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Busco y no encuentro

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La Verdad no se puede enseñar ni se puede aprender. Sólo se puede reconocer. Y frente a Ella,  no hay dudas.

La Mirada Secreta

Nos vivimos en la carencia. Y nos vivimos así porque tenemos una mente que así lo piensa y es ese pensamiento el que nos hace sentir celos, envidia, odio, miedo y en el mejor de los casos, nos convierte en buscadores. Esa carencia imaginada nos impide ser felices, respirar paz, amar. Pero ¿realmente nos falta algo? ¿alguna vez nos hemos puesto a investigar si esa sensación de carencia está justificada de verdad, de verdad?

La mirada secreta no me deja que me distraiga, ni cuando conduzco la moto. Siempre está a la zaga de la más mínima apertura en mi mente para visitarme como la luz que se cuela por el agujerito más pequeño, sin importarle nada más. ¡Linda mirada que regalas tu luz incondicionalmente!

Me dice toda puesta: –¡nunca encontraras aquello que buscas!

Y como la conozco bien, sé que me está sacudiendo para que la atienda con todo mi ser. Así que me dispongo a escucharla de verdad (escuchar de verdad es un arte muy poco extendido que requiere de un corazón inocente y una mente silenciosa). De la mano de su amor, me abro y escucho…

-El tema no es buscar ni encontrar nada porque

todo aquello que anhelas ya está aquí

– me dice. -La paz siempre está. El amor siempre está. La belleza siempre está. La armonía siempre está. ¡Mejor aún!- exclama- No es que esté, es que ¡la vida es eso! Pero al pensar que careces de eso, lo buscas desesperadamente.

-Si la vida es eso- continúa- tu que formas parte de ella también lo eres. Eres paz, amor, belleza, armonía. Lo que ocurre es que estas viviendo en otro sitio en donde nada de todo esto existe: en la mente. En ese sitio, nunca lo encontraras porque no vive en este lugar lleno de juicios y de películas inventadas. Además, ninguno de vosotros puede acceder a algo que ya es. Sería como el pez que buscara desesperadamente el agua…

-Pero entonces ¿no puedo hacer nada para encontrar la paz que tanto anhelo?- le reclamo. Y la mirada secreta, que siempre guarda un conejito en su chistera, sonríe y me dice:

-Mientras lo sigas buscando nunca la encontraras. Para encontrar el aire has de quedarte quieto y respirarlo. Así, quédate en quietud y respira esa paz que anhelas ( y que anhelas porque ya la conoces, aunque no lo sepas). Es entonces cuando la reconocerás.

-¡Dios mio! Acabo de ver que

No se trata de encontrar sino reconocer.

-¡Qué fuerte!… Pero no es tan fácil- le sigo reclamando. -Necesito que me ayudes más.

-Mira como funciona el ser humano. Primero has visto con total claridad, de forma espontánea y en un instante que el descubrimiento de la verdad es siempre un reconocimiento y nunca un hallazgo. Y después ha entrado rauda la mente para poner sus “peros” y hacerse de nuevo con las riendas. “No es tan fácil” dice la mente- me suelta la mirada con su característico guiño travieso-. Pues aunque tu mente no lo crea, es tan sencillo para ti como difícil para la mente… bueno, de hecho, para la mente es imposible.

-Vivir lo que anhelas significa hacerlo presente, es invitarlo a tu presencia. Como la mente no te dejará en paz porque insistirá diciendo que no lo tienes y por lo tanto no lo puedes invitar, ¡engáñala!. Engaña a la mente y dile que vas a hacer como si aquello que anhelas estuviera presente. Así la mente callará. Pruébalo. Para que lo veas más claro, imagina por ejemplo que alguien te dijera: “haz como si fueras simpático” y tú va y lo haces. ¿Qué crees? ¿serías simpático o no?… Haz “como si” para que la mente no discuta y vive eso que anhelas, llama lo que intuyes de ello a tu presencia y vive desde ahí, porque

Vivir lo que anhelas te coloca allí donde lo que anhelas vive.

¡Ay dulce mirada! ¡Así, si!

¡Feliz Ahora!

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La escucha también vé

“Escucha, hijo, y serás sabio”

                                            Prov. 23,19

El otro dia vino a la consulta una dulce persona de ojos azules y anhelos cuidadores. Andabamos investigando lo que era la verdadera escucha. Y descubrimos lo siguiente:

A veces escuchamos pero no prestamos atención.
Este oir sin atender es muy frecuente cuando lo que se nos está diciendo no nos interesa lo más mínimo. Pero no es la única situación en la que no escuchamos de verdad.

Hay otra que es mucho mas preocupante, porque es -además de muy frecuente-, uno de los motivos por los que nos cuesta tanto comprender a los demás, así como sentirnos comprendidos. Es una de las razones por las que la comunicación es, tan a menudo, algo difícil. Es el origen de muchos malentendidos. Y también lo que dificulta el arte de ayudar a los demás

  no escuchamos de verdad porque tenemos la atención puesta en nosotros mismos

Este fué nuestro primer descubrimiento aquel día.

Estamos más pendientes de lo que vamos a decir nosotros, de nuestra interpretación de lo que se nos está diciendo, de nuestra opinión, de la creación de nuevos argumentos que soporten nuestra hipótesis, de nuestros juicios sobre lo que el otro dice, en fín, más pendientes de nosotros mismos que de nada ni nadie; y esas son las consecuencias…

Sin embargo, todos hemos vivido momentos en que sí que nos interesa lo que el otro dice, sí que queremos comprenderle de verdad. Es entonces cuando ponemos toda nuestra atención en la persona que nos está hablando y en sus palabras. Y de forma inesperada, nos dimos cuenta que cuando esto sucede, cuando nos entregamos plenamente a la escucha…

¡¡¡desaparecemos!!!

Ya no hay quien escucha, ni opiniones, ni interpretaciones, ni juicios, ni preocupaciones. Solo queda la escucha, sin el escuchador. Esta es la única puerta que nos pueda conducir a la comprensión, a la empatia, a la comunicación verdadera.

La atención es el foco que ilumina la escena. Imagínate, si esto pasa con la escucha, ¿qué puede suceder cuando la atención se dirige a otro sitio, por ejemplo, hacia uno mismo? Seguiremos investigando…

La Mirada Secreta apareció inesperadamente y nos enseñó a escuchar de verdad.

Como una estrella fugaz, pasó cuando teníamos la atención bien despierta.

Como una estrella fugaz, dejó una estela a su paso que todavía ahora estamos dilucidando.

¡Feliz Ahora!

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