la que hará. Y si no lo crees, mira como todo lo mueve, con qué ingeniería inimaginable a nuestras pequeñas mentes, crea ininterrumpidamente, en un son de armonía y equilibrio, dando a cada uno justo lo que necesita para que la ley de la evolución se cumpla.

Deja que la vida, la Inteligencia de la vida se exprese a través de tí. Es tu única tarea.

En este vacío amoroso que eres, todo cabe. Siendo nada, lo eres todo.

Despierta y vive.

¡Feliz Ahora!

De la mirada secreta a quien quiera escuchar

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